domingo, 25 de enero de 2009

EN EL SIGUIENTE POST SE TRATAN ALREDEDOR DE 10 TEMAS RELACIONADOS CON EL DEPORTE, LA POLÍTICA, LA SOCIEDAD Y EL PERIODISMO

Contra lo que habitualmente se manifiesta (qué extraño, yo en contradicción con la sociedad toda) creo que los Torneos de Verano, a pesar de que abundan en partidos olvidables con impresiones de todo tipo, son prefiguraciones bastante fidedignas de lo que los equipos van a ser en el Campeonato oficial. Para muestra, basta un botón (nunca entendí el sentido de esta frase hecha): el River de Simeone jugó exactamente igual de mal durante el año que en los partidos de MDQ y Mendoza: caos, descompensaciones defensivas, ausencia de un concepto futbolístico definido. El River de Gorosito (espero equivocarme) va por el mismo camino. Es que si bien la idea gorositista del fútbol ha desmantelado el aura caótica e incierta del concepto simeónico aportando algo de prolijidad en el manejo de la pelota, si hay algo que parece llevar como estandarte es la insipidez. Se trata de un conjunto de jugadores que ha llegado a su techo (un techo gris, de yeso descascarado, muy triste a decir verdad) con pocas ganas de seguir en el Club y que confía demasiado en la supuesta contratación del inestable Fabbiani, único “referente” en la historia del Club que no ha jugado un solo partido con la banda roja. Asimismo, para constatar todas las ilusiones que se han creado sobre la llegada del novio de la mina que confunde “Adiós Nonino” con “Danonino”, éste va a tener que hacer 140 goles en el año, ganar la Libertadores, la Intercontinental, los dos súper clásicos y los torneos locales. El partido ante Boca (ante Morel y Dátolo, en realidad; ya lo dijo el prócer de Springfield: “Un noble espíritu agrandece al hombre más pequeño”) el sábado por la noche no deja margen de dudas. A la elocuente esencia gallinácea (si un equipo quiere ganarle a River sólo necesita hacerse echar un jugador) se le añadió un halo de inexpresividad inigualable, una actitud despreocupada (no muy diferente a la que mostró a lo largo del Torneo), ninguna respuesta ante la inferioridad numérica del rival, alarmante ausencia de jugadores que desequilibren en el mano a mano. Se trata de un equipo repleto de estigmas humillantes que no puede vislumbrar la luz desde el fondo del pozo, de un equipo depresivo. A los jugadores les falta salir con una botella de whisky en la mano y un pucho en la otra. Buonanotte pareciera estar sacando números para volver a las divisiones inferiores porque su presencia entre los 11 titulares ya no se comprende: no realiza pases-gol, no llega al arco, la toca menos de diez veces a lo largo del partido, se la saca hasta Forlín, se fastidia y se gana amarillas. Augusto Fernández, con casi tres años en primera, todavía no aprendió a pasarla a tiempo (son incontables las veces que gambetea dos o tres jugadores seguidos y, por persistir en el manejo de la pelota, la pierde). La defensa volvió a mostrar los mismos claroscuros de siempre. Abelairas es preso de sus propias limitaciones. Hasta los novatos boquenses (Roncaglia, Chávez, etc.) mareaban a los experimentados de River como si se tratara de moscas. Encima el refuerzo que se espera (desde Navidad, por lo menos) es el inigualable, el crack, el increíble… Humberto Mendoza: ¿? Lo único que sé de él es que tiene nombre de doblador mexicano de los Simpsons. Para aumentar el malestar, tal vez influidos por el soberbio de Bianchi (No escribiste la Divina Comedia, pelado, ganaste muchos títulos con equipos argentinos, nada más, hasta un ignorante como Ramón Díaz lo logró), los jugadores de Boca se comportaron de modo insufrible: pisando la pelota de más, haciendo caños efectistas, sobreactuando altivez ante acontecimientos nimios del encuentro. Aunque más insufrible es el imbécil de Baldassi, árbitro paradigmático para estos tiempos mediáticos. Siempre haciendo caras, hablando, riéndose para la cámara, practicando gestitos para caer simpático. ¿Dónde está la gente seria en el mundo que hace su trabajo sin querer caer bien al resto? Al ancestral componente xenofóbico y conservador del mundillo futbolístico, los periodistas de la nueva generación (los viejos, atribulados, se han sumado para no perder el tren) han impuesto una pátina de frivolidad o solemnidad (según corresponda) francamente inaudita. Toda anécdota levemente graciosa tiene que promover carcajadas de hilaridad. Los cronistas se deshacen en preguntas impertinentes que a nadie importan (sobre la “sensación” que causan las cosas, sobre la familia, sobre la vida en general) como si los tipos en vez de tener habilidad con los pies la tuvieran con el cerebro. Entendiblemente, la mayor parte de los jugadores es incapaz de expresar verbalmente lo que piensa. Sin embargo, cualquier balbuceo más o menos legible es analizado como si se tratara de una opinión de George Steiner. Los jóvenes cronistas a los que hacen seguir el itinerario de los equipos, parecen más especializados en chupar las medias y contar sucesos triviales que en hablar de fútbol. Encima se revelan mimetizados con los actores principales, como si fuesen directivos o jugadores del club, explicitando su nula capacidad para desarrollar un informe con destreza (los ejemplos más claro de este tipo son Martín Arévalo y Leo Gallego, movileros de T y C Sports de Boca y River respectivamente). Esta constante exaltación inyecta en los jugadores (originalmente tímidos y hasta humildes) una profunda egolatría. Finalmente se creen estrellas de rock y festejan los goles haciendo coreografías o (peor) efectuando con la mano el ademán de “más o menos” (gesto revulsivo que me obliga a mirar hacia otro lado). ¿Hasta cuándo seguiremos glorificando perejiles? Sean estos últimos jugadores de fútbol o líderes agropecuarios ignorantes que confunden a los Kirchner con los militares. Por otro lado, se habla de lesiones, problemas dirigenciales o internas grupales con un dramatismo que ni siquiera se oye con respecto a la Franja de Gaza. El catastrófico Recondo se quejaba de que el tema Caranta (¡oh, misterio de los misterios!) haya propulsado rumores de todo tipo. De no existir periodistas como él tales rumores no hubieran tenido repercusión alguna. Es muy gracioso cuando los periodistas hablan de los rumores como entes autónomos que se fabrican sin necesidad de la presencia de un ser humano. Exactamente lo mismo sucedió hace un par de días con la lipotimia de Christine: el (aquí acuso recibo de haber leído a Black Sábato) atroz Nelson Castro (perdonen la adjetivación excesiva vacía de argumentación, pero no tengo muchas ganas de pensar; además todos sabemos por qué Nelson Castro es atroz y a Eliaschev le pagan por escribir así, ¿o no?) se quejó de que el gobierno no dio precisiones sobre el estado de Salud de la presidenta promoviendo falsos rumores, cuando el Hacedor de Rumores Number One ¡fue él mismo! ¿Y qué me dicen de la andanada de estupideces sobre el viaje a Cuba y Venezuela? En primer lugar los medios avizoraron que fue a hacer nada en tanto más tarde se la vio firmando acuerdos y cerrando negociaciones a granel (esto no significa que los mismos sean importantes o justificados, lo que se afirmaba desde los grandes diarios del país es que ni siquiera había una agenda programada). Luego se dijo que Fidel no la iba a recibir. Cuando la recibió, se especuló con que el encuentro era ficticio porque no había foto. Cuando se conoció la fucking foto, sospecharon del modo en que el gobierno buscó la postal. Como no les quedó nada que decir, en un esfuerzo por ser no sólo pelotudos sino también estoicos “lamebotas”, les pareció inadecuado que Christine esté en repúblicas (presuntamente) socialistas mientras Barak Obama asumía la presidencia. Al mismo tiempo, la inteligentzia política argentina ha comenzado a prodigar elogios hacia Obama por su propuesta dialoguista e institucional (¿imaginan lo que hubiesen dicho en caso de que el gobierno hubiera tenido que repetir su asunción por fallas legales?). Estos elogios están más dirigidos a criticar indirectamente a los K, que a enaltecer al lector de Cortázar. Probablemente, si viviesen en EE.UU con un presidente negro, vomitarían durante los cuatro años de mandato. También me suena a discriminación esa creencia (pronunciada en forma absolutamente infantil por Christine) de que el “progresismo” de un político se mide en base al color de piel. Obama (que estuvo a favor del muro en la frontera con México, por ejemplo), al igual que Abelairas, es preso de sus propias limitaciones: uno de jugar bien al fútbol pero ser pecho frío, el otro de ser un tipo brillante pero incapaz de desentenderse de la parte más rancia de los norteamericanos: el nacionalismo. No sé si terminar esto diciendo “Abrazo de gol”, porque me fui al carajo. Ya sé: Cambio y fuera.


9 comentarios:

APG dijo...

La foto del comandante está trucada.

Acá está la original:

http://lomioesamateur.wordpress.com/2009/01/24/orden-del-dia-25/

Saludos,
APG

Cine Braille dijo...

La foto posta se ve acá
http://rambletamble.blogspot.com/2009/01/siguen-llegando-fotos-de-cristina-medio.html

Hernán Galli dijo...

Parafraseando a al excesivamente parafraseado diálogo: "El mundo se cae a pedazos y nosotros precocupados por una foto".

Vos sabés que pensé lo mismo de NElson Castro con la enfermedad de la Crish:
1) Primero se queja de que nadie dialoga, que no hay información oficial, etc.
2) Después se queja porque la información oficial no es suficiente. Algo raro, claro, porque la info decía había tenido una lipotimia, y Nelson decía que no, porque...bueno, es no.
3) Después teorizó con las implicancias de una lioptimia y que el tiempo de descanso no era acorde, así que a lo mejor, quién sabe, quizás tenía un derrame cerebral y una piedra en el riñón.
4) Y aclaró que todo esto pasa porque la falta de info promueve las especulaciones de cualquier cosa.

Nelson Castro, no te tenemos miedo.

Martín Zariello dijo...

El informe de Castro del domingo en que sucedió lo de la lipotimia fue muy gracioso. Dedico toda la primera parte a ostentar que es doctor. Después hizo un repaso innecesario sobre las enfermedades que habían tenido los presidentes anteriores. Finalmente esbozó su gran teoría: que los presidentes enfermos quieren ocultar su enfermedad porque eso les hace perder poder: ¡Bien Castro, qué grosso sos! Incluso creo que escribió un libro sobre eso. En la segunda parte "analizaba" lo que le pasó a Christine en una voragine de versiones, presunciones, especulaciones e hipótesis que verdaderamente parecían escritas por un capo cómico. Y ahora lo quieren echar de Del Plata y Mirtha Legrand (siempre a la vanguardia del pensamiento fascista argentino) se indigna porque no hay libertad de prensa. Qué risa. Saludos, amigos, gracias por comentar-

Cine Braille dijo...

A propósito de lo de Nelson Castro: el Chavo Fucks anduvo diciendo que es todo un verso, que en realidad Castro había pedido un aumento del 100 % y, como no se lo dieron, armó toda la escena para irse como un mártir.
http://anarkoperonismo.blogspot.com/2009/01/cosete-la-boca-antes-de-hablar-de.html
Y lo de la manipulación de la información sobre la salud de los presidentes no es un invento K: Mitterand fue 14 años presidente de Francia ocultando que ¡tenía cáncer! Kennedy vivía medicado por dolores causados por una herida de guerra, y la prensa nunca lo difundió. Pero no: acá inventamos todo, parece. Kipling decía "y qué sabe de Inglaterra aquel que sólo Inglaterra conoce": frase que le cabe perfectamente a todos estos nabos.

Anónimo dijo...

Propondría un debate de mayor trascendencia para el año entrante: el adjetivo derivado de Gorosito es, como propone Ilcorvino, gorositista o es, como sugeriría yo, gorositeco? El equipo gorositista o el equipo gorositesco?

Anónimo dijo...

el equipo gorosipechofrio si no cambia la cosa...

Martín Zariello dijo...

Por como vienen las cosas gorositesco, sin dudas. Incluso hay que empezar a pensar (perdiendo la compustura) en gorosichoto. Atinada observación anónimo.

Anónimo dijo...

(soy el anónimo y sigo con algo más)
me parece que Gorosito, después de 5 (son 5, no?) partidos sin victorias y extremadamente aburridos (pongan huevos muchachos!), se quiere ir: ningunearlo a Gallardo (que se haga la revisación y después hablamos) es ponerse en contra a los hinchas (tampoco lo quieren mucho...), mientras, habla con Ortega... es así, se quiere ir ya.
La novela Fabbiani sigue (este pibe querrá jugar en River desesperadamente pero no puede prestarse a la telenovela, aunque seguramente es su estilo)
Hoy Cavallero salió a calmar aguas con declaraciones poco creíbles: habla el técnico, los jugadores, los directivos del club, pónganse de acuerdo!

Que empiece el campeonato pronto.