En Descanso de Caminantes, uno de sus volúmenes de Memorias, Bioy Casares anota algunos de los entretelones de su relación con Ernesto Sabato. Recuerda que al conocerlo le pareció "digno de estímulo", pero que Borges no se lo bancaba por sus "pedanterías infantiles". Con dificultad, lo convenció de que era "inteligente". Silvina Ocampo fue "más difícil de persuadir". A continuación recrea una escena significativa:
"Un día me trajo (...) el manuscrito de El Túnel "para que se lo corrigiera" (...) Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (...), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sabato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y con las páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse".
Cincuenta años después (el desprecio literario es un plato que se sirve frío), César Aira cierra el círculo "atroz". Edita su Diccionario de Autores Latinoamericanos y en su apartado dedicado a Sabato escribe algo muy parecido a una necrológica:
"Sobre su robusto sentido común, sobre sus ideas convencionales y políticamente correctas (que lo hicieron en su vejez un favorito de los medios) era imposible ajustar pretensiones de escritor maldito o endemoniado, o tan siquiera angustiado; no tuvo más remedio que crear un personaje que se dice malo, atormentado y sombrío, con una insistencia francamente infantil".
Cuando menciona los tópicos que trata Sobre héroes y tumbas, la sagacidad de Aira permite que el recuento no necesite ningún tipo de observación posterior: "la desorientación adolescente, la decadencia del patriciado, el peronismo, el incesto, los submundos conspirativos, la locura y la relación Buenos Aires-interior". De este modo, protegidos por el escudo discursivo que conforman Borges, Bioy y Aira (entre otros), varias generaciones de nuevos escritores gastaron las primeras balas de sus cartuchos parricidas en el escritor de Santos Lugares. Tanto es así que en los últimos años la costumbre devino en una boutade para la gilada, un gesto tan anacrónico como el mismo "asesinado": simbólicamente Sabato murió hace muchísimos años. Si existe la justicia poética, la próxima "víctima" debería ser César Aira.
En fin. La clave para su resurgimiento, puede ser, como no podía ser de otra forma, un muerto: Roberto Bolaño. En su libro de ensayos, Entre Paréntesis, se distingue como un inesperado sabatiano. ¡Hasta es capaz de elogiar Antes del fin! Sólo vayan al índice onomástico.
Hay un epigrama malicioso que resume bastante a Sabato. Pertenece, claro, a Bioy Casares: "Un escritor importante de obra mediocre". Tal vez lo que distancia de Sabato, pasado el encantamiento adolescente, es ese malditismo existencial que de tan dark acaba siendo kitsch. Su prosa recargada desemboca en un estilo ornamental repleto de imágenes que pretenden un efecto dramático o un shock poético y, a menudo, caen en el mal gusto. En las primeras páginas de El túnel, hay una frase genial en su síntesis de nihilismo y angustia: "Que el mundo es horrible, es una verdad que no necesita demostración". Pero a continuación, el narrador agrega, innecesariamente: "Bastaría un hecho para probarlo, en todo caso: En un campo de concentración un ex pianista se quejó de hambre y entonces lo obligaron a comerse una rata, pero viva"... Abaddón, el Exterminador parece un exceso de megalomanía. Sobre héroes y tumbas es, indudablemente, una gran novela, pero no podría afirmar que sea buena.
Por otro lado, en la actualidad, la figura de autor que construyó Sabato (compromiso ético, solemnidad) queda en off side. Pero, más allá de sus contradicciones políticas (innumerablemente discutidas) ¿quién puede asegurar que las particularidades de su personalidad eran impostadas o que el paradigma actual (deudor de la estética coolness) sea mejor? Con Sabato muere también el último ejemplar (desterrado) de una estirpe variopinta de escritores (aquella conformada por Borges, Bioy, Mujica Láinez, las hermanas Ocampo, Cortázar, Mallea, Arlt, José Bianco) que, con errores y aciertos, ofrecieron las mejores obras de la literatura argentina.
Hoy salí del trabajo al mediodía. Lloviznaba y, mientras esperaba el colectivo, mi mente comenzó a calibrar palabras oscuras: "Me siento exiliado en este mundo, todo es ambiguo e incómodo". Cuando subí, en medio de una marea de gente desconocida que pugnaba por un asiento, reflexioné: "La vida es una película malísima, una escena trágica tras otra sin solución de continuidad". Finalmente conseguí sentarme, pero mirando el espectáculo decadente a través del vidrio empañado, no logré borrar el monólogo desolador: "¡Encima nada tiene sentido, el amor es una sofisticación estúpida y al final te morís!". Cuando bajé del colectivo llovía con más persistencia y recordé la teoría de un amigo: "¡En los breves instantes que somos felices, silenciosamente, se está gestando el cáncer que, tarde o temprano, nos destruirá!". Mi cerebro era una parodia del grito de Munch hasta que pasé por la vidriera de una librería y vi que Hombres y Engranajes llevaba un pequeño crespón negro. Automáticamente pensé: "Se murió Sabato". Luego: "Se murió Sabato en un día gris que parece escrito por él". Y más: "¡Por eso mismo había sido cooptado por pensamientos sabatianos!". Al doblar la esquina, se me hizo un nudo en la garganta y no lo pude creer. ¡Claro, era mi Yo adolescente que desde lo más profundo de mi Ser me recordaba las tardes y las noches que pasé fascinado por los celos de Juan Pablo Castel, el Informe sobre Ciegos, el encuentro epifánico entre Alejandra y Martín! ¡Ah! ¡Black Sabato, Q.H.D.P (1)!
(1): Qué Hijo De Puta.







