sábado, 5 de junio de 2010

On the rock, el nuevo disco de Andrés Calamaro


¿Llegará el día en que el mundo se argentinice? Habitualmente es al revés. Argentinos que pasan dos semanas en España y vuelven con el acento cambiado (hagan el grupo de facebook, no les voy a pedir copyright). Yanquis que hablan un perfecto inglés y de repente se sacan la máscara y resultan ser argentinos. Siempre el argentino se va a Brasil y vuelve enloquecido con la bossa o el carnaval carioca. No conozco brasileros obsesionados con la chacarera, seguro existen, pero no creo que en Brasil conformen un imaginario social identificable. Un extranjero lo máximo que dice es un “che boludo” afectado. En un ensayo sobre escritores exiliados, Roberto Bolaño dice que los argentinos, a diferencia de otros: “se han nacionalizado y han adoptado las lenguas de sus nuevos lugares de residencia con una naturalidad que nos lleva a pensar si no serán extraterrestres en lugar de argentinos”. Justamente de Bolaño se decía que parecía español, mexicano, argentino y chileno. Es esa capacidad mutante la que hace de Andrés Calamaro alguien tan cercano como remoto, efectivo tanto en las Pampas como en la Madre Patria. Acaso en realidad no haya nada argentino. Acaso el argentino sea el ciudadano del mundo por excelencia. Esto no me parece malo, en todo caso me resulta curioso. Por otro lado, me enorgullecería pertenecer al país de la nada. Creo que hace falta a la armonía universal una gran argentinización. Nosotros estamos derechos, dado vuelta está el mundo.

Una rockola transnacional. Eso parece Andrés Calamaro. Bolero, cumbia, hip hop, tango, “puro rock nacional”, blues, reggae. Esos son algunos de los géneros que cultivó en la última década. Si fuera otro artista, podría correr el riesgo de quedar atrapado en un espacio polémico, como futbolistas que juegan en muchos puestos y al final no son nada. En el caso de la música hablaríamos de un ejemplo de globalización prefabricada, apta para repartir un corte en cada capital de América Latina. Pero Calamaro tiene tal identidad musical que, a no ser raras excepciones (Tinta Roja), siempre cae bien parado (El Cantante).

El Salmón es el disco más añorado y menos escuchado de la historia. Muchos supuestos fans acérrimos quieren que Calamaro vuelva a la jungla narcótica de su departamento-estudio “Deep Camboya”, pero probablemente si le preguntáramos a cualquiera de estos fundamentalistas del descontrol (ajeno, por supuesto) cuál es el tema 15 del disco 3, recibiríamos como contestación una risita nerviosa y una huida cobarde. No extrañan al Calamaro de “My funeral 11” o “Lo que no existe más” o “Presos de nuestra libertad”, sino al de “situación de estupefacientes, rock, fútbol, sala de ensayo”. Y ese Calamaro no es un compositor, es un tipo mandibuelando y haciéndonos reír, un payaso. La verdad es que la gente suele reclamar a las personalidades de renombre (políticos, futbolistas, músicos, actores) lo que nunca se animaría a experimentar en carne propia: humildad, drogas, bondad, eficacia. Calamaro, con razón, se enoja porque le reclaman ser un Anti Marty McFly y volver al pasado turbulento. Estos distraídos de la vida creen que Sgt. Peppers fue compuesto por el LSD, “Promesas sobre el bidet” por la merca y los grandes hitos de Bob Marley por la cannabis sativa. Y esto que escribo no es un alegato moralista en contra de las drogas (estoy lejos de este tipo de presunciones y convencido de que una persona sensible necesita mucha droga para soportar el impacto del mundo), sino un reconocimiento genuino a la creatividad individual y única de un artista talentoso: ni vos ni yo ni tu tío, absolutamente duros y con dos botellas de whisky encima, hubiésemos compuesto “Media Verónica”. Esto es argumento suficiente para afirmar que fue Calamaro, no la cocaína. Repitan conmigo, hermanos: fue Calamaro, no la cocaína.

Por otro lado: ¿qué carajo nos importa lo que hagan los músicos con su vida privada? Aquí asoma la disyuntiva entre el huevo y la gallina, porque es verdad que son los músicos los que se prestan a hacer épica de las derrotas cotidianas (fracasos financieros, rupturas amorosas, catástrofes existenciales) enarbolando la bandera de la autoreferrencia como Dios Todopoderoso, pero ahí debería asomar el gran crítico de rock y mantenerse incólume ante el avance de la frivolidad: Spinetta grabó Los Ojos porque se peleó con Carolina Pereletti, Fito Páez se ablandó después de que conoció a Cecilia Roth, etc. Este tipo de afirmaciones buscan explicar la música por fuera de ella. Nadie con ínfulas de crítico literario diría (a menos que quiera ser considerado un idiota) que X autor escribió X libro porque lo dejó la mujer. En general el consenso sobre la autonomía de la literatura es amplio. Los sucesos de la vida cotidiana cuentan, claro, pero tienen su lugar en las biografías. En la música debería ser igual, lo que sucede es que los críticos de rock no saben nada de música. Y los que saben de música no saben nada de escribir (no hablo de escribir bien, porque nadie sabe en qué consiste eso, sino de elaborar un texto de tal forma que el lector lo termine de leer sin dormirse en el medio). Como en todo, no se puede generalizar, pero más o menos es así. Yo, por ejemplo, a lo sumo le dedicaré un párrafo a On the rock. Porque me gusta escribir, más que “escribir de”: música, libros, política, lo que sea.

Porque estoy hablando de On the rock, el nuevo disco de Calamaro.

(De todos modos, lo que busca el fan que lee una crítica de rock es las impresiones del periodista sobre los temas, qué sensaciones le trae, cuáles son las influencias, a qué género pertenece, de qué versan las letras, etc. Por fuera de las revistas especializadas –destinadas a los músicos-, es inconcebible, en términos reales, una crítica de rock dedicada específicamente a los acordes, la métrica y la armonía).

Desde algunos sectores de la intelligentzia (a la que a veces pertenecemos) se acostumbró a defenestrar a Calamaro por su uso compulsivo de la rima. Jorge Luis Borges y Antonio Machado la utilizaban. También Bob Dylan. La rima es un recurso fónico de la poesía. Como la aliteración o las onomatopeyas. Hacer uso de ella no significa rebajarse a nada. Malversa el caudal poético cuando es forzada, es decir cuando pone en correlación dos términos de idéntica desinencia pero que no guardan conexión semántica entre sí o no capitalizan una sonoridad, digamos, funcional a la canción. En el tema “Voy a dormir”, de Honestidad Brutal, escuchamos:

“Te veo en el club de polo
con mi petiso bartolo
quiero verte el cuadril
voy a dormir”

Pero también en ese mismo disco, “Con Abuelo”:

“Dejaste gloria

y regalaste historia
con tu compás gitano
me llevaste de la mano
a la pequeña gloria
de tocar con él, abuelo
Miguel,
¿nos volveremos a ver?
es difícil saber, Miguel”

A confesión de canciones, relevo de pruebas: Calamaro puede tener fallidos pero también grandes aciertos. Como todos.

Pienso también de Calamaro (porque esto se transformó en una máquina de pensar en Calamaro): muy fácil de imitar, pero imposible de igualar. Calamaro es como Bukowski, si se quiere. Uno lo lee y dice: así escribe cualquiera. Un poco de sexo, un poco de alcohol, trabajos mal pagos, frases cortas. Y lo intentás, obvio. Y te sale una mierda sin nombre.

Como la bola en la ingle del capítulo de los Simpsons, hay cosas que funcionan a muchos niveles. Andrés Calamaro es una de ella. Está en el muro de la quinceañera enamorada. Le gusta a tu papá, que cada tanto mira las noticias y pide mano dura. Te lleva los cd’s en la mudanza tu hermana mayor, la que se fue a vivir con el novio. En fin, se trata de un artista popular que alcanza momentos sublimes. Quizás el único que queda en la actualidad, el último que dio la factoría argentina. Páez ya no llega a las masas con sus discos recientes. Mucho menos García. Ni siquiera el Indio Solari. Calamaro sí, la pega seguido. “Los divinos”, ese tema breve y sabinesco que está hasta en la sopa, es otro ejemplo. El estribillo se deshace en una observación sobre los laberintos del tiempo, que puede estar diciendo que el futuro rebota en el pasado. O absolutamente nada relevante. “Hoy es hoy, ayer fue hoy ayer”. El lado B de este genuino ejemplo inmediato de la frase hecha “una que sepamos todos” es “Todos se van”. Las dos hallan su pathos, su vena poética, en la desolación que invade la ciudad en verano, pero mientras “Los divinos” es un jingle, un buen tema para cantar borracho, “Todos se van” es un temazo que justamente confirma que se podrán ir todos, menos los rebusques mentales de Calamaro para clavarnos en el corazón canciones de puta madre.

“Todos se van” es una balada madura, que recuerda un poco en su ritmo lento a “Carnaval de Brasil”, pero es distinta melódica y conceptualmente. La letra está entre lo mejor que ha escrito Calamaro en su carrera y eso ya es mucho. Especial cuando estamos a contramano de la vida, cuando vamos en la dirección contraria, como el salmón. Empieza con la típica condena del sujeto errante que se siente desfasado de la época que le tocó en suerte (como Desmond Hume): “Tendría que haber nacido antes o mucho después”. Pero el tipo está de vuelta e ipso facto agrega, lacónico: “Además me da igual”. Después sigue con la reflexión existencial: “Podría haber sido cualquier cosa/ Una flor en el balcón/ Algo vegetal”. El estribillo dice: “Y afuera donde es verano/ Todos se van/ Todos se van” y remata con un furibundo “Nosotros parece que no/ Pero también”. Melancolía sofisticada en palabras aptas para todo público. El clímax llega cuando hace referencia (una vez más) a su verso favorito de Miguel Abuelo (aunque sea es el que más ha repetido), aquel que habla del espejo interior (metáfora del alma, se entiende):

Ataba con alambre los pedazos

De lo que alguna vez fue un corazón

Del gran espejo interior.

En sus mejores momentos, Calamaro pronuncia las palabras de tal forma que éstas se hacen presentes en el acto, sean entes psíquicos (un estado de ánimo) o espaciales (una ciudad, una persona).

Muchos invitados. Muchos géneros. Muchos bonus tracks. A Calamaro se le caen las canciones de los bolsillos. Habría que hacer un sesión fotográfica representando esa imagen, la de un compositor capaz de descartar joyas como “Buena suerte y hasta luego” o “Perdiendo el tiempo”. El disco se filtró en Internet a mediados de mayo, con un sonido de muy baja fidelidad. La tapa, de tan retorcida, parece un ambigrama (que recuerda el logo de YPF o un club de fútbol) en el que la C de Calamaro pasa a ser una K, toda una muestra de arrojo e ironía polisémica. ¿Si digo que no me gustó la cumbia con Vicentico (“Las tres Marías”) soy un retrógrado? Me encanta la legitimación progre y paternalista de la cumbia, instalada por personas que jamás en su vida pisarán una bailanta. La cumbia debe valer por sí misma, no porque un crítico de la Rolling Stone diga que suena bien (menciono Rolling Stone porque es un paradigma, también podría decir La Mano o cualquier publicación de rock de cualquier lugar del mundo). Pero hay muchos más: bolero melodramático (“Te extraño”), rock and roll heavy (entre el punk pop y el metal) en la senda de sus momentos más border (se destacan “El pasodoble de los amigos” y el adictivo sesentismo de “GoMontonera”), flamenco pop (“Los barcos”, junto a Diego El Gigala y Niño Josele), rancheras tradicionales junto a Bunbury (“Te solté la rienda”) y un hip hop latino y despechado (“Insoportablemente cruel”) con el cantante de Calle 13 fraseando unas rimas escandalosamente hirientes: “Eres un pedazo de masa que suda grasa de cerdo/ Tú no sirves ni para un mal recuerdo/ Tú eres el desaire forrado con pellejo”.

Ahora sólo queda escuchar y cantar. Les va a gustar. Yo sé lo que les digo. Tengo confianza en la balanza que inclina mi parecer.

19 comentarios:

Koi Cciatranne dijo...

gracias, estaba esperando que hicieras este post.
A mi también me parece que Todos se van es un temazo y es la mejor del disco. En general está bien, aunque ha abarcado tanto que seguramente habrá una canción para cada uno, pero no creo que a una sola persona le puedan gustar todas las canciones.

Hugo dijo...

Todavía no me lo "compré", veremos que tal... no es fácil abarcar tantos géneros y salir bien parado.

Hernán Galli dijo...

El último disco de calamaro va bien como posavasos.

Bolaño, como bien decís, escribe muchas veces tan afectado de otros registros del español, que a veces termina horadando la obra. Curiosamente, parece un autor para ser traducido, y así se "borra" esa contaminación forzada.

Pippo Cipolatti definió a Calamro como una fábrica de hacer canciones. En esa producción excesiva, hay verdaderas gemas, con su pico más alto en Los Rodriguez, y con su primer disco solista como el mejor de su carrera. Después vino esa dulce anarquía, ese vale todo en catarata que confundía producción con creatividad. Nunca voy a entender cómo pueden coexistir en un mismo disco, Te quiero igual y Clonazepam y circo, o Victoria y Soledad y No tan Buenos Aires.

Calamaro es el Sui Generis de los 90's, con la diferencia que los primeros se separaron a tiempo y después vino Charly y su genialidad. Tengo la agria sensación de que Calamaro hará discos iguales de acá hasta su muerte, y que siempre habrá una o dos canciones que se destaquen dentro de esa pasmosa homogeneidad. Será cuestión del grandes éxitos personal que uno edite con el tiempo.


Abrazo de gol

Cine Braille dijo...

Atención en la tapa al signo $ al lado de la K, también. Polisémico.
Bastante de acuerdo con lo que escribiste, con un toque de Hernán: los discos torrenciales de fines de los 90 y comienzos de siglo piden a gritos una editada de la lista de temas del Winamp: la mitad de Honestidad brutal es bárbara y la otra mitad me resulta imposible de escuchar. El Salmón lo mismo, o Deep Camboya.
Ojo Hernán que el primer disco solista es Hotel Calamaro (1984) y no Alta Suciedad. Los tres primeros discos, más allá de momentos, adolecen de una pasteurización pop ochentosa que no me agradaba nada entonces; hoy me traen recuerdos de adolescencia, pero nada más. El primer disco realmente logrado es Nadie Sale Vivo de Aquí, que es buenísimo: el tema homónimo, o el glorioso Pasemos a otro tema, Pero sin sangre, Con la soga la cuello, Señal que te he perdido... Me da bronca que esté tan olvidado: salió en 1989, el país se caía a pedazos, había otras cosas en que pensar ¡pero no puedo creer que nadie le dio bola entonces a ese discazo, y aún hoy eso no ha cambiado!
E'cir, o sea.

Anónimo dijo...

Vagabundo habitante de este mundo
Se regodea ante la mas vaga idea
Apuesta su destino en un vaso de vino
No ve nada por fuera de su aldea

Luaro dijo...

Realmente solo la tilingueria argentina puede soportar bodrios como calamaro o tener de idolos mamarrachos como Sabina. Lo creia inteligente hombre, para intentar algo a Calamaro le hacen falta un buen profesor de canto, otro de musica y otro de literatura.

Lisandro dijo...

los comentaristas, que fauna! cómo se puede ser tan tajante? desde dónde? estoy a punto de caer en el craso error de enroscarme con ellos y no con el brillante texto. Pero no. A little respect.

A mi me gustó mucho el disco, hace poco lo fui a ver acá en la plata y la rompió.

me quedo con "el perro":

"Nadie dice esta boca es mia / pero me hacen denuncias por apología /mientras tanto pasan factura / son los paladines de la mano dura / a veces sufro si me dan lo peor / seguro el ministro no toma Blancaflor"

salud corvino.

Ernes dijo...

la cocaína no, el faso puede soltar a alguien. Pero estoy seguro que sin LSD muchos no llegaban a donde llegaron. Sino pregúntenle a Lennon

Martín Zariello dijo...

Yo creo que Nadie sale vivo de aquí tiene su merecido reconocimiento. El primer disco bueno de Calamaro igual, para mí, es Por mirarte. Los dos primeros, Vida cruel y Hotel Calamaro no me gustan para nada. Nada más. Chau, no sé si tengo hambre, no comí o me olvidé (?).

Santiago Segura dijo...

VIda cruel me gusta, tiene Acto simple que es una de sus grandes canciones olvidadas. Y Por mirarte es buenísimo también.

Cómo son las cosas... recuerdo que a comienzos de la década a Calamaro lo mataba todo el mundo, El salmón fue destrozado por todos -me acuerdo que compré el quíntuple a cuarenta pesos, post 1 a 1 y antes de su retorno- y ahora resuta que es el disco de la década que se fue... si me habré cansado de defender a Calamaro de todos los que lo criticaban (ahora varios de esos lo van a ver!). Pasó de ser el peor al más groso, y aunque no creo que sea ni una ni la otra, ya está instalado en la cultura musical argentina (!) y en el panteón de los grandes solistas que dio el rock de acá. Ni hablar.

Del disco aun no puedo hacer un gran análisis, pero:
- Sí, Todos se van es la mejor, y le sigue de cerca Insoportablemente cruel (la rompe el de Calle 13).
- Te solté la rienda está de más, y la cumbia tampoco me gusta.
- Los temas rockeros aún no sé si me gustan o no, a excepción de El perro, que hace rato debió haber visto la luz. Que edite ahora ESA letra, que hizo hace tanto -crisis 2001- tiene algo de palo para los gobernantes actuales? Sería raro porque más de una vez les levantó el pulgar... los artistas, en fin.

augusto dijo...

Espero que sea mejor que el normalito La Lengua Popular.
Sobre las drogas: es bastante mala leche lamentarse porque Andrelo no toma más pero hay algo que es verdad y no me averguenzo de decir: sus mejores canciones fueron compuestas en una etapa turbulenta y luego de la rehab tanto el Palacio como la Lengua no fueron lo mismo de antes. En fin, el tipo es un talentoso así que ya llegará el otrora glorioso disco en el marco de una vida sana. Quizás sea On the Rock. Vamos a escucharlo.

Saludos

Inmanente dijo...

Off Topic, Me pareció que esta cita te podía caber, a vos que te gustan estos jueguitos comparativos:

…la vida es paródica y necesita una interpretación.
Así, el plomo es la parodia del oro.
El aire es la parodia del agua.
El cerebro es la parodia del ecuador.
El coito es la parodia del crimen..
GEORGES BATAILLE
L'anus rolaire

pd: en que libro viene?

Santiago Segura dijo...

Augusto, tanto El palacio de las flores como La lengua popular tienen varias -muchas- canciones de la etapa tóxica de AC. On the rock también tiene un par.

Martín Espinosa dijo...

Me gustó el nuevo disco, aunque me parece que no supera a LLP (creo que ese fue su mejor disco junto con El Salmón). En mi opinión las mejores canciones: "El barco", "Todos se van" y "Los divinos" en ese orden.
Coincido en todo lo que decis con respecto al "pedido" a Andrés para que vuelva a su etapa tóxica (hay mucha hipocresía e ignorancia alrededor de ese reclamo)
Los artistas hablan por su obra y Calamaro sigue hablando un idioma digno de ser esuchado y disfrutado.

PD: primera vez que entro al blog, muy bueno.

Tomás dijo...

me hizo acordar al logo de la cgt la tapa, después lo busque en google y me di cuenta que no era muy parecido.
saludos.

Koi Cciatranne dijo...

El POr mirarte estaba bueno, pero le sobraban algunas tonterías. El Vida cruel es insufrible, salvo 2 que sazan. El Hotel Calamaro es simpático, yo me lo tomo como frikada de juventud.

Pero Nadie sale vivo de aquí es un pedazo de disco y creo que eso lo reconoce culquiera que conozca la obra de Calamaro.

A mi La lengua popular me gusto cuando salió y con el tiempo me ha dejado de gustar. En cambio este On the rock intuyo que con el tiempo me gustará más que lo que me gusta ahora.

augusto dijo...

santiago: sabía que había un par de canciones de la etapa anterior en los nuevos discos. Que me lo recuerdes refuerza la idea de que el contexto no solo se nota en la letra, sino en la música misma. Yo capto al New Calamaro en el sonido y no en las letras.
La toxicidad se escucha también ja. Abrazo

Martín dijo...

Estos posts van como piña, tengo que escuchar el disco!

Anónimo dijo...

good points and the details are more specific than somewhere else, thanks.

- Murk