sábado, 29 de septiembre de 2012

Vindicación de Mar del Plata


Muchas personas añoran la época en que Mar del Plata era considerada la Biarritz de la Costa Atlántica. El lugar de esparcimiento de las clases dominantes. Es decir que extrañan algo que nunca vivieron: Mar del Plata vaciada de negros y Argentina libre de peronismo. Contrariamente a estas personas a las que La Peatonal les da temor, considero que el aspecto más genial de la ciudad es su popularidad. A Mar del Plata vienen los wachiturros del Conurbano y los hipsters del Festival de Cine. Las familias acaudaladas con pisos en la zona más cara de la Avenida Colón y las familias Campanelli's con 50 hijos. Aquí se mezclan, como en el utópico recreo de la Escuela Pública, todos los ingredientes de la ensalada emblemática de la vida argentina. Incluso más: tal vez Mar del Plata sea La Ciudad Argentina por excelencia, en la que todos se pueden ubicar espacialmente. Con amor y sordidez.  

Un hit de los marplatenses es considerar que acá no pasa nada. Como si la ciudad fuese muy chata culturalmente para una persona con ciertas ambiciones. Me pregunto qué es lo que esperan que pase: ¿la revolución del proletariado?, ¿el aterrizaje de un ovni?, ¿el postergado ascenso de Aldosivi? Me pregunto también por qué no se van. O hacen lo que esperan que pase. Supongo que es mucho más cómodo quejarse. No creo que haya más espacio para festivales y ferias y encuentros y recitales. O tal vez piensen que la cultura tiene que ser impulsada por la Secretaría de Cultura. Y pensar que la cultura está en la Secretaría de Cultura es como creer que el amor está en las canciones de Cristian Castro. Aunque no dudo de que hay más amor en las canciones de Cristian Castro que cultura en las Secretarías de Cultura.

La importancia del mar (como escenografía, como banda de sonido) se aprende cuando viajamos a otra ciudad en la que no aparece en el horizonte. El mar, a través de su inmensidad, es el gran desintegrador de nuestro ego. Mirarlo es comprender que somos actores secundarios en el gran teatro del mundo. ¡Definitivamente nada de los que nos sucede puede ser tan dramático! El que todavía se acuerda de sí mismo frente al mar está en serios problemas, ¿no?  

Un factor interesante de Mar del Plata es que a diferencia de otros balnearios o puntos turísticos es una ciudad real. A veces se menciona como una virtud que en tal o cual ciudad no hay villas ni pobres ni asaltos. Eso es como visitar un estudio de televisión, un artificio, algo que no forma parte del mundo verdadero y es incapaz de otorgarnos una experiencia vital. Volver de esos lugares es despertarse de un sueño para vivir una pesadilla eterna. En Mar del Plata hay muchas villas. Y barrios periféricos. También un altísimo índice de desocupación. Y hasta un alto índice de suicidios: ¡los desprevenidos que buscan "la ciudad feliz" y se encuentran con las calles desiertas de junio! Mar del Plata no es ideal ni es cool pero como el planeta Solaris materializa los grandes deseos y las fantasías más bizarras de la mente argentina. 

Los turistas llegan con un imperativo muy claro: pasarla bien. Y lo logran. Creo que a los marplatenses eso nos da bronca. Bajo la idea de que no nos gusta que nos invadan la ciudad (y nos hagan la gran “Casa Tomada”), se esconde un sentimiento: ¡la envidia por no contar con una ciudad ajena como la nuestra para olvidar el quilombo existencial de lo cotidiano! Con respecto a esta última observación es un lugar común decir que con los embotellamientos, las colas interminables, los arbitrarios aumentos de precios, las playas repletas y los pungas que se hacen la temporada, más que un descanso del caos de la vida en la gran ciudad, vacacionar en Mar del Plata es una continuación de esa vida. A mí eso me parece perfecto. Mar del Plata es una ciudad sincera. Mar del Plata te dice que no existe la paz ni el paraíso terrenal ni la tranquilidad ni una salvación: el mundo es este lugar salvaje y no hay escapatoria. Pero si aún así lográs disfrutar, tenés una parte de la vida resuelta.

Durante el verano y las vacaciones de invierno recorre las calles de la ciudad un transporte denominado "El trencito de la alegría". Los pasajeros viajan al ritmo de las canciones de moda junto a replicas humanas de Tribilín o Winnie the Pooh. Una costumbre marplatense consiste en señalar el trencito como el símbolo total de la grasada y la falta de elegancia de la Humanidad. Lo que nunca entendimos es que, mientras bailan y aplauden, desde el interior del trencito ellos nos señalan a nosotros.   

35 comentarios:

Cine Braille dijo...

Pinta tu aldea y serás universal. Buenísimo, sin desperdicio.

Anónimo dijo...

excelente

Anónimo dijo...

la feliz es una desgracia corvino
y Tribilín no existe mas

Anónimo dijo...

Faena perfecta con lo del trencito de la alegría.Espero impacientemente
una nueva entrega de Música para Camaleones.

Gabriel Nombre dijo...

Necesaria defensa de un lugar que, lamentablemente, ya casi nadie se acuerda de atacar.

Me trae a la mente los inmortales versos:

"A mí se me hace cuento que empezó Mar del Plata
Yo la juzgo eterna, como el dulce de batata"

*viril lágrima rueda por la mejilla*

Billy dijo...

Me gustaría vivir en un lugar con mar.

Rodrigo dijo...

Hola Corvino. Te leo hace bastante y estaba esperando un post como este. Con mi mujer tomamos la decisión de vivir allá, estamos en la búsqueda de laburo para dar el paso decisivo (no es un mangazo). Si bien somos jóvenes (30 años) no es fácil mandarse de una con una nena de 4 años y un bebé en camino. Pero sé que mucho más tiempo no va a pasar.
Somos de Capital y nos hinchamos las pelotas de nuestra ciudad, muchos amigos porteños me dicen "pero si MDP es un bardo", otros (generalmente marplatenses)me dicen "pero mirá que invierno no pasa nada eh".
Tu descripción se ajusta a mi percepción, y no hace más que reafirmar mis deseos de ir para allá. No le escapamos a la ciudad ni vamos en búsqueda de prolongar el idilio vacacional, sencillamente buscamos un lugar un poco (poquito aunque sea)más tranqui y sobre todo con el mar como marco. En definitiva, creo que buscamos al mar como refugio, por el mismo motivo que relatás.
Abrazo.

Rodrigo

Anónimo dijo...

me parece o este post es todo lo contrario a lo que escribiste acá???:

http://ilcorvino.blogspot.com.ar/2007/08/marplatense-marplatense.html

Anónimo dijo...

Sep. me acuerdo que el que le pegaba a mardel eras vos. Qué pasó? Discutís con vos mismo?

chinoclau dijo...

vivi mi adolescencia en mardelplata y desde hace como 30 que vivo en cordoba, en las afueras de la ciudad, calles de tierra que se hacen guadales y en la esquina mirando para donde se pone el sol hay una lomada pronunciada. cada dos por tres me asalta la certeza que del otro lado está el mar.

McLovin dijo...

Que buena semblanza de Mar del Plata.

En efecto, es una ciudad, con todo lo ruin que una ciudad argentina conlleva, con todo el malevaje y tristeza que allí se esconde. ¿Se reclama más cultura? Y sí. Tenemos universidades, y supuestamente, universitarios. Pero al mismo tiempo, no son universitarios. Muchos lo ven como una continuación del colegio, algo que no es de ellos sino que es para ellos. Y como borregos llegan, escuchan y se van. Sin pensarlo demasiado, o pensando en las minitas y la juntadita del sábado por la noche.

Y de fondo, el telón del mar. Que absorve mucho más que nubes de tormenta. Que nos da ese viento a cuchilladas, que nos lleva a encierros noruegos, a chicas de veintitantos que se ponen a tejer, al refuerzo de rutinas conocidas.

En fin. Conformamos una identidad huraña, me parece. Quejosa, de dos caras, anti turista y al mismo tiempo más frívola que el turismo mismo. Como si supiéramos algo más, como si esperáramos a los bárbaros para poder seguir luchando y conservando algún rasgo que nos identifique, que nos asquee al mismo tiempo, pero que nos de cierta certeza de quienes somos.

Anónimo dijo...

el murmullo de la gente amontonada, hacer una fila para sentarse a comer mientras nos respiran en la nuca, querer creer que estamos pasando algunos lindos dias en la feliz cuando en realidad nos estamos cagando de frio, son los principales motivos por los cuales no me gusta mar del plata, y ojo ..este fenomeno no lo relaciono con el exodo popular tradicional y peronista de vacaciones como la imagen de los trabajadores agradecidos pasando el verano donde se puede , sino con algo cultural..
seas de la clase que seas, si vas a mar del plata por gusto, es porque te gusta la muchedumbre, el bardo, te gusta tener que hacer fila para comer , te gusta sentarte en una mesa al aire libre y que la gente te roce,te lleve por delante y de verdad disfrutas el amontonamiento..
me parece que es una cuestión de gustos, yo realmente prefiero la tranquilidad, ni siquiera me importa que no haya mar.

muy bueno

laucha

Billy dijo...

lo más terrible y revelador de ese comentario-archivo que tiró un anónimo es ver como antes el corvino contestaba los comentarios ..!

Anónimo dijo...

al corvino se le subió la fama a la cabeza. Ahora hace pose de escritor "raro".

Corvi dijo...

Qué pose de escritor raro, la concha de tu madre? Qué fama? Estoy cuidando a mi tío abuelo enfermo de tres tipos de cáncer y vos me venís con esto? Sos un culo con porongas, pitos y matracas. Saludos.

PD: Se murió, hijo de puta, se murió!!!

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

Saludos (?)

David dijo...

Hola Corvino, Martín. Yo también recordé ese post de marpaltense-marplatense, pero no para fustigarte con eso, sino para darle valor a este post dado que no estaba de acuerdo con aquél.

Como marplatense emigrado sentí en su momento lo que ponés en aquel post, pero es una efervescencia de culo roto, creo que Cortázar lo refleja muy bien en ese poema que cierra Salvo el Crepúsculo, uno que habla de un pez intercostal pero no recuerdo el nombre.

Celebro este post, de verdad, muy bueno.

Anónimo dijo...

"Mar del Plata, el ocio represivo", de Juan José Sebrelli... te dice algo, Corvino?

Corvino dijo...

"Buenos Aires, vida cotidiana y alienación", te dice algo, Anónimo?

Anónimo dijo...

No sé, pero los mejores alfajores son los Capitán del Espacio!

Guille

FABIAN de Mar del Plata dijo...

.

Carolina Bugnone / Marta Pardo dijo...

flaco, sos un groso. chau.

Diego dijo...

Complicado eso de estar en contra de la mirada de los habitantes que habitan la ciudad de la que uno es hijo. Hay un problema ahí. No te salva adherir a ese tonito filo kirchnerista ahora de moda. Estetizás la pobreza. Que ahora haya más villas miseria que antes es un problema objetivo, para las ciencias sociales y para los vecinos de la ciudad, para los de adentro y para los de afuera de esos ascentamientos. Ver folklore progresista ahí es esteticismo. No está bueno.
Mar del Plata no es lo que era hace 30 años. La gente sigue yendo en cantidades masivas por cuestiones de distancia y de economía.

Martín Zariello dijo...

Complicado es no saber leer y comentar incoherencias en blogs ajenos. Tal vez tengas razón, hace 30 años la ciudad era otra cosa, pero te puedo asegurar que hace 28, cuando yo nací, la ciudad ya tenía barrios periféricos y villas. Te lo digo porque crecí en un barrio llamado Pueyrredón (Polonia y 39, no sé si habrás llegado alguna vez por ahí) y la cosa era así desde desde siempre. Y sigue igual. No estetizo una mierda, no estoy feliz porque haya villas ni el texto provoca ese tipo de interpretación (a no ser que se lo lea con mala leche), es lo que me tocó vivir y es lo que hay. Seguí participando, con tu detector de tonos filo kirchneristas, pero en este blog no entres a decir boludeces.

Diego dijo...

Sí estetizás. Hablás de las villas con esa felicidad cucurtiana (seguro que lo tenés bien leido a ese muchacho) que denuncia felicidad identitaria, que no es más que el barniz que cierta clase media cultural le ha puesto a la pobreza argentina en los últimos 15 años. Poesía chabona. Te han dejado esos anteojos puestos, date cuenta.
Y te aviso, ahora hay más pobreza en Mardel que hace 30 y que hace 50 años. La población se ha ido agrandando y el verano acortando. En febrero conseguís alquilar lo que quieras sobre la hora. Al resto de las industrias que no sean el turismo todavía se las está esperando.
El bardo con la clase media tratá de canalizarlo por los carriles. Ese salto directo a la sociología politizada no resuelve nada, solamente emputece más el clima social.

Martín Zariello dijo...

¿Y si hubiese leído a Cucurto qué problema habría? ¿Vos a quién leíste? ¿A Marcos Aguinis? Dejá de proyectar sobre los que escriben lo que leés. Es algo que enseñan en tercer año en la Secundaria.

¿Y a qué le llamás poesía chabona? Mejor no respondas.

Ver sociología politizada en este texto confirma tu falta absoluta de interpretación. Este texto defiende a Mar del Plata como paradigma, no a su clase política ni a las estadísticas de su economía. Qué falta de ingenio para captar un discurso, qué pacto infantil de lectura. Con la perspectiva de que este texto festeja las villas y la pobreza, también habría que decir que festeja los suicidios y el desempleo. ¿A vos te parece de verdad que se trata de eso? Y vas a tener que decir que sí, porque si no quedás como un boludo contradictorio.

Lo del desprecio por la clase media es un lugar común de Mariano Grondona. No tengo ningún problema con la clase media, por suerte hoy pertenezco a ella. Gracias al kirchnerismo el turismo creció bastante y el local familiar en el que trabajo (una lonería; entre otras cosas hacemos lonas para balnearios) también.

PD: Ah, hay algo llamado Planeta Tierra, también la población se agrandó y aparecieron muchos problemas que no existían 30 o 50 años atrás.

Diego dijo...

Martín, no me interesa pelear con vos. Lo que quise hacer es un comentario crítico acerca de algo que encontré publicado. Sé también que muchas veces me sale un tono imperativo que no cae simpático, en este momento estoy tratando de corregirlo. Pero en el fondo fue solamente un comentario crítico. Deberías acostumbrarte a ellos si lo que te gusta es publicar. De onda.
Ningún problema tengo con que hayas leído a Cucurto o a quién sea. Solamente te digo que ese muchacho estetiza la pobreza y que su estética encabeza cierta pose que hoy en día tiene mucho penso en el campo cultural argentino que incluye festejar a los Wachiturros con libros de Barthes en el bolsillo. Esa es una mirada desde cierto sector de la clase media hacia la pobreza: Se les da un reconocimiento identitario a la vez que se los festeja petrificados hoy. Al pobre no le gusta ser pobre, a nadie le gusta ser pobre. Ahí estuvo la joda del peronismo histórico, en sacar a los pobres de la pobreza, más que en festejarlos en tanto tales. Lo que se hace hoy desde la literatura es también una lectura política de la Argentina, no puede no serlo.

Saludos

Martín Zariello dijo...

Estoy abierto a cualquier tipo de crítica. También muy acostumbrado. En caso contrario, borraría los comentarios con los que no estoy de acuerdo. La idea de un blog para mí es que si vas a decir lo que querés, vas a tener que escuchar lo que no querés. Ahora bien: como el autor del blog debe atender las críticas y tolerarlas, el comentarista debe hacer lo propio si el autor del blog sale a contestar. Es la dinámica de los blogs, es lo interesante y revolucionario del soporte. No debería existir entonces ningún tipo de consejo sobre acostumbrarse a las críticas o a los comentarios negativos lo que sea. Este blog es el ejemplo de eso. Jamás borró comentarios, ni modero y la mayoría de las veces no intervengo (aunque me insulten o hagan observaciones con las que no estoy de acuerdo). Lo que veo como blogger es que muchas veces el comentarista es como la gata flora: si no contesto soy un agrandado, si lo hago, soy un hijo de puta que no tolera críticas. Ni una cosa ni la otra.

En otro orden de cosas: casi nunca contesto porque no siempre, pero a veces soy bastante cabrón y gastar energías en chicanas e insultos en los comentarios del blog es algo que dejé de hacer hace bastante porque sé que es negativo. Así que te pido perdón, sin dudarlo. Me pareció mala leche tu comentario, nada más. Esta respuesta última tuya verifica que me equivoqué.

Saludos.

Anónimo dijo...

GENIO!!!

puzzle dijo...

Bellísimo. Hace tiempo quería que escribas algo sobre "Mardel". Para mi último cumpleaños le pedí de regalo a familia "ir a cenar a Mar del Plata".
Y allí fuimos, como campanelli´s, con novios, novias, bebés: una brigada de autos por la Ruta2. Y en la ruta y antes de llegar cada uno tenía en su cabeza la certeza de que en Mar del Plata íbamos "a pasarla bien". Y sin embargo todos teníamos una idea distinta de lo que eso era.

Salud y gracias Sir.

Esteban dijo...

Si yo fuera bolche, te diría que es un artículo de la falsa conciencia burguesa. Como no soy bolche, te agradezco por el escrito. Me gusta la idea de que frente al mar el yo se disuelve; poetiza bastante bien. Pero, ¿por qué no pensar lo contrario, que es alejándonos del mar, tierra adentro, donde el yo se desintegra, se "interioriza" en el cosmos?

Mar del Plata es una ciudad costera y, como tal, al igual que Buenos Aires (ciudad de la que es en buena medida apéndice), significa una promesa. O sea que más que suprimir el ego, lo alimenta, en la medida en que promete, además del paisaje turístico, la posibilidad de ascender socialmente, de "ser alguien". Claro, por el camino de la promesa también se arriba a una villa miseria.

Las ciudades costeras son, históricamente, ciudades que, provistas de un puerto al que arriban los barcos europeos, ofrecen experiencias de consumo que otras ciudades no costeras tardan en ofrecer (o nunca las ofrecen). En la medida en que los centros costeros son los lugares en los que el mercado prefiere tomar asiento para extenderse, esos lugares carecen de identidad. El desafío de un escritor, en este sentido, es entablar un vínculo con lo singular. Sospecho que eso -que es creatividad- está en los márgenes.

Osvaldo dijo...

Siempre me ha gustado la ciudad feliz, ya que he crecido en ella, y por eso tengo muy buenos recuerdos de dicha ciudad. Me encantaría conseguir un alquiler apartamentos buenos aires para disfrutar con mi familia de la ciudad capital

Anónimo dijo...

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