miércoles, 21 de mayo de 2008

Ortega, Ortega, Ortega...

Ahora que los problemas de River adquirieron la profundidad del escote de Scarlett Johansson cuesta decidir por cuál escribir, de modo que debemos descartar: ya todos sabemos que José María Aguilar es el presidente más progre en la historia oligarca riverplatense como así también uno de los peores; ya exoneramos las declaraciones (mas no el cerebro) de Ahumada con una estrategia discursiva encauzada en la tradición filosófica-futbolística de River Plate y Boca Juniors; ya vituperamos a Simeone desde el mismo segundo en que se calzó el buzo de director técnico; ya hablamos hasta hartarnos de las pocas ideas y el carácter desidioso del equipo en situaciones límites. Pasemos al tema Ortega, entonces, sin más prolegómenos.
La anécdota es simple y explicable: un grupo de jugadores maduros de River (entre los que se contarían Abreu y Ponzio, según las investigaciones periodísticas) pidió al técnico yuppie (y habitual rostro en la tapa de Caras), cansado de las recaídas alcohólicas de Ortega, que expulse del plantel a este último. El técnico que “gesticula hasta con las orejas” no se mostró muy disgustado con la idea y se la informó al Intendente Diamante, perdón, al Presidente Aguilar. No consintiendo que se mate a un valiente, cual émulos de Cruz, jugadores jóvenes del plantel (entre los que se contarían buenos tipos como Augusto Fernández y Abelairas) expresaron su disconformidad. Con este nuevo incidente, el plantel de River está a punto de ingresar al libro Guinnes de los récords. Hace un par de días Ortega declaró que él no se quiere ir de River, que se quiere retirar en el Club.
Ortega. Dejando de lado detalles escabrosos de su vida privada (que no se relacionan exactamente con tomar de más sino con hacer daño a terceros), Ortega es un ídolo, es decir, un tipo que propició alegría a través de su habilidad con los pies para mover un balón. Como tal, no hay que endiosarlo, pero sí bancarlo. Si me permiten la metáfora infantil, quiere a River como Pucca a Garu, la japonesa que sigue a su ninja a sol y sombra. A diferencia de casi todos los jugadores actuales del plantel de River que, como diría José Luis Félix, “no han ganado nada”, Ortega tiene un plus: ganó varios títulos con la banda roja entre los que se cuentan una Copa Libertadores y seis campeonatos locales. Y no fueron precisamente torneos en los que era suplente o se lo descartaba para jugar partidos trascendentales, más bien se lo juzgaba imprescindible para el andamiaje del equipo y él respondía en la cancha. En un recordado partido contra Racing del Apertura 96’, River estaba con 10 y Ramón Díaz lo quiso sacar. Ortega lo mandó al carajo y en su lugar salió el Diablo Monserrat. En el segundo tiempo, el número diez eludió a Nacho González y marcó un gol importantísimo. Ese tipo de jugador es Ortega. Creo que no es del todo indiscutido porque no ganó nada en la Selección (excepto un mediocre Panamericano jugado en Mar del Plata). Además (como Messi, como Riquelme, como Aimar, como el yerno) fue comparada hasta el hartazgo con Maradona, algo que debería estar prohibido. Hoy nadie lo recuerda, pero fue él quien se hizo cargo del equipo cuando el 10 fue tomado de la mano por la feísima enfermera rubia en el 94’. Y, a pesar de la eliminación, hizo un buen papel: contra Bulgaria fue el mejor y lo recuerdo (en una de esas imágenes que nos quedan grabadas de la infancia) ante Rumania, levantando la pelota por su tobillo ante la mirada azorada de Popescu. En el Mundial 98’ jugó un partido descomunal ante Inglaterra. Contra Holanda perdió la cabeza y creo que no se recuperó más. En el Valencia empezó bien pero llegó Ranieri. Después de España, hizo un zigzag impredecible por borrosos equipos italianos (ganó una Supercopa con el Parma) y volvió a Nuñez. Ganó un título olvidado, en el 2002, pero luego del Mundial oriental, la dirigencia riverplatense, en una decisión absurda que ejemplificaría varias elecciones posteriores, lo vendió al fútbol turco. A partir de allí, Ortega comenzó a errar de verdad, como Zama cuando parte a buscar a Vicuña Porto o como Locke en la tercera temporada de Lost, cuando deja de creer en la Isla metafísica. Abandonó el “expreso de medianoche” que significó el Fenerbahge sin acuerdo alguno, fue multado y lo suspendieron. En el 2004 volvió a Newell’s y hasta ganó un título. Parece que hubiesen pasado 20 años. Desde el 2006 está en River. Estuvo fuera más de lo que jugó y, en el medio, apareció “su problema”. Dicen que René Houseman un día jugó borracho e hizo dos goles… Tampoco creo que ésa sea la solución, pero si el plantel de River no banca a Ortega, estamos fritos. ¿Bancan a Carrizo, que se cree más y mejor que el propio Amadeo?, ¿bancan a Ahumada y su desastroso swing para hacer declaraciones?, ¿bancan a una parva de defensores erráticos?, ¿bancan a Abreu que le pega con el diario y cabecea a cualquier lado? Si, pero a Ortega (un jugador que está cerca del retiro pero en el transcurso de su decadencia aprendió a guardar la pelota, hacer pases-gol e ir hacia delante como sea) no.
Creo que River, salvo honrosas excepciones (Abelairas, Buonanotte, Fernández, Ferrari, Falcao, Gerlo), ya no es un equipo, es un conglomerado de vedettes que se pasan las culpas y hacen correr chismes como si estuvieron en Bailando por un buñuelo. No imagino a los jugadores de Boca quejándose porque Riquelme no corre, a los de Estudiantes porque Verón es autoritario. Los de River, en cambio, quieren echar a Ortega, tal vez porque saben, fehacientemente, que el ídolo en desgracia, aun vencido, aun en las últimas, los opaca en forma contundente. En el año 1981 River salió campeón con Alfredo Di Stefano como DT. En las tribunas, sin embargo, se oyó un solo grito: “Alonso, Alonso, Alonso”. La saeta rubia se había peleado con el Beto y lo había dejado afuera del equipo. El resultado fue elocuente: a la hinchada le importaba un pito ganar un campeonato más, querían que allí estuviera el jugador exquisito, el tipo que hacía la diferencia. Veintisiete largos años después, la hinchada de River repite su pedido, un grito genuino que se liga a las terminales del corazón y no tiene explicación racional. Desde mi humilde espacio, aprovecho para sumarme: Ortega, Ortega, Ortega…


6 comentarios:

Ambi dijo...

Me sumo al aguante al Burro, aunque más no sea porque detesto la tendencia que hay ultimamente a desviar la atención del desempeño de la persona en su laburo con detalles de su vida personal o perfiles psicológicos que no hacen al hecho.

Es que debemos de ser una sociedad compuesta por profesionales que son impecables personas...

Vamos Orteguita y vamos River, che!

Hernán Galli dijo...

2 Cosas:

1) Lo tuyo, en mi humilde opinión, es la redacción de post deportivos. Sinceramente, están a la latura o mucho más alto, que muchos artículos que leo en diarios al respecto. Aunque a uno le guste o no el fútbol, la lectura es apasionante en sí.
2) En cuanto al contenido, estoy 100 % en desacuerdo. Mirá, yo no estoy dentro del equipo river como para saber qué se siente estar con Ortega. Vaya a saber uno qué situaciones provoca en el gurpo. Yo creo que un equipo de fútbol es como una banda de música en muchas cosas. Ahí está Las Pelotas con un Sokol que ya no lo aguantaban más. Y yo creo que Sokol le aportó muchísimo a la banda, pero no por eso debe seguir estando en un grupo al que parece intoxicar. Si Ortega es o no una gran persona a la que hay que ayudar, no lo sé, no lo conozco. Si fue un gran jugador. SIn dudas. Si es un gran jugador, creo que tiene momentos, y aunque ya no dé lo que daba, sigue desiquilibrando. Ahora, no podés saber lo que le hace al grupo en las prácticas. El hecho de que haya sido un grande, le amerita un lugar en el cuadro de la confitería, pero no en un euipo al que quizás perjudica de algún modo que ni vos ni yo sabemos. Tengo la sensación de que intentás razonar con el corazón, y no pocas veces, esa acción te manda a la "B".

Saludos!!

Juan dijo...

No importa la racionalidad, no importa si Ortega juega bien, juega mal o canta "la felicidad prrrrr". Yo, hincha de Boca, lo banco a Ortega. No pueden decir nada del gran burrito. Son todos unos ingratos. Por la memoria completa, aguante el burrito.

Martín Zariello dijo...

Considerando lo ocurrido últimamente en este blog, creo que el fútbol es una buena salida. Saludos a los tres futboleros, abrazo de gol!

Luis Erratas dijo...

maravilloso, me uno a la cruzada

.gpb dijo...

Ortega, Ortega, Ortega!!! no me canso de cantar por el en cada tribuna que voy, es mas, es un placer!!!! A los idolos hay que cuidarlos. Fijense que otra hinchada es tan fiel como la de River con Ortega. COMO TE QUIERO BURRO!!!!!! un verdadero idolo del club.

pd: Cholo, con vos esta todo bien, pero no te metas con Ortega, porque te metes con el pueblo de River!!


SALUDOSSSSSSSSSSS