martes, 24 de noviembre de 2009

Esos monstruos están en mi cabeza

1
Me gusta su aroma. Le sale por la boca y por la nariz. No es el aroma de su piel, ése es otro, diferente, un poco más dulce, nada original. El que a mí me gusta de verdad es el que le sale por lo orificios de su cabeza. Por la boca seguro, porque conozco muy bien su aliento. Por la nariz también. Me gusta que se duerma primero, así puedo olerle un poco las fosas nasales. Son como dos ventiladores de su aroma tan rico. No sé si le saldrá por las orejas, creo que ahí no hay aire. Igualmente una tarde hacíamos siesta y sentí un vientito que me venía de costado. Él dormía boca arriba. Me iba a fijar pero estaba tan cansada que no pude levantar el cuello.

2
Salí a caminar. Lo dejé a Miguel en mi depto, no entiende nada. De repente no quiero estar más con él, quiero verlo a Ramiro y sentir su aroma. Al principio no supe por qué me quería ir. Simplemente ciertas ganas de eyectarme. Ciertas ganas de cambiar de aire. Empiezo a caminar. Hay una llovizna muy molesta, me empaña los anteojos pero si me los saco no veo nada. Y así llego a la puerta de la casa de Ramiro.

3
Toco el timbre y sale. Vive en planta baja. Le pregunto si estaba durmiendo y me dice que no.
-Pasá.
No sé si está feliz de verme. Le pregunto y dice que sí, que está feliz. No es muy convincente y se lo pregunto otra vez, le explico que no quiero molestar, que no nací para ir molestando por ahí a la gente. El me toma de los hombros (qué raro, usualmente no me toca mucho) y me dice que le gusta que lo haya ido a visitar.
-No te avisé porque ni siquiera yo lo sabía -le digo-, empecé a caminar y llegué acá.
-Está bien.

4
Lo saludé y creo que hoy tiene el aroma muy fuerte. Debería estar durmiendo. Cuando duerme, el aroma se expande en todo su potencial. Entramos a la pieza. Las luces están apagadas y el monitor de la computadora prendido. Él enciende las luces.
-¿Qué hacías?
-Miraba una serie.
-Seguí mirando.
Dice que no, que quiere saber a qué fui.
-Vine sin saber por qué -le respondo-, seguí haciendo lo que hacías.
-¿Y vos qué vas a hacer mientras?
-Estar acá, nada más.

5
Pasamos un rato discutiendo sobre qué tengo que hacer mientras él mira su serie. Me propone leer libros, prender la tele, escuchar música. Pero yo le digo que no, que vine para estar nada más. Cuando ya me cansa un poquito con su testarudez, apago la luz, lo siento en su silla y le doy play a la serie.
-Mirá y no jodas- le digo.
A veces hay que ser mala con Ramiro.

6
Me aburro. Ramiro mira la serie y yo estoy parada al costado mirándole la cabeza. Todavía tengo puesto el piloto gris, no me lo saqué. Así estamos un rato hasta que aprieta pause y me dice que no puede mirar la serie mientras yo lo miro.
-No me puedo concentrar -me dice-, mejor hablemos de algo.
-¿Qué querés decirme?
-Contame algo vos.
-Yo no tengo nada para contar.
Y le aprieto play. Y él aprieta pause. Y yo play. Y así un rato: play, pause, play, pause, play, pause.

7
Quedamos en silencio.
-Mejor me tiro en la cama un rato, me dio un poco de sueño.
-Bueno, está bien, hacé lo que quieras, yo me voy a dormir más tarde igual.
-Nadie te preguntó nada, no quiero saber cuándo te vas a dormir.
Ok, dice Ramiro. Un poco le molesta como soy y otro poco le encanta. Le doy un beso en la mejilla y le doy las buenas noches. Que sueñes con los angelitos, me dice él. Nos gusta decirnos ese tipo de idioteces. No pude sentirle muy bien el aroma.

8
Me suena el celular y corto. Así dos o tres veces hasta que lo apago.
-¿Quién es?- pregunta.
-Miguel, lo dejé encerrado en el depto.
-¿Por qué hiciste eso?
-Le dije que me iba a ir. No le gustó, empezamos una discusión completamente absurda y me fui yo.
Ramiro lanza un chistido. Tss. Pff. Rff. Algo así. Cuando no me entiende hace eso. Tss. Pff. Rff.

9
Me tapé con el cubrecamas nomás y me saqué el piloto y las zapatillas. Pero me dio mucho calor así que me quedé en bombacha. Ramiro vio todo de reojo. El idiota se cree que no me doy cuenta de que está pendiente de cada uno de mis movimientos. Piensa en lo que tiene que hacer. Apuesto que por su pobre cabeza pasan mil opciones diferentes. Otro directamente me viola. Ramiro no.

10
Voy a tener que meterme adentro, abajo de las sábanas, porque la frazada de Ramiro es de una tela maligna, un día me salió un sarpullido en la cola y Miguel hizo un escándalo porque no le pude explicar. Era un sarpullido muy lindo, tres marquitas rojas, como un tatuaje oriental, pero me picaba mucho y no lo quiero tener más.

11
Ahora me da pena Ramiro. Se está riendo con su serie. Se agarra la boca y murmura algo. O es su risa, no lo sé. Y señala la pantalla. Un pelado se tira arriba de una mujer en silla de ruedas. No sabe cómo besarla. Y parece que a Ramiro eso le causa mucha gracia. No es erótico. No es erótico ver a Ramiro riéndose como un idiota. Para nada erótico. Es de una lastimosidad inédita. Me iría ahora mismo pero estoy muy cómoda y calentita.

12
Me dormí. Soñé con Miguel. Miguel estaba en el cuerpo (creo) de Patricio y me preguntaba por qué nos estábamos alejando tanto, si ese chico Ramiro que conozco tenía algo que ver. Y yo le decía: No mi amor, no tiene nada que ver. Y creo que es verdad, Ramiro no tiene nada que ver. Es Miguel o soy yo. Parecía la escena de una telenovela. Miguel y yo nunca hablamos así. Nunca hablamos en voz alta de nuestro amor. Yo hablaría pero eso implica que él lo haga y me avergüenza la forma en que expresa sus sentimientos. Es medio tontito, es bruto, todo lo contrario a Ramiro que con el lenguaje hace magia. Pobre Miguel. Miguel y Ramiro serían buenos amigos. Amigos lastimosos. Cada uno en lo suyo da lástima.

13
Bueno, me desperté. Ramiro lee un libro. Debe haber visto que estaba dormida y pensado las mil y una formas de encarar la situación. Y todas le parecieron erradas entonces siguió leyendo su librito. Siempre lee un librito con el que se fanatiza y quiere que todo el mundo lo lea y se enamore como él. Puso el velador de la mesa de luz en la de la computadora. Él es muy cuidadoso. Como es más grande que yo tiene esa idea de que debe tratarme con algodones. Cuando duermo hace todo lo posible para que no me despierte. Y si estoy despierta hace todo lo posible para que no me duerma. De todos los hombres debe ser el más caballero y el que más me hace sentir reina. Pero no le alcanza.

14
Todavía no sabe que estoy despierta. Lee muy concentrado. A veces asiente con la cabeza. O vuelve algunas páginas hacia atrás y dice: Mm. O: Ah. Y cada tanto dobla el vértice de las hojas y marca algo con una birome.
-¿Qué marcás?
-No sabía que estabas despierta.
-¿Qué marcás?
-Las cosas interesantes. Si no marco, no encuentro nunca más mis partes favoritas. Hay una parte de Rayuela que no encontré más.

15
Me dieron ganas de abrazarlo. Me pareció tierno el modo en que explicó cómo marca sus partes para poder encontrarlas en el futuro. Así que me levanté y le di un beso. Y aproveché para oler un poco su aroma. No sé si cuando lee no está más fuerte que cuando duerme. Me gustaría hablarle de su aroma pero capaz que se ofende. Objetivamente no sabría decir si el aroma es lindo o feo. Creo que feo porque cuando lo conocí, cada vez que se me acercaba un poco me corría porque el aroma estaba muy presente. Muchacho aromático, así le decía al principio. Pero cuando empecé a tomarle cariño, todo lo contrario. A veces no quiero estar con Ramiro, quiero estar con su aroma. Es más: hoy vine por su aroma. Si no lo viese más, estoy segura de que algunas tardes lloraría extrañando su aroma.

16
No fue un deseo sexual el que me llevó a besarlo, menos después de verlo reír adelante del monitor. Él lo tomó para otro lado y me acarició la espalda. Siempre hace lo mismo. Se cree que está siendo el señor sexy rascándome la espalda. Me metí otra vez en la cama y me di vuelta para el lado de la mesa de luz. No lo veo, pero se levantó de su silla. Se decidió con una hora y media de atraso. Carece de taming para el amor. Nunca vi a nadie equivocarse tanto en la materia.

17
Se sentó en la cama. Yo sigo sin mirarlo. Está sacándose la ropa. Pienso en algunas estrategias. Hacerme la dormida es demasiado obvio. Además hace cinco minutos me levanté y le di un beso. Decirle qué hacés con un tonito un poco acusatorio es hiriente. Decirle que no es una falta de respeto: yo fui a su casa, yo lo interrumpí, yo me metí en bombacha en su cama, yo me levanté y le di un beso. Voy a dejar que me garche.

18
No se anima a tocarme. Me rozó un codo y se alejó como si le hubiese agarrado corriente. Así varios minutos que parecen años. Hay una línea imaginaria entre los dos que no se atreve a pasar. Yo también estoy rígida. Mucho silencio, incomodidad, creo que voy a llorar. No sé por qué pero quiero llorar, ¿por qué no me coge y se deja de joder?, si eso es lo que quiere. Tengo los ojos llenos de lágrimas, quiero que me coja. No lo deseo, pero quiero. No entiendo eso que me pasa y también me da ganas de llorar no saber lo que me pasa. Una doble tristeza ahora triple porque se me aparece la cara de Miguel y lo imagino dando vueltas en el departamento, tan bruto y solo.

19
Estoy llorando, no puedo creer que estoy llorando. Al principio con todo el cuidado del mundo. No quiero hacer ruido, pero cuando lloro me agarra un hipo extraño que me sale desde la garganta y me obliga a respirar a un volumen altísimo y muy seguido. Así que empecé a respirar así, con todo. Al principio Ramiro no hizo nada. Cuando la situación se hizo insostenible me preguntó si estaba llorando. Que me le pregunte me dio más tristeza y lloré el doble de fuerte. Me abrazó como un osito. Se prendió a mi espalda y a mi culo. Su cuerpo flaco y peludo siempre a altas temperaturas en la noche. Me sofocaba, me quería soltar pero no tenía fuerzas para hablar o correrme.

20
Después se aflojó y me dio besos en el cuello y me acarició un poco la frente. Y me envolvió con su aroma.
-Vine por tu aroma- le dije.
-¿Qué?
-Ese aroma -respondí- es lo que más me gusta de vos.
Casi estábamos a oscuras porque la luz del velador era tenue e iluminaba otro costado de la habitación. No sé qué cara habrá puesto.
-¿Es lindo el aroma?- preguntó.
-Es rico, a veces no te extraño a vos, extraño el aroma. Cuando no nos vemos, lo extraño. Te sale de la nariz y de la boca, ya me fijé.

21
Se puso nervioso, le dio vergüenza que le dijera eso entonces se agitó. Parecía una pava hirviendo expulsando todo ese aroma. Y le di un beso en la boca. Él sacó la lengua (es tan malo para besar que parece que la desenrolla como un lagarto) y yo también. No disfruté el beso. Pensé en lagartos. Pensé en esos dibujos japoneses que me hizo ver un novio trastornado. Las mujeres son violadas por monstruos y pulpos con muchos tentáculos. Seguimos pero le dije que pare porque no podía sacarme los monstruos de la cabeza.
-¿Qué monstruos?
Le conté:
-Y ahora esos monstruos están en mi cabeza. ¿Sabés de qué te hablo?
-Hentai, son animé porno, algo así.
No tenía muchas ganas de hablar, quería seguir, pero lo paré otra vez.
-¿Vos veías eso?- le pregunté.
-No, no, alguna vez un amigo...
-Si lo vieras no me lo contarías -le contesté-, no puedo saber nunca si viste hentai o no, eso es algo de vos que nunca voy a saber.
Me di vuelta. Me enojé. Qué enojada me puse. En realidad no estaba enojada con él, estaba enojada con ese novio trastornado que tuve a los doce años. Ramiro, prácticamente, no tenía nada que ver.

22
Me dormí. Esta vez no soñé nada, raro porque en la cama de Ramiro siempre sueño. Cuando me desperté lo tenía otra vez enganchado de atrás. Al mínimo movimiento empezó a tocarme. Me dio vuelta. Todavía no era de día pero a través de las hendijas de las persianas se podía ver el cielo color violeta. Serían las cinco, las seis de la mañana. Y Ramiro metió un dedo. Y lo sacó. Y lo volvió a meter. Como si estuviese buscando contacto con un enchufe. Nos besamos y se subió arriba mío. Su piel ya no estaba tan caliente pero me clavó todos sus huesos en la cadera y en los hombros.

23
Se puso el preservativo a la velocidad de la luz, ni me di cuenta. Capaz que lo tenía puesto antes de que me durmiera. Tanteó un poco y empezamos. Yo quería irme. No la pasaba bien. Pocas veces la paso bien. Prefiero hacer otras cosas. Le dije que quería hacer pis. Pero él hizo como que no me escuchaba y siguió. Entonces yo le grité y le dije que si no paraba lo iba a mear. No me importa, dijo él. ¿Te gusta eso?, le pregunté, ¿te gusta ser meado? Un amigo lo hace con su novia, respondió. ¿Qué clase de amigo?, pregunté yo, ¿qué clase de amigo podría hacer algo así? Él seguía. ¿A qué clase de personas les puede agradar ser meadas?
-No lo sé -respondió él.
-A tu amigo -contesté yo-, a ese amigo chiflado que tenés y ahora vos querés que yo te lo haga a vos para contarle.
Ahí paró.
-¿Para contarle qué?
-Que probaste que te meen.
Ahí la sacó.
Le dije que yo no era su rata de laboratorio.
-¿Mi qué?
-Rata de laboratorio, esas chicas que le sirven a los hombres para hacerles cualquier cosa: posiciones raras, acabarles en la cara la primera vez que están juntos, mearse encima.
Me miró con desprecio, creí que me iba a pegar una piña.
-Yo no soy tu rata de laboratorio- le dije, exagerando.
-Andá a hacer pis.
-Yo no quiero hacer pis, ¿quién te dijo que quiero hacer pis?
-Vos, vos dijiste que pare porque querías hacer pis.
-Era mentira, era para no coger.

24
Ahora las luces del amanecer iluminaban todo. Ramiro comprimió su rostro como el de un limón. El limón Ramiro con su aroma tan rico. Lo había herido. Lo peor que le podés decir a un chico es que no querés coger con él. Es como desintegrarlos, como dejarlos desnudos adelante de todo el mundo.

25
-¿Te herí, no?- le pregunté.
Quería saberlo de verdad porque se había puesto a mirar el techo con mucha seriedad y me dio pena.
-Hay cosas peores- dijo él.
-¿Por ejemplo?
-Que te peguen un tiro -dijo, riéndose-, que te corten las bolas.
Lo abracé y lo hicimos. Fue lindo más allá de su aroma.

26
Al rato me tuve que ir. Tenía el celular abarrotado de llamadas perdidas de Miguel.

9 comentarios:

Ricardo dijo...

Me gustó.
Está bárbaro todo el embrollo femenino.

Nombre dijo...

Buenéeesemo.

Pero cómo no va a reírse con "Denise Handicapped"!

Inmanente dijo...

ud es cosa seria corvino eh, MB.

Florence dijo...

Me alegra que te guste el blog, me hiciste sonreir con lo que escribiste. Y es muy temprano, así que una sonrisa a esta hora me vino bárbaro.

Billy dijo...

esta muy bueno

Billy dijo...

ahhh ahora entendí! esto lo pusiste para contrarrestar un poco la ternura del post anterior..! genial.

natanael amenábar dijo...

se acuerdan de martín rejtman, volvió en forma de fichas!

Blancura dijo...

jaja me gustó... Si fuese Ramiro hubiese marcado varias partes de esto... Sigue?

Martín Zariello dijo...

No sé si seguirá, habría que preguntarle a Ramiro y la muchacha del cuento.

Gracias por comentar. Salud.