sábado 30 de abril de 2011

¡Black Sabato!




En Descanso de Caminantes, uno de sus volúmenes de Memorias, Bioy Casares anota algunos de los entretelones de su relación con Ernesto Sabato. Recuerda que al conocerlo le pareció "digno de estímulo", pero que Borges no se lo bancaba por sus "pedanterías infantiles". Con dificultad, lo convenció de que era "inteligente". Silvina Ocampo fue "más difícil de persuadir". A continuación recrea una escena significativa:



"Un día me trajo (...) el manuscrito de El Túnel "para que se lo corrigiera" (...) Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (...), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sabato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y con las páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse".



Cincuenta años después (el desprecio literario es un plato que se sirve frío), César Aira cierra el círculo "atroz". Edita su Diccionario de Autores Latinoamericanos y en su apartado dedicado a Sabato escribe algo muy parecido a una necrológica:



"Sobre su robusto sentido común, sobre sus ideas convencionales y políticamente correctas (que lo hicieron en su vejez un favorito de los medios) era imposible ajustar pretensiones de escritor maldito o endemoniado, o tan siquiera angustiado; no tuvo más remedio que crear un personaje que se dice malo, atormentado y sombrío, con una insistencia francamente infantil".



Cuando menciona los tópicos que trata Sobre héroes y tumbas, la sagacidad de Aira permite que el recuento no necesite ningún tipo de observación posterior: "la desorientación adolescente, la decadencia del patriciado, el peronismo, el incesto, los submundos conspirativos, la locura y la relación Buenos Aires-interior". De este modo, protegidos por el escudo discursivo que conforman Borges, Bioy y Aira (entre otros), varias generaciones de nuevos escritores gastaron las primeras balas de sus cartuchos parricidas en el escritor de Santos Lugares. Tanto es así que en los últimos años la costumbre devino en una boutade para la gilada, un gesto tan anacrónico como el mismo "asesinado": simbólicamente Sabato murió hace muchísimos años. Si existe la justicia poética, la próxima "víctima" debería ser César Aira.



En fin. La clave para su resurgimiento, puede ser, como no podía ser de otra forma, un muerto: Roberto Bolaño. En su libro de ensayos, Entre Paréntesis, se distingue como un inesperado sabatiano. ¡Hasta es capaz de elogiar Antes del fin! Sólo vayan al índice onomástico.



Hay un epigrama malicioso que resume bastante a Sabato. Pertenece, claro, a Bioy Casares: "Un escritor importante de obra mediocre". Tal vez lo que distancia de Sabato, pasado el encantamiento adolescente, es ese malditismo existencial que de tan dark acaba siendo kitsch. Su prosa recargada desemboca en un estilo ornamental repleto de imágenes que pretenden un efecto dramático o un shock poético y, a menudo, caen en el mal gusto. En las primeras páginas de El túnel, hay una frase genial en su síntesis de nihilismo y angustia: "Que el mundo es horrible, es una verdad que no necesita demostración". Pero a continuación, el narrador agrega, innecesariamente: "Bastaría un hecho para probarlo, en todo caso: En un campo de concentración un ex pianista se quejó de hambre y entonces lo obligaron a comerse una rata, pero viva"... Abaddón, el Exterminador parece un exceso de megalomanía. Sobre héroes y tumbas es, indudablemente, una gran novela, pero no podría afirmar que sea buena.



Por otro lado, en la actualidad, la figura de autor que construyó Sabato (compromiso ético, solemnidad) queda en off side. Pero, más allá de sus contradicciones políticas (innumerablemente discutidas) ¿quién puede asegurar que las particularidades de su personalidad eran impostadas o que el paradigma actual (deudor de la estética coolness) sea mejor? Con Sabato muere también el último ejemplar (desterrado) de una estirpe variopinta de escritores (aquella conformada por Borges, Bioy, Mujica Láinez, las hermanas Ocampo, Cortázar, Mallea, Arlt, José Bianco) que, con errores y aciertos, ofrecieron las mejores obras de la literatura argentina.



Hoy salí del trabajo al mediodía. Lloviznaba y, mientras esperaba el colectivo, mi mente comenzó a calibrar palabras oscuras: "Me siento exiliado en este mundo, todo es ambiguo e incómodo". Cuando subí, en medio de una marea de gente desconocida que pugnaba por un asiento, reflexioné: "La vida es una película malísima, una escena trágica tras otra sin solución de continuidad". Finalmente conseguí sentarme, pero mirando el espectáculo decadente a través del vidrio empañado, no logré borrar el monólogo desolador: "¡Encima nada tiene sentido, el amor es una sofisticación estúpida y al final te morís!". Cuando bajé del colectivo llovía con más persistencia y recordé la teoría de un amigo: "¡En los breves instantes que somos felices, silenciosamente, se está gestando el cáncer que, tarde o temprano, nos destruirá!". Mi cerebro era una parodia del grito de Munch hasta que pasé por la vidriera de una librería y vi que Hombres y Engranajes llevaba un pequeño crespón negro. Automáticamente pensé: "Se murió Sabato". Luego: "Se murió Sabato en un día gris que parece escrito por él". Y más: "¡Por eso mismo había sido cooptado por pensamientos sabatianos!". Al doblar la esquina, se me hizo un nudo en la garganta y no lo pude creer. ¡Claro, era mi Yo adolescente que desde lo más profundo de mi Ser me recordaba las tardes y las noches que pasé fascinado por los celos de Juan Pablo Castel, el Informe sobre Ciegos, el encuentro epifánico entre Alejandra y Martín! ¡Ah! ¡Black Sabato, Q.H.D.P (1)!



(1): Qué Hijo De Puta.

jueves 28 de abril de 2011

De Mazza a Messi

Recuerdo que en pleno auge noventoso, los medios impusieron la idea de que Valeria Mazza era la mujer más linda de la Argentina. Delgada, rubia, correcta. Ejemplo paradigmático de la belleza gélida e impersonal que gobernó el canón estético del primer lustro de esa década. Por esos días, una revista tomó un lado de la cara de la modelo (el derecho o izquierdo) y lo unió con ese mismo lado. Lo curioso del caso fue que el resultado no distaba mucho de su rostro normal: sus facciones eran prácticamente simétricas. A la mayoría de nosotros, de ser intervenidos virtualmente de ese modo, nos quedaría el rostro de un engendro. Sin embargo, había algo ominoso en esa ultra perfección, tal vez porque lo natural en el ser humano es la imperfección física. Por otro lado, nunca escuché a nadie expresar un efecto erótico provocado por Valeria Mazza. Es que ese tipo de perfección apolínea (casi de diseño) tal vez es apta para ubicar en la mesa de luz como adorno, pero no para los menesteres que ocurren en el cuarto de un telo. Menciono a Valeria Mazza porque soy heterosexual, pero no dudo de que deban existir bellezas masculinas análogas.


Cuando fui a ver la presentación del disco Ahí Vamos, de Gustavo Cerati, me decepcioné: todo estaba en su preciso lugar, las canciones sonaban exactamente igual que en el living de mi casa. No pasaba nada.




Ayer llegué a ver el complemento del partido entre Real Madrid y Barcelona. El primer tiempo fue tan malo que cuando terminó, en vez de pasar las mejores jugadas, se dedicaron a repetir las imágenes de la pelea entre Pinto y Arbeloa. La actuación de Messi fue sencillamente extraordinaria. Creo que la tocó dos veces e hizo dos goles. No hay dudas de que es el mejor jugador del mundo. Y probablemente de la historia. La comparación odiosa con Maradona y el chauvinismo insufrible que le exige hacer lo mismo que en Europa en la Selección son otra historia. De todos modos, no puedo evitar decir que lo que veo de él me recuerda al rostro simétrico de Valeria Mazza, al viejo recital aburrido de Cerati. Detrás de esas jugadas perfectas que se repiten en serie (tan similares a las de Play Station), no escucho el latido de un corazón, sino el murmullo extraño que hace el disco C de mi computadora. Me gusta mucho el fútbol, pero ante el generalizado estallido de algarabía por su desempeño, Messi no me mueve un pelo. ¿Quién puede amar a Messi? ¿Quién puede odiarlo? Si el Santiago Bernabéu no tuviese tribunas, en el segundo gol creo que habría seguido corriendo en diagonal hasta los confines de la Tierra. Me recordó el final de "Autopista del Sur", el cuento de Cortázar, cuando el embotellamiento se acaba y los conductores alienados se esfuerzan por avanzar hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.

lunes 25 de abril de 2011

Nena, tu culo es una Feria

-En el stand de Tusquets se encontraba Jorge Edwards. Estaba sentado en una mesita con una chica nerviosa que parecía su secretaría argentina. Tomaba café y murmuraba cosas. Se suponía que debía firmar autógrafos pero en todo el tiempo que estuve por ahí no se le acercó nadie. Su mirada expresaba la pregunta que todos nos hacemos alguna vez en la vida con la experiencia que el sujeto adquiere a través de 80 años: "¿Con qué necesidad?".




-Dos de los pabellones se conectan a través de una galería repleta de tapas de la revista Ñ. La omnipresencia de Clarín es tan grande que entendí todo sobre el affaire Vargas Llosa. En fin. Intuyo que una persona que se levanta los sábados y compra la revista Ñ tiene una vida sexual muy esporádica. Quiero decir: incluso con su propio cuerpo. Pero algo eleva a los lectores de Ñ: no son lectores de Adn Cultura. Alguien que compra Adn Cultura directamente está castrado. Todo esto debe ser entendido simbólicamente para hacer referencia a la sublime monotonía de los dos suplementos culturosos.




-Hoy en la radio (Metro, Perros de la Calle) Pacho Oh! Donnell dijo que Vargas Llosa era pedante. Si lo dice Pacho Oh! Donnell debe ser verdad, porque Pacho sabe mucho de pedantería. Si no me creen googleen su nombre y vayan a imágenes. Observen esos gestos solemnes. Esas poses. Ese bastón. Esa mirada que nos atraviesa y nos hace temblar y llorar de inteligencia (ajena). Pero más que nada observen las cejas de Pacho Oh! Donnell. Después miren fotografías de Vargas Llosa. También presten atención a las cejas, cejas de escritor latinoamericano preocupado por el rumbo del mundo. Ahora compárenlas con las de Pacho. Saquen sus propias conclusiones.




-Lo anterior es casi tan enigmático como un koan zen así que voy a desambiguar como si estuviésemos en Lingüística. Con todo el amor del mundo: son dos viejos chotos. No porque hayan nacido en 1936 y 1941, sino porque las fotografías delatan lo que sus egos les hicieron creer que son. ¡Recuerdo una en la que Vargas Llosa se deja medir el cráneo para que le hagan una estatua!




-Me encanta cuando en la entrevista de Perfil Martín Kohan le aclara a Vargas Llosa: "Se llama Horacio González y es un gran polemista".




-"Se llama Horacio González y es un gran polemista". No puedo explicar por qué me causa gracia, pero funciona a muchos niveles, como la bola en la ingle.




-Imaginemos un escenario apocalíptico. Asume como presidente Ricardo Alfonsín (risas y aplausos). El director de la Biblioteca Nacional en vez de ser Deleuze Peronista, es Marcos Ah!guinis (más risas).Y este último, es decir, Ah!guinis, se pronuncia en contra de que Eduardo Galeano (que también tiene cejas preocupadas), con su cóctel de cursilería y revolución, realice el discurso inaugural de la Feria del Libro. Ya lo debe haber dicho Mariano Grondona, lo sé.




-Bueno, lo más importante. Los libros que me compré son los siguientes: Sombras, nada más (Antonio Di Benedetto); El árbol de Saussure (Héctor Libertella); Yo necesito amor (Klaus Kinski); Las conversaciones (César Aira); El día de la Independencia (Richard Ford); Hermosos Perdedores (Leonard Cohen); Viaje al fin de la noche (Céline); La piel de caballo (Zelarayán); Mescalito (Hunter S. Thompson); Fragmentos de un discurso amoroso (Roland Barthes)




-Desde hace tiempo se quiere instalar la idea de una supuesta secularización del libro como objeto de culto. Gente que dice que lee libros y los regala. Gente a la que le da lo mismo leer en e-books que en hojas de papel. Gente que desprecia a quienes tienen una biblioteca. Me pregunto si de verdad lo piensan o sólo se hacen los cancheros para levantarse chicas modernas.

domingo 24 de abril de 2011

SofistiPappo




Al estilo Carlos Castaneda o Herman Hesse, se me ocurre el argumento para una novela iniciática de rock argentino. Un joven músico se debate entre dos poderosas fuerzas: Charly García o Luis Alberto Spinetta. Así recorre un itinerario repleto de jugos de lúcuma, jardines de gente, ojos de videotapes y promesas sobre el bidet sin poder decidirse jamás. Pero un día conoce a un Maestro, su respectivo Don Juan o Lobo Estepario. Éste es discípulo de un viejo Gladiador de La Paternal y le explica que para quienes no pueden escapar de la disyuntiva en la que él se encuentra atrapado, existe una "Tercera Posición". Acto seguido, pulsa PLAY y comienza a sonar un tema que dice:



"Hágase un bien, introdúzcase en un
círculo de estrellas momentáneas,
para reconocer que usted mismo es ese ser que a
todos lados acompaña"



Y el joven ve la luz.



La parábola anterior no indica que si nos agrada la música de A, no podemos escuchar a B y C, sino una conjetura propia de la rockología: si el rock argentino tuviese algo así como corrientes filosóficas las de García, Spinetta y Pappo se destacarían automáticamente como tres dialécticas diferentes. Hoy el debate está saldado, pero durante algún tiempo, cierta inteligentzia del rock local subestimó a Pappo. Lo acusaban de "cuadrado" y de hacer siempre el mismo disco.



El mundo es absurdo. Las bondades de la posmodernidad permiten que usted o yo enchastremos un lienzo y nos llamemos "pintores" sin la menor técnica. La música contemporánea nos señala que una serie de ruidos de dudosa procedencia entra en la categoría de arte. Una ristra de palabras libremente asociadas puede ser traficada en el Mercado de la Literatura como poesía sin siquiera tener sentido, sonoridad o concepto. Cualquiera abre un blog y, sin ningún tipo de preparación, se autodenomina "crítico" o "periodista". Pero cuando un tipo estudia toda su vida para tocar la guitarra como los dioses, lo logra y se aboca a hacer lo que sabe (rock y blues) ¡se lo acusa de limitado! Parece un chiste. Y eso que una de las preocupaciones máximas que se hallan en sus letras (a menudo extraordinarias, en la acepción literal del término) es la búsqueda del Ser. Sin la complejidad de un filósofo (lo que sería ridículo en el contexto: nada peor que un rockstar haciéndose el inteligente), pero con la suficiencia de un tipo que sabe algo que el resto de nosotros no, Pappo elaboró versos metafísicos y psicodélicos que sobresalen por su profundidad. Un dato sorpresivo si tenemos en cuento el discurso habitual del rock y el imaginario que se asocia a Pappo en particular. Cuando muere, en Clarín se habla de "rock duro, pirotécnico y directo"… ¡La verdad es que ser "simple" requiere de mucha complejidad y no existe una Facultad que te enseñe a componer un instrumental tan perfecto como "El palacio de la montaña de invierno"!



Otra cualidad de Pappo es que en los momentos más inspirados de su obra no se puede agregar nada. Todo está en su preciso lugar y no podría haber sido hecho mejor. Eso mismo sucede con la sintaxis de los grandes escritores o la austeridad con la que un número 10 mueve los hilos de un equipo. Los discos de Pappo's Blues se diferencian por el número del Volumen. Los temas no tienen un solo ni una estrofa ni un estribillo de más. Un híbrido magistral de Cream, Jimi Hendrix y Led Zeppelin se mezcla con la sensibilidad de un joven de los suburbios bonaerenses. Y desde joyas del tipo de "Hubo distancias en curioso baile matinal" (1974) el Ser recorre su lírica a lo largo de las décadas y de sus distintas bandas. En "No detenga su motor" (del primer disco de Riff, Ruedas de metal, de 1981), se escucha: "Si el mundo da vueltas/ Y nosotros también/ ¿Para qué separarse de su Ser?". Y hasta en su último disco, Buscando un amor (2003), incluye un tema llamado "Trabajo forzado" que vuelve a su vieja obsesión: "Camino entre las sombras/ A punto de perder la Fe/ Fe que fui perdiendo/ A medida que pretendo ser... un Ser". Si, a veces Pappo parecía una especie de Heidegger engrasado por el motor de su auto y, al mismo tiempo (o por eso mismo), era un tipo realmente visceral, que se burlaba a las carcajadas de cualquier observación que intentará socavar su estilo musical (esencialmente, un estilo de vida). Es en esa conjunción de mundos aparentemente contradictorios (el sensible/el brutal: ¿Norberto Napolitano/Pappo?) que debe recuperarse como artista, por fuera de los estereotipos que lo anquilosan en el bronce del mito.



Por otra parte, el legado de Pappo en la escena musical es verdaderamente inconmensurable. Antes, durante y después de su paso por el Planeta Tierra, su figura ha sido metabolizada por artistas tan diversos que uno se pregunta seriamente si no estamos en presencia del Mapa Genético del Rock Argentino. Todos los caminos llevan a Pappo. Participó en bandas fundacionales como Los Gatos, La Pesada y Los abuelos de la Nada. Con sucesivas formaciones de sus grupos, Spinetta armó Pescado Rabioso e Invisible (núcleo nodal de su carrera). Actualmente su impronta es reconocible en diferentes espacios: el Pez más setentoso y valvular, la genealogía que nos lleva hasta el Patriarca del heavy criollo Ricardo Iorio, el papel de guitar heroe de Ricardo Mollo, el rock and roll cósmico de los últimos discos de La Renga. La estrofa inicial de un tema inédito de Charly García es explícita en el significado que Pappo posee en el rock argentino. Nos viene justo para cerrar el texto: "Loco, ¿no te sobre una moneda?/ Quiero estar la vida entera/ escuchando rock and roll/ Flaco, tengo un mambo que me caigo/ esta noche toca Pappo/ no me lo puedo perder".



(Publicado en la revista Power Music abril/mayo 2011)

martes 19 de abril de 2011

Sensatez y Sentimientos




Porque lo que necesitamos es identificarnos. O conmovernos. El arte debe ser como ese espejo/ que nos revela nuestra propia cara. No me refiero al golpe bajo, a la demagogia emocional, al sentimentalismo, a Campanella, es decir, al hecho de acordarle a una cosa más ternura de la que Dios le otorgó, sino a reconocer la presencia de Dios. Sencillamente. No Dios como aparato ideológico del Estado o Agente Represor. Por el contrario, en sentido figurado, como personaje, como pájaro fabuloso que aterriza en la Tierra, armoniza el caos imperante y produce Poesía.




Poesía: aterrizaje de Dios en la Tierra.




Oh, desfalleceré en pocos segundos, oh. Ni todos los hipsters del mundo podrán con la conmoción de vivir en un mundo sin sentido. No vas a poder desarticular el desamor y la atávica angustia existencial con un buen look. No lo intentes, como dice el epitafio de Bukowski (lo mejor de su obra). No te entusiasmes tanto, agrega Larry David. Quiero que me hables desde tu puto corazón, clama Borges. ¿O ese fue Bill Hicks refiriéndose a las estrellas de rock pasteurizadas? Es lo mismo. En realidad nada que ver, pero no importa. Repito: Quiero que me hables desde tu puto corazón, ¿ok? Después vemos si lo que tiene para decir ese músculo cursi y pasado de moda es digno de ser escuchado. Es que, cual grasa de las capitales, el cinismo apático y monótono de la era digital no se banca más. Más que nada porque para cinismo apático y monótono tenemos jornadas laborales de ocho horas. Viajes incómodos en transportes públicos. Un despertador sonando a las siete de la mañana. Un mundo demasiado real para significar algo medianamente bueno. ¡Y sin embargo, oh, sin embargo, tal vez allí, en las fotografías rutinarias de la vida cotidiana se halle la poesía, el amor, el odio, el vómito, el pánico, los yuppies negociando, el ticket to ride para escapar y llegar a Itaca! ¿Y qué hacemos cuando llegamos a Itaca? Llamamos a un 0800 para que instalen Internet.




Oh.




Presiento que Derek Cianfrance piensa más o menos eso. Eso de la poesía en las pequeñas escenas de la vida cotidiana. Eso que escribí recién. Supongo que habrán leído, maldición. Bueno, ahora deberíamos volcarlo en Blue Valentine, película que dirige, justamente, nuestro amigo Derek Cianfrance.




¿Qué es Blue Valentine además de un disco de Tom Waits? Una película de amor sin estridencias. Pero con sensatez y sentimientos. En ese sentido se vincula, en primer lugar, a Alle Anderen (Entre nosotros), la excelente película alemana sobre una pareja al borde del precipicio. Claro que mientras los alemanes (gracias a tipos como Hegel y Thomas Mann) se saben lo bastante inteligentes como para aburrir y no necesitar del ritmo y el humor y los guiños, Blue Valentine, al tener la dosis justa de amor y sordidez, no te deja levantar de la silla. Como un thriller sobre la angustia. Por otro lado, en su apuesta por la ruptura de la linealidad, podríamos hablar de una versión adulta de 500 Days of Summer sin la iconografía esnob. La historia de Cindy (Michelle Williams) y Dean (Ryan Gosling) puede que esté sucediendo a la vuelta de tu casa. Ayudan a esta impresión de verosimilitud (sin los excesos del costumbrismo) las actuaciones sublimes de los dos protagonistas, especialmente en las escenas de sexo, esa prueba de fuego en la que pueden hacer agua los mejores actores. Pero estos dos parece que desde hace años se ven desnudos. Hay que lograr eso. En fin. El paisaje urbano y triste en el que deambulan cual zombies es el conformado por telos ridículos, supermercados, geriátricos, hospitales. Para entenderlo habrá que mirarla, pero creo que Cianfrance hizo algo así como una pequeña obra maestra sobre las peleas de pareja. Esos diálogos de sordos, esos silencios pesados, esas bromas que terminan en tragedias, esos gestos y esos tics que explicitan el paso del tiempo, aparecen de tal modo en Blue Valentine que más de uno (es decir dos, tal vez vos y tu novia/o) se querrá tapar los ojos.




¿Y no son acaso las películas que nos obligan a taparnos los ojos las que dejan una huella significativa en nuestra vida?




viernes 15 de abril de 2011

Confesiones, teorías, reglas y comentarios


Regla del Amor


En una pareja, el origen oculto de todos los conflictos se reduce a que una de las partes quiere menos y la otra quiere más. Ésta es una verdad dolorosa, de tortuosa asimilación. He aquí la alétheia del amor. El que quiere menos se esfuerza por querer más y no puede. El que quiere más desea que el otro aunque sea se lo reconozca y no lo logra. Conclusión: en el amor, lo único garantizado es el sufrimiento. Ahora lo único que resta es saber de qué lado se encuentra usted.


Última persona perfectamente normal del mundo


En la sociedad actual todo individuo cuenta con un trastorno. Obsesivo Compulsivo. Bipolar. Somatoforme. Psicótico Breve. Psicótico Compartido. Bipolar II. Me enorgullezco de haber hecho terapia y que el psicólogo no me haya diagnosticado ninguno. Sólo me indicó cierta tendencia a la soberbia, la ira, el pesimismo, la avaricia, el egoísmo, la autodestrucción, el resentimiento, la paranoia, el asesinato y el autoritarismo. Es por eso que a veces me miro al espejo y pienso: "tal vez yo sea la última persona perfectamente normal del mundo, qué mal la deben pasar los trastornados".


Teoría de la vida justificada


Justifica su vida el individuo que logra que otro, al momento de morir, en lo último que piense sea en él. Tenemos a X y a Y. X muere y en lo último que piensa es en Y. Resultado: Y ha tenido una vida justificada, alguien pensó en él antes de morir. En caso contrario, fue todo puro espamento. Se aconseja a las personas que ya cumplieron cuarenta años y todavía no han dejado su huella en ningún lugar, comprarse un revólver y acabar de una vez con esta farsa.


Teoría del mal día


Un transeúnte que en un mismo día camina por la calle y se encuentra dos o más veces en la situación de enfrentarse con otros transeúntes sin que ninguno deje pasar al otro, no debe tomar decisiones importantes durante una semana: es indudable que está equivocado.


Teoría del que entendió la teoría anterior


Tiene una alta capacidad de comprensión.


Mensajes de texto proyectados en algún mundo de una galaxia lejana


Hace un par de años, cuando El Artista antes conocido como el Amor de mi vida decidió abandonarme, me volví un poco loco e inicié un raid de mensajes de texto repletos de ruido y de furia. Tiempo después me enteré que a los pocos días ella dio de baja su número, de modo tal que mis mensajes nunca llegaron a destino. Sin embargo, a veces intuyo que, como en una novela de Kurt Vonnegut, por uno de esos desperfectos de las estructuras de la telefonía celular, los mensajes fueron a parar a un satélite, rebotaron misteriosamente y todavía se proyectan como gigantescos hologramas en algún mundo de una galaxia lejana. Así es que los extraterrestres observan con estupefacción aquellos fragmentos de mi discurso amoroso: "Te extraño", "Volvé", "Por favor contestame", "Aunque sea devolveme la última temporada de Lost", "No hagas que mis mensajes terminen típicamente rebotando en un mundo de una galaxia lejana", etc.


Hipótesis del que sube al colectivo


De ninguna manera se puede confiar en una persona que recién arriba del colectivo se acuerda de buscar la tarjeta o las monedas para pagar el viaje.


La gente no se quiere ni enterar de la muerte


En el enigma insondable de la noche, mi abuela muere mientras duerme. Creo que si hubiese sido posible, los asistentes al velorio habrían ubicado en la puerta de la funeraria un puesto de merchandising (remeras, vinchas y gorros) con la leyenda "A mí también me gustaría morir mientras duermo".


Idea para un grupo de Facebook


Esnobs que no se ríen de un chiste a menos que lo cuente Tarantino



domingo 10 de abril de 2011

No era Lennon ni Rucci... ni Charly


Hay una novela muy linda de Bioy Casares. En realidad todas las que leí de él lo son. Se lo suele menospreciar por dos razones:


1) Fue amigo de Borges y quedó atrapado en las tinieblas de su sombra terrible. Debe ser problemático ser amigo de un genio. "Verbigracia": algunos creen que su estatura literaria está vinculada exclusivamente a su amistad con el viejo ciego. Esto último no deja de ser cierto, pero tampoco minimiza las condiciones literarias de Bioy.


2) En pleno boom de la literatura latinoamericana, con autores que se abocaron a la novela experimental o, incluso, a la anti novela o, todavía aún más allá, a la contra novela (como Cortázar, García "Marketing" (sic Fogwill), Carlos Fuentes), se le ocurrió escribir novelas sostenidas principalmente por su argumento. Modalidad anacrónica si tenemos en cuenta que sus congéneres impusieron un canon literario conformado por novelas complejas y densas como La muerte de Artemio Cruz, Rayuela o El otoño del patriarca (deudoras de autores aún más complejos y densos como Faulkner y Joyce).


Decía, entonces, que hay una novela muy linda de Bioy Casares. El calificativo "lindo" también suele ser tomado como despreciativo (se acaba de terminar mi stock de "menosprecio" y "desprecio"), así que, si les parece, digamos que se trata de una novela "bella". Bella en el sentido de que después de leerla nos queda una sensación de cierto bienestar y también de cierta tristeza. Bienestar porque pasamos un buen momento leyendo un libro. Tristeza porque no lo volveremos a leer y, en caso de hacerlo, ya no será lo mismo.


"Ya no será lo mismo". Ése vendría a ser el argumento principal de las novelas de Bioy. El tiempo pasa y, claro, ya no será lo mismo. ¿Qué? Nada. A esta altura es preciso aclarar que no pensaba escribir sobre las novelas de Bioy pero todo se fue dando de esta manera y es imposible volver atrás. Eso también sucede en las novelas de Bioy. ¿De qué trata la novela de Bioy a la que hago referencia desde hace años luz? En realidad no lo recuerdo muy bien, sé que se llama Dormir al sol y hay un doctor que se lleva a la mujer del personaje principal. Le hacen un tratamiento de algún tipo y cuando vuelve ya no es la misma. El sentimiento de lo ominoso está muy bien plasmado en esa novela. Lo ominoso es aquello familiar que se vuelve extraño, según Freud. Esto lo saben muy bien los estudiantes de Letras, los lectores de Kafka y los fans de Charly García. Diana, así se llama la mujer del relojero de la novela de Bioy. A Diana la internan en un Instituto sin razón aparente y cuando la devuelven a su casa, ya no es la misma. Después viene la complicada explicación con que Bioy arruinó la parte final de la mayoría de sus novelas: Diana ha sido sometida a una operación a través de la cual le han transferido su alma a una perra con su mismo nombre.


Me acabo de dar cuenta de que existe otra razón por la cual Bioy es menospreciado: la descripción del contenido de sus novelas hace pensar en novelas de mierda. ¿Una perra con alma de mujer llamada Diana? ¿De qué carajo me están hablando? Pero nada que ver. Dormir al sol, El sueño de los héroes, La aventura de un fotógrafo en La Plata. Todas bellas novelas. Hermosas novelas. Novelas incluso gentiles, discretas, que no nos prometen cambiarnos la vida y, por ahí, nos la cambian.


Charly García. Vuelvo a Charly García. Me interesa el derrotero de ese tipo. Lo quiero más que a amigos y familiares. Si alguien me dice que no le gusta la música de Charly García, desconfío. Para mí García es un clásico, es decir, alguien que utilizamos como parámetro para confiar o no en las personas. ¿Cómo no gustar de la música de García, un artista que entiende la sensibilidad humana y los puros sentimientos del hombre? A la altura de Dylan y de Lennon. Te lo firmo. No me pidan argumentos ni justificaciones porque estas cosas se sienten en el corazón. ¿Quién puede explicar racionalmente por qué ama a una persona? En fin. No puedo evitar despreciar a quien desprecia a García. Es algo que debería tener resuelto, pero no. Todavía, en mi mente de 26 años, anida el fan de 15 con remera y mochila de Say No More. Tal vez debería tratarlo en terapia.


Entonces estábamos con que los cambios de clima me hacen mal. En Mar del Plata empezó el otoño por unos días y después volvió el calor. Toso, me resfrío, durante tres días no salgo de mi casa y voy de la cama al living. Miro películas, leo, escribo, falto al trabajo, pienso, me enamoro, hablo por teléfono con mi hermana. En realidad no está tan mal. De pronto ingreso al sitio del diario Perfil para cagarme de risa un rato y veo la tapa de la nueva edición de la revista Noticias.


Alerta Charly, dice. Subtítulos: "Investigación Exclusiva. La salud y el cerco íntimo del ídolo".


La imagen que ilustra muestra el perfil actual de Charly: la mirada extraviada, el rostro hinchado, la sonrisa inexpresiva. Me recuerda la tapa con Néstor niño y psicópata. Sólo el amarillismo y la miseria pueden producir este tipo de esperpentos. Si existe algo así como el Mal, esta tapa es la prueba de su existencia. Claro que salgo de mi reposo y en pleno aquelarre febril, me pongo mi buzo con capucha y compro Noticias. Hay un sol de puta madre y yo tengo frío. Me da un poco de vergüenza pedirla en voz alta. Doy un par de rodeos y digo, casi murmurando: "¿Tenés la revista Noticias?". Mientras la kiosquera me da el vuelto, tengo ganas de aclararle que es sólo por esta vez, que soy de otro palo, que voy a votar a Cristina en octubre. Pero no le digo nada. La nota, firmada por María Fernanda Villosio, me deja en una disyuntiva emocional bastante importante que termina por activar estos garabatos que se dirigen a ningún lugar.


Por un lado, está repleta de datos escabrosos sobre la intimidad de García. Reproducirlos sería caer en la misma bajeza, así que me abstengo.


Por otro, creo que es la primera vez que desde un medio se cuestiona el relato de un Charly aparentemente recuperado. Esa versión patética de la que son responsables visibles Fernando Seresevsky (ex manager) y Palito Ortega. Pareciera que las drogas ilegales fueron reemplazadas por las legales. La delgadez por la gordura. El caos por una falsa calma. ¿Y todos contentos? Ver a Charly arriba de un escenario (allí debe ser juzgado en tanto no edite nuevos discos) es durísimo. Sólo hipócritas y fanáticos enceguecidos pueden sostener la vista ante ese ser que deambula por los escenarios sin voz, sin tocar siquiera los teclados, distraído e intentando hacer la remake de sí mismo. Y no se puede tomar en cuenta lo que dicen hipócritas o fanáticos enceguecidos. Leer las impresiones que los twitteros mexicanos hicieron de su show en el Vive Latino es indignante. O deprimente. Por la falta de respeto y porque, de alguna forma, tienen razón. Sólo hace falta verlo disfrazado de mariachi diciendo "órale" para sufrir ligeros escalofríos.


Tampoco pretendo que Charly sea el mismo de antes. Ni el sofisticado songwriter de 1983 ni el border descontrolado de 1998. Somos muchas personas en una misma vida y nos sorprenderíamos al encontrarnos con quienes fuimos hace sólo un par de años. Sin embargo, no puedo evitar decir que como Diana, la mujer del relojero de Dormir al Sol, Charly volvió de la internación, pero no es el mismo. Aumenta tal impresión el hecho de que nos quieren hacer creer que lo es. Tal vez Bioy Casares sepa adónde fue a parar su alma.




viernes 8 de abril de 2011

Seis observaciones sencillas

La Conspiración Mundial


Después de asistir a un velorio, observar el rostro muerto de un ser querido, fundirse con los lugares comunes que suceden a este tipo de acontecimientos, todo se entiende como una gran broma pesada. O un enorme juego de simulacro. El acto de leer y escribir, los trabajos, las relaciones sexuales, las carreras universitarias. La vida no es más que una Conspiración Mundial para no pensar demasiado en que el final es un cuadro por lo menos polémico: nuestros familiares y amigos frente a un ataúd, indecisos por saber a quiénes les toca llevar las manijas.


Síntesis maravillosa


Los sábados por la noche, cada un mes, el peluquero se ubica en el asiento de sus clientes y, solo frente al espejo, se corta el pelo. Los transeúntes pueden verlo mientras pasan por la vereda porque él no baja la persiana. Muchos se preguntan cómo a Edward Hopper no se le ocurrió esa imagen, síntesis maravillosa de la soledad del ser humano en el Planeta.


Mi memorable amiga La China


Mi memorable amiga La China dice que esperamos demasiado del amor porque vimos muchas películas. Su teoría sostiene que las historias de la pantalla grande (en las que el amor siempre es la instancia superadora de la vida) formatearon nuestros cerebros de tal forma que, cual Aquiles y la tortuga, no podemos dejar de correr detrás de él. Sin alcanzarlo jamás. Porque el truco del amor es que cuando uno lo alcanza, ya no es amor: se convirtió en algo espantoso llamado noviazgo o, aun peor, matrimonio.


Le hablo mal de mí al espejo


Los animales tienen problemas para diferenciar las representaciones de la realidad. Hace muchos años, una mañana, el gato de mi hermana buscaba atrás del televisor pájaros que pasaban volando en la pantalla. La perrita del trabajo le ladra a su propia imagen reflejada en un nylon. Cuando me afeito no me reconozco y le hablo mal de mí al espejo.


Esto suponiendo que existe alguien que nos espera


Yo era un niño muy romántico y vivía en un barrio en el que se podía ver perfectamente el cielo. En las noches de verano, observaba las estrellas y la luna y no podía comprender cómo esa misma imagen que miraba podía ser compartida por el resto del mundo. En Rusia. En Australia. Y después pensaba: si existe otra persona, en algún rincón del Planeta, que a esta misma hora piensa lo mismo que yo, es mi alma gemela. Conclusión: habitualmente buscamos el amor en los límites de nuestra propia ciudad, pero tal vez quien nos espere no esté en donde vivimos (¿por qué habría de estarlo?), sino en Barcelona o Berlín o Córdoba. Esto suponiendo que existe alguien que nos espera.


Pero la vida tampoco tiene sentido


Ésta es una escena que se repite: estoy enfrascado en la lectura de un libro, de pronto me detengo y reflexiono: ¿existirá alguien en algún rincón del mundo que lea esta misma línea de este mismo libro a esta misma hora? La respuesta afirmativa de tal pregunta podría probar la existencia de Dios, pero en verdad no tiene ningún sentido. Pero ya la vida tampoco tiene sentido. Así que voy a seguir haciéndome este tipo de preguntas.

jueves 7 de abril de 2011

Yo que vos, me cuidaría


De los que quieren conocer a todos los habitantes de la Tierra y no se conocen ni a sí mismos.


De los que quieren estar en todos lados al mismo tiempo y no están en ningún lugar.


De los que quieren ser amigos de todos y no se saben ni su propio apellido.


De los que se sienten obligados a salir en todas las fotos porque creen que son el flash.


De los que pasan demasiado tiempo mirándose al espejo pero cuando hablan no te miran a los ojos.


De los que gustan de todas las bandas pero no escucharon a ninguna.


De los que se bajaron todos los discos pero no saben el nombre de ningún tema.


De los que se arreglan el corte de pelo mientras se hunde el Titanic.


De los que cuando les piden una foto carnet, se mandan a hacer un book.


De los que de lo único que les podés hablar es de ellos mismos.


De los que siempre quieren ser los protagonistas y nunca actores de reparto.


De los jugadores polifuncionales que no juegan en ningún puesto.


De los que no aprendieron a andar sin rueditas y te vienen a explicar cómo ganar el Tour de France.


De los que se ponen los anteojos negros y se hacen los boludos.


De los que relativizan cualquier acontecimiento en pos de una tolerancia engañosa capaz de aceptar las máximas atrocidades.


De los que leen la contratapa y dicen que leyeron el libro.


De los que cuando es necesario dejar hablar al viento, justo se ponen a gritar.


De los que se lookearon para ir a dormir.


De los que neutralizan toda emoción para nunca quedar en off side.


De los que lo único que podés ser es fan.


Yo que vos, me cuidaría.


lunes 4 de abril de 2011

Breves y arbitrarios apuntes sobre Blade Runner


El futuro huele peor que una botella de fernet DiLeone


En Blade Runner el futuro huele peor que una botella de fernet DiLeone. La Tierra se ha convertido en un lugar inhabitable y la población entera ha abandonado el Planeta en viajes hacia colonias espaciales. (En la novela se explica que esto es debido a la elocuente "Guerra Mundial Terminal"). Siempre es de noche, llueve constantemente y todo está sucio. Los rascacielos expulsan llamaradas de fuego. La cantidad de inmigrantes (con sus distintos dialectos), la omnipresencia de las corporaciones y las pantallas que repiten en forma constante la misma publicidad, neutralizan cualquier tipo de comunicación. Las calles son el show de la desesperanza: personas que no pueden escapar de la Tierra y deben permanecer en ella en trabajos mal pagos o directamente en la miseria. No sé si les suena de algún lado.


¿Qué pasa con los años?


Datos a tener en cuenta: la novela de Philip K. Dick en la que está "basada" la película es de 1968. La acción de la misma transcurre en 1992. La versión de Ridley Scott es de 1982 y transcurre en el 2019. Elipsis. En la actualidad, el futuro es imaginado como un aquelarre digital minimalista (Mr. Nobody), en 1982 como un hibrido excesivo e indistinguible que remite directamente a esa década. En fin, cada época intuye su futuro exagerando su presente: una porción importante de la estética de Blade Runner va del punk de fines de los 70 al hipotético ciberpunk del 2019. Alrededor de Deckard transitan una infinidad de freaks. Tiempo después, estos sociotipos colectivos serían denominados "tribus urbanas". El poder visual de Blade Runner es fulminante: sus protagonistas principales se transformaron en personajes iconográficos de los 80'.


Un cuadro de Edward Hopper pasado por ácido


La interpretación de Rick Deckard a cargo de Harrison Ford es sublime. Parece un personaje de Di Benedetto, arrojado a la existencia, sin saber bien qué carajo hacer. Transmite toda la incertidumbre e incomodidad que un tipo es capaz de expresar. Y además parece estar muy triste, como cuando debemos armar un porro con tucas viejas y ni siquiera tenemos encendedor. Pasa sus días en un departamento enorme y oscuro que sólo se ilumina con las luces esporádicas de afuera. Una de las imágenes más desoladoras que se han visto en el cine sucede cuando Deckard, arropado con una frazada, sale al balcón a mirar la distopía cotidiana mientras toma whisky. Es un cuadro de Edward Hopper pasado por ácido. En ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Deckard tiene una esposa y por momentos los diálogos entre los dos hacen pensar en una comedia de ciencia ficción. Ridley Scott gana densidad dramática al hacer de Deckard un anti héroe solitario que, arrastrado por los mares de la paranoia, termina sospechando de sí mismo.


Esto ya lo dijo Litto Nebbia en 1967


Es notable advertir cómo, a medida que avanza el desarrollo tecnológico durante el Siglo XX, la ciencia ficción dejar de ser una apología científica para convertirse en una alegato humanista. El final de Solaris es paradigmático en este aspecto: Kelvin Kris se arrodilla ante su padre y llora. Inequívocamente, está diciendo: "¡Qué cagada nos mandamos". O alguna de esas frases que se nos ocurren a los humanos cuando fuimos demasiado lejos y ni siquiera sabemos cuál es la dirección de nuestra casa. Esto ya lo dijo Litto Nebbia en "Ríete", un tema del primer disco de Los Gatos: "Piensan en llegar a la luna/ y no saben que a sus vidas/ no han podido aún llegar".


No es sólo otra sofisticada teoría del estructuralismo


En la trama de Blade Runner, la descentralización del sujeto ya no es una sofisticada teoría del estructuralismo (que va más allá de entender literalmente epigramas exitosos como "la muerte del sujeto"). La fusión con las máquinas ha llegado a tal punto que la posibilidad de sentir parece una utopía. En la novela de Dick esta idea es explícita porque los personajes cuentan con una especie de artefacto (el órgano de ánimos) que les permite llegar a cualquier sentimiento (ira, satisfacción sexual, depresión) discando números. Deckard parece resignado, pero no puede evitar enseñarle a decir "Te amo" a Rachel (una de las replicantes que debería cazar y de la que se enamora). Estos replicantes, androides con apariencia humana, son una creación de la Humanidad que se vuelve en su contra. Más o menos lo que les ocurrió a los dirigentes del fútbol con las barras bravas. "Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser un esclavo", repite Roy Batty, replicante y villano sensible que salva a Deckard (su verdugo) de caer al vacío.


No voy a permitir que se mate así a un valiente


La escena en que Roy Batty salva a Deckard está a un link de distancia de Traveler poniendo la "falleba" para que no atrapen a Oliveira en el capítulo 56 de Rayuela. O a Cruz y Martín Fierro en la noche unánime de la literatura argentina. Pregunten qué cosa me conmueve de este puto mundo. Responderé:


-Hombres enfrentados salvándose la vida.


Poesía eres tú


Antes de morir, Roy Batty enuncia unas palabras que recuerdan al canto con que los "Manos" del Eternauta se despedían de la vida. Esas líneas de diálogo son un hito y fácilmente pueden ser adulteradas como poesía:


He visto cosas que no podrán creer/ Naves de ataque ardiendo más allá de Orión/ He visto rayos-C brillando cerca de la Puerta de Tannhauser/ Todos esos momentos se perderán en el tiempo/ como lagrimas en la lluvia


Postdata


Escribo sobre un "clásico" y propongo una definición del término sólo apta para paranoicos: "aquello que se utiliza como parámetro para confiar o no en los demás".


viernes 1 de abril de 2011

Rubber Soul

Llega determinado punto en nuestra vida en que decidimos aceptarnos tal cual somos. No gastamos más tiempo en complicadas poses para parecer lindos en el perfil de Facebook. Dejamos de bajarnos los discos que le gustan a Pablo Schanton y empezamos a escuchar lo que verdaderamente nos conmueve. Compramos la ropa que nos hace sentir cómodos y no la que está de moda. Reconocemos ante nuestros amigos que miramos Gran Hermano e hinchamos por Solange. Y comprendemos que tal vez más que Herzog y Tarkovski, nos gusta ver películas fucking malas. Muy malas en serio. Películas que no pueden sostener su puto argumento más de tres minutos. Películas que provocan la indignación inmediata. Películas que exigen pedir la devolución del precio de la entrada. Películas que son la expresión acabada del sinsentido del mundo pero que, por alguna razón, nos gustan. Como el rock and roll a Mick Jagger: i like it, like it, yes, I do. Y cuando oímos hablar de Rubber, una película que trata sobre un neumático asesino, como el personaje de un cuento de Cortázar, pensamos seriamente que tal vez, entre ese humo y esa gente, se encuentren las puertas del cielo.


Entre paréntesis: no creo ser el único individuo en el mundo con una importante predisposición para ver películas sobre neumáticos asesinos. Incluso conozco gente que al leer esto, tendrá inocultables deseos de ver Rubber. Algo malo, extraño y sucio ocurrió en los últimos cincuenta años para que exista este tipo de sensibilidad.


Al instante de comenzar Rubber, un rubio vestido de sheriff sale del interior del baúl de un auto (que acaba de chocar un conjunto de sillas agrupadas en el medio de una calle cercana a una ruta) y explica, entre otras cosas, que no hay razón para que E.T sea de color marrón ni para que el aire que está a nuestro alrededor no se pueda ver. A continuación, el neumático toma vida y empieza a explotar objetos, animales y cabezas de seres humanos a través de sus poderes telequinéticos. A muy poca distancia del lugar en que sucede la acción aparece un grupo de espectadores que observan la película (de la que forman parte, claro). Ese grado de meta-ficción extrema hace pensar que Quentin Dupieux, además de ser un hijo de puta re canchero, puede ser algo así como la reencarnación cinematográfica de Macedonio Fernández. Durante el transcurso del film, tanto el sheriff (que lleva adelante la caza del neumático) como los espectadores, problematizan lo que ocurre: se preguntan si es realidad o ficción, aseguran no entender la trama, detienen el rodaje y proponen nuevas situaciones. Por otro lado, la película es tediosa (se pierde en extensas secuencias que siguen el itinerario del neumático por la ruta y los pastizales aledaños). Los gags y las actuaciones son malísimas. A pesar de durar una hora con dieciocho minutos se hace larga. El delirio tiene patas cortas. Hasta aquí, nada que no hubiésemos esperado, pero Rubber falla:


-En primer lugar, porque ninguna película con Roxane Mesquida puede ser mala. Roxane Mesquida es una francesa hermosa, demasiado para ser real y que además tiene la deferencia de presentarse ligera de ropas en cada película que hace.


-Y en segundo lugar, porque las películas malas lo son por una fatalidad, no porque sus respectivos directores quieren que lo sean. Si Dupieux hubiese explorado el abismo genuinamente, no habría recurrido a una explicación inicial (con aire de tesis sobre el absurdo de la vida) ni a la metaficción permanente (siempre valorada en los cráneos de la inteligentzia). Paradójicamente, este déficit ¡hace que la película sea aún más mala! Por lo tanto nos encontramos en el clásico círculo cíclico de ribetes absurdos del que es mejor escapar antes de morir.


Por último, propongo el sinceramiento de nuestros deseos, por más que quedemos en estruendoso off side. Puede que en el camino perdamos novias, amigos e imagen positiva, pero descansar tranquilos porque se dijo e hizo lo que uno siente, no se negocia, compañeros. Por favor, basta de caretearla, préstenle más atención a sus corazones.