sábado, 1 de agosto de 2015

Mac DeMarco


La pregunta es ¿hay que tomarse en serio a Mac DeMarco? O tal vez la pregunta sea: ¿hay que decir en voz alta que sabemos quién es Mac DeMarco? (Más si nos enteramos de su existencia dos o tres años después que el resto del mundo). Desde hace un lustro vengo notando cierto y marcado delay con respecto a eso de saber qué banda de niños británicos y/o “americanos” los tiene más bonitos y excéntricos y probablemente bixesuales y ecologistas. Todo esa tradición de la crítica de rock de hablar de un par de púberes con delirios de grandeza como si fueran Truman Capote (el cantante), Hemingway (el bajista), John Dos Passos (el baterista, claramente) y Norman Mailer (tecladista) me parece fascinante, pero ya no puedo pasar del texto a la obra. De todos modos esto forma parte de la historia del rock y no del rock propiamente dicho. Lo cierto es que DeMarco tiene 25 años y uno de sus tres discos, Salad Days,  la rompe. 

***

Andrés Calamaro dijo alguna vez que a Beck era mejor mirarlo en los videos que escucharlo. Creo que está en la entrevista de Rolling Stone con la tapa blanco y negro. La idea es buena, independientemente que uno esté a favor o no de ella. La mención de esta frase en la época kirchnerista hubiese desatado una discusión de tres meses con gente a favor o en contra de Estados Unidos porque Beck es estadounidense y es capitalista y de hecho es un discípulo más de la Cienciología. Tal vez Tato Bores (inexplicablemente tratado como una persona real y no como un personaje) también hubiese formado parte del debate. En cambio, en la era Scioli, nada de esto pasa, todos se miran sin entender y no se sabe a ciencia cierta “qué demonios está ocurriendo”, como si se tratara de un cuento de Cheever con final abierto.

Pero si de Mac DeMarco se trata yo diría que es mejor escucharlo y no verlo ya que paralelo a su música Mac lleva una vida un tanto bizarra, como un mediático indie-canadiense capaz de hacer las más grandes payasadas para llamar la atención. Sólo hace falta ver sus videos (gore y glam artesanal en VHS) para que lo empecemos a mirar de reojo. Sería bueno que escuchar a un artista nuevo no conlleve todo este nivel de prejuicio, desconfianza y odio. En una palabra: rechazo. Pero la famosa cultura rock es una máquina de propagar estos hábitos. No mi culpa, es culpa de la Cultura Rock. Años leyendo notas sobre punk que arrancan en la era victoriana para contextualizar. Años yendo a céntricas y sórdidas galerías marplatenses a comprarme un casette con un recital de Los Redondos en GAP cuando era GO!

Oh, céntricas galerías marplatenses donde perdí mi adolescencia en rateadas matinales con gente que a los quince minutos volvía a su casa, confundida, entendiendo que no era tan bueno ratearse a las 7:15 AM en Mar del Plata y en invierno.

***

Además de ser rubios y tener cara de colgados, DeMarco comparte con el primer Beck cierta frescura conceptual propia del solista posmoderno que aprovecha y se adapta a las condiciones de la época. La música de Beck explotaba emocionalmente el quiebre entre el sonido de las máquinas y el de los instrumentos tradicionales del rock. Cuando el mundo se fija en DeMarco la cuestión de las texturas y del avance de la tecnología en la cultura rock ya está zanjada por completo. DeMarco es un desprejuiciado, cuya mayor virtud es componer canciones en un registro que combina la consabida retromanía con cierta habilidad innata para hacer pop para departamentos. No es casual que el mismo DeMarco haya mencionado a Steely Dan como referencia musical. ¿Cuándo se puso de moda mencionar a Steely Dan en el mundo indie? Eso es muy bueno pero por supuesto nos lleva a sospechar muchas cosas.

DeMarco parece el bipolar con ínfulas artísticas que te parte la cabeza aunque no lo quieras. Como Roberto Bolaño dice que todos tuvieron un amigo llamado Jim, yo creo que todos conocimos alguna vez a una persona como Mac DeMarco, que antes de ser rock star trabajaba en la construcción de obras viales. Ahora YouTube cumple la función del amigo moderno que te recomendaba música del futuro.  

Creo que Beck y Mac DeMarco no tienen nada que ver. Esto de hacer una nota al pie de David Foster Wallace en medio de la reseña de un disco tiene sus riesgos. ¿Qué porcentaje de fans de Beck escuchan a Mac DeMarco? En caso de que tales fans existan, claro. ¿Cuánta gente se reuniría en el Obelisco si se juntaran todos los fans de Beck en Argentina? Alguien debería escribir sobre eso. Es más: alguien en algún lugar de Almagro tiene una beca y está estudiando eso. Sobre qué porcentaje de fanáticos de Pappo escuchó la obra de Spinetta. Y viceversa. Supongo que hay más fans de Spinetta que escucharon a Pappo que fans de Pappo que escucharon a Spinetta. Lo supongo pero no lo sé. Ahora bien: ¿para qué servirían esta clase de informes? Supongo que para aplacar o alimentar la neurosis de ciertas personas con intrigas socio culturales absurdas.  Por ejemplo yo conocí fans de Rata Blanca que escuchaban La máquina de hacer pájaros. Todos esos prejuiciosos y miserables que se dedican a elaborar escritos supuestamente sarcásticos sobre los fans del rock ¿en qué inexistente estereotipo ubicarían al que, aun creyendo en dragones, magos y gnomos también cree en Carlos Cutaia? Ni más ni menos: la respuesta está en la misma pregunta. Porque cree en Cutaia, “El Conde”, también cree en dragones, magos y gnomos.

***

En fin. Su faceta de multi-instrumentista lo ubicó en la batalla épica del solista contemporáneo: grabar todos los instrumentos de un disco sin ayuda de nadie. Esto no garantiza ni justifica nada de Salad Days (2014) pero lo cierto es que sus canciones son tan amables y melancólicas que es muy difícil rechazarlo con énfasis. Por supuesto que el espíritu del disco recree esa decisión artesanal ayuda a que las cosas funcionen apropiadamente.

Es como si DeMarco, habitualmente asociado a The Modern Lovers (casi como Television a The Strokes), hubiese armado una ensalada en la que también suenan The Madcap Laughs, el Lennon del lost weekend y el Daniel Johnston psicodélico de It’s Spooky. DeMarco en realidad evoca muchos artistas. Pero es muy satisfactorio que además de su histrionismo tenga muy buenas canciones. “Passing out pieces” y “Chamber of reflection” son dos de los varios temas atractivos del disco. Como en el pop más comercial (que hasta hace poco hubiese costado admitir como algo valioso de los ochenta) las letras confesionales hacen cortocircuito con estructuras rítmicas que invitan a mover el pie.


Hace pocos días DeMarco sacó un mini LP pero yo prefiero seguir escuchando Salad Days hasta gastarlo. Si profundizamos en el contenido lírico podríamos decir que, como a todos los grandes compositores de rock, a DeMarco le falta hablar sobre algunas cuestiones con su mamá.  

5 comentarios:

Anónimo dijo...

buen post, Corvino, justicia poética para recuperar a un tipo que me cae muy bien. El disco "2", anterior a SALAD DAYS, es tremendo, no le sobra ni un tema, algo raro en epocas de grabación digital en la que nada cuesta meter más y más temas. El tema "breakingbad style" que abre el disco (Cooking something good) es de una inocencia fuera de lo normal.
Una sola objeción mínima al post: con Scioli adentro o afuera, con degustación de sapos o sin ella, seguimos en la "epoca kirchnerista" che! Es como decía el General: "kirchneristas somos todos".
abrazo,
molloy

Emiliano dijo...

Muy bueh Corvino.
A veces me pregunto como sonaría Salad Days con menos oscilación en la afincación de las guitarras y otras cosas. Es un efecto intencional, pero me termina limando un poco la bocha.

Malena R dijo...

Me gustó tu texto. Ojo, yo también le tenía re prejuicio a Mac, y lo fui a ver medio de casualidad a Vorterix y me sorprendió mucho cómo sonó en vivo. El lugar, además, estaba muy lleno, fans que salían de abajo de las baldosas. Hizo algunas payasadas al principio con su jardinero de jean, chuponeándose con su guitarrista, pero después se bajó media botella de whisky y la cosa cambió bastante, se puso más interesante. los temas de Salad Days que presentó ahí ya eran muy altos y sonaban super bien. coincido también con el comentarista anterior: el disco "2" no tiene desperdicio. Vuelve a tocar este año en bs as, creo que en Groove. Voy. Si venís, avisame y vamos juntos
Malena

Alma vacía dijo...

"Ahora YouTube cumple la función del amigo moderno que te recomendaba música del futuro", me hiciste reír porque ya lo vengo pensando.
A mí, por suerte, a Mac me lo pasaron en mp3 y me encantó al instante. Me salvé de los prejuicios. Cuando vi sus videos, era demasiado tarde. Ya me gustaba.
Salad days es tremendo disco pero Ode to Viceroy me parece la mejor canción.

Coincido, entonces, que es mejor escucharlo y no verlo. Pero después de todo, cada tanto, es lindo mirarle los dientitos separados.

José A. García dijo...

Nah, paso. De los británicos me quedo con Muse...

Saludos

J.