domingo, 21 de diciembre de 2008

Miguel Russo y su equipo van en coche al muere

El partido de ayer entre Boca y San Lorenzo fue uno de esos acontecimientos que exceden el contexto deportivo: por el dramatismo de los periodistas parecía que se estaba definiendo el curso del Universo.

No sé si los jugadores de San Lorenzo serán los mejores del país o los peores o los mejores pagos, lo que sí sé es que son los que están más enojados. ¿Querés ver tipos enojados? Mira un partido de San Lorenzo. Ayer salieron directamente como si todo estuviese perdido, como si faltaran 5 minutos para terminar y estuviesen 4 a 0 abajo con 4 jugadores menos. A Bergessio no se le salió la cadena, no tiene. ¿Qué le pasaba al Pitu Barrientos? ¿Y Aguirre, con su cara comprimida, siempre refunfuñando? La excepción es Russo, que parece el galán maduro de una película de los años 50’.

Ischia festejando goles me da miedo: es igual al Nosferatu de Klaus Kinski.

¿Hasta cuando le durará a Riquelme su fenomenal locura? Con las semanas crece y crece. Es interesante ver las repeticiones de sus primeros partidos (allá por 1996, 97) para observar cómo se fue formando el monstruo (futbolístico y humano), cómo el fervor de la gente convirtió a un tipo tímido y recatado en una máquina de exhalar soberbia. Lo banqué cuando insultó al careta pichón de Macri del palco, pero la semana pasada contra Colón le pidió a la popular que grite más: ¿?. Fue casi como Lennon pero sin ironía: Los de la popular griten, los de los asientos costosos agiten sus joyas. Evidentemente se siente el dueño de Boca y puede hacer lo que quiera. Sacando a sus compañeros, nadie puede quejarse por eso: JR es, por lejos, el mejor jugador del fútbol argentino. El que más gravita en el verde césped, el que más terror inspira en los rivales. Por eso ataja García, arquero aun peor que Migliore. Sólo él puede permitir que este Solari 2008 le haga uno de esos goles tontos que meten, de pura suerte o casualidad, los que no saben jugar al mete-gol.

Ya no se soporta esa admiración homoerótica de los enviados especiales por los jugadores. ¿Desde cuándo alguien que sabe manejar bien una pelota tiene que saber hablar? Usualmente, los jugadores dejan todo para realizar su trabajo y entre esas cosas que dejan está la educación. Suena horrible, pero es así. Colosos de la lengua y la ocurrencia hay pocos: Villa, Mohamed, Dalla Libera. Encima, últimamente las entrevistas a futbolistas parecen sesiones de psicoanálisis: “¿Qué sentís cuando la gente te insulta?”, “¿Cómo tomás la reacción del árbitro?”, “¿En qué momento te diste cuenta que la historia podía cambiar?”. Como si los jugadores racionalizaran la realidad del partido segundo a segundo. Recondo, Fantino y sus programas emocionales, los noteros de T y C Sports, los de Paso a Paso, son gente que amplifica e interpreta hasta las respuestas más tontas (o nefastas) proyectando un halo de inteligencia en los protagonistas donde, lamentablemente, sólo hay falta de cultura y dominio verbal. A través de esta constante exaltación (basada en la fórmula: éxito = superioridad) los periodistas inventan especimenes tales como Ramón Díaz comentando su fama internacional o Gallego destilando arrogancia o Maradona ofreciendo sus sesudas opiniones políticas. La cortedad de las respuestas de Riquelme al periodista que lo increpaba por comer con barra bravas son explícitas en este tema: puede que se haya hecho el distraído, pero en un primer momento no entendió nada. Lo que pasa es que Riquelme (y en eso me cae bien) es un jugador de fútbol, no tiene ganas de ponerse a debatir sobre filosofía ética con un tipo con micrófono (que probablemente no debe entender nadas de filosofía ética). A menudo me hace acordar a un personaje de Los detectives Salvajes, la físico culturista que aloja a Belano en Cataluña. En un momento éste le dice que la novela que escribe Torrance en El Resplandor (500 páginas con una sola frase: NO POR MUCHO MADRUGAR SE AMANECE MÁS TEMPRANO) “puede que fuera una buena novela”, a lo que ella responde: “No me asustes (…) ¿cómo va a ser una buena novela algo en donde sólo se repite una única frase?”. “Tu sentido común me apabulla, Teresa”, agrega Belano. Eso mismo le diría a Riquelme.

Sobre el partido en sí, sólo resta decir que Boca ganó bien. Por momentos hubo circuitos de juego (entre Dátolo, JR y Vargas) muy interesantes. Lo más probable es que sea el nuevo campeón. Aunque esto ya se sabía desde que se hizo el sorteo. Lo de Forlín moribundo me recordó un cuento de Fontanarrosa llamado “Entre las cañas”. Dos equipos con una rivalidad ancestral se encuentran para jugar un partido en un potrero. Son los últimos minutos y la pelota se va muy lejos entre medio del bosque. Talo la busca y encuentra:

Un cuerpo caído, boca abajo, las moscas zumbando, locas, sobre la espalda de la chaquetillas blanca. Olió un olor fuerte y espantoso. Un pegote oscuro en la cabeza del caído. Y al lado, como un perro fiel, la pelota. Talo pasó un pie sobre el cadáver, contuvo la respiración, y se inclinó para tomar la Tango. Se hizo de ella y volvió sobre sus pasos, derribando cuanta caña se cruzó a su paso. Corrió hacia la cancha gritando: “¡Vamos! ¡Vamos carajo! ¡Saca vos, Perita!”.
Sayonara.