jueves 29 de diciembre de 2011
2011
lunes 26 de diciembre de 2011
Algunas arbitrariedades sobre Arizona Dream
Hace mucho tiempo, en las postrimerías del Siglo XX, el canal América solía pasar películas eróticas los sábados después de las 12 de la noche. Nadie que haya tenido 14 años sin internet podrá culparme de este recuerdo. Un día enganché una peli que además de una mujer con demasiados atributos, tenía sentimiento y diálogos increíbles y buena música y ¡un actor! Hasta ese momento no le prestaba atención a los tipos que aparecían en la pantalla, pero éste mereció mi registro. Más o menos por la misma época, haciendo zapping, pero a la tarde, me quedé mirando una película con esquimales, peces que volaban, una señora que quería volar en el desierto de un pueblito norteamericano, Johnny Deep (a quien conocía desde la serie ochentosa Comando Especial) y una chica que tocaba el acordeón y era fanática de las tortugas.
Años después supe que el tipo de la primera película (Último tango en París) se llamaba Marlon Brando y que el nombre de la segunda era Arizona Dream (Sueño de Arizona). Evidentemente las cosas se encuentran cuando no las buscás. Al contrario de lo que sucedía en 1998, actualmente podemos ver miles de películas online, pero ¿alguien vio una buena? No es una pregunta retórica. Pero tampoco exige una respuesta honesta. En fin. Hoy no tengo nada que decir sobre la de Bertolucci, pero hace poco volví a ver la de Kusturica y se me ocurrieron algunos apuntes arbitrarios.
Como el habilidoso que quiere demostrar todo su repertorio en el partido debut, se percibe que Kusturica pasaba por un pico creativo cuando hizo Arizona Dream. Esto es positivo desde el punto de vista artístico, pero en la práctica puede jugar en contra. A propósito de esto, una digresión: el filósofo contemporáneo Claudio Borghi dice que un jugador polifuncional es el que no sabe jugar en ningún puesto. De todos modos la desmesura es un (o es el) elemento predominante en la carrera de Kusturica. Y en Arizona Dream, entonces, también se tensa muchísimo ese límite delgado que separa el delirio bien trabajado de la estupidez. La película cuenta la historia de un joven que vive en Nueva York y es obligado a volver a su pueblo natal por un tío para que trabaje en su agencia de autos. El resultado es un viaje iniciático, con trasfondo onírico y existencial. La ambición de Kusturica por reflejar el sueño americano en base a un cóctel de drama, humor absurdo, ironía y romanticismo no puede salir bien. Pero Arizona Dream gana por puntos gracias a la suma de las partes y no al todo: quiere ser una gran novela y funciona como un buen libro de relatos.
Al igual que sucede con el gobierno de Cristina, pareciera que si uno gusta de Kusturica tiene que comprar el combo completo. A mí no me agrada todo lo que hace Kusturica en sus películas, pero, en general, me gustan bastante. Y aunque Arizona Dream sea algo desdeñada por la crítica, es mi favorita. El hecho de que haya sido filmada en EE. UU y con actores de ese país la hace más interesante. No por una especie de colonización yanqui de mi subjetividad (que seguramente sufro pero manifestada de otras formas), sino porque me genera curiosidad ver a distintos artistas hacer cosas que jamás hicieron. Rompe con todos nuestros preconceptos. Por ejemplo, escuchar como suena Leonard Cohen con la pared de sonido de Phil Spector en Death of Ladies' Man. O Lou Reed con Metallica. Ver como actúa Guillermo Francella en un papel dramático. Por otro lado, Kusturica logra imprimirle su adn a un producto que podría haber sido completamente impersonal. Lo único que en vez de gitanos, hay mariachis.
Si hay algo que tiene Kusturica es ritmo. No creo que se deba a sus famosas bandas de sonido, sino a su notable (e inexplicable) capacidad para hacer que una película que dura 2 horas y media pase como si se tratara de una canción pop de tres minutos. Y Arizona Dream es una canción pop llena de estribillos. Por las escenas y por la actuación de cada uno de los actores del reparto. Tenemos al personaje de Vincent Gallo repitiendo los parlamentos de las películas que ve en el cine. O tirándose al piso porque lo sigue el avión de Con la muerte en los talones. A Dorothy Faye Dunaway volando sin levantarse de la silla (gracias a un truco tan estúpido como efectivo de la cámara). A Jerry Lewis (estribillo per se). Y especialmente a Grace, interpretada por Lili Taylor, que en medio de esa constelación de estrellas, se roba la película con sus gestos y su forma de decir las cosas. En facebook hay solo 63 personas a las que les gusta Lili Taylor y creo que esto indica que algo anda mal en el mundo. Claro, no es Angelina Jolie, simplemente es una gran actriz. Ah, Lili: ya somos 64.
Según tengo entendido, la carrera de Kusturica siguió, pero hace mucho que no veo un estreno suyo. Me da la sensación de que si salís de una de sus películas y entrás en otra, no te das cuenta que son distintas. Esto le suele suceder a todos los directores de cine que tienen una estética y una identidad muy marcadas. Woody Allen, por ejemplo. Y no me parece malo ni bueno, es. AC/DC siempre hace el mismo disco, pero ¿cuántas bandas de rock and roll son tan buenas en lo suyo como AC/DC? Una sola: AC/DC.
Por último, algo importante: como Rayuela o la discografía de Sui Generis, Arizona Dream es una película que maravillará a los jóvenes de 18 años de cualquier generación. Para muchos ésta es una observación peyorativa: se suele condenar a los productos artísticos que atraen adolescentes. Yo pienso al revés. Creo que lo que pase con Arizona Dream de esa edad en adelante es más un problema nuestro que de Kusturica.
jueves 22 de diciembre de 2011
Before Chabon
Seamos realistas, pidamos lo imposible: ser objetivos. Lo que viene a continuación no es un juicio de valor ni reivindica el eslogan tanguero llorón de que "todo tiempo pasado fue mejor": en todo caso los tiempos cambian y no hay tu tía. Se trata de datos más o menos comprobables dentro de la rockología argentina contemporánea. Antes de mediados de la década del 90', el rock and roll no era "rocanrol". Tampoco aludía, directamente, al "aguante" ni al estereotipo musical más básico de Los Rolling Stones ni a letras con temáticas barriales o "contestatarias" a un sistema político determinado. La explosión del "rock chabón" (por manejar un concepto discutible pero que todos podemos reconocer automáticamente) reformuló, entonces, profundamente la idea que se tenía del rock en
Soda Stereo fue una banda que cambió sucesivamente, de un disco a otro. Soda Stereo fue muchas bandas. Y siempre de gran calidad. Gustavo Cerati (al igual que Charly García) muchas veces fue acusado de copiar tendencias extranjeras y adaptarlas a su grupo haciéndolas pasar por originales. En realidad se trata de una crítica bastante absurda. Es como reprocharle a los Beatles que Sgt. Peppers fue compuesto para superar Pet Sounds, de los Beach Boys. El tráfico de influencias y sonidos en el rock es propio del concepto básico del mismo, del arte pop en general. Soda Stereo fue una banda new wave en 1984, con su disco debut aparecido en pleno regreso de la democracia. Más tarde bailaron el carnavalito dark de "Cuando pase el temblor" y hasta se animaron a los ritmos del funk latino en Doble Vida (1988), de la mano del productor Carlos Alomar. Cada cambio de sonido, además, era acompañado por una revolución estética: maquillaje, nuevos cortes de pelo, ropa. Hoy, que se acostumbra a que muchas bandas hagan el mismo disco durante años, cual si fuera la película El día de la marmota, sería sorprendente observar cómo cambió Soda Stereo de
1990 es el año en el que Cerati comienza a planear (tal vez inconscientemente) el final de la banda, ocurrido recién 7 años después. Canción Animal le da la espalda a toda una época. La de las canciones divertidas y bailables. La de las giras permanentes. La de los discos sucesivos. Luego sólo vendrían dos discos de estudio: Dynamo (1992) y Sueño Stereo (1995). The Dream Is Over. El nivel de popularidad de la banda los instaló en un lugar de exposición total: en el living de Susana, en el estadio de Vélez, en el centro del rock argentino (hasta allí monopolizado por la figura de Charly García). Esa desmesurada estética mainstream es la que aprehende el imaginario colectivo hasta convertirlos en enemigos de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, quienes consolidaron una carrera artística al margen del “sistema”.
La presencia de Daniel Melero como colaborador en la letra y el concepto de algunos temas se adivina a la distancia como el tercero (aquí el cuarto) en discordia de una pareja. Poco después Cerati editaría un disco a dúo con el Brian Eno argentino (Colores Santos, 1992) y su primer disco solista (Amor amarillo, 1993). También por esa época, el cantante planeaba un disco junto a García y Aznar, que finalmente nunca salió. El bajista de Serú Girán aparece en "1990", un tema de inconfundible tinte beatle. Canción Animal, a pesar de no ser el último disco de la banda, podría ser interpretado como el canto del cisne, el último instante en el que Soda se hizo cargo de lo que significaba: un grupo. Lo que vino después, a decir verdad, se pareció más a Cerati acompañado por dos viejos conocidos. Es que rápidamente sobrevendría el hastío de ser cooptados por un público devoto que, de cierta forma, llevó a la otra banda en cuestión, Los Redondos, a la separación. Pero ésa es otra historia.
"Ahora los aparatos electrónicos hacen que cualquier boludo venga y haga un tema. Pero músicos de verdad... Por ejemplo, si vos sentas acá a Gustavo Cerati y al de Virus, Federico Moura... Les das una guitarra y les decis `bueno, pelate un blues, pelá algo que me llene...`. Y no sale nada". La frase, como no podría ser de otra manera, pertenece a Luca Prodan, quien acostumbraba a criticar a los rockeros argentinos por poner demasiado énfasis en las formas y no en el contenido. "Té para tres" demuele la chicana del compositor de "Mañana en el Abasto". Es el primer tema totalmente acústico de Soda Stereo y, por primera vez, se advierte la herencia de Spinetta en la lírica de Cerati. Podría tratarse de un outtake de Artaud. Tanto es así que actualmente, Spinetta rinde homenaje en sus conciertos tocando el tema de Cerati, quien en el show unplugged de la banda (1996) explicitó el guiño y lo mezcló con "Cementario Club". "Té para tres" actúa, entonces, como un retorno a los orígenes del rock argentino (inesperado, ya que hasta allí Soda había elegido influencias extranjeras). También como un remanso en medio de una serie de canciones agresivas, sostenidas especialmente por un Cerati en estado de gracia. Por primera vez se calza el traje de guitar hero y aporta riffs inolvidables como los de "(En) El séptimo día", "Un millón de años luz" o "Sueles dejarme solo". "Música Ligera", por su parte, automáticamente se coloca entre las canciones más emblemáticas del rock argentino.
El de Canción Animal es un rock duro, un hard rock, valga la redundancia, con reminiscencias de los 70', cierto aire psicodélico en las letras y una intensa conexión entre los tres integrantes de la banda. Es el disco que abre la década pero no sólo por haber sido editado en 1990, sino porque inobjetablemente marca la tendencia del rock crudo, ése que poco después se convertiría en moda con la explosión del grunge y volvió a principios de los 2000 con grupos como The Strokes o White Stripes.
Soda Stereo regresó en el año 2007. Tuvo que aparecer Roger Waters con su remake de The Wall para superar el record de fechas. La lista incluyó 27 temas. No hace falta decir que el disco más revisitado fue Canción Animal, que con seis temas le “ganó” a Nada Personal y Signos. La banda se había despedido diez años atrás. Al final de “Música Ligera”, Cerati lanzó una frase legendaria, un saludo que a la distancia podemos retribuírselo a él mismo: “Gracias Totales”.
(Publicado en la Revista Power Music diciembre/enero 2011/12)
miércoles 14 de diciembre de 2011
Vindicación de Fito Páez
Para BC
¿Cuántas veces más vamos a defender a Fito Páez? Coincido: las obras se defienden por sí mismas. Pero cuando son más vapuleadas que la defensa de
La cuestión es que la mención del nombre de Fito Páez, automáticamente, genera repudio. A Páez, se lo acusa, principalmente, por dos faltas: 1) su voz (desafinada, escalofriante); 2) su personalidad (pedante, insoportable). En cierto modo, estoy de acuerdo, ni la voz de Fito es de las mejores que escuché en mi vida ni su personalidad (mediática, claro) me genera mucha empatía. Pero convengamos que si esas dos características son fundamentales a la hora de apreciar o no a un artista, tenemos que borrar de un plumazo un 80 por ciento de la historia del rock. Es más:
-¿Qué es el rock, padre?
-El rock, hijo mío, es ese género repleto de malos cantantes y personalidades infumables.
Por un lado, pienso rápido y digo: ni Bob ni Charly tienen buena voz. Por otro, me pregunto: ¿alguien se banca a Bono y su obstinación por salvar el mundo?, ¿a Luis Alberto conduciendo a conciencia?, ¿al Indio dando cátedra de cultura-rock? El antipaezismo pondrá el grito en el cielo y dirá que Fito no está a la altura, ni de Charly ni del Indio ni de Bob. Tal vez allí también estemos de acuerdo, pero antes de eso preguntaré ¿y cuántos lo están? Luego, tal vez será necesario recordarles una lista que redimiría a cualquier compositor del mundo:
-Tres agujas/ Alguna vez voy a ser libre/ Parte del aire/ Track Track/ Tatuaje falso/ Carabelas Nada/ Pétalo de sal/ El jardín donde vuelan los mares/ Cadáver exquisito/ La despedida/ The shining of the sun/ El centro de tu corazón/ Zamba del cielo/ London Town
A un rockero se lo juzga por sus mejores temas. Si nos ponemos en exquisitos no queda ni uno. Ni Paul ni Bob en la década de los 80'. Ni John con su despareja carrera solista. Ni Charly y su etapa Say No More. Ni Andrés y sus primeros discos ochentosos. Ni Luis Alberto y su tendencia al jazz somnífero. Ni Pappo, perdido desde Blues Local (1992) hasta su último gran disco (Buscando un amor, 2003). Como las parejas, como River en
Otros dirán que Fito Páez no es rock. Y ahí ya no tengo ninguna respuesta, primero porque en realidad qué puedo saber yo de algo y segundo porque esas categorizaciones no sirven para un carajo. Debemos escuchar y leer lo que nos conmueve, lo que se supone es "rock" o es "literatura" es problema para los que trabajan armando bateas o anaqueles de bibliotecas. Fito Páez (ver lista) es un artista capaz de conmover. Si se pelea con Arjona, si le da asco la mitad de Buenos Aires, si repite mucho el término "modernidad" en las entrevistas, si hace películas malas... Son cosas que exceden la magia de una buena canción. Y Fito tiene muchas. Y les digo a los rockeros por su nombre de pila y sin nombrar el apellido porque últimamente estoy muy boludo y mencionar rockeros sin apellido es una señal implacable para distinguir boludos. Y quiero que sepan que soy un boludo, aunque, ya sé, no hacía falta explicitarlo.
Pero en realidad yo no quería hablar sobre esto. También es verdad que se hizo demasiado tarde para decir algo sobre Canciones para aliens, el nuevo disco de Fito, en el que recorre un cancionero ajeno imprimiéndole su estilo, ése que a veces espanta (nótese la traducción de libro de Anagrama de "Las dos caras del amor") y a veces descuella. Los arreglos y la interpretación de "Construcción", el pulso pop de "Un beso y una flor" y la versión rocker de "Fiesta" justifican un disco de covers en el que Páez logra, paradójicamente, expresar quién es, de la misma forma que somos lo que escuchamos, lo que leemos, lo que amamos, lo que elegimos.
Entonces la pregunta era cuántas veces más vamos a defender a Fito Páez. Como decir, ¿cuántas veces más vamos a intentar ponernos de acuerdo?, ¿cuántas veces más nos esforzarémos en mejorar?, ¿cuántas veces más lucharémos para lograr lo que deseamos? La respuesta es simple y se proyecta a todos los órdenes de la vida, darling: las veces que sean necesarias. Sayonara.
miércoles 7 de diciembre de 2011
Para un zombie es normal
-No sé qué será: la forma de caminar, creo.
-El clonazepam diario que me tomo- agregué yo.
-Te fuiste de rosca. Te creíste eso que decías.
-¿Qué decía?
-Eso de actuar como un muerto. Actuar como un muerto para quitarle importancia al desastre.
-Claro: estoy muerto, nada de lo que haga tiene incidencia alguna en mi vida.
-Y actuaste tanto que ya sos un muerto.
-Exacto.
-Sos como Ricardo Darín. ¿Viste? Hizo tantas películas repitiendo siempre el mismo papel y ahora en las entrevistas no es Darín, es el de Luna de Avellaneda. Bueno, sos eso. Ricardo Darín zombie.
-Esto es igual a Bolaño- bardeó. -Ya Bolaño no me gusta y una copia mala de Bolaño menos.
-¿Qué leíste de Bolaño vos?
-Nada, pero cualquiera sabe como escribe Bolaño, está en el aire.
-Y vos, tarada, debés escribir como Pizarnik.
-¡Yo no escribo!- gritó, se me subió arriba y dijo:
debajo estás vos
pelotudo.
-Entonces hablemos de algo porque esto me deprime.
-Pero las conversaciones tienen que ser espontáneas. Si alguien dice "hablemos de algo" se pudrió todo.
-Entonces se pudrió todo, zombie puto- dijo ella y se dio vuelta.
-Ya somos dos sujetos asexuados, lo único que enrarece la circunstancia es que estamos en una cama.
-Qué definitiva.
-Qué lento.
-Justo te iba a decir que ahora sí, que podríamos coger.
-Pero ya no tengo ganas. En realidad no sé si alguna vez tuve ganas. Además: no voy a coger con un chabón que está enamorado de alguien que no soy yo. No es que nunca lo haya hecho, es que esta vez es demasiado.
-¿Y de quién estoy enamorado?
-De vos, papá, de vos estás enamorado.
-Pero de mí no estás enamorado.
-Vos me pediste que no sea demagógico, flaca.
-Está bien. Tu dharma es ser esto y no tenés escapatoria. Si querés estar acá para cuando me despierte, vas a tener que transformarte en otra persona. Hacé la inversa de la Metamorfosis. Dejá de ser una cucaracha y convertite en un hombre. Con huevos, uno que se la banca. Hasta mañana.
