domingo, 19 de diciembre de 2010

No podría estar más de acuerdo

Al principio fue la inminencia de una revelación que no se producía. Puro arte. Todos callados a la espera de la fantaciencia cerebral.

A la vera del satori. Y nada.

Pero después empecé a sentir que tenía un cerebro muy poderoso. Lo vi. Es un cerebro implacable con neuronas color flúor que van y vienen. Y tocan mi corazón y mis pulmones y mis tripas. Y hay en el centro de mi cerebro un misterio. Mi psiquis, advertí, es una novela policial a la que debo encontrarle el asesino. Y yo soy el detective. Pero me va a costar toda la vida saber qué hay ahí adentro. Yo creo que es una obra maestra. Esto mismo le conté a L y me dijo que a todos les pasaba igual.

-Yo no lo diría con esas palabras, pero más o menos siento lo mismo.

Nuestras mentes están muy superlativas esta noche, ¿no?, le dije. Exactamente, contestó él, siempre son así ellas pero ahora las podemos valorar en todo su dimensión. Su voz tenía sonido estereofónico. Me envolvía. Era como si su voz estuviera ofreciendo un mega-recital exclusivo. Todo lo que decía y pensaba me parecía sublime. Tuve ganas de abrazarlo por ser tan inteligente.

¡Quería levantarme y saltar y romper el techo de ladrillos con la cabeza como Mario Bros!, pero L me aconsejó que no lo haga. Yo ya me había subido a la silla. Antes de bajar tuve una visión panorámica del departamento pero también del curso de mi vida, la economía europea, el arte contemporáneo, la obra de Jorge Luis Borges y la situación política de Haití.

Salimos a caminar, no sé por qué, y el mundo se movía a medida que iba avanzando. Pude percibir cómo giraba sobre su eje y me dio vértigo. Y miedo. Seguía con la pantalla panorámica activada. Estaba en el piso pero a inmensas alturas. Entonces corrí y estuve cerca de la Luna, del Sol, de las estrellas y de Marte. Me mareé. Me acordé de mi mamá y tuve ganas de ir a su casa a darle un beso y decirle que no se preocupe. Me sentí hermanado con los extraterrestres, en un videojuego repleto de travesías.

Nos cruzamos linyeras y parecían clochards.

Nos cruzamos putas y parecían madames.

Nos cruzamos viejos chotos y fachos y parecían ejércitos de Leslie Nielsen.

Todo era mejor y más divertido, pero eso no quitaba ni un poco la sensación de drama existencial que nos acechaba. También se intuía la posibilidad de que pasara algo verdaderamente desagradable: un robo, un asesinato, una violación, un nacimiento.

Estábamos tan cerca del amor

como del odio.

Y nos sentíamos tan vivos

como próximos a la muerte.

Entramos después a un lugar desconocido que resultó un bar y me acomodé en la barra. Las palabras me brotaban como si mi boca fuese una cascada. Me la tapé, porque tuve miedo de estar ofreciendo un espectáculo deplorable. Como no tenía a nadie al lado me empecé a hablar solo. Fue un juego psicológico de excepción. Me conté historias, me enojé conmigo, me indigné con mis respuestas, me enternecí, me conmocioné, me avergoncé, me admiré, me enamoré, fui mi novio y me abandoné por no estar en forma. Y casi lloro. Casi estuve a punto de tirar la toalla, de deprimirme, de volver a mi casa para meterme en la cama, taparme con una frazada hasta el cuello y morir solo en la oscuridad.

Y el televisor sintonizado en T y C Sports emitiendo un partido de River contra Talleres del año 1993.

Pero a punto de caer, resucité. De repente otra vez el bar fue el Submarino Amarillo, el mundo fue de colores y mi cabeza latía al ritmo de una inteligencia indescifrable. Eso es algo que le pasa siempre a los superhéroes, pensé, a Superman, al Zorro, a James Bond, a Batman, siempre los están por acribillar y sacan de la galera una estrategia que deja en ridículo a los villanos. Mi villano es la nostalgia. Ni siquiera podía entender lo que pensaba de tan genial que me había vuelto. Me hubiese gustado en ese momento tener muchas microscópicas personalidades, todas sentadas alrededor de una mesa, tomando whisky e interpretando lo que se me ocurre.

Hasta que se materializó una mujer al lado y me dijo "Hola" y le conté la historia de mi vida. De principio a fin. Una autobiografía oral en media hora. No faltó nada. Hasta los detalles más escabrosos. Dije cosas que ni siquiera sabía. Como el loco Althusser, cada acontecimiento lo reflexioné y lo exprimí hasta convertirlo en una jugada de ajedrez que explicaba mi presente y mi porvenir (que es largo) a la perfección. Ella no dijo una sola palabra. Me miró, primero con los ojos entrecerrados, buscando un símbolo de entendimiento, y después con los ojos bien grandes, tan grandes que mientras hablaba me hipnotizaron. Pude ver el iris, la pupila, la textura de la retina. Cada vez que pestañeaba me quedaba a oscuras y me ahogaba. Escudriñé hasta borrar su cara y su cuerpo y convencerme de que esos ojos eran un organismo vivo distinto al de la mujer que los portaba. Y cuando terminé finalmente dijo algo pero ni siquiera pude saber de qué se trataba. Mi cerebro la puso en MUTE y alrededor de sus ojos era todo gris.

Encontré a L. Él también me contó la historia de su vida y fue extraordinario. Utilizó un lenguaje muy particular para referirse a hechos que yo ya sabía de sobra por conocernos desde chiquitos. Para no aburrirme, inventó un idioma compuesto de palabras novedosas que parecían sacadas de un tema de Luis Alberto Spinetta. Después le conté de la mujer que me gusta, la que "coming soon" va a secuestrar mi estado de ánimo y me va a dejar en un hikikomori severo y quizá terminal. Los hikikomori son japoneses jóvenes y melancólicos que se encierran en sus habitaciones a huevear porque no le encuentran sentido a la vida.

La mujer esta de la que te hablo, L,

es tan brillante

que para mirarla

tenés que usar anteojos negros.

Cayó del cielo, parece el personaje

de alguna canción de Jarvis Cocker.

Es de ésas

que todas las demás odian.

Usa unas polleras alucinantes.

Otra cosa que me dejó el cerebro frito de ella, L,

escuchame bien, boludo,

es el modo en que camina,

una cadencia y un swing absolutos,

como si tuviera las caderas conectadas a un disco

de música lounge.

Es de ésas a las que no les podés marcar territorio

a no ser que te quieras comprar una 38, L,

entonces mejor, mejor no pensar.

Fogwill la describiría mejor,

con sus cigarrillos Marlboro,

su colección de sacos,

la fragancia de su nuca.

Es intimidante,

tiene un pathos sensacional,

con efectos especiales.

Y maneja una ambivalencia

que me da escalofríos.

Está siempre viajando,

como en una montaña rusa mental

y a veces se pone fría

e inescrutable como un iceberg.

L: me preocupa no haberle sacado la ficha,

no haberla decodificada

para ubicarla en la repisa de mis estereotipos

y quedarme tranquilo

mientras me la fumo en pipa.

Y me deja en off side semántico

al menos una vez por semana.

Y a esta altura

eso es algo que mi cerebro fosforescente

no debería permitir.

Al hermano de L, que llegó después, le di una lección de vida. Estaba sobrio y es tan feo que me pareció interesante tirarle unas profecías. No sabe qué estudiar ni adónde ir y la chica que lo vuelve loco sale con uno treinta mil veces más grande, algo que suele ocurrir a los diecisiete. Entonces lo tomé de los hombros con las dos manos, lo miré fijamente a los ojos y le dije, a los gritos (porque la música estaba muy alta), lo que le iba a pasar. Alrededor nuestro todos se movían en cámara lenta:

"Vas a estar de novio cuatro o cinco o seis años, a punto de irte a convivir, a punto de tener un hijo, a punto de llegar al centro del más grandioso Amor nunca jamás visto y de repente se termina todo. Vas a trabajar en lugares espantosos y vas a tener que encerrarte en el baño a llorar porque estás tan perdido que no sabés ni cómo te llamás. Te vas a sentir solo como un perro. Vas a culear o ser culeado. Ojalá tengas suerte según sea tu preferencia. Vas a vivir de recuerdos. Cinismo, nihilismo y todo aquel "ismo" que represente una postura absolutamente opuesta a la que tuviste en algún momento marcarán el rumbo de tu vida. Te vas a creer de vuelta cuando ni siquiera empezaste a caminar. Vas a dejar atrás el romanticismo, vas a aprender, sí, un día, a especular en el amor y calibrar cada decisión como si se tratara de un asunto de Estado, pero cuando ya nadie te quiera. Vas a pasar del porro a la merca. Del blog al twitter. De la bici a la moto. De pensar que tu vida la dirige Spielberg a pensar que la dirige El Señor Spielbergo. Pero vos, vos vas a ser siempre el mismo pelotudo. Y después te morís".

Le gustó. Se cagó de la risa. "Nostradamus", gritó. Y empezó a bailar reggaeton. Las nuevas generaciones, una de dos: no entienden un choto o entienden demasiado.

Creo que el futuro será una guerra entre psicóticos.

Yo estoy en una edad bisagra: no sé si pertenezco a las nuevas generaciones, no sé si tuve una generación, no se si tengo Dios, no sé si existo, no sé si creo en el amor, no sé si me equivoqué, no sé un carajo y prefiero quedarme callado y dejar hablar al viento.

Cerca del amanecer, mientras caminamos por Independencia, L me enumera qué cosas descubrió de las mujeres desde que ya no es un pendejo:

-Las piernas principalmente. Dice que estaban ahí y no las veía.

-La nuca.

-La espalda y sus omoplatos.

-Los hombros.

-Los lunares. Que también, dice, pueden ser un lugar.

-La ingle.

-El cuello.

-Las clavículas.

-Los tobillos.

-Y el arco de un pie puede ser hermoso.

-Las manos.

-El esternón.

Exceptuando las clavículas, le digo, no podría estar más de acuerdo.


22 comentarios:

Cine Braille dijo...

Qué feo sentirse para la mierda y no poder quedarse solo.

Matías dijo...

"Vas a estar de novio cuatro o cinco o seis años, a punto de irte a convivir, a punto de tener un hijo, a punto de llegar al centro del más grandioso Amor nunca jamás visto y de repente se termina todo. Vas a trabajar en lugares espantosos y vas a tener que encerrarte en el baño a llorar porque estás tan perdido que no sabés ni cómo te llamás. Te vas a sentir solo como un perro. Vas a culear o ser culeado. Ojalá tengas suerte según sea tu preferencia. Vas a vivir de recuerdos. Cinismo, nihilismo y todo aquel "ismo" que represente una postura absolutamente opuesta a la que tuviste en algún momento marcarán el rumbo de tu vida. Te vas a creer de vuelta cuando ni siquiera empezaste a caminar. Vas a dejar atrás el romanticismo, vas a aprender, sí, un día, a especular en el amor y calibrar cada decisión como si se tratara de un asunto de Estado, pero cuando ya nadie te quiera. Vas a pasar del porro a la merca. Del blog al twitter. De la bici a la moto. De pensar que tu vida la dirige Spielberg a pensar que la dirige El Señor Spielbergo. Pero vos, vos vas a ser siempre el mismo pelotudo. Y después te morís".

Genial.

Chofer fantasma dijo...

Texto transcripto del making of "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band".

Ezequiel M. dijo...

El futuro?
yo pensé que ya era una guerra entre psicóticos

Billy dijo...

Muy bueno.

a mi me caben mucho más las claviculas que los tobillos.

lauti dijo...

está hablando del fassssso

Anónimo dijo...

Muy bueno!
El mejor quizás.
Saludos y gracias

Flor dijo...

Y hay en el centro de mi cerebro un misterio. Mi psiquis, advertí, es una novela policial a la que debo encontrarle el asesino. Y yo soy el detective. Pero me va a costar toda la vida saber qué hay ahí adentro. Yo creo que es una obra maestra.

También me encantó la descripción de la mina. Muy melancólico el texto, me generó un estado aplastante. Pero me encantó.

Saludos!

Tan adulador que no doy nombres... dijo...

que grande!!!
excelente... de lo mejorcito de los pseudo-cuentos.
Rastreo "la escritura del Dios" ¿puede ser? (por sino lo sabías, no tenés obviamente porqué saberlo, es mi cuento borgeano favorito).

acabas de ocupar el noveno lugar en la lista de personas con las que me sacaría una foto... (???)

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel

Martín Zariello dijo...

Ah, quería aclarar que la foto me la robé de otro blog, es cómo sería la visión de Mario Bros. Me pareció ultra zarpado.

Anónimo dijo...

Todo esto es verdad y no se consigue en las escuelas de negocios.

Punto altísimo, Corvino. Un abrazo grande.

M. Ajeno

Anónimo dijo...

ey!
la voz!


vlt.

Martín Zariello dijo...

De este blog me robé lo de Mario Bros, no sé por qué me pero me agarró culpa:

http://blogtitlan.com/2008/05/como-ve-su-mundo-mario-bros/

Qué pasa con la voz? Ey!

Anónimo dijo...

Lo leí dos veces y me encantó.
Lo leo por tercera vez y te cuento, algo le voy a encontrar para que no me guste tanto, no sé, quizá la Avda Independencia la reemplazaria por la calle Dorrego, veremos.
JP

Anónimo dijo...

en la lista de L!
la voz!



vlt.
pd: notaste cómo nos gustan las listas a los internautas?
pd2: yo amo la pd, desde que empiezo a escribir ya la pensé ja.

Anónimo dijo...

Jaja, bueno, no me pareció importante.
Ahí va:
Alito

Pero quería decir que, de los cuentos corvinescos, me pareció uno de los mejores.

A******* dijo...

Joder, ¿no?

Anónimo dijo...

(L)os (S)ábados (D)ifíciles

Imposivle dijo...

el texto entrecomillado del "...y después te morís" vale como antiapología de toda una generación.

Matias Mandagaran dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Isis dijo...

te escuche leerlo el otro día en sibelius y lo tuve que venir a buscar para repetirlo en mi cerebro menos fosforescente,
es brillante!
Isis