viernes, 22 de agosto de 2008

Borges según José Pablo Feinmann

En estos días, el sitio de Página 12 tuvo la agradable idea de subir en formato PDF los 30 primeros fascículos que José Pablo Feinmann viene publicando los domingos sobre la filosofía política del peronismo. La “Clase 27” lleva por título “Borges y la Libertadora”. Como tengo blog y soy muy pelotudo me interesa apuntar algunos comentarios.

El suplemento comienza con un análisis sobre “La fiesta del monstruo”, el cuento antiperonista que Borges y Bioy Casares escribieron bajo el seudónimo de Bustos Domecq. Feinmann asevera que se trata de un cuento “poco conocido y nunca debidamente estudiado”, sentencia a la que no agrega ningún tipo de argumentación. En primer lugar, puede que el relato (como todo lo que Borges escribió en colaboración) no sea lo más leído de su obra, pero sin dudas es altamente reconocido. Es verdad que la gente no discute acaloradamente por la calle sobre este cuento en particular, pero cualquiera, en ámbitos universitarios o políticos o culturales, sabe que Borges tiene un cuento antiperonista en el que equipara a Perón con la figura de un líder apodado Monstruo y en el cual se produce la matanza de un judío por parte de los seguidores de éste. Por otro lado, cuando Feinmann indica que tal cuento nunca fue “debidamente estudiado” parece anunciar que su interpretación vendrá a salvar esa ausencia. Sin embargo, el análisis de Feinmann cae en la redundancia (redundancia porque eso es, justamente, lo que siempre se dice de “La fiesta del monstruo”) de formar una trilogía emparentando el relato con el poema gauchesco “La Refalosa”, de Ascasubi y “El Matadero”, de Echeverría, donde también, en forma parcial y extrema, se construye la lengua de los “bárbaros” (en este caso, los federales) para narrar el asesinato de un portador de la civilización (los unitarios). Feinmann también cita a Rodríguez Monegal (quien editara el relato en Uruguay ya exiliado Perón) que dice, en su Ficcionario, antología de textos de Borges sobre “La fiesta…”: “Pertenece a la serie de relatos atribuidos a H. Bustos Domecq, pero a diferencia de la mayoría de aquéllos, éste es radicalmente político”. Casi todo lo que Borges y Bioy Casares escriben en conjunto es “radicalmente político”. Tal vez no en la acepción del término “político” más vulgar y más esgrimida (algo didáctico, testimonial, panfletario), pero sí, por ejemplo, en la constante denuncia del antisemitismo y el nacionalismo. Más adelante, Feinmann comienza a citar fragmentos del relato (uno de los militantes le narra a su novia “Nelly” los avatares de una marcha a favor del monstruo) en los que se nota el desprecio de los autores hacia el imaginario peronista en la utilización de frases ridículas y giros del lunfardo. “Borges intenta recrear el lenguaje popular pero se acerca más a Catita que a los obreros peronistas”, dice Feinmann. ¿Quién sabe cuáles son las intenciones del autor? Tal vez no quería “recrear”, sino realizar una parodia extrema que causara un efecto humorístico. Además, atribuirle a Borges tal “recreación” es no prestar atención a que gran parte de las ficciones de Bioy son de tono costumbrista y están repletas de diálogos como los de “La fiesta del monstruo”, en las que se “recrea” el lenguaje popular, con gracia o no, pero siempre con infinita malicia. Finalmente, Feinmann parece juzgar el relato por los prejuicios de clase que posee y no por su potencial calidad literaria. Y con esa perspectiva, por ejemplo, el Facundo es una mierda.

En el apartado “¡Pero ese concurso lo organizan los comunistas!”, el autor de Últimos días de la víctima cuenta que Borges fue condecorado por Pinochet y apoyó dictaduras militares: “Así, del Nobel, olvidarse, Georgie. Esta gente piensa de otro modo, la juega distinto, no premia a fascistas ni a tontos. Algunos se indignarán que uno le diga “tonto” a Borges. Me refiero al ámbito político”. Todo depende de la óptica que elijamos tener. Calificar a Borges de “fascista” es no haber leído “Nuestro pobre individualismo” (donde desprecia al fascismo, el comunismo y el peronismo por igual) o el siguiente diálogo de “La muerte y la brújula”:

“-Soy un pobre cristiano –repuso-. Llévese todos esos mamotretos, si quiere: no tengo tiempo que perder en supersticiones judías.
-Quizá este crimen pertenece a la historia de las supersticiones judías- murmuró Lonrot.
-Como el cristianismo- se atrevió a completar el redactor de la Yidische Zaitung”.

¿Quién puede asegurar que el verdadero Borges es el que dice, en pleno 1976, que la democracia es “un abuso de la estadística” y no el que acabo de evocar? Lo de “tonto” en el “ámbito político” suena a: “Opinás como yo o sos un idiota”. A su vez, refleja la falencia mayor del campo progre: pedir peras al olmo. Es verdad que Borges enarboló (o se pronunció a favor de) causas siniestras, eso es indefendible y real, como también lo es que éstas guardan coherencia con su origen: ¿qué quieren?, ¿que un tipo nacido en 1899, miembro de un sector conservador y pacato de la sociedad, se moje los pies en la Plaza con los “cabecitas negras”? ¿Qué esperan los progres de Borges?, ¿por qué no se preocupan ellos por ser progres de verdad (preguntándose, por ejemplo, por qué CFK, la presidente que está en contra de la concentración de la riqueza, se reúne con Aldrey Iglesias en MDP) en vez de estar siempre reprochándole a Borges ser quien no fue? ¿Se imaginan a Borges en contra de la La Libertadora, a favor de la unión latinoamericana, en París mientras se sucedía el Mayo Francés, con Cortázar y Gabo en La Habana? Hubiese sido hermoso que el autor más extraordinario de la historia Argentina se proclamara en contra de Videla, ¿no es cierto?, pero no habría sido Borges. ¿No parece incluso un embustero cuando ya en los años 80’ le vuelve la espalda a la dictadura y escribe “Juan López y John Ward”, ese poema cursi en contra de la Guerra de Las Malvinas? Dejemos ser a Borges, con sus innumerables errores, aquellos que también lo hicieron un formidable escritor. Una vida dedicada a los derechos humanos o las manifestaciones políticas más distinguidas, no asegura absolutamente nada. Feinmann se dedica entonces a evocar una supuesta anécdota personal, practicando una escalofriante autoreferencia, ejercicio que le reprocha a Sabato en su Clase 26: “Y luego se refiere a sí mismo, a cierto aspecto de su historia, algo que también acostumbrará hacer en el futuro. Onetti confesó que había dejado de leer Abaddón el Exterminador cuando leyó: “Sabato estaba a punto de cruzar la calle cuando…”’. Paréntesis: ¿Onetti leería los fascículos coleccionables de Feinmann? Cierro paréntesis. La anécdota se refiere a un día en el que Feinmann, entrando a la Facultad de Filosofía y Letras, escucha a Borges decir con espanto: “¡Pero ese concurso lo organizan los comunistas!”. Tal hecho antojadizo (y del que nunca comprobaremos su veracidad, como sucede con el 85 por ciento de este tipo de leyendas) le sirve para atacar a Borges por anticomunista. Como dijo Hebe de Bonafini con respecto a la nueva asamblea del campo: “¿Y ahora qué carajo quieren?”. Quieren que Borges sea comunista y, como no lo es, Feinmann lo ridiculiza una vez más, comparándolo con el “brutazo de John Wayne” y tejiendo una forzada relación con la película filo-macartista “Los boinas verdes”. También se enoja con un pasaje de “El otro”, aquel cuento en que el Borges viejo y conservador se encuentra con el Borges joven y revolucionario: “(…) Ahora las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta: América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio (…) Cada día que pasa nuestro país es más provinciano (…) No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní”. Las ideas expuestas por “Borges” (la construcción que el autor Borges trabaja en el cuento) son reaccionarias y tienen un alto grado de paranoia. También es probable que el autor Borges opine lo mismo. Pero analizar tales líneas como la “módica filosofía de la historia” de Borges es sencillamente confundir al personaje con el autor porque, a pesar de conocer las inclinaciones ideológicas del autor B y comprobar que éstas coinciden con las del relato X, de ninguna manera se puede afirmar que lo que se dice en X es igual a lo que piensa B. En efecto (y aunque suene feo para quienes entiendan que estar en contra de Stalin es estar a favor del Imperio) nadie enterado de las calamidades del comunismo ruso podría estar encantado con que Rusia se apodere del mundo. ¡Y más si era Borges: un anti-comunista!

Después de citar párrafos de una novela que todavía no editó, el filósofo elige una soporífera oda que Borges le dedicó a Sarmiento para explicitar la por demás explícita analogía que el autor de Ficciones establece en el mencionado poema: Sarmiento (el enemigo de Rosas) y la “Revolución Libertadora” (que derrocó a Perón) como salvadores de la patria. Pero Feinmann va más allá y, deteniéndose en el final del poema (“Del tiempo que es después, antes, ahora/ Sarmiento el soñador sigue soñándonos”), explica: “Somos parte del sueño de Sarmiento. Seamos chicaneros: las bombas del 16 de junio de 1955 son también parte del sueño de Sarmiento (…) No estamos siendo chicaneros. Es así: Borges no lo dijo, pero sin duda también lo sintió así el 24 de marzo de 1976 (…) Todo esto es pésima ideología y peor literatura, porque el tema del soñador que es soñado por Otro es tan abusivo en Borges que uno lamenta volver a encontrarlo”. Y luego agrega, socarronamente y como si estuviese diciendo la Gran Barbaridad: “Digamos que repetía sus recursos”. ¿Qué gran escritor no repite sus recursos? Incluso escritores menores repiten sus recursos, por ejemplo, el recurso de la autoreferencia o el recurso de escribir por boca del antagonista para propulsar un efecto cómico o el recurso de interpelar a una figura histórica llamándola, en modo cáustico, por el sobrenombre (“Georgie” en el caso de Borges). Pero ahora viene lo mejor. Persuadido de que ha dicho cosas verdaderamente trascendentes y que está produciendo un escándalo mayúsculo en las letras argentinas (porque parece que nunca nadie había criticado a Borges), Feinmann se perdona: “Supongo que alguien pensará que se le está faltando excesivamente el respeto a nuestro gran escritor nacional. No, yo lo respeto a Borges”. ¿Y cuál es la prueba de ese respeto?: “Mi primera novela toma algunos de sus temas predilectos: el del Otro, sobre todo”. Esta desafortunada confesión parece expresar que Feinmann considera que Borges es grande porque ÉL elige uno de sus tópicos preferidos para su primera novela: Borges es grande porque un autor del tamaño de Feinmann lo retoma. Luego se dedica a ajustar cuentas con el mundillo académico, que lo acusa de maltratar a Borges mientras usa su clásica impronta en la adjetivación (“unánime noche”: adjetivo curioso en primer lugar, sustantivo después). Aquí Feinmann cae en uno de los grandes equívocos de la literatura argentina, confundir a Borges con los borgeanos: “Borges pareciera ser un terrateniente del lenguaje. Palabra que él usó, palabra que es suya”. También explica a Borges cómo debió adjetivar sus poemas para dar el efecto adecuado y le agradece haber podido, aunque sea, iniciar bien un cuento “con la admirable frase: Una cicatriz rencorosa la cruzaba la cara”. Paréntesis: ¿Qué diría Borges del estilo Feinmann? No sé si han notado que Feinmann escribe queriendo dar a entender (con paréntesis eternos, alternancia de oraciones mínimas y largas, interpelaciones campechanas plagadas de furia) que mientras lo hace está corriendo o siendo presa de una gran indignación. Cierro paréntesis. Hacia el final, concluye: “Como sea, todos lo sabemos: un gran escritor. Pero no un dios”. Quién pudiera decir lo mismo de todos los escritores. Sayonara.

17 comentarios:

pulcinella dijo...

Excelente análisis, Corvino.
En el siguiente enlace se puede leer un texto de Christian Ferrer, baluarte de las letras libertarias argentinas, donde se analiza la filosofía política borgeana llegando a interesantes conclusiones. Que le aproveche.
http://www.punksunidos.com.ar/blog/tag/borgismo/

Hernán Galli dijo...

A ver, tu post es impecable. Simplemente le agrego:

1)Lamentablemente, Feinmann sufre la falta de reconocimiento (del reconocimiento que él desea). Es alguien respetado y admirado, cuyo aporte a la literatura es menor, pero sí es indiscutible su calidad de crítica, especialmente en lo referido a filosofía (su fuerte) y cine.

2)Me hiciste acordar a una charla que dieron Piglia y Saer en la facultad de letras, acá en Bs As. Seríamos unos treinta más o menos, y Saer se la pasó media charla tratando de desmitificar a Borges, a propósito de su libro de ensayos que salía por entonces (año 98 ó 99). En ese libro (La narración objeto), se la agarra con Borges con el objetivo de “bajar” su endiosamiento. El libro es aburrido, simplemente porque Saer como ensayista es tedioso, y es increíble su objetivo. Intenta hacer ver las “falencias” de Borges, con la única meta de informarnos que Borges también se equivoca o tiene altibajos o bien puede no ser brillante. La pregunta es: ¿Alguien dudaba de que Borges era falible? No. EL problema es la rabia de ver cómo la admiración hacia Borges no les llega a Saer (en este caso) o a Feinman del mismo modo. Lamentable.

3)En esa charla, Saer contaba un episodio en el que Borges había dicho que Evita era un puta, y que eso mostraba cierta “calaña” de Borges, su filo fascismo o no sé qué estupidez. Le pregunté a Saer si en Inglaterra existían congresos para desbaratar la figura de Shakespeare, desmitificarlo, y de paso opinar sobre su supuesta homosexualidad. La contestación de Saer fue: “No lo sé”. Lamentable (2)

4)Feinman debería ceñirse a sus ensayos filosóficos y políticos, y tratar de escribir otro libro que esté a la altura de Filosofía y Nación. Ahora, por esto de la tilinguería argentina, como el tipo sabe mucho de filosofía, aparentemente eso lo habilita a opinar sobre todo y que esa opinión sea “especializada” o “autorizada”. Lejos de tal cuestión, Feinman es bastante más falible que Borges y muchísimo menos gracioso.

5)Escuchar a Feinman hablando de lo que es “culto” y lo que no. De lo que debería haber en la tele y de lo que no. De lo que se debe leer y lo que no. Bueno, por lo pronto, conozco muchos bloggers que son mucho menos pelotudos como seguir aleccionando con esa estupideces de modè y que sól sirven para generar una admiración vulgar y boba. El fascismo intelectual no es menos violento o peligroso, es tan terrible como cualquier fascismo.

6)Me da pena este hombre. Ser un escritor menor, un guionista standard y un triste actor sabelotodo sólo llama a la tristeza. Llegar a cierta edad y despotricar por no ser admirado como lo es Borges, bueno, qué se puede decir.

Saludos!!

Desarmandonos dijo...

1/ la fiesta del monstruo

Me parece harto evidente, que, lejos de la reconstrucción de la lengua popular, "la fiesta del monstruo" intenta ser una parodia o en todo caso, lisa y llanamente, una burla maliciosa. Basta con sólo leerlo para darse cuenta. Ni siquiera con leerlo bien.

2/ Borges se repite

Borges no descubre nada nuevo en cuanto a ideas o reflexiones filosóficas, sino que se dedica a construir metáforas por las que aquél pensamiento mil veces ya dicho, antes y después por otros, adquiere una evidencia de certeza que lo hace -en forma ilusoria- cualitativamente distinto. Incluso, diría más, los verdaderos filósofos son los que más se repiten; el descubrimiento, mínimo, constituye un agujerito en el mar de la historia del pensamiento, el punto de arquímedes a través del cual se logra sin embargo dar vuelta el universo. Borges hablaba de los instersticios que deja lo real.
Marx, con un paso simple (tan simple que los que estamos después nos preguntamos cómo los que estaban antes no lo habían visto) "descubre" la plusvalía. Y después ¿Dejó alguna vez de utilizar ese concepto? Jamás, lo repitió hasta el fin de su vida, lo profundizó, lo extendió, y fué precisamente ese hecho el que lo llevó a la posteridad.

Repetirse y hacerlo de tal modo que a cada lectura siga siendo revelador, es todo un arte. Incluso más, podría decirse: toda idea nueva es una vieja dicha de otra manera.

3/ El peronismo, para todos los sectores republicanos que había en este país -como al que Borges pertenecía- fué una broma pesada. Algo que trastocó todo y que no pudieron entender. Por el nacionalismo, el estatismo, el personalismo, le decían facho a Perón. El aprovechamiento demagógico. Pero la verdadera cara del fascismo fue lo que vino después, la tortura despojada de los límites del espacio y del tiempo -como decía Walsh-.



A pesar de que a veces tiene declaraciones un tanto desafortunadas, Hebe de bonafini es uno de los seres más lúcidos que tuvo y tiene este país. Estoy leyendo "la rebelión de las madres" de Ulises Gorini, que, por su exactitud histórica y su prosa, recomiendo ampliamente.

Desarmandonos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
G. dijo...

No voy a aportar nada a su post.
Me entretuvo leerlo y encontré varios momentos interesantes.
Clap Clap.
Muy bueno.

Ber dijo...

En esta estoy con Desarmandonos.
Cambiaria algunos puntitos, pero estoy apurado.
Saludos.-

Martín Zariello dijo...

Leí ese ensayo de Saer. Es gracioso porque dice algo así como: exceptuando de 1930 a 1960, Borges fue un escritor menor. De todos modos creo que tiene mucho más sustancia que Feinmann. Saludos, gracias por leer.

Martín Zariello dijo...

Leí ese ensayo de Saer. Es gracioso porque dice algo así como: exceptuando de 1930 a 1960, Borges fue un escritor menor. De todos modos creo que tiene mucho más sustancia que Feinmann. Saludos, gracias por leer.

lilia muñoz dijo...

Después de tan buenos comentarios, sólo quiero decir: excelente post, gracias

towa dijo...

me gusto tu post!

Sr Pancomido, pancomido@hotmail.com dijo...

Muy bueno. Pero para mí la Oda a Sarmiento es un pomo soporífera. Se me escapan las lágrimas cada vez que la leo.
Gracias por el blog.

Gabyto dijo...

Olvdaste decir que Feinman lo nombra a Borges como un gran escritos, a pesar de las criticas ideológicas que le hace. Yo entendi mas este texto como una provocación a esta instauración de procer del escritor argentino. Pienso, porque Borges y no Walsh?. Dice Viñas (uno de los mejores escritores de la Argentina sin dudas): "si me apuran digo que Walsh es mejor que Borges..
Por otra parte, coincido con Sr Pancomido, respecto a la oda a Sarmiento y sumo a La fiesta del monstruo como otra obra soporífica.
Bueno el blog
saludos

Anónimo dijo...

Ufff! Lo mataste a Feinmann. Che, no seas tan duro! Jajaja.
Yo no tengo tanta labia como vos como para describir mi opinión al respecto. En fin, mi me gusta más Feinmann, con sus defectos y virtudes.
Au revoir!

Román dijo...

Tenés grandes errores conceptuales en cuanto a la Teoría Literaria, aunque muy usuales en el común de la gente que nunca tuvo acceso a esta materia.
El más garrafal de ellos es confundir autor con personaje. El autor tiene su propia ideología y cada personajes tiene la suya. Juntas crean la ideología del texto. Atribuirle al autor del texto enunciados enunciados de los personajes es un disparate conceptual. Cometés este error cuando citás el fragmento de "La muerte y la brújula".

Huinca dijo...

Qué excelente análisis, nada para agregar. El comentario anterior parece propio de Feinmann mismo, no totalmente desprovisto de valor, pero cargado de tanta altanería intelectual y formulado tan antipáticamente que se termina autoanulando.

Cadenet dijo...

Un par de datos...

1. Estuve toda la mañana leyendo y escuchando entrevistas a Borges realizadas entre los años 1971 y 1984.
2. He leido -creo- la obra completa de Borges... y en la mayoria de los casos -a la manera borgeana- me he regalado tambien la relectura de la obra de Borges.

Y en base a estos dos datos quisiera comentar un par de cosas...

En la misma entrevista en la que declara que la democracia es un abuso de la estadistica, o algo asi (España, 1976) Borges comenta que charlando con Sabato sobre la prosa de Cervantes y Dostoievski, que muchos consideran mala, don Ernesto tuvo una frase ingeniosa y justa, algo asi como: "Bueno, tan mala no seria... que el Quijote y Crimen y Castigo se siguen leyendo, en todo caso la calidad de la prosa evidentemente es suficiente para cumplir un proposito".
Ahora bien... ¿no se da cuenta Feinman que todo lo que el "descubre" sobre el cuento de Borges-Bioy en cuestion no es algo que haya realmente descubierto sino que son los mismos autores (o el autor, ya sabemos que la sociedad Borges-Bioy no es Borges + Bioy sino otra cosa diferente) quienes le sirven, quienes le proponene el camino de "descubrir" esas cosas?
La trilogia en la que Feinman inscribe el cuento... ¡Borges y Bioy lo hacen, no Feinman! ¡Es adrede, manga de pelotudos!
La deficiente imitación del lenguaje del muchacho peronista. ¡Es adrede, muchachos... no sean pelotudos! Es parte del juego, parte de la ironía y, de hecho, una declaracion clasista por parte de los autores.

Finalmente... el cuento de Borges-Bioy tiene (Borges detestaría que lo diga) fines pedagógicos. La idea es establecer una relación entre los dictadores nacionales (Rosas-Perón) y el nazismo. Es una declaración de principios que bien podría resumirse en la siguiente frase: "Todo autoritarismo no es otra cosa que autoritarismo, y el autoritarismo es personalista y arbitrario". Borges era anarquista. En la misma entrevista de la famosa frase sobre la democracia declara que en un mundo ideal no habria gobiernos, o habria gobiernos "municipales" como mucho, el minimo gobierno posible. Borges creía en la inteligencia de los individuos y en la estupidez de las masas. Y les recuerdo a todos (sobre todo a aquellos nacidos en la decada del 40, que lo saben mejor que yo) que no fue Borges quien golpeó las puertas de los cuarteles... ¡fue gran parte de la sociedad argentina! Lo que pasa es que es facilisimo tirar mierda para los costados y hacerse el santo. Si una virtud tuvo Borges en la vida fue que siempre expreso lo que sentia o pensaba de la forma más clara que pudo... aunque eso representara quedar como un reverendo hijo de puta. Ahora... de hipócrita... nada. Ojala nuestros filósofos fueran un poco menos hipócritas. Ojalá recordaran que las declaraciones politicas de Borges y sus cuentas en general se inscriben en una profunda actitud etica, la misma actitud que lo impulso a escribir contra el nazismo en tiempos en que el 80% de Argentina y del mundo occidental estaba mas o menos de acuerdo con eso de matar judios. ¿O me van a decir que Francia e Inglaterra y luego USA entraron en guerra con Alemania para salvar vidas inocentes? ¡Pero por favor!

Pablo Nardi dijo...

Estoy en el laburo, al pedo, y de alguna manera llegué hasta acá. Me encantó el post. Feinmann es insignificante, casi un interlocutor de cotillón que sirve para contestar a los que se la pasan bardeando a Borges por sus inclinaciones políticas.
¿Alguien sabe si en otros países se les exige a los escritores que sean de izquierda, o al menos que se comprometan con las grandes causas? Lo bueno de que ahora a nadie le importe lo que piensa un escritor es que tienen más libertad para hacer lo que se les cante y no tener que andar dando explicaciones o demostrando que están comprometidos con la realidad social.