martes, 31 de marzo de 2009

Sale el espectro

Ayer, luego de 8 meses sin tocar, Charly García ejecutó un mini concierto en la Basílica de Luján. Los esfuerzos del periodismo por negar la evidente situación de precariedad fisiológica del músico rozaron con una farsa organizada al estilo “Los 6 de Oceanic”. De repetirlo tanto, quizás nos creamos que Charly está bien (y que nunca fue tanta gente a ver a la Selección y que De Narváez es un empresario potable y que Hebe de Bonafini dice puras boludeces). Algunos trasnochados hablaron de “resurrección” y de un semblante “fantástico”, otros, más cautos, prefirieron el silencio y evitaron comentar lo ocurrido. Ya desde los pasos titubeantes hasta el primer quejido sin fuerza en la frase inicial de “Demoliendo hoteles” el escalofrío fue permanente, no exactamente por lo emotivo del momento, sino por lo innecesario: es probable (o no, quién lo sabe) que, de esperar unos meses más y seguir con el tratamiento, García recupere parte o toda su vitalidad. Lo de ayer, en cambio, y por más hiriente que suene, fue una sucesión de escenas que lindaron con el patetismo y nos llevan a preguntar por qué las cosas se obstinan en ser más allá de sus propios límites. ¿El show siempre debe seguir? Lo que algunos observan como robustez o gordura, no es más que la hinchazón producida por los efectos de los químicos de la desintoxicación. La recurrente tranquilidad o paz de la que García dice gozar se asemejó, aunque sea arriba del escenario (y también en la entrevista que concedió a un azorado Bebe Contempomi), a la decrepitud. La mirada “serena” denota más bien un continuo extravío. Cuando terminó la versión del himno equivocó el camino de salida, pero unos tipos se lo llevaron violentamente hacia la camioneta en la que había llegado. Esa imagen me pareció ominosa: ¿con qué necesidad García (o quienes lo manejan cual muñeco articulado) decidió exponer toda su ineptitud psicomotriz? Con la misma que viene haciéndolo desde hace décadas, contestaran algunos. Sin embargo en estos años de sonido y furia, hubo recitales y algunas canciones que justificaron ciertos excesos. Lo de ayer fue a todas luces penoso. En un acceso de locura comprendí a los trastornados de “Queremos tanto a Glenda”. Por un segundo creí que, en un gesto más de su clásica mordacidad (como cuando invitó a las Madres de Plaza de Mayo mientras tocaba “Kill my mother” o gritó “No bombardeen Barrio Norte” en plena guerra de Malvinas), estaba siendo irónico, diciendo: “Miren lo que han hecho de mí por querer verme sano”, pero en el reportaje de Telenoche se advirtió claramente que no es consciente de su condición real. Cuando “cantó” “No me dejan salir” me convencí de que en realidad lo habían secuestrado y que la única forma que tenía para comunicarlo era a través de uno de sus más entrañables hits. Nadie sobrio esperaba que el autor de “Canción de dos por tres” afinara (como no sucede desde hace 20 años) o se mostrara absolutamente curtido como para manejar su típico ensamble de teclados luego de un largo tiempo de inacción, sin embargo la performance de Luján, por más que de ningún modo se pueda juzgar desde el punto de vista musical, arrojó más inquietudes que certezas: ¿cuál es la naturaleza de la relación que lo une con ese oscuro personaje llamado Palito Ortega?, ¿desde qué punto de vista se pueden justificar las desintoxicaciones si estos son los resultados?, ¿dónde está Charly García? Termino con una declaración de Palo Pandolfo en la primera edición de No digas nada (1997), la biografía de Sergio Marchi: “Charly es una usina, es evidente, pero es tan jodida la opinión pública y el morbo, que me molesta cuando se alimentan de él. A mí me gustaría que el tipo agarrara, desapareciera, se fuera a la India o Berlín, y se nutriera de otras cosas. Alejarse de la escena, de todo. El tipo está para más. Me lo imagino volviendo y avanzando de nuevo”. Say No More.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Lees traigo paaaaaaz...

Cine Braille dijo...

Qué se puede esperar de TN y del Bebe Contepomi... Para mí fue puro morbo, el morbo de ver a alguien absolutamente indefenso, salvando las distancias como está siendo morboso el tema de la muerte de Alfonsín: todos los fachos que se cagaron en él cuando era presidente, todos los que lo cagaban a puteadas por zurdo y comunista (yo tengo edad para acordarme) ahora que está muerto (la indefensión absoluta y final) saltan a alabarlo, como hoy
Escribano en La Nación. Me dan arcadas.

Cine Braille dijo...

Charly está igual que el año apsado, sólo que ahora la droga es recetada, ergo legal. Ojalá zafe. Say No More.

Martín Zariello dijo...

Anónimo: ese mismo era el título que iba a mandar, pero me acordé de la novela de Roth, me hice el intelectual y lo olvidé.
Cine: lo de Alfonsín da para muchas interpretaciones, si mi cerebro me lo permite, escribiré algo en estos días.

PD: Volvé Coco, te perdonamos.

Cine Braille dijo...

Hablando de la selección: me parece que entró a la cancha con la idea de irse cuanto antes (jugaban en ¡Bolivia!) y que, si perdían, daba lo mismo: lo importante era volverse a Europa.
PS: Maradona, Alfonsín, Charly, Esperando la Carroza, elecciones adelantadas... Semanas ochentosas a full.

La Momia dijo...

Claro está a esta altura que Charly no existe más, astá al costado de dios Padre Todopoderoso Walt Disney congelado en una de esas cámaras de fábula. Estaba con Oveja mirando y le dije en 5 min mi hno me manda un mensaje. Y así fue. Que feo es cuando la vida no sorprende no??
o por suerte estos últimos días....