miércoles, 20 de agosto de 2008

LA ALEGRÍA NO ES SOLO BRASILERA, ES SÓLO CURUCHETENSE

Y ocurrió la premonición: Curuchet ganó la de oro (la alegría no sólo no es brasilera sino que harto marplatense marplatense) activando un desplazamiento espacio-temporal que causó un fraccionamiento meteorológico que repercutió en la corteza terrestre. Por consecuencia de ello, se produjo el cataclismo: Argentina goleó a Brasil 3 a 0. Y más allá de la ironía (para hablar sin eufemismos: Curuchet nos cerró el orto), este resultado pone fin a una era de apócrifa superioridad argentina sobre el clásico rival (“a los brasucas les ganamos con la camiseta”) basada en un partido jugado hace 18 años y dos triunfos amistosos (el del gol del Piojo López y el de la selección de Bielsa con Redondo en el Monumental). Todo lo demás (Copas Américas 95, 99, 2004, 2007, Copa Confederaciones, etc.), incluyendo goleadas y bailes, había sido para los “inhos”. Al igual que en el reciente partido de las Eliminatorias (ese fiasco imperdonable), Dunga presentó un combinado flojísimo, que gravitó alrededor de la presencia netamente simbólica de Ronaldinho, que ya juega como lo hacía Carlos Valderrama en la liga de soccer: parado, pseudo-construyendo jugadas que no terminan en nada, enojado con su rendimiento y la mediocridad de alguno de sus compañeros. Tanto es así que Brasil no llegó nunca con claridad, a excepción de dos aislados tiros en el palo de Romero, que se mostró seguro. Ni siquiera se vinieron con todo estando abajo. Confundidos por el parsimonioso 10, tal vez creyeron que era Boca. Sin embargo, en el primer tiempo hubo problemas y, a decir verdad, nadie se esperaba una diferencia de tres goles. La dificultad esencial del equipo argentino tiene que ver con la marca y sucede por una simple razón: Mascherano no puede estar en 10 lugares distintos a la vez, sólo en 7 u 8. A los pocos minutos, Zabaleta recibió una amarilla, por lo que tuvo que evitar jugar con dureza. Gago fue desbordado con facilidad (hay que prestar atención a eso teniendo en cuenta la velocidad de los nigerianos) y por el otro lateral, Di María no encontró el rumbo y Monzón alternó buenas y malas. Por otro lado, la línea inspirada, la narrativa poética (Riquelme, Gago, Agüero, Messi) necesita del lucimiento personal como Superman de la criptonita y, cuando esto no ocurre, hace su aparición la Señora Displicencia, que juega hacia atrás, se exaspera con facilidad y se equivoca en los pases. Pero todo esto no tiene la menor relevancia ante las limitaciones de los supuestos brasileros, torpes al marcar (¿Gerlo no es mejor que Alex?), impotentes para crear jugadas de peligro y faltos de cualquier indicio de osadía (pero no de brusquedad: pegaron tantas patadas que Mascherano hizo echar a dos). Así fue entonces, que, algo impávida, la Argentina se llevó por delante al “scratch(e)”. Primero, con un extraño gol de pecho-codo-brazo de Agüero, tras un tiro al arco de Di María (gracias Checho por hacerme caso). Después, con otro extraño gol que rozó Agüero tras un remate cruzado de Garay. Más tarde, luego de una gran jugada de Messi, Agüero fabricó un penal (¡a pesar de haber hecho dos goles y haber participado en la generación del tercero todavía no mostró ni el 10 por ciento de su juego!) que Riquelme (que está jugando un Juego Olímpico más sobrio que la relación entre Mulder y Scully) convirtió en gol. A partir de allí, Brasil se desconcentró en forma letal y la Argentina pudo haber aumentado el marcador si alguno de los jugadores hubiese tenido por lo menos el 15 por ciento (ya que estamos con las estadísticas) del ímpetu de ese ejemplo de regularidad y entrega llamado Javier Mascherano. La mala noticia: Pareja (el mejor defensor hasta aquí) no podrá estar en la final. Imagino que lo reemplazará alguno de los defensores desconocidos que pululan históricamente en la Selección, de los cuales la característica principal es que nadie sabe en qué equipo jugaron en el país ni tampoco cuándo se fueron ni por qué los compraron: ¿alguien puede decirme, en un pestañeo, en qué equipo argentino jugaron Sensini, Chamot y Heinze? La final contra Nigeria evoca al equipo olímpico de Atlanta 96’, que jugaba muy bien pero fue eliminado de la historia oficial porque uno de los defensores desconocidos que acabo de nombrar se durmió en el achique. Sayonara, un saludo para Jey Jey Okocha (1) y Babanjida, que ya deben ser abuelos.

(1): En la Liga Ensenadense hay un club llamado Deportivo Okocha.

4 comentarios:

natanael amenábar dijo...

Qué grande Okocha.

Dr.Fernet dijo...

Desconocía lo de "deportivo Okocha" sí doy fé de algunos nombres de equipos amateurs que compiten la nuestra misma liga platense, por ej "cota de ivore"... De dónde viene nuestra simpatía para con los africanos?.

Además, indagando por la vida de Okocha y Babanjida (cómo se pinchó el hermano!!!) me preguntaba por otros jugadores que han quedado en mi mente, jugadores a los que les robábamos el apellido para apodar a compañeros del cole o amigos del barrio; me acuerdo de algunos: Makanaki, Tatao, Finidi, el "toro" Yekini, Omam Biyic y algunos más... Alcanzaba para que alguien sea casi-morocho o algo mota para que le caigan con esos sobrenombres. Espero que no se ofenda la gente del inadi, sólo éramos niños de 10 0 12 años, estábamos ajenos a Xenofóbia, a denominaciones peyorativas y cualquier otro tipo de lectura tendenciosa sobre el tema.

Okocha, un grande. Aunque ni de coña lo tendría en mi equipo, sí pagaría para verlo en una cancha haciendo piruetas.

Lo de Mascherano se pasa, es para sacarse el sombrero y la piel.

Coincido en lo de pareja, plenamente.

Saludos.

wallyzz dijo...

Curuchet queria llevar el estandarte patrio y Morresi no le dio bola, lo llevo Manu al final...
Espero que traiga una dorada el Grandote basquetbolista ...pero me pareeeeeceeee...mmmmm...


Abrazo

Martín Zariello dijo...

Todos los deportistas de los que me burlé en el primer post sobre los olímpicos ganaron una medalla, así que creo que Manu and Company ganan hoy. Saludos. Okacha era muy grosso, dónde andara---.