martes 27 de abril de 2010

Canción de dos por tres

Uno puede establecer sus gustos artísticos a partir de pautas intelectuales y asegurar que principalmente le gusta el cine experimental iraní, la música dodecafónica o El limonero real de Saer, pero lo que buscamos, aunque nos parezca pueril para los cánones pretendidamente críticos, es identificación: con el personaje de una novela, con la letra de una canción, con la escena de una película. Creo que siempre nos estamos escudriñando a nosotros mismos en cualquier espejo para sentirnos hermanados con algo grande que está allí afuera. Llamémosle mundo, humanidad, el prójimo. Miren sino la algarabía que les genera a los que están a favor del gobierno poder juntarse en el Obelisco después de años de creer que estaban solos en el closet.


Elipsis.



Por ejemplo, recuerdo lo mucho que me impresionaron los poemas del libro El Salmón (1996), de Fabián Casas. Al principio me sentí como en esos picados entre desconocidos donde nadie te la pasa (y encima te llaman por el color de tu remera o el rasgo físico más destacable), hasta que después, de manera automática, me hice fan. Todavía releo lo allí escrito como quien no deja de mirar una película con efectos especiales que le parecen maravillosos. No tenía idea de que la poesía era eso, de la misma forma que tampoco sabés que así pueden ser las mujeres cuando conocés al presunto amor de tu vida. Fue en el año 2004 y varios de los poemas me siguen pareciendo geniales. Hay uno, llamado “Después de largo viaje”, que me parece aún más genial que el resto (lo que ya es decir mucho). Comienza con la siguiente tirada de versos:



Me siento en el balcón a mirar la noche.
Mi madre me decía que no valía la pena
estar abatido.
Movete, hacé algo, me gritaba.
Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.



Yo sentí gran empatía con esas palabras porque, sinceramente, es la historia de mi vida, de hecho, “nunca fui muy dotado para la felicidad”. “Martín, dale, vamos, ¿no salís?, ¿qué te pasa?, ¿por qué no fuiste?, ¿qué te quedaste haciendo?”. Ésas son las cosas que más me dicen desde que tengo uso de razón. Ni remotamente puedo considerarme alguien con motivos para ser desdichado, pero debo juntar demasiada energía para conectarme con el afuera y moverme, hacer algo, como grita la madre del poema. Tengo tendencia a ahogarme en un vaso de agua, de la misma forma que Desábato tiende a segregar minorías o Nelson Castro a diagnosticar enfermedades enigmáticas a distancia. Por suerte existe mi hermana que me exhorta a la vida y es exactamente todo lo contrario a mí, que soy Mister Tánatos y, por las dudas, siempre tengo abierta la canilla de la pulsión de muerte. ¿Será por eso que el tema que más me gusta es triste, melancólico y altamente evocativo? Hay que tener cuidado: escuchar “Canción de dos por tres” un domingo a las siete de la tarde puede ser irreversible. Además el título funciona a muchos niveles: a no ser que estés congelado como Walt Disney, lo que dice su letra, justamente, te pasa cada dos por tres en la vida. Es la pieza número 6 de Yendo de la cama al living (1981), mi disco preferido de Charly García.



Por esa época SNM les pasaba el trapo a todos y estaba afiladísimo en la composición. (Aclaro que lo que diré a continuación es completamente subjetivo). Los textos que conforman las letras de las canciones se acercan muchísimo a la poesía y esto no sucede a menudo en la carrera de Charly. No porque lo que escriba sea malo, ni mucho menos, sino porque sin música no se sostienen como lo que habitualmente los rockólogos argentinos reconocen (sin fundamento alguno) bajo el término “lírica” (algo que sucede, no siempre, claro, con Spinetta o Solari), sino como narraciones o aforismos o frases ingeniosas y asertivas (estilo Oscar Wilde o Borges) cercanas al eslogan:



Un amor real es como soñar y estar despierto.



Cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada.



Lástima nacer y no salir con vida.



La mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá.



Cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo.



La alegría no es sólo brasilera.



El disco en vivo (acompañado de un dvd) que testimonia la vuelta de Charly García en octubre de 2009 resignifica “Canción de dos por tres” y la enaltece en forma tal que hasta podría llegar a pensar que justifica este regreso apurado. Inclusive García canta a la perfección porque su voz por momentos literalmente rota le otorga al tema aún más dramatismo y vitalidad. La banda, por su parte, respeta minuciosamente los arreglos originales. Pero ¿de qué habla “Canción de dos por tres”? Por un lado, se podría pensar en el contexto determinado en que fue grabado: con la dictadura en retirada hablar de “tijeras del mal”, “no (…) volver nunca más” parece elocuente. Ésa es la interpretación más exacta pero también la que menos resistirá los años: cuando un oyente del año 2090 la escuche no pensará automáticamente en Videla y cía. sino en el paso del tiempo, en la necesidad de hacer borrón y cuenta nueva y escapar del pasado, en las pálidas figuras que se nos acercan y fingimos no ver para la comodidad de nuestro ego. En fin, cuestiones que le sucederán al paparulo que es el ser humano ayer, hoy y mañana.



Canción de dos por tres- Charly García



No tengo nada que hacer,

no tengo nada que dar,

no encuentro la magia

en mi manera de hablar,

no quiero volver nunca más.



Todos podemos perder,

todos podemos ganar,

entre las sogas del circo

y las tijeras del mal,

no quiero olvidarme de hablar.



Las pálidas figuras se acercan hasta mí,

mi mente tuvo dudas y fingí que no las vi.



Ya no quiero vivir asi,

repitiendo las agonías del pasado,

con los hermanos de mi niñez.



Es muy duro sobrevivir,

aunque el tiempo ya nos ha vuelto desconfiado,

tenemos algo para decir.



No es la misma canción de dos por tres,

las cosas ya no son como las ves.

11 versiones del post:

Hernan dijo...

eh! qué lindo post!

hacía mucho que no dejaba comentarios acá. siempre te leo.

te dejo el link de un blog de un amigo, muy amigo, porque tu post me hizo acordar a él y lo que escribe.

http://escaleracontiburonestextos.blogspot.com/

saludos

Julieta dijo...

Es muy cierto aquello de que lo que bsucamos es identificación, reflejo, creo que antecede incluso el encuentro, podemos incluso escuchar aquello que queremos, seleccionar lo que nos sirve, desechar lo que no encaja.
Yendo de la cama al living también es mi disco preferido de Charly, no pensé mucho por qué, tal vez porque lo tengo pegadito a Pubis Angelical que es una introducción genial. También tiene muchas canciones que me gustan mucho, sobre todo "Vos también estabas verde".
A mí me gusta cuando en Canción de dos por tres dice: "no quiero olvidarme de hablar"
Mucho espejo.

Julieta dijo...

me quedé pensando,
la poetomancia de la que habla Julio (http://a-contraluz.blogspot.com/2010/04/poetomancia.html)es un buen ejemplo de qué buscamos.

Flaco dijo...

TOTALMENTE DE ACUERDO






Es tarde como para que me funcione la cabeza y te deje un comentario como la gente, varias veces ya pase por acá y no deje uno y siempre me digo, el pibe este se rompe el culo escribiendo par que yo ponga una huevada... pero como se que no voy a volver mañana te dejo uno ya

Fix Perez Bracamonte dijo...

Para mí la etapa insuperable de las letras de Charly es el período de la Máquina. Cosas como Bubulina, Como mata el viento norte, o la del vino y el agua salada (¿ese es el título?) son de lo mejor que escribió. Y ojo que digo letras, porque si tomamos la composición como un todo, el final de Serú y el principio de su etapa solista (Pubis, Yendo de la cama al living, Piano bar) son globalemente el mejor Charly.

Y con respecto a LOST, hay que unirse al grupo de fans de Ben, a ver si lo rescatan, en lugar de dejar que uno de los mejores personajes termine como un mediocre.

SUNRISE dijo...

Es muy interesante el planteo acerca de los gustos artísticos.
La idea de la identificación es, quizás, la más generalizada.
En lo que a mi respecta, suelo dudar acerca de ello en innumerables ocasiones.
Muchos de mis gustos artísticos me han sorprendido totalmente expuesto, virgen a la influencia de un nuevo enfoque, de una mágica vuelta de tuerca, de una ampliación de los mapas que tenía guardados.
En cuanto a Charly, lo acompañé con fervor hasta La Hija de la Lágrima.
Lo voy a querer toda la vida.
Saludos.

Victoria dijo...

creo que ya te he dejado algún que otro comentario. en todo caso,me reitero (uno vive reiterándose) y te digo que me gusta leer las cosas que escribís. excepto todo lo relacionado a lost!
respecto de favio y soñar soñar, supongo que ya habrás leído esto: http://www.lavidadefavio.com.ar/sonar.htm por las dudas, te lo dejo. y antes de que lo leas, presiento que vas a simpatizar con algo que dice "a mi me gusta gozar mis dolores". un grande favio.
te mando un abrazo,corvino

puzzle dijo...

"Miren sino la algarabía que les genera (...) poder juntarse en el Obelisco después de años de creer que estaban solos en el closet."


¿este fragmento significa, indirectamente, que ya no estás tan harto de los gays y sus reclamos como a veces decís ? Puedo leerlo en ese sentido? ; )

Pablo dijo...

Sabina lo tiene claro: una canción no es una poesía, y la musicalidad de la melodía tiene que manifestarse en la letra. Dicho mejor: al fraseo de las melodías le corresponde (en una buena canción) un fraseo aforístico de la letra, que cuando combinan bien te estalla en la cabeza. Versos como "ya me cansé de ser tu fuente de dinero, voy a ponerte esa guitarra de sombrero" no se sostienen como poesía fuera de la canción (como cualquiera puede observar), pero en su contexto es una genialidad, porque la melodía, la letra, los arreglos y el resto de la canción le dan el sentido que la convierte en una frase que se te mete directo al cerebro.
García lo controla; por algo es uno de los mejores compositores de rock and roll de la historia. Es fácil notarlo cuando traduce; por ejemplo

"If you should ever leave me
Well life would still go on believe me
The world could show nothing to me
So what good would living do me"

como

"Si alguna vez te fueras
aún habría primavera
el mundo no muestra nada
a unos ojos sin mirada"

...

Pablo dijo...

....

es extraordinario. No porque la letra sea "poesía" (en el sentido de la recurrencia a figuras estilísticas como la metáfora, la prosopopeya, el hipérbaton, la metonimia, y todas esas redondeces de ricota) sino porque establece un fraseo (lo que vos identificás muy bien como cercano al slogan) que acompaña la musicalidad.

Otro ejemplo es "tómalo con calma, la cosa es así, ya se hace de noche, me tengo que ir" Es una renuncia total a la poesía en favor de la canción (para que dure por siempre, obvio, por eso mismo la hizo así). Yo creo que la clave pasa por ahí, por renunciar a la "gloria poética" por darle a la canción su brillo como tal.

Un recurso (muy de Luis Almirante Brown) es el de cambiar las preposiciones o las conjunciones, para darle "dimensión poética" a la frase. Vos podés decir "sólo quiero estar sobre tu piel" o "junto a tu piel" o incluso "bajo tu piel" y tenés un bolero. Pero si te agarra la tentación de ser un poeta más que un songwriter te mandás con "sólo quiero estar entre tu piel" que, convengamos, no es de comprensión inmediata (¿entre tu piel y qué cosa? ¿y la pilcha?) pero que le agrega una dimensión oscura y sugerente que la hace valer como poesía. Lo que pasa es que, ay, la que paga el pato es la canción. Ya deja de producir ese flash que te pasa un omento cabe en una frase, y una frase cabe en un momento; cuando vivís una situación, y te das cuenta que ese momento se llama "lástima nacer y no salir con vida" , "será porque nos queremos sentir bien que ahora todo nos suena diferente" o incluso "ya me cansé de que me tomes la cerveza, te voy a dar con la guitarra en la cabeza".

Ojo, no es que la poesía esté mal, pero la poesía (la literatura toda) está en el espacio, es una cosa. "correr frente a tí es un deporte que yo hago en silencio" es, paradojicamente, un acto de quietud, de emoción profunda (no lo dudo) pero aprehensible, palpable, concreto. Más todavía si uno se detiene a intentar comprenderlo, pero incluso cuando se emociona "se siente", sin explicaciones. Otro ejemplo es "Y un deseo más un amanecer pueden dar un igloo, y que a la vez sea cierto." No es que esté mal, como poesía es genial, pero la canción hubiera ganado mucho si en vez de eso hubiera escrito "¿te pido un remís?"; menos poético pero más eficaz. O mejor dicho, más musical.

García tiene miles de esos momentos poéticos (y Spinetta de los otros, es otro gran compositor de canciones, aunque aquí lo estoy tomando siempre como contraejemplo) pero brilla más, yo creo, cuando hace canciones. Las canciones son otra cosa: la música está hecha de tiempo, no de espacio; nunca está toda junta en un mismo momento, transcurre. Y por eso le va mejor su carácter de "banda de sonido", su capacidad para sintonizar con lo que uno está viviendo en un determinado momento. Para escribir (o leer) hay que detenerse; pero a veces, si lo que estamos buscando es otra cosa, es mejor bailar entre la gente. Será porque nos queremos sentir bien.

Daniel dijo...

Buenos días. Recordaba mientras recorría las visitas a este interesante post, unas palabras de Sting ante una pregunta en una entrevista sobre la diferencia o el parecido o la similitud entre letras de temas y poesía.
Y el tipo respondía que, según su experiencia y parecer (para mi Sting es un buen escritor de canciones) una letra de un tema podía pasar a la categoría de poesia cuando ingresaba en ella la música, una melodía que podía funcionar como el alquitrán o la pintura asfáltica que uno echa en la rendija de las baldosas de la terraza para tapar una gotera, una filtración y que de esa forma quedase algo compacto, sin fisuras.
La figura es interesante.
No sé si logro trasmitir la idea.
Podría pensarse como que una buena canción es portadora de las palabras, las frases adecuadas, arrastradas y lubricadas por una música que nos dejase protegidos conta las filtraciones o goteras del alma un domingo de lluvia tipo siete de la tarde, digamos.
Recuerdo que Litto Nebbia, en los 70, ante el maremagnum de música de bandas de rock sinfónico que ingresaban deslumbrando con temas (suites) de veintipico de minutos de duración, decía que prefería a veces una canción concisa que en tres o cuatro minutos lo hiciese vibrar que el tedio pretencioso de una composición extremadamente larga. Es una idea. Un lugar por donde entrar a una discusión. Y vale.
Y yendo al punto: pensaba en relación con Charly en el tema "En vía muerta", de "Piano Bar", que no será para la discoteca, el shopping ni el cotillón, pero creo que el tipo encontró allí la forma de decir lo que quería... ¡y cómo lo dijo! Tan es así que al chabón se le debe haber vuelto terrriblemente referencial (después del infierno por el que pasó) como para traerlo de otra manera y siempre maravilloso, reflexivo, intimista y profundo.
Se me vienen frases, se me vienen...

* "¿Por qué... / te quedás en via muerta?..." (Idem)

* "Estamos en la tierra de todos / en la vida..." ("Alicia")

* "El tiempo vuelve a pasar / y nunca pasa nada en Anhedonia..." (Idem, de "Cómo conseguir chicas")

* "En escenarios solitarios / la gente se abre un poco mas..." ("Cinema verité", de "Peperina")

* "Gozar / es tan diferente al dolor..." ("Fanky")

Abrazo desde Mataderos

Daniel