martes 29 de marzo de 2011

Adivine de qué trata este post


Especialistas en el amor (¿quiénes son esos tipos?) afirman (¡¿cuándo?!) que toda pareja (¡¡¿está científicamente comprobado?!!) debe atravesar (¡¡¡¿de qué forma?!!!) "la comezón del séptimo año". Evidentemente se trata de una teoría importada que ha venido a colonizar nuestra subjetividad periférica ya que un término de la tesitura de "comezón" no puede ser pronunciado por un rioplatense sin que éste sufra una soberbia patada o puñalada o tiro en el culo, la espalda o la cabeza respectivamente. Es casi como decir "chévere" ante un acontecimiento que nos agrada, como decir "chinga a tu madre" cuando odiamos a un tipo, como decir "lavabo" en lugar de "pileta". Así podría seguir durante años: la enumeración innecesaria es el opio de mi mente. De todos modos (¡y qué modos, señores!), si uno se interesa e investiga, es decir, si uno googlea, acaba por comprender que ahora la comezón es al cuarto año, lo que denota una adecuación espacio temporal acorde a la duración (por demás finita) de las parejas actuales. Si me guío por mis últimas experiencias podría asegurar que la comezón empieza a las tres semanas y, por qué no, a la tercera cerveza (de 750 ml). Sin embargo, como bien dice el dicho, siempre es mejor dejarse llevar por la empírica de David Hume que por la de Martín Zariello, personaje que se ha entrometido demasiado en este texto y, por lo tanto, vamos a proceder a asesinar.


Bang, bang, bang, hojas muertas que caen.


Ya muerto el autor (gracias Roland) se sabe que la comezón del séptimo año de una banda de rock sucede en el tercer disco. Es en ese trabajo que los rockers deben confirmar (o no) lo que han prometido en sus dos primeros albums. Es la mayoría de edad del rock. Y no todos pueden superar el escollo. Es que los rockstar también tienen problemas. Los vemos siempre en el póster sacralizado del imaginario social, rodeados de modelos, aspirando cantidades industriales de cocaína, tirando televisores por la ventana, pero sin embargo ¿alguna vez pensamos en Juanse como un padre de familia que debe llevar a sus hijos a la escuela y luego ir a buscarlos? No. Tampoco sé si Juanse tiene hijos, pero ¿qué importa?... En fin. Podríamos ofrecer miles de ejemplos de bandas que desaparecieron atrozmente luego del tercer disco, bandas que sucumbieron a la terrible comezón, bandas con integrantes que se suicidaron ¡o directamente se mataron entre sí por no poder soportar la prueba de fuego! Pero la Comisión Mundial de Rockología está tan de acuerdo en este aspecto, que preferimos quedarnos en un silencio brutal y tal vez enigmático y, de buenas a primeras, pasar al próximo párrafo.


No hace falta aclarar, después de esta clara y concisa introducción, que nos referimos al tercer trabajo de La Perla Irregular. Y la pregunta que todos nos hacemos es si La Perla Irregular ha superado el escollo nodal del rock. Si fuera el conductor de un programa de TV dejaría la respuesta para después del corte. Pero lamentablemente estamos en el ciberespacio, atrapados sin salida y sin solución de continuidad. Por lo tanto diré (a los gritos) que sí, que La Perla Irregular eludió cualquier inconveniente creado en las oscuras mentes de los rockólogos (¡músicos frustrados que gastan su energía en intentar frustrar músicos exitosos!) con un disco tan bueno que dan ganas de escucharlo diez veces mientras se lo recomendamos a todos nuestros compañeros de curso. Se llama Rafael y en el panorama del rock argentino es el primer disco del año que uno sabe que estará en las listas de lo mejor del 2010 (?). O aunque sea en aquellas elaboradas por bien nacidos. Rafael cumple todas las promesas de los dos primeros materiales (el homónimo y La novena utopía) y más. Es un disco clásico y moderno en el que confluyen la simpleza de las melodías pegadizas y adictivas con la sofisticación musical y lírica de un grupo que remite al rock psicodélico de fines de los 60’ (desde Almendra a The Beatles). Esta relectura del pasado no implica la imitación o una suerte de mero movimiento epigonal. Es todo lo contrario a la copia de una fórmula (algo patente en dinámicas de influencias del tipo Callejeros-Redondos). Fabián Casas comienza su obra actualizando la poesía Giannuzzi con el lenguaje y la respiración de su época hasta encontrar su propia voz. The Strokes sintoniza el mismo canal que Television pero en clave pop. Fito Páez armoniza los universos aparentemente antagónicos de García y Spinetta y edita El amor después del amor, uno de los mejores discos del rock argentino. Nadie nace de un repollo. No existimos sin tradición. Lo único que nos queda es construir perspectivas artísticas novedosas partiendo desde ella. Hay bandas, escritores y directores de cine que son muy originales, que no poseen genealogía alguna y además se visten muy bien. En la mayoría de los casos, a excepción de un par de hipsters, no logran conmover a nadie. La originalidad no es una cualidad necesariamente positiva, es sólo un invento de los Egos de algunos tipos trastornados del Siglo XIX Occidental. Y debemos desconfiar seriamente de lo que hicieron esos tipos en el mundo.


PD: De existir Dios, temas como “Guadalú” y “Sólo jugar” serían hits masivos.


PD 2: No estoy tan seguro de que la originalidad sea “sólo un invento de los Egos de algunos tipos trastornados del Siglo XIX Occidental”, pero la frase queda bien.


domingo 27 de marzo de 2011

Hay una tal Cristina

Corvino dice:


Son todos peronistas?


Matias dice:


Parece que si, que vuelve la generación peronista


Corvino dice:


Si, parece, jaja


Hay una tal Cristina, no sé bien quién es, pero parece que la siguen muchos jóvenes.


Matias dice:


Sí, algo de eso escuché, no sé bien qué es.


Corvino dice:


Si, también un tipo que se murió en octubre.


Che, con los años nosotros vamos a decir que miramos todo desde afuera, no? No militamos, no estamos en contra, es raro.


Matias dice:


Sí, vamos a quedar como unos idiotas


Corvino dice:


Si.


Nuestros hijos nos van a bardear por eso.


Tendrán razón.


Matias dice:


Tal cual.


Van a decir, sólo escribían boludeces en blogs


Corvino dice:


De hecho tendrán razón, le voy a decir: tenés razón hijo mío.


Matias dice:


De hecho ya la tienen


De todas maneras tal vez empiece a militar, tengo un amigo de la Cámpora que siempre me insiste, iría por él, porque es una persona inteligente


Corvino dice:


Lo que pasa es que a mí no me convence, tienen todo un discurso que no me lo trago ni ahí, son como panfletos que repiten y nunca me doy cuenta si lo hacen porque están convencidos o porque quieren pertenecer a algo y hacer cucharita con muchachas peronistas (lo que no desapruebo en absoluto).


Matias dice:


Y bueno, está ese discurso nacional popular digerido y uniforme y del otro lado un discurso intelectual y snob no menos digerido y uniforme. Habría que ver cómo uno puede transformar ese discurso, hacerlo más sutil, más inteligente.


Corvino dice:


Claro, lo que pasa es que hay una parte del kirchnerismo que es muy burda, muy propaganda del fútbol para todos, eso me inquieta.


Matias dice:


Sí, esa es la cagada, que de alguna manera para combatir el discurso de tono inocentón de Clarín adoptan otro un tanto parecido


Corvino dice:


Exacto.


Matias dice:


La otra vez hubo una mesa interesante en 678 estaba Martín Kohan


El tipo era la voz de Puán en persona.


Y, por supuesto, como todo Puanense que se precie de tal, quería romper el sentido común que supone el discurso kirchnerista de fondo, pero haciéndolo con el sentido común de Puán, que no es más que ese, atacar el sentido común, porque sí, nada más que porque sí y sin que sirva para nada


Corvino dice:


¡Yo estaba del lado de Kohan!


Las payasadas que dijo Barragán ese día fueron memorables: dejar de comprar libros de Vargas Llosa, etc. WTF.


Para mí no se puede defender desde ningún punto de vista lo de González por ejemplo, fue más papista que el Papa, hasta la presidente lo dejó en off side.


Yo estoy medio gorila lo que pasa.


ja.


Matias dice:


Sí, estoy de acuerdo, todo eso es una boludez. Lo que quiero decir, los dos lados -los dos discursos- eran equivalentes en su bobería


Corvino dice:


Si, si, pero me parece que Kohan la pegó cuando dijo eso de que deberían haber esperado a que hable porque adelantándose le daban pasto a las fieras. Eso es verdad, es irreductible y Barone gritaba y se enfurecía.


Matias dice:


Barone es medio oligofrénico. Pero está del lado menos malo.


Sí eso estaba bien, pero después se puso a recitar la típica, eso de literatura y política.


y ahí no se entiende nada, no llega a nada.


Corvino dice:


Qué dijo sobre eso?


Sobre lit y pol?


Matias dice:


Dijo que la relación entre literatura y política era más compleja, y que los peronistas no habían aprendido a interpretar esa relación, como pasó con Borges, por ejemplo. Está muy bien. Pero si seguía así se ponía hablar de Benjamin y de la noción de aura y seguía con los formalistas rusos.


Y eso cómo lo relaciona Kohan con el contexto específico que se trata? No puede. No sabe. Ese es el problema de Puán.


Corvino dice:


Claro. Igual para mí ahí les dio un paseo bárbaro, posta.


Me encantaría que vaya Vargas Llosa a 678, lo invitaron. Creo que los demuele, es mucho más inteligente de lo que ellos creen. No es ningún boludo.


Otra boludez que dijo Barragán ese día es que Borges era un tonto cuando pensaba en política. Borges no era ningún tonto, era un tipo que ideológicamente expresaba las tendencias que por características socioculturales e históricas tuvo al nacer en 1899, en una familia de determinada clase y etc.


Odio a Barragán!!!


Matias dice:


Sí, claro que sí. El gran problema del discurso kirchnerista es que se plantea en un tono moral.


Corvino dice:


Esa idea de que todos tienen que nacer con un tatuaje del Che Guevara y un libro de Eduardo Galeano bajo el brazo me violenta. ¡Es Borges, hijo de puta!


Matias dice:


El kirchnerismo necesita ideólogos más sutiles. Hay sustancia, hay datos, hay historia como para tejer una visión compleja y profunda.


Corvino dice:


Igualmente ahora veo todo muy mezclado. Forster en 678 asentía lo que decía Amado Boudou, que es un payaso neoliberal, como dijo Lucas Carrasco en Duro de domar y creo que por eso lo echaron.


Matias dice:


Forster también es muy elemental


El ideal sería una cruza. Un Kohan menos puanense y más kircherista, y un kirchnerismo más depurado, menos panfletario.


Corvino dice:


Estoy pensando alguien en que confluyan esas dos vertientes...


Matias dice:


Es muy difícil


Corvino dice:


Debe haber.


Yo ya no me banco a ningún Aliverti.


Iba a escribir a ningún kirchnerista y escribí ningún Aliverti, jaja.


Matias dice:


jajajaj


Corvino dice:


Esa postura de la tengo re clara, soy moral y ético y mi palabra es mágico religiosa y puedo juzgar todos desde el asiento de tvr me parece vomitiva.


Matias dice:


Por eso te decía, el gran problema es el tono moral


Corvino dice:


Si, pero fijate que eso se lo reprochamos al kirchnerismo porque evidentemente esperamos algo. Del otro lado no hay nada.


Matias dice:


Eso está claro


Del otro lado hay la nada misma.


Corvino dice:


Este chat creo que lo voy a subir al blog.


Posta.


Si querés le cambio los nombres.


Matias dice:


No, dejáselo no hay drama por mi


Corvino dice:


A partir del momento en que empezamos a hablar de política.


Antes no dá, ja, ja.


Matias dice:


Lo pensé también


jajaja


Corvino dice:


Listo. Ahí lo guardo.


Siempre quise publicar un chat en mi blog, todos lo hacen, ¿por qué yo no puedo?


martes 22 de marzo de 2011

Hechizo del tiempo

Días atrás, conversando, una chica me preguntó qué grupo nuevo de afuera me gustaba. La verdad es que escucho bastante música, pero no se me ocurría qué contestarle hasta que le dije algo así como "El último grupo que me gustó mucho fueron los Strokes". No sé si se rió a carcajadas o puso una cara de estupor sublime, pero fue como si hubiese dicho Guns N' Roses. O Led Zeppelin. Automáticamente entendí que para una persona nacida en los años 90’, una banda que editó su primer disco en el 2001 y no saca uno desde hace 5 años, es una entidad prácticamente inexistente. Mi respuesta, entonces, equivalió a decir: "Me voy a comprar un dinosaurio de mascota". ¿Cómo, maldición, cómo? ¡Si los dinosaurios se extinguieron y tu casa no tiene patio! Pero claro, para alguien del 84', muchas cosas ocurridas hace 10 años, fueron antes de ayer. A partir de cierta edad lo primero que debemos mirarle a una mujer es... ¿el D.N.I? El único calendario que cuenta es el de nuestra mente, aunque nada de eso me hizo sentir menos viejo. De todos modos, me tranquiliza saber que es probable que esto mismo sea leído por personas nacidas en los 70' o en los 60 o en los 50'. Quiero decir: que esas personas se sentirán indefectiblemente más viejas y, por lo tanto, más próximas a la muerte, a la siempre tortuosa y lentísima muerte, que yo. De nada.

Algo de eso (ya olvidé qué era preocupado en mi muerte y la de algunos hipotéticos lectores) me pasó ayer a la noche mientras veía a Pettinato y Lanata creyendo que todavía estaban en 1996. ¿Me pareció a mí o estos tipos no leen los diarios desde el 2003 en adelante? Juro que no soy Sandra Russo. Nos alarmamos por estar demasiadas horas conectados a una PC, pero cuando hacemos zapping suceden cosas espeluznantes. El otro día enganché a Midachi imitando a los mismos "artistas" que en la época de oro del menemato, a Susana Giménez haciendo referencias a su ano, a Barragán presentando un nuevo tema, a Aliverti en TVR explicando cuál es la posta. Por suerte existe Mariano Peluffo. Sin embargo se me ocurre parafrasear a Joaquín O. Giannuzzi (1) y clamar:

"Piedad para todos aquellos que como M.F.Z

aprietan el botón del control remoto

y nunca terminan por tirarlo al tacho de basura".

En fin, no tengo mucho que agregar. Sólo algunas observaciones sobre la remake de la era de la boludez:

1) Faltaba Pergolini.

2) Pettinato tenía puesta una camisa con volados. Probablemente se atribuya todo el glamour, la ironía y el sarcasmo del mundo por vestir tan ridículo.

3) Lanata lo secundaba y jugaban a armar la grilla de un canal de aire. Pettinato le daba opciones y Lanata elegía. 678 o Telenoche. Cuestión de peso o una novela mexicana. Se reían, no sé de qué, pero se reían. Lanata siempre elegía la opción más chota. Así son los transgresores. Qué dúo tan copado, ¿no? No los culpemos, de juntarse 15 años atrás tal vez hubiésemos muerto de la risa igual que ellos.

3.a) Pienso que ahora es demasiado fácil criticar a Pettinato y a Lanata. Poco digno. Hasta Tognetti lo hace. Sin embargo, ¿qué esperaban? Toda su carrera fue una Gran Apología de lo geniales que son. Dedicarse durante décadas a estimular el Yo es un boomerang que tarda en regresar, pero cuando vuelve te pega en el medio de la cabeza. ¡Que se la banquen, se lo merecen! Reglas de tres simple de la vida: si vas a decir lo que querés, vas a tener que oír lo que no querés; el amor que ofrezcas, es igual al que recibís; nada se pierde, todo se transforma, etc. ¿Pettinato y Lanata no lo sabían?

4) Lanata dio a entender o, mejor dicho, afirmó que lo echaban, que de todos lados lo echan y que después la misma Industria que lo echó lo premia. Que tenía 11 Martín Fierro. Lo dijo enojado, circunspecto, como si tener mil millones de Martín Fierro significara algo y no una gigantesca y absoluta Nada.

5) Como si fueran dos viejas (pero no dos viejas del 2011, dos viejas de 1996) hablaron mal de Moyano, mal de la clase política en general (a excepción de Pino Solanas, Claudio Lozano y María Eugenia Estenssoro no se puede confiar en nadie, resumió Lanata, ante la mirada atenta de Pettinato), mal de los programas en los que no participan.

5.a) Aclaro que no tengo nada en contra de las viejas, fue sólo una comparación en sentido figurado con respecto a lo que las “viejas” significan en el Paradigma Social. Ninguna franja etaria merece ser comparada con Lanata y Pettinato a las diez y media de la noche en América TV un lunes de marzo del Siglo XXI.

6) Lo que sí no les escuché es hablar mal de ellos mismos, reírse de esa patética tendencia a tener 50 años y querer aparentar 25 y toda la onda.

7) Sayonara.

(1):

Poniéndome la corbata (Joaquín O. Giannuzzi)

Cuando J. O. G. se pone la corbata

su mueca ante el espejo no interpreta el mundo.

Más bien es una distorsión desesperada

de un rostro que está allí sin saber cómo.

Ojos espantados que preguntan cuándo acabará todo.

Piedad para todos aquellos que como J. O. G.

aprietan el nudo de la corbata cada mañana

y nunca terminan por ahorcarse.

Sentimentales y astutos como moribundos

que olfatean el límite y retroceden a tiempo.


domingo 20 de marzo de 2011

¡Oh Magnolia! ¿Quién te puede mirar?

Hay que tener tiempo para ver Magnolia. Es una de esas películas que uno empieza mirando de día y termina de noche. Y en el medio, además del color del cielo, puede cambiar tu forma de pensar la vida. Pero en la era del “touch and go” (1) tal vez las personas no estén dispuestas a que “algo” dure tres horas. Es que hubo un tiempo que, a la distancia, parece que fue hermoso. La idea de que historias personales aparentemente aisladas se vinculen entre sí con algún tipo de sentido nos parecía romántica. Le otorgaba mayor equilibrio al caos imperante. Nos hacía sentir menos solos. Pero después llegó el futuro (el año pasado se casó Lisa Simpson y Marty McFly paseó en el DeLorean DMC) y las redes sociales, especialmente facebook, ese invento demoníaco en el que de repente tu tía es “amiga” de tu dealer y podés ver en vivo y en directo cómo tu ex se enamora de alguien evidentemente monstruoso. Y de esa forma todo se mezcla, no ya como genuina posibilidad de redención colectiva, sino ¡como orgía ficticia de la sociedad posmoderna! Sin embargo, en 1999, ni usted ni Paul Thomas Anderson (el director) se imaginaban el giro de 180 grados que daría el concepto de narración coral dentro de las coordenadas de la virtualidad.

Magnolia debe ser vista. Aunque sea para tener una opinión formada y no quedar pagando en esas divertidas discusiones entre borrachos en las que se pasa de la política al fútbol y del rock al cine. Y cuando se toque el espinoso tema se dirá que es una buena película, pero demasiado ambiciosa y hasta anacrónica para los tiempos que corren. Que es una farsa repleta de efectismos visuales y sonoros para que los estudiantes de cine tengan un orgasmo y se les humedezcan los anteojos negros de carey. Tampoco faltará el que golpee la mesa con su puño afirmando que es una obra maestra y que al que no le gustó fue porque no la entendió.

Las múltiples historias que Thomas Anderson cocina a fuego a lento en Magnolia tienen cuatro cosas en común: la primera es el Valle de San Francisco, en California, la ciudad en la que ocurren. La segunda es “Wise Up” la hermosa canción de Aimee Mann que todos cantan al promediar la película, cuando sus encrucijadas existenciales están al dente. La tercera es que puede que los personajes hayan acabado con el pasado, ¡pero el pasado no acabó con ellos! La cuarta son las ranas que caen desde el cielo.

Nueve tramas que se desarrollan como una especie de Decamerón dramático y cínico. El anciano moribundo y su enfermero y el showman misógino con su teoría (“Seduce y destruye”) y el conductor del programa de preguntas y respuestas y su nueva estrella y la joven borderline y el policía religioso que cree en el Bien y el ex niño prodigio y la esposa con culpa. A estos individuos les pasa algo. ¿Qué? Bueno, lo mismo que a todos: la muerte, el amor, la soledad, la locura, el hastío, el miedo.

Se suele decir que para que una Selección levante la copa del Mundo no sólo debe contar con los mejores jugadores sino con que cada uno de ellos esté atravesando su mejor momento en términos físicos y emocionales. Si el reparto de Magnolia, en 1999, hubiese ido a un hipotético Mundial de actores, sus protagonistas lo hubiesen ganado de cabo a rabo. Es probable que ni Tom Cruise ni Julianne Moore ni Philip Baker Hall ni John C. Relly (entre otros) vuelvan a transpirar la camiseta como lo hicieron aquella vez: dejaron todo en la cancha, no se les puede pedir más.

Si Magnolia fuese una canción, “la lluvia de ranas” sería el estribillo. Una de esas secuencias inolvidables que nos regala el cine, imposible no comentarla a los gritos cuando se la recomendamos a alguien. Como cuando en Solaris Hari y Cris quedan suspendidos en el aire mientras suena Bach. Como cuando Marlon Brando corre a Maria Schneider en Último tango en París. Imagen y sonido en perfecta correlación viajando directo hacia nuestra memoria emocional. Se cuenta en los pasillos de Internet que Paul Thomas Anderson tenía planeada la extraña lluvia incluso antes de enterarse de que el Exódo 8.2 versaba sobre un castigo divino que consistía en precipitar ranas desde el cielo. Fue recién ahí cuando se le ocurrió llenar la película con ese número (82 es el porcentaje de humedad del principio, 82 es la casilla de correo del policía, etc.). Evidentemente el tipo conoce la sensibilidad de los nerds, esa casta siempre dispuesta a buscar mensajes ocultos y guiños secretos. Pero no se asusten mis queridos ateos, el fenómeno no se agota en La Biblia: hay quienes le otorgan una explicación científica. En el marco de la película, la lluvia de ranas actúa como epifanía. Es un satori íntimo e interactivo (un “wise up”, un darse cuenta) y también la expresión concreta (y violenta: las ranas son pesadas, provocan heridas, agreden) de un estado psico-social alarmante.

Hagamos algo mientras esperamos que una nueva lluvia de ranas nos sacuda del letargo: compremos un paraguas resistente y veamos otra vez Magnolia.

(1): Exijo una explicación.


lunes 14 de marzo de 2011

Mi rock perdido y The Strokes

Varias cosas me distancian de The Strokes. Hasta se podría decir que este mundo fue creado para que The Strokes y yo no tengamos nada que ver. Por ejemplo, ellos son neoyorquinos y yo soy marplatense. Ellos son lindos y yo soy feo. Ellos marcan tendencia en moda y yo me compro ropa en Leuthe. Ellos son ricos y yo soy pobre. Ellos tienen groupies y yo tengo… ¿tías-abuelas? Incluso podríamos asegurar que los integrantes de The Strokes no se hacen los rulos por la reelección de Cristina ni son hinchas de River ni leen a Mario Levrero. Pero más allá de esas diferencias superficiales, algo nos acerca y eso es ¡el rock! Voy a repetir esta última frase pero deben leerla con el tono de Jack Black en High Fidelity:

Pero más allá de esas diferencias superficiales, algo nos acerca y eso es ¡el rock!

Pero no el rock, el género musical que nadie sabe definir, pero no el rock, el movimiento cultural del que habla a menudo el Indio Solari ante la estupefacción del país. Porque decir "rock", como decir "Chichizola" o "Ernesto Sanz", actualmente, no significa nada. Me refiero al concepto de rock. Ustedes preguntarán cuál es ese concepto y yo responderé a los gritos: ¡no sé cuál es ese concepto, el rock no necesita concepto, no me hablen de conceptos, maldita sea, la vida ya es muy dura para vincular el rock a un puto concepto! Debería existir una orden judicial para que el rock se mantenga a más de mil kilómetros de los conceptos. Es más: el rock la caga cuando busca un concepto. Bajo el término “concepto” hago referencia a un campo semántico tan vasto que no me alcanza el lenguaje para definirlo. Pero supongo que se entiende. The Strokes y yo sabemos que los problemas comienzan cuando el rock quiere cagar más alto que su propio culo. ¿Alguien quiere que Julian Casablancas nos explique algo? ¿Alguien quiere que Julian Casablancas salve al mundo? ¿Qué puede saber el querido Casablancas de cosas inteligentes, de salvar el mundo? Nada. Julian Casablancas sabe de chicas, de drogas duras, de noches de amor descartable, de las pequeñas y sinceras emociones que acosan la conciencia del joven moderno. ¡Que los rockeros canten sobre eso! Para todo lo demás está Roland Barthes, que lo hace mucho mejor. ¿Alguien se imagina lo ridículo que sería ver a Roland Barthes haciendo rock? Tanto como Dargelos hablando de Althusser. Maldita era del vacío, sé que eso también está permitido, que nada sería más "cool" que Barthes en el lugar de Mick Jagger, pero, por favor, pensemos bien un momento, dejemos a un lado el "cualquierismo" relativista de los atroces 2000 y acordemos que, como preferimos que un zapatero arregle nuestros zapatos, elegimos que Barthes nos hable de semiología y Julian Casablancas de coger porque sabemos que en determinado punto, si lo hacen bien, si la cosa funciona, sin necesidad de ninguna impostación, ¡Barthes terminará hablando de coger y Julian Casablancas de semiología!

Estoy tan poseído por Jack Black, no sé ni lo que digo, creo que no tengo nada para decir en realidad, i've got nothing to say, i've got nothing to give, got no reason to live.

Las parejas que hacen hermenéutica de su relación, se separan. Los políticos que repiten las bondades de su honestidad, son corruptos. La gente que se manda una declaración de principios cada dos status de facebook, no tiene principios. Los rockeros que nos explican la profundidad, el ancho y el largo de su inteligencia en extensas entrevistas, son boludos. O por lo menos tienen un complejo de inferioridad. Una de las condiciones indispensables para que sucedan grandes cosas es no proponérselo. Y mientras Thom Yorke siga bailando así, un nuevo disco de The Strokes es la mejor noticia que nos puede ofrecer el rock. Hace 10 años acabaron con el Imperio de Limp Bizkit. Espero que por un tiempo no tengamos que escuchar más Arcade Fire, no porque no me guste Arcade Fire, todo lo contrario, me gusta Arcade Fire. Pero espero que no tengamos que escucharlos por unos meses.

Sí, The Strokes, todos los lugares comunes que se dijeron mil veces: la voz que parece cantar a través de un portero eléctrico, las guitarras trepidantes, las melodías pegadizas y garageras. ¡La new wave de fines de los 70' después del estallido del rock alternativo de los 90' y la caída de las Torres Gemelas! Ahora con una vertiente más ochentosa, consecuencia del coqueteo tecno del primer y único trabajo solista de Casablancas. The Strokes. Llegaron a un punto de algo que si somos unos reverendos hijos de puta podríamos llamar “intermusicalidad” y en sus discos pueden contener las mejores corrientes del rock de los últimos 30 años sin mayores dilemas. En Angles a veces parecen una cruza perfecta entre Television y... ¿The Smiths? o ¿The Cure? Presten atención a las intro de "Games" o "Two Kinds Of Happiness". Hace bastante no escuchaba canciones que, por su híbrido de melancolía y despreocupación, son aptas para cualquier estado de ánimo. Eso ocurre con "Call Me Back" o "Life Is Simple In The Moonlight" (probablemente las dos mejores). "You're So Right" empieza como "Revolution" y de repente se convierte en un tema de Radiohead que ya no me acuerdo cómo se llama.

“Antes del fin”, como diría Black Sabato, tengo una última cosa re rockera para declarar: si The Strokes fueran argentinos, en la disyuntiva absurda entre Serú Girán e Invisible, se quedarían con Pappo's Blues.


jueves 10 de marzo de 2011

Corvinicosas

Conozco gente que desea ser amada / y gasta su tiempo en los flippers- Fabián Casas.

La vida es una distracción permanente que ni siquiera permite tomar conciencia de aquello de lo cual distrae- Franz Kafka.

¿Alguna vez se le ocurrió pensar que cuando se acoplan un hombre y una mujer, en realidad es la Naturaleza que se está masturbando?- Mario Levrero.

Mi articulación se presta para el movimiento. El sábado pasado fui a ver a Él mató a un policía motorizado e hice pogo. Hasta ese día creí que debía estar en situación de estupefacientes para sumarme a la primitiva costumbre rockera, pero esa noche no tomé más que cerveza y fernet. Evidentemente, como alguna vez me pasó con Orlando Barone y Jorge Lanata, soy poseído por el pogo. Lo extraño fue que en el medio del mismo y mientras sonaba "Mi próximo movimiento" (algo así como el "Ji ji ji" de Él mató) un tipo del bar vino desesperado y gritó: "Salten pero no se empujen". Esto equivale a decirle a un jugador del fútbol: "Corré pero no toques la pelota". Un absurdo. El problema del pogo con pocos integrantes (Liverpool estaba lleno pero los que nos prestábamos para el movimiento seríamos a lo sumo 20) es que cada uno se siente demasiado responsable del éxito o el fracaso del mismo. Si funciona, uno cree que lo inició y se siente Dios. Si no pasa nada, uno cree que no se movió lo suficiente y se siente menos rockero que ¡Ernesto Sanz un domingo a la tarde en pantalones cortos y ojotas! Después de la vergonzante prohibición, el pogo se fue apagando y sólo uno o dos espíritus dionisíacos se animaron a seguir como si nada. Uno de los dos espíritus era una chica morocha, moderna y bailarina. Me quedé mirando un rato sus pasos y se me ocurrió el primer párrafo del cuento anterior.

Ah, ah, ah, probando, ah, ah, ah. La virilidad del hombre se expresa a través del ruido del motor de su moto, el deseo de abrir sidras en Año Nuevo, la disposición para la mentira sobre su vida sexual frente a sus amigos. La del futbolista en la cantidad de veces que puede escupir, rascarse los huevos y sonarse los mocos en un minuto. La del músico de rock (otra especie de la naturaleza) se mide por la capacidad de probar un micrófono. Hay un alarde notable cuando un guitarrista dice "Ah, ah, ah, probando, ah, ah ah". Es verdad que hay que probar sonido, pero en determinado punto todo se convierte en una competencia entre los miembros de la banda a ver quién es más músico, quién es más artista, quién la tiene más larga.

Flores en la cabeza. Más allá de que les tengo miedo, nunca tuve problemas con las mujeres. Tuve una etapa de energúmeno adolescente en la que me indignaba si no me amaban o me amaban y de repente me dejaban de amar, pero con el tiempo, al contrario, (y gracias al accionar determinante de El artista antes conocido como el amor de mi vida, a quien le mando un saludo aunque nunca leyó y hasta llegó a odiar este blog) me comenzó a causar cierta desesperación que las relaciones avancen, sabiendo de antemano que todo iba a terminar y eso me podía llevar a una depresión similar a la que ocasionó El artista antes conocido como el amor de mi vida. Por lo tanto lo que pasó a indignarme no fue que no me quieran, sino que me quieran. He llegado al punto de elaborar cuadros sinópticos intentando demostrar la incompatibilidad total de los dos miembros de la relación hasta convencer a la interlocutora que nuestro amor no iba a ningún lado y, en caso de que fuese, total no importa, porque ¡todos vamos a morir! En fin, no existe en mi psiquis resentimiento o menosprecio misógino alguno hacia el género femenino. A excepción de personas como Negre de Alonso o Loreley de Gran Hermano, prácticamente me puedo "enamorar" momentáneamente de cualquiera que se me cruce. Pero desde hace unos días mi sensación de gratitud y admiración hacia las mujeres llegó a un nivel asombroso, como si todavía hubiesen mejorado más. Tardé bastante en darme cuenta, porque tenía pensado que no había nada malo en ellas, que no podían mejorar mucho más, hasta que lo comprendí: ¡las mujeres ya ni siquiera usan babuchas! Esto las acerca definitivamente a su plenitud histórica. Siempre habrá alguna rezagada, pero ya es casi imposible ver mujeres con esos ropajes que perturbaban seriamente a cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad. Afortunadamente la espantosa moda (que en su momento de auge amenazó con destruir la Humanidad) fue desterrada por el buen gusto de un clásico pantalón, una amena pollera o una calza común, corriente y shockeante. Me llama mucho la atención la dinámica secreta de esas modas masivas. Hace un par de años todas las mujeres tenían una flor en la cabeza. El artista antes conocido como el amor de mi vida, por ejemplo, usaba una flor en la cabeza. Quien no tuvo una novia con una flor en la cabeza no conoció el amor. Durante algún tiempo desprecié esa moda, pero ahora creo que les quedaba re bien ese tipo de flores en sus cabezas. No tendría ningún problema en que vuelvan a eso. Mientras tanto, los hombres siguen usando cosas horribles como medias hasta los tobillos, zapatillas sin cordones y cintos caídos. Nos falta mucho para lustrarles las botas.

Freud seguro sabe. Advierto que tengo una especie de fetiche con el modo en que las mujeres se hacen rodetes. Tampoco es que entre un escote y un rodete, prefiero el rodete, pero el backstage de este último me parece atractivo y no le encuentro una explicación coherente. Freud seguro sabe. No sé bien qué es, la velocidad de las manos entrecruzando mechones de pelos, la figura extraña que conforman los dos brazos maniobrando alrededor de la cabeza, la certidumbre de que yo, de querer hacerme un rodete (vaya uno a saber por qué) no podría, pero estéticamente posee una belleza inédita. Me es indiferente el peinado en sí, pero cada vez que veo a una mujer hacerse un rodete me quedo embobado mirando el desarrollo de la situación como si estuviese asistiendo a la elaboración de una obra de arte o algo sublime. Por suerte están de espaldas, sería muy gracioso que alguna me diga: "¡Degenerado! ¿Por qué me mira así el rodete?".

martes 8 de marzo de 2011

Un cuento para que todos seamos más felices

Dios tiene puesta una remera con mi cara- Emanuel S.

El cuento para que todos seamos más felices arranca mucho tiempo atrás y recién comienza a escribirse con la imagen reveladora de una mujer que baila. La constitución física de su cuerpo es notable. Por su actitud hacia quienes la rodean, X advierte que desde el punto de vista psicológico mantiene una conducta equilibrada no exenta de cierto y necesario desenfreno: simplemente es una de esas pocas personas en el Planeta Tierra que hacen lo que tienen que hacer en el momento adecuado. Si tiene que matar, mata. Si tiene que quedarse callada, no habla. Está en armonía con el Universo y es imposible que la dejen en off side. Sus acciones son dictadas por un Amo del Buen Gusto y mientras se mueve con gracia y las luces parpadeantes iluminan su figura en perfectos claroscuros, X piensa: estoy ante una maravilla de la genética. La naturaleza se esforzó en crear este ejemplar de chica morocha, moderna y bailarina. A su vez, como la mayoría de las mujeres de las que nos enamoramos, no es la más hermosa, pero es la más sublime. Después de pensarlo un rato, X se acerca y le pregunta al oído:

-¿A dónde van los patos cuando llega el invierno?

X está dispuesto a dejar atrás el dolor. Eludir la Cámpora y militar en la depresión, reflexiona, tarde o temprano, te convierte, primero, en un gorila y, segundo, en el tema de Pedro Aznar de los discos de Serú: nadie te quiere escuchar, todos te pasan de largo. X siente que es alguien que sólo puede emprender relaciones que son como un crimen de lesa humanidad, con mujeres que aniquilan su psiquis y son totalmente perjudiciales para su salud. Por eso lee en voz alta para L y J la parábola del libro de un reconocido Gurú, quien afirma que puede llevar a sus lectores a la Felicidad Total a través de su técnica revolucionaria, la Autoayuda Imperativa:

"Estaba muy angustiado y se encontró con Él, que todo lo sabe.

-¿Por qué estás sufriendo?- le preguntó.

-Por una mujer.

-¿Qué pasó?

-Terminamos después de una relación que duró años. La quería y creo que nos hicimos mucho mal.

-¿Y a qué viniste?

-Quiero saber qué tengo que hacer, la realidad me excede. Presiento que no voy a dar un solo paso si persiste el dolor.

-Primero andá de putas, garchá con otra, intentá seducir a la primera que se te cruce.

-Ya lo hice.

-¿Y el sufrimiento siguió?

Asintió con la cabeza.

-No dio resultado, muy bien -dijo él-, ya diste el primer paso: sabés que es un dolor verdadero y no vas a sufrir en vano. Es tu primer triunfo en la carrera contra el dolor. Te felicito.

-Pero ¿qué es lo que tengo que hacer?

-Tenés que aprender a perdurar mientras el dolor hace su trabajo. Puede durar meses o años, nadie sabe cuándo termina lo que nos desintegra. El secreto es saber mantenerse en los tiempos muertos de la vida, en las épocas de transición. Imaginá que sos un país que sale de una dictadura y entra en una democracia y no sabe qué hacer con su libertad repentina. No hay nadie. Y sí hay alguien, no es lo que buscás. Y si viene el que buscabas, comprendés que no era lo que en realidad querías, que habías proyectado una falsa imagen para fantasear con tu salvación. En presencia del dolor, nada puede funcionar. Aún funcionando, la constancia del dolor es tan determinante que neutraliza todo lo que nos puede ayudar. Nada puede entusiasmarte. Y si algo provoca tu deseo, al poco tiempo vas a verle el lado oscuro, como si asistieras a una obra de teatro y en vez de ver la representación, observaras a los actores aburridos maquillarse en los camarines. Todo parece una ilusión y la única opción posible es drogarte. ¡Y ni siquiera con cocaína: son los recuerdos de la desolación, el asistir una y otra vez al video clip que edita tu mente! Ese clip puede durar de dos a tres de la madrugada. En los peores casos, todo el día. Si, uno se puede drogar con recuerdos. Es la forma en que se masturba el dolor. Sabés qué es lo que te está deteniendo, el lugar y el momento exacto en el que quedaste atrapado (lo pensás día y noche, te lo aprendiste de memoria) pero te cuesta pasar de la teoría a la práctica. Estás perdido, si, probablemente desahuciado. No te voy a decir que no lo estás, porque se nota demasiado que es así. Hay algo positivo: tal vez estés convencido de que buceaste en el gran océano del dolor y esa inmensidad sólo haya sido la pileta del patio de tu casa. Lo peor, siempre, está por venir. Antes de terminar quiero aclarar algo: en este mundo todo es mentira, detrás de las causas esenciales que le dan sentido a nuestra vida, asoma la Nada, pero el dolor, el dolor es real.

Hizo un breve silencio:

-¿Es eso lo que te pasa?

-Nadie podría haberlo dicho mejor.

-¡Esto es fabuloso, ya le ganaste la segunda batalla al dolor: encontraste alguien que te entienda! Me agrada haber sido yo. Es increíble, vas mejorando a una velocidad inesperada. Te confieso algo: cuando te vi detrás de la puerta, pensé que ni siquiera ibas a poder dar un solo paso, eras la imagen viva de la inmovilidad. Se advertía a la legua que tu cuerpo y tu mente estaban destrozados. Dabas la impresión de ser un tipo con las zapatillas al revés, vestido con ropas que le quedan chicas, que no se baña desde hace años. Por un momento tuve miedo, creí que me tocaba la puerta un zombie. ¡Y ahora mirate: estás arrinconando al dolor casi sin darte cuenta!

El visitante sonrió y después de unos minutos de silencio, dijo:

-Gracias.

-No tengo mucho tiempo, afuera hay gente esperando, soy un Gurú reconocido, ¿hay algo más en lo que pueda ayudarte?

-Bueno, no sé cómo decirlo –dijo-, pero ¿qué es exactamente lo que tengo que hacer para superar el dolor, para ganar la guerra?

-Ah, eso es muy fácil: esperar que pase.

Con un gesto amable, lo invitó a retirarse".

En fin, los estudios científicos arrojan el dato inobjetable: la vida es un infierno. El mundo es una iglesia negra y diabólica que supura sustancias verdes, de ésas que acostumbra a mostrar Carpenter en sus películas.

Creo que muchos de nosotros somos la sustancia verde y algunos pocos las iglesias negras, grita X, al comprender el mensaje devastador del Gurú de la Autoayuda Imperativa. Creo que estamos jodidos, sigue. Creo que estamos al horno, redunda.

-Creo que jugamos con 9, de visitante y con el árbitro en contra.

Y encima la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, completa L.

Levantarse todos los días mínimamente consciente y sin la ayuda de las drogas duras o el alcohol o la lobotomía lisa y llana, equivale a pelear contra Mike Tyson lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

Tyson en forma de angustia. Tyson en forma de prejuicios. Tyson en forma de pánico. Tyson en forma de dolor. Tyson en forma de trabajos espantosos y mal pagos. Tyson en forma de fracasos. Tyson en forma de triunfos que nos descolocan y rápidamente se transforman en fracasos. Tyson en forma de domingos nublados. Tyson en forma de jornadas frías y solitarias o calurosas y solitarias que llegado el caso son lo mismo. Tyson en forma de una mente paranoica. Tyson en forma de la estupidez propia y ajena. Tyson en forma del paso del tiempo. Tyson en forma de sucesos aburridos y lentos. Tyson en forma de melancolía por todo o casi todo. Tyson en forma de despedidas. Tyson en forma de incomodidad. Tyson en forma de incertidumbre. Tyson en forma de enumeraciones que podrían prolongarse más allá del principio del placer.

Pero en la mitología del cuento para que todos seamos más felices existe algo que los innumerables y poderosos Tyson de nuestro Ego no han podido noquear, algo que justifica las palizas, "el horror, el horror". ¿Saben de qué hablo? Me voy a esforzar bastante para explicarlo. Tal vez después de hacerlo me desmaye y, ¡oh si, oh no, oh god!, pierda el conocimiento para siempre como una heroína de Jane Austen.

Los rayos de sol ingresan a través de las hendijas de la persiana. A esta hora la iluminación de la pieza es tenue. Escuchás el tic tac del reloj, el murmullo del silencio, el sonido del motor de los autos que pasan por las avenidas. Todo eso confluye armónicamente con el ritmo cardíaco y la respiración de la mujer que duerme al lado tuyo. Casi podrías asegurar que lo que oís es la más maravillosa música. Ella sueña y sonríe, entonces te levantás despacio porque no querés despertarla. En la cocina te servís un vaso de agua fría. Por la ventana, mirás las calles desiertas, los edificios inescrutables que se recortan sobre el cielo naranja y celeste de las seis de la mañana. Estás descalzo y relativamente en paz. Aunque hace años que estás vivo, tu corazón late por primera vez. La presencia de Dios parece planear desde el Más Allá y descender en la Tierra como un pájaro fabuloso. Si la vida se detuviera justo en este instante, no te quedaría otra alternativa que ser feliz.