martes, 7 de octubre de 2008

El rock de la comodidad

La semana pasada memoricé digitalmente una serie de radios en el mini componente, tarea tan agotadora como innecesaria ya que no escuchó un programa con asiduidad desde hace 5 años. La cuestión es que en el ínterin, oí con los auriculares “Oscarcito”, un tema de Las Pastillas del Abuelo (grupo de notable ascenso en los últimos años) devotamente coreado por una parcialidad apasionada y ejecutado en lo que se conoce en determinada radio (con la virtud de volver “nazional” al rock argentino) con el nombre de “Mega Acústico”. Creo que la letra de tal canción (originalmente compuesta para el disco Por colectora, del año 2005) sirve como modelo de una forma de hacer rock que excede a la banda mencionada:

Hola amigo, qué tal, soy Oscar
tengo nueve añitos
una casa por algún lugar
y siete hermanitos.
Le cuento que me gusta jugar
pero juego poquito.
En la calle que hoy es mi hogar
comen más los mosquitos.
No se asuste señor, por favor,
no se asuste, no muerdo, no ladro...
aunque a veces mi panza me dice:
"Oscarcito tenemos que masticar algo".
Lo que traigo en la mano es pa' usté...
me dijeron que éste es un santito.
Récele, a ver si usté tiene suerte
y si no le molesta le pido un pesito.

Ay Oscarcito, cómo brillan tus ojitos
Ay Oscarcito, siempre sucias las manitos.
Dónde hay un cacho de sol
para poder calentar
a tu dulce corazón
que no se quiere apagar.

Casi siempre que entro a algún bar
los mozos me sacan a patadas,
pero uno se vuelve más pillo
y puede rescatar algún par de tostadas.
Que después, se comparten señor...
se comparten con algún amigo.
Y si no hay ni una miga
"jalamos" para que el estómago
no haga más ruido.
También tengo un hermano mayor
pero a ese mucho no lo veo
aparece muy de vez en cuando
si la policía no lo anda buscando.
De papá ni noticias señor,
mamá cuenta que nos parecemos.
Se fue un día a buscar el futuro que según nos dicen
todos merecemos.

Ay Oscarcito...
Esta noche es en Constitución
otras tantas aguanto en Retiro
yo prefiero no tener colchón
a que un cura se pase de vivo conmigo.
Y ahora me voy para otro vagón;
la otra vez me comí una paliza
por colgarme con una señora
que no tenía plata y me dio su sonrisa...

Ay Oscarcito...

ay Oscarcito, vení a jugar un poquito
ay Oscarcito, como un duende chiquitito
de estación en estación
vas buscando calentar a tu dulce corazón
que no se quiere apagar...

Dejando de lado la instrumentación (que le otorga al tema un aire milonguero hábilmente complementado con la voz carrasposa del cantante) y concentrándonos en la letra, no hay dudas: estamos ante la correspondencia musical de un informe amarillo del programa de Chiche Gelblung. La construcción en primera persona del derrotero de un niño de la calle está hecha (en modo harto explícito) para provocar un efecto didáctico de compasión: los diminutivos (“Oscarcito”, “7 hermanitos”, “9 añitos”, “juego poquito”, “le pido un pesito”), los modismos del lenguaje oral de clase baja (“pa’ usté”), etc. Cada elemento está colocado allí para la misericordia del receptor. Tal canción, entonces, para la banda y aquellos que la siguen, de alguna forma propone la exhumación de culpas por la marginación a la que son sometidos los chicos de la calle. Por otro lado, es alarmante la poca elaboración a la hora de contextualizar las andanzas del niño. “Oscarcito” es, directamente, todo lo que la doxa espera que sea: tiene 7 hermanitos, los mozos de los bares lo echan a patadas, como no tiene para comer se droga, el padre ausente se fue “a buscar el futuro que según nos dicen todos merecemos”, los curas lo quieren violar, se cuelga de los trenes. ¿Qué es esto? ¿Policías en acción, un flash de Crónica TV o puro morbo? ¿Hasta que punto es ético un tema que halla su cenit “artístico” en el repaso del sufrimiento cotidiano? Y convengamos que no se trata de “Plegaria para un niño dormido”, sino de una verdadera secuencia de imágenes demagógicas y paradigmas establecidos, que no teme apelar al golpe bajo para reforzar la precariedad del personaje:

No se asuste señor, por favor,
no se asuste, no muerdo, no ladro...
aunque a veces mi panza me dice:
"Oscarcito tenemos que masticar algo".


Ese mismo día, salió al aire el nuevo video de Babasónicos, “Microdancing”. A continuación transcribo la letra:

Si te llevo de favor, me prometés que esta vez
No vas a arruinar la fiesta
Oh oh oh oh,
oh oh oh oh, apretados,
microdancing.
No esperes nada de mí,
No esperes nada de mí,
apretados, microdancing.
Si de onda te acompaño a salir esta vez,
No me vas a dar vergüenza.
Oh oh oh oh,
Oh, oh, oh ,oh, apretados,
microdancing.
No esperes nada de mí,
No esperes nada de mí, apretados,
microdancing.
Oh oh oh oh,
Oh, oh, oh ,oh, apretados,
microdancing.
No esperes nada de mí,
No esperes nada de mí, apretados.
Ah ah, ah ah…
Haciendo lo que mas me gusta
Haciendo, haciendo, haciendo lo que mas me gusta.
Haciendo, haciendo, haciendo lo que más…

Como en muchas otras ocasiones (con distintas bandas y artistas), lo mejor de este tema es el video (gracioso… en caso de que nunca se haya visto a un par de rockeros bailar en base a una coreografía ridícula) Y he allí el problema, cuando lo decorativo supera con creces el contenido artístico fundamental, en este caso la música. Más allá de que la intención original del tema es incitar al baile (no por nada el título de la canción se repite varias veces a lo largo de su duración), al igual que en “Oscarcito”, se advierte la tendencia a repetir un estereotipo determinado y proyectarlo sin metabolización alguna, en este caso el de aquellos que asisten a fiestas (o locales bailables) donde se pone en juego cierta clase de elitismo y forma de vida: la fugacidad en las relaciones (“No esperes nada de mí”), la apariencia como norma (“Si de onda te acompaño a salir esta vez/ no me vas a dar vergüenza”), el caos (“Oh, oh, oh, oh, apretados”), en fin. A la linealidad de “Oscarcito”, se le contrapone la fragmentación de las luces de la pista de baile.

La conclusión es evidente (y poco curiosa: estoy en la etapa de las “reflexiones” redundantes): en la actualidad, las bandas que más ascendencia tienen en el público (sean pop o pertenecientes a lo que se denomina “rock chabón”) son aquellas que se mueven en territorios transitados e instalan al oyente en un lugar de absoluta comodidad. Ajeno a cualquier tipo de bifurcación o complejidad, el receptor recoge el mensaje (o el no-mensaje) complacientemente: no se le demanda realizar ningún tipo de esfuerzo mental para aprehenderlo. Ya sean floggers o chabones, las invenciones de sus grupos favoritos plasman, con exactitud, lo que ellos piensan que debe ser la realidad. Es decir, lo dado, lo deglutido por la masa y reflejado en los medios de comunicación. La subsistencia de un niño de la calle, los avatares de una pista de baile, todo está referido para no provocar la mínima incertidumbre ni inquietar al sector pertinente. Que yo sepa, componer de acuerdo a lo que el público demanda no es rock ni música ni pop. Se llama marketing. Sayonara.

6 comentarios:

eddie dijo...

Y de repente Dave Matthews pasó de largo, como la luna llena o el 551. Así.
Y encima están los otros que te dicen "vas a escuchar a un inglés (!!!) que ni siquiera sabés si te está puteando" y con esta afimación tan vacía y pelotuda se pierden de prestar, siquiera por un segundo, el oído a una banda de la concha de su madre.

Buen post, también el anterior sobre la tele y los comentarios de algunas personas.
Saludos.

gonza_averna dijo...

Qué se yo... la música no escapa a esa búsqueda constante de lo estético, como lo que nombrás en el post anterior, sobre la TV.

El asunto es que la desconfianza, la intolerancia, es muy grave. El que escribe letras simples (y demagógicas, si se quiere) canta para un determinado público y es "cerrado" o "limitado", y el que se esfuerza en componer algo más profundo cae siempre en el escepticismo del oyente, fielmente retratado por el latiguillo "estos están re drogados".

Pero qué se yo... A mi forma que ver, la música tiene un valor más identificativo que lírico ahora.

Saludos

Anónimo dijo...

Corvi
Mientras leía la letra "Oscarcito" me vinieron a la mente otros dos tema: "Los mocosos" de Los Piojos y "El imbécil", de Leon. Son dos temas que abordan la misma temática pero que a mi, en mi adolescencia me interpelaban, me hacían estar de un lado y "bardear" a otro, o "sufrir" por otro. Pero en definitiva estaba pensando si, de alguna manera, eso también no era marketing que yo me creí y me hacía "pertenecer" a cierto grupo, o no. No lo sé.

Lo mío son mas preguntas sin respuestas que un coment, jaja.

De Babásonicos no voy a hablar, siempre estuve mas cerca del rock chabón que del flogger! Si mi adolescencia trancurriera en estos tiempos, ¿sería Blacki?

besos
marie

natanael amenábar dijo...

Lo malo de "Oscarcito" es que Ferrer lo había ya hecho antes, y muchísimo mejor.

Chiquilín de Bachín
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Hernán Galli dijo...

Natanael, bien ahí!
Al margen y nada que ver, Tu amor, primera canción de Tango 4, ¿no empieza igual a una canción de Morrisey o The Smiths?

De las pastillas del abuelo, sólo sé que acá en porteñolandia, por lo menos hace diez años, en todos los bondis veías pegadas unas calcos que decían "LAs pastillas del Abuelo", pero nadie sabía nada sobre quiénes eran. Es más, hasta me pareció una movida de amigos que se comunicaban así, una especie de graffiti. Pero no, son una banda.

La canción es un papelón. Me recuerda a la boba canción de Richard Marx (un montaner ochentoso de los estados unidos!!!!) llamada:
(si la escuchan, la conocen!!!!)
Children of the night.

All that I know in my life,
I have learned on the street
No magic carpet, no genie, no shoes on my feet
Will I wake up from this nightmare?
A fear that chills me to the bone
Though I may be one of many
I feel so all alone

We are the children of the night
We wont go down without a fight
Our voice is strong, our futures bright
And thanks to what we learned from you
Weve grown into the children of the night

Left by my father with only this scar on my face
Told by my mother that,
no, you were just a mistake
I have tasted my own hunger
Sold my body to survive
Some have paid to scratch the surface
But they cant touch whats inside

We are the children of the night
We wont go down without a fight
Our voice is strong, our futures bright
And thanks to what we learned from you
Weve grown into the children of the night

How I long for something better
Than this life I know too well
Lord, I know Im bound for heaven
Cause Ive done my time in hell

We are the children of the night
We wont go down without a fight
Our voice is strong, our futures bright
And thanks to what we learned from you
Weve grown into the children of the night.


Este Richar Marx tiene uno de los peinados más grasas de la historia. Sé que terminó, como casi todos estos cantantes, sacando discos en Japón y presentándose como grandes estrellas. Bah, como lo hacen The Cult, Madness o Boy George acá...

Desarmandonos dijo...

¡Ricard Marx! parecido a uno que yo conocía, un tal Richard Wonderfull.

Corvino: La supuesta denuncia que estas bandas creen enarbolar, lejos de efectuar un cuestionamiento de lo establecido, redunda en una naturalización de lo dado. Se habla mucho de Oscarcito -el pobre Oscarcito- y se lo describe, cómo calza, como viste, qué come, con qué se droga, pero ninguna referencia hacia la situación injusta que hace que Oscarcito sea tal como es. Es casi como un cuento de hadas: el bien y el mal -la riqueza y la pobreza- son entidades preexistentes y sin historia, sin un origen determinado. Leí casi nada de Adorno, pero una vez leí una cosa que tenía mucho sentido; decía que el arte no tiene que reflejar la realidad, sino negarla para así denunciarla como puro artificio. Decía algo así: una pintura de personas explotadas es una descripción perfecta. Pero lo que en ese retrato no se ve es si aquella situación está bien o está mal y si podría ser de otra manera. La pobreza puede ser romántica, pero mientras no intentemos esconder con ese romanticismo la verdadera realidad; el verdadero origen -bien determinado- del hambre. Que alguien -inexorablemente- la produce.