viernes, 24 de abril de 2009

Un verdadero Mazacotte

Una nueva eliminación de River en la celebración del post 500.

O “La exhibición de atrocidades”, en homenaje a Ballard. O “The Torture never stops”, como el tema de Zappa y ejemplificando la frecuencia casi patológica con que River sufre disfunciones futbolísticas de esas que no tienen vuelta atrás. O “¿Qué te pasa River?”, parafraseando al inefable K en su afrenta contra Clarín (ahora hermanado con la barra de River, quienes, en los ratos libres que les deja la mafia, consideran al fútbol, suprise suprise, una pasión y no un curro: esto no debiera escandalizar a nadie, hasta la bosta sirve a la hora de preparar cal y viva la pepa). O “Gorositesco”, como alguna vez me aconsejaron denominar el ciclo de Pipo. Antes de empezar esta nueva inquisición contra el Club de Nuñez, una digresión: con amor y sordidez, mi más sentido pésame a los hinchas de San Lorenzo. El muerto se ríe del degollado but yo sé lo que les digo, se vienen épocas de desconcierto, escenas inenarrables que ni siquiera Lovecraft atisbaría escribir, Casas, por un tiempo recomiendo elegir un club simpático (¿por qué no el Huracán progre de Cappa?, ¿qué importa que sea el eterno rival?, yo hasta me hice amigo del Boca de Riquelme en tiempos aciagos, que volvieron con la rapidez de Lugo en el “uno-dos-uno-dos”) y desviar la vista del nuevo club del Cholo Simeone, según Kaspar Houses (para quien el del “chuchillo entre los dientes” es el “Choto” y Tinelli el “dengue”), “una broma del guionista”.

¿Alguna vez vieron esa sofisticada comedia noventosa llamada “El día de la marmota” o en su defecto castellanizada “Hechizo del tiempo”? Trata sobre un periodista egoísta (un Bill Murray descomunal sin aptitud alguna para las relaciones humanas) que debe despertarse miles de veces el mismo día hasta encontrarle sentido a la insoportable “red sonora” en que está atrapado para aprender a ser bondadoso, dar sin recibir y entablar la amistad con el prójimo. Bueno, yo soy ese tipo. Y una de las razones que tengo para comprobarlo es que lo de hoy a la noche ya lo viví. Hace 3 años contra Libertad (el de la plancha esa vez fue el pobre Gallardo y yo también tenía una gripe, como ahora, y miré el partido, temeroso, debajo de un cubrecamas). Hace 2 con Caracas. Un año atrás con San Lorenzo. ¡Y lo peor de todo es que sigue empeorando, esto no para! ¡Auxilio! Ya soy como esas viejas escandalizadas que gritan: “¡Nos están matando como a moscas!”.

Desde el primer y único partido mal ganado de la Copa contra el mismo Nacional no comentaba. Y las cosas no han cambiado mucho. Incluso la clasificación no se perdió contra los paraguayos sino con los orientales del mismo nombre, en ese partido tan triste que terminó 0 a 0 sepultando cualquier ilusión de sensibilidad deportiva. Ya se advertía el sufrimiento. En el camino, los jugadores creyeron encontrar una salida elegante a este perpetuo derroche de mediocridad: declaraciones auto flagelantes al final de los partidos. “Somos un desastre”. “Hoy dimos vergüenza”. “No soy digno de esta camiseta”. “No me dieron las piernas”. “Merezco ser fusilado en la Plaza de Mayo”. “Soy un adefesio caminante, escupidme”. Esto demuestra a las claras lo fácil que es, en comparación con otros oficios, trabajar de futbolista: ¿se imaginan ser un albañil y todos los días antes de irse de la obra en construcción gritar a los cuatro vientos: “hoy levanté una pared torcida, le martillé el dedo a un compañero e hice la mezcla de cemento para el culo” y aun así cobrar una fortuna? Si esa honestidad brutal sirviera de algo vaya y pase, pero sólo es el obvio reconocimiento de un mal sin posibilidad alguna de recuperación. Como De Narváez cambiando “todo lo malo” por “todo lo bueno”: ¿y cómo vas a hacer eso: vas a traer “todo lo bueno” en una caja?, ¿en un flete?, ¿en un vuelo charter desde “Buenolandia”? Pero el problema de River es que no es River. Sus jugadores son efigies sin significado. Fabbiani es el significante más exorbitante (más aún que Alexis Sánchez o el último Marcelo Salas) de la historia del Club: un ídolo que todavía no hizo nada. Un tipo que se cree tan ídolo que asume las derrotas como propias y que, por ahora, no le hace un gol ni al arco iris. Falcao, el fabuloso goleador que nunca saldrá goleador de un Torneo. Buonanotte, un buen actor de propagandas. Ahumada, el capitán que deja todo en la cancha pero debería jugar en Boca. El curioso caso de Gustavo Cabral, que a diferencia de Gerlo, ni siquiera tiene carisma, un invento siméonico. Barrado, Nico Domingo, Sambueza (que tiene, creo, un tatuaje de Viejas Locas en la pierna), actores secundarios que nunca pudieron conseguir un papel y vuelven cada tanto protagonizando esos capítulos de relleno circa Lost que nadie quiere ver. Matías “Es la pelota. Tendré que ocultarme o huir” Abelairas. El artista antes conocido como Gallardo, al 11, 75 % de sus posibilidades, probablemente el mejor, enseñando el gesto del cuadro más famoso de Munch cuando la cámara no lo enfoca. Y una tríada de arqueros que no da pie con bola, del que el mejor es Daniel Vega, sin dudas, algo que Gorosito se dio cuenta último que todos, mientras experimentaba peligrosamente con Barbosa. Vega, por su parte, tiene el perfil más bajo que una hormiga. En ese sentido es el negativo de Migliore, el arquero al que todos los hechos exceden. El arquero que no puede comprender la dinámica de la realidad y se queda sin palabras mientras gesticula alocadamente o ataja una pelota imitando en su pose la crucifixión de Cristo o llora o vomita o se caga encima en plena cancha. No se entiende qué le pasa a Migliore en la cancha, es un personaje de Salinger, un tipo inmutable y trastornado. Insoportable. Lamentablemente, eliminados de la primera ronda, nos perdimos la posibilidad de observar en el verde césped a Edgar Davids (dicen que quiere jugar en River, probablemente crea que todavía está Francescoli). Sin dudas hubiera ayudado muchísimo la presencia de un jugador en pleno ocaso de su carrera (en realidad ya pasó por el ocaso, el estadio actual es indecible), que no conoce el idioma y con 8 meses de inactividad. Lo mismo podría decirse de Rosales, ¿no? Cambio y fuera.

PD: El presente post fue escrito bajo los efectos de una emoción violenta y una gripe oprobiosa. En realidad el fútbol es de una vulgaridad tal que no habría que hacerse el más mínimo problema por él. Lo único importante en la vida es el amor. Por eso mismo ilustro el post con una fotografía de Victoria Vanucci, nueva enamorada del Ogro Fabbiani. A los dos les deseamos mucha suerte y los felicitamos por lo bien que están llevando adelante sus respectivas carreras.

3 comentarios:

La Momia dijo...

ahhhh buenoooo antes ninguna mina en tetas y ahora toooodas minas en tetas....ay nene....(juro que me crei que tenias dengue).

Cine Braille dijo...

Gallardo, Ortega, Davids... ¿Cuánto peor puede ser el estado del Enzo? Yo le pediría un esfuerzo
patriótico. Y hasta un Jota Jota López, mirá lo que te digo.
PS: en los tiempos muertos de una estadía fuera de MDQ se me dio por ver Partidazos de TyC, ese programa en el que dan grandes partidos de ayer. Me sorprendí: ¿cómo hicimos para aguantar tanto tiempo a Marcelo Araujo?

Maxi dijo...

Comparto el luto por Ballard y también la bronca por la eliminación de River. Ahora solo nos queda apuntar al Clausura (del 2010).
Saludos.