sábado, 2 de octubre de 2010

Cómo hacer cosas sin hacerlas

El flaneur era el sujeto paradigmático de la modernidad. Aquel inmortalizado por Baudelaire, viviseccionado por Benjamin y serializado a través de millones de trabajos prácticos de "estudiantes de Letras", esa casta de entes multiformes que, algunos juran, sólo son seres humanos con problemas.

Flaneur, entonces, llamábamos al paseante ocioso de las grandes ciudades con gusto por el spleen que, entre la multitud y el despliegue tecnológico, se perdía en el anonimato. Su naturaleza tiene algo de voyeur (mira y no es reconocido por el objeto de su avistamiento) y hasta es complejo discernir las dos categorías. Este último, sin embargo, es más propio de la posmodernidad porque implica cierta idea de inmovilidad corporal muy presente en nuestra vida cotidiana. El tipo que se sentaba, prendía la PC y fisgoneaba información audiovisual sin intervenir, puede ser cualquiera de nosotros. ¿Quién no es lector de un blog y no comenta nunca? ¿Quién no se perdió en los laberintos fotográficos de los perfiles de facebook?

Pero ya la pornografía amateur que circula masivamente por Internet intenta traspasar los límites del espectro voyeur, es decir, la pasividad. En vano, claro, porque jamás una imagen reemplazará el cuerpo. Se trata de videos caseros en los que la filmación se graba desde la óptica de uno de los dos involucrados, generalmente el hombre. Un montaje que, como en un videojuego de acción en primera persona, coloca al espectador en el papel de personaje principal. Eso sí, la pistola no es la misma. Corona, Sofovich, Miguel del Sel, tengan cuidado, les estoy pisando los talones.

Aclaración referente al párrafo anterior: todo me lo contó un amigo.

Mi amigo también afirma que recién cuando la cantidad de videos de sexo oral practicado por mujeres a hombres equipare a la de hombres a mujeres, se podrá pensar en una sociedad que iguala los derechos entre los dos sexos. Mi amigo dice que su observación podrá parecer superficial (a mi juicio, propia de la mente de un sexópata), pero según su trastornada subjetividad, es la norma que rige el mundo. Quién se la chupa a quién, ésa es la cuestión, agrega mi amigo, mientras emula con su boca y su mano unos gestos obscenos que provocan mi rechazo más profundo. De ahora en más no lo invitaré a participar de mis textos. Pido disculpas.

En fin, debemos reconocer que, en tecnología y perversión, los japoneses siempre están un paso adelante. Apelando a la genealogía misógina del hentai (animé porno), hace poco tiempo se publicitó la censura a un videojuego cuya misión consistía en violar a la mayor cantidad de mujeres posibles. De todos modos y por más que nos horroricemos, esa lógica virtual es clave para comprender el funcionamiento de las herramientas de Internet 2.0. Eliminar el intermediario. Ya que la objetividad es una quimera, recalar en lo subjetivo sin ninguna clase de miramientos.

Generalicemos que nadie nos lee. Da la impresión de que mirar sin ser visto, característica básica del voyeur, es la condición neurálgica de un sujeto social perimido o en vías de extinción.

Empezamos a opinar y, ¡cataplum!, pusimos de rodillas el concepto de periodismo y de consumidor estático de medios. ¿Quién se la chupa a quién, eh?, pregunta mi entrometido amigo y me guiña un ojo buscando mi complicidad sin obtener respuestas.

La interpretación semiológica de la tapa de Clarín. La deconstrucción de los textos de los columnistas del establishment mediático. El análisis estructural del relato. Son todos hits del progresismo actual que comenzaron a difundirse a partir del conflicto con el campo y en la blogósfera. Gvirtz los puso en circulación hasta volverlos redundantes. Felicitaciones. La repetición del código neutralizó su efecto. Reconozcámosle algo al mercenario: era necesaria esa institucionalización discursiva impensada. Pues bien, existe un alto riesgo de que se banalice. Por eso es preciso un cambio de rumbo en la estrategia comunicacional del gobierno. Hasta nuestras abuelas hoy miran la tapa de Clarín con un marcador rojo y una regla. Los blogueros K incidieron profundamente en la creación de un nuevo sujeto político: el espectador de 678. Un tipo bastante insufrible por cierto, pero, a simple vista, mucho mejor que el fan de Nelson Castro. Aunque sea en el plano retórico, más preocupado por la memoria histórica que por su culo. De otra loca forma, no se entiende tal obsesión en temas como Papel Prensa, hijos de Nobles, Ley de Medios. Quiero decir que eso es indudablemente mejor que Inseguridad, suba del tomate, Prende y Apaga, etc.

Pero ahora queremos más. Hubo un tiempo que fue hermoso. Creímos que el blog nos iba a dar todas las respuestas a nuestras preguntas. Pero ya no cumple con las expectativas. En fin, nos cansamos de vivir en no lugares. De no hacer nada. La experiencia volvió a cotizar en el mercado de paradigmas. Pero ¿qué podrían contar “personas” como nosotros? O no pasa nada o no tenemos la convicción suficiente o la capacidad o la costumbre o ¡la vida! para ensuciarnos las manos con mierda.

Y además una mala noticia que se nos pasó por alto hace rato: no se puede estar en todos lados al mismo tiempo. Juro que lo intento pero es imposible. Ni saber todo sobre todo. Es como dijo el pensador contemporáneo Bichi Borghi: “Un jugador polifuncional es el que no sabe jugar bien en ningún puesto”.

La solución mágica, entonces, es asistir sin estar. Las redes sociales, ya sea facebook o twitter, son estrategias que otorgan al individuo la posibilidad de formar parte de algo (una ideología, una causa social, un grupo de amigos, un acontecimiento) sin poner el cuerpo.

Pero a veces ni eso basta. "Yo no voy a soportar un golpe de Estado en Ecuador", el lema de un grupo de facebook, explicita a las claras esta imperiosa necesidad de participación. En pragmática, el verbo compuesto "(no) voy a soportar" es lo que Austin denominó en Cómo hacer cosas con palabras una expresión performativa, aquella que a través de su enunciación signfica la realización de un hecho. "No voy a soportar" da a entender que, de seguir las cosas de este modo, viajaré a Ecuador en el próximo vuelo y me alistaré en una milicia para la liberación de Correa. No es un pensamiento en contra o a favor, es un acto.

Enganché una película en la tele. Era tan mala que la tuve que ver un poco. Un cago de risa. Viggo Mortensen, con un bigote hitleriano, es el desalmado comandante de una unidad de soldados a los que somete a una serie bestial de experimentos de guerra. Una mujer forma parte de ese grupo y lucha estoicamente por ser aceptada entre el terrible enjambre de machos alfa. La Teniente O'Neil. Un argumento de feminismo soft apto para todo público, entre otras muchísimas razones (hay miles) porque la "actriz" protagonista es la olvidada Demi Moore (¡rapada!) y en un par de escenas se la ve con una musculosa ajustada y un short que desmantela cualquier ínfula transgresora del director. ¿Puede haber una mirada feminista si se cosifica a la mujer a un par de tetas operadas?

¡Pero no! Mi intención era hablar de esto al pasar. Como quien no quiere la cosa. Mencionar sólo ese diálogo con una verdad de perogrullo. Uno de los villanos comandantes pregunta a la pobre O'Neil:

-¡¿Sabes para que sirve el dolor?!

-No- contesta ella, mientras se retuerce en un ejercicio físico espeluznante bajo la tormenta.

-Para darte cuenta que estás vivo.

Echemos un manto de piedad.

El problema, entonces, no es unirse o no al grupete en boga, ni retwittear lo que tipea un testigo directo de la noticia que paraliza al mundo, sino preguntarnos si eso a lo que nos unimos, eso que manifestamos de mil diversas formas en la red y es dramático (¡un golpe de estado, baby!), nos duele hasta hacernos saber que estamos vivos.

O es simplemente una representación, una puesta en escena, un teatro para sentirse parte de y pensar yo estuve ahí.

O diversión.

Como cuando te bajás un disco que es lo último de lo último y te gusta. Uf, un millón de hipster no pueden estar equivocados.

Extraño híbrido: una inquietud indiferente. Me alistó en la consigna bienpensante y me voy a freír un churro tranquilo porque ya formo parte del grupo selecto.

Pulsar el botón izquierdo del mouse en ese puto “me gusta” trivializa cualquier causa. Es innegable que la información corrió como reguero de pólvora en twitter. La cuestión es que, al contrario de lo que se cree, esto sirvió, esencialmente, para volver menos verosímil uno de los acontecimientos más reales (si esto es posible) de los últimos tiempos. La guerra del Golfo no ha tenido lugar. Hiperrealidad a la enésima potencia que termina por atrofiar el sentido de autenticidad. La era de la reproductibilidad técnica no es compatible con la épica. El esplendor fálico de Correa desanudándose la corbata en el balcón, aunque no lo sea, parece una gran farsa.

Si hubiésemos visto en vivo y en directo a San Martín y Bolívar en la reunión de Guayaquil, bajo la lluvia de flashes, rápidamente habríamos murmurado:

“Estos tipos están actuando: mirá cómo se dan la mano, mirá el gesto que hizo Bólivar cuando el otro no lo vio. Es todo para los medios, boludo”.

A Roberto Benigni, además de películas muy malas, se le atribuye la idea de que si Platón o Shakespeare fuesen contemporáneos y aparecieran a menudo en tv, no tardaríamos en considerarlos unos boludos, al igual que sucede con mediáticos como Guido Suller o Jacobo Winograd.

Elipsis.

Los medios son los fierros, pero ¿acaso fue un ejército de twitteros el que salvó a Correa? ¿Por qué será que estamos persuadidos de que algo que no existía hasta hace dos meses es indispensable para nuestra vida? Porque si fuera el periodismo, vaya y pase, pero ¿no sientes, oh amado lector, que pasas demasiado tiempo frente a esta pantalla? Pareciera que si nos salimos de facebook o twitter nos quedamos sin respiración, ¿no? ¿Qué es ese escalofrío en la espalda cada vez que el servidor tarda en conectar? Vamos de una plataforma digital a otra en busca de algo que no se sabe bien qué es pero se supone que todos conocemos. Yo le preguntaría a mi amigo: ¿quién se la chupa a quién?

Apocalipsis Now: ¿y si entretenidos con el fin del periodismo estamos perdiendo de vista el fin de la vida? Me fui al carajo, pero a veces hace falta.

Salgo de Ecuador y me meto en Guatepeor. Todo redunda en la gran pregunta: ¿no es acaso la indiferencia de antes más la hipocresía de ahora? Si quieren mátenme, aquí estoy.


20 comentarios:

Chofer fantasma dijo...

"Generalicemos que nadie nos lee"

me mató remuerto. Sigo leyendo..

Chofer fantasma dijo...

Estimado señor, me gustó mucho. Apuntes: La deslocalización, la aldea global, había quedado sin ágora, o bar, o zoco, que todos esos lugares son de encuentro casual a charlar.
Yo creo que uso los blogs como una mesa donde me tomo un café mientras escucho al coso de la mesa de al lado que habla y rescata la palabra flaneur del olvido remoto.
Y otro uso más: si uno tiene unas ideas que no dan para convertirse en una nouvelle, ni un cuento. Y que además le gustaría ponerle un poco de musica, pero no una película. Desea poner citas para que el amigo lector vaya a las fuentes, o a navegar si prefiere.
Y tiene un grupete de conocidos que pasan cada tanto. Si tiene todo eso que hace? Funda una capilla, o pone un post en un blog

Silvana dijo...

Ni tenemos la convicción suficiente ni la capacidad, ni la costumbre, ni ¡la vida! para ensuciarnos las manos con mierda.
Y es simplemente una representación, una puesta en escena, un teatro para sentirse parte de y pensar "yo estuve ahí".
Y diversión.
Ud no podría haberlo dicho mejor.
Gracias por "Gimme Some Truth", si la habré escuchado sin conocer la letra.

Cine Braille dijo...

Ya llega la época en que preguntarás las medidas de una mujer y te dirán 900 x 600 píxeles...

Mermelada de boludos dijo...

"El problema, entonces, no es unirse o no al grupete en boga, ni retwittear lo que tipea un testigo directo de la noticia que paraliza al mundo, sino preguntarnos si eso a lo que nos unimos, eso que manifestamos de mil diversas formas en la red y es dramático (¡un golpe de estado, baby!), nos duele hasta hacernos saber que estamos vivos.

O es simplemente una representación, una puesta en escena, un teatro para sentirse parte de y pensar yo estuve ahí.

O diversión."

Me calificaría dentro del grupete (si existiera) que "le provoca dolor y me hace sentir vivo". ¿En qué me transforma?, ¿será el estado superior de la evolución humana?, Oh! Niños índigo.
Un desvarío, solo quería sentirme parte.

Nico dijo...

Como dijo anoche el locutor de zapping a un periodista de chimentos que comentaba la misoginia de Fort: "¡Que léxico! Se ve que estuviste leyendo Foucault para principiantes en el subte"

MarianoMundo dijo...

Gran texto Corvino. Me parece crucial para entender qué significa todo esto de las nuevas tecnologías, la conexión y las redes sociales. Me cuesta entrar en ellas, de hecho no lo hice, a pesar de la presión de cientos, por encontrarlas tan estúpidas como enfermizas, pero siento una curiosidad padre por pensar en como son y que pasa en ellas. Creo que tu análisis pinta bastante bien a ese sujeto interactivo que abusa de la red.
Por mi parte, llego hasta el blog.

cacho dijo...

Che, ya estás grande y con suficientes lecturas encima como para no entender la diferencia entre "si no" y "sino". Además, con internet a disposición no hay excusas...

"Se necesita que aclares tu situación sentimental para que los demás la vean. Sino no me creo que salís conmigo."

Va separado: si no me aclarás, no me creo...

"Un tipo bastante insufrible por cierto, pero, a simple vista, mucho mejor que el fan de Nelson Castro. Aunque sea en el plano retórico, más preocupado por la memoria histórica que por su culo. Sino no se entiende tal obsesión en temas como Papel Prensa, hijos de Nobles, Ley de Medios."

Va separado: si no está más preocupado por la memoria histórica que por su culo, no se entiende...

¿Tenés miedo de poner dos veces seguidas la palabra "no"? Eso pasa por leer a Majul...

Patricio Bazán dijo...

Y el flaneur devino en "franela" y "franelero", aquel que da vueltas y vueltas y parece no concretar nunca...

Reconozco que esta vez me paseaste de un lado al otro por todos los temas!
Prometo releer el post con atención, porque lo merece.
Saludos.

Martín Zariello dijo...

Los comentaristas amables creen que me hacen un bien al no avisarme cuando incurro en una falta de ortografía, sin embargo, ya ven, le dejan el pasto a las fieras, el camino libre a piratas del ciberespacio que se dedican a dejar en ridículo a los bloggers. La culpa no es mía (¡¿acaso no me puedo equivocar?!) ni de Cacho (¡¿acaso no hace bien su trabajo?!), sino de ustedes. Debería darles verguenza. Todo esto para no aceptar que soy un pelutdo que no diferencia "sino" de "si no". Saludos.

Anónimo dijo...

Thanks for sharing this link, but unfortunately it seems to be offline... Does anybody have a mirror or another source? Please answer to my post if you do!

I would appreciate if a staff member here at ilcorvino.blogspot.com could post it.

Thanks,
William

María Eugenia dijo...

tengo algunas cositas para decir de la caracterización del flaneur pero está tremendo el post, muy muy bueno. Qué clara la tiene tu amigo!
Saludos

Anónimo dijo...

me gustó mucho el post.
claro no acuerdo en todo y eso es lo mejor.
Estás super culposo de tu blogueritud (o bloguerismo?)[debe causarte un goce devastador jaa]. salí al sol, hacé esas cosas que te parecen vivas y ridículas. Posteas muy seguido, puede ser eso. je
"Esplendor fálico" ha sido honrosamente usado.
vlt.

cacho dijo...

Lo que pasa es que yo estoy contra las personas que leen mucho, escriben bastante y no saben diferenciar entre "sino" y "si no". Son de lo peor! Incluso algunas escriben "sinó", que ya es el colmo de la estupidez ortográfica.

(?)

Nombre dijo...

Creo que ya hay un grupo de facebook contra los que usan sino por si no.

Es el segundo post del Corvino (o post-vino) que comienza con una descripción del flaneur a manera de introducción. Falta uno para la trifecta.

¿En serio actuaba Viggo Mortensen en esa película? Yo la vi cuando era chico, formó parte del triunvirato de féminas calvas de los 90 (Sigourney Weaver, Sinead O'Connor, Demi Moore). Esa época cuando alguien, similar probablemente al de la teoría fellatio-cunnilingus del post, descrubrió que las mujeres nunca serían libres hasta poder también depilarse la cabeza.

Anónimo dijo...

Para mi está bien que se equivoque con el sino. ¿Qué importa?, si todos entendimos lo que quiso decir. Yo ni me di cuenta del error. Supongo que la mayoría de nosotros no se dió cuenta. Es una regla para la elite y como tal debe ser destruida. Reformulemos el lenguaje para nuestra comodidad. ¡Escribamos como el orto!

Otm Shank dijo...

Yo en vez de Lennon hubiera puesto "Chickenshit Conformist"

Anónimo dijo...

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Crítico Nº 2 dijo...

Vengo flaneando como loco los posts, así que voy a pasar a la acción a través de el siguiente coment- incendi-ario: la corrección ortográfica es lujo, o peor: ostentación.

Joaquín Hernández dijo...

su amigo es una habitual lectura del Sr. Z. Bauman? Qué calidad, los comentarios