jueves, 15 de noviembre de 2012

Si yo fuera kazajo


Todos los argentinos odian a los chilenos.

Yo no odio a los chilenos.

Yo no soy argentino.

Hace un tiempo Fernando Peña dijo que los chilenos eran feos. Genéticamente feos. Esta idiotez, que referida a los habitantes de cualquier otro país limítrofe hubiese provocado el escándalo de los bienpensantes, fue tomada como una humorada y hasta hubo quienes estuvieron de acuerdo y festejaron la ocurrencia. Era una "transgresión" más del "genial" artista. Pero genial fue Henry Miller. Y transgresor fue publicar Trópico de Cáncer en 1934.   

Cuando sucedió el terremoto en Chile y el Estado no alcanzaba a evacuar a todas las personas, hubo argentinos progres que se alegraron porque eso demostraba que en Chile no era todo tan perfecto como supone la derecha argentina. Tal vez en lo único que tenga razón la derecha argentina es en querer a los chilenos. Comparado con la izquierda, eso ya es bastante, ¿no? Uno a cero.   

Tal vez la mala fama de Chile se deba a que la clase alta argentina, y no otra, quiere ser como Chile. Mientras que la clase media quiere ser como Brasil y la clase baja quiere ser como... Argentina. Tal vez la mala fama de Chile se deba a que la gente suele confundir a los presidentes de los países con los países. Tal vez la mala fama de Chile se debe a que la gente quiere que su país tenga más territorios, no se sabe bien con qué sentido, porque nadie de Salta antes de dormir se acuerda de Tierra del Fuego y agradece que la ciudad más austral del Mundo forme parte del territorio nacional. Ni viceversa. Decía que los seres humanos suelen despreciar a los países que le disputan a su propia país ciertos territorios sin darse cuenta que las fronteras son un invento y que nacimos en Argentina de la misma forma que podríamos haber nacido en Kazajistán (si es que todavía existe y se escribe así) o Jamaica o Chile. Si yo fuera kazajo no desearía ser argentino. Es más: ni siquiera sabría qué es ser argentino.  

Pero claro que los argentinos de derecha y de clase alta quieren a Chile por motivos equivocados. En realidad uno debe querer a Chile principalmente por Marcelo Salas y Roberto Bolaño. Y los programas de la tarde-noche con chicas semidesnudas en juegos acuáticos. Aunque yo tengo algunas razones más.

Alguien dirá: conceptos como "clase alta", "derecha", "izquierda" están perimidos, ya no sirven para representar absolutamente nada en la sociedad actual (y probablemente "sociedad" tampoco sirva). Nunca se me hubiese ocurrido, ¿de verdad? Voy a llamar a un amigo para contarle esta maravillosa ocurrencia:
-Negro, acá dicen que ya no existen ni la izquierda ni la derecha, ni la clase alta ni la clase baja, ni la sociedad ni la gente, ni las personas ni los hombres, ni vos ni yo, ni pitos ni conchas, ni mi mamá ni tu papá, ni blanco ni negro. Somos todos una sustancia homogénea, una novedad ilimitada que no puede siquiera llegar a verificarse y el stock de significados se acaba cada medio minuto. Incluso ya mismo términos tales como "sustancia" y "novedad" no significan nada. ¡Incluso yo dejé de existir antes de nacer!

Estoy al tanto. La última moda de los seres evolucionados del Planeta Tierra consiste en despreciar los libros. Es cool tener libros y no darles importancia. Cada vez que alguien menciona la palabra "libros" los mencionados seres se amontonan para contar de qué forma llevan a la Humanidad hacia el Progreso:
-Yo a los libros los regalo.
-Yo los pierdo, no les doy bola.
-Yo los uso para el fuego del asado.
-Tener biblioteca es ser reaccionario.
-Yo ni sé dónde están mis libros, ja, ja, ji, ji, ju, ju, ni sé.

Raramente se encuentran personas tan inalcanzablemente inteligentes como ustedes. Cuando sea grande quiero ser así, quiero gastar la poca plata que tengo en cosas que no me interesan. Quiero ser despreocupado, indiferente y usar anteojos negros. De verdad: ¡los felicito, imbéciles! Mientras tanto sigo siendo un cavernícola, un fetichista hijo de puta, sigo queriendo a los libros porque muchas veces sentí que lo único que había a mí alrededor era eso: un libro de mierda. Le encuentro sentido a los libros. Más cuando están firmados. Cuando son primeras ediciones. De pequeñas tiradas. De grandes autores. Por ejemplo Camanchaca, de Diego Zúñiga.

Ah, Diego Zúñiga es otra razón para querer a los chilenos. Incluso es chileno. Aunque, llegado el caso, poco importa el gentilicio. 

De Camanchaca y de Diego Zúñiga usted oirá muchas cosas. Por ejemplo que el autor es muy joven (nació en 1987). Que su novela fue traducida al italiano. Que ahora es reeditada por Mondadori. Cosas, todas, interesantes, atendibles y positivas, pero que forman parte de la historia de la literatura, de la reseñología, no de la literatura propiamente dicha. Ahora bien: ¿yo sé qué es la literatura? No. Pero sé que Camanchaca es una novela brillante. Y que Diego Zúñiga es un escritor. "Chocolate por la noticia", dice un tipo en mi cabeza que, inexplicablemente, baila, "claro que es un escritor, si escribió un libro". No, no, no, no, no, no, amiguitos: Dios llenó el mundo de poetas pero hay muy poca poesía. Eso es algo que deberíamos escribir en un pizarrón cien veces todas las tardes.

Camanchaca es una novela. Podría haber sido un conjunto de relatos cortos con el mismo protagonista. Eso no sería tan raro si no fuera porque también podría haber sido un poema épico y estético (la ética viene por añadidura; perdón, me acaban de informar que no existe la "épica", tampoco la "estética", tampoco la "ética"). Un chico de veinte años viaja con su padre en auto. Ese viaje atraviesa el desierto de Atacama y su propia vida, pero también es el viaje legendario de la literatura. Es el viaje de Humbert Humbert con Lolita a lo largo de Estados Unidos. Es el viaje beat de Sal Paradise y Dean Moriarty. Es también el viaje del Che Guevara en moto por América Latina. En Camanchaca se puede leer el eco de la tradición, pero si en los otros viajes la aventura ocurría allá afuera, acá la aventura sucede en el orden simbólico. Porque en un mundo en el que ya no existen derecha ni izquierda ni pitos ni conchas, ya no es posible ni la revolución socialista ni la revolución de los sentidos ni la revolución sexual, sólo es posible la revolución introspectiva de quien mira hacia adentro y escarba en sus familiares hasta sentirlos unos completos desconocidos. En ese plano la de Zúñiga es una novela generacional. Ahí está el hijo de padres separados nacido en los 80’. Ahí está el chico que nace en medio de la guerra fría familiar, que se queda todo el día solo haciendo zapping. Si no sos ese chico, sos el mejor amigo de ese chico. O la novia de ese chico. O el novio. O la mascota. O el padre.

Camanchaca es una novela corta, se lee en un día y nos deja con ganas de más. Ahora la reeditó Mondadori. Diego Zúñiga me la mandó a mi casa en febrero del 2010, desde Chile. Nos conocimos hace bastante tiempo. Virtualmente, claro. Éramos parte de un blog sobre literatura en el que Luis Herrera, otro chileno, reclutaba blogueros de América Latina. En realidad eran todos chilenos menos Eduardo Varas Carvajal (ecuatoriano) y un servidor. Gracias a estas personas geniales y desconocidas leí a Bolaño. El blog se llamaba Club de Literatos Asesinos y Pornógrafos…  Después Zúñiga dirigió una página web (60 Watts) y me invitó a escribir unas cuantas veces. Recuerdo la envidia que tuve cuando leí la novela y la escena exacta en la que capté a Zúñiga como un escritor brillante. El chico que narra quiere ser comentarista de ESPN. Un día consigue ver nuevamente la final de la Champions League entre el Bayern Munich y el Manchester, un partido que específicamente lo emociona. Entonces le baja el volumen a la tele y empieza a relatar él, imitando el acento neutro de su comentarista favorito. Cuando sale Lothar Matthäus, se pone de pie y empieza a aplaudir, pero de pronto entra su madre a la pieza y lo ve. Es técnicamente imposible no querer leer Camanchaca después de conocer esa escena.  

19 comentarios:

chile apesta dijo...

La izquierda argentina odia a los chilenos por haberse bancado casi 20 años de Pinochet.
La derecha argentina odia a los chilenos por haber votado a Allende.

Todos los argentinos odiamos a los chilenos porque ellos nos odian a nosotros...
(Y porque hubo algo que se llamó Malvinas)
(Y porque hubo casi una guerra por unos peñascos que terminamos regalándoles)

Y ya que hablamos de ESPN, yo odio a Chile por haber dado un comentarista tan espantoso como Luis 0mar Tapia.
Podríamos odiarlos también por haber dado bandas tan chotas como Los Prisioneros.
Y, sobre todo, por esa manera de hablar que tiene, weón...

júpiter dijo...

hay chilenos que yo no sé si quieren ser argentinos, pero nos quieren truequear cristina por piñeyra, ¡qué cosa, che!

Mirá:
http://www.youtube.com/watch?v=5H0T_4uvC3I

Morterix dijo...

Después de haber convivido con chilenos, creo que nos odiamos (y me excluyo; a mí no me odia ningún chileno ni yo a ellos) porque somos demasiado parecidos en aspectos de los cuáles ninguno está (ni puede estar) orgulloso.

Capitan Beto dijo...

Corvi nunca fuiste a Chile aceptalo, los chilenos envidian a los argentinos por que no conocen la argentina, por eso los imitan; tipos como Espina que acá fue de medio pelo allá fue ídolo en el Colo Colo, la carrera de Borgui como DT hasta hace unos meses en Chile era un éxito y acá se fue puteado de casi todos los clubes, los chilenos hacen un vino de puta madre que los argentinos soñamos y creemos hacer pero ellos no lo saben por que no se fijan en esas cosas, prefieren envidiar nuestros futbolistas y nuestras chicas, es una sociedad extraña, son parcos, están muy divididos, tuvieron al único presidente realmente socialista de este puto lado del planeta, tiene monumentos por todas partes pero tuvieron que comerse muchos años a Allende, algunos creen que "lo bancaban" esa es la imagen que tienen se olvidan que acá "lo bancaban" a Jorgito y ni hablar de aquel 2 de Abril en la plaza a grito pelado de Galitieri, Galtieri, Bussi fue electo en por el pueblo tucumano, Macri está ahí, cosas así que asombran, la mitad de Chile es un gran desierto, no crece nada, salvo el cobre no tienen muchos recursos mas, los inviernos en Santiago son crudisimos pero el gas es tan caro que la gente se baña con agua fría, todo parece viejo, Antofagasta que es un hermoso lugar parece una villa gigante asentada en un cerro, acá los artistas "populares" como ladrón Gieco se quedaron en la dictadura y hoy son parte del gobierno con un discurso berreta de izquierda, allá esta la estatua de Victor Jara, hay muchas deudas entre Argentina y Chile, excelente post siempre es un placer leer a un tipo como vos.

Capitan Beto dijo...

Fe de erratas- quise poner "Bussi fue electo un par de veces por el pueblo tucumano"
P/D: No creo que sea como dice Moterix eso es una generalidad, y Fernando Peña era geneticamente un boludo...

Guido dijo...

Se consigue en Argentina??

Ricardo dijo...

Genial post.

A nuestra izquierda (me incluyo) le resulta más fácil odiar a los chilenos por ser lamebotas yanqui (son todos De la Ruas) o de cuanto angloparlante ande dando vueltas que odiar a los uruguayos que tuvieron un poquito más de dignidad y un Artigas. Además, no jodamos: los uruguayos son argentinos nacidos en el exilio. Había que nacionalizar a Paolo Montero y a Lugano, no a Salas o Zamorano.

¿Se consigue la novela en PDF? Los libros están medio elitistas últimamente :P

Martín Zariello dijo...

La novela se consigue, supongo, la editó Mondadori, vayan a su librería amiga. Pero de verdad lean Camanchaca porque es una genialidad.

Antes de odiar a los chilenos por Malvinas, habría que odiar a Galtieri por Malvinas, al pueblo argentino por Malvinas y después recién ahí a los chilenos (aunque cabe aclarar que Pinochet no es los chilenos como Videla no es los argentinos aunque obviamente representan cierta gente de los dos países).

Abrazos, amigos.

Anónimo dijo...

Y aun antes habría que odiar a los ingleses por Malvinas (?)

Desocupado mental en la era del blog dijo...

A mí no me preocupa la fealdad de tal o cual nación, sino la mía. Me gustaría ser lindo. Me ayudaría a no tener que laburar tanto cada vez que quiero gustarle a una mina, je.

Esto me gustó, porque de algún modo me recordó la famosa cita de Marx acerca de que "todo lo sólido se desvanece en el aire": -"Negro, acá dicen que ya no existen ni la izquierda ni la derecha, ni la clase alta ni la clase baja, ni la sociedad ni la gente, ni las personas ni los hombres, ni vos ni yo, ni pitos ni conchas, ni mi mamá ni tu papá, ni blanco ni negro. Somos todos una sustancia homogénea, una novedad ilimitada que no puede siquiera llegar a verificarse y el stock de significados se acaba cada medio minuto. Incluso ya mismo términos tales como "sustancia" y "novedad" no significan nada. ¡Incluso yo dejé de existir antes de nacer!"

Abrazo de gol!

Huinca dijo...

Gracias por la recomendación, lo voy a buscar. Me gustan los libros cortos. No vale la pena embarcarse en libros interminables, a menos que contengan todas las verdades sobre la vida, como Los Hermanos Karamazov. Por eso me mantengo lejos de bodoques como 1Q84, por ejemplo. Leíste "Seda" de Alessandro Baricco? Es un haiku en prosa, se lee en un par de horas, pero se piensa por semanas.

En cuanto a Trópico de Cáncer nunca pude avanzar más allá de la página 20, tal vez en su momento haya sido muy transgresor, pero entonces envejeció mal.

Lo de los chilenos ni amerita comentarios, habiendo tantas cosas interesantes para discutir, no nos vamos a quedar en esa pavada...

Saludos

aliosha dijo...

hay un hecho indiscutible.....Chile sufre un histórico "complejo" respecto a Argentina..., nos odian, nos aman...en devinitiva, nos sobrevaloran

Anónimo dijo...

Amo a Chile y a los hermanos chilenos. Y puedo hacer una lista extensa de chilenos maravillosos. En todo el siglo 20 Chile fue un siamés adosado a nuestras ilusiones. Lo que no tuvo Chile fue un Perón y nosotros no tuvimos un Allende; eso hace las diferencias del ritmo social. Es burdo decir que la izquierda los odia. Cuando fue el golpe de Pinochet, en Tagle y Libertador les copamos la Embajada y padecimos muy adentro del alma la muerte de Neruda y de Victor Jara. Los desastres de las Dictaduras son internacionales; los campos de tortura y desaparición no tienen Patria; la derecha es global como la mafia y las conspiraciones; y los izquierdistas seguimos siendo unos sentimentales.
El acto de racismo más emotivo que padecí en mi vida fue de parte de una morocha chilena que cantaba boleros en Abakúa -Los argentinos son muy prolijitos - me dijo, y sonó como un insulto.
El resto del fin de semana voy a buscar la cita de Marx sobre los sólidos desvanecidos¿?

Muy buen post.
Saludos
JP

Corvino dijo...

La cita de Marz se hizo muy conocida entre los letrados y humanitarios porque hay un texto que se llama así de un teórico que ahora no me acuerdo: Todo lo sólido se desvanece en el aire. Después Gabo Ferro le puso a un disco también de esa forma. Hay que ver si Marx lo dijo y de qué forma. Saludos.

Desocupado mental en la era del blog dijo...

La cita formó parte del título de un libro bastante conocido de un jipón zurdeli yanqui, crítico cultural, que escribió un ensayo sobre la modernidad basándose en Marx, el "Fausto" de Goethe, algunos textos de Baudelaire, de Nietzsche, de Rousseau, las "Memorias del subsuelo" de Dostoievsky y alguno que otro que no recuerdo. El tipo se llama(ba) Marshall Berman, y el título del libro era "Todo lo sólido se desvanece en el aire". La frase está más o menos textual en Marx, aunque no sé si con esas mismas palabras, en el capítulo del Manifiesto comunista titulado "Burgueses y proletarios", que es un panegírico a la revolución burguesa:

"Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su corrtejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas".

Y no rastreo más en el texto porque me da pereza.
Abrazo!!

Huinca dijo...

Desocupado mental: besheza nene!

Anónimo dijo...

Gracias desocupado, ya lo encontré, ahora vivo feliz.
Abrazo camarada.
Jp

Roberto Salas dijo...

Con ésa comparación con el viaje de Humbert Humbert y el de Sal Paradise y Dean Moriarty, ya me empezó a llamar la atención Camanchaca.

Aplaudo la vindicación del libro en formato físico que duerme en bibliotecas o en la mesa de luz.

Gran artículo

Saludo

Michael Madison dijo...

Los nacionalismos son como los pedos: los propios nos gustan, los ajenos nos repugnan.