martes, 17 de septiembre de 2013

Sobre Bohemio, el nuevo disco de Andrés Calamaro

Para BC

Uno de los aspectos que mantienen el fuego sagrado intacto alrededor de la figura de Bob Dylan es que muchos de los momentos fundamentales de su vida no tienen una versión acabada de los hechos. Como si su itinerario en el Planeta Tierra fuese una novela de vanguardia donde las escenas saltan a los ojos del lector sin mediación alguna. Dylan sufrió un accidente de moto en 1966 y nadie sabe bien qué le pasó. Dylan cambió su voz en Nashville Skyline (1969) y nadie sabe bien cómo. Dylan se convirtió al cristianismo a fines de los 70' y nadie sabe bien por qué. ¡Dylan toca en el Live Aid y pide que una parte de los millones que se juntaron para ayudar a los africanos hambrientos se use para que los granjeros norteamericanos puedan pagar sus hipotecas! ¿WTF? Obviamente, cuando Dylan aclara, oscurece. Todo ese territorio oscuro sobre Dylan es el material esencial del que está hecho el Misterio Dylan y, por supuesto, el misterio más grande: ¿cómo alguien tan conocido como Bob Dylan puede seguir siendo un misterio?   

De Andrés Calamaro, en cambio, sabemos más de lo que quisiéramos. No tanto por su fervor twittero, lugar desde el que ejerce la crítica rockera con mucha lucidez (como Daniel Melero, Calamaro es uno de los grandes rockólogos en el rubro de los músicos), sino porque la lupa mediática lo convirtió en un personaje favorito de la revista Pronto y eso es algo que se lleva mal con el misterio. No es que pidamos un misterio Thomas Pynchon. Ni siquiera un misterio Indio Solari o un misterio Roberto Sánchez. Eso es demasiado misterio y a la larga genera malentendidos tan grandes como los que podría generar el peor de los exhibicionismos. El Indio Solari es tan misterioso que dijo "678" en un recital y todavía hay personas que están buscando una interpretación oculta. Inventa cualquier letra y la gente presume que le está cantando a Skay. En fin. Pero sí, aunque sea, necesitamos un misterio que nos ahorre ciertos detalles que nos hagan pensar que ese tipo al que recurrimos en situaciones críticas de la vida es igual a todos nosotros. Tal vez enterado de estos sucesos, Calamaro eligió para la hermosa tapa de su disco una camisa donde están retratados dos de los más grandes héroes de la discreción internacional: J.D Salinger y Luis Alberto Spinetta. Seymour Glass, el personaje estrella de toda la obra salingeriana alguna vez escribió en una carta una ocurrencia propia del "Cuino" Scornik: "Ah Dios, si se me puede aplicar un nombre clínico, soy una especie de paranoico al revés. Sospecho que la gente conspira para hacerme feliz". 

Bohemio es un disco guitarrero para todos y todas, acústico y eléctrico por igual, que gana mucha sustancia con las audiciones sucesivas. Al principio cuesta encontrarle la vuelta. Calamaro parece contenido y la ansiedad nos empuja a descubrir ese pasadizo lírico donde lo privado se confunde con lo público y un pop rock FM revela su dimensión política: "Me parece que soy de la quinta que vio el Mundial 78" o "La casa estaba en orden y no encontré motivo". Pero hasta "Cuando no estás", el hit previsible y medio flojito del video, se transforma en un temazo épico de amor para cantar a los gritos en el living mientras jugamos mentalmente a que nuestras novias, en vez de estar en el laburo o visitando a sus madres, se fueron para no volver más. Como en toda la discografía de Calamaro, el tema del amor es recurrente, pero si Honestidad Brutal destilaba desesperación urbana y El Salmón cinismo y pánico, Bohemio se destaca por su melancolía, más bien saudade, ese estado de ánimo a mitad de camino entre la tristeza y el placer que nadie sabe bien qué es a excepción de los portugueses.

Tal vez la clave está en que el disco comienza con "Belgrano", un sentido homenaje a Spinetta. En la senda íntima de "Con Abuelo" pero más breve y tímido. Algún que otro spinetteano ortodoxo fruncirá la nariz, pero Calamaro siempre tuvo una relación cercana con Spinetta. Estuvo en Privé (cuando Spinetta se rodeó de músicos jóvenes) y grabó sus versiones en El Salmón. Spinetta cantó junto a Charly García “Vi la raya” en Vida cruel. Es muy conocida la escena en la que Calamaro asiste a la presentación de San Cristóforo y se retira antes de que termine el concierto. Esto sucede en plena sublevación de Calamaro contra Charly García. Lo que con el correr de los años se transformó en un supuesto desplante es totalmente desmentido por la crónica de Eduardo Fabregat para Página 12, en la que Calamaro declaraba: "No fue un show muy distinto a los anteriores de Los Socios del Desierto, no fue más metálico que los otros que yo les vi, pero me gustó. Spinetta siempre fue un artista entre tenso e intenso, y sigue despertando en nosotros la sensación de que vale la pena aquello que vaya a hacer. Spinetta es acorde, armonía y electricidad desde la cuna, y como sigo considerándome su fan, y su amigo, no podía estar ausente en este recital, estando, como estoy, en Buenos Aires".

“Belgrano” es la letra que nos recuerda quién es Andrés Calamaro, por qué lo seguimos escuchando y para qué lo bancamos en sobremesas de café y discusiones cibernéticas. Se pregunta lo indecible: qué fue lo último qué pensó Spinetta, qué tema eligió antes de irse al otro barrio. "Si sabemos que nacimos condenados/ porque somos tan sensibles al amor", canta Calamaro, mientras deshace la palabra "amor" en mil pedazos de espejos rotos que se clavan en tu corazón de oyente huérfano de rock argentino. Porque debemos decir que Calamaro tiene toneladas de rock argentino sobre sus espaldas. Y en su imaginario no sólo entra el dream team conocido por todos, sino también Vox Dei, Suéter, Moris y Vicentico (escuchar "Rehenes"). Es el último referente histórico que todavía suena en la radio. El Indio Solari es capaz de arrastrar legiones en cualquier lugar del país, pero el último disco al que su público le prestó atención es Luzbelito (1995). Esto no es un juicio de valor sobre la era post Finisterre, es simplemente la pura verdad. Es decir, Calamaro es el encargado de que una niña de 15 años que se copó con eso de que "lo que ocurre cuando vuelvo es que te quiero más" se enteré de que existe un mundo desconocido donde habita, por ejemplo, Litto Nebbia. Sin ir más lejos, "Nacimos para correr", una balada existencial y emotiva, podría incorporarse al repertorio de Nebbia automáticamente. También hay lugar para el reventado que ajusta cuentas con el mundo ("Plástico fino"), el rock and roll fiestero tan Los Rodríguez ("Doce pasos", con letra del Cuino) y el eterno rollo de la meta-canción ("Dentro de una canción").

No paniqueen, Andrés Calamaro lo hizo de nuevo.    


  

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, lo hizo de nuevo. Se levantó a Breque de nuevo, incluso después de publicar fotos de ella en bolas. xD

La referencia a Dylan cuando se habla de Calamaro... Uffff. En una época coquetaba con Morrison, después con Lou Reed. Tal vez alguna vez sea Leonard Cohen...


Por último, la boludez esa de decir "678" porque estaba transmitido por TN es del mismo nivel intelectual de los que se cruzaban en un móvil de TN con un cartel que decía "devuelvan a los nietos".
La misma idiotez, pero de parte de un viejo de más de sesenta años -con un presunto pasado militante setentista-, me parece de una inconsistencia y una obsolenscencia patéticas. Como decir "caca, culo, pija".
Esa retórica en bocas de quienes no vivieron la época es lamentable; en manos de estos viejos, como Solari o Fontova, me da lástima y repugnancia.

Hernán Galli dijo...

Recuerdo (o creo recordar)a Pipo Cipollati diciendo que Calamaro era una fábrica de hacer canciones, allá por la época de Mi enfermedad. No es menor la declaración, porque lo fabril tiene mucho de serie, como si existiera una matriz y de la misma salieran las obras casi de forma automática.
Calamaro sigue un derrotero parecido (pa-re-ci-do), al de Fito, en el punto de participar de una banda que le empieza a quedar chica y la sobrepasa. Después la etapa solista y la consagración, más o menos.
Fito salió mejor de la banda de Baglietto, mientras que Calamaro tropezó en dos discos menos que menores. Hasta comenzar un despegue en Por mirarte y confirmarse en NSVA. Después viene la mejor etapa, su altura inmensa en Sin Documentos, casi sin fisuras. Lo de "mejor" pasa por lo estable, por la aparente incapacidad de componer algo flojo, digamos. Después viene el mejor disco solista, preciso y sorprendente, recién salido de la gran banda y contra el prejuicio del "primer" disco solista.
Después viene el resto, una amalgama de de obras, como si todo lo que vino después se resumiera en La Hija de la lágrima, de Charly.
Se configuró un círculo de regreso, cercano a lo fabril del comienzo, con belleza y espanto, altura y mediocridad, todo mezclado con todo.
Llega este disco y me carcome el prejuicio, como si algo anunciara que no se vuelve, que no se puede volver. En principio, me gustó bastante poco: una voz hermosa. un sonido hermoso, una grabación impecable, ah, y alguien que canta letras que se apuran y se tropiezan, qe parecen "querer decir" más que otra cosa.

Saludos y felicitaciones por el libro!


Hernán Galli dijo...

Perdón, me olvidé de subscribir a esta declaración, sí señor: "El Indio Solari es capaz de arrastrar legiones en cualquier lugar del país, pero el último disco al que su público le prestó atención es Luzbelito (1995)"
Y me rebotó nuevamente la incredulidad: POr qué no puede el Indio alcanzar un poco de su acostumbrada genialidad. Por qué, por qué? (???)

Nico dijo...

Esta es la primera vez que comento en este blog. Así que: buenos días, mi nombre es Nico.

Debo decir que si bien Calamro se apartó de todos esos ritmos polémicos a los que se había apegado, abusó en demasía de la balada típica "alamaresca" (la mayoría de los temas se parecen a “Negrita”, pero sin tanta oscuridad). Esto no sería un problema si las letras de las canciones estarían a la altura de la bella y sutil “Negrita”. Las de Bohemio son canciones simples con versos a los que les negó la rima a propósito y de un contenido muy naif. Poniéndome un traje machista, sentencio que Bohemio es un disco para chicas. Tal vez, lo más rescatable sea la "re-escritura" de “Buen día, día” con poco de poesía ("Plástico fino").

Mientras oía, decepcionado, pensé que será mejor no esperar nada mejor. Me quedo con “El palacio de las flores” como el último instante de belleza. A partir de hoy recordaré al querido Andrés como un antiguo amor al que se lo aprecia, pero al que ya no se ama.

Saludos,
@nicolinov

Juannn dijo...

Estoy en ese punto de terminada la primera escucha. Aún me quedan por lo menos dos más para tener formada una opinión técnica y ese sentir más caliente que nos dejan los discos de Rock.

Pienso que el álbum es correcto por donde se lo mire. Empezando por la edición austera, el diseño a tempo sin apendejarse y la escueta pero acreditante ficha técnica.

Me sorprendió el seleccionado de instrumentistas, la producción y el ingrediente no menor que es el sonido.

Algo de la atmósfera, esa cosa que ya no se oye mucho en los discos de afuera, puede que me haya hecho acordar a HB. Tal vez el aporte de Gringui Herrera.
Aunque dudo que ese disco vuelva a hacerse de nuevo.
Como Canción Animal.
Como Clics Modernos.
Como Pelusón of Milk.
Qué sé yo.

Respecto al personaje Andrés Calamaro, no es la primera vez que lo matan o lo alaban más de la cuenta.
Cuando te gusta un músico a veces te hacés hincha y lo bancás en todas, aún las boludeces.
Después te hacés más grande y ya no le pedís tanto.
Te fumás un disco sin más expectativas que encontrar lo rico del propio fumo.

Si es un disco fabril, si se le negaron las rimas a propósito, si es más o menos oscuro, si me recuerda a los Rodríguez o a los Abuelos…
Eso ya es parte del folclore que tanto nos gusta.

Y como nos gusta.

Saludos a todos.

cacho dijo...

la tapa es un espanto

Azul dijo...

A vos te pagan por hablar de este tipo, no?

Anónimo dijo...

Calamaro también, en pleno furor noventoso, dijo "para Spinetta que lo mira por TV", en medio de un recital. como si a Spinetta importara o molestara que el salame este llenara estadios. como si a Spinetta lo asustara o contrariara perder(?) contra Calamaro una guerra de vedettes en la que nunca estuvo interesado en participar.

Anónimo dijo...

En los 90 la vedette que le interesaba a Spinetta era Pelleriti.
Después, el Viagra dejó de hacerle efecto...
Ahora el enviagrado es Andrés. La rueda del rock..-

Corvino dijo...

Fue una mini pelea de coyuntura, un necesario parricidio, después Spinetta lo mencionó entre los compositores a los que les gustaría haber invitado a las Bandas Eternas. Calamaro es un buen compositor, con momentos brillantes, escuchen los discos. Saludos.

Anónimo dijo...

y por qué no lo invitó?

Martín Zariello dijo...

No sé, ¿por una cuestión de tiempo? Antes de empezar mencionó a Calamaro, Pedro Aznar, Moris, etc. Creo que mencionó al Indio Solari también.

mario m. dijo...

mencionó como a 200 tipos, sí. Calamaro estaba tocando en otro lado y cuando llegó al hotel entró al blog Frases Rockeras y empezó a jactarse de que Spinetta lo había nombrado...

teniendo en cuenta que los ensayos empezaron varios meses antes, lo más probable es que si Spinetta hubiera querido realmente que Calamaro estuviera, esa fecha de AK-47(?) se habría puesto 2 días antes o 2 días después.

Calamaro es el paradigma del argentino chanta que hace todo así nomás, a lo que salga, creyendo que es un vivo bárbaro y que hace todo bien. la diferencia con el 99% de los chantas argentinos así es que de vez en cuando efectivamente hace una genialidad. algo así como una de cada 30 canciones, que ya es bastante más que la mayoría de los compositores de rock argentino.

el tema sería qué hacer con las otras 29 canciones.

Nico dijo...

Volviendo a las canciones de Bohemio, y luego de escucharlo bastante más, arriesgo que todas ellas pueden encajar perfectamente en "Honestidad brutal", pero serían las que menos gustarían como por ejemplo "Hacer el tonto". Ese es el problema de Bohemio, está hecho de canciones muy simples. Adhiero al último comentario. No en lo de chanta, pero si en lo de componer una canción buena de cada treinta. Lo que pasa es que, por ejemplo, en "Honestidad brutal" juntó las treinta mejores y en Bohemio, al igual que en los últimos dos discos, juntó treinta del montón.

Saludos,
@nicolinov

javier dijo...

resulta extraño, pero me parece que la mejor canción el disco no es de amor del bueno ni amor del malo, sino la que aquí nombran como meta-canción. se llama "dentro de una canción"

Es la más jugada de todas, y la apuesta le sale bastante bien

extraño, porque lo que entra dentro de una canción, paez incluido, no parece ser un comienzo prometedor

pero fijense las maniobras que hace con esas oraciones largas. el desparpajo que le falta a buena parte del disco

http://entregaenmedias.blogspot.com.ar/ dijo...

me encanto el disco, comparto las impresiones, me gusta como canta calamaro, como cansado recitando algo que le sale solo, espontáneo

Anónimo dijo...

Che,si "Dentro de una canción" no uno de los mejores temas de Calamaro, no sé de qué están hablando: miente como puedas dentro de una canción, una canción va a llevarme a volar en alfombra.