lunes, 21 de diciembre de 2009

Encuesta Ñ

Con algunos días de retraso, leo la encuesta sobre literatura argentina de la última década de la revista Ñ. En cinco preguntas, los autores se esfuerzan en que no se note que quieren demostrar quiénes son. Lo más probable es que sean sinceros, pero impresas en el papel y en su contexto, cada palabra parece formar parte de una gran pose de superación e indiferencia. Lo mismo les debe suceder a ellos cuando se leen, imagino. Me pasa a mí cuando releo algún post de este puto blog (“Esto no lo escribo yo, esto lo escribe quien mi mente piensa que soy”), así que… Pablo Ramos siempre está enojado. Dice: “En esta década no hubo ni un solo libro significativo para mí”. Y cuando lo interrogan sobre la literatura y el mercado, grita: “No me detuve a pensar en esto ni una sola vez en mi vida. Tampoco lo voy a hacer ahora”. Me cae bien Ramos, intuyo que sus libros me harán muy buena compañía. Santiago Llach destila su prosa extraña, llena de guiños intraducibles y referencias disparatadas. Sobre los libros de la década, contesta: “Lost; filleputain.blogspot.com (ya no está colgado en Internet); Calle 13; Mucha poesía 1999-2009, Washington Cucurto”. ¿Un blog que ya no existe? ¿Calle 13? ¿Rock, sala de ensayo, situación de estupefacientes? También hay tiempo para el parricidio: “Lo caduco es César Aira. El viejo niño travieso encabeza la defensa de la seriedad literaria”. ¿Gonzalo Garcés ya no está solo en su carrera contra el autor de Cómo me hice monja? ¿Cómo podría saberlo? Es imposible saber si Llach habla en serio o en broma. Alberto Laiseca dice que es el Conde Drácula. Cucurto explica que “la literatura argentina al igual que el fútbol argentino, está atravesando una importante crisis de identidad. En pocas palabras, va rumbo a la decadencia total”. Luis Chitarroni encadena una serie de reflexiones tan enigmáticas como su literatura: “Para mí hay libros que (…) nos habitúan a pensar que un escritor argentino es mejor que un escritor a secas, internacional, porque no ahuyenta de la lengua esos sabores verdaderos que la habitan, algo distinto que ese deseo un poco desbocado que nos impuso da capo, menos provisorio y anhelante”. El mismo carril de complejidad semántica transita María Moreno: “Caduco es un adjetivo que suele endilgarse a los histórico que, lejos de caducar, se especializa en el trastorno de lo reprimido, travestismo de tragedia en sátira”. Están los que optan por el desprecio al blog como declaración de principios más o menos corrosiva: “no entro a blogs porque cuando entro se me rompe la computadora”, dice Hebe Uhart; “No sé qué es un blog y no por eso deja de existir u otorgar sus favores a vaya saber quién”, dice María Martoccia. Me causa gracia la incomodidad de los escritores frente a los blogs. Esto le sucede a las generaciones que nacieron, por lo menos, antes de 1970. Para alguien sub-35 ponerse a discutir sobre qué son los blogs es totalmente forzado. José Pablo Feinmann, en su conocido monólogo lleno de ruido y de furia, sintetizó bastante esa desconfianza ante lo desconocido, comparable al del provinciano que viaja a Capital y cree que lo van a estafar en cada cuadra. ¿Qué tal si entendemos que los blogs son un soporte de escritura y que allí se escriben cosas tan malas y buenas como en cualquier otro lugar? Fabián Casas coloca en el papel protagónico de la década de los ceros a un autor prácticamente desconocido (e incluso lo “acusa” de haber construido una “obra maestra”): Gustavo Ferreyra. Habrá que prestar atención, Casas tiene un sentido extra para descubrir autores. El gran elegido es César Aira (12 votos), autor del que algún día deberé tomar un curso intensivo para no quedar en off-side cada vez que se lo nombra. Su amigo, el poeta Arturo Carrera, también se cuenta en el top five (la idea de ranking en la literatura para ser tan absurda como inevitable para los suplementos culturales). Debe ser una de las lecturas que más padecí. Recuerdo versos como “se ha ahumado tu cabeza. sahumador tu cráneo” y siento un escalofrío. Ése es el problema y el prodigio de la poesía, ¿no es cierto?, lo que a mí me parece atroz, ahora mismo a otros les sugiere un gran placer y van directamente a hacerse con una edición de Potlatch. En general, de los seleccionados, leí el 0,8 por ciento: Los lemmings, de Casas, El Pasado, de Alan Pauls, El último lector, de Piglia. ¿Quién tiene tanto tiempo para/ tantas ganas de leer literatura actual? Me sorprende que nadie mencione (creo, tampoco le hice una autopsia efusiva a todo el cuerpo de la nota) a Samanta Schweblin. Después está lo típico: los autores amigos nombrándose entre sí, haciendo camarilla cual “halcones y palomas” boquenses, las respuestas ingeniosas. Me quedo con dos: Elvio Gandolfo afirmando que “lo actual es algo nuevo; lo caduco, algo viejo” y Angelica Gorodischer sobre la literatura y el mercado: “No las percibo ni de lejos. Y me importan un corno a la vela”. ¿Un corno a la vela? Nunca había escuchado esa expresión y si lo escuché, fue muchos años atrás en boca de alguna abuela. Funciona a muchos niveles. Me gusta cuando los escritores responden simplemente lo que les preguntan, descubriendo el sucio secreto de esta trama macabra: que conversar sobre literatura no tiene mucho sentido y lo único importante es leer y (si se tiene el tupé) escribir.

7 comentarios:

Ezequiel M. dijo...

Qué cantidad absurda de pelotudeces que hace Ñ. Como esos suplementos A-BU-RRI-DÍSIMOS sobre si la novela está muriendo, si los blogs van a dominar al mundo, si a la vieja de los escritores se las empomaron en una DP y por eso salen ingeniosos e imaginativos...
Porque, tal cual, no tienen ningún sentido. Cada vez que leo Ñ siento que hicieron un enorme esfuerzo por rellenar las páginas. Y así es como después la gente que no tiene por especialidad la literatura se aleja de las librerías y los suplementos culturales y esa estúpida máquina del sentido cultural... ¡no se preocupen!¡nosotros tampoco entendemos de qué habla Ñ, no se les está escapando nada!¡no hay un sentido oculto en la literatura que ustedes no pueden ver y los literatos sí!

Perdón, corvino, me emocioné.
Feliz navidat.

Ezequiel M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ezequiel M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Ustedes los argentinos corvino, son todos iguales. Hablar de los otros es hablar de ustedes mismos. Fantoches, copiones, y tolerantes con la homosexualidad hasta el nivel de la asquedad.
La parrilla y las mujeres: muy buena.
Acaso, Borges.
Un hermano chileno.

fede dijo...

me dan MUCHA pena los redactores de Ñ,
Deben ser pibes que leen mucho, que les interesa, etc. Pero les deben formatear el cerebro en una supercomputadora del Sr Magneto, para achatarlo todo hasta el embole absoluto.

Martín dijo...

Me quede con las ganas de pispear la nota. Ahora: no será mucho lo de Samanta Schweblin? Digo, me va y bastante, sobretodo encontrar una cuentista joven de argumento, pero...
Sobre Ferreyra, cada tanto te encontrás con los libros saldados, recomendo "El desamparo", creo que no me cierra del todo, o por lo menos no cuaja con mi paladar esa especie de expresionismo psicológico, pero creo que plantea una linea bastante particular dentro de la bolsita contempo argentina. En fin, abrazo che!

Cine Braille dijo...

Linda la autoparodia pinochetista que se mandó el anónimo.