jueves, 13 de agosto de 2009

La luna y la Muralla China

Te pregunté si sabías que la única edificación humana que se observa desde la luna es la Muralla China.

Vos fingiste un aire ausente (después me confesaste que sabías que era un mito), te sacaste un mechón de pelo de los ojos y me respondiste con otra pregunta.

¿Por qué me decís eso a mí? No sé, contesté, un poco nervioso, no creo que acá haya otra persona a la que le interesen la luna y la Muralla China.

Vos te reíste y te presentaste. Yo pensé que nunca había sido tan listo con una chica y que tenía que aprovecharlo.

Lo que me llamó la atención de vos fue el tamaño del marco de tus anteojos, unas estructuras negras y gruesas que no te daban ningún aspecto cool ni vintage ni retro. Pensé cuánto le debería pesar a tu cabeza llevar ese armatoste, pero después advertí el resto, te vi la cara y los ojos y la boca y me encandilaste.

Con los años los recuerdos se agigantan: ahora cierro los ojos y veo luz saliendo desde atrás de tu cabeza, como si fueras la figura de una virgen en una estampita y los que estaban alrededor tuyo se me hacen horribles, con gestos bovinos y manifestando vulgaridades.

Entonces mi cerebro empezó a calibrar, cómo hacer para hablarte si vos estabas en una punta y yo en otra, si vos te juntabas con gente que yo detestaba, si yo era un idiota y vos era la encarnación femenina de la luz.

Para darme ánimo empecé a tomar, me detuve al borde de perder la dicción y fui caminando hasta el sillón en el que estabas sentada.

Después me dijiste que ya me habías visto, que te había llamado la atención que entrara sin saludar a nadie, pero en ese momento ni siquiera me miraste, exacerbabas una concentración sublime en un pibe que tocaba la guitarra.

Ahí me sentí muy solo, empecé a rascarme la pera. Te dije algo (hey, vos, yo quiero, hola, no me acuerdo), pero en vez de soltar las palabras, me las comí y no escuchaste nada.

Del nerviosismo me puse a cantar muy alto (una detestable canción psicobolche) y ahí sí volviste la mirada hacia mí y me pareció correcto informarte que la Muralla China era la única edificación humana que se veía desde la luna.

Después vino un gran silencio y me gustó porque me sentí cómodo. Estuvo bien no contaminar el aire con frases hechas, vos movías la cabeza siguiendo una melodía mientras yo empezaba a inspeccionar tu cuerpo con la vista.

Entonces de la nada, me tomaste de la mano y me llevaste al balcón: querías respirar y sentías que ya no podías aguantar un minuto más entre esa gente.

Estaba terminando el verano, afuera hacía calor y había muchos mosquitos, sacaste un cigarrillo de tu cartera pero te arrepentiste y lo tiraste. Los dos nos acodamos en los barrotes y lo vimos viajar hacia el vacío hasta perderse en la oscuridad. Ahí vamos nosotros, dije yo.

Y muy serios nos miramos a los ojos por primera vez (vos tenés otra teoría, decís que fue antes, en plena psicobolcheada; yo creo que no). Te rendiste antes que yo, bajaste la mirada y te mordiste los labios. Parecías una nena de quince años, siempre te jodí por eso.

¿Y?, tontito, preguntaste un rato después, herida o demasiado expuesta, ¿no tenés nada más para decir sobre la luna y la muralla china?

Ese tono agresivo hizo que me gustaras más, así que arremetí con un par de chistes inventados sobre la marcha que acusaron recibo. Me sentí un campeón, y pensé que todo estaba yendo mejor de lo que imaginaba.

La fiesta era un murmullo, tu presencia había suprimido todo. Ahora mismo construyo el recuerdo como si fuera una película francesa: en primer plano estamos nosotros en el balcón, hermosos y diciendo cosas notables, atrás una combinación atroz de objetos y de gente borrosa.

Hablabas muy poco, cultivabas un humor simple, confrontabas, todas cosas que en ese instante me parecieron geniales y con los años aprendí a despreciar.

Llegó el beso. Es lo que suele ocurrir, de no suceder un desperfecto, cuando un chico recorre una distancia considerable hasta una chica para comentarle cosas sobre la luna.

¿Ahí empezó o terminó todo? Estas son preguntas que te hago a vos y a esta hora nada más, durante el día no pienso mucho porque sino me vuelvo loco.

Digamos que empezó todo y así durante unos cuantos años de sonidos y de furias.

Y hoy me llamaste otra vez, atendí el teléfono y eras vos y aunque se suponía que nos odiábamos no encontré suficiente mierda en nuestro pasado para cortarte, tratarte mal o hacerme el indiferente.

Me senté en el piso contra el marco de la puerta mientras vos elaborabas un extraño monólogo a través del tubo.

Decías cosas y te arrepentías y después las volvías a decir. Yo asentía sin emitir sonidos, te dejaba delirar mientras pensaba algo más bien triste: la que me hablaba ya no eras vos, la que me hablaba ya no tenía ni una mísera partícula de la chica a la que le salían luces desde atrás de la cabeza.

Los años deforman nuestras percepciones. Las cosas se obstinan en ser más allá de sus límites. Los recuerdos se agigantan. Malas noticias: esta conjunción es mortífera y le ocurre a todas las personas.

Cuando terminaste fue mi turno. Estuve a punto de decirte que ya no eras vos, pero no habría sabido explicarlo, simplemente te pregunté, como aquella primera vez hiciste conmigo, por qué me decías esas cosas a mí.

Estuve en Google Earth, respondiste vos. Me quedé en silencio y oí tu respiración entrecortada.

¿Qué?, pregunté. Que estuve navegando en Google Earth y se me ocurrió mirar la Muralla China y me acordé de vos.

En Google Earth, murmuré yo, como si estuviera formulando una revelación por años omitida. ¿Sabés que es Google Earth?, me preguntaste.

Si, dije yo, Google Earth, se ven las cosas desde arriba, a la distancia.

Exacto, contestaste, era eso nada más, quería saber si seguías existiendo. Por supuesto, respondí, igual que siempre. ¿Tenés barba? Mucha. ¿Seguís flaco? Es lo que me dicen. Podríamos haber llorado pero nos reímos.

Casi te digo que nos veamos. No tuve el espíritu adecuado, por suerte. Cortamos y me quedé sentado todavía un rato más. Le había puesto MUTE a la televisión y me hipnotizó la espantosa boca de un conductor. Después las pálidas figuras se acercaron hasta mí. Automáticamente recordé que en los días posteriores a nuestra separación, una noche me quedé mirando tu departamento con el puto Google Earth, tu departamento desde todos los puntos de vista posibles y yo buscando algo que ya no existía.

Pensé en marcar tu número y decírtelo, pero advertí que a esa hora un llamado de ese tipo se hubiera parecido demasiado a una declaración de amor y yo no estaba en condiciones de declararle nada a nadie.

Me levanté con muchas cosas rebotando en la mente (la muralla china, la luna, tu cabeza y la luz), me senté frente a la máquina y te escribí este cuento.

12 comentarios:

Desarmandonos dijo...

Bueno che, la puta madre, es buenísimo. Parece un gran y largo poema.

Billy dijo...

genial, me re gusto.

Anónimo dijo...

Corvino: Lograste que vuelva a comentar despues de mucho tiempo. Es admirable tu poder para reunir TANTO en algo tan breve y simple, acaso una veintena de parrafos cortos. Segui.

Un abrazo, Marplatense Aj.

pollorekords dijo...

loko felicitaciones.. me pasa todos los dias eso.. gracias

Bettie dijo...

Todavía no sé muy bien por qué, pero me pareció excelente tu texto. Excelente de verdad.

eddie dijo...

Aplausos. Muchos aplausos.
Realmente bueno.
Felicitaciones.

Archibald Tuttle dijo...

Muy pero muy bueno.

Muy.

Saludos.

este dijo...

Esta muy bien, para mi. Lastima que haga falta pasar por esa inspiracion...siempre es igual

Martín Zariello dijo...

Gracias por leer y los respectivos comentarios. Viva la bagatala!

un rayo de amor dijo...

"Los años deforman nuestras percepciones. Las cosas se obstinan en ser más allá de sus límites. Los recuerdos se agigantan. Malas noticias: esta conjunción es mortífera y le ocurre a todas las personas"

sisi es clichè decir que nos ha pasado lo mismo, pero no se de cuantas maneras se pueden relacionar 2 personas sin tener que sucumbir ante grietas que obviamente nunca son definitivas sino que se siguen presentando cuando uno menos las espera y mas llano necesita el camino.

muy bueno che

saludos

dakonero dijo...

Muy bueno la verdad

SUNRISE dijo...

Este es EL cuento. Hitazo. Tremendo.
Alto nivel.

Me cebé.

Salud!