martes, 6 de mayo de 2008

Un cuento y una canción

Un cuento

GAJOS

“Podemos cuestionar su integridad y sus actitudes pero ¿podemos cuestionar su corazón?”- Lisa Simpson

La pelota se está desgajando. Uno a uno se le han ido cayendo los gajos a la pelota. Mamá, comprame una pelota nueva. Tu madre no puede, ¿por qué le hacés esas preguntas a tu madre?
Mamá dice que no puede comprarme otra pelota. Que no le haga ese tipo de preguntas a mi madre. Que debo jugar con los chicos del barrio y abandonar la idea de comprar una nueva pelota
Mamá cocina en la olla y mientras tira la sal y revuelve el tomate da la teta a hermanito. La teta chorrea leche y mi hermanito toma y mira y aprieta el volado azul de la camisa de mamá.
A la noche comemos y los grillos suenan en toda la casa. Papá dice que algún grillo se debe haber metido en el cajón de los cubiertos. Mamá le pide que lo busque y que lo mate porque si no así ella no puede dormir. Es un puto grillo, dice mi papá, no te va a hacer nada. Pero me va a dejar los oídos embotados, dice mamá. ¿Embo qué?, pregunta papá. Nada, contesta mamá.
A la mañana el sol radiante me pega en los ojos y en las mejillas porque mamá subió la persiana y dejó la ventana abierta. Salgo al patio y los hijos de Caty me miran subidos al paredón que papá levantó para que ellos, que ya están bastante creciditos, no espíen a mamá.
A la tarde hace mucho calor y mi mamá mira el mar en el televisor y pregunta cuándo fue la última vez que fue a la playa
No sé mamá, no sé cuando fue la última vez que fuiste a la playa. ¿Me comprás una pelota nueva? La que me regaló el tío se está desgajando. Ya te dije, responde mamá, enojada, y se mete en el baño.
El almacenero habla con mamá del tiempo loco y me ofrece un caramelo pero yo lo rechazo porque mamá y papá me enseñaron a no aceptar caramelos de desconocidos.
Hermanito duerme en mi cama durante la tarde. Yo me arrodillo a sus pies y le aprieto el ombligo y le toco la frente y se larga a llorar. Mamá viene corriendo y sus ojos estallan y su cuerpo está mojado. Me corre alrededor de la mesa con un abanico de la abuela. Cuando me alcanza me da en la espalda y se larga a llorar: No dejás descansar a tu madre.
Hermanito es rojo y caliente como un morrón hervido. Cuando lo tengo en brazos se ríe. Eso emociona a mamá y hace reír a papá.
Es feriado. Abuelo toma botellas de vino bajo el árbol del patio que más sombra da. Abuela habla con mamá y toca la cabeza caliente de hermanito mientras me da cincuenta centavos.
Yo guardo los cincuenta centavos en un bolsillo del pantalón. Al otro día salgo a la calle. Está lleno de charcos porque llovió a la madrugada pero al mediodía, según mamá, la temperatura se hizo insoportable.
En la esquina de casa, la hija de Don Emanuel come una naranja y me llama a los gritos: Agustín, vení para acá. El ombligo de la naranja es parecido al ombligo de hermanito.
-Andá a comprarme un kilo de tomates. Quedate con el vuelto.
Llegué al almacén corriendo:
-Quiero un kilo de tomates.
-¿Es para mamá?
-No, es para la hija De Don Emanuel.
-¿Le estás haciendo los mandados?
-Si, a cambio de unas monedas.
-Decile que le manda un beso su almacenero preferido.
Que se lo diga él.
Hija de Don Emanuel me pasa la mano pegajosa por la cabeza mientras yo le doy el vuelto. Hija de Don Emanuel dice que el vuelto es mío y me lo guarda en el bolsillo del pantalón. Hasta mi casa voy caminando con las monedas en la mano por miedo a que el vuelto y los cincuenta centavos se me caigan por la calle.
Hermanito duerme en mi cama, arriba de la almohada. Están calientes sus manos, su panza y su ombligo. En silencio, tiro las monedas en el piso y empiezo a contarlas.
-¿Qué te dije ayer, Agustín? Que no hagas ruido cuando tu hermanito duerme. ¿Querés cobrar? ¿Y quién te dio esas monedas?
-No estoy haciendo ruido, no quiero cobrar, las monedas me las dio la abuela y la hija de Don Emanuel.
-La hija de Don Emanuel, esa trastornada… ¿cuánto tenés?
-Un peso cincuenta.
-Andá a comprar el pan.
Llegué al almacén caminando:
-Quiero medio kilo de pan.
-¿Te contestó algo la hija de Don Emanuel?
-Si: que no la moleste más porque si no le va a avisar a Don Emanuel que tiene la carabina cargada abajo de la cama.
Mamá da la teta a hermanito sin hablar, papá come la carne sin hablar, hermanito chupa teta sin hablar, yo miro la televisión sin hablar. Después pregunto a papá cuándo me va a comprar una pelota nueva. Papá dice que pronto y se va acostar. Desde la pieza llama a mamá para que lo acompañe. Y mamá le grita que se le parte la cabeza. Papá le insiste y mamá me da a hermanito y me dice que vaya un rato afuera a sentarme al banco.
Las moscas rondan el pañal de hermanito y yo las espanto con las manos. Me pregunto si esta luna que yo ahora estoy mirando es la misma luna que observan las personas de otros países. Me pregunto si en este mismo momento de la noche, en otro país, con un idioma diferente, hay otro nene como yo, con su hermanito en brazos, mirando las estrellas. En caso de que lo haya, sería igual que un hermano, un hermano desconocido a través de los países…
Imposible sacar las moscas del pañal de hermanito. Por suerte llega mamá, despeinada, y me señala la puerta de casa para que entre.
Papá me infló las ruedas de la bici y salí a pasear por la cuadra. Primero iba de esquina a esquina y después empecé a dar la vuelta de manzana.
Cuando la llanta se pincha hace frzzzzzz, frzzzzzz.
La hija de Don Emanuel me llama gritando y me pregunta qué ando haciendo, si no quiero ir con ella y su bebito a la playa. Mamá dice que sí, que vaya pero creo que está celosa de la hija de Don Emanuel.
La hija de Don Emanuel maneja rápido y mientras lo hace, canta en voz alta: Te hallaré en mí/ Como un jarrón/ Lago de forma mía/ Más que un suspiro es una fiebre helada/ Al volver.
En los semáforos, algunos se la quedan mirando y le gritan loca o puta o malas palabras. Cuando doblamos por la Costa voy mirando del lado del agua, sé mirar bien la vida.
Antes de salir del auto, la hija de Don Emanuel me saca la remera y me pasa una crema blanca por todo el cuerpo. Mientras le pasa la misma crema al bebito me dice que no me aleje de su vista y que siempre que vaya al agua le avise antes a ella.
La playa está llena de gente y pasan hombres vestidos de blanco vendiendo helados y anteojos para el sol.
La hija de Don Emanuel abre la sombrilla y un hombre le pregunta si quiere que se la clave. Puedo sola, contesta. Después me mira y me dice: Eso es un baboso. Cuando la sombrilla ya está firme se saca el pantalón y la remera. Yo veo como todos los hombres la miran y los imito. ¿Qué pasa Agustín, te hipnoticé?, me pregunta, riéndose. No sé, le respondo yo y ella me pellizca el cachete.
El bebito duerme en una canasta y yo recién vuelvo del mar. Una ola me tiró y tengo una herida naranja en la rodilla. La hija de Don Emanuel me pregunta cómo la estoy pasando.
-La estoy pasando muy bien, gracias por traerme a la playa.
La hija de Don Emanuel está acostada boca abajo, se desabrocha el corpiño y me dice que ahora yo le pase la crema a ella. La piel de la hija de Don Emanuel es suave y en algunas partes hay más carne y en otras partes sólo hay huesos. Los hombres de alrededor miran todo el cuerpo de la hija de Emanuel, desde la nuca a los pies. Deben estar hipnotizados.
-¿Y?- me pregunta, cuando ya terminé de pasarle la crema-, ¿tengo buen cutis?
Yo me refriego las manos porque se me están pegando pedazos de arena a los restos de la crema blanca. No sé exactamente qué será el cutis pero seguro que la hija de Don Emanuel lo tiene bueno.
La hija de Don Emanuel fuma y un señor le pide fuego.
-¿Cuántos años tenés?
-21.
-¿Y estos dos críos son tuyos?
-El grande no, el chiquito sí.
El señor prende su cigarrillo con la punta del de la hija de Don Emanuel.
-¿Tenés novio?
La hija de Don Emanuel no contesta y como el señor le mira el cuerpo de arriba abajo le pide que se vaya.
Qué mala onda, dice el señor. La hija de Don Emanuel me mira a los ojos y dice: Un pesado, vos seguro que no vas a ser así, tenés 8 años pero sos todo un caballero.
Los hombres de pies grandes caminan y, a su paso, llenan todo de arena. ¡Uno tiene el pie tan largo y fino que su novia le dice que parece una pata de rana! Un nene rubio me presta una pala y cerca de la orilla empezamos a cavar.
-Si cavamos bien podemos irnos a la China- dice el nene rubio.
-Yo no quiero irme a la China.
-¿Ni siquiera te irías conmigo que te presté la pala?
Después de cavar un rato largo, el nene rubio comprendió que nunca iba a poder llegar a la China. Se entristeció, pero de a poco pudimos ver como brotaba agua del agujero que nosotros mismos habíamos hecho. Cavamos más. Cuando el agua nos llegó a las rodillas, nos metimos los dos juntos. Los demás nenes nos miraban con mucha envidia y las nenas nos aplaudían.
Cuando ya empieza a hacer un poco de fresco, la hija de Don Emanuel se levanta y me dice que nos tenemos que ir.
En la vuelta, la hija de Don Emanuel para en una panadería y compra un montón de facturas. Con la boca llena, me mira a mí y canta, muy divertida: Hace mucho tiempo había un maquinista/ De locomotora vieja y duradora/ Y se calentó y se transformó en/ El mono tremendo/ El mono tremendo se viste ¿con qué?/ Con piel/ De búfalo asado.
Creo que estoy enamorado de la hija de Don Emanuel y que este amor es como los de las novelas que mira mamá: Prohibido.
Es de noche ya, estamos esperando que papá llegue cuando escucho que alguien pica una pelota. ¿Quién será?
-Mamá, ¿a los hijos de Caty les compraron una pelota nueva?
Mamá no responde y se ríe. De repente, a través de las cortinas de la puerta, entra picando una pelota nueva. Atrás viene papá y me dice que la agarre, que la consiguió justo para nosotros.
-Fijate los colores.
Yo la miro y veo que los gajos son blancos y rojos y tienen el escudo de River Plate.
Los grillos están cantando a todo lo que da, papá dice que son los murmullos de la hinchada que está esperando el partido que nosotros dos vamos a jugar
-¿Vamos a jugar ahora, de noche?
-¿Qué?, ¿no querés?
-Si, sí que quiero.
Papá y yo jugamos hasta tarde en el patio. Mamá, con hermanito en brazos, se reía a las carcajadas. Parecés un nene, le decía a mi papá. Con la humedad del pasto, los gajos nuevos brillaban mientras la pelota rodaba en la noche…
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Una canción
ELEMENTALES LECHES

A excepción de ese elocuente estribillo que se repite cual mantra hindú (Lo que está y no se usa nos fulminará), no tengo la más mínima idea sobre el significado concreto de la letra de mi canción favorita: “Elementales leches”, de Invisible (Luis Alberto Spinetta). Sé, sin dudas, que es superior a “Cantata de puentes amarillos”, a “Para ir”, a “Dale gracias”, todos temas del mismo autor que colocaría en la cumbre de la música argentina, si esta última existiera. Incluso, hasta hace poco, me confundía partes de la letra: donde dice “La totalidad de tu cuerpo eterno no es maldita”, yo cantaba “no es maligna”, donde dice “Curvas del aire son/ puertas del blanco barco lento/ de las horas, desvelo”, yo cantaba “…barco lento de las horas del reloj”. Así y todo me seguía gustando. Aunque parezca increíble, “Elementales leches”, un tema que ya muchos cráneos del rock argentino quisieran apenas advertir en medio del farragoso pantano de sus escuálidos cerebros, fue uno de los simples que antecedió al primer disco de Invisible, junto a otras maravillas: los metafísicos sonidos heavys de “Los que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo” y “Llave del mandala”. Más tarde aparecería otro simple extraordinario: “Viejos ratones del tiempo”. En 1975, según rezan los libros de historia del rock, se prohibió la tapa del disco Durazno Sangrando (por poseer una figura semejante a una vagina) como así también los temas “Me gusta ese tajo” y “Elementales leches”, probablemente porque los harto reprimidos censores interpretaron las “leches” en su acepción de amamantamiento o en la cual tal término equivale a hablar de semen. Esta explicación (aún legítima, sirve para comprender la perversidad de quienes dicen defender la moral) fue plasmada por el dibujante Miguel Rep en un número de la revista La Mano: en la imagen se observaba a un hombre y una mujer chorreando leche por sus “elementales partes”, con el nombre del tema a modo de título. En Martropía, el libro de Juan Carlos Diez, Spinetta dice: “En Rosario, para un concierto de Invisible, nos prohibieron el afiche de Durazno porque decía que era una vagina sangrando. ¡Qué imbéciles! Y también nos prohibieron el tema “Elementales leches”. Y no mucho más. Es factible que ni el por qué de la censura ni el significado puro de la canción se sepan. Por otro lado, “Elementales leches”, intrínsicamente inexplicable, todavía conserva el necesario halo subversivo que la vuelve irresistible: es atemporal y pertenece a una época en la que el rock todavía producía ruido y furia en las mentes. Personalmente creo que contiene “la cifra”, el pase mágico e indecible de lo que debe ser un tema de rock. A pesar de su dificultad, puede ser entendida como una canción pop, con la voz al frente, las guitarras conformando una melodía redonda y una letra compleja que, de todos modos, se puede memorizar. Cada tanto invento una interpretación posible para su lírica. Más tarde vuelvo a cambiarla. Y así eternamente hasta que la letra se convierte en la esfera tornasolada que Carlos Argentino Daneri guarda en la casa de la calle Garay y habla de todo: las energías que se desperdician, el pecado original, “las puertas de la percepción” de Huxley, Jung, las alucinaciones psicodélicas del LSD, el budismo zen, el erotismo y una larga lista de etcéteras. Como Borges dice de los libros clásicos en “Otras inquisiciones”, yo suelo escuchar “Elementales leches” urgido por diversas razones, con previo fervor y misteriosa lealtad. Para finalizar, un pequeño detalle que pretenderá exhortar a los desganados: nadie, luego de oírla, es indiferente a “Elementales leches”. Sayonara.

Elementales leches- Invisible

Curvas del aire son
puertas del blanco barco lento
de las horas, desvelo.
Hijos, amigos, muerden
aquellas hojas de sus pies
y elementales leches.

Lo que está y no se usa
nos fulminará.
Lo que está y no se usa
nos fulminará.

Siempre despacio sueñan
las humaredas que descansan
en la luna calma.
Hijos, amigos, vengan,
Suyo es el fruto
que olvidaron en el árbol.
Miedo.

Lo que está y no se usa
nos fulminará.
Lo que está y no se usa
nos fulminará.

La totalidad de tu cuerpo eterno
no es maldita.
La semilla crece
donde el sol la deposita.
Y bien,
los vientos en retorno
son sangres marginales
y cuerpos en colores.

Hijos, amigos, vengan,
suyo es el fruto
que olvidaron en el árbol.
Miedo.
Hijos, amigos, muerden
aquellas hojas de sus pies
y elementales leches.

7 comentarios:

Avenida Luro dijo...

El de las alucinaciones es el LSD, aunque sería una buena estrategia para vender televisores.

Qué grande Spinetta! Durazno Sangrando también se merece la hipotética cumbre del rock...

Saludos

Nicolas dijo...

Excelente.
En general.
Más también elementales...

He visto varios comentarios sobre el flaco, pues me sale la pregunta si sabes cuando tiene en mente volver a los escenarios este.

un suerte lejano, salu2.

Anónimo dijo...

Que bueno que volvieron los cuentos! Festejo particularmente este ultimo. Me gusta que te hayas largado a escribir un cuento sobre realizaciones cuando tus ultimos cuentos venian desembocando predominantemente en la frustracion. El personaje del nene esta muchisimo mejor logrado que en aquel cuento que habias escrito hace unos meses. En aquel caso recuerdo que el chico oscilaba demasiado entre la inocencia y el avivamiento. Aca sin dudas es un nene, no hace falta saber su edad. Lo unico que me resulta un poco inverosimil es la facilidad del nene para recordar los obtusos versos que canta la hija de Don Emanuel, pero al margen de este detalle todo lo demas esta muy bien. Las imagenes de la pelota mojada por el rocio y la de la mano del bebe apretando el vestido de la madre son excelentes, de una sensibilidad y capacidad de observacion notables. Este cuento se me presenta como un medio perfecto para reivindicar esas formas no materialistas de la felicidad que parecen estar en extincion por estos dias.

Un abrazo y gracias,

Marplatense Ajeno

Martín Zariello dijo...

Marpla: si, este cuento vendría a ser la versión superadora (¿?) del anterior que decís, que es medio choto (este es un cuarto de choto). Ya que notás lo de las canciones lo explico: ahí iba a transcribir unas cumbias pero me pareció medio obvio que los habitantes de un barrio humilde tengan que cantar cumbias, entonces la chica canta Spinetta, Lago de forma mía y El mono tremendo.

Saludos Nicolás, Avenida y Marplatense. Me voy a viajar con LCD!!!!!!!! Ah, no, LSD! (Hagamos de cuenta que nadie se dio cuenta)

Cine Braille dijo...

Suerte con la aerolínea esa, ojo que hay mucho trucho (me acuerdo de una vez en Punta del Diablo, Uruguay... nos vieron la cara).
No voy a discutir la calidad de Elementales..., pero yo tengo otros dos favoritos de Invisible, que segun el día son Los Libros de la Buena Memoria o Suspensión. A Suspensión se lo oí tocar a Fito acá, un verano, con él en la guitarra, y dije epa. Terrible tema. A todos los temas de Invisible hay que escucharlos más de una vez: la primera, escuchar todo. La segunda, sólo la letra. Y luego prestarle atención a cada instrumento por vez: Pomo y Machi son dos capos. Y otro grupo que recomiendo escuchar así es Serú Girán, digamos A los Jóvenes de Ayer para empezar.

agn dijo...

me sorprendió absolutamente la mina cantando al flaco! eso es un cuento con marcado estilo corvinesco!
no se porqué pero que sea tan 'alegre' o 'redondo' me da miedo, me deja una expectativa de tragedia hasta el último punto. librandome de eso, es hermoso, nuevo.
y quizás el refugio en la letra al que parece querés replegarte en el siguiente post.

.elementales es un tema terrible, redondo, atrapante. y casi agradezco que no lo haya reabordado para los shows en vivo ni lo toque, nunca.

saludos corvino.

Jorge dijo...

Si uno puede vivenciar las escenas que las imágenes pintan, escuchar las voces y hasta ver a alguien tirado en una playa...agregando que ciertos recuerdos de pronto te sorprenden en "tan parecidos" en cuanto a lo que esa pelota desgajada te lleva en viaje hacia:(otras pelotas de medias, hasta de vejiga de vaca, esponjas-hongos secos, los sacachispas consuelo ante el cuero caro, etc). Concluyo que es un buen relato, ha cumplido en mis significados tal vez un poco más que tu pretensión de autor. Agradezco a Rosalía por mandarme tu enlace. Gracias por estar.