domingo, 14 de octubre de 2012

Vindicación de Almafuerte


Alguna vez, Almafuerte, el poeta, dijo que Leopoldo Lugones era "Almafuerte para señoras". A veces cuando escucho Almafuerte, la banda, pienso eso sobre ciertas bandas de rock argentinas demasiado atentas al look: rock para señoras.

La inteligentzia del rock le hizo la cruz a Iorio y a Almafuerte en el año 2001, cuando se editó el disco Piedra Libre. Allí se incluía "Cumpliendo mi destino", un tema que reivindicaba a Seineldín y citaba una frase antisemita que le atribuyen al ex líder carapintada: "Guardo de un hombre grande/ guerrero nacional que hoy tienen preso /Puede haber caballo verde mas no uno de ellos honesto". La revista Rolling Stone dejó de comentar los discos de la banda y, fuera del microclima metalero, por algunos años, Almafuerte ingresó en el ostracismo.

La condena contra Almafuerte fue un tanto hipócrita. En el mismo tema, Iorio doblaba la apuesta y aseguraba, en un paralelismo absolutamente arbitrario, "Prefiero a José Larralde que al Che Guevara". La crítica rock jamás consideró defenestrar a ninguna de las bandas que dedicaron temas al Che, un hombre excepcional, es cierto, pero que como todo revolucionario también ordenó fusilamientos a troche y moche. Un asesino de izquierda al que le tenemos simpatía porque creemos que mató muñecos del lado acertado. Esta observación intenta ver la película y no quedarse con la foto, no justifica ni la letra horrible de Iorio ni mucho menos la figura de Seineldín, un militar nacionalista, católico y anti-imperialista, que se reconocía en la línea de San Martín y Perón. Con los mismos ingredientes, Chávez armó una ensalada de izquierda. Pero tanto los fans de Chávez como los de Seineldín se sentirían insultados si se les marcaran esas coincidencias. Creo.  

(Hay varias escenas geniales en Inglourious Basterds. Una es cuando los nazis ven la película del francotirador que mató cientos de enemigos y se ríen y aplauden. Instintivamente, el espectador siente odio por esos reverendos hijos de puta. Pero cuando el cine se incendia y los dos judíos empiezan a liquidar nazis como si fueran hormigas, no creo que exista alguien que no haya sentido el profundo placer de una venganza simbólica).   
      
La virtud de Iorio (y de Almafuerte en particular) consistió en bajar la épica heavy a la esquina de nuestras casas. Ese imaginario repleto de calaveras, mensajeros del Mal y tinieblas, de tan extremo parece una broma. Por eso Riff (una banda genial, como todas las de Pappo) al lado de Almafuerte para una versión paródica del género. Las letras de Iorio poseen un uso incorrecto del idioma: en vez de "mentiroso", Iorio dice "mentidor". O "drogador" por "drogadicto". Pero eso que en un principio puede parecer risible, a medida que avanzan las canciones y los discos, se convierte en un estilo propio que se encuentra entre la picaresca, la denuncia social y la ultraviolencia discursiva. Es que las letras de Iorio son oscuras, pero no en el sentido de Tales from the Crypt, sino como lo son las jornadas de los jóvenes trabajadores urbanos. Sin embargo, Iorio siempre encuentra los versos adecuados para valorar el amor, la amistad y la voluntad como fuerza permanente de vida. Porque a pesar de lo que se pueda suponer, Iorio ingresó en el heavy la posibilidad de lo sensible. ¡Los metaleros por fin abandonaron esa gastada pose masculina y demostraron que también eran seres humanos! No es conmovedor que una fan de Alejandro Sanz llore con sus temas (algunos de ellos ciertamente extraordinarios): eso es obvio. Ahora bien, que personas vestidas de negro, que se cagan a piñas haciendo pogo y siguen a un líder que discrimina al 75 por ciento de la población demuestren que detrás de esa máscara late un corazón igual de bello y puro que el de una fan de Alejandro Sanz, es tal vez la única prueba de que la Humanidad no es tan mala. O todo lo contrario. Temas como "Se vos", "Todo es en vano si no hay amor" y "Mi credo" (de Trillando la fina, su último disco) son elocuentes en ese sentido. Musicalmente, Almafuerte optimizó la métrica anti-canción de Hermética. No podríamos hablar de pop, pero a veces tampoco de heavy. En ese rubro, el crédito mayor se lo lleva el Tano Marciello, probablemente uno de los mejores guitarristas del medio, capaz de adecuar al heavy aires de folclore y milonga.   

Existe un fuerte consenso en señalar a Spinetta como el poeta del rock, pero a menudo esa calificación huele a monopólica, como si fuera del Flaco en el rock argentino no hubiese existido otro tipo de poesía. Y eso es no haber escuchado "Señora Muerte" de Litto Nebbia ni "Mundos inmundos" de Miguel Abuelo ni "Nocturno de Princesa", de Moris. Creo que Iorio es uno más de esos "desclasados" de la poesía rocker y con el tiempo será aún más reconocido.

Otro factor que nos encadena al show de Iorio es su imprevisibilidad. Capaz de decir y cantar las más grandes barbaridades (la de Seineldín sólo es la más conocida), pero también de reconocer artistas que uno no imagina que estén entre sus preferencias. Iorio siempre valoró a Spinetta y en su disco solista de versiones del rock nacional elige tres canciones de su repertorio: "Toma el tren hacia el sur", "Durazno sangrando" y "Rock de la madre selva". En una nota declaró algo muy emotivo. Es una descripción sublime sobre el significado que tiene el rock en el crecimiento de un argentino: "Todos los Alamfuerte, en su momento, fuimos a comprar el disco máximo de Spinetta, quedándonos con el dinero justo para volver en el colectivo. Y llevábamos Artaud con orgullo hacia nuestros humildes hogares. Mi madre, cordobesa, de Río Cuarto, se dio cuenta de que habíamos escuchado tres veces ese disco e intentó prestar atención. No pudo entender el código. Spinetta era nuestro".

Esa anécdota me parece genial: es rock cuando no lo entiende tu mamá. Y si ahora, más que nunca, pareciera que el rock murió o ya no existe es porque nuestras madres fueron, por así decirlo, las creadoras del rock. 

Algunos habrán visto a Iorio en la tele, en sus emblemáticas entrevistas con Beto Casella y lo considerarán un estúpido, un payaso mediático o algo peor. Roberto Benigni (otro al que consideran un estúpido, un payaso mediático o algo peor) dijo que si viésemos a Platón o Sheakspeare en un programa, rápidamente los consideraríamos unos charlatanes, porque la tele es como un filtro de la realidad que sólo puede provocar que las personas que aparecen allí se vean como estúpidas.

Habitualmente, desde el sector bienpensante, se defiende a Iorio porque es "auténtico". Eso es una estupidez. Hitler también era auténtico y junto a sus amiguitos mató millones de judíos. De hecho, Iorio no es Hitler, pero es un auténtico facho. O un peronista federal: suele nombrar a los Rodríguez Saá con agrado y ya en el 2001 cantaba "Cumpliendo un sueño de niño estoy/ Cantando en nombre de Juan Perón/ Pues de mi tierra fue benefactor/ Y no seré yo quien lo olvide". A mí me gusta Iorio porque (al igual que Almafuerte, el poeta) escribe versos que conmueven a los metaleros. Y a todo aquel que quiera cruzar el infame umbral de lo que se supone que es pensar bien.