lunes, 29 de septiembre de 2008

La contradicción

Generalmente, la puntualización sobre la cifra exacta de desaparecidos durante la última dictadura militar fue un argumento utilizado por la derecha para neutralizar el impacto del genocidio: “No calculó 30 mil la actual Secretaría de Derechos Humanos, ni la Embajada de los Estados Unidos, ni la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, ni el Estado de Israel, cuando el 24 de septiembre de 2003 reconoció que los 2000 judíos desaparecidos conforman el 12% del total. Dato que revelaría que el total es entonces de 16.700 personas” (Antonio Caponnetto, fascista profesional). En los últimos tiempos (tal vez en respuesta a un gobierno que, por diversas causas, genera especial rechazo en múltiples fracciones de la población), tal aseveración ha repercutido en actores sociales que no personifican en forma cabal el imaginario retrógrado (Martín Caparrós, 22/03/08, adn Cultura: “Lo malo, lo realmente grave de las masacres de la dictadura, más allá de lo terrible de que hayan matado a 15 o 20 mil personas (…) Y se usa el número 30 mil porque parece que impresiona más y porque se cristalizó de esa manera. Creo que no es necesario poner cifras de las que no estamos seguros para que parezca más”). De alguna manera, mencionar tal “reparación histórica” en un debate o una conversación sobre lo ocurrido entre 1976 y 1983 se ha convertido en un gesto aceptado y hasta incluso cool, perteneciente a alguien que “está más allá de las ideologías” y, pesar de objetar el Proceso de Reorganización Nacional (o no), acepta que hubo abusos simbólicos por parte de los movimientos de DD.HH. La respuesta habitual a este tipo de consideración es que no importa cuál haya sido el número de desaparecidos, que con sólo uno hubiese bastado para ejemplificar el procedimiento de las Fuerzas Armadas. En cierto modo, es verdad que la desaparición de una sola persona (o, lo que se quiere dar a entender: la desaparición de una cifra mucho menor a 30.000) hubiera sido igualmente grave, pero desde cierta perspectiva se trata de una frase hecha y vaciada de contenido. Si se comprobará que el número de víctimas fue infinitamente menor a la cifra establecida, la categoría de genocidio podría comenzar a tambalear para gran parte del inconsciente colectivo. No olvidemos que cuando un coronel retirado o un torturador o un activista de Memoria Completa corrige el número de desaparecidos lo que está expresando es que en realidad no hubo infinidad de muertos, por lo tanto la represión no consistió en un plan sistemático de alcance masivo a determinado grupo. Corolario: en una sociedad obsesionada con el imperativo de la cantidad y afecta a los discursos reaccionarios (el conflicto campo/gobierno es el ejemplo más reciente), la instauración de que la cantidad de muertos ha sido mucho menor que 30.000 daría a entender que el descalabro no fue tan premeditado ni tan horroroso. No en modo inocente, esta idea comienza a constituirse en un momento en el cual los medios (valiéndose del caso Rucci y apelando al “conocimiento de la verdad entera”) equiparan constantemente la represión ilegal del Estado con los crímenes de las organizaciones guerrilleras (ERP, Montoneros): “La impunidad de ese asesinato y la de otros similares constituye un agujero negro en el ejercicio de memoria y conocimiento de la verdad del que la sociedad argentina tiene necesidad. Y esto no es abonar la maniquea teoría de los dos demonios, con la que se ha querido descalificar a quienes han insistido en lo impostergable de recordar en toda su dimensión la historia de violencia que asoló a la Argentina sobre todo en la década del 70 y principios de los 80”, (Nelson Castro, Diario Perfil, 28/09/08). Aquí se observan dos contradicciones. Por una parte, los sobrevivientes de los grupos denominados en el régimen de facto “subversivos” se amparan en que según los Tribunales Internacionales sólo son imprescriptibles aquellos crímenes cometidos desde las esferas del Estado. Comparto esta lógica atenta a lo que marcan las leyes, aunque, paradójicamente, no se puede dejar de advertir que no coincide con la característica fundamental de quienes (oportuna pero quizás no razonablemente) se rebelaron contra la ferocidad del aparato represivo: ir en contra de la ley (incluso durante la última presidencia de Perón). Es decir que (entendiblemente) en nombre de la lucha se acepta la ilegalidad como norma, pero cuando se intuye algún tipo de juzgamiento (aún coyuntural), se erige el escudo de la ley como defensa, desligándose las responsabilidades de haber matado. Esto ocurre en todo tipo de delitos, pero convengamos que no estamos ante un crimen pasional o un robo seguido de homicidio, sino ante la acción de un grupo revolucionario que mataba en base a coordenadas políticas y bajo determinados conceptos. Desde la tranquila vida que nos toca hoy en suerte y cuando nunca tuvimos un revólver en nuestras manos es muy fácil manifestar (con aires de inédita suficiencia) que, dadas las circunstancias de aquel tiempo (Triple A, persecución ideológica, tortura, represión), ciertas muertes son anecdóticas. La verdad es que si lo fuera, todos seríamos revolucionarios ya que no hay uno solo de nosotros que no entienda que las cosas funcionan mal y hace falta un cambio violento para mejorar. Por su parte, el pedido de que se reabran las causas de los crímenes a militares ejecutados por organizaciones civiles (más allá de la utilización antojadiza del Estatuto de Roma para que se implante la categorización de lesa humanidad: se asimila a un grupo con “identidad propia” a militares, empresarios y policías) se contradice con la teoría que los mismos asesinos enarbolan al sentarse en el banquillo de los acusados: en tanto se comprende que hubo una guerra, se acepta que en tal estado de emergencia nacional las leyes (la posibilidad de un juicio justo) quedan sin efecto. Por lo tanto (todo esto lo enuncio en el terreno de la suposición errónea de que hubo una contienda declarada y explícita), si los represores manifiestan que no deben ser juzgados por actuar bajo el influjo de la guerra, tampoco deberían serlo quienes los enfrentaron ya que para que haya “guerra” se requiere la igualdad de condiciones de los bandos enfrentados. Personalmente (a pesar del dilema meramente ético –no tiene significado en la realidad- sobre el uso parcial de la ley de los revolucionarios) creo que las causas a militantes no deben ser reabiertas, sólo basta con una autocrítica implacable que, por más que la nieguen ciertos comunicadores sociales, existe desde hace tiempo: “Ningún justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano (…) Este reconocimiento me lleva a plantear otras consecuencias que no son menos graves: a reconocer que todos los que de alguna manera simpatizamos o participamos, directa o indirectamente, en el movimiento Montoneros, en el ERP, en la FAR o en cualquier otra organización armada, somos responsables de sus acciones. Repito, no existe ningún “ideal” que justifique la muerte de un hombre, ya sea del general Aramburu, de un militante o de un policía” (Oscar del Barco, Revista digital El Interpretador, julio 2005). Pero no sólo desdeño la reactivación de las causas por lo que dice la ley (postura demasiado esquemática para la gravedad del asunto y por la convicción de que la verdad no siempre reside en las resoluciones legales) sino porque de ese modo se estaría igualando el alcance de dos facciones absolutamente desiguales promoviendo el ya referido concepto de “guerra” y la teoría de los dos demonios. Esta posición, sin embargo, es peligrosa: parece afirmar que hay crímenes necesarios. Pero, francamente (y aún siendo la víctima el más repugnante de los represores), aborrezco cualquier tipo de asesinato. Me reconforto con una pena ejemplar (más no sea virtual: ninguna condena, por más extensa que sea, devolverá la vida ni reparará el dolor). Y es aquí (en ese intersticio entre el aceptar o sancionar el asesinato de un ser despreciable) donde aparece la otra contradicción, la mía e, imagino, la de muchos otros. Sayonara.

11 comentarios:

Hernán Galli dijo...

1) Hay una especie de instinto nativo, tribal, inherente a lo "humano" desde la perspectiva biológica, que nos gobierna sin que nuestra voluntad (la que schopenhauer tanto estudió), no pueda dar una mano. De ahí surge el principo en el derecho de la "emoción violenta" o los actos "psicóticos", que no es más que esa pérdida de la tan positivista racionalidad. De ahí me aferro para decir que sí, deseo y subscribo al peor de los tormentos para quien arruina vidas desde su propia elección. Sí celebro el asesinato de un represor, porque mi instinto nativo me lleva a anularlo, a parecerme con placer a esos individuos de los que habla Saer en "El Entenado". ME daría sumo placer observar la carnicería del carnicero, del que puso una rata en la vagina de una mujer, el que violó a un hombre, el que aplicó electricadf en los genitales para después tirarlo dopado al río. ME merece toda la furia que mi cuerpo junte, y que sea aplastado como lo que es, una serie de errores monstruosos que terminaron en un ser humano.

2) Estoy completamente de acuerdo en lo que decís del "número". Sólo le agregaría que los nazis esos de "Memoria completa", lo que también buscan es equilibrar culpas, para que de un abuso se pase a una contienda. Si fueron todos, no fue nadie. En ningún momento critican el accionar de sus nazis camaradas, ya que entienden que sería una cosa como que había un monto por cada milico, y que era la vida de uno o del otro. No es sólo la teoría de los dos demonios, El demonio es uno sólo, y en su intestino se debatió un enfrentamiento en el que los milicos salieron airosos y salvaron a la patria.

3) Cuando se habla de "los dos lados", el probelma es pensar que era un movimiento que asolaba la paz y otro que vino a poner orden. Que Firmenich es un asesino, no me cabe la menor duda, porque eleigió un modo de vida que incluía secuestros y robos. Que había montoneros o peronistas (perdón por la diferencia, pero que la hay, la hay)que soñaban con un país de mierda, no me cabe la menor duda. Ahora, no hay que olvidar que los milicos venía con una ideología mucho peor, y que no era una cuestión "policíaca" de restitución dle orden. Era la imposición deun modo de pensar y vivir. Y por eso sólo deberían ser condenados.

4) Caparrós es un pelotudo.

Saludos mil, y arriba los corazones!

Cine Braille dijo...

1) Comienzo por el final de lo que dice Hernán: a Caparrós se lo comió el personaje. El tipo no se permite tener una sola opinión transitada: se siente obligado a escandalizar siempre (preferentemente al lector progre, escandalizar a Mirtha Legrand es tan trillado...). A este paso, en poco tiempo lo leeremos defendiendo el canibalismo, el fernet con Pepsi (puajjj) o el River de Simeone (my God!).
2) Ah, si los desaparecidos son solamente 16700, entonces ¿de qué dictadura hablan? (Es una opinión que califica al que la sostiene).
3) la supuesta "impunidad" para los crímenes de la guerrilla de la que habla el cada día más pelotudo Menso Castro no resiste el menor análisis. En el caso de los desaparecidos, hubo secuestros de miembros de organizaciones de derechos humanos, de abogados que interponian recursos de hábeas corpus, amenazas, bombas, jueces que miraban para otro lado, Ley de Punto Final, Ley de Obediencia Debida, indultos: un ejercicio sistemático de negación de justicia durante casi 30 años. En el caso de los asesinatos de la guerrilla (y lamento que haya que caer en la obviedad de repudiarlos expresamente cada vez que se habla de ellos, pero asi estamos) no hay nada de eso. Lo más parecido es la Ley de Amnistia de 1973 (que llega hasta el 25 de mayo de ese año, nada más) y los indultos de MENEM a la cúpula montonera (y sólo a ella). Recalco, MENEM. Si Firmenich está suelto no es por Kirchner, es por MENEM. Hay que repetirlo hasta el cansancio porque parece que nadie lo entiende, empezando por el propio Menem y siguiendo por los hermanos Cuesta de San Luis (hermanos Cuesta porque a uno cuesta creerle y al otro cuesta aguantarlo).
Retomando el hilo ¿de qué impunidad de los crímenes de la guerrilla se habla cuando la vía judicial se dejó de lado a propósito desde que apareció la Triple A? ¿A quién quieren juzgar hoy, si la mayor parte del aparato militar de la guerrilla fue exterminado? (Lo de comerse al caníbal que decía Borges). ¿Que impidió que la justicia esclareciese los asesinatos de Rucci (o Mor Roig o Villar o el que quieran) cuando el presidente era Videla? ¿Galtieri obstaculizó las investigaciones acerca de la bomba en Coordinación Federal en 1976? ¿Alfonsin? No sé si yo estoy enamorado de mi propia argumentación, pero me parece tan obvio esto, tan de sentido común, que no puedo menos que desconfiar o de la inteligencia o de la honestidad intelectual del diez veces nabo de Castro, de Moralito, de Grondona, de Pando, incluso de Moyano (¿dónde estuvo la CGT estos 35 años? ¿Moyano se banca una investigacion de su actuacion en Mar del Plata en 1970-75 y su relación con la CNU?). A la familia de Rucci la entiendo perfectamente, y yo en su lugar haria lo mismo. Pero los otros...
4) Hay un tema ideal para otro post porque excede a éste, pero podría servir de marco para volver a discutirlo, que es el de la legitimidad de la violencia. ¿El "no matarás" bíblico es un mandato absoluto? ¿Admite excepciones? Si admite excepciones ¿dónde trazar la línea? ¿Era ilegítimo resistir con las armas al nazismo? ¿Era ilegítimo alzarse contra el poder español en 1810? ¿Un hipotético Gandhi ruso hubiera podido derribar a Stalin? Sin la guerrilla (y esta es la respuesta más peliaguda de todas) ¿hubiera habido elecciones en 1973? (Ongania hablaba de quedarse 20 años en el poder). Otra pregunta dificil: fuera de Aramburu ¿qué otro de los responsables de los fusilamientos de 1956 pagó algún precio por ellos? (¿Leyeron Operación Masacre?)
Saludos

natanael amenábar dijo...

A ver cuándo te sacás un blog Cine Braille. Excelente tus chistes. Caparrós defendiendo el fernet con pepsi y los hermanos cuesta despertaron la sonoridad de mi risa.

Respecto a Galli y Corvi, están cada vez mejor. Yo creo que acá se leen mejores artículos que en los diarios de a imprimir.

Apropósito de, Hernán, todos fueron, nadie fue. La derecha editorial (algún día habrá que ver los intereses reales detrás de la ecuanimidad de las editoriales grandes) cada tanto tira un libro "polémico" que intenta revitalizar el estado público de una causa controvertida desde la mirada equilibrada que sólo puede dar un libro. Y si el libro está bien escrito y mejor documentado -como parece ser que está el de Reato- la verdad ya es tan irrelativa que un periodista pasa a ser hasta declarante de una causa, que se "reabre" debido a ese mismo libro, y por el apoyo de los medios de comunicación y sus voceros cipayos.

Quería decir que hace dos años atrás Tata Yofre, ex capo de la side de menem, con toda la info clasificada de la nación y desclasificada para su redito personal (vender libros), escribió primero "Nadie fue". Temerario. El año pasado sacó "Fuimos todos". Si nadie fue, fuimos todos. Si fuimos todos, nadie fue. No tan temerario, pero si oportunista. De cualquier manera alguien tan impresentable como Yofre no logró poner en agenda el tema más allá de ir a lo de Mariano con desclasificaciones a la carta de funcionarios kirchneristas ex montoneros. Parece que con Reato, hombre de Caselli, hombre del Opus Dei, hombre del Vaticano, si el tema prendió como poroto al secante. Yofre no tiene que resistir un archivo, porque el es el dueño del archivo!

Para terminar, mezclando todo, la iglesia católica y los grupos económicos concentrados y algunos políticos cipayos fueron los únicos opositores al referendum de Correa en Ecuador que el actor ecuatoriano de culebrón más visto de América Latina, bien fachero al estilo tarde de Telefé arremetió con el 70 por ciento. Es importante aclarar que en Ecuador nunca se hicieron reformas de fondo y que la primera vez que se toman algunas medidas en favor de las clases irremediablemente olvidadas del país, la Iglesia -los obispos, para ser precisos- están con el 30 por ciento acomodado de el único país verdaderamente bananero del mundo.

Abrazo, me exedí.

PZ dijo...

El cálculo de los 30,000 desaparecidos resulta de la suposición de que por cada denuncia realizada, otras tres no se llevaron a cabo. Si consideramos que la Junta Militar fue condenada por aproximadamente 8,000 casos y hoy ya hay más de 16,000 personas que declararon -esto es 16,000 personas que realmente estuvieron/están desaparecidas- es lógico considerar que, entre tanto descontrol y deconcierto, las estimaciones alfonsinistas fueran de buena fe.

Yo sí creo que el aparato represivo actuó con total alevosía con la idea de desaparecer una clase política y militante. Y también creo que el Gobierno sostuvo la sensación de que el monstruo guerrillero estaba al acecho -cuando los grupos armados estaban prácticamente disueltos para 1976- para justificar su permanencia en el poder durante tantos años más.
Pero siento que me extiendo demasiado, no corresponde. Saludos

Cine Braille dijo...

Natanael no será un blog pero... www.cinefania.com/cinebraille/
La cifra de los 30 mil desaparecidos surgió en plena dictadura. En esa cifra hay también gente que luego fue legalizada pero que en ese momento no se sabía dónde estaba. Y en ciertos ámbitos (la zona rural de Tucumán p/e) se denunció una ínfima parte de la cantidad de casos reales. Pero hacer un tema de eso... me parece que demuestra la frivolidad del citado Caparrós. Una lástima.

hernan dijo...

Caparrós es un pelotudo

Crítica Digital cada vez me da más asco, cada vez se diferencia menos de Infobae o esas cosas

Desarmandonos dijo...

Me parece que lo que llamaré pedantemente (o Caparrosmente) como universalismo ético, posición que sostiene que hay actos que son malos en sí mismos independientemente de las circunstancias en que fueron ejecutados, es tan insostenible como la otra postura; justificar los medios por los fines. No sé, es todo muy inconduncente. En la carta que citás, de Oscar del Barco, el punto de vista es Levinisiano, es decir, el Otro está antes que yo mismo y no hay posibilidad de determinarlo con ninguna caracterísitca; lo que hace imposible una justificación racional para el asesintato cualquiera que fuese. Pero hay que mirar bien y fijarse que esa misma carta la celebra alguien mas horrendo que Caparrós todavía, un tal Abraham que dice algo como esto: "No es por una persecutoria teoría de los dos demonios que se dicen estas cosas porque hay uno solo, siamés con dos cabezas, que ha destruido a nuestro país" Es decir, la teoría de los dos demonios.

Es loco como una postura se aprovecha, se recubre de la otra. Aunque sean irreconciliables. Funcionan muy bien, juntas, cuando se ponen a un mismo plano.

No lo vamos a resolver con la razón ni con el diálogo, la vida tiene un fondo vacío que nos traspasa y al mismo tiempo somos ese fondo, la postura hay que tomarla dando pasos sobre el abismo. En lo que es a mí, pienso una cosa, que seguro es una pelotudez como una casa, pero así pienso: al contrario de lo que decía Nietzsche, pienso que el no matarás es una creación de los ricos y los acomodados, los tocados por el poder, para no permitir nunca, aunque sus pobres se mueran día a día de hambre, que puedan cuestionarles lo que tienen y aún desplazarlos de su opulencia egoísta. Es Mirtha Legrand quejándose de la inseguridad. Pero también es Jesús luchando por los necesitados. Esa es la la contradicción insalvable en la que estamos metidos todos. Somos hijos de esa contradiccion. De ese doble filo: nos gustaría ser mas justos pero toda nuestra idea de justicia está basada en una seguridad de clase.

No sé. Este blog está bueno.


Saludos.

hernan dijo...

Birmajer es un pelotudo
Abraham es un pelotudo
Asís es un pelotudo
...

Martín Zariello dijo...

Siguiendo con la postura de todos ustedes es interesante observar como, por ejemplo, muchos guerrilleros se han arrepentido de asesinatos puntuales y ningún militar ha criticado rigurosamente las atrocidades que se cuentan en el Nunca Más o lo que menciona Galli, etc. Estoy de acuerdo en cuanto a lo que dicen de la carta de Oscar del Barco sobre si es adecuado regir una situación extrema de acuerdo a imposiciones religiosas. De todos modos conforma un testimonio de alguien que hace una autocrítica lapidaria (con la que podemos estar de acuerdo o no, por supuesto). Bueno, en fin, estoy muy de acuerdo, son geniales las cosas que escribieron (la verdad no sabía el modo en que se había proyectado la cifra de 30.000 desaparecidos) y el modo en que éstas desarrollaron intuiciones que elaboré en el post. Saludos-

eddie dijo...

Hay muchos blogs que basan su contenido en sacar las ideas principales de wikipedia, a eso le agregan una reflexión personal y le ponen un videíto de Youtube.
Así, nutriéndose de dos gigantes informáticos,resumiendo información masticadísima alardean de sus posts y los enaltece cada comentario que llega.
Tu blog es genial, además, se complementa de maravilla con quienes comentan (en este caso yo no, que no aporto una mierda).
Saludos.

Anónimo dijo...

16.700 personas dividido 2.920 días (ocho años) da más de cinco, casi seis tipos por día. Aún para cálculo conservador es bastante ¿no?
Además, a todos los números de desaparecidos que se mencionan habría que agregar los de la década previa, porque tortura y desaparición sistemática, con las mismas características que durante el Proceso, hubo por lo menos desde fines de los sesenta, desde tiempos de Onganía.
Dirán que siempre hubo injusticias; pero lo que quiero señalar era que había desde fines de los sesenta una metodología, un sistema de tortura, etc. que se enseñaba, se aprendía y se aplicaba sistemáticamente. Todo esto funcionó casi ininterrumpidamente dentro de la estructura del estado entre 1966 y 1983.
Lito.