viernes, 24 de octubre de 2014

Utilidad y supervivencia de los poetas en caso de un Apocalipsis Nuclear


Hay un cuento de Bolaño que se llama "El hijo del coronel". Está en El secreto del mal, uno de sus libros póstumos. Es, básicamente, un narrador contando una película de zombies muy mala (probablemente inexistente). Uno lo imagina a Bolaño mirando la película en su casa de Blanes (o donde mierda viviera), con la luz apagada, el volumen del televisor muy bajo y sus hijos y su esposa durmiendo en  sus habitaciones y ya el cuento empieza a ganar desde el vestuario, como dicen en el fútbol cuando un equipo hace un gol al toque. Si uno se llama Roberto Bolaño existe la posibilidad de hacer buena literatura contando películas malas. En fin. La cuestión es que el otro día vi una película muy mala y me acordé de ese cuento.

Para que no me guste una película mala tienen que pasar muchas cosas desastrosas. Por ejemplo que todo esté cargado de solemnidad. Por ejemplo que no haya humor o que el humor no provoque risas.

La película era de ciencia ficción para adolescentes (esto lo supe recién cuando la empecé a ver aunque en mi contra puedo decir que lo sospechaba). La historia está ambientada en un futuro más o menos próximo o en un presente alternativo. Trata sobre el último día de clases de una Secundaria en la que se enseña a los alumnos a ser filósofos. O sea que los alumnos son aprendices de filósofos. Todo lo que dice el profesor es puesto en tela de juicio. La última prueba se desarrolla en un espacio virtual en el que ocurrirá un Apocalipsis Nuclear. Al parecer esto ocurre en la mente de los aprendices de filósofos, que, al igual que otros grandes filósofos de la historia, como Juan José Sebreli o José Pablo Feinmann, han desarrollado una imaginación sofisticada que les permite ver más allá. O incluso ver lo que no existe.

El lugar cuenta con un refugio anti nuclear con espacio para diez personas. Como los estudiantes son veinte, deben eliminarse entre sí según el rol que les ha tocado (el profesor les pasa un papelito con un rol). La condición para sobrevivir es ser útil en una Humanidad post apocalíptica. Entonces cada alumno dice su profesión. Uno es ingeniero. Otro carpintero. Otra es un soldado. Otro es médico. Otro verdulero. Y así hasta que uno dice “Yo escribo poemas” y el profesor le pega un tiro en el medio de la frente, sin dudar un segundo.

Ante el horror del resto de los alumnos, el profesor explica que era obvio que no iban a necesitar un poeta en un mundo post apocalíptico. Yo no sé qué es necesario en un mundo post apocalíptico, pero creo que lo mató al pedo, porque una de las virtudes más claras de los poetas es encontrarse. O sea que después del Apocalipsis Nuclear, seguramente muchos de los otros sobrevivientes, a pesar de tener profesiones dispares, se iban a dedicar a escribir poesía. Los poetas siempre existen (y lo digo en sentido literal, sin el más mínimo espíritu romántico; tal vez se trate de una verdad romántica, per se). Esto es algo que no sucede ni con los novelistas ni con los cuentistas ni con los ensayistas. En toda ciudad, en todo pueblo, en toda aldea en la que vivan más de cinco persona, hay un grupo de poetas. Por ejemplo en Mar del Plata, una ciudad que no tiene una gran tradición literaria, creo que puedo mencionar a diez o veinte poetas de una, sin dudarlo mucho. Si me piden que mencione diez o veinte cuentistas o novelistas no tengo la más puta idea.

Hay personas que saben que escribo pero desconocen exactamente qué escribo. Entonces, supongo que por cordialidad y creyendo que me hacen feliz, me preguntan si sigo escribiendo y muchas veces me preguntan si sigo escribiendo poemas. Es que para muchos escribir es escribir poesía. Entonces, lastimosamente, de una manera casi indigna, intento reparar ese dramático malentendido y les digo que no escribo poesía, intento explicar qué escribo y tampoco sé cómo explicarlo y ya la otra persona (a quien en realidad no le interesa qué escribo sino que pregunto del mismo modo que se habla del clima en el ascensor) empieza a mirarme raro y a arrepentirse de su pregunta y probablemente de su vida. Y todo es horrible y confuso. Como un poema malo.

Sería mejor decir que escribo poesía para que la conversación termine ahí pero me suena a delito moral. Es como ser pintor de casas y que te confundan con Picasso.

Volviendo a Bolaño: él se denominaba poeta y quería ser reconocido como tal. Tenía una visión romántica, casi excesivamente romántica de los poetas. Sin embargo la mayor parte de los lectores reconoció a Bolaño como narrador y subestimó su poesía. De todas maneras se las arregló para que varios de sus mejores relatos o novelas estén protagonizados por poetas que pasan miles de penurias (nadie los ama, nadie los lee, no tienen comida) y siempre siguen adelante, como si de verdad fueran las únicas personas aptas para sobrevivir un Apocalipsis Nuclear.

A mí sí me gustan los poemas de Bolaño. Hablan de acontecimientos y sensaciones que suceden en el desierto, el lugar que Bolaño prefiguró, tal vez, como la suma total de los territorios latinoamericanos. Después hay otro largo poema en el que Bolaño sueña con escritores (Macedonio, Kafka) y los ubica en escenas fantásticas. También hay otro poema que se llama "Lisa", donde una chica le cuenta por teléfono a su novio o ex novio que se garchó a otro tipo. Esa escena (dos amantes hablando por teléfono) aparece en distintos momentos de la obra de Bolaño, siempre desde una perspectiva distinta. Otro poema simplemente dice:

En el centro del texto
está la lepra.
Estoy bien. Escribo
mucho. Te
quiero mucho.

Me olvidaba: la película se llama The Philosophers. Al lado del que la hizo, Cris Morena es Lucrecia Martel y Lucrecia Martel es Kurosawa.


10 comentarios:

Hernan Dardes dijo...

Naturalmente, ahora habrá que ver la película mala en cuestión.

P dijo...

Qué recomendás, corvino, para empezar con Bolaño?

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

En uno de los libros de "La trilogía de Auschwitz", que en rigor es un título puesto por motivos editoriales, que alude a "Si esto es un hombre", "La tregua" (creo) y "Los hundidos y los salvados". Creo que era en "Si esto es un hombre". En fin, qué introducción larga. No debería aclarar que la introducción es larga, porque se hace más larga. En fin... Primo Levi cuenta cómo en medio de las penurias de haber estado encerrado en un campo de concentración, cagado de hambre, sueño, rabia, incertidumbre... recordar citas de "La divina comedia" de Dante en italiano, de algún modo, ayudaron a que vuelva a sentirse humano. La perorata intenta sugerir que el pelotudo que le pegó un tiro al poeta bardeó mal. La poesía es necesaria en un futuro apocalíptico. Claro que hay que ver qué tipo de poesía haría el pendejo ese de la película.

Corvino dijo...

Desocupado: Escribía unas cosas bastante chotas igual no era para que lo mataran de esa forma.

Hernán: mirate la que cuenta Bolaño, en facebook dicen que existe.

P: Llamadas telefónicas y Estrella Distante. Para mí. Y después sí Los detectives, 2666 y etc.

Saludos.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Lo que está claro que ese profesor no sirve para líder. Y enseña filosofía.
¿De que sirve un verdulero si se corta el comercio? Salvo que sepa cultivar.Y a lo mejor un poeta no es solo un poeta. A lo mejor tiene un ADN adecuado para que continue la especie. A lo mejor tiene resistencia a enfermedades.¿Quien dice que la filosofia es más util que la poesía?

China dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
China dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
China dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Sambú

Concuerdo plenamente con rescatar la poesía de Bolaño.

Este poema lo escribió con la huesuda pisándole los talones

NADA MALO ME OCURRIRÁ
Aquella que parpadea fronteras
se llama Destino
pero yo le digo Niña demente
Aquella que corre veloz
por las lineas de mi mano
se llama Destrucción
pero yo le digo Niña silenciosa

cavernícola dijo...

Se ve que el profesor era fan de Borges, pero sin sentido de la ironía. Digo, por aquello que se cuenta que dijo Borges cuando le preguntaron "Maestro, ¿qué hacemos con los jóvenes poetas?", y el viejo contestó: "Desalentarlos".