miércoles, 18 de febrero de 2009

LA REPÚBLICA DE LOS SABIOS

“Como te ven te tratan y si te ven mal ¡te maltratan!”- Mirtha Legrand
Todo sucede en forma espontánea. Estoy pasando canales y recalo en el programa de Mirtha Legrand, donde se agrupan una serie de invitados que admiten el calificativo de heterogéneos. Está el Rabino Bergman, que es muy “republicano”, por lo tanto ansía más que nada una “República” y para dejarlo en claro repite constantemente la palabra “republicano”. Está Mónica Gonzaga, paradigma inalcanzable de la vedette ochentosa que mostró el culo, se arrepintió y luego se atragantó leyendo libros de autoayuda. Está Nicolás Pauls, especie de neo-hippie fumado fuera de contexto que interpretó en “Casi Ángeles” (ese hito insoslayable en el que se reflejó toda una época) a un villano inequívocamente inspirado en Benjamin Linus. Está Flavia Palmiero que es muy linda y tiene un escote generoso. Ésta el campeón Omar Narváez, el típico deportista humilde que Mirtha incomoda y dice alrededor de 15 palabras a lo largo del programa. Y, por supuesto, está Mirtha, probablemente el espécimen sublime de la clase media-alta argentina, capaz de reproducir por emisión de sus almuerzos televisados un promedio de 10 o 20 frases compuestas por lugares comunes, prejuicios y enunciados vaciados de significado. Como es obvio entre tales referentes del humanismo universal, el tema de la conversación se estanca con profundidad en cómo salvar a la Argentina de la horda de bárbaros que la gobiernan. El más convencido de poseer en sí las aptitudes necesarias para liberar la Nación de la tiranía es el rabino Bergman que, como ya hemos mencionado, no cesa de repetir la palabra “republicano” ni de instar a la población a hacer valer sus derechos civiles. Si uno cierra los ojos (si uno tuviese el valor de hacerlo, ya que cerrar los ojos y escuchar la voz superior de Bergman debe ser muy parecido a entablar un contacto con Dios y el impacto puede ser muy fuerte) puede que uno se confunda y piense que está escuchando a Elisa Carrió, pero el rabino (¡oh, majestuoso rabino de colorida gorra que, nadie sabe bien por qué ni cómo, tiene la llave para depositar a la Argentina en el reino de la Institucionalidad, el diálogo multireligioso y las jubilaciones privadas!) aclara que no apoya a nadie en especial, aunque decir que en octubre hay que elegir entre la “República” y “seguir como estamos” (esto en un tono cansino y hasta sobrador, porque, por momentos, el formidable rabino, en su exceso de inteligencia, parece un maldito soberbio que impone sus ideas como si fueran únicas) no confirma sus declaraciones. A todo esto Mirtha ha demostrado su monumental perspicacia preguntando: “¿Pero eso que dice no es utópico?” y al pronunciar el término “utópico” los ojos le brillan en todo su esplendor, como si hubiese explicado la teoría de gauge. Por supuesto, los demás comensales no se quedan atrás y acompañan al rabino en la cruzada. Mónica Gonzaga piensa que "esto" (la inseguridad, la miseria) es un guerra. El rabino la reta por utilizar tal palabra. Nicolás Pauls dice que está leyendo a un alemán que habla sobre la generación de gente que tiene 55 años. Flavia Palmiero indica que ella paga sus impuestos. Nicolás Pauls agrega que el libro se llama El lector y su padre quiso hacer una película. Mirtha dice que ella también paga impuestos y que en medio de alguna de las fastuosas cenas de sus múltiples asociaciones solidarias donde se donan millones de dólares a seres carenciados, piensa que eso no debería existir, que de eso debería hacerse cargo el Estado. Cada tanto, Narváez responde tímidamente alguna pregunta de Mirtha (cuánto pesa, por qué razón el destino de los boxeadores es trágico, quién es su representante) y hasta se anima a modelar, pero el eje de la problemática expresada es (implícitamente, recordemos que actualmente donde moran los librepensadores acecha el fantasma de la Censura) de qué forma salir de la pesadilla K. Mónica Gonzaga afirma que cada uno debería hacer lo que sabe hacer. Bergman, inclaudicable en su lucha, dice que hay que hacer más. Mirtha dice que la Argentina podría alimentar al mundo. Bergman sigue hablando y Pauls lo interrumpe evocando la Red Solidaria. Mirtha repite su consigna, pero como no le dan bola, ahora afirma que la Argentina es un país maravilloso. Mónica Gonzaga y Flavia Palmiero están de acuerdo. El rabino Bergman (irónico) también está de acuerdo aunque se lamenta de que el país esté lleno de argentinos. A Mirtha tal acotación le parece cruel, lo mismo que a Mónica Gónzaga. El rabino no dice nada y ensaya un gesto enigmático. Después dice que todo se reduce a elegir entre los malos y los buenos. Nadie le pregunta cuáles son sus parámetros para medir tales valores, ni quiénes vendrían a ser los buenos y los malos. Se presume que los malos son los K. Comentan ahora el rebrote antisemita y Mirtha dice que en la Argentina hubo presidentes nazis y que Perón era conservador. Antes de ir al corte le pregunta cómo fue lo de las Afjp. El rabino no llega a revelar nada, porque no hay tiempo, pero dice que le cortaron las cámaras. ¿Quién, cómo, cuándo, de qué forma? No importa, he aquí otro episodio de censura. Mirtha alerta sobre el peligroso hecho de que en la fiesta de la Vendimia las autoridades de Canal 7 decidan no enfocar a Cobos. Flavia Palmiero dice: “Ésas son las cosas que no tienen que pasar más”. Sin dudas, el “ninguneo” a Cobos (una de las acciones gubernamentales que más escandalizan a Alfredo Leuco y Nelson Castro) es inexplicable: ¿por qué negarle el helicóptero a Tartagal?, ¿alguien piensa que un hombre de la ética de Cobos pretendería sacar rédito político de eso?, (descartando que es la presidenta y le corresponde), ¿Cristina no lo sacó al hacerlo?, ¿por qué suprimir relaciones? ¿Acaso por qué es vicepresidente, forma parte del gobierno y no está de acuerdo con nada de lo que hace éste e incluso forma un partido para competir con el espacio político que “ocupa” y escribe un documento titulado (en un ejercicio literario trascendental) “Por una Argentina genuinamente representativa, profundamente republicana y verdaderamente federal”? El nivel de intolerancia, permítanme la redundancia, ya es intolerable. Me perdí, los invitados ya se despiden mientras bailan y cantan una cumbia al aire libre. Cambio y fuera.