viernes 28 de octubre de 2011

Entren los que quieran



En septiembre vino Pez y tocó gratis en el aula magna de la Facultad de Humanidades. Era uno de esos festivales interminables, con mil banditas antes del número central. Yo llegué a las 12 de la noche y me fui a las 2 sin haberlos visto. El ambiente se asemejaba peligrosamente a un baño turco. Como sucedió con Adiós Sui Generis y Woodstock, a medida que pasen los años, van a ser millones los que dirán que estuvieron "el día que Pez tocó gratis en el Aula Magna". O tal vez sea verdad. Yo vi a todos mis conocidos. Los de la universidad, los de facebook, mis ex compañeros de salita de 5, mis primos lejanos. Era como cuando pasa algo importante en los Simpsons y aparece Springfield entero: Moe, Apu Nahasapeemapetilon, el profesor Skinner, Flander, Lenny, Edna Krabappel.


Ese día se me ocurrió que tal vez no me gustara mucho el rock. No el rock como género, sino como experiencia. El rock de la liturgia y la mística. El rock entendido como misa y tradición consuetudinaria. El rock como actitud trascendental para acceder a una realidad superadora que no es otra cosa que el efecto que produce la música a volumen alto mezclada con el faso y la birra. A diferencia del bolero, el rock es un movimiento cultural. Y en ese festival estaban todos los ejemplos que condimentan la ensalada emblemática del rock. Olor a bolas. Gente con aliento a fernet. Borrachos y drogados cayéndose por ahí. Vasos de plástico con espuma de cerveza caliente. Fragancia a porro de origen desconocido. Neo Hippies. Hippies Chic. Hippies que en realidad son sucios que se hacen pasar por hippies. Y tipos con mucho pelo. Los recitales de rock y los espejos son abominables porque multiplican el número de barbudos.


A determinada hora se formó una especie de niebla que mezclaba el humo de los cigarrillos con el calor de los cuerpos hacinados. Como en la película de Carpenter, la niebla atacaba y las víctimas sufrían graves consecuencias. ¡Algunos rockeros se despertaron y estaban en un laboratorio: ahora eran estudiantes de Exactas y no podían volver atrás! ¡Fue dramático ver cómo muchos grupos de amigos se tomaban de las manos para no perder la tuca que estaban fumando entre 5! ¿Con qué sentido la gente hace todo esto? Sin dudas para garchar. Porque ni la devoción más grande a una banda de rock puede justificar tanto sufrimiento. Daban ganas de encontrar un altavoz e informar: "No se amontonen, muchachos, si se organizan cogen todos". Y eso que hoy, gracias al kirchnerismo (que generó educación, empleo y auge militante), hasta un joven feo recién salido de la secundaria tiene sexo asegurado. Pensemos en un estereotipo más o menos posible: alguien que va a la facultad, tiene un trabajo en un call center y milita. Casi sin proponérselo, es parte de tres "cogederos", es decir, tres espacios con más de 5 personas de cada sexo que se ven por lo menos 2 veces por semana. Queda en cada uno aprovechar el zeitgeist que le tocó en suerte.


La cuestión es que Pez tocó a las 4 de la mañana y yo me lo perdí. Según cuenta la leyenda fue un recital heavy con mayoría de temas del disco nuevo. Pero nada de lo que se diga de ese festival es fiable. Como el final de Lost, cada espectador tiene una versión diferente. En lo que sí podemos ponernos de acuerdo es en que Volviendo a las cavernas es un discazo. La sensación que generan los cuatro primeros temas es notable. Un martillazo de rock atrás del otro. El mejor arranque de un disco en años de rock argentino. El híbrido ferpecto entre el Pez punkie de los últimos tiempos con la vertiente progresiva de Convivencia Sagrada o Folklore. Hay ecos de The Who pero también de Almafuerte. Factores aparentemente superficiales me caen bien a priori como que los títulos de los temas sean larguísimos: "Y por ahí escuché decir que aún existe ese lugar donde todavía hay humanos", "Aferrándonos desesperadamente a lo poco bueno que queda", etc. El leitmotiv del disco (conceptual) es el argumento de un cuento de ciencia ficción: el Apocalipsis ético y natural de un mundo demolido por el exceso de ambición.


Pez autogestiona su obra y hace muy buena música. Al igual que su último disco en vivo (Viva Pez), Volviendo a las cavernas se puede bajar gratis del sitio oficial de la banda. "Entren los que quieran". Pero de verdad.

miércoles 26 de octubre de 2011

Este post no es sobre Artaud

No se enojen, en algo estamos de acuerdo: Artaud no es un mero árbol en el bosque de la obra spinetteana. Quizá sea algo así como el Ciprés de Tule, habitualmente reconocido como el más alto y grande árbol del Planeta. Pero a veces sucede que la presencia de Artaud (sus temas y su tapa deforme y su manifiesto y su innegable resonancia en la historia del rock argentino) oscurece los alrededores inmediatos, como si antes de ese discazo no hubiese nada. Suele pasar. Un escritor notable como Bioy Casares muchas veces es señalado como un mero apéndice de su gran amigo Borges. El Gran Amor de nuestras vidas (en caso de existir) puede opacar un buen noviazgo anterior. Quienes saben de fútbol, afirman que el Boca del 81' contó con un Maradona a punto caramelo, pero que el verdadero artífice del campeonato fue Miguel Ángel Brindisi. En el rock, los ejemplos deben ser infinitos. Más que nada porque a menudo, el sibarita del género es alguien con una tendencia importante a rescatar lo que todos desechan por el simple hecho de sentirse el único en la tierra que escucha X disco. Esta tendencia esconde el anhelo oculto de autodenominarse un pionero cuando la crítica revalorice ese trabajo olvidado que hoy junta tierra en las disquerías del mundo (esto en caso de que todavía haya disquerías y todavía haya mundo). En 1972 Pink Floyd grabó la banda de sonido de una película. El material producido generó Obscured by clouds, un disco "sencillo" y pop comparado con obras conceptuales barrocas del tipo Meddle, que tenía un tema como "Echoes", que duraba alrededor de 25 minutos. Claro, no es Miranda ni Kapanga, pero hay piezas más breves, con melodías pegadizas y un sentido más cancionero de la existencia. Es un gran disco, pero al año siguiente apareció Dark side of the moon y pasó al olvido más rápido que el diario de ayer. Algo así sucede con respecto a Artaud (1973) y el disco que lo precede: Pescado 2 (también del 73’).


Pescado 2 registra la plenitud del grupo. Desatormentándonos muestra la faceta más agresiva. Más que un disco, son cinco temas (maravillosos). Como dice el dicho: lo bueno y breve, dos veces rockero. Ése debería haber sido el lema del punk (si el punk hubiese sido bueno; ésta no es una impresión de mi gusto personal, el objetivo del punk fue, justamente, ser malo). En fin. A excepción de "Dulce Tres Nocturno", se trata de un rock crudo, influenciado por Zeppelin y el rock and blues que estaba en boga. Artaud, por su parte, es un disco solista de Spinetta con invitados, firmado como Pescado Rabioso por cuestiones contractuales (las "cuestiones contractuales", uno de los caballitos de batalla de los periodistas para no explicar nada). Es en Pescado 2 donde se funde la esencia de la banda con la sensibilidad de su líder. Incluso en el recital de Las Bandas Eternas, Pescado salió a escena con la formación de Pescado 2 (más la inclusión de Guillermo Vadalá como bajista). Es que en el imaginario colectivo del rock local, el grupo se evoca desde las postales de la película Rock hasta que se ponga el sol. El ritmo inigualable de Black Amaya, la presencia de Cutaia con su aporte desde los teclados, la aparición estelar de Dadid Lebón ¡en bajo! y la voz poética de Spinetta.


Antes no sabíamos lo que era una precuela. Veíamos películas y las disfrutábamos. O no. La terminología de los cinéfilos (oscurecida por las nubes) nos puso a salvo de tal desconocimiento. Se trata de una obra que desarrolla una historia cronológicamente anterior a la de una obra ya existente. Como esta explicación corre el riesgo de convertirse en un enigma sin resolver, recurro a los ejemplos: las películas de Star Wars que comenzaron a estrenarse a partir de 1999 son una precuela de las primera tres porque se sitúan temporalmente antes del episodio IV (1977). En ese sentido Pescado 2 vendría a ser la precuela de Artaud y no exactamente porque sea el disco anterior, sino porque posee ciertas características que la obra más prestigiosa del rock argentino (en las encuestas de músicos suele arrasar) luego continuaría. Con Pescado 2 se explica algo del misterio y el enigma que rodea el disco con nombre de poeta maldito, que a veces parece la obra de un extraterrestre que recién acaba de bajar de su ovni. Por ejemplo "Cantata de puentes amarillos", la famosa suite de 10 minutos que puede considerarse el cenit poético de Spinetta, tal vez no existiría sin "Cristálida" (o "Aguas claras de Olimpo"), el tema épico que cerraba Pescado 2 y duraba 8 minutos con diez. "Todas las hojas son del viento" suele ser recordada por el verso "Cuídalo de drogas", afirmación sorpresiva en el contexto de un disco de rock. Sin embargo ya en "Hola Pequeño Ser", una pieza de hard rock bailable, Spinetta cantaba: "Si tu mente se viaja tenés que parar/ Y aprender a vivir de lo que vos pensás". En el librito interno anotaba: "La droga, en el momento en que desvía la mente lúcida ya se torna en parte de lo reaccionario". Claro que no se refería sólo a las sustancias tóxicas o a los alucinógenos, sino también a los estupefacientes metafísicos e institucionales que reprimen al hombre en las sociedades modernas.


El Packaging, tan indispensable en tiempos en los que la música es lo menos importante para el Mercado discográfico, fue, en la era del vinilo, un modo de ofrecer al oyente una perspectiva genuina del artista. Artaud pasó a la historia como el disco deforme que no se podía acomodar en las bateas, Pescado 2 por su maravilloso librito interno. Escrito y dibujado a mano, contiene letras, fotografías y comentarios de las canciones. Expresión acabada de un momento en que ser joven “se puso de moda”, deudor, en su discurso, del Mayo Francés y los movimientos a favor de la Paz, el cuadernillo es, más allá de la música, representativo del espíritu hippie y la voluntad iconoclasta de toda una generación. El mensaje de la página en blanco es elocuente: "Si querés podés participar de este espacio como se te ocurra".


La abundante lista de temas de Pescado 2 (se trata de un disco doble) es un compendio de sonoridades que forman parte indisoluble del Adn del rock argentino. Hay de todo. Desde el rock suburbano de “Nena boba” y “Sombra de la noche negra” (de Black Amaya) hasta el debut como solista de David Lebón en la preciosa “Hola dulce viento”. Spinetta, por su parte, se hallaba en un evidente pico creativo. Pescado 2 conjuga, por momentos, la inocencia del primer disco de Almendra con las letras herméticas y fascinantes del periodo de Invisible. Eléctrico (“Poseído del alba”, “Ámame peteribi”) o acústico (“Mi espíritu se fue”, “La cereza del zar”). Blusero (“Como el viento voy a ver”) o pop (“Viajero naciendo”). En plan delirio (“Panadero ensoñado”) o de denuncia apocalíptica (“Corto”), Spinetta brilla como cantante original, letrista inspirado y leyenda.


Como sucede con la historia, existen distintas fechas emblemáticas en el rock argentino. Algunas celebran, otras conmemoran. El 23 de octubre de 1951 nació Charly García. El 20 de septiembre de 1997 se despidió (por primera vez) Soda Stereo. El 22 de diciembre de 1987 murió Luca Prodan. Y el 4 de diciembre de 2009, Luis Alberto Spinetta hizo realidad un deseo utópico de miles de fans: reunió a todas sus bandas en un recital que duró alrededor de 5 horas. Quienes allí estuvieron podrán precisar la sofisticación musical de Invisible. La asombrosa atemporalidad de los temas de Almendra. La capacidad de Spinetta para recibir en un escenario a buena parte de la primera plana del rock argentino. Lo que nadie podrá negar es que el instante de mayor mística rockera fue cuando salió Pescado Rabioso al escenario. Fue tan poderosa la imagen del grupo y los primeros acordes de cada uno de los temas, que olvidamos el marco en que sucedía el show. Por única vez, la gente bailó. El que no coreaba los temas emocionado, lloraba de alegría y nostalgia. De Pescado 2 tocaron "Credulidad", "Poseído del alba" y "Hola Dulce Viento". El rock (como el amor, el peronismo, la poesía) es tantas cosas que ya no se puede explicar, se reconoce. No lo digo sólo en sentido literal: Pescado Rabioso es rock.



(Publicado originalmente en la revista Power Music Octubre/Noviembre 2011)

sábado 22 de octubre de 2011

¿Entren los que quieran?

La historia es famosa. Kafka le encargó a Max Brod la tarea de quemar la totalidad de sus manuscritos, pero el amigo desobedeció la orden y los publicó todos. A través de los años, fueron muchos los que acusaron a Brod por traición y deslealtad. Borges, por su parte, señaló que si Kafka "hubiera querido destruir su obra, lo habría hecho personalmente". Una idea análoga me surgió el año pasado, cuando gran parte de la opinión pública progre se maravilló porque en el primer track del último disco de Calle 13 la banda criticaba a Sony e instaba a sus fans a bajarse el disco de Internet. Un artista al que realmente no le interesa formar parte de una discográfica (porque no lo necesita, porque gana más dinero de otra manera, porque se le canta), rompe el contrato que lo mantiene unido a determinada empresa y sube su disco a la web. De otra manera es un gesto para la gilada, como cuando una persona anuncia que se va pero en realidad está esperando que alguien le diga que se quede.


Esa mezcla de impostura y demagogia regresó en estos días. Resulta que Calle 13 se presenta en Mar del Plata el 30 de octubre. El eslogan que publicita el show es el inclusivo nombre de su último disco: Entren los que quieren (el anterior era Los de atrás vienen conmigo). Imagino la reacción de una persona de bajos recursos al enterarse que las entradas de quienes representan (y calman) al pueblo están entre 180 y 250 pesos. La operación es simple, de suma y resta: la banda que no deja de autodenominarse marginal, intragable para el sistema y salida de las mismísimas profundidades de Latinoamérica deja afuera de su fiesta a quienes son sus oyentes modelo. Tal vez me confunda: ¿el tema dice “Aquí se baila como bailan los pobres" o "Aquí se baila como la clase media acomodada cree que bailan los pobres"?


"Vamos a portarnos mal" es el lema que eligió Victoria Donda en su campaña cuando entendió que era más fácil conseguir votos utilizando las tetas antes que la cabeza. Originalmente fue el título de un tema de Calle 13. En su estribillo dice: "Nos gusta el desorden/ rompemos con las reglas/ somos indisciplinados". Qué miedo. Voy a asegurarme que la llave de mi casa esté cerrada y vuelvo.


Decir que te gusta Calle 13 te hace quedar bien. Le otorga un poco de brillo progresista (o peronista o kirchnerista) a una persona que nunca fue pobre ni vivió en un barrio con calle de tierra ni se tuvo que ensuciar las manos para trabajar. Como la chica tonta de "Common People", ese extraordinario tema de Pulp, hay mucha gente que piensa que ser pobre es cool. O tierno. ¿Alguna vez se fijaron en que Sandra Russo hablaba de Milagro Sala como si fuera un muñeco de peluche? Me encantan los que auspician el uso de bicicletas porque siempre tuvieron guita para comprarse un auto. "Te cambia la vida". Depende donde tengas que ir... Pero Residente, tan musculoso y tatuado, sólo es el Ricky Martin de los progres. En algún momento sus letras habrán causado impacto, hoy el sistema lo deglutió y neutralizó cualquier posibilidad de "subversión". Subrayo en las "letras" porque "el mensaje" es lo que hace que Calle 13 y no Daddy Yankee sea referente de un fan de 678. Que cante "Gordita" con Shakira no es casualidad, el devenir de la colombiana es elocuente: de ser una cantautora genuina a una rubia que sabe mover el culo. "Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro" asegura el Yo testimonial de "Calma Pueblo". Sospecho, aunque tal vez me equivoque: al Sistema (Capitalista, ¿cuál otro?) le importa más vender entradas a 250 pesos que un par de rimas bien hechas.


Con razón, he oído criticar al "notero baboso" de Crónica porque su abordaje a las mujeres que toman sol cosifica. No escuché a nadie referir que todas las mujeres que aparecen desnudas en el video de "Calma Pueblo" pertenecen al canon estético imperante.


Este tipo de contradicciones no debe sorprender ni espantar: ¿acaso no votamos a alguien que dice defender a los desposeídos y tiene un patrimonio de 70 millones de dólares? Abrazo peronista.

domingo 16 de octubre de 2011

Zombificados

René Depestre denomina "zombificación" al proceso a través del cual el esclavo negro (o afroamericano, según cual sea el grado de corrección política del lector) esquematiza sus paradigmas mentales a partir de la subjetividad del Otro. De esta forma, el esclavo padece un vaciamiento de su imaginario cultural. Esto se expresa, por ejemplo, cuando adopta el universo semántico de su amo, en el que "blanco" y "negro" equivalen a "superior" e "inferior".


Nosotros, los esclavos inconscientes, también sufrimos una zombificación de nuestra subjetividad: la globalización, concepto demodé por haberse instaurado como un lugar común de cierto discurso berreta de los movimientos tercermundistas. Por ejemplo, se reconoce a un ser profundamente globalizado cuando, de buenas a primeras, cree que el término "Steve Jobs" equivale a "Genio". El ser globalizado cree que fue él, por sí mismo, quien compartió con sus amigos el discurso de Steve Jobs en Standford. Pero no: fue el Otro. El Otro es el que te dice qué tenés que pensar para ser inteligente. El Otro es el que lo homogeniza todo en pos de una engañosa tolerancia capaz de justificar la mayor de las injusticias. El Otro, también, es el que te hace sentir que algo anda mal si no seguís determinada serie norteamericana de moda. Hay algún tipo de colonización en la forma en que nuestra sensibilidad sintonizó con la dinámica adictiva de las series.


Cortázar se preguntaría: ¿nos apropiamos de las series o las series se apropiaron de nosotros?


The Walking Dead es un eslabón más de la cadena. Quiero apuntar algunas observaciones rápidas.


En primer lugar, el influjo de Lost. La serie de J.J Abrams es, por mucho que bufen los eunucos, el modelo a seguir por todo director que quiera alojarse en el corazón de sus espectadores. Desconozco las particularidades del comic en que está basado The Walking Dead. Sin embargo allí está el personaje principal que no es Jack sólo porque acá se llama Rick y en vez de doctor es comisario. Shane o Daryil, antihéroes violentos al estilo Sawyer. También el padre negro que lucha por la supervivencia de su hijo (como Michael y Walt). El oriental simpático (Miles, aquí Glenn). Lori, que como Kate, es disputada por dos muchachos antagónicos (Rick y Shane). A diferencia de Flashforward, que tomaba elementos losteanos y fracasó estrepitosamente, cada uno de los capítulos de The Walking Dead fue un éxito abrumador. Tal vez una clave de la efectividad es la brevedad de la primera temporada: fueron sólo 6 capítulos, sin lugar para rellenos ni repetición de tópicos.


Un amigo se fue del país la semana anterior a la muerte de Néstor. Al volver, a principios de noviembre, no podía entender cómo hasta su mamá gorila se había hecho kirchnerista. Algo así le sucede a Rick, el comisario que recibe un tiro en el pecho, queda en coma y cuando despierta se encuentra con una plaga de zombies que dejó el mundo patas para arriba. Como Martín Fierro, vuelve a su rancho y no hay nadie. Pero se da cuenta que su mujer y su hijo escaparon porque no hay portarretratos familiares. Si Terra Nova es la mezcla de Los Supersónicos y Los Picapiedras, The Walking Dead es un híbrido que tiene mucho de western, videojuego sangriento, melodrama y épica americana. No saber cómo se produce la peste es otro acierto: ¿a quién le gusta enterarse que el amor es consecuencia de una reacción química? William Burroughs decía que el lenguaje es un virus del espacio exterior. Tal vez el amor sea una peste de la misma procedencia. Pensemos en esto y cambiemos de párrafo.


Una película que envejeció mal, Las alas del deseo, provoca algo hermoso en el espectador: ganas de frotarse las manos cuando hace frío, de tomarse un café expreso en la calle. Eso es lo que añora el ángel que se quiere sacar las alas para compartir la poesía oculta de la vida cotidiana. Esta nostalgia de lo habitual puede compararse con la que produce la mejor ciencia ficción. En varios libros de Ballard (tan bien analizados por Pablo Capanna en El tiempo Desolado) la escenificación del mundo actual arrasado provoca nostalgias del presente. The Walking Dead también. Por último, nos hace formular la pregunta que este tipo de productos debe propiciar: ¿y si los zombies realmente somos nosotros? Sayonara.

miércoles 12 de octubre de 2011

#findelfutbol V: Al borde de la hazaña

Ya lo dijo Andrés Calamaro en un tema


A la novela de iniciación de Messi le arrancaron varios capítulos. Es como si a la segunda página de El Cazador Oculto Holden Caulfield comprendiera que quiere ser el guardián entre el centeno que impide que los niños caigan por el precipicio de la adultez. Para que eso suceda Holden debe ser expulsado de Pencey, vivir sin timón y en el delirio en Nueva York, preguntarle a un taxista adónde van los patos cuando llega el invierno, ver a Jane llorar sobre el tablero de ajedrez y borrar las lágrimas con el dedo. A Messi no le dan la cinta de capitán, se la imponen. En vez de esperar a que surja espontáneamente (algo que tal vez nunca ocurra), lo obligan al liderazgo. En ese punto, Sabella se asemeja a esos padres que llevan a sus hijos a debutar antes de tiempo, temerosos de que sean homosexuales. Y si el pibe no es lo bastante fuerte como para plantarse y poner un límite, cae en la sobreactuación, algo que sobrevuela alrededor de Messi cuando grita o quiere ordenar a sus compañeros con cara de malo. El trabajo de Messi, por si alguno todavía tiene dudas, es tratar muy bien al balón. Ser un guerrero era una actividad acorde al ego y la cronología personal de Maradona. Ya lo dijo Andrés Calamaro en un tema.


Como Steve Jobs


Tal vez ante la evidente decadencia estructural, el hincha de fútbol, para no decepcionarse tan seguido, deba adoptar los conceptos de interpretación del rugby. El mito de Los Pumas refiere que su existencia, de por sí, es milagrosa. Al contrario de lo que se piensa sobre la Selección Argentina de fútbol, de Los Pumas no se espera nada, ¡por eso cualquier cosa que hagan es admirable! De esta forma se deja de lado la tortuosa idea de fracaso y llegar a un Mundial, apoyar un try o perder 33 a 10 contra los All Blacks los deposita en la hazaña o al borde de la misma. No sería descabellado suponer que Sabella, como Steve Jobs, entendió el espíritu de los tiempos. Por eso declara que se conforma con ganarle a Venezuela medio a cero. Por eso pone cinco defensores en cancha. Por eso convoca a Palacio con 6 años de atraso. Por eso arma un mediocampo más improvisado que un show de Charly García en la etapa Say No More. No perder por goleada, entonces, nos encontró, sin saberlo, al borde de la hazaña. Con los años, Sabella obtendrá su reconocimiento como quien se adelantó a los paradigmas anquilosados del fútbol argentino. Igual a Steve Jobs.


¿Y si no somos tan buenos como creemos?


Enfrentarse a la verdad es complicado. Por eso en facebook no existe gente fea ni estúpida: somos todos lindos e ingeniosos. Cuando te sale un grano en la nariz, no te mirás al espejo. Si el psicólogo te canta la posta, de repente te empezás a preguntar qué estás haciendo pagándole a un tipo por cantarle el greatests hits de tus miserias: ¿acaso no es él quien debería pagar por divertirse durante 50 minutos? Quienes se obsesionan con su peso, no quieren ver una balanza ni en figuritas. El hincha de fútbol argentino elude enfrentarse al espejo celeste y blanco. Y decirse verdades. Por ejemplo que ganamos 2 mundiales de 19 jugados en un lapso de 8 años cuando la competencia abarca 70. Que de los 2 ganados uno fue de local y en plena dictadura militar con un 6 a 0 a Perú más extraño que Mike Amigorena. Que el otro fue gracias a la actuación estelar de Diego Armando Maradona, jugador único e irrepetible. Y que uno de los partidos cruciales del Mundial de México fue triunfo gracias a una jugada ilícita del jugador único e irrepetible. Y por circunscribirnos al contexto: que si el viernes pasado jugaban Medel y Alexis Sánchez tal vez otra hubiese sido la historia. Pero no caigamos en la contrafáctica, no existe, con los hechos consumados alcanza y sobra para elaborar el interrogante obvio: ¿y si no somos tan buenos como creemos?

jueves 6 de octubre de 2011

Un último secuestro

Conozco personas que nunca escucharon a Pink Floyd pero se lamentan porque no van a poder ver la presentación con delay de The Wall. Si alguien les mostrara una fotografía de Roger Waters lo confundirían con Richard Gere. También están los que no saben nada de rugby pero se levantan a las 5 y media de la mañana para ver a unos tipos de clase alta llorando porque se pasaron de anfetas. ¡Los mismos que una noche, pasados de rosca, tal vez te caguen a piñas porque no les gustó tu cara!


Yo a veces escucho la música que hay que escuchar. Miro películas geniales, no me gustan nada y supongo que no las entendí.


Es cierto, los riesgos de querer ser lindo y cool siempre existieron. Redes sociales como twitter y facebook llegaron para explotar este costado penoso del humano. Si estás afuera del trending topic no existís, entonces hacemos todo el esfuerzo posible por conectar nuestra sensibilidad a cualquier noticia que genere impacto masivo. No importa que no nos interese en absoluto, lo esencial es no quedarse afuera y formar parte de un acontecimiento colectivo.


De la pérdida de la experiencia al secuestro de nuestro estado de ánimo. Necesitamos ser colonizados subjetivamente. Estar deprimido, feliz o abúlico es una posibilidad que nos excede.


-¿Cómo estás?


-Abro twitter y después te digo.


Finalmente llega el día en el que te levantás y tenés que estar triste porque se murió Steve Jobs. Un CEO de aquellos. Como Magnetto, ¿no? ¿O la mano derecha de Ernestina no es un CEO de la puta madre? Si la cuestión es tener poder, éxito, seguir adelante caiga quien caiga...


Steve Jobs nos cambió la vida a través de las distintas empresas que creó y los chiches tecnológicos a los que otorgó respaldo económico y logístico. Eso no entra en duda. También le cambió la vida a millones de personas el inventor de la llave francesa. Pero sospecho que nadie se acuerda de ese tipo ignoto: ¡una llave francesa la compra cualquiera y generalmente la usan negros llenos de grasa!


Por otro lado, cuando éramos idiotas, solíamos manejar otro concepto sobre las personas que nos cambian la vida. Antes se trataba de aquellos seres que nos daban amor y lecciones de ética en la cotidianeidad, ahora de inversionistas con un pulso sensacional para crear adicciones consumistas y ubicar productos en el Mercado.


Es verdad que Jobs se hizo de abajo y que su fallecimiento por causa del cáncer son aspectos que generan empatía y conmueven. También que la mediatización de tales fatalidades (que le ocurren a miles alrededor del mundo) está a un paso del golpe bajo.


El co-fundador de Apple dijo que la muerte de Jobs se compara a la de Lennon o Martin Luther King. Uno creería que el tipo está equivocado, que deduce que sus vínculos son equiparables a los de toda la Humanidad. Como si yo creyera que la muerte de mi abuela, en mayo pasado, marca un hito en la historia de Occidente. Sin embargo hay millones en todo el mundo que le dan la razón: ahora mismo hacen culto de una marca que sólo podrán usar en sueños.


A la mañana, en la radio, Andy Kusnetzoff afirmó que muertes de multimillonarios como Jobs significan que todos vamos a morir, no importa cuánto dinero tengamos. ¡Eureka!

Vive y muere pero no huevees


Ser fanático de un escritor es bastante similar a ser el débil de una relación. Lectores como novios pollerudos que deben aceptar los caprichos y los desplantes de sus parejas. Las acompañan al cumpleaños de una tía lejana. Comen hamburguesas de soja. Se pierden los partidos de sus equipos porque entró en crisis un corte de pelo. Hasta que llega determinado momento en el que cierran el libro del amor en el medio de un capítulo cualquiera. Y se dicen que nunca más volverán a leerlo después de ese fiasco de volumen de cuentos, el plomo de aquella novela tan ambiciosa o esa colección de poemas escritos a media máquina. Pero, tarde o temprano, vuelven.


Hay libros que son como llegar a casa: y que te encuentres a Jack El Destripador en el baño/ y que te hayan cambiado la cerradura/ y que en la puerta te espere un familiar insoportable.


Nuestros escritores favoritos nos llaman y regresar cada tanto a sus libros es como llegar a casa después de un viaje, uno de esos al Norte que acostumbran hacer los jóvenes de clase media-alta para contar a sus padres ¡que un día vieron a un pobre y se ensuciaron las uñas con tierra! De la cama al living, es verdad, no hay travesías ni excursiones ni aventuras, pero estamos cómodos, relajados y es imposible perderse. Algo de eso sucede con los libros póstumos de Bolaño. Aunque aquí el romance sería un triangulo amoroso: con el autor y sus editores, tendientes a publicar incluso aquella vieja y perdida lista del supermercado del año 1994. La verdad es que después de 2666, obra maestra de la literatura del siglo XXI, zeitgeist soberbio de la alienación del mundo actual, no es mucho más lo que se le puede pedir al Bolaño Post-Mortem. Sin embargo siempre estamos ahí, atentos a las novedades de nuestro Cortázar para armar. Ustedes saben: Los Detectives Salvajes es La Rayuela que nos tocó en suerte. El libro que nos dio ganas de escribir y de coger y de amar y de viajar y de vivir a quienes nacimos en los 80'. Y como se miran cada tanto los nuevos y malos capítulos de Los Simpsons, como se sigue el derrotero de River en la B Nacional, seguimos leyendo las viejas nuevas novelas de Bolaño.


El Tercer Reich (2009) estaba demasiado bien. Empezaba como una novelita cualquiera para leer en el verano, pero promediando era como llegar a tu casa y descubrir un pasadizo atrás del armario de tu pieza. Creo que es una obra maestra y que ya se entendió la analogía entre libros y casas. Los sinsabores del verdadero policía no es mala pero parece un pastiche de todos los libros de Bolaño. Ahí está la gracia pero no a todos nos causa risa. Hay fragmentos de Los detectives salvajes y algún cuento de Llamadas telefónicas. Amalfitano, el personaje principal, aparece en 2666 con otro "prontuario" (aquí es un profesor de literatura que tiene sexo con un alumno y debe mudarse de Barcelona a Santa Teresa). Lo mismo con el escritor enigmático, J. M. G Arcimboldi, que en 266 se llama Benno von Archimboldi. Se trata de un collage del imaginario bolañesco que luego tomaría forma en sus obras más logradas. Los editores lo hacen pasar como un ejemplo vanguardista de work in progress. Cosa que es, claro, pero de la misma forma que Goyeneche es rockero, El día de la marmota una película sofisticada sobre el paso del tiempo y yo un pelotudo: involuntariamente. Allí están los poetas homosexuales. Los crímenes. Las historias de la Segunda Guerra Mundial. Los pasajes oníricos. Las putas. La pulsión romántica de la escritura. Y esa alusión a escritores y libros que si se pasa de rosca se convierte en un alarde innecesario: de Bioy Casares a Reynaldo Arenas, pasando por Herralde (¡!) y Georges Perec. Esto (que alguna vez advirtió Fogwill sobre un chat entre el mismo Bolaño y Piglia) merece un párrafo aparte.


Amalfitano dio un curso sobre Mario Bunge al que asistió sólo una persona, preparó otro de Rodolfo Wilcock y ofreció un seminario sobre Felisberto Hernández. En la noche parisina, su hija duerme en una chambre de bonne de la calle Marcel Proust. El diccionario de autores (como el adjetivo, la rima, la comparación, las citas, los sinónimos, la lectura de Bolaño, la enumeración y los paréntesis) cuando no da vida, mata. De un hombre culto a uno idiota hay un solo paso. Cuando la narrativa (o la poesía) tiene "cameos" o menciones permanentes de escritores y exige que el lector conozca su obra y su trayectoria y su vida para hallar sentido, cae en el sectarismo. Una literatura para pocos, para gente cool. Para mi mejor amigo o la mina que me quiero levantar. Todos los libros de Bolaño (o por lo menos los mejores) deberían llevar índice onomástico, pero a pesar de ello pueden provocar el goce de cualquier lector "amateur" (me refiero, ingenua o pedantemente, a alguien que: no tiene biblioteca, no lee suplementos literarios ni tuvo la desgracia de estudiar Letras). En Los sinsabores... hasta parece que gran peso de la apuesta narrativa está en ese desfile incesante de autores. De la página 258 a la 259, por abrir una al azar, cuento 25 (entre filósofos, escritores y Arcimboldi). En realidad, la máquina bolañesca todavía no estaba del todo aceitada. Algunos fragmentos (el de las violaciones de las distintas María Expósito) parecen propios de García Márquez. Otros, en cambio, están a la altura del mejor Bolaño. Cuando el comisario Pedro Negrete narra su encuentro con el General Sepúlveda sentimos la presencia inapelable del maestro de la literatura latinoamericana contemporánea:


"Y cuando íbamos por la quinta o sexta taza de whisky el viejo dijo que en el cuarto de los empleados había un muerto. Y yo le dije: no bromee, mi general, y él me miró a los ojos y me dijo compruébalo tú mismo".


Digresión referida no sólo a Los sinsabores, sino a la mayoría de las novelas que leemos (nos agraden o no): llega determinado punto en el que ya no sabemos muy bien qué sucede. Ni quién es el narrador, ni de quién está hablando, ni si el personaje principal fue asesinado, ni en qué ciudad se lleva a cabo la acción (si es que hay acción). Lo único urgente es terminarla. Como sea. Y ahí sí pasar sin remordimientos a una nueva novela. La gente moderna acostumbra a decir que no importa si se termina o no un libro. Lo que vale es la experiencia. Sospecho que entienden que los tiempos cambiaron y eso de terminar libros es algo antiguo. Bueno, yo creo todo lo contrario. Incluso que el tiempo no existe ni cambia. Existen y cambian las personas. Personalmente quiero terminar los libros que empiezo y advierto con horror que cada vez empiezo más y termino menos. Ya en 1990 Levrero intuía que no le dedicaba el mismo tiempo que antes a la literatura porque su subconsciente había sido reemplazado por la computadora. Ahora mismo vivimos la distopía virtual de reemplazar la vida por facebook y twitter. En la Antigua Grecia consideraban que la esclavitud era algo natural. Tal vez dentro de algunos siglos se considere a las redes sociales como enfermedades patológicas masivas que afectaron profundamente a la especie humana.


La digresión anterior actualiza el problema ético de decir o no que se leyó un libro si no lo terminamos. Se impone, de esa forma, otra división del mundo: de un lado los que no terminan un libro y de todos modos dicen que lo leyeron; del otro, los que no terminan un libro y no lo mencionan entre los libros leídos. También una regla sobre la desconfianza del tipo: "desconfío de quienes no terminan un libro e igual dicen que lo leyeron". Al mismo tiempo, esa frase podría ser el título de un grupo de facebook.


Digresión al apéndice de la primera: una buena digresión no debería ser explícita en el cuerpo del texto, es algo que el lector debe desentrañar.


En fin, todas esas características que hicieron de Bolaño un escritor reconocible, con un estilo propio y una obra sólida, acá aparecen como ingredientes de una receta a medio terminar. Una cosa es lo inconcluso, muchachxs (¡!), otra lo incompleto. El esfuerzo del prologuista (J. A Masoliver Ródenas) por justificar la publicación es elocuente: un libro genuino no necesita justificación alguna. Claro que sí, el verdadero policía es el lector que intenta en vano ordenar la novela endemoniada, pero un libro, como el ser, es o no es. Los sinsabores del verdadero policía se asemeja mucho a una de esas series yanquis que cancelan por falta de audiencia. Se dirá que a libros de Kafka como El Castillo o El Proceso también les faltaba una mano de pintura. La diferencia es que sin El Castillo o El Proceso, la literatura de Kafka no sería lo que es. Sin Los sinsabores... en la biblioteca bolañesca, no pasa nada. Es más, gana en promedio.


Los libros de más son como esos parciales difíciles en los que las respuestas equivocadas te quitan puntos.


Por último, con este compendio de clichés, la novela le da la razón a quienes dicen que Bolaño es un escritor globalizado, a la medida de las multinacionales. Nació en Chile, creció en México, murió en España. Sus relatos suceden en cualquier lugar del mundo. Está de moda. Sus narradores manejan el registro de lengua de estos tres países y a veces caen en el neutro (en un campo semántico, término cercano a "light"). Pero aún así la máquina narrativa de Bolaño funciona ya que los aspectos esenciales de su producción literaria no obedecen a un estudio de mercadotecnia para hacer best sellers: ¡son fruto de la fatalidad del destino que lo llevó sin timón y en el delirio por la Ruta! Y esto lo nota cualquier lector con un poco de intuición. Por otro lado, Nabokov nació en Rusia, escribió en inglés y sus novelas están ambientadas en Berlín (Risa en la oscuridad) o Estados Unidos (Lolita). A excepción de Aira, nadie lo considera un lector para señoras que toman el té.


Bolaño, como solían decir los defensores de Cortázar en los 70', era un ciudadano del mundo. O un extraterrestre.

martes 4 de octubre de 2011

Malicksimo

Para BC.


Puede ser un libro, un disco, un artista plástico. En cine, la materia que nos ocupa en este caso, se ubican al tope de todos los rankings David Lynch y Lars Von Trier. Son los productos estéticos que llevan un halo de prestigio tal que si no nos gustan, es probable que nos acusen de no entenderlos. El árbol de la vida (The Tree Of Life), la nueva película de Terrence Malick, es ejemplo de esta serie.


Recuerdo cuando Gorosito dijo que Fabbiani era ídolo de River sin jugar. El Ogro pasó por el Club sin pena ni gloria, a Pipo le pegaron una patada en el orto y River se fue al descenso. Algo de eso sucede con la película de Malick, denominada "obra maestra" incluso antes de ser estrenada. La primera media hora es, probablemente, una de las experiencias audiovisuales más ridículas de la historia del cine. Todos los lugares comunes de la solemnidad sin solución de continuidad. Cita bíblica. Música clásica. Pasajes que exponen la creación del mundo. La muerte del hijo como tema. Y la cara de distraído de Sean Penn, el actor indicado para aburrirnos y pensar que estamos observando algo serio e inteligente. Un híbrido disparatado entre los documentales de Discovery y las publicidades ambiciosas de la década del 90'. "Pirotecnia visual para todos". Técnicamente impecable, pero sin espíritu ni alma ni corazón ni tripas. Grave falencia si pensamos que la película es, justamente, una historia que apela al sentimentalismo (pero cae en la sensiblería). Nunca extrañé tanto a Spielberg como cuando aparecen un par de dinosaurios pastando. No faltará quien diga que Malick es un artista porque muestra a los dinosaurios caminar por un lago en vez de hacerlos correr o morfarse unos a otros. Son los que creen que con hacer algo diferente basta y sobra.


Un gran problema a la hora de filmar una película así debe ser proponérselo. Como la mujer de tu vida, las grandes cosas aparecen cuando menos lo pensás. Por eso la gente que busca pareja desesperadamente está sola. Por eso nunca llega Godot. El director de El día de la marmota, claro, no pensó que estaba realizando una obra dramática sobre el amor, la muerte y el paso del tiempo.


Luego de esa introducción tortuosa comienza algo parecido a una película. Formamos parte de una cultura cristiana y, aunque no seamos practicantes, dentro de nuestra psiquis todavía anida la idea de que luego del sufrimiento sobreviene la recompensa. Creo que eso explica por qué mucha gente vio, ve y verá El árbol de la vida hasta el final. Pero Malick no es Tarkovski. El ruso te aburría al principio para darte el golpe de nocaut al final. El genial Malick, en cambio, ¡te aburre al principio, te aburre en el medio, te aburre al final! Y lo que molesta ni siquiera es el aburrimiento (condimento necesario en muchas obras de arte), sino la impresión de que todo es una gran fantochada. Sin embargo, lo anterior es tan decepcionante que, por contraste, la historia trágica de una familia de la década del 50' nos atrapa. El padre severo, Brad Pitt. La madre hermosa y buena y amable y todos los adjetivos que ingresen dentro del campo semántico del término "Madre" en Occidente. Y tres hermanos, uno de ellos Jack, el más grande, con un complejo de Edipo irresuelto (perdonen el lugar común, estuve viendo mucho a Malick), en rebelión constante contra el malo de Brad. Hay muerte, tristeza, juegos, infancia, Dios, más tristeza. Hacia el final de la película irrumpe un flashforward en el que Sean Penn (uno de los hermanos en la actualidad) ya pasó de distraído a totalmente desorientado. Se dirige a la orilla del mar onírico de la vida y, en una remake involuntaria del final de Lost, se reúne con todo el elenco de la película. Probablemente festejaran que se acababa el rodaje del film, porque se abrazan. El ex novio de Scarlett reconoció que todavía no sabe bien qué hace ni qué aporta su papel en la película. Para mí es lo mejor: esa cara de "¿dónde estoy?, ¿qué pasa?, ¿quién soy?" tiene más resonancias filosóficas que todas las páginas de Ser y Tiempo.


Es verdad, lo acepto, no entendí nada de El árbol de la vida: no había nada que entender. Recomiendo verla como una comedia pasatista. Se van a cagar de la risa.

domingo 2 de octubre de 2011

La censura de nuestras conciencias

En una vieja entrevista concedida al Diario de Poesía, Fogwill declaraba que al no existir ya la necesidad de eludir la censura del Poder, lo que imperaba era eludir la censura de nuestras conciencias. Desde esta perspectiva, se explica la dinámica del sistema de intervenciones culturales que mantuvo el escritor desde los años 80 en adelante. Se manifestó contrario al divorcio, al aborto, al matrimonio igualitario, la ley de medios, la sacralización de las Madres de Plaza de Mayo. Toda esa esgrima verbal al pensamiento progresista pueden encontrarse en un libro imperdible: Los libros de la Guerra. Como bien dice Daniel Link en la contratapa (qué raro, pude leer más de tres palabras de Daniel Link): este libro debería ser de lectura obligatoria en todas las escuelas de la Patria.


Creo que como contrapeso a un pensamiento tan extremo y sólido como el de Fogwill, nació el kirchnerismo. Se necesitaba un movimiento de masas para hacerle frente al discurso del sociólogo. Esta última frase simplemente queda bien, ni siquiera la pienso. La vertiente más naif del kirchnerismo piensa los acontecimientos políticos y los debates ideológicos como lo haría una niña pequeño burguesa que se enamora del pelilargo que atiende en la fotocopiadora del Centro de Estudiantes (que, como todos sabemos, es un pequeño burgués disfrazado). Una cosa insoportable. Esto último tal vez queda mal, pero lo pienso. Para demostrarle al sucio pelilargo que tiene sensibilidad social y puede ser digna de su amor, la niña se embandera en toda causa políticamente correcta que exista. Pero el pelilargo sólo quiere sexo. Oral, probablemente.


¿Qué estaba diciendo?


Ayer vi TVR. El primer informe fue sobre el caso de Mike Amigorena, quien iba a desempeñarse en el rol de Magnetto en una serie sobre Papel Prensa y decidió bajarse. Grabó 8 capítulos y se las tomó. Sus explicaciones fueron por lo menos dudosas. En el informe se veía a Raúl Rizzo hablando sobre el tema. Exhortaba a Mike a dejar de ser un neutral y ¡ponerse del lado de la vida, de la moral! Me encanta esa faceta de los kirchneristas similar a la del Mercado de Pases: "mientras estén de nuestro lado no importa de dónde vengan". ¡Así es que de un día para el otro Gustavo Sylvestre sintoniza con el cristinismo y nadie se da cuenta! Osvaldo Bazán intentó hacer pasar el conflicto como un simple arrepentimiento del actor. "¿A cuántos de nosotros nos ofrecieron un trabajo, dijimos que sí a grandes rasgos y cuando vimos bien, bien de qué se trataba nos arrepentimos?", se pregunta Bazán, afligido, mientras todos asentimos, recordando las innumerables veces que rechazamos trabajos. El kirchnerismo, por su lado, erigió a Mike como la víctima de un nuevo apriete de Clarín. Eso es más fácil que aceptar que Amigorena, hombre grande, eligió lo contrario que Florencia Peña. Tal vez me equivoque, pero Mike parece un tipo apolítico. Es decir, de derecha. Por lo tanto tal vez le interesa más trabajar en Canal 13 que transformarse en un emblema nac and pop. Y ante la hipotética/supuesta/aparente sugerencia de Adrián Suar, lo pensó dos veces y se bajó del barco en medio de la tormenta.


Imaginemos una hipotética serie de Pol-Ka sobre la vida Néstor y Cristina en la que los dos personajes en cuestión quedan mal. ¿Podrían esos dos actores hacer ficción en Canal 7? Pero la historia contrafáctica no existe, así que recalemos en algo que podría decir Lanata: ¿en programas como 678 no existe una censura implícita que implica que allí no se puede criticar al Gobierno?


Preocupado por las presiones del Grupo Clarín, el kirchnerismo nunca burla la censura de su propia conciencia. Evita hacerse preguntas que no puede ni quiere responder. Por ejemplo: ¿tendrá algo que ver Hebe en todo el quilombo de Schoklender? Mejor ni pensarlo, con una sola ficha que se mueva, se te cae todo el dominó.