lunes, 20 de octubre de 2008

Apuntes sobre la permanencia de Simeone en el Club Altético "Alguna vez fue" River Plate

Entre las inquietantes preguntas que me hago cuando no puedo dormir (¿Nelson Castro?, ¿cómo hacer cosas con palabras?, ¿qué mierda le pasa a Andrea del Boca?, ¿dónde está De Ángeli?, ¿Nelson Castro?) hay una que repito frecuentemente con el rostro de Klauss Kinski en el final de “Aguirre, la ira de Dios”: ¿por qué Diego Pablo “Cholo” Simeone sigue dirigiendo a River Plato? Las características que califican su era son, probablemente, las peores para alguien que se precie de director técnico (y espere dirigir la Selección y el Atlético Madrid): nula intuición para elegir refuerzos (Abreu, Cabral, Salcedo, Galmarini, Merlo, Archubi); tendencia a la sobreactuación y el escarmiento de sus jugadores; incapacidad total para encontrar un equipo con un funcionamiento acorde a la institución que representa, con cierta táctica y una base reconocible de jugadores; proverbial disposición para echar del plantel al mayor ídolo surgido en el club en los últimos 20 años y que, aún en su ocaso deportivo, fue el mayor artífice del milagroso campeonato logrado (por si alguien no lo recuerda, River ganó el Clausura…¿97’?, ¿91’?, ¡no: 2008!). Entendiendo que el público de River, generalmente, no se caracteriza por ser “resultadista” (un ejemplo reciente fue el de Pellegrini, que a pesar de ganar bien un torneo y llegar a la final de la Copa “Fenomenal Invento” Sudamericana, fue masivamente repudiado) se me ocurre un razonamiento extra futbolístico y que erosiona factores sociológicos. Con un sector de hinchas (no me atrevo a marcarlo con exactitud, pero no dudo de su existencia) que se regocija en el prejuicio de clase y una línea institucional cercana a la aristocracia (con el aplastante predominio boquense de los últimos años, la alusión a un supuesto nivel social superior se convirtió en el único argumento utilizado por una fracción de la parcialidad proclive a la xenofobia), Simeone es el técnico ideal: vestido de implacable color negro, con un corte de pelo prolijo, poseedor de una gran fortuna luego de sus años europeos, teóricamente moderno a la hora de parar a sus equipos, presumiblemente “cool” para quienes comprueban lo perimido del término “cool”, ha logrado la hazaña de permanecer en su cargo sin haber logrado durante su ciclo un solo partido en el que se pueda afirmar que se jugó bien de punta a punta y se mereció ganar inobjetablemente (fuera de un 5 a 0 de local contra Universidad San Martín de Perú). Más allá de que los jugadores han demostrado varias veces ser una verdadera banda (y no en la acepción positiva que tal calificativo tiene en el club), por los mismos motivos, se ha crucificado a Basile y enterrado vivo a Passarella (¿alguien imagina el desenlace de una derrota con el Kaiser frente al clásico rival y el equipo en la última posición del Apertura?). Pero claro, Passarella y Basile, además de tener los mismos errores insalvables de Simeone, no tienen de esposa a una que baila con Tinelli ni la suerte de ser jóvenes. En otro orden de cosas: no he visto jugador más gravitante en el itinerario de un Club que Juan Román Riquelme. Desde aquí aplaudo con un sentimiento parecido a la envidia y la admiración. Sayonara.