lunes, 24 de noviembre de 2008

Lugares comunes

Leer la edición del diario Perfil del domingo 23 de noviembre fue, en más de un aspecto, revelador. En primer lugar, la columna de Nelson Castro no deja de generar ligeras indisposiciones cerebrales. Todo en ella emula ser un texto político de peso, pero la totalidad de sus características estructurales deja al descubierto tal objetivo cubriéndolo de patetismo: el tamaño desproporcionado de las letras y el espacio entre los párrafos recuerda el trabajo práctico de un estudiante universitario mediocre (hasta a Valeria Mazza en Viva se le ocurren más cosas); la caricatura de la segunda página usualmente ocupa el 75 por ciento de la misma y es acompañada de referencias innecesarias y muy poco graciosas (en este caso se lo ve a Obama atendiendo el teléfono sonriente, mientras habla con la presidente y al lado dice: “Una voz en el teléfono. ¿Cobro revertido?”); el gesto solemne y la mano en el mentón de la foto carnet del periodista denotan un deseo de dar idea de “pensamiento” o “reflexión”. En realidad, la gente que piensa y reflexiona no necesita sacarse fotos de ese tipo para que los demás entiendan que son inteligentes, simplemente lo son. Leer lo que escribe Castro también sirve para comprender el nivel intelectual del medio televisivo, espacio en el cual “El Doctor” es considerado (tal vez por su tono moderado, sus trajes grises y su gusto por la música clásica), junto a seres de trascendencia galáctica como Víctor Hugo Morales y Magdalena Ruiz Guiñazú, por poco, un coloso del Periodismo (es natural, por ejemplo, que en TVR lo citen como modelo ideológico de sus informes políticos). Pero lo que me sigue asombrando es el nulo trabajo de elaboración mental para analizar el panorama político. Lo repito: probablemente el panadero/almacenero/taxista de la esquina de mi casa (es decir, cualquiera que NO tenga como profesión el periodismo) pueda escribir lo mismo y con un poco más de gracia. Según Castro, después de que se aprobó la ley de nacionalización de las AFJP, “la voz de un hombre del Gobierno” dijo “Ya está. Tenemos la plata para la campaña”. Ésa es la fórmula de Castro: un lugar común + una fuente absolutamente borrosa + una frase inventada e incomprobable. Crítica el desempeño verbal de Néstor (“discurso en general malo y confuso”, algo con lo que todos estamos de acuerdo, creo que ni el kirchnerista más ortodoxo se atrevería a decir que no da vergüenza ajena escucharlo hablar) pero las mismas palabras podrían referirse a sí mismo. La muletilla (repetida hasta el hartazgo) “ex presidente en funciones” cada vez que menciona a Néstor quiere ser irónica: no es más que una muestra de su acotada habilidad discursiva y, sobre todo, otro insufrible lugar común, tal vez el más irritante de estos tiempos. El terror que causa en la “inteligentzia institucional” la sospecha de (algo tan entendible como) que Néstor tenga demasiada influencia en Christine se ha vuelto una salvación para los analistas políticos sin ideas:
“-Che, Joaquín Morales Solá/Santiago Kovadloff/Marcos Aguinis/etc., escribí una nota desde un aire de inédita superioridad sobre los males del gobierno, ¿se te ocurre algo copado?
-Mmm, ¡ya sé!: Cristina es Kirchner”.
Hace unos días Sarlo “innovó”, y en vez de decir “doble comando”, le mandó “doble cuerpo presidencial”. Le salió un texto hermético, que pretendía abordar el problema desde una perspectiva teórica densa y se perdía en metáforas forzadas. Tal vez estaba compitiendo en abstracción con Horacio González, el exegeta de los K. Seguramente le sirvió a más de un lector de La Nación (una anciana militarista, un ingeniero agrónomo reaccionario, un joven estudiante seguidor de Macri) para hacerse el pensador complejo. Hay una manía en la clase media-alta argentina: aprehender cualquier lectura de un autor “prestigioso”, adaptándola, en forma automática, a su modo de pensar para luego perjurar que ésa es la verdad (“¿Leíste lo que escribió Sarlo en La Nación? Ésa sí que la tiene clara”). La cuestión es que la creencia generalizada de que todo está manipulado por Néstor (representada en el execrable dibujo de Sábat durante el conflicto campo/gobierno), no sólo es superflua (¿cómo no entender que es probable que piensen igual en la mayoría de los temas?), sino también un recurso misógino para endilgarle debilidad y ausencia de firmeza a Cristina desde un enfoque supuestamente “anti-machista”. Quienes dicen lamentarse porque Néstor no la deja gobernar con libertad, están diciendo, veladamente, que Cristina, como representante del género femenino, no está preparada para hacerse cargo del poder. Según Castro, de un swing envidiable para la cacofonía y la repetición automática de conceptos semana tras semana, el “papel secundario de la Presidenta sigue siendo una realidad que, a esta altura, es irrebatible e irreversible”… Hay otro insólito reclamo establecido contra el gobierno (“insólito” porque nunca se les ocurrió hacérselo a Menem o la dictadura militar mientras estaban a cargo del país) del que Castro se hace eco: aquel que le impone dialogar con todos los partidos opositores y toda la gente que piensa diferente (porque siempre es bueno pensar “diferente”, es decir, a favor del campo, las AFJP, la Seguridad, la desmantelación de la villa 31) y permitir que bloques y bloques y bloques de diputados y senadores de su misma facción tengan una perspectiva política y socioeconómica diametralmente distinta a la propia. Esta postura ilógica es la que los lleva a defender la vicepresidencia de Cobos por temor a que se derrumbe la institucionalidad (fabuloso invento que la propia Cristina se encargó de poner en órbita), como si ésta avisara cada vez que se esfuma. Lo inadmisible no es que un gobierno no hable con quienes se oponen sistemáticamente a cada una de sus propuestas legislativas, sino que el vicepresidente sea el Jefe simbólico de la oposición. El elemental Castro afirma: “Los Kirchner, para quienes los opositores no son adversarios, sino enemigos, han tomado a Macri como a uno de ellos”. ¿Y Macri no tomó a los K como enemigos? Esta interpretación sesgada refleja en modo conciso una versión errónea: aquella que afirma que cada problema de la Argentina tiene su origen en Kirchner (de ahí la máquina de corear: “Lavagna es Kirchner”, “Moreno es Kirchner”, “De Vido es Kirchner”, “Cristina es Kirchner”, “Jaime es Kirchner”, “Menem es Kirchner”, “Hitler es Kirchner”; ¡¿y Kirchner quién mierda es entonces?!). Por último, Castro se refiere a la conversación telefónica entre Obama y Cristina (la semana pasada se había relamido porque era una de los pocas mandatarias del mundo que el “blanco que tomó dos horas de sol por día” no había llamado). De esta forma, realiza la analogía que toda la Patria Gorila Argentina se encargó de señalar en estas semanas: “sería bueno que (…) la Presidenta abrevara en la cultura política del presidente electo (…) que, en uno de sus primeros actos, convocó a dialogar a su rival en la dura contienda electoral, John Mc Cain, algo que ni ella ni su marido nunca hicieron”. Dejando de lado la calamitosa organización sintáctica que torna inaccesible el sentido de la última frase (“algo que ni ella ni su marido nunca hicieron”, ¿quién te escribe las columnas políticas, Castro?, ¿un blogger?, ¿un nene de 5 años?), es necesario aclarar la obviedad de que el sistema de votación de USA, al ser bipartidista, es proclive a seguir una línea de diálogo: si Obama quiere mostrarse superador y progre y “encarnación del Sueño Americano”, ¿con quién otro va a “fucking” hablar sino con Mc Cain? ¡¿Tan difícil es entenderlo, carajo?! Por otro lado, tales reuniones (asimiladas desde la ¿ingenua, mala leche, estúpida? prensa argentina como ejemplos concretos de consenso y madurez institucional), también suelen ser, como por aquí, “para la foto” y no encarnar un avance concreto sobre algo. Hay un excesivo pedido para que el kirchnerismo respete los protocolos más anquilosados, inclusive a expensas de aumentar su propia hipocresía.
En segundo lugar (allá lejos y hace tiempo había un “en primer lugar”), Fontevecchia le hizo un reportaje a Elisa Carrió. Da miedo. Más allá del simplismo de quienes la consideran una “loca”, Carrió parece poseer la rigidez mental de un paranoico y el espejo distorsionado de una narcisista imprudente. Se expresa a través de frases-eslogan de escaso contenido conceptual y sin prestar mucha atención a sus interlocutores. Reduce toda problemática compleja a silogismos vulgares (“Lavagna es Kirchner y forma parte de la Argentina corrupta”) que le aseguran un entendimiento general. Tiene una concepción sobre sí misma alejada de la realidad, lo que la lleva a arrogarse el papel de guía espiritual del renacer argentino. Se hace cargo de movimientos macro-estructurales pertenecientes a la sociedad toda y reproduce con frecuencia analogías insultantes (compara las manifestaciones pro-campo con las Madres de Plaza de Mayo y, por consecuencia, el gobierno de Cristina con la dictadura: “Digo que verificamos en la batalla por el campo que la no violencia fue exitosa como manifestación social, y es en realidad el primer precedente después de Madres de Plaza de Mayo, que también fue una estrategia no violenta que venció a la dictadura”). Sus objetivos republicanos de superación política nunca se detienen en el cómo. Sus constantes acusaciones a terceros la hacen caer en contradicciones siderales (Juez, Alfonsín, Morales) marcadas oportunamente por Fontevecchia. Tendencia a un cada vez más peligroso elitismo de clase (dice que relee Historia de una pasión argentina, de Eduardo Mallea, uno de los libros más reaccionarios de la literatura local; “El que cruzó es el pueblo, es el sujeto histórico de clase media urbana de Rosario y de Buenos Aires”). Por la responsabilidad que (lamentablemente) le cabe, es escabrosa su disposición a caer en groserías y provocaciones: “En realidad, (Alberto Fernández), quiso ser el esposo de Cristina”; “Cristina es De la Rúa y Kirchner, Cavallo. Uno está fuera de la realidad y el otro está desesperado destruyendo lo poco que queda”; (sobre el panorama electoral venidero) “Diría que es un 76’ sin dictadura”. La impresión del lector, luego de leer la entrevista, es cómo una charlatana de tal envergadura ha llegado a posicionarse en la política argentina…Ya entendí. Sayonara.

7 comentarios:

Hernán Galli dijo...

Qué difícil todo. Pensar que estos tipos, incluyendo a Fontevecchia, eran admirables en la época de Mendes. Digo, le daban sin asco y uno se sentía "representado" por su discurso. De repente te das cuenta de que no era un pensamiento de base, sino más bien una pose para con la democracia según ellos entienden.

Es inadmisible el deterioro discursivo que han sufrido estos paladines del "periodismo inteligente". Es inaguantble Castro, y Carrio, y Fontevecchia, y Perfil. Y lo digo porque a diferencia de los 90's, hay muchas medidas que toma este gobierno que son acertadísimas, y que han logrado un crecimiento impresionante en un puñado de años. Se quintuplicaron las reservas, se estabilizó la deuda externa (esa que Mendez triplicó en su período), se recuperó la industria, el campo empezó a exportar como nunca, etc. Eso es un hecho, no hay discusión. Entonces, con qué cara de pelotudo t epodés poner frente a una cámara y repetir sin parar lo del "doble comando", lo de "poco diálogo", lo de "verticalismo", y ni siquiera decir algo bueno del gobierno. Son estos, tiempos en los que se develan las caras de muchas personas, y no hay que olvidarlo, gente que se alineó con la Sociedad Rural, con desestabilizadores de manual, y lo digo con nombre y apellido:
Morales Sola, Castro, Grondona, Bonelli, La NAción en su conjunto, FOntevecchia, Lanata. Y otros tanto que olvido.

EN cuanto a los K. Y sí, qué esperan, un presidente bueno, sin ansias de poder y limpito como un bebé? Cualquier tipo que llega a presidente,m tiene el culo sucio, cualquiera, acá y en todo el mundo. Kirchner tiene como 40 propiedades declaradas, y eso es una mierda, nadie puede tener ese capital, es inmoral, loco, y ni hablar del manejo de guita y poder que tiene. El poder enloquece, fijate que el presidente de un puto consorcio creer ser "más" que el resto. Imaginate el presidente de un país, que levanta un teléfono y consigue mil empleos, o bien, los destruye. Es claro que nadie puede estar gobernando por más de seis años, y lamentablemente, K va a arruinar todo lo bueno que hizo, por la ceguera de la que hablo. No obstante, y a pesar de este peronismo de manual, lo banco a muerte, y aunque sus arengas contra la oligarquía sea para la tribuna, el resultado es el mismo, dividir, y dividir está bien, los malos y los buenos tiene que estar bien diferenciados. Carrió, después de apoyar al campo, merece todo mi desprecio. Es una enferma desestabilizadora, más demagoga que los K, y tendría que comerse una zalipa por bica floja, pelotuda de mierda.
Por último, me queda esta imagen: En Argentina, con crisis, con reestatización de AFJP, con bolsas nerviosas, la presidenta está visitando a Tutankamon. Es una imagen. No la editorializo, la dejo así, para pensarla.


Muy buen post. Saludos!

Anónimo dijo...

Cuatro palabras: El kitchenet somos todos.

Antonio dijo...

Salud Corvino, soy un lector asiduo de tu blog, que a veces me parece bueno, otras muy bueno y otras excelente, aun cuando desde ya muchas cosas no las comparta (notable muestra de pluralismo la mía)Te quería invitar (a vos y al resto de la platea, por supuesto) a que visites mi blog, cosa que en otra oportunidad he hecho pero en un tono megalómano que en realidad era una auto-ironía, pero que me temo que no te cayó del todo bien, dada tu indiferencia cuasi-olímpica. Bueno, en realidad en el blog no hay propiamente nada, salvo un libro que escribí y subí, que se llama "Sal de mi vista". Realmente me interesaría conocer tu opinión, porque tus críticas literarias me parecen personales, certeras y bien construidas. Bueno, hasta acá la adulación, que es sincera por otro lado. El blog es lapodredumbredorada.blogspot.com. Un abrazo y saludos!!, Antonio.

Cine Braille dijo...

El hartazgo con Lilita ya es epidemia:
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=16027
y
http://lainsoportablefinituddelvermicelli.blogspot.com/2008/11/artculo-482-ya.html

natanael amenábar dijo...

IlCorvino es Kirchner.

Martín Zariello dijo...

Antonio: recuerdo tu comentario y no me cayó mal para nada (incluso me causó gracia, era en un post sobre Otras inquisiciones), lo que pasa es que a veces no respondo los comentarios. Si tengo tiempo y me gusta, leeré el libro.

Saludos, gracias por comentar-

Antonio dijo...

Corvino, no esperaba menos de un pez de su estirpe. Su memoria por otro lado es envidiable. Adios y gracias!!