domingo, 20 de abril de 2014

Sobre García Márquez


Leí tres novelas de García Márquez. Dos de ellas (Relato de un náufrago y Crónica de una muerte anunciada) durante la Secundaria, totalmente alucinado y en un día. Forman parte de esas lecturas idílicas, que con el tiempo parecen pertenecer a una etapa acabada en la que el acto de leer todavía era una cuestión puramente hedonista, ligado al placer y el disfrute ya que uno está descubriendo la actividad y casi todo nos parece nuevo y genial. La tercera novela fue Del amor y otros demonios. Y no recuerdo absolutamente nada. Ahí hubo algo que me distanció para siempre de García Márquez, pero sería hipócrita de mi parte decir qué fue porque pasaron quince años y no tengo ni la más puta idea. No era tan grave, sino me acordaría. (Y no tiene que ver con los reparos extra literarios que alguien como García Márquez puede generar a su paso).

Así que mi opinión con respecto a García Márquez no está a la moda. Digo esto porque actualmente pareciera que caben sólo dos posiciones: o estar completamente de acuerdo o estar completamente en desacuerdo. Entonces se muere alguien y las únicas opciones posibles son que nos parezca un genio o un gil. No hay término medio ni incertidumbre ni indiferencia. Sin embargo intuyo que en la mayoría de los casos uno tiene en claro tres o cuatro cosas (en general bastante insignificantes: no hay que meter los dedos en el enchufe, etc.) y sobre todo lo demás no sabe bien qué pensar.

Evidentemente a muchos lectores la figura del escritor fálico, del patriarca latinoamericano que baila vallenato con sombrero, les parece protectora, algo así como un refugio seguro donde un abuelo nos cuenta historias antes de irnos a dormir. A otros, esa misma imagen iconográfica de escritor profesional, nos resulta totalmente distante. Siempre se me hizo difícil creer que Gabo existiera realmente, como si en verdad no fuera un tipo de carne y hueso, sino una figura de cartón con tamaño humano, de ésas que ponen en las casas de ropa deportiva y quieren crear la ilusión de que estamos al lado de Messi o Cristiano Ronaldo.

La muerte de García Márquez me provoca dos sentimientos. Por un lado la sensación ineludible de que no leí sus grandes obras a tiempo y que, por ejemplo, Cien años de soledad se me escapa cual wing derecho hacia el infinito mientras mi vida me mantiene ocupado en otras lecturas diametralmente opuestas. Por otro lado tengo la impresión de que el porvenir es largo, que los itinerarios de los lectores son insondables, que es una escandalosa mentira que a ciertos libros hay que leerlos a ciertas edades y que no deja de ser encantadora la idea de que todavía tengo gran parte de la obra de García Márquez por descubrir.

Fogwill le decía García Marketing. Me permito pensar que más que una broma, era un reconocimiento ya que no hubo otro autor argentino más desesperado por ser famoso que Fogwill (si uno lee los testimonios que reunió Patricio Zunini en su libro no quedan dudas; Fogwill hasta pensó en escribir una misa con música de Charly García con el objetivo de ganar visibilidad pública).

Me llama la atención que los medios no elaboren una opinión un poco más intensa con respecto a la relación de García Márquez y la Revolución Cubana y sólo se dediquen a celebrar su amistad con Fidel Castro como si se tratara de dos niños inocentes jugando a la Play. Creo que la disyuntiva maniquea “García Márquez Bueno vs. Vargas Llosa Malo” atrasa por lo menos 40 años. Hay un artículo famoso que le dedica Reinaldo Arenas por su apoyo incondicional a la Revolución: “García Márquez: ¿esbirro o es burro?”. Se trata de una diatriba con pasajes de alto voltaje: “Al parecer, a García Márquez le placen los campos de concentración, las vastas prisiones y el pensamiento amordazado. A esta vedette del comunismo le irrita la fuga de los prisioneros, tal como irritaba, a los grandes terratenientes cubanos de los siglos XVIII y XIX la fuga de los negros esclavos de sus plantaciones”. Arenas fue un anticastrista recalcitrante en línea directa con los “gusanos” de Miami. También es verdad que huyó de Cuba perseguido por gay y opositor a la Revolución.  

A partir de los 90’, el predominio total de García Márquez comienza a encontrar algunos núcleos de resistencia. En primer lugar, sus epígonos, como Isabel Allende y Laura Esquivel, más que rendir homenaje a los procedimientos narrativos del autor colombiano, hacen uso y abuso del imaginario del realismo mágico hasta convertirlo en un estereotipo liquidado. En otro plano, los escritores nacidos en la década del 60’, ya sin el odio personal de Arenas, se desmarcan del influjo de Gabo con la necesidad de sacarse de una vez por todas los lastres del compromiso político y el color local. Más claro echale aguarrás: la antología de Alberto Fuguet se tituló McOndo. El prólogo era muy gracioso: “Si hace uno años la disyuntiva del joven escritor estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh (…) En nuestro McOndo, tal como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados”. Allí se dieron a conocer al resto de América Latina Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Gustavo Escanlar. Se me ocurre pensar que la aparición estelar de Roberto Bolaño vino a poner un postergadísimo fin a la imagen de García Márquez como figura Todopoderosa y Omnipotente de la literatura latinoamericana. Incluso las críticas de Bolaño a García Márquez por sus vínculos con el Poder, parecen ser una opción superadora al relativismo posmo y autoconsciente de los muchachos de McOndo: “La mejor lección de García Márquez fue recibir al Papa de Roma en La Habana, calzado con botines de charol, García, no el Papa, que supongo iría con sandalias, junto a Castro, que iba con botas. Aún recuerdo la sonrisa que García Márquez, en aquella magna fiesta, no pudo disimular del todo” (“Los mitos de Cthulhu”, El gaucho insufrible). 


En todo caso, la muerte de García Márquez, además de la noticia del momento, implica una suerte de melancolía general llamativamente genuina. En la era de las sensaciones afectadas para no quedar en off side en las redes sociales, no es poca cosa. 

33 comentarios:

paco dijo...

leé 100 años de soledad y dejate de joder. Te va a gustar, hay que ser muy amargo para que no sea así

Anónimo dijo...

lo que me emboló siempre sobremanera de la carrera de letras y de la crítica literaria en general es todo el esfuerzo que pone por dotar o excluir de legitimidad autores (y con ellos arrastrados sus lectores, que son los verdaderos degradados). El análisis del qué dijo tal de tal, con exclusión de una discusión profunda sobre el mundo que cada libro ofrece,es para aleccionar lectores, debatirse en modas discursivas y finalmente darle herramientas al mercado para dominar las significaciones. Vlt.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Yo leí "Cien años de soledad" (el que más me gustó, lejos), "El amor en los tiempos del cólera", "Noticias de un secuestro" y ese del náufrago que no recuerdo bien. A cien años de soledad lo leí en el momento justo, y me gustó mucho. Habría que ver qué me pasa si la vuelvo a leer hoy. Es más, para volver a leerla en su momento me compré la edición a todo culorrr esa verde, con prólogo de Vargas "von Hayek" Llosa.

Sobre la crítica literaria, tiro un off topic como para enriquecer la discusión. Es una cita a Strafacce, de un reportaje que le hizo una conocida mía:

"Sobre si existe una critica literaria argentina hay una pregunta previa a eso que es si existe una crítica literaria. Y sí, por supuesto que existe. Pero la crítica, pienso, está en un callejón sin salida entre la tautología y la mala fe. Porque el estatuto de la crítica literaria es el comentario, en el sentido que lo expresa Foucault, un texto que viene a decir una cosa de otro texto, ¿Y por qué? ¿Cuál sería la justificación, de que un texto venga a hablar de otro texto? Como si el autor no comprendiera suficientemente su práctica, el artista como un niño, entonces el crítico vendría a explicitar unos sentidos, o el lector como un niño, que no entiende del todo lo que ese texto ha dicho. Por supuesto esto no reduce el problema, la crítica puede relacionar un texto con otro, con la época, con experiencias. Yo, por eso en el libro sobre Lamborghini elegí el género biográfico, porque en ese sentido yo siento que no subestimo ni al autor ni al lector. Le doy contextos en los que esos textos fueron producidos. El libro de David Viñas, Literatura argentina y realidad política, sus tres tomos, pone la literatura en la serie histórica y explicita relaciones, pero además está escrito maravillosamente, en ese sentido más que comentario es literatura"
(sigue)

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

"El libro de Josefina Ludmer, El género gauchesco. Un tratado sobre la patria, también, ahí brilla su escritura crítica y hay relaciones que pueden parecer arbitrarias desde el punto de vista de lo académico, pero son maravillosas como forma de escritura, es casi poética por momentos. Y finalmente uno tampoco lee mucha crítica literaria. Lo que aparece en los diarios, en los suplementos, tampoco es crítica literaria, pero es el estatuto de la carrera de Letras, por lo menos como está concebida en la Universidad de Buenos Aires. Hay grandes profesores –para mi-, en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Un caso es Panesi. Yo creo que escuchando una clase de Panesi a cualquiera le empieza a gustar la literatura y empieza a entenderla. Daniel Link es otro gran profesor, Beatriz Sarlo es otra gran profesora, que lamentablemente, se dedicó más a la realidad política. Su libro Borges, un escritor en las orillas es muy considerable. El libro de Aira sobre Pizarnik, es muy bueno, yo lo recuerdo mucho. Pero, en fin, la crítica actual está dentro de la Universidad de Buenos Aires, no creo que salga mucho de ahí. Yo, por ejemplo, a Terranova no lo veo como crítico lo veo como un escritor, un gran escritor, prolífico. Hay un libro de él que a mi me gusta mucho, El ignorante, que es una reescritura argentina del poema Aullido de Ginsberg. Quintín no es un crítico literario, es un columnista, periodista, que ahora interviene pero a lo loco, desde ese lugar, un opinólogo. Un libro maravilloso también, que me olvidé de nombrar es Breve historia de la literatura argentina de Martín Prieto, que es un libro de crítica. O el de Martinez Estrada, Muerte y transfiguración de Martín Fierro, que es un poco desparejo pero que es muy importante. Lo actual, lo que está pasando ahora…no sé, en la revista Otra parte hay notas interesantes. Lo que escribe Diego Peller o Fermín Rodriguez".

No leí mucho de Strafacce, pero pareciera estar en una tradición totalmente distinta a la de García Márquez.

Anónimo dijo...

Desde la muerte del malogrado Fogwill que yo no defenestro a un finado caliente acá,así que a mi juego me llamaron y ya estoy poniendo manos a la obra con todo mi empeño: Para mi García Márquez fue un flor de..... No,es una joda Corvino, una joda para Show Match.
Yo lo único que leí de García Márquez fue Crónica de una muerte Anunciada y vi la película El coronel no tiene quien le Escriba, creo que nada mas, ah y el cuento ese de Algo malo va a ocurrir en este Pueblo y algún artículo por ahí, nada mas.Está bueno,pero no se, a mi me llega mas Juan Rulfo, que ademas al no tener tanta obra es mas fácil de abordar y evaluar.
No se,de Fogwill no había leído nada y sin embargo tuve el impulso de salir a criticarlo acá porque no me caía simpático. Ahora que leí Muchacha Punk y no me gusto una mierda pienso que hice bien en criticarlo a Fogwill, aunque ahora me caiga mas simpático que antes y piense que a lo mejor no debí criticarlo tanto. Porque de última ¿quién carajo soy yo para andar criticando finados? Que se yo.No se pa que me meto al final.
El Gabo me caía mas simpático (en su momento)que Fogwill. Pero la verdad es que estos comunistas millonarios me cierran cada vez menos. ¿Me estaré poniendo viejo, choto y conservador yo? ¿Usted que opina? ¿Tengo derecho o no tengo derecho yo a meterme a criticar finados acá? Yo creo que no, sinceramente.

Gringoviejo

Cine Braille dijo...

El fluir de la prosa me resulta hipnótico, no lo puedo dejar de leer. Eso se lo han copiado menos, porque es mucho más difícil que inventar lluvias que no cesan o mares que se venden a los yanquis. A Crónica de una muerte anunciada la leí tarde, hace 2 o 3 años, y me encantó. Y a Cien años de soledad lo leí en 12 horas, estando enfermo. A los dos años lo quise hojear y en un rato iba por la página 50, lo tuve que dejar porque me iba a comer el día entero. Algo que no me pasó casi nunca con casi nadie, Borges y algún otro.
Saludos

Cine Braille dijo...

PS: gran comentario el de Gringoviejo.

Billy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Billy dijo...

A Cien anIos de Soledad lo leíamos en la cama en voz alta con una novia que decía que estudiaba letras. No puedo ser muy objetivo.

Hernán Galli dijo...

Estimado Corvino:

Con la mejor onda, (algo de lo que no hay duda), debo decir que no entiendo por qué escribiste sobre García Márquez si casi no leíste nada de él. Me suena más a: ¨debo escribir sobre GM porque murió.¨A diferencia de Cortázar, quien quizás pueda ser escindible de Rayuela, García Márquez no lo es de Cien años... Pero menos aún lo sea de toda su producción, la cual llamativamente puede conjugar lo popular con la buena literatura, como fuera el caso del gran Soriano.
García Márquez no era un rupturista ni un vanguardista ni un elitista, no, era simplemente un enorme escritor de eso que llaman realismo mágico, y para nosotros es un hermano menor de la literatura fantástica.
Yo no sé si Saer no estaba más desesperado que Fogwill por ser ¨famoso¨, y con más razón. Y Feinmann, bueno, gracias que aparece n la tele, que si no, estaría haciendo una huelga de hambre. Recuerdo una entrevista a García Márquez después del premio Nobel, y el tipo decía que le encantaba el premio pero que le jodía la popularidad y el asedio...
A veces no está mal quedarse fuera de las redes sociales..
Abrazo!!

Corvino dijo...

he cometido el peor de los pecados
escribí sobre ggm
sin haber leído cien años de soledad

que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan,
despiadados

saludos

Un desvarío por jueves dijo...

Uy. A mí me gustaría no haber leído Cien años de soledad para poder leerla por primera vez de nuevo. Una experiencia como pocas, literariamente hablando.

La prosa de Márquez tiene algo hipnótico, mucha cadencia, mucha gracia, en su momento no podía dejar de leerlo. Algo de esa cadencia medio envolvente de García Márquez me parece encontrarla muchas veces en los libros de Bolaño, Oraciones largas, largas, llenas de subordinadas que te van arrastrando sin que te puedas dar cuenta. Y siempre con claridad, con elegancia, te lleva como de la mano. Claro que en Bolaño está toda la cultura libresca, las lecturas, las citas, cosa que en García Márquez no. Es como si Bolaño tomara la sintaxis de Márquez y la "erudición" de Borges, y de esas dos vertientes saliera toda esa sopa genial.

García Márquez igual en una entrevista dijo que el libro que para él va a quedar no es "Cien años", sino "El amor en los tiempos...". Que el primero es más bien mítico, mientras que el segundo se trata de nosotros, sobre lo humano, lo cotidiano. Es una linda observación, que más allá del disfrute que pueda significar Cien años de soledad no deja de ser cierta.

En cuanto a las inclinaciones políticas de García Márquez, no sé. La verdad es que me interesan muchísimo más sus libros que sus amistades y todo lo que rodeaba a su figura pública.

Salud !

uno dijo...

arriba corvino que ganó el millo!! el millo comunista!! (?)

Morpheus dijo...

Leí Cien años de soledad a los once años y me voló la cabeza. La volví a leer a los dieciocho y me encantó. En el medio me leí casi todo de Garcia Marquez y unas cuantas cosas más. Después de Crónica de una muerte anunciada el chabón decayó mucho, y para mí El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto y (sobre todo) Del amor y otros demonios me parecen novelas más propias de Isabel Allende que de él. Eso sí, El otoño del patriarca es inbancable. Me quedo con sus primeras novelas, el chabón te podía escribir como Faulkner en una y como Hemingway en otra. El tema de que era amigo de Fidel y se hacía el zurdo pero vivía en una de las zonas más exclusivas del D.F. y tenía una casa en Cartagena es pasto para los boludos, capaz en su momento tuvo alguna relevancia pero ya pasó a la historia, y ahora más que antes. Es como criticar a Borges porque almorzó con Videla, el tipo te parece un hijo de puta pero lees Ficciones y te chupa un huevo.

Ricardo dijo...

Su opinión sobre la literatura de GGM me da un cierto alivio, no sólo porque la comparto de principio a fin (aunque yo sí leí Cien años... y me pudrió un poco, tanto que sólo la terminé para terminarla y llegar a esa gran frase del final; hoy probablemente la dejaría), sino porque además resultan insufribles las críticas que se reducen a:
1. Genio mundial.
2. Bazofia marketinera.
3. Era comunista y por eso lo amo.
4. Era comunista y por eso lo odio.

Coincido respecto a Bolaño (aunque me criticaron duro por esa opinión, y lloré más que cuando salimos campeones con Simeone y Astrada) y creo que el peor y más terrible legado de García Márquez es Isabel Allende. Y eso me disparó un paralelo con los Stones: me gustan, no me vuelven loco, tienen algunos grandes discos y otros muy mediocres, el marketing y la permanencia los mitificaron y, lejos, su peor legado son todas esas bandas rolingas de rock cuadrado y estomacal que asolaron estas buenas tierras. No pocos (y me incluyo) señalan que hubiera sido mejor que tomaran como ejemplo a los Beatles pero, claro, para eso se necesita más talento y ese algo que trasciende todo y permite inferir un vínculo narco (?) con la música de las esferas (!).

Bah, contemporicemos: Vargas Llosa también se la come (!!), pero me resulta más placentera su lectura. Y al final, lo que queda es la literatura (?).

Gabriel Nombre dijo...

Yo lo primero que pensé al enterarme de su muerte fue "Macondo dolor", lo que quizás pruebe que consumí demasiados titulares de Página 12.

pulcinella dijo...

corvino, solamente le digo que no salga a la calle sin leer "el otoño del patriarca". el resto, es silencio.

Fito dijo...

A veces uno lee un libro que funciona como puerta de entrada a un autor. Lees algo que te parte la cabeza y querés devorarte todo lo que publicó ese tipo (hasta las listas de supemercado o las cartas que le mandó a un primo cuando tenía 12 años).

Con García Marquez leí Cien Años de Soledad y me fascinó y me pareció una obra maestra. Me lo comí en dos o tres días, de un verano terrible, en el 2002, cuando todo se venía abajo -incluso mi vida-. Lo mejor que podía hacer era refugiarme en un gran libro para abstraerme de todo.


Sin embargo, luego de maravillarme, me quedó una sensación de clausura. Todo lo que tiene para decir este señor está acá. No necesito leer otra cosa. Lo que venga después de eso será accesorio. La candida erendida es muy lindo, pero es un outtake, noticia de un secuestro parece escrita por un ghostwriter, el amor en tiempos de colera, no sé, no me importa, el otoño del patriarca, no tiene encanto...y así con todo.

Me nefrega el marketing, esa cosa de escritor importante, al que todos adoran, de viejito simpático, de latinoamericano profesional y de hombre de izquierda para la gilada. Claramente su personaje era peor que su obra. Y muchísimo peor que su obra cumbre.

García Márquez es Cien Años de Soledad. Después de ese libro no queda mucho por decir... Ponete una escuela de cine, andá a comer con Bill Clinton y con Fidel Castro, ponete una escuelita de periodismo, qué sé yo...pero ya está ¿no?

abrazo, corvi

Anónimo dijo...

Muy extenso, este comentario es como para quedar en Off Side en las redes sociales.

La muerte de la gente famosa se produce cualquier día y no acostumbro a tomar nota.
La gente valiosa se muere siempre cuando mas se espera de ellas. La muerte de los seres mas queridos se produce en días fijos que quedan registrados para siempre. La muerte de los canallas me es indiferente. Pero cuando se muere un artista popular para mi hay dos caminos, o festejarlo disfrutando su arte o intentar ser uno mismo artista, convertirse en un colega del muerto e intentar perpetuar la especie. Pero es difícil, mas allá de decirle a la muerte que la espero porque después de matar a esta gente, que a mi me lleve sería un privilegio..

Habiendo renunciado ya a la absurda pretensión de perpetuar la especie Gabriel García Márquez por temor a traicionarlo de manera atroz, mucho peor que Isabel Allende, elegí leer de nuevo lo que tengo leído y releído.
Para regocijo de la intelectualidad desarraigada que califica en una tablita de multiple choice: bueno, malo, horrendo, debo decir que Cien años… es un libro que condensa como ningún otro la historia latinoamericana en una novela entrañable, es un libro misterioso y cada día es mas sorprendente. Merece un “estupendo”. Es una intensa historia de nuestro propio país con otros patronímicos.

Anónimo dijo...

Los pequeños relatos, los sueños (Los ojos del perro Azul), esa maravillosa crónica periodística anti-lanatiana de Historia de un secuestro, los cuentos peregrinos, los Textos costeños, los apuntes para guión de La Bendita manera de contar, con la minuciosa crítica de los trabajos de los alumnos de Sgo. de Los Baños en La Habana (Porque no viajaba a visitar a Fidel, iba a solidarizarse con el único pueblo libre de América); la fantasmagoría de la Cándida Eréndira y las olas con cangrejos que se llevan al niño y el ángel encerrado en la casa; el amor real de los Tiempos de Cólera y de nuevo El Coronel solo y vacuo, la otra realidad cotidiana que se enfrenta con insolencia a la opresión real, la otra vida, la olvidada vida de la fantasía que salva, llamémoslo superchería o existencia visceral, realismo o fantasmas, es lo no previsible como disparador de historias que no podremos olvidarnos nunca más.

No creo que sea posible recordar tantas sensaciones de una obra de Bolaño o de Saer o de Joseph Conrad; es imposible acumular los mismos imaginarios en Tabucchi o Saramago, o Paul Auster. No hay textos de Coetze más genuinos, ni de Truman Capote, cuyo mayor mérito era el periodismo.
En Crónica de una muerte anunciada por una mujer desvirgada o en el diálogo de Eréndira con la abuela desnuda – Anoche soñé que esperaba una carta - ¿Qué día era el sueño? – Jueves. – Entonces era una carta con malas noticias que no va a llegar.
Eso era su Marketing; todo profesional requiere del Markting para atrapar a su clientela y qué mejor gancho para leer a GGM que tomar sus palabras como índice:
a- “Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento….”
b-“El día que lo iban a matar Santiago Nasar se levantó a las 5,30 de la mañana a esperar al obispo.”
c- “Ayer leí en éstas mismas páginas una diatriba contra la guaracha, no puedo menos que imaginarme al autor circunspecto, vestido de negro y bailando el minué”
Mi generación, la de los BUENOS, lo leyó y lo seguirá leyendo con sumo placer.
Porque nunca nos dijo cómo hacer ninguna revolución.

No hace falta más que eso, Fogwill, cuya fecha de desaparición no recuerdo, se retuerce de furia, pero era él quien dictaba clases en la UBA con una parafernalia marketinera que no se hacía escribiendo; era apologética del narcótico, el bon vivant, la guita de las Grandes tabacaleras y las coimas de la Fuerza Aérea que pactaba en un barcito de Galerias Pacífico (Está confesado en el link de tu mismo blog en Eterna Cadencia) y no en las peripericias sexuales con una muchacha punk o pistola, porque el punk es su lenguaje, no el que entiendan los pueblos.

CORVINO: Todas las lecturas son idílicas. Las opiniones no responden a ninguna moda, a lo sumo se establecen como parámetros de un pensamiento que puede variar. La figura del Patriarca latinoamericano que baila vallenato tiene validez allí donde el vallenato es mas fuerte que la cumbia y Vives arrastra multitudes. Yo no los ví nunca en esos espectáculos porque no me interesan. Los lectores no necesitamos refugios, necesitamos leer adictivamente para sacarle a nuestro cerebro y espíritu otras adicciones que tienen mucho que ver con esa ignorancia, tan de moda.
Y sí, tenés razón, es una escandalosa mentira que a ciertos libros hay que leerlos a ciertas edades. Como que a ciertos países sus pueblos les proporcionan gobiernos que al capitalismo no les gusta; entonces que se joda el capitalismo porque gente como GGM antes de apoyar causas nobles escribía de putísima madre. Y ojo que el comunismo es
la ideología con menos prensa y adhesión de la humanidad, sacar el tema le sirve solo a los detractores del comunismo no a la literatura. El peor marketing para el ha sido ser un admirador de la Revolución Cubana.
jp sigue

Anónimo dijo...

Me enteré de “la muerte anunciada” de Gabriel García Márquez con varios meses de anticipación por la prensa colombiana que ya no sabía cómo matarlo, pero en el mismo momento en que murió yo me encontraba en Isla Negra en la casita del mar de Pablo Neruda. Diez visitantes se emocionaron, cinco mil no. La llamada costa de los poetas, Quisco y la zona costera pobre de Chile, es un compendio de souvenir-souvenir pedorros acerca de algo ligeramente perfumado con gotitas de la vida más pública del poeta chileno. Los alrededores de la casa están copados por artesanos en un 5 % y lumpenaje mercahifle y fumón en un 95% mangando pal bus o el sánguche.
Pasé por Valparaíso un dia antes.
Los incendios de Valpo , en la Pólvora, La Cruz y las Ramaditas desataron la estupidez chilena a extremos desenfrenados de asistencialismo bastardo (Toneladas de ropa de las colectas se tiraron a los vertederos junto con las chapas incineradas). La gente que perdió la casas era gente de lo que acá llamamos villas miseria, las multitudinarias caravanas solidarias de jóvenes de toda condición social y religiosa llegaban en manadas con lo que podían pero no los dejaban entrar a los cerros. Los pobres de los libros de GGM siguen vivitos y coleando pero con la fantasía agotada y no por culpa de la literatura sino por la eficiente crueldad de los explotadores y lamebotas.
Para leer en el viaje llevé, valga la coincidencia “Una novelita lumpen” de Bolaño y entendí, por una misteriosa asociación, lo de la muerte y otras cosas, pero hacen falta cien Bolaños para elevar la literatura a un sitio menos elitista.
Estoy convencido que hay que regocijarse en el homenaje de la lectura y el día en que muera el liberal Vargas Llosa, prometo empezar de nuevo con:
“Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”
JP (Perdoná la extención)

jorge pérez dijo...

Léase extensión.
Saludos
JP

m dijo...

Como dijo alguien por ahí, el “enemigo” de Bolaño era García Márquez (con Vargas Llosa estaba en deuda) por todo lo que significaba en materia de “escritor”: rico, premio Nobel, sonrisa latina, macho caribeño, comunista cháchara, etcétera. La obra de Bolaño es todo lo opuesto a eso. Pero eso no quita que Bolaño lo reconociera como un gran escritor, igual que con Paz; pasa que el Boom duró demasiado. Lo curioso es que los lectores de García Márquez no parecen conocer nada de todo esto, lo cual es muy raro... Viven en el mundo de Isabel Allende. Ahí están, como ejemplo de lo que digo, todos los famosos en Twitter (tineli, riall) hablando de su obra.

Anónimo dijo...

Si el Boom dura demasiado es Cultura, asciende un casillero.
Un pequeño error histórico, Fidel recibió al Papa de jetra, corbata y zapatos negros.
Filocubano

Frodo dijo...

Si vas a leer "Cien años..." te recomiendo que consigas un árbol genealógico de los personajes, porque como decía un viejo ciego de Palermo/Barrio norte "a ese libro le sobran 50 años".

Al igual que vos no leí mucho, pero algunos de los "12 cuentos peregrinos" son recomendables.

Saludos!

raul dijo...

borges también dijo que es uno de los mejores libros de todos los tiempos, che. Igual eso de que le sobran 50 años es muy gracioso

Anónimo dijo...

Mi opinión sobre G. M. tampoco está de moda. Leí sus libros supuestamente más reconocidos, pero no fueron los libros que me enamoraron de la literatura o profundizaron mi amor por ella. Sí tengo una opinión sobre Fogwill, que era bueno, estaba bien, como se prefiera. Pero era insoportable. Estereotipó una figura de escritor argentino canchero, que todo critica, que lo único bueno es lo que no lee nadie, que todos son unos giles menos yo. Tantos imitadores, tantos que me aburren. El escritor punk me tiene los huevos por el piso.

Excelente Blog, te escribo por vez primera, no te conocía, me lo perdía.

Matías-

Anónimo dijo...

Sambú

¡Uh Corvino!, me había olvidado del McOndo de Fuguet. creo que desde la literatura, fue lo más parecido que recuerdo al Dogma 95. ¡Mirame, mirame, mirame!.
el único escritor interesante de esa antología es Andrés Caicedo, que de haber estado vivo dudo que se hubiera prestado a semejante pantomima.
Saludos!

Corvino dijo...

Caicedo estaba en McOndo? Me voy a fijar.

Anónimo dijo...

Sambú

Caicedo no estaba en la antología, de hecho estaba muerto. A Caicedo lo pusieron dentro de lo que ellos mismo llamaron La red. Fue uno de los autores más refenciados.
Algo similar ocurrió con Giannina Braschi, que quedó pululando en el universo McOndo.

Saludos!

Anónimo dijo...

Hay término medio, incertidumbre e indiferencia, pero no se ve en las redes sociales, por eso capaz pasan desapercibidas.

Anónimo dijo...

Admiro tu sinceridad al decir que sólo leíste esas tres novelas. Estás a tiempo; nada más ridículo que los que ostentan haber leído un libro en edades donde no se comprende cabalmente NADA.

cavernícola dijo...

Cuando murió no soporté la culpa y la presión social y me puse a leer "Cien años de soledad". No me arrepiento, es literatura de puta madre, más allá de que tuviera relaciones carnales con Fidel, y Vargas Llosa le hubiera quedado debiendo el vuelto de unos alfajores. Antes había leído "Crónica de una muerte anunciada", una exquisitez, y como si fuera poco escribió cuentos excelentes, como corresponde a un escritor de verdad (¿¡) Con todo eso, se le perdona haber engendrado a Isabel Allende.