jueves, 2 de abril de 2015

Noticias viejas sobre Tanguito


El domingo, paseando por la Plaza Rocha, me compré Tanguito. La verdadera historia, un viejo libro de Víctor Pintos que hace poco fue reeditado. Pintos trabajó con Piñeyro en la investigación periodística de la famosa y horrenda película sobre el primer mártir del rock argentino pero al darse cuenta de que el proyecta se alejaba cada vez más de la historia real, decidió hacer un libro.

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Como el que hace poco escribió Patricio Zunini sobre Fogwill, el de Pintos es un libro coral que reproduce los testimonios de todos los que conocieron a Tanguito (además de los músicos cueveros obvios, están su madre, sus novias y varios de sus amigos). Actualmente, el revisionismo histórico del rock es un lugar común, pero el libro tiene anécdotas que, llamativamente, nunca fueron muy difundidas.
 
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Tanguito siempre estaba acompañado por Alex Piedras, un amigo-discípulo más conocido como Tango Bis ya que lo imitaba constantemente en el look y la actitud. Además de Tango Bis (del que también se escribió un libro, es decir: hay un libro sobre el imitador de Tanguito) estaban los denominados “valerios”, algo así como los susanos de Tanguito. Los tipos eran un séquito de hippies que le llevaban la guitarra y los discos, lo ayudaban a pincharse y le decían constantemente que era un genio.

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Según los testimonios, Tanguito nunca estuvo del todo cuerdo. Casi ninguno de sus allegados recuerda haberle escuchado algo más o menos coherente. Hoy se diría que era un colgado o simplemente un paparulo, como dejan entrever casi todos los que lo conocieron y no estaban encandilados o demasiado drogados. Miguel Grinberg lo compara directamente con un bebé indefenso al que los más pesados de la Cueva le hacían bullying. Tanguito se tomaba taxis y se los hacía pagar a sus amigos. A veces se afanaba objetos de las casas que visitaba (dicen que le robó un par de discos a Pappo). Moris cuenta que cantaba temas de él diciendo que eran de su autoría.

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Tanguito empezó a tomar anfetaminas y se hizo adicto a “picarse”, es decir, darse jeringazos, especialmente de Pervitín, una droga que estuvo asociada al nazismo (se las daban a los soldados para que tengan más resistencia física durante el combate) y hace poco tuvo un nuevo auge en República Checa. El aumento de los “picos” (así le llamaban en la jerga) llevó a Tanguito a un descenso mental muy sórdido, que contrasta violentamente con la idea generalizada del héroe romántico. Al final Tanguito, un morocho exótico al que todos definían como un  seductor nato (de esos que no necesitan hacer nada para enamorar a una mujer), andaba por la calle como un fantasma, babeando y sin poder articular una frase con sentido.

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Tanguito se gastó buena parte de la guita que ganó por los derechos de “La Balsa” en vinilos que olvidó en un taxi.
   
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La caída mortal en la adicción de Tanguito coincide, paradójicamente o no tanto, con el inicio del profesionalismo en la camada pionera del rock nacional. Moris y Manal graban sus primeros discos; Nebbia desarma Los Gatos y comienza su prolífica carrera solista. Sandro se dedica a la canción melódica. Es entonces que el círculo de Tanguito sufre un cambio severo: de estar rodeado por las mejores mentes de su generación pasa a frecuentar un grupo de hippies reventados (el libro los describe como auténticos yonquis) que cometían delitos bajo la fachada de la bohemia artística. Pirimpimpin, uno de los amigos de Tango (otros son Gabriel Zombie y Jorgito El Lindo), cuenta que en una ocasión le coparon el departamento a una pintora, “una mina tipo Jane Birkin año 69”. Finalmente la ataron, le sacaron toda la ropa y la canjearon por otras cosas.

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Tanguito salía a la calle vestido con calzas ajustadas que le marcaban el bulto y se ponía una media de red en la cabeza. A veces se vestía de mujer (le robaba la ropa a sus amigas) y algunos dicen que tenía una relación con Tango Bis. En los testimonios sobre Tanguito hay una estética queer (amateur) muy marcada que la historia oficial se encargó de barrer bajo la alfombra deliberadamente. Otra sería la historia del rock argentino si además de Federico Moura, Tanguito se uniera a la constelación de subversivos sexuales. De hecho cuando hablamos de Tanguito en lo primero que pensamos es en un tema que no le pertenece (“El amor es más fuerte”) y en las tetas de Cecilia Dopazo.   

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Aunque algunos lo niegan, son muchos (Spinetta, Pipo Lernoud, Miguel Grinberg) los que dicen en el libro que al final Tanguito terminó inyectándose barro y vino y andaba por ahí aspirando el humo de los caños de escape. Miguel Abuelo va más allá y cuenta que Tanguito llegó a inyectarse Coca Cola en el pene. En Martropía, el libro de conversaciones con Juan Carlos Diez, Spinetta contaba que Tanguito iba a su casa y se encerraba en el baño a inyectarse, lo que provocaba escenas escandalosas con su madre, que un día entró y vio algodones ensangrentados.

Es como si paralela a la leyenda gloriosa, existiera otra que es básicamente la más espantosa del rock argentino. Más que admiración (como sucede con las biografías de Dylan, Piazzolla, Leonard Cohen o Charly), los testimonios del libro suscitan clemencia. Parece un personaje de Enrique Medina.

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Tanguito fue encerrado en el Borda. Recibió electroshocks y todo tipo de abusos. En mayo de 1972 se escapó y lo pisó un tren, aunque el relato legendario sospecha que lo asesinaron.


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Musicalmente, los pocos temas de Tanguito que se conocen (unos diez o quince) generan una sensación que Borges llamaría la inminencia de una revelación que no se produce. Más allá de que se trata de demos, la marca registrada de Tanguito es su tendencia a lo inconcluso (por decisión o limitación propia). Hay cierto espíritu característico en el reverberar de su voz, en ese timbre que puede sonar desgarrado y tierno a la vez (algo que también se nota en la voz de Moris) y en las líricas efímeras de sus canciones, pero realmente no hay nada grabado de Tanguito que justifique su mito; en todo caso su mito justifica la insólita idea de que era un genio.

En Tanguito se adivinan atisbos embrionarios que luego fueron desarrollados por otros autores: el canturreo tartamudo de Miguel Abuelo, el surrealismo pocket de Spinetta (de “Diamantes de espuma” sólo el título), etc.

Escuchando sus dos discos póstumos (Tango y Yo soy Ramsés) es demasiado evidente que de “La Balsa” sólo pudo haber escrito “Estoy muy solo y triste en este mundo de mierda”.  Pensar lo contrario es como creerse el chiste de Enrique sobre el segundo gol de Maradona a los ingleses: “¿Cómo no va a hacer ese gol con el pase que le di?”.

En Exactas, un disco en vivo de Spinetta del año 1990, hay una versión hermosa de “Amor de primavera”. Tal vez su mejor tema sea “Natural”, ése que dice “me gusta verte en las mañanas ponerte de colores”.    


15 comentarios:

Matías dijo...

Leí hace poco en una web poco confiable que "Pato trabaja en una carnicería" fue escrita en contra de Tanguito. Personalmente el tema suyo que más me gusta es "La princesa dorada". Saludos.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Creo que se podría relacionar lo que escribís de Tanguito con el concepto de inmadurez de Gombrowicz, y con lo que Gombrowicz decía sobre los argentinos, pero tengo pereza y por lo tanto me limito a decir que está bueno el post.

Anónimo dijo...

Si le robó discos a Pappo y se gastó la guita en vinilos que se olvidó en un taxi me cae bien. Buen post.

cavernícola dijo...

O sea que Pomelo no sólo se inspiró en Charly y en Juanse.

Mastrángelo dijo...

Muy buen post. Demasiado bueno. Me dan ganas de salir a patear hipsters, que contemplan la sabiduría del orate con una fruición que no se distancia mucho de la de su primera visita al zoológico, o al museo de ciencias naturales.

Cine Braille dijo...

La vida de "TANGUITO", un cantante rebelde y libertario , precursor del Rock latino en los años 60 y 70 que nunca se vendió al sistema capitalista. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=16209
Hay relatos aún peores que Tango Feroz. Imaginátelo con la boina del Che, como debe hacer el que escribió esa reseña.
Saludos

Corvino dijo...

En el libro Moris cuenta a quién se la hizo, no era Tanguito.

Otro tema bueno de Tanguito es "Sutilmente a Susana". Se viene la vindicación de Tanguito (?).

Saludos a todos.

PD: tuve que identificar imágenes de sushi para comentar en mi blog, creo que lo voy a cerrar.

Anónimo dijo...

Sayonara..

Jo Goyeneche dijo...

La inminencia de una revelación que no se produce. Es exáctamente lo que sentí cuando escuché ese disco.
No importa mucho, pero el tema no es de Butrón, es de un tal Barrientos. El sábado atravezando Constitución en auto, Butrón señaló una esquina (donde, en los 80s había un bar en el que solía tocar) y dice, esa esquina la fracuentaban por lo menos diez tipos tan o más locos que tango, con más talento que tango y con más barro en las venas que tango. Obviamente Butrón no conoció a este tipo, pero me llamó la atención el sarcasmo con el que se refirió a la pelicula, no dijo Tango Feroz, dijo La banda del golden rocket. Buen post Corvi, me alegra entrar y ver que tengo algo nuevo para leer. Abrazo

Corvino dijo...

Claro, Ulises Butrón interpreta los temas, pero son de otro. Saludos!

dato al pedo dijo...

Butrón tocó en Zas!

pacocamorra dijo...

Hay una version muy buena de "Amor de primavera" por Invisible de 1976 que solo se edito en un recopilatorio de distintas bandas. El disco (vinilo) se llamaba "Rock competition" y contenia esta hermosa version del tema:

https://www.youtube.com/watch?v=E3HorK36juM

Oscar Cuervo dijo...

Este post simplemente destaca las partes más sórdidas de los testimonios del libro, casi ninguna se refiere a la música de Tango. Como si el inyectarse en el pene o vestirse de mujer fueran algún tipo de mancha artística. El libro de Pintos sobre Tango, muy bueno, abunda en pasajes en sentido muy diferente de la sordidez que recorta Il Corvino. Quizás la principal omisión sea que Spinetta lo considera un claro inspirador de su propia poética y un gran artista. En cuanto a la forma de cantar de Tango, quien tenga oídos se puede dar cuenta que en simultáneo con Litto y Moris, Tanguito estaba delineando una forma de entonar que inauguraría la porteñidad moderna, la fundación de un paradigma, una poética y un decir en estado salvajes. Canciones como Natural, La princesa dorada, El hombre restante son cumbres de una extrañeza que aun no ha sido igualada en su posteridad. Tango grababa en condiciones precarias, cercanas a lo que hoy llamaríamos low fi. Los resultados distan de ese desdén por "una revelación que no se produce", tal como desdeña Il Corvino. Por ahí, es simplemente que su sensibilidad no le permita acceder a la revelación que Tanguito produce y entonces se dedica a recortar detalles truculentos dignos de un articulo del diario Muy.

Alito Aep dijo...

Tal vez parte de la genialidad de Tanguito está en escatimarte ese tipo de revelación que esperás, Il Corvino! Y entonces tirás por la ventana el enorme valor de su música y su influencia, escarbando en la sordidez. La operación es desarmar al mito para justificar la insólita idea de que su música no valía nada.

mingo748 dijo...

entonces ¿a quién le hizo moris Pato trabaja en una carnicería?