lunes 28 de noviembre de 2011

Una "she" que se fue

Todo eso, in memoriam.

El ballet cósmico ha empezado

Y llega el día en el que, nuevamente, nos encontramos con X en la oscuridad de su habitación.

Hola X, ¿cuánto tiempo pasó?
Hola X, te extrañé.
Hola X, te estamos llamando, queremos jugar.
Hola X, ¿qué estuviste haciendo?

¿Amando? Es tan gracioso X, siempre tiene una broma para salir del paso.

Aunque afuera es un día soleado, acá adentro, por lo que advierto, querido X, hay una niebla densa y metafísica que enrarece un poco el clima. ¿Y eso que vuela y nubla la vista no será ceniza volcánica? ¿No te gustaría abrir las ventanas?, ¿tomar un poco de aire?, ¿comprar un helado de frutilla y chocolate? X no responde, supongo que no es de los que abren ventanas y toman aire y helado. Es que mientras estudia letras de Coldplay en YouTube nadie puede interrumpirlo. ¿Alguien sabe de qué van las canciones de Coldplay? Bueno, X podría escribir una tesis sobre el tema. Tratan sobre tipos que están atrapados en pozos. Pozos metafóricos, claro, la cuestión es evidentemente dramática. Están atrapados ahí y piden que alguien, generalmente una "she" que se fue, los salve. Pero la "she" está ocupada y no queda otra que cantar y tocar el pianito y dar lástima frente a millones de fans enardecidas.

X, no quiero alarmarte, tampoco juzgar tus gustos musicales ni tu look de entre casa, ese involuntario look gótico que espantaría a Marilyn Manson, pero evidentemente estás en problemas:

Por lo que advierto,
no sólo te quedaste sin amor,
además perdiste el buen gusto.

Ah, X, las "she" siempre se van, no hay que amargarse por algo que sucede a cada rato y desde tiempos inmemoriales. Es como ponerse triste porque se hace de noche. Ah, el momento especial para encontrarse con uno mismo. Pero, ah, qué problema cuando uno ya se encontró mil veces y resultó ser un tipo que te cae mal, de esos que cuando ves por la calle automáticamente mirás para otro lado porque sabés que nada de lo que te cuenten te va a interesar.

X no hace caso, sigue en su estudio pormenorizado sobre el mal gusto del pop rock anglosajón. Ahora recayó en un tema genial en este aspecto. ¡El sujeto enunciante lloró tanto que directamente se quedó sin lágrimas! Y "Sin lágrimas" se llama la canción. Out Of Tears. El tipo no puede hacer nada. No puede sentir, no puede gritar, no puede comer, no puede tomar, no puede darle amor a ninguna cosa viviente. Lo único que puede hacer este pobre tipo llamado Mick Jagger es levantarse y cantar mientras le dicen “adiós”. Me gustaría, dice X, saliendo repentinamente de su mutismo, que vieran el video, es muy ilustrativo.

Llueve y al instante reconocemos
el semblante de Mick Jagger,
pero no el Mick Jagger excitado
que mueve el culo como un maricón
con calzas rosas,
¡es Mick Jagger triste
apoyado sobre una silla
en un gran ventanal,
en la unánime oscuridad del abandono amoroso!

Y Keith Richards prende un pucho en un restaurante de cómida rápida. No se lo nota muy convencido con este tipo de baladitas para FM Universo entonces el encargado de hacer el solo rompe corazones es Ron Wood, quien toca la guitarra en un callejón mientras la cámara lo enfoca desde abajo. Y siempre llueve, claro. Ésa es una perspectiva más optimista frente a la sombra terrible del desamor. Cualquier cosa es mejor que tomar birra y clonazepam y las estrellas de rock saben qué hacer cuando están re tristes: tocan la guitarra arriba del capot de un auto, en la iglesia de una colina. Está Charlie Watts también. Habla desde una cabina telefónica y no le responden. Todo indicaría que sufre porque su "she" no lo quiere más, pero Charlie, la verdad es que da la impresión de que estás llamando al plomero. O a tu nieta para decirle que mañana la llevás a McDonalds. El bajista no aparece, claro, es un sesionista y encima es negro.

En fin. La cuestión, grita X, es que Mick escribió este tema y ella no volvió. Y Mick, entre nosotros, espero que nadie escuche porque nos podría traer muchos problemas en el futuro, incluso más de los que tenemos a esta hora de la madrugada: si vuelven es porque no valían la pena. Porque las remakes suelen ser malísimas, ¡pero las remasterizaciones del amor son una estafa, Mick! Yo sé que un poco vivís de eso, ¡pero se escucha igual, Mick, es todo lo mismo! Lo único que cambia es el precio.

Las mujeres, Mick, aunque sé que te duele, sigue X, hablándole al monitor, vuelven solamente en las películas. Jennifer López vuelve. Jennifer Aniston también. Julia Roberts vuelve, se va y después vuelve. Drew Barrymore a veces. Drew es inestable. Tuvo una vida muy complicada, ¿sabés? Y X sabe mucho de esto. Huyó a Buenos Aires y vio una de estas películas en el micro. Una comedia romántica en la que cuando todo está podrido, el amor es más fuerte. X escapó buscando alguna certeza. Y la encontró, por supuesto, X siempre obtiene lo que se propone: Tony Tur es el mejor servicio. Te dan alfajores, el diario, hay mucho espacio entre los pasajeros, aire acondicionado. Aunque a pesar del confort, en determinado momento, sólo deseo ser uno de esos conurbanitos que jugaban al fútbol al costado de la autopista.

Conurbanitos con camisetas de equipos indescifrables,
conurbanitos sin consciencia de sí mismos
para los que lo importante de la vida
es patear la pelota hacia delante,
siempre hacia delante
hasta llegar al arco y hacer un gol.

Y después tal vez se tiraran un paso y, con los años, un pase. Pero seguramente, ocupados en sobrevivir y no ser estúpidos, nunca viajarían de la ciudad Feliz a la de la Furia para buscar esclarecimiento y encontrar pizzas. Muy ricas, por cierto. En Banchero, en Guerrin, en Kentucky. Comiendo pizza pensando en cosas que ya no están. ¿Díganme si ése no debería ser el título de un tema de una banda de rock chabón?

Por si no te diste cuenta,
Querido X,
este es el velorio de tu amor,
el instante en el que la angustia
deja paso a la nada
y ya no existe "she" alguna
a la que puedas molestar por teléfono
a las 7 de la mañana.
Es que Dios no tiene celular
y si tiene nadie sabe su número
y si atiende dice "Equivocado"
o escuchás músical funcional y celestial
por el resto de la eternidad:
el tipo sabe
que no le alcanzarían
todas las operadoras del cielo
para escuchar los reclamos
por ese extraño sentido del humor
por el cual siempre
todo todo todo
termina como el ojete.

¿Y vos por qué creés que todas tus novias te dejaron?, pregunta a X su psicólogo lacaneano. Ese TODAS con mayúscula lacaneana no pasa desapercibido para X, es demasiado cruel para ser real y lo impulsa a ensayar su cara de poker y responder que probablemente cada una se haya ido por razones diferentes. ¿Por ejemplo?, pregunta el psicólogo lacaneano. Bueno, dice X, algunas habrán encontrado una pija mejor. "Pija" pronuncia el psicólogo lacaneano y anota en su cuadernillo "pija" y subraya la palabra varias veces con una lapicera roja mientras X entiende lo mal que debe ser pensar ese tipo de cosas. Bueno, dice el psicólogo lacaneano, pero yo te pregunto por algo en común, algo que se repita en esos ABANDONOS. X piensa y dice: Bueno, ahí está, se fueron porque consiguieron una pija mejor.

Es un chiste,
pero los psicólogos lacaneanos nunca ríen.
O los chistes de X son muy malos.
O siempre tratan sobre pijas
y ya no causan gracia.
Vaya uno a saber.

La cuestión es que X dice que a pesar de que sus relaciones fueron, como todas las relaciones, totalmente disímiles, que aunque sus novias fueron únicas, especiales, particulares, originales, en cierto sentido campeonas de la singularidad femenina universal, que aunque sus novias fueron imposibles de confundir por pertenecer a diferentes edades, concepciones ideológicas y ramas del pensamiento filosófico occidental, tuvieron en común haberlo amado, en un principio, de una manera superlativa: dando todo a cambio de nada, tolerando su pesimismo, su mal humor, su escepticismo, su falta de confianza, sus inseguridades, su expreso miedo a lo efímero de todo vínculo entre humanos. ¡Dios!, dice X, mientras el psicólogo lacaneano anota "Dios" y lo subraya con menos énfasis que "pija", ¡cómo amaban estas chicas, amaban tanto que hasta yo me lo creía!

-Pero justamente ahí sucedía algo muy problemático, no tanto para ellas que en pocos días ya no daban señales de vida, pero “ciertamente” para mí. En fin, cuando yo estaba totalmente convencido de que ese amor era para toda la vida y borraba de la agenda a las “she” anteriores, ellas, mágicamente, se daban cuenta que mi pesimismo, mi egoísmo, mi mal humor, mis inseguridades y mi miedo a lo efímero de todo vínculo entre humanos no eran características que pudieran soportar en una relación. Y que, contra lo que creían en un principio, era imposible que una persona como yo cambiara. Y que preferían ser una “she” anterior a una “she” actual.

Quiero decirte 3 cosas, X, 3 cosas importantes para que, aunque sea, dejes de buscar videos subtitulados en YouTube. 1) Una cosa es estar triste, otra ser un tarado. 2) Casi siempre es mejor que te rompan el corazón a que te rompan el culo y 3) Al pasado no se vuelve nunca, solamente en fotos para preguntarte qué te pasaba por la cabeza para vestirte tan mal. Decía X, que toda la gente (¡incluso vos sos gente, X!) dice te amo, dice te necesito, dice quiero estar para siempre con vos, como en verano Qué calor o en invierno Qué frío. Es el estado del tiempo. Pero si en verano empieza a llover y después refresca van a decir Qué frío. Y si en pleno mayo hace 28 grados no van a tener otra que decir Qué calor. ¿Entendés? No entendés, X, vos, y sé que éste era el greatest hit de la “she” que se fue: vos no entendés NADA. Ella se enojaba porque eras inconsistente y te ibas a los gritos de su depto diciendo que no volvías nunca más. Mi amor, te voy a explicar algo, tal vez te sirva para tu próximo novio: el 95 por ciento de las veces los seres humanos anuncian que se van porque quieren que les digan que se queden. Sin oferta no hay demanda. No estoy diciendo que la dinámica del amor se subordine a las leyes del capitalismo. Estoy diciendo algo peor: que el capitalismo se subordina a las leyes del amor.

Entonces ella entonó el largo adiós
escapando a toda prisa
mientras se cubría de la lluvia
con un paraguas tan absurdo.
Y antes de doblar la esquina
miró atrás por última vez
como sólo lo puede hacer
una ex novia
muy buena y muy hermosa y muy agotada de nosotros.
Ése es un gesto difícil de interpretar,
ésa es una imagen difícil de digerir, amigos,
pero tal vez signifique
terror o indiferencia
o cualquiera de las dos cosas.
Llegado el punto, darling,
esas dos palabras
quieren decir exactamente lo mismo.

Sí, dijo X, hay algo que tienen en común mis ex novias: en determinado momento, para todas fui el ejemplo más acabado de la estupidez. El psicólogo lacaneano dijo "ajá" y subrayó "estupidez" con su lapicera roja. Después sacó dos flechas de la palabra y las unió con “pija” y “dios” y X pensó que pija/dios/estupidez eran tres claves para comprender no sólo su vida, sino la de todos los demás.

Y en realidad no hubo lluvia
ni paraguas
ni dobló ninguna esquina,
pero era buena, hermosa y estaba agotada de mí.

viernes 25 de noviembre de 2011

jueves 17 de noviembre de 2011

El lado B del rock

¿Qué hubiera sido de San Martín sin Cabral, el soldado heroico? ¿De Maradona sin Enrique? ¿De Batman sin Alfred? ¿Del Zorro sin Bernardo? ¿De Mario sin Luigi? Los ejemplos pueden extenderse hasta el infinito. Indican que detrás de todo gran hombre, además de una gran mujer, hay otro gran hombre en las sombras. Un hombre solo no puede hacer nada, reza el dicho. Hasta los superhéroes necesitan de nosotros, los mortales, para serlo: ¿a quién salvarían si no?


El rock también cuenta con un lado B de ilustres desconocidos. Un gran escenario integrado por personajes a quienes los reflectores del éxito nunca les dan de frente. Por fatalidad. O decisión propia. En el mundo Pop, quien triunfa gana dinero, mujeres, premios, pero también pierde libertad, espacio para la experimentación, tranquilidad. Un caso especial es el de la Velvet Underground. Unánimemente se reconoce a Lou Reed como el cerebro y líder del grupo, pero por detrás (y con una carrera solista posterior extraordinaria) asoma el talento de John Cale. París 1919 es, probablemente, uno de los mejores discos de los 70'. Contemporáneos de los norteamericanos, pero al otro lado del continente, Almendra da a luz dos discos y se separa. De sus cuatro integrantes, Luis Alberto Spinetta es rápidamente indicado como una figura central del movimiento. Cada uno de los compañeros del autor de "Muchacha" podría ser señalado como un miembro más de la serie, pero por abocarnos sólo a uno podemos mencionar a Edelmiro Molinari. El eximio guitarrista y líder de Color Humano, editó, en el 2006, Expreso de agua, un disco en el que demostraba que su originalísima impronta musical, a pesar del paso del tiempo, todavía estaba vigente.


Mariano “Manza” Esain es una figura destacada del indie. Y aún en ese medio alternativo, siempre eligió ser parte de la Dimensión Desconocida. Por eso en una serie genealógica, Molinari o Cale podrían ser sus hipotéticos "tíos". Productor de diversas bandas, cantautor prestigioso (más que nada luego del trío FlopaManzaMinimal), fue integrante de dos bandas de culto: Martes Menta y Menos Que Cero. La actualidad lo encuentra en Valle de Muñecas, grupo que toma su nombre de una película de fines de los 60’ sobre las luces y sombras del mundo del espectáculo. La cuestión es que se acaba de editar su tercer disco en 7 años: La autopista corre del océano hasta el amanecer. La escucha de los 10 temas nos garantiza que gracias a Manza, el formato canción y el rock de guitarras nunca pasarán de moda. Rockero por distorsión, pop por melodías pegadizas y estribillos inolvidables, la música de Valle de Muñecas es un trip melancólico que se puede cantar a los gritos. Allí está “La soledad no es una herida”, tema(azo) introductor que desde su título evidencia la temática de todo el disco. El folk rock setentoso, el grunge de los 90, el sonido brit en las guitarras sucias. Las influencias de Manza se pueden advertir a lo lejos, pero nunca definitivamente. Años de carrera lo han consolidado como un compositor personal con una identidad muy definida. La autopista… es un disco para escuchar en la Ruta, que habla del desamor y la tristeza desde la perspectiva lírica de un loser elegante: “A cambio de qué fue que deserté/ Sin llegar al fondo de las cosas/ Hice una pared, me requebrajé, casi tiré todo por la borda”, se oye en “Ni un diluvio más”.


Cuando Lost trate sobre los sobrevivientes que quedaron fuera de cuadro. Cuando los pases millonarios no sean para los que juegan de 10. Cuando le den la propina al cocinero y no al mozo. Tal vez recién ahí, las extraordinarias canciones de Manza tendrán el reconocimiento que su autor merece (pero quizá no desea). Mientras tanto podemos escucharlas y recomendarlas a todo aquel que quiera pasar un buen rato.



(Publicado en Revista Power Music octubre/noviembre 2011)




lunes 14 de noviembre de 2011

Charly García es un cazador solitario

Como hay novias que no quieren ver nunca más a una ex pareja, como hay personas que dicen que a partir de hoy 14 de noviembre del 2011 dejan el cigarrillo, existe gente que jura que no va a volver a ver a Charly García. ¿Quién no escuchó eso de "La última vez que lo vi estaba hecho mierda, no me gusta verlo así, no voy más"? Es que García, al igual que un amor que nos hace mal y un vicio perjudicial para la salud, es uno de los dadores de sentido de buena parte de nuestras vidas. La banda de sonido ineludible de la comedia humana argentina pop. El tipo que expresó los entretelones de nuestro itinerario público y privado. El que tejió los hilos que transforman una canción de amor ("Cerca de la revolución", "Instituciones", "Los dinosaurios", "Canción de dos por tres", "Nuevos Trapos", “Rock and roll yo”) en una manifestación política. Y viceversa. Pero al revés del amor y el vicio, que respectivamente con otro amor y una desintoxicación pueden ser superados (o no), García siempre vuelve porque, sencillamente, nadie le ata los cordones. Y cuando nos encontramos otra vez con él entendemos que nunca se fue, que los idos éramos nosotros fijándonos si estaba gordo o flaco, si tomaba merca o rivotril, si se bajaba los pantalones o se le caían.


"Charly no es el mismo", dijimos a coro mientras lo veíamos deambular lentamente bajo los crueles reflectores del rock. Pero ¿quién es el mismo? ¿Vos? ¿Yo? La verdad es que somos muchas personas en una misma vida y nos sorprenderíamos al encontrarnos con quienes fuimos hace sólo un par de años. O de semanas.


Ja.


En La máquina de pensar en Gladys, un libro de Mario Levrero, hay un cuentito muy corto llamado "Historia sin retorno número 2". Es un "cuentito" porque es muy corto pero vale más que la obra completa de varios autores. Como la bola en la ingle, la película del Señor Topo, funciona a muchos niveles. Es de ese tipo de relatos que pueden hablar de todo, incluso de nuestra relación con Charly García. Trata sobre un tipo que se quiere deshacer de su perro y lo ata al árbol de un bosque y lo abandona. Pero a los pocos días el perro regresa. Entonces el tipo lo vuelve a atar, ahora con una piola más gruesa y con la secreta esperanza de que no pueda liberarse y se muera de hambre. Pero el perro vuelve nuevamente. Entonces el tipo comprende que aunque alguna vez lograra perder al perro "viviría con el temor constante de su regreso; atormentaría mis noches y enturbiaría mis alegrías; me ataría más su ausencia que su presencia". Finalmente resuelve dejar al perro libre ¡y perderse él en el bosque!


Ja.


Hace poco Calle 13 tocó en la Argentina. Promocionó su show con el eslogan "Entren los que quieran". Las entradas salían entre 250 y 500 pesos. En el 2002, García presentó Influencia en el Gran Rex y le pidió a cada uno de los asistentes un peso para reunir un millón y no tener que irse del país. No comparo. No agrego. No distorsiono. Calma Pueblo, no digo que los Calle 13 sean malos, digo que García es muy bueno, como demasiado, como que re bueno y todavía hay gente que lo abuchea cuando el cantante de Faith No More lo menciona en su recital. Muchos subestiman a García y lo formatean como música para adolescentes. Claro, ninguna de sus canciones se llama "Preconición", en ninguna de sus entrevistas hace alarde de los autores que leyó. No se dan cuenta que la obra de García, como la hierba cósmica de Walt Whitman, crece donde quiera que haya tierra y agua. Más respeto, señores, para el hombre que no necesitó esperar a que Jorge Lanata se vistiera como Philip Marlowe (¡ni siquiera como Raymond Chandler!) para decirle "pelotudo".


¿Pero qué tiene que ver Calle 13 con Charly García? ¿Pero por qué Jorge Lanata no se puede vestir como un detective? ¿Pero qué tiene de malo un tema que se llama "Preconición"? ¿Pero por qué una estrella de rock no puede jugarla de hombre ilustrado? Claro, señores que insultaron o insultarían a Charly García en un recital de Faith No More, ya entiendo, es que soy un mercenario del texto: si tengo que mentir y exagerar y copiar y asesinar para que la cosa funcione, lo hago. Porque: algo tiene que funcionar en esta vida, ¿no? ¿Y qué significa que un texto funcione? Señores que insultaron o insultarían a Charly García en un recital de Faith No More, debo confesarles que no tengo la más puta idea.


Ja.


Hoy parece que Charly le encontró la vuelta a su presente porque se reconcilió con su pasado. Sus espectáculos en el Gran Rex son cita obligada para cualquier ser humano dotado de sentimientos. Me tocó asistir al concierto titulado "El ángel vigía" el viernes 11 de noviembre. Hasta hace poco parecía que Charly no podía tocar más los teclados, que no le daban los dedos. Ahora se lo nota más suelto, ingenioso, por momentos brillante. Cuando no toca es porque no quiere: está maravillado "mirando" su música interpretada por una banda clásica de rock and roll más un terceto de cuerdas y el bandoneón de Fernando Samalea. Es un alarde típico de García, que sabe que sus temas quedan bien aún tocados con un ukelele. Tanta es la soberbia lírica y musical de su obra. Como introducción y en un par de intervalos se oye la voz de Graciela Borges recitando fragmentos de sus letras y frases say no more del estilo "La vida es una droga a la que se le pasa el efecto". Escuchen en YouTube cuando dice "No tengo agua caliente en el calefón".


Que nadie lo dude: ¡fue una elección ética escuchar a Charly García el día del fin del mundo! Aunque el fin del mundo, al revés de lo que cree Greenpeace, no será ecológico. El fin del mundo es metafísico y ocurre todos los días cuando nos levantamos y tenemos ganas de escuchar "Canción de dos por tres", el segundo tema del concierto, mi favorito de toda la obra de García: "No tengo nada que hacer, no tengo nada que dar, no encuentro la magia en mi manera de hablar, no quiero volver nunca más".


En "Instituciones", cuando canta eso de "Siempre el mismo terror a la soledad" logra que la angustia sea gloriosa, que el espectador se sienta parte de un hecho estético colectivo. Lo mismo sucedió en el recital de Paul McCartney en River con el "You're asking me will my love grow/ I don't know, I don't know/ You stick around now it may show/ I don't know, I don't know" de "Something". Los Beatles están a la altura de Charly. Emocionado con la fecha, agregó 7 u 8 temas a la lista inicial. Quería llegar a las 11 y 11. Y las pasó. Terminó tocando junto a Fito Páez "Canción de Alicia en el país", "Me siento mucho mejor" y "No voy en tren".


Los que fuimos bendecidos con la psiquis de una heroína de Jane Austen, sabemos que la idea de "morir sin morir" no es contradictoria. Durante un par de años, me pareció que Charly era un actor de reparto de The Walking Dead. El tiempo, que no existe pero hace cosas extraordinarias, me cerró el orto. Afortunadamente: si yo tuviera razón, el mundo sería un lugar de mierda. En plena dictadura del cinismo y la indiferencia, antes de tocar "El día que apagaron la luz", García, a través de la voz en off de Juan Alberto Badía, apela a "el poder del idealismo". Dejen que me ría y llore al mismo tiempo. ¿Entonces? Existe Charly, existe Dios, existe el amor, existe cualquier cosa que te sirva de combustible para afrontar los dilemas y los laberintos de la vida cotidiana. Quienes no crean en esto, que abandonen toda esperanza.


Ja.

sábado 5 de noviembre de 2011

Strokes para todos

El ser humano es un animal raro y muchas veces necesita de la ausencia para darse cuenta de que algo existe. Por ejemplo, te salteás el almuerzo o la cena y entendés que existe el hambre. Ves a Beady Eye en concierto y entendés que existe el alma. Eso que le falta a Liam Gallagher y le sobra a los Strokes.


Porque Liam, vamos a ponernos de acuerdo: sabemos que allá, en la lejana Gran Bretaña, sos un tipo que hiciste de la amargura tu sello de distinción, que ese corte de pelo y esa campera larga te pueden quedar bien sólo a vos, pero acá en la Argentina, papá, tenés que transpirar un poco la camiseta. Por más que tus fans agiten una bandera de Escocia como si estuvieran en Glastonbury. Por más que se tomen el 60 creyendo que es un autobús londinense. No me toques tu disco debut entero como si fuera la prueba de sonido. Dame ese plus, Liam. Llovizna, hacer calor, es de noche y es noviembre, estamos en Buenos Aires, ¡va a estar bueno Buenos Aires! Todo dado para que ocurra la gloria rockera y vos en pantuflas en el living de tu casa. ¡Llega la revolución y vos mirando Tinelli, Liam! Como diría Bill Hicks: simplemente tocá desde tu puto corazón. Conmovemos. Pero parece que en el pecho ni siquiera tenés hielo: ¡tenés el iceberg que chocó contra el Titanic, Liam! El rock es lo más importante de nuestras vidas y sabemos que está mal, pero engañanos con convicción. Queremos creernos la pantomima del rock. Para que el rock funcione una vez terminado el show debemos atragantarnos con una hamburguesa y gritar "¡Esto es lo mejor que me pasó en la vida!". Haceme sentir que quiero que me entierren en GEBA, Liam. Dame un poco de amor, Liam. No quiero un toco. Queremos mandarle un mensaje a nuestras novias diciendo "Te perdiste el mejor recital de la historia", no uno que diga "Liam Gallagher es más aburrido que Spinetta".


Todos tuvimos noches malas. Noches largas, difusas, en las que no pasaba naranja y hubo que remar contra los mares de la desolación. Te entiendo, Liam. Te salió mal. Y eso que está tocando la resurrección número 859 de Charly García en el Gran Rex y le estoy metiendo los cuernos con vos, pero ¿era necesario ponerse la bandera argentina en los hombros? Si la jugás de antipático, de indiferente, buceá hasta las profundidades de la antipatía y la indiferencia, haceme fuck you, mostrame el culo, pero esa banderita, esa banderita usada como una toalla después de la ducha, esa banderita que no se la creemos a nadie, Liam, a vos, con tu prontuario de aguafiestas, te arroja directamente al séptimo círculo del infierno de Dante. Las pantallas a los costados mostraban lo que quienes estábamos más lejos no podíamos ver de cerca: la falta de espíritu de un hombre. Aquí se impone la sentencia obvia: los espejos y las pantallas al costado de los escenarios son abominables porque multiplican el número de Liam's Gallagher’s.


Promediando el show, es decir al quinto tema, el público comenzó a fosilizarse y para salvar su vida decidió trasladar sus cuerpos al escenario de al lado, donde los Strokes tocarían en pocos minutos. Fue la remake rockera del éxodo jujeño. Los oasis boys se acercaban como los zombies de The Walking Dead. ¡Era un velorio! ¡El velorio del rock! En este contexto, los Strokes la tenían o muy fácil o muy difícil. Muy fácil porque para superar el concierto de Beady Eye bastaba con un poco de oficio. Muy difícil porque Liam acababa de matar la idea del rock. ¿Qué digo el rock? Liam mató a Dios, al autor, a las ideologías, a Néstor. Liam acabó con nuestro presupuesto mítico de la experiencia rockera y descubrió la dura realidad: una noche de tormenta, al aire libre, con miles de personas sudadas y lejos de casa.


No estaba bueno Buenos Aires, pero salieron los Strokes y la rompieron, por supuesto. No por nada son lo mejor que le pasó al rock de los últimos 10 años. Si la indiferencia de Liam sólo provocó desamor, entre la banda de Julian Casablancas y el público hubo sexo. Se acabó la guerra fría y empezó la de los besos. Se advirtió nítidamente esa impresión que permite que una banda extranjera sea adoptada como propia. Estas cosas, como el humo de la marihuana en una noche cerrada, se sienten pero no se sabe de dónde carajo vienen. Tal vez esté en el adn del rock neoyorquino de estos chicos lindos que todavía rockean como si estuvieran en el garaje de la casa del baterista. Como si todavía no se hubieran tomado toda la droga posible. Como si todavía no se hubiesen cogida a todas las modelos de la comarca. Rockean con alma. Una máquina poderosa de riffs perfectos, estribillos pegadizos y melodías pop. Repasaron los cuatro discos. The Strokes para todos, señores. Desde "New York City Cops", "12:51" y "You Only Live Once" hasta la presentación de algunos temas de Angles. Los tipos no dejaron títere con cabeza y embriagaron de felicidad a la multitud que, en su mayoría, no esperaba tanto. Julian Casablancas es de la misma escuela que Liam: no se mueve ni dice mucho pero te compra con un par de sonrisas a propósito de nada. El rock es su forma de ser. Compone y canta (a la "portero eléctrico") muy bien. Tiene carisma y esa banda con la que se lleva para el reverendo culo es un reloj suizo. Los bises fueron "Hard to explain" y "Take It Or Leave It". Fue complicado encontrar un taxi.

martes 1 de noviembre de 2011

Futuro ferpecto

Igual que Charly García, podríamos empezar a preguntarnos qué debemos hacer cuando mañana está en el ayer. Philip K. Dick ubicó sus androides en 1992 (la película sucederá en 8 años). La sociedad anestesiada por Gran Hermano ocurrió hace 27 años. En el 2010 se casó Lisa Simpson y volvió al futuro Marty McFly. La ciencia ficción de Super 8, de J.J Abrams, sucede en el pasado. El futuro no llegó, pasó hace rato. Y hasta es anacrónico pensarlo. Nadie piensa que juega al fútbol mientras patea una pelota. Nadie se dice que está haciendo literatura mientras escribe. Nadie se acuerda que está respirando mientras vive. Endilguemos a estas problemáticas sobre la temporalidad la existencia de una película tan mala como The Priest.


Luego de bodrios como El árbol de la vida, uno comienza a suponer que en el cine es preferible buscar entretenimiento antes que a Dios. Exageramos: ¿para qué sirve el cine? Respuesta: para ver zombies comiéndose tipos. Asesinos seriales corriendo inocentes. Edificios explotando por los aires. Peleas espectaculares entre samuráis o gente con habilidades de ese tipo. Muchachos viajando en el tiempo. Catástrofes de la naturaleza dejando a la Humanidad en off side. Boludeces. Y tal vez, entre esas dinámicas narrativas que apelan a la ingesta de pochoclos, lateralmente, ¡se filtre un rayo que ilumine la oscuridad siniestra de una vida en la que River Plate pierde, ni siquiera con Alvarado o Kimberley o El Cañón, sino con Aldosivi!


Scott Stewart, el director de The Priest (también conocida como El vengador o El sicario de Dios), fue el encargado de Legión (2009), una película en la que Dios se enojaba con el devenir de la Tierra y mandaba ángeles con ínfulas de zombies a liquidarnos a todos. Había cierta originalidad en el relato (un simple cambio de roles) e imágenes logradas como la de unos tipos armados subidos a la terraza de un restaurante en el medio del desierto. Además, durante toda la película uno adivinaba un guiño, un guiño en el que Stewart pactaba con el espectador y le decía:


"Sé que está película no es la gran cosa, pero usted la ve porque evidentemente no tiene nada mejor que hacer. Entonces, querido amigo, hagamos un trato: usted mira la película y yo hago el máximo esfuerzo por entregarle un buen producto, claro, dentro de las limitaciones preexistentes de una película llamada Legión de ángeles y el acotado margen de objetivos que me propuse al decidir que quería ser director de cine. Hasta luego, que tenga un buen día".


En The Priest, advierto, Stewart olvida que para que su propuesta cinematográfica funcione debe existir el guiño. Y en vez de divertir (¿a qué otra cosa puede aspirar una película sobre un súper sacerdote que mata vampiros en el futuro?), aburre con un film lleno de pretensión y solemnidad. Se equivoca, por ejemplo, al elegir un protagonista (Paul Bettany) que debe hacer de héroe pero da la impresión de no saber descorchar una sidra. Cada diálogo está barnizado por un halo de dramatismo absurdo que no se justifica nunca. Al principio hay una secuencia animada. Pero esa técnica no se utiliza más, como si se hubiesen arrepentido u olvidado de que la hicieron. Tampoco hay una explicación lógica para que la estética del Planeta haya regresado al Siglo XIX. Se entiende que en el futuro propuesto por Stewart la Humanidad haya sufrido un profundo cataclismo producto de innumerables guerras con vampiros, no así la regresión temporal. Se dirá que en un film de vampiros no importa la verosimilitud. Esto es falso: como dijera Brian Aldiss, hasta la ciencia ficción es el arte de lo verosímil. No importa cuán delirante sea lo que se nos está contando, deben existir señales narrativas que conviertan la historia en algo que puede suceder en la realidad que plantea la ficción. A pocos minutos de empezar, The Priest es una parodia involuntaria de sí misma.


Hay una película irregular llamada Todas las vidas, mi vida. Se mezcla el mundo onírico con la vigilia. De un día a otro pasaron varios años. Los personajes cambian de vida en un mismo plano sin ningún tipo de explicación adicional. Dentro del universo conceptual de la película, estas rupturas de la linealidad, nunca dejan de tener coherencia.


Por último, un comentario que tal vez excede a The Priest. Stewart plantea un futuro en el que la sociedad está en manos del poder totalitario de la Iglesia. A mi entender, se trata de una amenaza propia de un siglo pasado. La distopía del futuro ocurre actualmente y va por otros carriles. ¿Qué otra cosa es sino este confort alienante con entelequias que simulan otorgarnos libertad cuando realmente nos transforman en esclavos de marcas, productos digitales y plataformas virtuales? Entiendo: es más fácil imaginar un vengador que mata vampiros, a uno que se rebela contra la comodidad. Steve Jobs era más reaccionario que Benedicto XVI.