jueves, 2 de mayo de 2013

La larga siesta de todos estos años



Fogwill fue publicista, sociólogo, velerófilo. Y todo eso que en otro escritor hubiese significado el oprobio, él lo transformó en gloria. Finalmente le echó tanta leña al fuego de su figura de autor, que a veces su obra parece quedar en segundo lugar. La gran ventana de los sueños inicia su carrera póstuma, y lo une al panteón de los escritores zombies más importantes de América Latina: Bolaño, Levrero y Caicedo. 

Lo mejor de Fogwill son sus intervenciones en el campo cultural durante la década de los 80' (reunidas en el imprescindible Los libros de la guerra). Fogwill advirtió antes que nadie que ya no se debía eludir la censura del Estado, sino la de nuestras propias consciencias. El discurso bienpensante post-dictadura también podía crear una lógica represiva tendiente a estigmatizar y borrar del mapa a quienes no pensaran “igual”. Involuntariamente concibió el antikirchnerismo. Aunque vale decir que si todos los K y anti K fuesen tan entretenidos y lúcidos como Fogwill no estaríamos perdidos en este barrio periférico, sin bondi de vuelta, donde los imaginarios en pugna son Lanata y Víctor Hugo. Tal vez por eso sus columnas en Perfil durante el segundo lustro de los 2000 eran tan grises: ya había dicho todo 20 años atrás. Que estaba en contra del divorcio porque promovía el casamiento indiscriminado, que el aborto era la interrupción de la paternidad, etc. La destreza con la que Fogwill arranca y se come el corazón de los Mempo’s Giardinelli’s es admirable. En la resolución textual de sus argumentos, Fogwill logra conjugar la viveza criolla y la inteligencia, lo que le permite alternar entre la levedad del eslogan-chicana y la sofisticación de sus deslumbrantes saberes, que iban más allá del campo intelectual. Por algo Borges dijo (o Fogwill decía que Borges dijo), luego de que le leyeran uno de sus cuentos, que era el hombre que más sabía de autos y cigarrillos. Algo los une: son los dos grandes herejes del pensamiento progresista argentino. Al igual que a Borges, a Fogwill se lo lee a pesar de no estar de acuerdo con sus barbaridades (y tal vez ése sea el mayor elogio que se le puede hacer a un escritor): simplemente el pulso de su sintaxis y su manejo del lenguaje son una cumbre de la estética literaria que no podemos dejar pasar. Porque lo que siempre fascinó de Fogwill es su cerebro. Somos fans del cerebro de Fogwill, de su forma extraña de pensar las cosas. La revelación de su inconsciente intelectual entonces (¿y qué otra cosa fue Fogwill sino un intelectual inconsciente?) es más que una excusa para robarle 120 pesos al lector huérfano de cerebro de Fogwill. Evidentemente, los zombies seguimos siendo nosotros.
    
Fogwill era un maestro a la hora de elaborar títulos. Como si fueran versos del Siglo de Oro, los armaba en base a su acentuación. Creo que los mejores son "Los pasajeros del tren de la noche" y "La larga risa de todos estos años". Con esos antecedentes, La gran ventana de los sueños suena a segunda selección, incluso a título de colección infantil de Alfaguara. Por otro lado, el tamaño de las letras y las escasas páginas encienden el detector de grandes fraudes póstumos. Sin embargo, lo que hay allí adentro, es tal vez el libro menos esperado de Fogwill. Un narrador amable, nostálgico, conmovedor recorre los textos de La gran ventana de los sueños. Ese tono que en su obra sólo aparecía en el epílogo de algunos de sus cuentos, cuando asomaba una enorme carga emocional, que sus conocidos repiten era tan grande que "Quique" terminó inventando a "Fogwill", un personaje antipático y cínico, que barrió su lado sensible bajo la alfombra. Quien busque en La gran ventana la antología efectista del escritor maldito, se va a sentir ligera o lentamente defraudado. La gran ventana es un libro de sueños, pero también un libro que teoriza sobre los sueños, que elabora series para entender, que interpreta, que vuelve una y otra vez sobre un tema como un músico minimalista maravillado con su ombligo. Por momentos es un libro tan aburrido que obliga a escribir oraciones como la anterior, de reseñista andropáusico de suplemento cultural dominguero. Por momentos Fogwill brilla describiendo los paisajes góticos de sus sueños en cementerios (que recuerdan a las monjas fantasmagóricas circulando por las Malvinas en Los pichiciegos). O linkeando sus sueños de navegación solitaria con la masturbación. O despuntando el vicio de la maldad con párrafos como el siguiente:

Por esos días había leído el reportaje a un cirujano especializado en transexuales que promovía su técnica de trasplante de fibras nerviosas del pene a la vagina ficticia que construía en sus pacientes. ¿O habría que llamarlos víctimas?

La gran ventana no es un libro terminado. Se nota que le faltan algunos retoques pero también que tiene el cuidado de un texto que el autor pensaba publicar. La contratapa caza-bobos anuncia "Sueños eróticos". El único apartado con ese título tiene tres líneas en las que Fogwill informa que nunca soñó imágenes de la vulva ni del ano, pero sí de la boca. Inmenso aporte... Una gran manía de cualquier sujeto atrapado en su egotrip es creer que sus sueños le van a interesar a los otros. Nada más alejado de la “realidad”: sólo nos interesan (o intimidan) los sueños de los demás cuando estamos involucrados en ellos. O no estamos y deberíamos estar. O si nos pagan por escucharlos. Fogwill, qué duda cabe, sufría un severo egotrip. La gran ventana de los sueños se deja leer porque afortunadamente Fogwill no era cualquiera, sino un gran escritor.

15 comentarios:

Gastón Domínguez dijo...

Bueno, es como terapia pero al revés: pagás 120 pé para conocer los sueños de otro.

PG dijo...

Libro Matías Nicolaci: 15 comentarios, Disco de Fito Páez: 43 comentarios, futuro libro corvino-rockero: 34 comentarios, libro de Fogwill: 1 comentario!
Qué país de hijos de puta!

Anónimo dijo...

Nunca pude terminar Los pichiciegos, lo tuve que devolver.
PG: el día que Fogwill se muera recién ahí va a tener reconocimiento y muchos comentarios, este ispa es así. Ah, acá me dicen que ya se murió hace rato.

Anónimo dijo...

A mí me pasó algo parecido con Los Pichiciegos y alguna que otra novela que leí, no me gustó, me durmió cien veces. Pero cuando agarré los cuentos -como Help a él, o La larga de risa todos estos años, o Luz mala- etendí por qué se lo considera un gran escritor. Con respecto a la narración de los sueños; creo que en esa materia nadie puede equipararse a Mario Levrero. Abrazo, los saludo a todos desde la cumbre inalcanzable de mi éxito desmedido e injustificado.

Matías Nicolaci.

Anónimo dijo...

ah, éste no era un post sobre Bianchi? pfff...

Jack dijo...

me gustó bastante Los pichiciegos, no me parece que sea un libro denso como para abandonar su lectura, pero bue, cada uno lee lo que quiere o lo que puede. Yo creo que nunca pude terminar una letra de fito paez. También me pareció que estaban bien Vivir afuera y En otro orden de cosas. Besos

Gabriel Nombre dijo...

El libro de sueños de Fogwill no es tan seco y soporífero como el de Perec u otros parecidos; hay bastante reflexión, sin por suerte caer en la exégesis psicoanalítica. Pero es claro que si lo lees de un saque se te cae de las manos.

El mayor defecto quizá sea que Fogwill acá casi no tiene a nadie a quien calumniar ni refutar, y él era más bien un escritor de contragolpe. Bioy difamaba hasta dormido(como su sueño en el que convierten a Sábato en sapo y Sábato se enoja con su esposa por llamar al médico), pero Fogwill al soñar... ni siquiera se ríe de Piglia!

Con todo, yo igual compraría (a un peso por página, qué gran ventana del choreo) cualquier otro librito póstumo como este que muestre a Fogwill en un contexto diferente al que estamos acostumbrados. Son facilísimos de imaginar: libro de cocina de Fogwill (reflexiona sobre hacer granola, tira estadísticas que atan la producción de almendras con el Opus Dei), libro de autoayuda de Fogwill (cita la cantidad de suicidas en Montevideo, describe efectos olfativos y gustativos de diversos ansiolíticos, inopinadamente explica cómo reconocer que una mina es de Ramos Mejía), etc.

¿Creo que quedan dos novelas suyas que van a publicar dentro de no tanto, no?

Saludos

Anónimo dijo...

Escucho el último corte difusión de The Strokes y me pregunto: " ¿Estos muchachos creen en lo que hacen?", una mierda, voces desganadas, melodias recontra-gastadas por el genero, letra pedorra, no debería ser una "obligación" sacar discos regularmente.

Anónimo dijo...

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ernesto fogwill viejo y peludo nomás!!!!

Anónimo dijo...

Enrique!

rocky k dijo...

no te mueras nunca!!!

Anónimo dijo...

Es Enrique, y ya se murió...

Anónimo dijo...

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rocky k dijo...

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