jueves, 12 de marzo de 2015

Computación sin computadoras


En quinto grado me gané una "beca" para estudiar Computación por ser el mejor alumno. Ser el mejor alumno es siniestro. Esa mezcla de odio y vergüenza de sí mismos de los demás era un cóctel mortal para mi cerebro. Cuando en séptimo llevé la bandera sentí que estaba en un cuento de Kafka. Ser el mejor alumno es ser una cucaracha. Pero si sigo siendo una cucaracha no es precisamente porque siga siendo el mejor alumno.

Lo bueno del breve curso de Computación es que me permitió ser el peor alumno. Yo no entendía nada. Y claro que no entendía si en mi casa no tenía computadora e iba a un curso sólo cuarenta minutos por semana. ¿Cómo querían que supiera? Tomé un par de clases y nunca más se habló del tema.  

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En el Industrial cuando pasabas Noveno tenías que elegir una especialidad. Elegí Informática porque me pareció que me iba a ensuciar menos que en Mecánica o Construcciones pero siempre supe que tenía mis días contados. El día que repetí me tomé el 573 y hacía mucho calor. Me acuerdo porque tenía una remera negra y el sol me pegaba en el estampado enorme de la espalda. Prendí el walkman y estaban pasando el tema ese de Eminem que sampleaba otro de una cantante llamada Dido.

Durante el tiempo que estudié Informática (un año) no alcancé a entender nada. Usaban un programa, Pascal, y hacían cosas maravillosas pero absolutamente aburridas, cosas que se regodeaban en el aburrimiento que causaban, como si existiera el aburrimiento barroco. En Algoritmo muchas veces sentí que estaba estudiando el idioma de los extraterrestres. Mis compañeros eran salvajes y escupían a los profesores. Una compañera era más extrema: masticaba Criollitas, escupía en la mano el bolo alimenticio y se los tiraba por la cabeza a quienes le caían mal. Los bolos se amontonaron arriba y al costado del pizarrón y con el tiempo se convirtieron en figuras macizas con formas de gárgolas.    
  
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Después de repetir en el Industrial me fui a otra Secundaria. Evidentemente creían que el lujo era vulgaridad: en Informática nos daban Computación y no teníamos computadora.

Computación sin computadoras, parece un chiste o un verso de una canción de Calamaro.

El director de esa Escuela se llamaba Arroyo y es un político de derecha muy conocido en la ciudad Feliz. Siempre me estaban corriendo porque no respetaba el look milico del establecimiento: corte media americana, corbata, sin barba, sin bigote, etc. Un día Arroyo se me acercó y me susurró “Alumno, usted parece un hippie”. Todavía puedo sentir el aroma a cigarrillo y jabón que despedía su fabulosa cabeza. Durante la adolescencia eso fue lo más parecido a un triunfo, pensé que aunque sea me parecía en algo a un chico de un colegio cool, de esos en los que los alumnos son lindos, no como éramos nosotros en todas las escuelas a las que fui, flacuchos y dientones, ¡como horribles liebres desnutridas a punto de ser degolladas! Tal vez exagere un poco. Mientras estuve en la Media 2 creí que estaba bajo las garras de un régimen de facto,  pero ahora Arroyo me cae bien. El tipo cranea proyectos emocionantes como sacar los corsos de las plazas públicas y llevarlos a  un lugar cerrado para que no molesten con el ruido; o negarle a Manu Chao el título de visitante ilustre porque lo considera ¡un anarquista! Estoy de acuerdo con las resoluciones de Arroyo pero no por sus mismas razones. Si sigo así dentro de diez años voy a tener las mismas razones.

En fin. Computación sin computadora. La tarea consistía en dibujar un teclado y destacar para qué servía cada tecla. Por ejemplo “¿Para qué sirve Repag?”. Bueno, en realidad eso nunca lo aprendí pero era lo que se estilaba.

Nos pasábamos clases enteras repitiendo la diferencia entre Hardware y Software, como si fueran claves secretas para ingresar al mundo del Futuro. Anotábamos los pasos a seguir para saber qué hacer el día que tuviéramos la enorme fortuna de poder guardar un archivo en un disquete real.

El proyecto final era que cada uno construyera una computadora con cajas de pizza y fósforos hábilmente entrelazadas. Nadie la hizo. En esa época la dignidad no se negociaba.  

11 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Negarse a ese proyecto era una forma de dignidad. Todavia se puede confiar algo en la humanidad.

desdeeldesarmadero dijo...

Yo tampoco tuve uno de esos aparatos en casa cuando cursaba la escuela y aprobé porque solía jugar en casa de un amigo que sí tenía. Saqué buenas notas. Cuando mi familia se decidió a comprar una, me la prohibían porque decían que la podía romper. Era el único que sabía cómo se manejaba. Maldita ironía.

no soporto a la gente dijo...

Las remeras con estmpados son horribles. Porque se pegotean con el sudor, porque se desgasta y se despega el estampado, y por lo feos que suelen ser los estampados, aun cuando sean de nuestra banda favorita y los creamos re copados.

Ser el mejor alumno (o el peor, o uno del montón) es un puto azar. Nada más. Si los demás odian y se avergûenzan es un asunto de ellos.
Si la directora no te deja ser abanderado por tener el pelo largo, es un asunto de ella. Que bien muerta está. (TE moriste, Adriana, te mordiste la lengua y te moriste).

Después la larga noche kirchnerista dio notebooks para casi todos. ¿Fue el kircherismo o fue la inevitable masificación de la tecnología? No sé...

Como sea, me hiciste recordar mi experiencia colegial.computacional, los diagramas de flujo y todo eso.
(Ahora voy a stalkear a mi profe de computación en FB. jaja)

Cine Braille dijo...

En la década del 80 la norma era que nadie tuviera computadora en la casa, a lo sumo uno o dos, en realidad los cacharros que en esa época pasaban por computadoras. Lo tomábamos como una hora menos de clase, hicimos bien. Porque además nada de lo que se enseñaba en esa época servía para gran cosa cuando los de esa generación empezamos a trabajar con computadoras.
"Si sigo así dentro de diez años voy a tener las mismas razones". Confiemos en que la tendencia no se confirme.
The teenage wasteland, la mejor descripción, gracias Pete Townshend.
Saludos y suerte en el FILBA

M. dijo...

En los albores del segundo milenio, en mi liceo militariazado del sur, intentaron inculcarme, sin éxito, rudimentos de MS-DOS. Hasta el día de hoy asocio el MS-DOS y el aroma a jabón y cigarrillos con el fascismo. Creo que mi liceo podría haberse llamado perfectamente Liceo Científico Humanista Phillip K. Díck. Saludos.

Cabeza de Platino dijo...

¿tu colegio es un colegio o es el reformatorio de Las Tumbas?

en cuanto a los de prohibir los corsos, que agradable sujeto diría George Harrison en los simpsons

Anónimo dijo...

Mucho más agradables que el señor Arroyo, son los asistentes a los corsos, que, escapados de algún libro de Lombroso (o del secundario del Corvino), fuman, beben y pelean (y gritan, sobre todo gritan) 10 noches de febrero.
Y hacen pis en las veredas transversales a las avenidas cortadas para que el ruido y el humo (del faso, del chori) atormente a los vecinos hasta las 3 de la mañana.
Es curioso: en el Konex los shows en el patio deben terminar a las 10 pm por protestas de los vecinos. Sin embargo, los corsos (cuyas murgas están subsidiadas por el GCBA) pueden joder la paciencia hasta la 2 o 3 am.

Anónimo dijo...

Todavía quedan clases de computación sin computadoras... Un amigo labura en una escuela privada, en pleno centro porteño, en el que hay ocho pc con Windows 3.1... y seis son inservibles.
Ah: recibe la escuela subsidios del gobierno porteño.

Anónimo dijo...

Dos recuerdos y un vaticinio:
A fines de los 80 hice un curso de Logo, un programa en el que se usaba una tortuga para hacer dibujos muy básicos. (Tiene una mención muy divertida de Daniel Valenzuela en Tiempo de valientes, cuando suben al helicóptero). Me parecía una pelotudez y lo era. A principios de los 90 hice uno de Basic, otra de las maravillas del siglo XX, no entendí nada y fue una experiencia muy parecida a la que mencionás.
En el colegio técnico al que fui erámos treinta y cinco o seis teníamos el pelo largo. Los demás aflojaron con el acoso y en un año me tocó ser el único. Los profesores el primer día me preguntaban el nombre y me miraban muy mal. Era una manera fácil de sentirse el último rebelde para un pibe que en el resto de las cuestiones no lo era, y también servía para justificar las malas notas que tenía en algunas materias, y que hubiera tenido de todos modos ya que nunca entendí demasiado las clases ahí.
Imagino la fórmula Arroyo Intendente Zariello concejal (Zariello es alto nombre para concejal garca)

raul dijo...

Cuando me radiqué en Mar del Plata ese sujeto Arroyo era jefe de transito, el se creía un general de las fuerzas armadas hitlerianas -tiempo después tuve ocasión de comprobar que en su oficina de la municipalidad tenía una estatuilla pequeña con imagen de Hitler con la svastica- digo que se creía un general debido a que se manejaba con los inspectores de transito (zorros) con todos los modos de trato milico. Los había vestido con uniformes de cuero negros como si fueran la gestapo, y el vestía un largo capote del mismo material y color. Una vez lo ví en un operativo de control de autos en Av. Colon y Av. Jara ¡fue tragicómico! el tipo se paseaba como un general y con una varita en la mano como si fuera un espadín militar,
Con el correr de los años aprendió a esconder estas cosas, pero sigue siendo el mismo despreciable individuo que hoy es candidato a intendente de los oligarcones y los nazi fascistas ¡que en Mardel son Muuuchos!.

Cine Braille dijo...

Sincronicidad: sobre Arroyo en revista Ajo http://www.revistaajo.com.ar/notas/2961-winston-arroyo.html