miércoles, 20 de mayo de 2009

Esto ya lo dije muchas veces

Está claro: River juega mal. Los más viejos aseguran que peor que nunca. Nada funciona en el equipo: ni la táctica ni la estrategia (ni siquiera la romántica del finado Benedetti, que temía que “la Humanidad se suicide”). Esto es caso cerrado y lo hemos tratado tantas veces en este espacio que la discusión suena tan gastada como la melodía del más repetitivo de los hits del verano (aunque últimamente ni siquiera hay melodía, sólo un “ritmo” machacante con contenidos machistas que algunos llaman “reggaetón”). En julio del 2010, River jugará la promoción, ya lo hablé con mi psicólogo y creo que con un año de terapia voy a poder aceptarlo. El caso de un descenso directo sería más dramático (quizás debiera pensar en internarme), pero ése es otro tema. Por otro lado, Gorosito se ha convertido, en los últimos tiempos, en el crítico número uno de los medios de comunicación. Hace poco deploró que los canales de noticias exalten una masacre en Estados Unidos y desdeñen la inauguración de una escuela en Salta. Reflexionaba sobre la prominencia de sucesos negativos en la agenda mediática. Ejemplo: de la misma forma que un chico de 14 años mata a un comerciante, hay millones que no lo hacen (esta reflexión no creo que coincida con la de Gorosito, a quien intuyo conservador). Su forma tosca de hablar, la rudeza de su vocabulario, provocó la hilaridad de los periodistas que lo compararon, jocosamente, con un sociólogo de cotillón. En el día de ayer, encaró a un periodista de Clarín y le preguntó en plena conferencia de prensa quién le había informado que dentro del plantel había “diferencias”. El periodista se negó a responder alegando el derecho a reservarse la fuente. Añadió que era sano que hubiese “diferencias” en grupos humanos. Olvidó decir que cuando un periodista deportivo informa que hay “diferencias” en planteles de fútbol está aportando un dato para promover un efecto de zozobra (en este caso: los jugadores de River no sólo juegan mal, también se pelean entre ellos). El análisis del deporte no necesita de hipótesis sobre el comportamiento privado de sus actores (a no ser que se esté escribiendo una biografía). También olvidó decir que la reserva de fuentes posibilita que se afirmen todo tipo de hechos inasequibles (leer otra vez con atención las columnas de Nelson Castro en el diario Perfil y espantarse nuevamente), de la misma forma que las imprecisiones de un texto posmoderno, pueden significar cualquier cosa. Pero el hecho deportivo ha sido superado largamente por el espectáculo, algo en lo que Gorosito (que no me cae muy bien que digamos) volvió a dar en la tecla. ¿De qué sirve que Fútbol de Primera subtitule a Cappa diciendo barbaridades? ¿Eso ayuda al entendimiento del juego? Del mismo modo: ¿de qué sirve saber que Gerlo y Falcao se trompearon en el vestuario? ¿Eso explica el mal momento de River? No, eso revela un espíritu caníbal y, probablemente, indigno de la profesión. Como es usual cuando suceden este tipo de hechos, el corporativismo periodístico no se hizo esperar: en la misma conferencia una periodista cuestionó a Gorosito por la forma en que había increpado al colega delante de todos. “Los periodistas no mentimos”, manifestó, casi enternecedora. Una frase de estas características, justamente una semana después del papelón de Olé, parece un chiste de mal gusto. Y ahora que lo pienso no sólo parece: es un chiste de mal gusto. La precariedad del periodismo argentino se explicita en esta anécdota de tal modo que no hace falta agregar un comentario, sólo referirla: Olé publicó una tapa con genuflexiones dramáticas basándose en una imagen inexistente (una bandera elaborada digitalmente por un internauta enojado con la dirigencia de River). Esto no debería sorprender: la editorial Perfil suele publicar en tapa, notas que no aparecen en el interior de sus publicaciones (ejemplo: la revista Noticias prometía explicar “cómo” funcionaba la “usina ideológica del gobierno”: la nota se circunscribía a detallar que unos intelectuales sesentones se pasaban un tarro para hacer una vaquita). Volviendo al tema deportivo, se advierte un gran desconcierto que mezcla lo público (el hecho deportivo, la pelota rodando en “el verde césped”) con lo privado. En T y C Sports explican (seriamente) que Maradona no convoca a Higuaín porque esté se peleó con Heinze y Gago. Los periodistas preguntan a los jugadores qué sienten, qué sensaciones tienen. Maradona ofrece una conferencia por su partido con el equipo del Gran DT y se lo escucha como a un teórico de filosofía. Hay un gran error: se confunde todo lo accesorio con lo esencial. Sucede en el rock (Cromañón), en la política (la imposibilidad de algunos dirigentes de hablar sin recurrir a eslóganes y silogismos), en la vida (chequear el enojo de cientos de personas porque subirán los precios de los artefactos tecnológicos), por qué no habría de pasar en el fútbol, uno de los espejos más retrógrados (sino el más) de nuestra cotidianeidad.


2 comentarios:

henry dijo...

Excelente! El periodismo es canibal, carroñero, busca la miseria y los fracasos para regodearse y hundir su dedo en la herida. Pateticos personajes qeu dicen buscar la verdad cuando simplemente representan los intereses de la corporaciona a la cual pertenece. Gorosito no es de mi agrado tampoco, pero en este caso estuvo acertado.

Cine Braille dijo...

Creo que, a barbaridad dicha bajo reserva de fuente y sin dar más datos, difícil que algo le gane a la versión del "atentado" de la SIDE en la planta de bombeo de Plaza Mitre que publicaron Noticias y Perfil...