sábado, 28 de marzo de 2015

Hablamos de algo que pasó hace quince años


Uno cree que los cortes de pelo no le importan hasta que le hacen uno horrible. Ayer me corté el pelo y el peluquero me hizo algo que todavía intento descifrar así que para no desanimarme volví a escuchar un tema perdido de El Salmón llamado elocuentemente “Cuando nada importa menos que un corte de pelo”. Una de las ideas que subyace en el rock es la posibilidad de ser un estúpido hasta que ponés una canción y te sentís parte de un contexto y una cultura. La letra de la canción repite una y otra vez la frase que le da título subida a la rastra de un tecno para alcantarillas. Lo genial del tema no es lo que dice sino la cantidad de deducciones que se pueden sacar con la sola pronunciación de la frase: indiferencia a las modas, rechazo a los modernos, vindicación de un estilo de vida diferente, etc. La teoría del iceberg aplicada al pop. En YouTube no tiene más de 1000 reproducciones.

A pesar del reconocimiento masivo que vivió Calamaro después de su regreso (hace ya 10 años) la gran mayoría de los temas de El Salmón son desconocidos para el gran público de rock.

Durante un par de años sólo tuve el disco 1, que se vendía como opción más barata y apta para todo público. Allí estaban los escasos cortes del disco (“El salmón”, “Días distintos”, “All you need is pop”) y otros más raros. Cuando finalmente me compré los cinco discos, en el 2002 o 2003, escuchar a Calamaro estaba muy mal visto. Cobré el sábado y lo fui a comprar a AGB ¡un domingo a la mañana! No recuerdo comprarme otro disco un domingo a la mañana. Me salió 100 pesos, o sea que cada canción me costó alrededor de 0,90 centavos.

El prestigio de la obra de Calamaro siempre tuvo más vaivenes que la cotización del dólar. Un año era Dios y al otro un boludo que escribía con rima. Yo siempre me mantuve en la escuadra de sus fans. Exceptuando los dos primeros solistas y Tinta Roja, me gustan todos sus discos. Incluso los discos en vivo que sacó este verano. Me pregunto por qué en Argentina se odia tanto a los compositores de rock. Exceptuando a Cerati y Spinetta, que se murieron, cada vez que se menciona a Charly, Fito y Calamaro siempre hay alguien dispuesto a insultarlos cruelmente. ¿En Estados Unidos también odiarán a Bruce Springsteen, Tom Petty, Prince y Stevie Wonder?  Lo pregunto sinceramente, desde la más honesta y vergonzante ignorancia. ¿Odiarán a Donald Fagen? ¿Alguien en Twitter escribirá “Donald Fagen, sinvergüenza, hace 30 años que no hacés un disco como la gente, hijo de puta, vivís de Aja y Gaucho”? ¿Alguien hará ese tipo de cosas?

Me acuerdo perfectamente de los reportajes a Calamaro de la Rolling Stone y de La García cuando salió El Salmón. Grandes banquetes discursivos donde Calamaro deliraba con el lenguaje y hablaba de Charlie Feiling, los poetas de la zurda y los métodos de composición kamikaze o algo así. Creo que también ahí estaban sus teorías políticas sobre las canciones de amor del rock nacional, donde la Chica también era la República. A mí todo eso me impactó muchísimo. Uno puede ser el máximo fanático de Charly García y Luis Alberto Spinetta pero al único de aquella estirpe que vi en su esplendor fue a Calamaro (Fito también nos quedó lejos a los nacidos a mediados de los 80’).

No sé si lo estoy inventando (probablemente sí) pero en La García declaraba que era amigo de algunos jugadores de River porque el plantel concentraba en el mismo hotel en el que él vivía. Eso me pareció increíble: que la Bruja Berti conociera a Calamaro le daba una redondez total al pobre imaginario de mi adolescencia (no muy diferente al de mi adultez, ¿no?).   

No sé si no será un lugar común decir que El Salmón tiene muchos temas de más. Como si la existencia de un disco con 103 canciones garantizara que tiene temas de más. En todo caso tendrá temas de más para otras subjetividades y yo no me puedo hacer cargo de las otras subjetividades. Esto parece una boludez pero a veces con tal de estar de acuerdo con lo que dicen los demás nos hacemos cargo de una subjetividad ajena. En fin. Yo creo que, justamente, teniendo en cuenta que tiene 103 temas ¡son pocos los temas de más! Tal vez el cd 4 es el más flojo, aunque ahí está el cover electro de “No woman no cry”, la balada suicida “Presos de nuestra libertad” y el dub porno de “Empanadas de vigilia”.

Para hacerla corta y dejando en claro que no sé muy bien qué estoy escribiendo, en este nuevo repaso por El salmón sentí que se destacaban dos temas del cd 1, el más olvidado por haberlo escuchado tanto al principio (hablamos de algo que pasó hace 15 años).  

“Ok perdón” siempre me pareció un tema extraño porque habla sobre el desamor de los terceros y no del que canta. Pero lo más singular es que Calamaro escribe una canción de rechazo con una amabilidad extraordinaria. Lo que le pide a la rebotada es que aprenda a perder porque eso le va a suceder muchas veces en su vida. El tema tiene versos geniales como cuando se pregunta, desde las alturas a las que sólo pueden llegar los perdedores místicos: “¿Cuántas veces me dijeron que “no” a mí y sobreviví?”. Ahí Calamaro tiende el puente imposible y necesario entre el rockero estrella y su público masculino. De hecho es como si, a grandes trazos, sin que esto signifique una valoración real (es decir, que puede servir más allá de los límites simbólicos de este texto) Honestidad Brutal fuese un disco para minitas y El Salmón un disco para tipos. “Ok perdón” se resuelve con un pacto para acortar diferencias entre personas distanciadas del mismo palo: “Igual somos amigos porque para enemigos hay un montón de gente corriente”.   

“Horarios esclavos”, el tema que está a continuación de “Ok perdón” también halla su espíritu en el devenir cotidiano del muchacho que escucha a Calamaro. La letra obliga a pensar seriamente para qué tanta exaltación de la poesía en el rock si las letras de rock bien compuestas son mil veces mejores que la forzada comunión entre poesía y ritmo rockero. Me refiero específicamente a una secuencia de la canción. El tema trata sobre la dificultad de amalgamar una vida bohemia y al mismo tiempo pertenecer a la sociedad como individuo productivo. El sujeto enunciante, como decíamos en Letras, se rebela contra esta dictadura invisible llamada “trabajo” y arremete con unos versos maravillosos:

Hoy me quedo a escuchar
algunas canciones preferidas.
Quiero ordenar los discos
y ver el fútbol por televisión.

Pocas veces sentí tanta empatía con la letra de una canción, es como si Calamaro fuese el genio de los vulgares paraísos masculinos. ¿Qué otra cosa queremos hacer sino escuchar canciones preferidas, ordenar discos y mirar fútbol por televisión? 



8 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Interesante reseña o algo parecido.
Calamaro me parece un músico desparejo. Aunque tal vez sea por su variedad de estilo, de dispara a lados distintos.
No me sumo a las modas de defenestrar a tal, sólo porque este de modo.
Mara Laira, un celebrado personaje femenino de mi blog, tiene una fascinación por Calamaro.

* dijo...

Probablemente me gusten más de 90 de las 103, pero por algún motivo Lorena, Gaviotas y Mi funeral 11 (que estaban en la versión low-cost que supimos conseguir) son las que sigo escuchando con asiduidad. Creo que Bono dijo de Dylan que hay un disco suyo para cada etapa de tu vida: para cuando te emparejás, cuando tenés hijos, te separás y un largo etc. Puede que en la obra de Calamaro algunos -más que otros- encontramos la banda sonora de nuestras etapas.
Buen post, saludos.

Anónimo dijo...

El Salmón sale en 2000 a precios exhorbitantes y un año más tarde me lo compré a 30! mangos los 5 discos, creo que nadie lo compró más barato que yo. Recuerdo que en una entrevista de su regreso Calamaro dijo "El Salmón es su propio Napster" y me parece que tenía razón. Un par de años más adelante podría haber dicho que era su propio MySpace. El Salmón es su propia playlist, tiene temas nuevos, covers, dos versiones del mismo tema, autocovers (No se puede vivir del amor). Me parece que se podría considerar que Honestidad Brutal tiene temas de más siendo 37. Pero El Salmón no, un disco de 103 temas no es un disco, es otra cosa, es inimputable. El Salmón es obviamente desparejo pero me gustan sus 5 partes, curiosamente el 4 es mi favorito; acabo de chequear que cierra con: Un barco un poco, Lorena, Presos de nuestra libertad y Horizontes, cuatro que me gustan mucho. Aunque quizás sea demasiado, mañana es domingo y lo voy a escuchar completo a ver que pasa. Saludos.

JC

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Uno cree que un mal corte de pelo es preocupante hasta que vas perdiendo el cabello y ya no tenés la opción de que te hagan un mal corte.

P dijo...

Muy buena subjetividad, Corvino. Jamás escuché el Salmón entero (creo que mi viejo tampoco, y eso que él tiene los discos) pero es fundamental que haya un disco con 103 canciones de dudoso nivel en el repertorio del rock nacional. Retomando a JC: Calamaro es inimputable, hermano.

Ilcorvino o la historia del panegírico del pibe bueno dijo...

Vos no sos NADA original: te gusta todo: García, Spinetta, Páez, Cerati, Calamaro, Los redondos, Nebbia, Palo, Pity, Pappo, Pez… Todo. ¿Y la disidencia? Creo que lo único que no te gusta es Catupechumacu.

Y en la literatura igual: Borges, Cortázar, Sábato, Bioy... La obviedad total. ¿Hay algo que no te guste?

¿De Los Rodríguez no hablamos? Una copia barata de Tequila.

Cine Braille dijo...

El secreto del universo se manifiesta a aquel que escuche las 103 canciones de El Salmón, una atrás de otra, sin descanso. Todos fracasamos, mis oídos no pueden descifrar lo que escucho. Es La Biblioteca de Babel del rock.

Jeronimo Calace Montu dijo...

Justamente es original al no caer en la futbolización del rock y la literatura.