jueves 29 de diciembre de 2011

2011

ENERO


La película de Robert Rodríguez no tiene nada que ver con el Parque Indoamericano, ni siquiera con el muro en la frontera de Texas. En cuanto al tema de la inmigración, sería lo que La vida es bella (un arsenal de golpes bajos) al Holocausto. Pero vintage y con el resguardo omnipresente de Tarantino y con la resignificación cool de viejas glorias de la Súper Acción ochentosa (Don Johnson, Steven Segal). Un caso más en el que el discurso dominante se apropia de un factor de lucha y, a través de su representación, logra neutralizarlo. O masificarlo para que se vuelva apto para todo público. Si se quiere ser más mesurado, un alarde de esnobidad, como el de alguien que tiene una marca de ropa y, supongamos, le pone "Bolivia" (no creo que eso suceda).


Afortunadamente, Charlie Feiling despedazó semejante abuso del lenguaje en unos pocos párrafos. Charlie Feiling es Borges después del estallido del punk.


Se atribuye a Umberto Eco la idea de que el hombre posmoderno no puede decirle a una dama "te quiero tanto..." porque ya sabe que eso lo dijo Sergio Denis en una canción. Sin embargo, le queda la artimaña de decir: "Como diría Sergio Denis: te quiero tanto...". De este modo elude la ingenuidad y, a la vez, logra su cometido: realizar una declaración de amor. Se saca de encima el lastre semántico de las grandes palabras aún cargando con él.


En fin, como espectador y espero no dar más vueltas, estoy en mi derecho de decir que el recital de Luis Alberto Spinetta en el Teatro Auditorium del día 19 de enero del año 2011 fue un gran, terrible y por momentos doloroso: bodrio. Probablemente nadie lo reconozca. Ni siquiera la chica de atrás mío, sí, vos, la de pelo verde, que te quedaste dormida en la Fila 6 de la Platea Alta.


La interacción conflictiva entre la vampira y el nenito sensible (algo que sucede muy a menudo en el mundo real) genera las preguntas básicas. ¿Cómo adecuarse a una persona completamente diferente? ¿Se puede cambiar por amor? ¿Se debe elegir lo que se desea o lo que nos conviene como seres racionales? Ni idea.


Es que mientras él tenga pito y ella concha el concepto de amor es irremediablemente insostenible. Sin embargo a menudo amo a una muchacha con concha. Y, por decirlo de una manera sofisticada: aunque después me duela el cuello, se la podría chupar un buen rato. Soy capaz de hacer tantas cosas por amor. Inserte aquí un largo y conmovedor suspiro.

FEBRERO


Así que entonces, amigos, ahí estaba yo, el hombre del territorio, ¡el incurable error de la especie descaminada!, pasando canales sin ton ni son escondido en las tinieblas de mi cuarto. Ni siquiera prestaba atención a lo que sucedía entre los límites de la caja boba, pensaba, tal vez inconscientemente, cuál sería el modo más efectivo de acabar con mi vida.


Los tipos que hacen grandes cosas casi nunca avisan. Las hacen. No mandan invitaciones por Facebook: "Vengan, voy a hacer la Gran Cosa". Ése es el caso de nuestros queridos amigos, Harold Ramis y Danny Rubin (quien sólo gusta, repito, a 8 personas en el mundo, entre las que me incluyo).


El valor de esta enseñanza es casi inconmensurable: ahora todos los tartamudos del mundo saben que están a un paso de la realeza. Eso sí que me alegra y conmueve porque demuestra entonces que los infelices pueden ser felices. Que los feos pueden ser lindos. Que los pobres pueden ser ricos. Sólo hace falta un poco de voluntad, conseguir al especialista adecuado y la vida, casi por inercia, se soluciona. ¿Vieron que era re fácil?


El sujeto evolucionado en la Comedia Humana entiende que la mujer no lleva en su frente un cartel que advierta: "Valgo por el peor verso de Benedetti (lo que ya es mucho decir)". Eso ayudaría bastante. Salvaría la vida de varios corazones. Pero no hay nucas numeradas ni cantidad de lunares en una espalda ni palabra clave que ilumine la incertidumbre. Por lo tanto es necesario adentrarse en las calles oscuras y sin asfaltar de la mujer Z a fin de verificar por uno mismo de qué se trata. El pueblo quiere saber. Y así nace el amor y el sexo, generalmente en distinto orden y pocas veces al mismo tiempo.


La soledad de Dios. El vacío existencial de Dios. La tristeza infinita de Dios. Dios no puede pedir un turno con el psicólogo: en el Cielo no hay consultorios. Dios no puede irse de vacaciones: en el Cielo no hay lugar adonde ir. Dios no puede fumarse un faso: en el Cielo no crecen plantas. Encima, allá abajo, todas las comedias, todos los dramas, terminan igual.


No leí a Saramago y lo desprecio. No leí a Osvaldo Soriano y lo subestimo. No leí a Rosa Montero y la odio. Dije que 1984 es mejor que Un mundo feliz, pero no leí Un mundo feliz, estaba mintiendo. No entendí una sola palabra de La diseminación, es increíble, ni una sola. Sólo entendí a Barthes de a ratos, pero lo admiro genuinamente (a Deluze lo admiro falsamente).

MARZO


He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la chatura, conectadas histéricas lookeadas, arrastrándose por las autopistas digitales en busca de una solicitud de amistad. Pedí el habeas corpus de nuestras vidas y me devolvieron un DVD trucho en el cual pasaba la larga noche del insomnio 2.0 espiando cientos de perfiles en facebook sin encontrar jamás un ser humano.


Aunque hace años que estás vivo, tu corazón late por primera vez. La presencia de Dios parece planear desde el Más Allá y descender en la Tierra como un pájaro fabuloso. Si la vida se detuviera justo en este instante, no te quedaría otra alternativa que ser feliz.


El problema del pogo con pocos integrantes (Liverpool estaba lleno pero los que nos prestábamos para el movimiento seríamos a lo sumo 20) es que cada uno se siente demasiado responsable del éxito o el fracaso del mismo. Si funciona, uno cree que lo inició y se siente Dios. Si no pasa nada, uno cree que no se movió lo suficiente y se siente menos rockero que ¡Ernesto Sanz un domingo a la tarde en pantalones cortos y ojotas!


Porque decir "rock", como decir "Chichizola" o "Ernesto Sanz", actualmente, no significa nada. Me refiero al concepto de rock. Ustedes preguntarán cuál es ese concepto y yo responderé a los gritos: ¡no sé cuál es ese concepto, el rock no necesita concepto, no me hablen de conceptos, maldita sea, la vida ya es muy dura para vincular el rock a un puto concepto! Debería existir una orden judicial para que el rock se mantenga a más de mil kilómetros de los conceptos.


Si Magnolia fuese una canción, “la lluvia de ranas” sería el estribillo. Una de esas secuencias inolvidables que nos regala el cine, imposible no comentarla a los gritos cuando se la recomendamos a alguien. Como cuando en Solaris Hari y Cris quedan suspendidos en el aire mientras suena Bach. Como cuando Marlon Brando corre a Maria Schneider en Último tango en París. Imagen y sonido en perfecta correlación viajando directo hacia nuestra memoria emocional.


Hay bandas, escritores y directores de cine que son muy originales, que no poseen genealogía alguna y además se visten muy bien. En la mayoría de los casos, a excepción de un par de hipsters, no logran conmover a nadie. La originalidad no es una cualidad necesariamente positiva, es sólo un invento de los Egos de algunos tipos trastornados del Siglo XIX Occidental. Y debemos desconfiar seriamente de lo que hicieron esos tipos en el mundo.

ABRIL


La interpretación de Rick Deckard a cargo de Harrison Ford es sublime. Parece un personaje de Di Benedetto, arrojado a la existencia, sin saber bien qué carajo hacer. Transmite toda la incertidumbre e incomodidad que un tipo es capaz de expresar. Y además parece estar muy triste, como cuando debemos armar un porro con tucas viejas y ni siquiera tenemos encendedor.


Ésta es una escena que se repite: estoy enfrascado en la lectura de un libro, de pronto me detengo y reflexiono: ¿existirá alguien en algún rincón del mundo que lea esta misma línea de este mismo libro a esta misma hora? La respuesta afirmativa de tal pregunta podría probar la existencia de Dios, pero en verdad no tiene ningún sentido. Pero ya la vida tampoco tiene sentido. Así que voy a seguir haciéndome este tipo de preguntas.


"Ya no será lo mismo". Ése vendría a ser el argumento principal de las novelas de Bioy. El tiempo pasa y, claro, ya no será lo mismo. ¿Qué? Nada. A esta altura es preciso aclarar que no pensaba escribir sobre las novelas de Bioy pero todo se fue dando de esta manera y es imposible volver atrás. Eso también sucede en las novelas de Bioy.


Porque lo que necesitamos es identificarnos. O conmovernos. El arte debe ser como ese espejo/ que nos revela nuestra propia cara. No me refiero al golpe bajo, a la demagogia emocional, al sentimentalismo, a Campanella, es decir, al hecho de acordarle a una cosa más ternura de la que Dios le otorgó, sino a reconocer la presencia de Dios. Sencillamente. No Dios como aparato ideológico del Estado o Agente Represor. Por el contrario, en sentido figurado, como personaje, como pájaro fabuloso que aterriza en la Tierra, armoniza el caos imperante y produce Poesía.


¿Quién puede amar a Messi? ¿Quién puede odiarlo? Si el Santiago Bernabéu no tuviese tribunas, en el segundo gol creo que habría seguido corriendo en diagonal hasta los confines de la Tierra. Me recordó el final de "Autopista del Sur", el cuento de Cortázar, cuando el embotellamiento se acaba y los conductores alienados se esfuerzan por avanzar hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.


Hay un epigrama malicioso que resume bastante a Sabato. Pertenece, claro, a Bioy Casares: "Un escritor importante de obra mediocre". Tal vez lo que distancia de Sabato, pasado el encantamiento adolescente, es ese malditismo existencial que de tan dark acaba siendo kitsch. Su prosa recargada desemboca en un estilo ornamental repleto de imágenes que pretenden un efecto dramático o un shock poético y, a menudo, caen en el mal gusto.

MAYO


Por ejemplo, la Revolución Erótica de Último Tango en París: verla era como coger. La Revolución Violenta de La Naranja Mecánica: verla era como matar. La Revolución Sentimental de Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos: verla era como amar. Y la Revolución Adolescente de Trainspotting: verla era como drogarse. Coger, matar, amar y drogarse: ¿acaso anhelamos otra cosa en la edad del pavo?


Sin Almeyda no existe el Marqués de Sade ni Nietzsche ni Rimbaud ni la generación Beat ni Eric Cantona ni Kinski ni Cristian U. ni Maradona ni Frank Begbie ni Janis Joplin ni Sofía Gala ni el Capitán Ahab ni Lennon ni Luca Prodan ni Miguel Abuelo ni Charly García después de 1994 ni Spinetta entre 1971 y 1973 ni Bukowski ni Virginia Woolf ni Daniel Johnston ni Fogwill ni Don Quijote ni Alejandra Pizarnik ni Tanguito ni Kate Moss ni Samid ni Juanita Viale.


Escribir frases-chicana del tipo "Los malos cuentistas escriben como Bukowski, los malos novelistas como Osvaldo Soriano y los malos poetas como Alejandra Pizarnik"; "Dejemos a Alejandra Pizarnik escribir como Alejandra Pizarnik".


Palo Pandolfo: el jugador de fútbol maravilloso que gambetea a los 11 del equipo rival y cuando está solo frente al arco la manda a la tribuna. Por elección propia.


Mientras tanto, ¡anti-kirchneristas cool del mundo, uníos! ¿Sarlo se presenta en Octubre?


Prefiero irme al descenso yendo para delante, que de la cama al living. Hasta hace poco el hincha de River había resignificado el mote de “gallina” hasta convertirlo en un orgullo. J.J ha desterrado esta importantísima desviación semántica.

JUNIO


Deberían existir leyes universales e implícitas que regulen los tiempos al comienzo de una relación. Mandar un mensaje de texto, proponer una salida, empezar a verse a mitad de semana, comer juntos, contestar un mail. Son todas situaciones tensas que nos exponen emocionalmente de una manera espantosa.


Por sus peinados, sospecho seriamente que Funes Mori y Lamela no son conscientes del concepto de muerte/ No entienden el concepto de muerte, por lo tanto no entienden el concepto de Promoción, mucho menos el concepto de Descenso/ Conclusión: no existen posibilidades reales de que hayan pensado alguna vez, ni remotamente, en el concepto de jugar contra Aldosivi un lunes frío de agosto.


El problema grave es si, al contrario de lo que habitualmente sucede, la relación dura más de un par de semanas. La posmodernidad nos asegura, como máximo, unos tres minutos de estabilidad amorosa cada 6 meses, pero todo puede fallar. Aquí el sendero de caminos musicales se bifurca.


Al terminar el recital llegaron las invasiones bárbaras. Me dirigí a la mesa de merchandising y sólo quedaban remeras XL. Se las habían llevado todas los nenes. Después pregunté por algunos discos que me faltaban y tampoco hubo caso. Los nenes arrasaban con 9 cd's en cada mano. Me di cuenta de que, comparado a ellos, ya soy un poco viejo.


Tengo que decir que después de los 25 se apoderó de mí un profundo miedo a quedarme solo. Otro miedo a no conseguir trabajo. Miedos puntuales y evidentemente enfermizos a no terminar la carrera y a no encontrar lugar en donde vivir. Miedo a no ser feliz. Y una vez alcanzada la felicidad, miedo a que se termine. Miedo a que el desamor sea eterno. Y una vez de regreso el amor, miedo a que no sea verdadero, que sólo sea una ilusión emocional del corazón. Y una vez enterado de que el amor es verdadero, miedo a que sea demasiado verdadero como para que el resto de mi vida pierda sentido.


Los idiotas, en cambio, sabemos que nuestro destino inexorable es la muerte. Por lo tanto, somos conscientes de que todas las cosas que hacemos (trabajar, levantarnos temprano, pagar cuentas, tener hijos, comer), en cierta forma, representan un absurdo.


Cuando los hinchas de otros equipos decían que River no podía irse a la B de ninguna forma, más me convencía de que River se iba a la B (inconscientemente presupuse que la opinión positiva de los demás, incidiría negativamente sobre el acontecer de los hechos).

JULIO


Ayer justo enganché un viejo capítulo de Lost. De la época en que tenían a Ben secuestrado en la escotilla. Locke lo está cuidando y de repente comienzan a pasar cosas raras. La luz titila, se cierran las puertas, suena una alarma. Entonces Ben, el guacho de Ben, al presentir la desesperación de Locke, le grita a través de la puerta de su celda "Llamalo a Jack, John, llamalo a Jack".


Entonces vamos al Auditorium y nos declaramos en contra de la dictadura de las apariencias lookeados a la perfección ("Sos tan fashion"), afligidos ante la fetichización de la figura del Che cómodamente sentados en butacas de terciopelo ("Mc Guevara o Che Donalds") y dispuestos a tararear una cumbia siempre y cuando sea a miles de kilómetros de una bailanta. ¿A quién podría no gustarle?


Fíjense que además de tres o cuatro cosas (trabajar, ver fútbol, enterarse de algo relacionado con Juanita Viale), la vida es rellenar agujeros. Simbólicos o metafísicos o emocionales, no cedamos a la apabullante influencia de Miguel del Sel en nuestros inconscientes. Conozco parejas que sufren crisis severas cuando llega el final de una temporada.

AGOSTO


En junio pasado aproveché un fin de semana largo y me fui de Luna de Miel a la ciudad de Macri. Fueron unos días maravillosos. Aunque sea subjetivamente, estuvo bueno Buenos Aires. Paramos en un Hotel re pobre porque somos muy rockeros y el Indio Solari dijo que el lujo es vulgaridad.


Es que por momentos, ver la nueva temporada de Curb Your Enthusiasm es como ir a una fiesta a la que hemos sido invitados pero nadie creyó que asistiríamos. De ésas en las que fingimos pasarla bien al ritmo de la crème de la crème para no quedar como lo que en verdad somos: unos reverendos pelotudos.


Onda Vaga: Música para jóvenes que viajaron al Norte dando a entender que eran mochileros pero en realidad fueron en avión, se arreglan dos horas en el baño para parecer sucios, su Lennon personal es Manu Chao y fuman porro paraguayo, dicen que son flores, no les pega y se hacen los colgados igual.


Habitualmente, la carrera solista de David Lebón se descarta sin miramientos. Pero, a decir verdad, ¿quién la escuchó? Probablemente nadie. ¡Ni siquiera yo, que la vindico, le presté atención!


¿Por qué pedirle a una banda que cambie de sintonía si yo no puedo dejar de ser un idiota? ¿Por qué somos lapidarios con directores de cine, actores, futbolistas, guitarristas, técnicos, políticos, bloggers, mozos y cerrajeros y no nos preguntamos nunca cómo andamos por casa? ¿Por qué, por qué, por qué? Eso es lo que más quieren saber los nenes de 5 años: ¿Por qué? Nadie les responde y con el paso de los años se convierten en nosotros

SEPTIEMBRE


No digo que los productos artísticos que intentan subvertir los paradigmas estéticos canónicos sean desechables, sino que la repetición de ciertas características formales supuestamente avant-garde genera una fórmula tan repetitiva y monótona como la del cine pochoclero por excelencia.


Charlie Feiling escribe sobre el legado de Borges en Miguel Briante y afirma que para lo único que sirven las herencias es para dilapidarlas. Claro, hay que saber cómo, cuándo y por qué.


Buda (o Borges) enseña que en el fondo del mar hay una tortuga y una ajorca. Cada 600 años, la tortuga asoma la cabeza. Ser un hombre es tan raro como que la tortuga calce la cabeza en la ajorca. Tal vez con intuir inconscientemente esa rareza que es vivir y estar en el Planeta Tierra alcance para leer a Levrero. Porque es fácil escribir "difícil" y ser un genio. Incluso ése es el truco de los garcas del neobarroco. Pero escribir, que te pueda leer una chica bronceada en la playa y ser un genio, ahí se complica.

OCTUBRE


Preocupado por las presiones del Grupo Clarín, el kirchnerismo nunca burla la censura de su propia conciencia. Evita hacerse preguntas que no puede ni quiere responder. Por ejemplo: ¿tendrá algo que ver Hebe en todo el quilombo de Schoklender? Mejor ni pensarlo, con una sola ficha que se mueva, se te cae todo el dominó.


Ahora mismo vivimos la distopía virtual de reemplazar la vida por facebook y twitter. En la Antigua Grecia consideraban que la esclavitud era algo natural. Tal vez dentro de algunos siglos se considere a las redes sociales como enfermedades patológicas masivas que afectaron profundamente a la especie humana.


Por otro lado, cuando éramos idiotas, solíamos manejar otro concepto sobre las personas que nos cambian la vida. Antes se trataba de aquellos seres que nos daban amor y lecciones de ética en la cotidianeidad, ahora de inversionistas con un pulso sensacional para crear adicciones consumistas y ubicar productos en el Mercado.


La operación es simple, de suma y resta: la banda que no deja de autodenominarse marginal, intragable para el sistema y salida de las mismísimas profundidades de Latinoamérica deja afuera de su fiesta a quienes son sus oyentes modelo. Tal vez me confunda: ¿el tema dice “Aquí se baila como bailan los pobres" o "Aquí se baila como la clase media acomodada cree que bailan los pobres"?


A determinada hora se formó una especie de niebla que mezclaba el humo de los cigarrillos con el calor de los cuerpos hacinados. Como en la película de Carpenter, la niebla atacaba y las víctimas sufrían graves consecuencias.

NOVIEMBRE


¿Qué otra cosa es sino este confort alienante con entelequias que simulan otorgarnos libertad cuando realmente nos transforman en esclavos de marcas, productos digitales y plataformas virtuales? Entiendo: es más fácil imaginar un vengador que mata vampiros, a uno que se rebela contra la comodidad. Steve Jobs era más reaccionario que Benedicto XVI.


¿Qué digo el rock? Liam mató a Dios, al autor, a las ideologías, a Néstor. Liam acabó con nuestro presupuesto mítico de la experiencia rockera y descubrió la dura realidad: una noche de tormenta, al aire libre, con miles de personas sudadas y lejos de casa.


Es que García, al igual que un amor que nos hace mal y un vicio perjudicial para la salud, es uno de los dadores de sentido de buena parte de nuestras vidas.


X, no quiero alarmarte, tampoco juzgar tus gustos musicales ni tu look de entre casa, ese involuntario look gótico que espantaría a Marilyn Manson, pero evidentemente estás en problemas.

DICIEMBRE


Porque, aunque con muy buenas intenciones los demás me aconsejen lo contrario, a veces el ser humano no puede hacer nada más que eso: mirar el techo.


Pero, ¿cuál es la salida? ¿Cortar para siempre con la persona que amamos porque a uno le gusta la verdura y al otro la carne? ¿Hacernos de Belgrano de Córdoba porque nos mandó al descenso? ¿Apoyar a Binner porque existe Guillermo Moreno? No, señores, y esto lo digo de pie y lo repito: ¡no, señores, ésa no es la salida! Y además, les aviso: no existe salida alguna.


AC/DC siempre hace el mismo disco, pero ¿cuántas bandas de rock and roll son tan buenas en lo suyo como AC/DC? Una sola: AC/DC.

lunes 26 de diciembre de 2011

Algunas arbitrariedades sobre Arizona Dream


Hace mucho tiempo, en las postrimerías del Siglo XX, el canal América solía pasar películas eróticas los sábados después de las 12 de la noche. Nadie que haya tenido 14 años sin internet podrá culparme de este recuerdo. Un día enganché una peli que además de una mujer con demasiados atributos, tenía sentimiento y diálogos increíbles y buena música y ¡un actor! Hasta ese momento no le prestaba atención a los tipos que aparecían en la pantalla, pero éste mereció mi registro. Más o menos por la misma época, haciendo zapping, pero a la tarde, me quedé mirando una película con esquimales, peces que volaban, una señora que quería volar en el desierto de un pueblito norteamericano, Johnny Deep (a quien conocía desde la serie ochentosa Comando Especial) y una chica que tocaba el acordeón y era fanática de las tortugas.


Años después supe que el tipo de la primera película (Último tango en París) se llamaba Marlon Brando y que el nombre de la segunda era Arizona Dream (Sueño de Arizona). Evidentemente las cosas se encuentran cuando no las buscás. Al contrario de lo que sucedía en 1998, actualmente podemos ver miles de películas online, pero ¿alguien vio una buena? No es una pregunta retórica. Pero tampoco exige una respuesta honesta. En fin. Hoy no tengo nada que decir sobre la de Bertolucci, pero hace poco volví a ver la de Kusturica y se me ocurrieron algunos apuntes arbitrarios.


Como el habilidoso que quiere demostrar todo su repertorio en el partido debut, se percibe que Kusturica pasaba por un pico creativo cuando hizo Arizona Dream. Esto es positivo desde el punto de vista artístico, pero en la práctica puede jugar en contra. A propósito de esto, una digresión: el filósofo contemporáneo Claudio Borghi dice que un jugador polifuncional es el que no sabe jugar en ningún puesto. De todos modos la desmesura es un (o es el) elemento predominante en la carrera de Kusturica. Y en Arizona Dream, entonces, también se tensa muchísimo ese límite delgado que separa el delirio bien trabajado de la estupidez. La película cuenta la historia de un joven que vive en Nueva York y es obligado a volver a su pueblo natal por un tío para que trabaje en su agencia de autos. El resultado es un viaje iniciático, con trasfondo onírico y existencial. La ambición de Kusturica por reflejar el sueño americano en base a un cóctel de drama, humor absurdo, ironía y romanticismo no puede salir bien. Pero Arizona Dream gana por puntos gracias a la suma de las partes y no al todo: quiere ser una gran novela y funciona como un buen libro de relatos.


Al igual que sucede con el gobierno de Cristina, pareciera que si uno gusta de Kusturica tiene que comprar el combo completo. A mí no me agrada todo lo que hace Kusturica en sus películas, pero, en general, me gustan bastante. Y aunque Arizona Dream sea algo desdeñada por la crítica, es mi favorita. El hecho de que haya sido filmada en EE. UU y con actores de ese país la hace más interesante. No por una especie de colonización yanqui de mi subjetividad (que seguramente sufro pero manifestada de otras formas), sino porque me genera curiosidad ver a distintos artistas hacer cosas que jamás hicieron. Rompe con todos nuestros preconceptos. Por ejemplo, escuchar como suena Leonard Cohen con la pared de sonido de Phil Spector en Death of Ladies' Man. O Lou Reed con Metallica. Ver como actúa Guillermo Francella en un papel dramático. Por otro lado, Kusturica logra imprimirle su adn a un producto que podría haber sido completamente impersonal. Lo único que en vez de gitanos, hay mariachis.


Si hay algo que tiene Kusturica es ritmo. No creo que se deba a sus famosas bandas de sonido, sino a su notable (e inexplicable) capacidad para hacer que una película que dura 2 horas y media pase como si se tratara de una canción pop de tres minutos. Y Arizona Dream es una canción pop llena de estribillos. Por las escenas y por la actuación de cada uno de los actores del reparto. Tenemos al personaje de Vincent Gallo repitiendo los parlamentos de las películas que ve en el cine. O tirándose al piso porque lo sigue el avión de Con la muerte en los talones. A Dorothy Faye Dunaway volando sin levantarse de la silla (gracias a un truco tan estúpido como efectivo de la cámara). A Jerry Lewis (estribillo per se). Y especialmente a Grace, interpretada por Lili Taylor, que en medio de esa constelación de estrellas, se roba la película con sus gestos y su forma de decir las cosas. En facebook hay solo 63 personas a las que les gusta Lili Taylor y creo que esto indica que algo anda mal en el mundo. Claro, no es Angelina Jolie, simplemente es una gran actriz. Ah, Lili: ya somos 64.


Según tengo entendido, la carrera de Kusturica siguió, pero hace mucho que no veo un estreno suyo. Me da la sensación de que si salís de una de sus películas y entrás en otra, no te das cuenta que son distintas. Esto le suele suceder a todos los directores de cine que tienen una estética y una identidad muy marcadas. Woody Allen, por ejemplo. Y no me parece malo ni bueno, es. AC/DC siempre hace el mismo disco, pero ¿cuántas bandas de rock and roll son tan buenas en lo suyo como AC/DC? Una sola: AC/DC.


Por último, algo importante: como Rayuela o la discografía de Sui Generis, Arizona Dream es una película que maravillará a los jóvenes de 18 años de cualquier generación. Para muchos ésta es una observación peyorativa: se suele condenar a los productos artísticos que atraen adolescentes. Yo pienso al revés. Creo que lo que pase con Arizona Dream de esa edad en adelante es más un problema nuestro que de Kusturica.

jueves 22 de diciembre de 2011

Before Chabon

Seamos realistas, pidamos lo imposible: ser objetivos. Lo que viene a continuación no es un juicio de valor ni reivindica el eslogan tanguero llorón de que "todo tiempo pasado fue mejor": en todo caso los tiempos cambian y no hay tu tía. Se trata de datos más o menos comprobables dentro de la rockología argentina contemporánea. Antes de mediados de la década del 90', el rock and roll no era "rocanrol". Tampoco aludía, directamente, al "aguante" ni al estereotipo musical más básico de Los Rolling Stones ni a letras con temáticas barriales o "contestatarias" a un sistema político determinado. La explosión del "rock chabón" (por manejar un concepto discutible pero que todos podemos reconocer automáticamente) reformuló, entonces, profundamente la idea que se tenía del rock en la Argentina. Por lo tanto hacer un disco de rock and roll antes y después de este tsunami genérico, no fue lo mismo. Canción Animal (1990), el quinto disco de estudio de Soda Stereo, podría ser calificado, al revés que el After Chabon de Sumo, como un ejemplo de lo que se entendía por "rock" antes del "rock chabón". Pero lejos de ser un material antropológico (como sucede con algunas obras que con los años resultan anacrónicas) se mantiene, a más de 20 años de su edición, como una bisagra, tanto para el rock local, como para la banda en particular.


Soda Stereo fue una banda que cambió sucesivamente, de un disco a otro. Soda Stereo fue muchas bandas. Y siempre de gran calidad. Gustavo Cerati (al igual que Charly García) muchas veces fue acusado de copiar tendencias extranjeras y adaptarlas a su grupo haciéndolas pasar por originales. En realidad se trata de una crítica bastante absurda. Es como reprocharle a los Beatles que Sgt. Peppers fue compuesto para superar Pet Sounds, de los Beach Boys. El tráfico de influencias y sonidos en el rock es propio del concepto básico del mismo, del arte pop en general. Soda Stereo fue una banda new wave en 1984, con su disco debut aparecido en pleno regreso de la democracia. Más tarde bailaron el carnavalito dark de "Cuando pase el temblor" y hasta se animaron a los ritmos del funk latino en Doble Vida (1988), de la mano del productor Carlos Alomar. Cada cambio de sonido, además, era acompañado por una revolución estética: maquillaje, nuevos cortes de pelo, ropa. Hoy, que se acostumbra a que muchas bandas hagan el mismo disco durante años, cual si fuera la película El día de la marmota, sería sorprendente observar cómo cambió Soda Stereo de 1988 a 1990. Si uno observa una fotografía del trío perteneciente a cada uno de esos años, hasta llegaría a pensar que se trata de dos bandas diferentes. En la primera se los ve "europeos", prolijos, apolíneos. En la segunda son pibes que pertenecen al garage de un barrio porteño, con apariencia de sucios, dionisiacos. La cuestión es que en 1990, Soda realizó el cambio más arriesgado de su carrera. Cómodamente instalados bajo los reflectores espectaculares del pop de habla hispana, se propusieron convertirse en una banda de rock and roll. Y, como con Dynamo, dos años después, lograron ser under, con Canción Animal fueron eminentemente rockeros. A diferencia de otras bandas con gran éxito en los 80' que no pudieron surfear las olas de los tiempos modernos (Miguel Mateos Zas, Enanitos Verdes), Soda Stereo mutó hasta convertirse en ejemplo de avant garde.


1990 es el año en el que Cerati comienza a planear (tal vez inconscientemente) el final de la banda, ocurrido recién 7 años después. Canción Animal le da la espalda a toda una época. La de las canciones divertidas y bailables. La de las giras permanentes. La de los discos sucesivos. Luego sólo vendrían dos discos de estudio: Dynamo (1992) y Sueño Stereo (1995). The Dream Is Over. El nivel de popularidad de la banda los instaló en un lugar de exposición total: en el living de Susana, en el estadio de Vélez, en el centro del rock argentino (hasta allí monopolizado por la figura de Charly García). Esa desmesurada estética mainstream es la que aprehende el imaginario colectivo hasta convertirlos en enemigos de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, quienes consolidaron una carrera artística al margen del “sistema”.


La presencia de Daniel Melero como colaborador en la letra y el concepto de algunos temas se adivina a la distancia como el tercero (aquí el cuarto) en discordia de una pareja. Poco después Cerati editaría un disco a dúo con el Brian Eno argentino (Colores Santos, 1992) y su primer disco solista (Amor amarillo, 1993). También por esa época, el cantante planeaba un disco junto a García y Aznar, que finalmente nunca salió. El bajista de Serú Girán aparece en "1990", un tema de inconfundible tinte beatle. Canción Animal, a pesar de no ser el último disco de la banda, podría ser interpretado como el canto del cisne, el último instante en el que Soda se hizo cargo de lo que significaba: un grupo. Lo que vino después, a decir verdad, se pareció más a Cerati acompañado por dos viejos conocidos. Es que rápidamente sobrevendría el hastío de ser cooptados por un público devoto que, de cierta forma, llevó a la otra banda en cuestión, Los Redondos, a la separación. Pero ésa es otra historia.


"Ahora los aparatos electrónicos hacen que cualquier boludo venga y haga un tema. Pero músicos de verdad... Por ejemplo, si vos sentas acá a Gustavo Cerati y al de Virus, Federico Moura... Les das una guitarra y les decis `bueno, pelate un blues, pelá algo que me llene...`. Y no sale nada". La frase, como no podría ser de otra manera, pertenece a Luca Prodan, quien acostumbraba a criticar a los rockeros argentinos por poner demasiado énfasis en las formas y no en el contenido. "Té para tres" demuele la chicana del compositor de "Mañana en el Abasto". Es el primer tema totalmente acústico de Soda Stereo y, por primera vez, se advierte la herencia de Spinetta en la lírica de Cerati. Podría tratarse de un outtake de Artaud. Tanto es así que actualmente, Spinetta rinde homenaje en sus conciertos tocando el tema de Cerati, quien en el show unplugged de la banda (1996) explicitó el guiño y lo mezcló con "Cementario Club". "Té para tres" actúa, entonces, como un retorno a los orígenes del rock argentino (inesperado, ya que hasta allí Soda había elegido influencias extranjeras). También como un remanso en medio de una serie de canciones agresivas, sostenidas especialmente por un Cerati en estado de gracia. Por primera vez se calza el traje de guitar hero y aporta riffs inolvidables como los de "(En) El séptimo día", "Un millón de años luz" o "Sueles dejarme solo". "Música Ligera", por su parte, automáticamente se coloca entre las canciones más emblemáticas del rock argentino.


El de Canción Animal es un rock duro, un hard rock, valga la redundancia, con reminiscencias de los 70', cierto aire psicodélico en las letras y una intensa conexión entre los tres integrantes de la banda. Es el disco que abre la década pero no sólo por haber sido editado en 1990, sino porque inobjetablemente marca la tendencia del rock crudo, ése que poco después se convertiría en moda con la explosión del grunge y volvió a principios de los 2000 con grupos como The Strokes o White Stripes.


Soda Stereo regresó en el año 2007. Tuvo que aparecer Roger Waters con su remake de The Wall para superar el record de fechas. La lista incluyó 27 temas. No hace falta decir que el disco más revisitado fue Canción Animal, que con seis temas le “ganó” a Nada Personal y Signos. La banda se había despedido diez años atrás. Al final de “Música Ligera”, Cerati lanzó una frase legendaria, un saludo que a la distancia podemos retribuírselo a él mismo: “Gracias Totales”.


(Publicado en la Revista Power Music diciembre/enero 2011/12)

miércoles 14 de diciembre de 2011

Vindicación de Fito Páez

Para BC



¿Cuántas veces más vamos a defender a Fito Páez? Coincido: las obras se defienden por sí mismas. Pero cuando son más vapuleadas que la defensa de la Selección contra Alemania en el Mundial 2010, se impone una estrategia para detener el ataque. Un 4-4-2 conservador. Un 4-5-1, si se quiere, como cuando somos novatos en la Play y nos llegan por izquierda, derecha y centro.


La cuestión es que la mención del nombre de Fito Páez, automáticamente, genera repudio. A Páez, se lo acusa, principalmente, por dos faltas: 1) su voz (desafinada, escalofriante); 2) su personalidad (pedante, insoportable). En cierto modo, estoy de acuerdo, ni la voz de Fito es de las mejores que escuché en mi vida ni su personalidad (mediática, claro) me genera mucha empatía. Pero convengamos que si esas dos características son fundamentales a la hora de apreciar o no a un artista, tenemos que borrar de un plumazo un 80 por ciento de la historia del rock. Es más:


-¿Qué es el rock, padre?


-El rock, hijo mío, es ese género repleto de malos cantantes y personalidades infumables.


Por un lado, pienso rápido y digo: ni Bob ni Charly tienen buena voz. Por otro, me pregunto: ¿alguien se banca a Bono y su obstinación por salvar el mundo?, ¿a Luis Alberto conduciendo a conciencia?, ¿al Indio dando cátedra de cultura-rock? El antipaezismo pondrá el grito en el cielo y dirá que Fito no está a la altura, ni de Charly ni del Indio ni de Bob. Tal vez allí también estemos de acuerdo, pero antes de eso preguntaré ¿y cuántos lo están? Luego, tal vez será necesario recordarles una lista que redimiría a cualquier compositor del mundo:


-Tres agujas/ Alguna vez voy a ser libre/ Parte del aire/ Track Track/ Tatuaje falso/ Carabelas Nada/ Pétalo de sal/ El jardín donde vuelan los mares/ Cadáver exquisito/ La despedida/ The shining of the sun/ El centro de tu corazón/ Zamba del cielo/ London Town


A un rockero se lo juzga por sus mejores temas. Si nos ponemos en exquisitos no queda ni uno. Ni Paul ni Bob en la década de los 80'. Ni John con su despareja carrera solista. Ni Charly y su etapa Say No More. Ni Andrés y sus primeros discos ochentosos. Ni Luis Alberto y su tendencia al jazz somnífero. Ni Pappo, perdido desde Blues Local (1992) hasta su último gran disco (Buscando un amor, 2003). Como las parejas, como River en la B, como el gobierno de Cristina, un artista tiene sus altibajos. Pero, ¿cuál es la salida? ¿Cortar para siempre con la persona que amamos porque a uno le gusta la verdura y al otro la carne? ¿Hacernos de Belgrano de Córdoba porque nos mandó al descenso? ¿Apoyar a Binner porque existe Guillermo Moreno? No, señores, y esto lo digo de pie y lo repito: ¡no, señores, ésa no es la salida! Y además, les aviso: no existe salida alguna.


Otros dirán que Fito Páez no es rock. Y ahí ya no tengo ninguna respuesta, primero porque en realidad qué puedo saber yo de algo y segundo porque esas categorizaciones no sirven para un carajo. Debemos escuchar y leer lo que nos conmueve, lo que se supone es "rock" o es "literatura" es problema para los que trabajan armando bateas o anaqueles de bibliotecas. Fito Páez (ver lista) es un artista capaz de conmover. Si se pelea con Arjona, si le da asco la mitad de Buenos Aires, si repite mucho el término "modernidad" en las entrevistas, si hace películas malas... Son cosas que exceden la magia de una buena canción. Y Fito tiene muchas. Y les digo a los rockeros por su nombre de pila y sin nombrar el apellido porque últimamente estoy muy boludo y mencionar rockeros sin apellido es una señal implacable para distinguir boludos. Y quiero que sepan que soy un boludo, aunque, ya sé, no hacía falta explicitarlo.


Pero en realidad yo no quería hablar sobre esto. También es verdad que se hizo demasiado tarde para decir algo sobre Canciones para aliens, el nuevo disco de Fito, en el que recorre un cancionero ajeno imprimiéndole su estilo, ése que a veces espanta (nótese la traducción de libro de Anagrama de "Las dos caras del amor") y a veces descuella. Los arreglos y la interpretación de "Construcción", el pulso pop de "Un beso y una flor" y la versión rocker de "Fiesta" justifican un disco de covers en el que Páez logra, paradójicamente, expresar quién es, de la misma forma que somos lo que escuchamos, lo que leemos, lo que amamos, lo que elegimos.


Entonces la pregunta era cuántas veces más vamos a defender a Fito Páez. Como decir, ¿cuántas veces más vamos a intentar ponernos de acuerdo?, ¿cuántas veces más nos esforzarémos en mejorar?, ¿cuántas veces más lucharémos para lograr lo que deseamos? La respuesta es simple y se proyecta a todos los órdenes de la vida, darling: las veces que sean necesarias. Sayonara.

miércoles 7 de diciembre de 2011

Para un zombie es normal



Sos la cuarta persona que en la misma semana me dice que parezco un zombie, le dije. Eso es grave, dijo ella. Para un zombie es normal, contesté.
-No sé qué será: la forma de caminar, creo.
-El clonazepam diario que me tomo- agregué yo.
-Te fuiste de rosca. Te creíste eso que decías.
-¿Qué decía?
-Eso de actuar como un muerto. Actuar como un muerto para quitarle importancia al desastre.
-Claro: estoy muerto, nada de lo que haga tiene incidencia alguna en mi vida.
-Y actuaste tanto que ya sos un muerto.
-Exacto.
-Sos como Ricardo Darín. ¿Viste? Hizo tantas películas repitiendo siempre el mismo papel y ahora en las entrevistas no es Darín, es el de Luna de Avellaneda. Bueno, sos eso. Ricardo Darín zombie.


Después le mostré un cuento que había escrito. Porque lo tenía en el bolso y me lo pidió. Antes de leer, se levantó de la cama y abrió las ventanas de la habitación. Presiento que tu escritura me va a sofocar, dijo, impostando la voz.
-Esto es igual a Bolaño- bardeó. -Ya Bolaño no me gusta y una copia mala de Bolaño menos.
-¿Qué leíste de Bolaño vos?
-Nada, pero cualquiera sabe como escribe Bolaño, está en el aire.
-Y vos, tarada, debés escribir como Pizarnik.
-¡Yo no escribo!- gritó, se me subió arriba y dijo:


Pelotudo, pelotudo
debajo estás vos
pelotudo.


Se bajó y aplaudía y se reía a carcajadas. Le informé que era de mal gusto reírse de sus propios chistes. Me hizo fuck you. Y pensé que ella tenía una mente y que sabía usarla mejor que yo y varios que conozco. Tampoco entendí si lo que sucedía nos llevaría a algún tipo de sexualidad o éramos simplemente dos personas agrediéndose en el cuarto de un hotel. Estaba más seguro de lo segundo que de lo primero. Pero acostado ahí estaba cómodo y sereno después de bastante tiempo. Y eso ya era mucho pedir.


¿Y qué vamos a hacer?, preguntó. Capaz que nada, dije yo.
-Entonces hablemos de algo porque esto me deprime.
-Pero las conversaciones tienen que ser espontáneas. Si alguien dice "hablemos de algo" se pudrió todo.
-Entonces se pudrió todo, zombie puto- dijo ella y se dio vuelta.


Estuvimos media ahora así. Ella de costado, no sé si despierta o dormida. La miré y tenía los ojos cerrados y respiraba a un volumen altísimo y por la ventana abierta entraba brisa con olor a mar. Muy diciembre esto, dijo en voz alta, todavía dada vuelta. Hasta que de golpe se sentó, apoyándose en el respaldo de la cama, y dijo que si no había tema de conversación y si no íbamos a suicidarnos y si no íbamos a coger porque yo era la versión masculina de Andrea del Boca, me iba a preguntar cosas. Porque ella, cuando no sabe de qué hablar con un amigo, le hace una entrevista. Entonces me preguntó si creía en Dios, cuántas veces había estado enamorado, a cuántas me había garchado, cuántos amigos de verdad tenía, que por qué esa cara de zombie, qué quién mierda era esa mina para que la extrañara tanto. Y cuando respondí a sus preguntas (que fueron más pero ya no me las acuerdo y no vienen al caso), mintiendo en todas, ella empezó a hablar. De su infancia. De su relación conflictiva con mamá y papá. De sus primas que eran más lindas que ella y le arruinaron parte de la adolescencia. Del cigarrillo que no podía dejar. Del último tipo con el que había estado. Lo contaba todo detalladamente, como lo puede hacer alguien muy genial o muy estúpido.


Yo pensaba: se cree especial y es especialmente estúpida. Yo pensaba II: es sublime, es Dios representado en una mina que me habla sin parar. Yo pensaba III: tengo que dejar de pensar porque me voy para el otro lado. A veces lo que me contaba parecía tener alguna resonancia poética, alguna revelación escondida que un tipo más inteligente podría haber interpretado para hacer "click" y darle un giro de 180 grados a su vida. Y a veces todo lo contrario.


Cantó un pájaro y ella dijo que qué raro que un pájaro cantara cuando todavía no era de día. Que qué raro que un pájaro cantara a las cuatro de la mañana. Que eso era augurio de algo malo. Del fin del mundo tal vez. Y yo le dije que me agradaba la idea de que fuera el fin del mundo y nosotros estuviésemos hablando. Y ella dijo que no sea demagógico, que el tiempo del sexo había sido tres mil años luz atrás y que ahora no tenía que sostener ninguna clase de discurso amoroso.
-Ya somos dos sujetos asexuados, lo único que enrarece la circunstancia es que estamos en una cama.
-Qué definitiva.
-Qué lento.
-Justo te iba a decir que ahora sí, que podríamos coger.
-Pero ya no tengo ganas. En realidad no sé si alguna vez tuve ganas. Además: no voy a coger con un chabón que está enamorado de alguien que no soy yo. No es que nunca lo haya hecho, es que esta vez es demasiado.
-¿Y de quién estoy enamorado?
-De vos, papá, de vos estás enamorado.


Ahí me reí mucho. Hacía como dos semanas que no me reía y aproveché para hacer catarsis. Parecía Bob Patiño cuando asume como alcalde de Springfield. Supongo que no fue una imagen muy linda para ver, pero no me importó nada. Ella me miraba como si me estuviera volviendo loco en ese mismo instante, como si estuviera asistiendo al segundo final de cordura de una persona. Me reía porque además de que parecía un zombie, también me habían dicho varias veces que en realidad el problema era que yo estaba enamorado de mí.


-Nada que ver- le dije.
-Pero de mí no estás enamorado.
-Vos me pediste que no sea demagógico, flaca.
-Está bien. Tu dharma es ser esto y no tenés escapatoria. Si querés estar acá para cuando me despierte, vas a tener que transformarte en otra persona. Hacé la inversa de la Metamorfosis. Dejá de ser una cucaracha y convertite en un hombre. Con huevos, uno que se la banca. Hasta mañana.


Dijo eso y me acarició el pelo, sonriendo. Pero a pesar de que en ese gesto probablemente se escondiera todo el amor y la sordidez del mundo, yo, claro, me acordé de otra sonrisa. Después se paró, se sacó el vestido y se metió abajo del cubrecamas. Hizo unas caras extrañas y al toque se durmió. Entonces abrí el bolso que estaba en el suelo, tirado al lado de la cama, y saqué un clona. Lo partí al medio y me lo tragué. Y mientras esperaba que la pastilla hiciera efecto por el resto de mi vida, me quedé mirando el techo. Porque, aunque con muy buenas intenciones los demás me aconsejen lo contrario, a veces el ser humano no puede hacer nada más que eso: mirar el techo.

domingo 4 de diciembre de 2011