martes, 28 de octubre de 2014

Arbitrariedades sobre Eduardo Mateo


1) Lo que más llama la atención de Mateo solo bien se lame es la originalidad de sus escasos y efectivos recursos técnicos. Aunque la grabación parece muy precaria, el sonido despojado y un par de buenos trucos logran que el resultado sea tan sencillo como sorprendente. El ritmo de los temas remite al candombe y la bossa pero la guitarra tiene un espíritu beatle; la percusión se dirige tanto hacia la tradición rioplatenses de la que Mateo es uno de sus principales cultores (los tambores) como a la generación flower power (el eco de los golpes y el surrealismo natural de las letras sumerge las canciones en un mar proto-psicodélico). El disco documenta a Mateo hablando antes del inicio de las canciones ("Yulelé", "Uh qué macana") o haciendo varias tomas en falso ("De nosotros dos"). Lo que en otro artista sería desprolijidad en Mateo es esencial. Pero más allá de todo lo que se puede decir sobre Mateo solo bien se lame (que más bien es poco, repetitivo y al pedo) el disco es legendario porque las canciones son inmediatas y frescas como una mañana soleada de otoño.    

2) Alguna vez Spinetta se enfureció muchísimo porque un periodista dijo que era una mezcla de Lennon y Caetano Veloso. Según Spinetta, decir eso significaba que el periodista deseaba ser garchado por Lennon, Caetano y él. Es interesante recordar estos improperios spinetteanos ahora que es una estampita y se lo confunde con un ángel o un duende. Creo que Spinetta es un artista aún más urgente y necesario en su real dimensión que en su estereotipo lavado para consumo masivo. En fin. El enojo permitió advertir hasta qué punto un genio se convierte en un ser autoritario que pretende, no sólo que lo elogien, sino que lo hagan en los parámetros que él determina. En otro orden de cosas: supongo que ser comparado con Lennon y Caetano Veloso, como la suma perfecta de esas dos sensibilidades, es lo más increíble que le pueden decir a un músico, pero a Spinetta le parecía que lo estaban bardeando. A Eduardo Mateo también se lo comparó mucho. Especialmente con Syd Barret y aunque efectivamente no tienen nada que ver, es innegable que forman parte de una serie maldita y dolorosa de grandes artistas absolutamente desquiciados. Es decir que las semejanzas, más que musicales son psicológicas. Escuchando a Mateo, del mismo modo que cuando escuchamos a Daniel Johnston o al mencionado Barret, a veces sentimos que estamos trasformando una tragedia personal en un estúpido mito pop.

3) La otra comparación a la que se suele hacer referencia para explicar a Mateo es la de Tanguito. Dado el carácter mítico y border de los dos artistas el paralelismo es entendible, pero con profundizar sólo un poco las diferencias son enormes. Tanguito parece el embrión de un gran artista que nunca llegó a la cima de sus potencialidades. Algo similar sucede cuando leemos a Caicedo: más que por lo que escribió, uno se maravilla por lo que podría haber escrito. Eduardo Mateo, en cambio, a pesar de sus dificultades, logró armar una obra reconocible y es el lugar en el que se cruzan los artistas más destacados de la música uruguaya, desde Jaime Roos y Drexler hasta Leo Masliah y Franny Glass. Por ejemplo ese estilo de voz seca y que se regodea en su poca expresividad recorre un gran espectro de compositores uruguayos y no existiría de no ser por Mateo.  

4) Hace poco, leyendo una antología sobre la Alt. Lit. (la nueva literatura norteamericana) pensé en la cantidad de personas que, en la última década, escribieron cuentos con un estilo idéntico al de esos escritores sin darse cuenta que pertenecían a ese supuesto movimiento. Es decir que a veces determinadas corrientes culturales y contextos sociales hacen que en diferentes lugares del mundo se produzcan cambios estéticos al mismo tiempo, que más que con las características irrepetibles de ciertos individuos, tienen que ver con lo que consumen y usan esos individuos. Algo de eso pasó con Almendra, Os Mutantes y El Kinto. Cada uno tomó la vertiente más experimental del rock and roll y la fusionó con la música urbana de sus ciudades. Almendra con el tango, Os Mutantes con el samba y la bossa, El Kinto con el candombe. Circa 1968 es un discazo y un verdadero dream team (además de Mateo estaba Rubén Rada).

5) La discografía de Mateo es desprolija y confusa. Incluso observando detenidamente la cronología de sus discos cuesta entender el orden y el criterio. Entre uno y otro disco solista pasan décadas (Mateo solo bien se lame es del 72 y Cuerpo y Alma del 84). Hay recopilaciones con canciones en vivo que no parecen ser de consola, sino grabadas de aire (las de la serie La máquina del tiempo, que encima incluye dos discos de estudio: Mal tiempo sobre Alchemia y La Mosca). A pesar de sus conocidas imposibilidades para coordinar con la Industria, en Mateo hay una falta de coherencia que se convirtió en un amateurismo deliberado. Como dando la razón a quienes dicen que el estilo es la suma de los defectos.

6) Todo gran artista tiene su etapa Say No More, el disco, el libro o la película del que nunca se sabe del todo si es una porquería o una obra maestra. En la discografía de Mateo ese disco es La Mosca, lo último que grabó antes de morir (1990). Yo creo que es una obra maestra. La Mosca muestra hasta qué punto Eduardo Mateo mantenía la mente abierta a nuevos sonidos y conceptos artísticos. Y esa apertura, además de estar relacionada con su curiosidad, también tiene que ver con algo más literal y cruel, con la idea de un tipo al que le están haciendo una lobotomía y se escapa en mitad de la intervención quirúrgica. Si uno viene de Mateo solo bien se lame o sus colaboraciones con Cabrera o Trasante, La Mosca es un baldazo de agua fría. Acá Mateo juega con la artificialidad de los sintetizadores y la frialdad futurista de las programaciones, la tecnología de los 80 que se iba a perfeccionar en la década siguiente. En ciertos tramos del disco (sobre todo en la introducción de ciertas canciones: "El trompo loco", "Juntos podemos llegar", "No hay vuelta de hoja") la arquitectura musical remite increíblemente al Spinetta hermético de Don Lucero o las piezas más inabordables de Peluson Of Milk (pienso en "Domo tu", "Bomba azul"). Las letras hablan de moscas, extraterrestres y robots. Una mezcla rara de cosmología disparatada y ciencia ficción artesanal. El gran problema es la voz de Mateo, por momentos grotesca, totalmente diferente a la de otros discos en los que conservaba cierta dulzura y gracia. A su favor podemos decir que con un par de audiciones la molestia se supera y podemos prestarle más atención al ingenio de las letras y la estructura imprevisible de la música.     

7) Algunos grandes compositores no son grandes cantantes o intérpretes de sus propias canciones. Como Jobim tuvo a Elis Regina, Mateo tuvo a Diane Denoir, que grabó sus temas a principios de los 70. Su disco fue redescubierto hace unos diez años y tuvo su edición en cd. Las versiones de Denoir se inclinan hacia la bossa nova y la chanson francesa (no la de Roland) y son un buen modo de iniciarse en la obra Eduardo Mateo porque la selección incluye sus temas más conocidos (“Esa tristeza”, “Mejor me voy”).   

8) Hay muchas anécdotas sobre Mateo. Como sucede con Borges, la persona dio paso al personaje y ya no se sabe exactamente cuál de las cosas que se cuentan sobre ellos son ciertas. La anécdota que más me gusta es cuando Mateo, en medio de un recital, dijo que era el momento de un solo de guitarra y abandonó el escenario dejando la guitarra parada junto al pie del micrófono. El público aplaudió la ocurrencia. Y Mateo no volvió más. 


8 comentarios:

Gabriel dijo...

Para el que le guste mucho Mateo, hay un libro sobre él "Razones locas" de Guilherme de Alencar Pinto. Con mucha información y disfrutable.

Anónimo dijo...

Sambú

De los discos que hizo Mateo el
único que le gustaba era La mosca,
los demás no los podía escuchar.

La canción Por ejemmplo, es un buen
ejemplo de la dimensión de Mateo.

https://www.youtube.com/watch?v=mwLe4OAZWaE

Anónimo dijo...

¿Spinetta? ¿El mismo que estaba a favor de la pena de muerte?

(el mismo cuya estampita habilita a legilsadores "oportunistas del conurbano" a proponer que el día del cumpleaños del Luis Alberto, futuro nombre de una calle también, sea el Dìa NAcional de los Músicos)

De Mateo nada tengo para decir.
Del Corvino, sí: que tiene un ataque de productividad, parece, jaja

Jo Goyeneche dijo...

Es cierto Anonimo, Spinetta es esa frase lógica de viejo choto de country y nada más, Su obra no importa nada, esa frase arruinó todo, dale che, para polemizar vas a necesitar un poquito más.
Corvino, la mosca me resulta infumable, lo vengo intentando desde hace años, no hay caso, al tipo lo adoro, no tengo problema en reconocr que me gusta más cuando su voz es la de Denoir. Ese paralelismo que hacés está muy bien, sucedía Drake también, otro de esos del club de los miserables geniales.
Abrazo. Jo

damianivanoff dijo...

Volvió Corvino y en forma de Corvino!

saludos

Santiago Segura dijo...

"La mosca" lo escuché hace años, no lo entendí... y luego lo perdí. Tengo que volver a bajarlo, mi primera impresión había sido "esto es un delirio".

Sólo por lo hecho con El Kinto, Mateo merece la gloria. Podría haber hecho esas grabaciones y nada más, sería suficiente y esencial para la música popular de su país (y probablemente del nuestro también).

Y te dejo una más de sus anécdotas, ésta es posta porque el que me la contó es cero mentiroso y tiene pruebas: la primera guitarra que tuvo mi profesor de ídem era del mismísimo Mateo. La madre de él tenía un kiosco, EM era su vecino de al lado y les fiaba siempre... Hasta que un día le pidieron que garpe toda la deuda y, como no tenía plata, entregó su guitarra. Después se la vendieron a Litto Nebbia y Spinetta se enojó (?).

Anónimo dijo...

Hola,

Interesante el concepto de "todo artista tiene su say no more".
Considero que son grandes obras o no de acuerdo al artista y al momento.
En Charly, a mi criterio, tiene mucho de obra maestra, es alucinante el período contextualizando toda su obra y entendiendo en el momento en que la hace.
El cubismo de Picasso es un caso muy similar en concepto.

Pareciera que hoy muchos "artistas" (?) desde el inicio están en su etapa "Say no more". A veces pienso que es inevitable y que hoy no puede suceder de otra manera, por varias cuestiones socio-culturales. No obstante, a pesar de parecerme inevitable, no dejo de admirar por ende el pasado y a los actuales artistas que se apoyan en él.

Saludos,

Matías-

Anónimo dijo...

“Por ejemplo” es de Fernando Cabrera