lunes 2 de octubre de 2006

LOS LIBROS, EL FACTOR ZELIG, ETC.


Hace unos días acomode los libros en mi cuarto. Los mande a una repisa donde hasta hace poco tiempo estaban los cd’s. Ahora el efecto que consigo cuando ingreso al cuarto es de un realismo sucio: allí están perfectamente visibles todos, absolutamente todos los libros que he leído en lo que va de mi corta vida. No son muchos, es cierto. Pero que los hay los hay. Es duro ver dos libros de Jorge Asís en tu biblioteca. Instantáneamente uno mira a todos lados, esperando que nadie más sepa que allí se apilan Flores muertas en los jardines de Quilmas y La calle de los caballos muertos. En cambio Borges y Bioy son exageradamente posicionados para su perfecto avistamiento desde cualquier parte de la pieza. Pero así debe ser: los libros tienen que estar a la vista.

Los libros tienen vida, hermano. Sino comparemos el trajinado lomo de Los premios de Cortázar con la juventud que sigue teniendo mi ejemplar de 62 Modelo para armar. Es como comparar lo que puedo saber yo de la vida con lo que sabe Woody Allen. No hay piedad. Los libros tienen vida, repito: si, la vida de uno. Los premios es una novela que me compré en el cenit de mi romance con el cronopio mayor. Lo leí apasionadamente, lo termine como se termina una buena novela: sin querer. En cambio 62 Modelo para armar es todo lo contrario, es el fin del enamoramiento: nunca pude pasar las 20 primeras páginas y de ahí a mi total indiferencia con Cortázar hubo un solo paso. Mis libros de Cortázar revelan que ese fue, no lo negaré, el gran autor que me inició en la lectura: hay ediciones de Seix Barral (Libro de Manuel a 12 pesos, usado), de Clarín, de Sudamericana (Deshoras y Bestiario afanado). Es la aventura de un chico ansioso y solitario que se pasaba horas y horas en librerías de viejo. Se trata de una travesía no ya por el mundo de la literatura sino por mi propia vida, cada uno de los libros me habla de una etapa de mi vida: en este estaba enamorado de una chica, en este otro fumaba mucho porro, este lo leí en el Mundial 2002, aquél otro mayormente en el baño (Historias de cronopios y de famas, por supuesto), aquellos dos en la vacaciones de invierno del 2003.

¿Cómo me pudo gustar tanto Sábato? En realidad la pregunta es como, después del Informe sobre ciegos, pude sobrevivir a las 200 páginas finales de Sobre héroes y tumbas. Abaddon el exterminador en edición con tapa dura del diario La Nación todavía aparece flamantemente nuevo. Me horroriza pensar que nunca lo voy a leer en mi vida, hay una sensación de abismo ante el libro -por más espantoso que lo consideremos- no leído ¿Quién lo leerá? ¿Un nieto? ¿Cuándo me animare a venderlo si ya se que nunca lo voy a leer? Un dios cotidiano de Viñas lo deje y sin embargo me gustaba. Lo mismo con El zorro de arriba y el zorro de abajo de Arguedas que tuve que abandonar en el medio de un cuatrimestre de la facultad. Lo tendré que leer entero para el final de la materia pero que triste será: no se si le sucederá a otros pero leer un libro después, meses o años más tarde que todo un grupo de personas (en este caso mis compañeros de facultad) me produce una melancolía extraña: es como ir a mi propio pasado por un momento y escarbar sin ganas en los confines de tiempos que perdí haciendo quien sabe que cosas en vez de leer al peruano malogrado.

Todos tenemos algo de Leonard Zelig, el personaje de la película homónima de Woody Allen, cuando se observa la biblioteca personal: ¿cómo un mismo tipo puede tener un libro de Arlt y al lado otro de Bioy Casares, uno de Fabián Casas y otro de Alan Pauls? Sólo alguien con el don de convertirse en otra persona puede amontonar en el mismo espacio dos libros de estilos que se repelen. El factor Zelig también aparece a la hora de observar los libros que compramos y no leímos: en esa película el hombre-camaleón recuerda que la primera vez que tomo la forma de los otros el motivo fue la literatura: en el medio de una discusión sobre Moby Dick y sintiendo vergüenza por no haber leído la novela de Melville, Zelig prefiere mentir y decir que sí la había leído. A partir de allí comienza a sentir seguridad adaptando a sí mismo el gusto de los demás. Simplificando la dura crítica, la ironía y el sarcasmo de la genial película de Allen podemos transferir este hecho a nuestra biblioteca. Es desde allí que podemos comprender tantos libros adquiridos sin posterior lectura: en nuestra carrera de lectores obsesivos y fetichistas nos da culpa no haber leído, por ejemplo, a Herman Hesse, y entonces tenemos Demián y El lobo estepario para, aunque sea, hacernos creer a nosotros mismos que sabemos algo sobre la obra de ese tipo del que todos hablan y uno (¡que horror!) todavía no ha leído.

Ahí están mis dos volúmenes del Quijote con capítulos leídos a saltos. Tengo que leerlo entero alguna vez pero ¿Cuándo? ¿Cómo se hace para leer entero el Quijote? ¿Acaso hay un trámite burocrático para que por un año uno pueda suspender LA VIDA y leer a Cervantes? Ni me quiero imaginar En busca del tiempo perdido... La Metamorfosis de Kafka tiene olor a tuco: lo leí entre medio de unos tallarines: entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde de un día inolvidable. El día que me di cuenta que somos cucarachas. Otro libro que leí en un día es Crónica de una muerte anunciada de Gabo, autor al que le debo Cien años de Soledad, libro que compre este mismo año a 8 pesos. No sé porque ya que no es el realismo mágico lo que más gusta. Lo considero aburrido, ridículo. Quizás lo hice para preguntarme quien carajo será Claudia Velásquez, el nombre que aparece escrito con marcador rojo en el margen derecho de la primer página ¿Ella sabrá que yo estoy escribiendo su nombre ahora? ¿Habrá muerto? ¿Será una desaparecida? ¿Será nazi? Siempre me atraen estas disyuntivas que no apuntan a ningún lugar: veo un plano de alguien que tiene un breve paneo en El exorcista y me pregunto ¿habrá trabajado en otra película? ¿Su vida será recordar una y otra vez cuando trabajó en El exorcista? Debajo de estas preguntas asoma la incógnita por la identidad, por saber quienes somos. Pero no estoy de humor para filosofar, si no cazan lo que estoy diciendo esperen al verano, metanse al mar y miren alrededor: miles y miles de caras desconocidas. Si ahí no se preguntan quien carajo somos, no se cuando se lo van a preguntar.

¿Cómo hice para leer La muerte de Artemio Cruz? Ah, si, ya me acuerdo, tenía que hacer un trabajo práctico para que luego la profesora me acuse de un puto plagio que no cometí ¿Dónde carajo esta La liebre de Aira? No lo preste, no lo perdí, ¿soñé que me lo compré? El Farmer, Un mundo feliz, uno de Bradbury, entre tanto Borges, Cortázar, Ballard y Bioy Casares, esos libros que no tienen más de un hermano de autor parecen huerfanos, sin cuerpo. Rulfo es un caso especial: con sólo tener Pedro Páramo y El llano en llamas uno puede alardear que leyó su obra completa. Recién ahora me doy cuenta que tengo sólo dos Arlt, dos Fresán. Miro la tapa celeste de Juan Raro y me veo volviendo en el micro la primera vez que fui a la casa de mi novia en Pinamar, leyendo en la noche, moviendo el libro para que quede justo donde cae la lucecita del techo. Siempre Ficciones, Otras Inquisiciones o El aleph están al lado de mi cama, esperando una nueva lectura. Sin dudas Borges es el autor que más releí: no por ser yo un erudito sino porque en muchos casos ¡tuve que leer sus cuentos más de una vez porque no los entendí en la primera lectura! Sabía que el relato era inteligente, que allí había algo por encima de la media pero eso no significa entender, captar exactamente todo lo que Borges proponía en sus textos. Son textos que están en el límite de lo que mi mente puede absorber. Los libros de Borges que no leí son diferentes a los demás, no esperan impacientes una nueva lectura: están ahí, tan irónicos y categóricos como su autor, como dando a entender que yo no soy lo suficientemente inteligente para llegar a ellos. Y es verdad, amigos, después de leer “El milagro Secreto”, “Funes el memorioso” o algún ensayo de Otras inquisiciones no queda otra que decirlo: no somos dignos, viejo ciego.

Si el libro propio es un artefacto con vida, el libro prestado es todo lo contrario. Uno lo trata con cuidado, no lo quiere doblar demasiado. En cambio el propio es maltratado ferozmente. ¡Cuando no! arrojado, culpa de un repentino enojo, a la esquina del dormitorio o a la cabeza de un enemigo. Si es necesario desgarrarle el lomo porque cuando uno esta acostado no se puede leer se rompe, si es necesario como apoya vasos se apoya, si es útil para sostener algo no se piensa dos veces. No importa el costo: cuantas más manchas, cuanto más arrugas mejor: más vida tendrá el libro. En cambio los libros prestados, en mi caso, se acumulan en un banquito que tengo al lado de la cama, están silenciosos, medio como esperando que vengan los padres a llevárselos, incómodos, en barrio ajeno. Eso no debería suceder ya que los libros no deberían prestarse. Se compran. O se roban. Esa es la única manera de tener un libro: o pagas o robas. El prestado no lo tenés nunca, parece que esta ahí pero es como tener una novia por Internet. El que presta un libro sabe que el afano es inminente: no es como prestar un pantalón que se usa y se devuelve, un libro puede significar 1 año de lectura, en ese año te podes pelear, morir, matar, odiar y alejar de la persona que te prestó o a la que prestaste el libro. Observaba a Abelardo Castillo en televisión diciendo algo muy interesante: ¿Quién no prestó un libro y en la misma noche no sintió que si no lo leía dejaría de vivir? El libro prestado se transforma, entonces, en una parte de tu humanidad que anda dando vueltas por ahí, que puede ser objeto de manchas de té, de semen, que puede servir para apoyar pavas, que pude caer en las manos de un niño de 5 años que lo raya. Es de temerarios prestar libros y en este caso, amigos, y por única vez en la vida me enorgullezco de ser un cobarde. Sayonara, lectores, y... ¡a robar libros de bibliotecas!

21 versiones del post:

natanael amenábar dijo...

Fijate si te interesa...

La Novia Oscura - Laura Restrepo
"La historia de Sayonara, una joven y bella prostituta que atiende a los empleados de los pozos petroleros en la selva, es tan perturbadora como el elenco de personajes excéntricos que la persiguen. Amor, lujuria, desesperación, orgullo, violencia, magia y esperanza irracional le dan profundidad y textura a esta novela que uno no puede parar de leer."

nolugareña dijo...

Por que solo comprar o rabar? También te pueden regalar un libro! O podes ser un afortunado de la movida "Libro Libre"... los que dejan libros en cualquier lugar publico, plaza, trasporte publico, etc y en la primera hoja se aclara que ese es un "libro libre" que hay que leer y dejar en libertad para que continue siendo leido. Suena medio pedorro, pero esta bueno, no?

Saludettes!

Ilcorvino dijo...

Hermanos noluganatanaelos: la novela de Restrepo me llamo la atención por lo de Sayonara pero no la imagino en mi repisa. ¿Es Karina Mujica?
Nolugareña: había olvidado los regalos, es verdad. Lo de encontrarse un libro por la calle nunca me sucedió y no creo que me suceda. Tengo mucha mala suerte siempre me encuentro una regla, un pan o una pastilla de menta. ¿Eso de libro libre existe?'Saludos-.

corazondesandia dijo...

PRIMERA VISITA, LLEGUÉ POR LAS PROMOCIONES DE HERRERA, Y CREO SUFRIR DEL COMPLEJO DE ZELIG.
LO DEL LIBRO LIBRE EXISTE PERO DEBERÍA DESAPARECER CON LOS LIBROS QUE ME HE ENCONTRADO.
LE DESEO FINA PUNTERÍA.

Anónimo dijo...

Decía el inefable Mark Twain que existían dos tipos de idiotas: el que presta un libro y el que los devuelve. Y es que en mi caso no he dejado de ser un idiota cada vez que me piden un libro, no puedo negarme: el sudor frío,los "mmmm" "heee" para ganar tiempo en busca de una excusa, los espasmos neuromusculares que impiden articular la ansiada negativa. Es como un reflejo autarquico que impide la negación en pos de la libertad de un libro que se cubre de polvo en mi repisa. Como contraparte he encontrado la terapia perfecta: cada vez que presto un libro me exijo ocupar el espacio del libro que ya no está con uno el de uno robado. Una terapia que va viento en popa y que me tiene ofreciendo libros a diestra y siniestra. Es que esto de robar libros se puede convertir en una adicción grave que nos puede convertir en ladrones de libros más que en lectores ladrones. Tan solo el hecho de imaginar Vidas Imaginarias de Schwob en mi repisa es suficiente aliciente para terminar como un fetichista y seguir robando cada día más sabiendo que ni siquiera tocaré ciertos libros que se van acumulando. Como decía Bolaño, el sólo hecho de tocarlos, acariciar sus lomos, oler sus amarillentas páginas es suficiente para arriesgarse a seguir prestando libros y seguir en viento en popa con la terapia.
Gólgota.

Eduardo Varas C dijo...

Robar libros.... un arte precioso que se le aplica a los enemigos y a las librerías que te ponen un libro con fotografías de Sábato, impreso en papel periódico, a 35 dólares...

Fue sencillo, lo metí en la maleta y salí por la puerta grande...

Igual es una vaina de libro


Saludos

Eduardo Varas C dijo...
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Ilcorvino dijo...

Me acabo de dar cuenta que si me regalaron libros, así que va mi agradecimiento para:
oveja (rebelión en la granja)
momia (el de casas)
y natanael que sin conocerme advirtío brillantemente que me iba a gustar la velocidad de las cosas de fresán.
gracias corazón de sandia (la promoción de herrera dio sus frutos, bienvenido persona con complejo de zelig), gólgota (antes me pasaba eso de prestarlos si o si pero ahora me hice una coraza y cuando me los piden hablo de cualquier tema o saco otra conversación para no prestarlos) y eduardo por los comentarios. Creo que te referís al libro de Black Sábato que habla de España. saludos y saludes.

Fernanda C. Toscano dijo...

Afortunadamente no todos tenemos algo de Leonard Zelig y si compartimos neurosis con Miles Monroe.
Nunca habia estado aqui, ni en otros lugares, pero encuentro realista y justificado eso de la "busqueda del post perfecto".

Saludos, si supiera linkear lo haria con esta pagina.

lube dijo...

que bueno che, a mi me pasan algunas de esas cosas... pero mis libros los presto, para mi es inevitable... necesito q el otro lea. y después comentar, saber lo que piensa.
el otro día me di cuenta que sufro una especie de "furor" en los colectivos, si veo a alguien leyendo (lo que sea) necesito saber que es. asique si no hay lugar para ir sentado, o si solo hay adelante, pongo cara de "hay que dejarselo a las viejitas" y me pongo cerca del lector/a. cuando estoy ahí empiezo a leer retazos, disimuladamente, a veces, tengo suerte, y el titulo o el autor esta escrito en el margen superior, otras debo adivinar (me paso con "como agua para chocolate", libro q no leí, pero que adivine de una ojeada... quizá desarrollé un poder telepatico en los colectivos sin darme cuenta), lo otro q puede suceder es q la persona baje antes que vos, y cuando cierra el libro, aprovechas y lees la tapa. la cuestión es q me pasa esto. a una amiga, mariana, también le pasa y escribió un cuento.
lo de los libros en la biblioteca sin leer, tengo un monton... no pasa q te compras libros y de movida sabes que no los vas a leer ahora?, Libros por la mitad, muchos: La noche del oráculo de Auster, Las nubes de Saer (este se incorporo ayer), Tengo miedo torero de Lemebel, Cuatro poetas brasileños (es una antología de la que me faltan 20 páginas hace 4 meses), etc.
Un Dios Cotidiano de Viñas, deberías terminarlo, es corto, y tiene una frase final que es buenísima.
Justo ayer me recomendaron por tercera vez La liebre de Aira, leí El congreso de literatura para teoria...

bueno corvino, me extendí una barbaridad... y con una sintaxis decadente.
salud y hasta más ver.
luby

pd: otra manía: hacer listas de libros caros que compraré cuando tenga plata, ejemplo: poesía de Holderling.

Ilcorvino dijo...

Lucía: los libros te los devuelvo en la semana, estoy haciendo una campaña por la devoltura y la memoria de los libros prestados, se los alcanzo a alguien que curse con vos, cuando los veas, como hace tanto que no los ves, va a ser algo así como: gente que busca gente. saludos.
fernanda toscano: gracias y saludos.

elCORRe dijo...

Me encanto el post, loco, y escribo "post" en ingles porque no se como traducirlo al castellano, sinceramente.

Muchos titulos que no conosco, y otros que recuerdo con una sonrisa o no, mis libros (un buen par robados xD) tambien estan a la vista, y esperando mas .. mas vida ..


PD: gracias por el enlace ;)

FaBu

El Caballero de la triste figura dijo...

Había pasado varias veces por tu último post y leía: LOS LIBROS, EL FACTOR ZELIG, ETC y comenzaba a leer y algo pasaba. O me acordaba de otra cosa, o pensaba que por donde iba sería un camino medio embarrado, una casa con goteras, qué sé yo, no sé bien lo que digo.
Pero hoy, Corvino, como todos los domingos en que la noche anterior no me voy de copas con mi novia, ando lúcido y despierto y me he detenido y nunca hubo ni barrial, ni techos agujereados. Al contrario, palabra a palabra es la concreción de una carretera pavimentada, lisa, regular, perfecta. Con algunos caminos que parecen llevar a nada, pero que como media luna regresan a la carretera prncipal.

Un post notable que me ha hecho decidir cerrar mi blog.

Como cuando el maestro Verrochio quedó espantado y estupefacto con un dibujo de un joven Leonardo Da Vinci y decidió abandonar para siempre la obra. A la manera de BARTEBLY Y CÍA de Vila-Matas, cuyos escritores por una u otra razón abandonan la literatura.

Es la biografía de Corvino, el personaje real o ficticio ¿importa? que escribe este blog. A través de una biblioteca se puede saber mucho más del dueño que en 5 años de conversaciones. Y mejor aún, a través de lo que piensa el dueño acerca de su biblioteca, manejamos indudablemente la cabeza del personaje.

un abrazo

Ilcorvino dijo...

¿Cerrar el blog? Es demasiado, hermano ¿Así que Ninoska era pura invención chilena? Saludos.

Mairena dijo...

Soy una nena, pero de trece años. Y vos sos un pelotudo, simple y sencillamente. No hace falta insultarte, lo hacés vos solito.

Ilcorvino dijo...

Veo que estas obsesionado conmigo nena de 13 años llamada Mairena (¿?). Te mando un saludo. Soy re pelotudo, es la verdad. Ahora ¿Cómo llamarías vos a alguien, un ser adulto, que se hace pasar por una nena de 13 años y firma con el nombre de una invención del insultado? Yo lo llamaría Re pelotudo-cagón-cobarde-pañal con caca. Saludos, conseguite una personalidad.

Anónimo dijo...

MAIRENA VALE VERGA

MUERAN... MUERAN TODOS!

Je suis le bebe mort

Anónimo dijo...

Uh, que miedo!!

El Caballero de la triste figura dijo...

sE LE PUEDE CREER ALGO A HERRERA?

Ilcorvino dijo...

Uh que miedo 2!

valen dijo...

Que buen post. Y de paso me acorde de mi biblioteca abandonada a 13000 km de distancia. Y de la seudobiblioteca que estoy montando en Aotearoa, que es un mix ingles-español con el español cubierto en un 80% por Bolaño. Enfin... creo que puedo decir orgulloso que no tengo ningun sabato a la vista, jeje.