miércoles, 25 de marzo de 2015

Una gran historia con personajes geniales y excelentes interpretaciones


En menos de un mes vi los 86 capítulos de The Sopranos y se me ocurrió hacer algunos apuntes arbitrarios e innecesarios.

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En sus mejores momentos The Sopranos te convence de que lo único necesario es una gran historia con personajes geniales y excelentes interpretaciones, que todo lo demás (la experimentación de las vanguardias que supimos conseguir: disolución del personaje, fragmentación narrativa, ruptura de la linealidad temporal) es simplemente el recurso de los que justamente no tienen la suerte de tener una gran historia con personajes geniales y excelentes interpretaciones. Como si ver una serie sobre un ghetto conservador (la mafia italiana implantada en el corazón yanqui: católica, misógina, republicana) te volviera conservador como espectador.

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Todo lo que se dijo sobre James Gandolfini, el Jesucristo de la era de las series, es verdad. Pero no sólo habría que decir que le creemos todo como Tony Soprano, sino también que uno es capaz de oler los pedos que se tira después de intoxicarse con comida india y de intuir cosas más allá de lo que cuenta la serie, como por ejemplo la fragancia a perfume pasado de rosca, esa que inunda los ambientes cuando un tipo poderoso entre en un lugar cerrado. La construcción del personaje es tan inteligente como para alternar secuencias en las que resulta un gordo encantador con otras en las que es un hijo de puta indignante. Pero no hay ambigüedad ni chantaje moral en ningún momento de la serie: como en la vida, siempre sabemos que estamos amando a un psicópata.

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Respecto a las series que vimos ya entrados los 2000 (y hoy se encuentran en el ocaso de sus dinámicas narrativas), The Sopranos anticipa varios tópicos que ya se volvieron redundantes: la distancia, explotada dramáticamente, entre el personaje social y el individuo privado; el sueño como detalle sobrenatural para explayarse o bifurcar la trama (el psicoanálisis como rama de la literatura fantástica); el flashback ("el artista antes llamado racconto"); la muerte de personajes importantes (algo que no ocurría muy a menudo en series de la década del 80' o 90'); el desfase entre historia narrada e historia “real”, etc. Hay, especialmente en ciertos lapsos oníricos, algunas imágenes que recuerdan a Twin Peaks.

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The Sopranos tiene una libertad estilística que hoy parece muy curiosa. Por ejemplo los capítulos no terminan con esos ganchos forzados que sustituyen el suspenso con demagogia argumental (remarcando grotescamente el predominio del mercado por sobre el producto artístico). En The Sopranos los finales son distinguidos, piezas de colección en sí mismas. A veces recurren al anti clímax (como por ejemplo en la extraordinaria secuencia final del último capítulo). Casi siempre hacen espacio donde no hay y suena algún tema muy famoso que la serie resignifica a la perfección (en ese sentido es una enciclopedia de la música popular de los últimos 50 años). Son especialmente inolvidables los finales con “My lover’s prayer” de Otis Redding, “Thru and Thru” de Los Rolling Stones (nótese el detalle: se elige como tema final de la segunda temporada un tema de los Rolling cantado por Keith Richards) y “Can't Put Your Arm Around A Memory" de Johnny Tunder. La música siempre está presente, no sólo como banda de sonido para el espectador, sino como parte de la vida cotidiana de los personajes. Tony siempre escucha una radio de rock clásico. Hay un momento muy gracioso en el que maneja y canta “Dirty Work” de Steely Dan. En ese sentido, ya en la presentación (Tony recorriendo la ciudad desde su camioneta) la elección de “Woke up this morning” de Alabama 3 era acertada y te predisponía a ver la serie con más ganas desde el primer capítulo.    

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El lastre de la tradición de ficciones sobre la mafia está hábilmente resuelto a través de la referencia casi inmediata. Es como si David Chase (el creador) dijera implícitamente que si vas a robar algo, lo primero que tenés que hacer es admitirlo. Silvio Dante, el consiglieri de Tony, se la pasa imitando una secuencia de El Padrino III. Chris, otro capo de la familia, es un cinéfilo obsesivo que termina coproduciendo una película bizarra que mezcla el cine de mafia con el de terror (el monstruo es un capo descuartizado que vuelve de la muerte para matar a su jefe).

The Sopranos parte de la premisa de Analízame: el jefe mafioso que recurre a la psicología para revisar su crisis de virilidad: ataques de pánico, disfunción erectil, estrés, etc. La película se estrenó el 5 de marzo de 1999, la serie el 10 de enero del mismo año. Sin embargo, el desarrollo de la serie es inmensamente más profundo y dramático que el de la comedia. Y si me permiten la herejía: que el de El Padrino y Buenos Muchachos. The Sopranos es una serie que ocurre en el submundo de la mafia pero que habla de las relaciones de pareja, de las diferencias generacionales entre padres e hijos, del extraño mundo de los ancianos, etc. De la familia, en fin. Es una mezcla de Los Benvenuto y Los Simpsons dirigida por Scorsese. No se trata de un claro ejemplo del género realista (The Wire, otra serie emblemática de HBO, cumple mejor con ese encasillamiento), sino más bien naturalista: pocas veces se vio comer, coger y matar como en The Sopranos. Rodrigo Fresán dijo alguna vez que The Sopranos era a The Wire lo que Elvis a The Beatles. No estoy de acuerdo pero me gustaría que la comparación se me hubiese ocurrido a mí. Creo que Lost era los Beach Boys.

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Sin dudas lo más atractivo de la serie es la cantidad increíble de personajes inolvidables: el mencionado Silvio; Paulie (un subordinado de Tony que se roba varios capítulos y fue parte de la mafia en la vida real); Janice, la hermana new age de Tony; Livia, su madre castradora; Carmela, la esposa; el increíble Tío Junior (cuando empieza a perder el bocho está mirando la tele y cree que es Larry David); Vito, el capo homosexual; Johnny Sack, el capo neoyorquino enamorado de su mujer gorda; los dementes Ralph y Richie Aprile. 

La lista es eterna, pero mi personaje favorito es Chris Moltisanti, el sobrino de Tony con cara de camello, que dilapida su futuro como Jefe entre la adicción a la heroína, su relación tormentosa con Adriana La Cerva y sus ínfulas de escritor y director de cine. Chris es patético, en las dos acepciones del término: la que utilizaba Borges en sus ensayos y la que usan las chicas conchetas para referirse a alguien insoportable. Michael Imperioli, el actor que lo interpreta, le otorga un espíritu ambivalente. Es, al mismo tiempo, un niño en cuerpo de adulto y un personaje de Tarantino que se mueve en ese terreno en el que la ternura siempre está a un paso de la más horrible brutalidad. Mientras veía The Sopranos pensaba que a veces uno se cruza con Chris, la clase de tipos que te ponen nervioso y nunca se sabe con qué mierda van a salir. Es muy placentero mirar sus desventuras en el monitor, diversión garantizada, pero en la vida es mejor estar lo más lejos posible de alguien como él.   

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Ahora me cuesta mucho ponerme a ver otra serie. Es como dejar el budismo para ser umbanda. En una época en la que todos recomendamos series que al final decepcionan (The Walking Dead, Game Of Thrones, Homeland; por no hablar de porquerías serias como Under the dome, Bates Motel, Helix y un largo etcétera), estoy esperando que llegue el futuro para poder ver otra vez The Sopranos

13 comentarios:

Billy dijo...

Casi el post perfecto, pero tratemos de no nombrar a más a Lost. Nunca más.

Frase clave para entender el "fenómeno" de las series: "los capítulos no terminan con esos ganchos forzados que sustituyen el suspenso con demagogia argumental (remarcando grotescamente el predominio del mercado por sobre el producto artístico)", siendo Breaking Bad su mayor exponente.

Anónimo dijo...

Qué belleza The Sopranos. Voy a probar como anda mi memoria después de varios años:

Un tipo está con gorro en el restaurant, le tocan el hombro y es Tony, con la expresión más tenebrosa y amenazante que se vio en tv.

Tony mirando a la amante de su padre, ya entrada en años, que intenta un baile sensual. De la sonrisa pícara a la incomodidad absoluta.
El episodio Pine Barrens, con Chris Moltisanti y Paulie dando vueltas por ese helado bosque en busca de un tipo que nunca más se vería en la serie. Nadie hacía esas cosas en ese momento.
La enemistad con el Tío Junior, maravillosa. Le va fallando la cabeza de a poco, y un día sale caminando y se pierde. Duro y triste.
La secuencia onírica de 20 minutos con Annette Bening "Tiene un aire a Bugsy"
Y un día se muere tu vieja. Puede ser cualquier día, así de simple. Solo The Sopranos podría soportarlo con esa elegancia.
Tony hablando de "The Strong, silent type" con la doctora Melfi.
Y podemos seguir hasta mañana, gracias por recordarme esta serie.
PD: Lost es Kiss sin dudas. Se merece el mismo respeto que ellos, queda a cuenta de cada uno saber cuanto es. Yo los banco (con reservas obviamente) a ambos.

damianivanoff dijo...

Habría que agregar que The Sopranos, probablemente, tenga el mejor final de la historia de la televisión. Es imposible, una vez que la empezás a ver, no DEVORARLA.

Nacho dijo...

Hace poco empece a verla por segunda vez. Vean La Entrega (labura Gandolfini) y comparen al Primo Marv (el de la peli) con Tony... Un cago de risa.
Buen post Corvino.

PD: Para mí GoT sigue siendo una buena serie.

Saludos

Fito dijo...

Leí en una entrevista a Chase, que desechaba muchas vueltas de tuerca típicas de las series. Por eso, se negó a que volviera a aparecer el ruso ese que se perdió en el bosque, o hacer una nueva entrada de Furio, el custodio de Tony que se enamora de Carmela...Decía que hacer eso sería prestarse a truquitos baratos.

¿Sabías que la actriz que hacía de la madre de Tony se murió en medio del rodaje de la segunda temporada? Tremendo volantazo tuvieron que pegar los guionistas...

Carmela, otro personaje increíble. Cuando le afana la guita que tenía escondida en el jardín....

Salute.

Anónimo dijo...

El gordo tony es lo mejor. Un compañero impresionante, se termina los soprano y es quedarte en pelotas en serio. Esta bien, algunas series se la bancan (tipo the killing que creo corvino que aun no viste) pero la galeria de los soprano no tiene comparacion.

anonimo dijo...

Got es una cagada. Para peleas y sexo safa mas vikings, que tmb es medio chota.

Anónimo dijo...

Porqué no hacerme presente acá si leí con profunda envidia éste post maravilloso. Salud!

JP

Corvino dijo...

El episodio de Chris y Paulie perdidos en el bosque y que el ruso no aparezca más es una de las mejores cosas de la serie.

Sabía lo de la madre, tuvieron que improvisar bastante para arreglarla y les salió bien.

No me parece que GoT sea mala ni mucho menos, pero creo que está terriblemente inflada, esos supuestos diálogos políticos a veces son charlitas rimbombantes "sobre el poder" que camuflan la revolucionaria idea de mostrar un par de tetas y cabezas cortadas (por otro lado casi siempre valen la pena el primero y el ante último capítulo de la temporada, en el medio es un embole).

Vi The Killing, las primeras dos temporadas me parecieron puro clima (y del peor, solemne y sobrecargadamente dramático) creo que mejoró mucho en las últimas dos, que supuestamente parecían estar de más.

A Los Soprano no hay con qué darle. Es una serie bella, en el sentido más digno de esa palabra, además es muy cómica, pocas veces me reí tanto como con Los Soprano.

Abrazos.

Ricardo dijo...

Leído en una pared del conurbano tucumano: “No jodan con Gueimotron". Igual, gran post y ahora estoy obligado a ver The Sopranos.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Muy buen post. Para mí "The Sopranos" es mejor que "El padrino I y II", y Gandolfini me parece, lejos, mejor actor que Pacino. Por suerte no es necesario optar, y como gustaba de decir el amigo Cine Braille, en arte es mejor sumar que restar.
Completo el post con las respuestas de Silvia Schwärzbock a una entrevista que le hizo Magnetto (?):

"Es curioso: hoy la gente cree que la felicidad irradia de figuras como la del mafioso, que es la representación contemporánea del libertino del siglo XVIII: un sujeto absolutamente libre e impune. De esta representación disfrutamos perversamente las personas de todas las clases sociales, sea a través de las ficciones o de las noticias. La mafia es la aristocracia contemporánea, tal como lo muestra El Padrino, la trilogía de Coppola sobre el capitalismo. De hecho, la aristocracia siempre se comportó igual que la mafia.
¿Por qué el libertino pudo haber sido concebido como sujeto feliz?
Pudo y puede concebirlo como feliz quien observa el libertinaje desde la perspectiva de la impunidad. No puede concebirlo como feliz quien ve el programa libertino como más realista y menos utópico que cualquier programa igualitario. La verdadera falta de libertad no está tanto en no poder ejercer el propio sadismo sin esperar represalias como en no poder confiar en el prójimo. La ventaja absoluta del libertino, en este sentido, es su absoluta falta de miedo. Él es libre porque no teme ser víctima de lo mismo que comete. Su problema, en todo caso, es el mismo del mafioso: cómo llegar a ser impune dentro de la organización a la que pertenece, no sólo fuera de ella.
¿Podría aclararlo?
El precio que paga el libertino por llegar a ser impune en la sociedad civil es aceptar que dentro de la sociedad libertina consentirá, si llega el caso, ser la víctima de alguien más poderoso. El libertino ingresa a una sociedad secreta que es jerárquica. Todo lo que puede hacer por pertenecer a ella no deberá hacerlo bajo el imperio de las pasiones, sino por el frío dictado de la razón. Es la máxima de Corleone: "No es personal, son negocios". Sade ha pensado, con rango filosófico, cómo se puede organizar una sociedad del crimen que sea completamente impune. La esclavitud de la razón, para él, es la que impone el Estado. Para liberarse de ella basta con entrar en la sociedad de los libertinos. Pero de la esclavitud de las pasiones nadie está exento. Se trata de un residuo indeseado de la naturaleza, que puede destruir la sociedad libertina, porque entre las pasiones más fuertes siempre se impone el resentimiento, el ansia de mostrarse superior y el deseo de venganza"

Fuente: http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2009/06/07/z-01934337.htm

Anónimo dijo...

De acuerdo con casi todo. Game of Thrones no decepciona. Salvo que maten a Tyrion.

Anónimo dijo...

Los Soprano, la mejor. Ahora enmpeza con Braking Bad y segui la linea.