jueves, 13 de diciembre de 2012
¡Tío Abuelo, Tío Abuelo!
lunes, 6 de septiembre de 2010
¡Aleluya, Señor!

Donde exista una necesidad habrá un derecho y una canción de Leonard Cohen. He aquí la única similitud entre el Estado Anímico y el del Bienestar.
En realidad no deberían presentarse excusas de este tipo (un nuevo disco en vivo) para decir algo sobre Leonard Cohen. En cualquier momento y lugar, ajeno a cuestiones coyunturales, el tópico sobre su obra se impone por la prepotencia de su calidad.
Como Homero Manzi, Leonard Cohen pudo haber sido un hombre de letras (y lo fue), pero prefirió escribir letras para los hombres. Y así, como explica en el tema "Because Of", se ganó el amor de muchas mujeres que lo trataron muy bien por haber querido desentrañar su misterio.
Cuando la vida se estanca y sacarle un punto al último equipo de la tabla no es mal partido. Cuando sentimos la horrible sensación de que ha muerto nuestro padre o nuestro perro. Oímos un murmullo a la distancia. Son las canciones de Leonard Cohen esperándonos. Es que al igual que el tango, durante nuestra estancia en el Planeta Tierra, es imprescindible que su obra nos encuentre en alguna esquina del destino.
Algunos músicos extraordinarios perdieron décadas enteras intentando adaptarse a los nuevos tiempos. Es el caso de Bob Dylan y Paul McCartney, a los que, durante los 80' y buena parte de los 90', no se les dejó de escapar la tortuga. Otros, como Charly García, inventaron un nuevo avatar para camuflar el inevitable decline. La producción discográfica que empieza en
En fin, no podés forzar el paso del tiempo y presentarte en la casa de tu ex como si no te hubiese pegado una patada en el culo.
Sé que no es una opinión generalizada, pero yo creo que a Cohen, finalmente, todo le salió bien. No es que nunca haya mordido la banquina del fracaso (comercial o artístico), pero cuando no supo qué grabar, en vez de atestar el mercado con discos malos, prefirió el silencio. Y cuando las nieves platearon su sien, aceptó la vejez con tal elegancia que, a más de uno, le entraron ganas de volverse un anciano.
En el principio fue la palabra. Cohen era un trovador que se valía de la escena folk (más espontánea gracias a la irrupción subversiva de Dylan) para traficar poesía. Provenía de los círculos literarios de Canadá y en Nueva York se codeó con los beatniks. Había publicado varios libros (incluso dos novelas). Por eso su caso es único. No hay muchos que hayan ido de las páginas encuadernadas a los pentagramas y salieran vivos en el intento. En realidad no tiene mucho que ver con ningún movimiento o corriente en particular. Mucho menos con el rock, al que excede largamente. Elige el género que le permita expresar en forma más acabada su discurso. Y estos van desde el country, el blues, el jazz y el flamenco hasta cierto fraseo propio del rap y sonidos del lounge y el tecno.
Los primeros tres discos responden a una misma línea. Podrían haber sido de cualquier tipo que contara con una guitarra, algo para decir y una voz sugerente. Pero los grabó él. Esa trilogía extraordinaria (Songs of Leonard Cohen, del 68', Songs from a Room, del 69' y Songs of love and hate, del 71') erige un nuevo paradigma en el microcosmos de los cantautores. Aún sigue vigente. Los clásicos son instantáneos: "Suzanne", "Sisters of Mercy", "So Long, Marianne", "Bird on the Wire", "Famous Blue Raincoat", etc.
New Skin for the Old Ceremony (1974) marca un quiebre. Sintéticamente, podríamos decir que deja atrás la estética minimalista. En primer lugar, un detalle iconográfico: es el primero que no tiene su rostro en la portada. Por otro lado, los arreglos ya no son tan escuetos. Hay una elaboración más detallada que enriquece y amplifica el tono de las canciones. Se destaca "Chelsea Hotel" (el tema dedicado a Janis Joplin, del que luego se avergonzaría), la genial "Lover lover lover" (que en vivo se convierte en una suite todavía más atractiva), "Why Don't You Try" y "There Is a War" (que lo acerca al rock e inaugura una de sus vertientes más difundidas: la del texto apocalíptico).
En 1977 Cohen hace lo que todo gran músico de su época: deja en manos de Phil Spector la producción de uno de sus discos y se siente decepcionado. La tradicional pared de sonido del loco Spector (siempre armado y condenado por homicidio en el año 2003) reviste orquestalmente las canciones del cantautor y el resultado, aunque bufen los eunucos, es genial. La sensación de escuchar a un artista hacer algo ajeno a su naturaleza también puede ser embriagadora porque, como si se tratara de una revolución de los sentidos, rompe con todos nuestros preconceptos. Una rareza magistral dentro de su discografía. Para darnos una idea, es el equivalente a Solo el amor puede sostener, el trabajo de Spinetta en inglés y con letras de Vilas. Pero si con el tiempo este último es una broma, Death of a Ladies' Man es impactante. Si antes las canciones de Cohen solían tener una introducción calma para subir en intensidad hasta arribar a un crescendo dramático, ¡ahora son puro clímax desde que empiezan hasta que terminan! Por primera vez en su carrera la voz está en un segundo plano, ¡se le presta atención a la percusión! y los arreglos son ambiciosos, como si fuera un Frank Sinatra pasado de revoluciones y bañado en ácido. "Memories" y "Iodine" son algunas de mis favoritas.
Después vino otro disco sin pena ni gloria y una ausencia prolongada. El punk y la new wave deben haber confundido bastante a nuestro querido y algo anticuado Maestro.
No al tercer día, pero resucitó. A partir de mediados de la década de los 80, Cohen se rodeó de una parafernalia sonoro de dudoso gusto (coros femeninos, saxofones escalofriantes a lo Kenny G, sintetizadores propios del pop más berreta) que, al contrario de lo que se podría pensar, ayudó aun más a configurar su leyenda. Todo eso que remite a las radios para adultos y los ascensores y las cortinas musicales de series ochentosas y que en otro hubiese significado un pasaje directo al patíbulo, vaya uno a saber por qué, en Cohen parece el summum de lo cool. Como si el solo hecho de que él lo haga, resignificara todo el equipamiento kitsch.
Es otra trilogía, entonces, la que cierra el periodo más vital de su carrera: Various Positions (1984), I’m Your Man (1988) y The Future (1992). Aquí los clásicos se multiplican y Leonard Cohen se convierte en un crooner, especie de predicador místico del pesimismo posmoderno que sólo haya redención en Dios, el Amor, los Excesos y el Sexo. Aunque a veces, ni siquiera. Todo cubierto de una pátina de agudo sarcasmo, propio del hombre experimentado harto de su solemnidad. "Coming Back to You", "Everybody Knows", "Tower of Song", "Waiting for the Miracle" y "Democracy" son algunas de las perlas de su último legado.
Brillan dos canciones antagónicas entre sí, de las más grandiosas que escucharemos en nuestras vidas. Una es "Hallelujah", en la que Cohen se pone el traje de pastor profano que tan bien le calza. A bordo de un mensaje revelador y luminoso, verso a verso, golpe a golpe, hace referencia a una historia de amor y logra atravesar cualquier credo (incluidos ateos y agnósticos). Sublime. Del otro lado del espejo se encuentra "The Future", amarga distopía que habla más del presente que del porvenir. Consecuencia de su hipnótica melodía y la poderosa voz de su autor, llegó a transformarse en un hit a mediados de los 90'.
Cuenta la leyenda que alguna vez el mismísimo Zimmerman dijo que, de no haber sido Bob Dylan, hubiese querido ser Leonard Cohen. Declaración por la que podemos intuir que el autor de "Like a rolling stone", a pesar de todas sus crisis, está muy a gusto con quien es, puesto que, aunque son muy diferentes, lo más parecido a Cohen en el universo es Dylan. Artistas canonizados en vida que significan algo así como la "asamblea legislativa no reconocida del mundo". Para comprobar esta observación sólo hace falta ver lo ridículos que quedan los demás músicos (por más buenos que sean) cuando están a su lado. ¡Parece que forman parte de dimensiones diferentes! Cuando estos tipos se vayan, el vacío no podrá ser llenado ni con un ejército de los grupos y solistas que lideran los charts (¿existen los charts?). Algo así como la versión rock de Thomas Pynchon y J.D Salinger. Grabaron juntos algún tema en un disco del canadiense con Allen Ginsberg ("Don't Go Home With Your Hard-on"). Incluso puede que, finales de la década del 60' y principios del 70', se haya dado algún tipo de retroalimentación lírico-musical entre los dos cracks, al estilo Beach Boys/Beatles. Esto no surge explícitamente de ninguna crónica, pero sería placentero saber, por ejemplo, que Dylan hizo Blood on the tracks (1975) para superar New Skin for the Old Ceremony (1974).
¿Y por qué no reconocer que la voz carrasposa con la que Dylan reinventó su carrera a partir de Time Out Of Mind remite a la de Cohen?
Tal vez no sea percibido con rigurosidad, pero allí donde hay un compositor con cierta pretensión poética, está la huella de Leonard Cohen. Es infalible. El virus abarca desde Joaquín Sabina, Enrique Bunbury y el Indio Solari hasta Nick Cave, Tom Waits y los finados Luca Prodan y Jeff Buckley.
Si nunca lo escuchaste, es probable que seas fanático de él sin haberte dado cuenta. Suele pasar.
Como muchos de los antihéroes de la contracultura norteamericana, Cohen se volvió masivo en los 90' cuando sus canciones fueron parte del soundtrack de Asesinos por naturaleza. El "sistema", esa entelequia a la que su generación se había resistido, lo adoptaba como uno más de sus hijos pródigos. Luego vendría el destierro en un monasterio zen, la bancarrota por la traición de un manager, el regreso a los estudios y los escenarios. En I’m Your Man (2005), un documental que repasa su itinerario a través de un concierto tributo, se lo puede ver viejo y sabio, destilando una falsa modestia cuasi borgeana. En estos días se edita Songs From The Road, un disco en vivo que se suma a Live in London, un doble del año pasado. Allí repasa todos sus clásicos y hace gala de su voz, cada vez más grave, deshecha y perfecta. En realidad quería escribir sobre eso. Pero, everybody knows, creo que se me hizo demasiado extenso y tarde. Sayonara, Leonard.
martes, 24 de agosto de 2010
La rebelión consiste en escuchar Los Redondos hasta pulverizarse los oídos

Sucede que cuando nos enteramos a qué se refieren las letras (en base a investigaciones de
Limón era el guardaespaldas de Pablo Escobar.
Tal tema está dedicado a X periodista (que siempre responde al nombre de Enrique Symns).
Tal otro fue compuesto después de que el Indio sufriera apendicitis.
¿Para qué quiero saber todo eso? Ni el propio Solari debe estar seguro. Y está bien que así sea. A veces el poeta es un intermediario y termina por enunciar fenómenos lingüísticos que lo exceden. En el traspaso quizás se perdió el significado. Antes de afirmar que el 95 por ciento de las letras hablan de la falopa, mejor imaginar al Indio Solari en la terraza en una noche de tormenta. A través de una máquina de avanzada recibe descargas eléctricas que, decodificadas, contienen un lenguaje sensible. Es evidente: se trata de un pararrayos que capta la poesía de otras galaxias. Como sabemos todos, la buena poesía trasciende los mundos, de allí provienen frases que nos parecen intentendibles pero son completamente sugestivas (tomemos por caso un solo disco, Oktubre): "Pará, mi amor, esto está muy shangai", "Practicamos tiro al pichón y un test para ir al espacio", "Motor psico, el mercado de todo amor, lo que debes, ¿cómo puedes quedártelo?".
Me remito al gran Werner Herzog en el diario de rodaje de Fitzcarraldo: “Laplace habló de aplanar la pendiente hasta que tenga una caída de sólo doce por ciento. Le dije que no lo iba a permitir porque de esa forma perderíamos la metáfora central de la película. Metáfora de qué, me preguntó. Le dije que eso no lo sabía, sólo que era una gran metáfora”.
Existe cierta magia en las cosas que no se explican e igual nos atraen. ¿Por qué el fútbol y no el remo es pasión de multitudes? ¿Por qué con esa mujer y no otra perdí la cabeza? ¿Por qué, por qué? Eso es lo que más preguntan los nenes de cinco años al comprender el lugar al que fueron a parar. No me sirve de nada saber que cuando estoy enamorado el cerebro segrega una sustancia llamada feniletilamina, amo y ya. Atreverse a buscarle significado a las letras de Patricio Rey es muy temerario. Así lo prueban las miles y miles de interpretaciones que los fans publican en la red. Son enternecedoras e insufribles.
Complementa esta vertiente que con mucha (o poca) imaginación podemos llamar neobarroca (que incluye neologismos, giros idiomáticos, juegos de palabras), una facilidad de Solari para elaborar aforismos de consumo masivo. Éstos versan sobre el amor, la sociedad, el curso del mundo, la vida y otras yerbas. Son irresistibles y aptos para todo público. Están en el paredón de la esquina de tu casa y entre las citas favoritas de miles de usuarios de facebook, al igual que berretadas del tipo "Ven a dormir conmigo, no haremos el amor, él nos hará" o "El mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón" o "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos".
Se calcula que en
Violencia es mentir. El lujo es vulgaridad. Nuestro amo juega al esclavo. Dos que se quieren se dicen cualquier cosa. No sé si me gusta más que el rock, nunca la vi llorar. Las minitas aman los payasos y la pasta de campeón. Vivir sólo cuesta vida. La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo. Las despedidas son esos dolores dulces. No se entiende el menú, pero la salsa abunda. El mejor testigo se puede contradecir. Cuanto más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve. El futuro llegó hace rato. La más linda del amor que un tonto ha visto soñar.
Epa, epa, de repente nos damos cuenta de que varios de los mensajes que están incrustados en nuestro inconsciente colectivo son obra de la mente brillante de Carlos Alberto Solari. Algo similar sucede con otro Carlos Alberto pero apellidado García Moreno.
Pero ¿por qué Los Redondos explotan en la psique del joven de barrio? Alguna vez el Indio Solari, ya entrado en años, autor de insultos tales como "Aristócrata de cotillón", se sinceró y dijo no saber cuál era su conexión con un pibe de Laferrere. Hay algo claro: pocos sonidos tienen más correlación que los de Patricio Rey con el imaginario de un suburbio. No me pregunten por qué. Hay ciertas fotografías que se nos vienen a la mente cuando escuchamos cierta música instrumental. Angelo Baladamenti hizo la banda sonora de Twin Peaks con David Lynch al lado diciéndole que se imagine un bosque oscuro, la brisa que sopla a través de los árboles, una muchacha triste alejándose. Y cuando escuchamos la música de Twin Peaks, aun sin haber visto la serie, ¿en qué pensamos?: un bosque oscuro, la brisa que sopla a través de los árboles, una muchacha triste alejándose...
Podemos reducir al absurdo esta hipótesis de la mano de Woody Allen: "No puedo escuchar mucho a Wagner porque enseguida me entran ganas de invadir Polonia".
Así que la respuesta la tendrá Skay Beilinson, ese guitarrista único en su especie. Porque en Los Redondos hay tanto hard rock, blues y post punk como aires de ritmos balcánicos, músicas étnicas, polka, tonos arabescos. Del rock and roll oscuro y a la vez festivo del principio (con temas hermosos que en su mayoría no llegaron al disco: "Un tal Briggite Bardot", "El regreso de Mao", "Nena nene" y esa joya llamada "Mi genio amor") al espectro tan personal de Oktubre (1986) se pasó al rock para estadios de Un baión para el ojo idiot (1988). Bang Bang Estás liquidado,
La música de Los Redondos se amplificó y el Indio se volvió un tanto más legible, lineal. Hay un movimiento que va de las energías superiores y metafísicas que tomaban entidad a través de Patricio Rey (
En el medio ocurren la muerte de Walter Bulacio, los disturbios y las prohibiciones para tocar en algunas ciudades. El "sistema", que ya los había dejado afuera por no tener recursos para estudiar o progresar laboralmente, ahora no les permite ni siquiera ver a Los Redondos. Cuando se percibe al enemigo nítidamente no tenemos tiempo de preguntarnos nada y se consolida lo que pensamos. Los golpes profundizaron aun más la huella de la banda en su público. ¡La cuestión se complica si el enemigo está en todas partes y ninguna! Ahí no hay certidumbre que nos tranquilice porque no sabemos de qué lado de la mecha nos encontramos. Puede fusilarnos hasta
En la discografía pirata paralela a la oficial, compuesta por conciertos en vivo, también se nota este pasaje. En los tempranos 80' Solari es un frontman relajado, agradecido con su público, ocurrente. El tiempo y las circunstancias lo transformaron. La multitud no se maneja sola y él debe hacer las veces de Maestro Ciruela: cagarlos a pedo, putearlos cuando se mandan una macana. Nada peor para un músico de rock que convertirse en la policía. Mucho más para una banda como Los Redondos que según cuentan quienes saben eran un canto a la libertad.
Luzbelito es el clímax: el disco es un greatest hits nato, sonido ultra hi fi, una súper banda capaz de llenar River cuantas veces quiera (literalmente). En Último bondi a Finisterre y Momo Sampler se incorporan máquinas, se usan samplers, la voz del Indio aparece detrás de capas y capas de sonido. Los personajes son parte de una distopía virtual. Es un volantazo casi tan tardío como el comienzo de cuatrimestre en la Facultad de Humanidades. "La pequeña novia del carioca" lo justifica.
Los Redondos sacan su música de la anacrónica casetera y la arrojan al ciberespacio. Los discos solistas evidencian cuál de los dos líderes llevaba la antorcha de lo nuevo.
Sin Redondos en
Ahora la discusión está zanjada (es decir que alrededor de la misma se cavó un pozo y quien intente acercarse se cae y se muere) pero en los 90', cuando estaba de moda ser un boludo, cierta inteligentzia esnob desdeñaba a los Redondos. Son esos círculos selectos que echan a rodar calificaciones taxativas hasta lograr que todos las repitamos sin pensar. De no hacerlo nos sentimos tontos o "grasas" o vaya a saber qué. Nuestra tarea en el mundo es luchar contra estos estúpidos y escuchar y leer y ver lo que se nos cante independientemente de que un crítico, un periodista, un escritor o un blogger (¡válgame deux ex machina!) digan lo contrario. Fuerza Bruta es el mejor espectáculo de los últimos 100 años. Las películas de Lucía Puenzo son geniales. Lisandro Aristimuño hace buena música. Se me ocurren esos ejemplos, no porque Fuerza Bruta o Puenzo o Aristimuño sean "malos" (¡qué temeridad acusar de maldad a una obra de arte!), sino porque escucho y leo a mucha "gente" halagarlos pero intuitivamente me doy cuenta de que en realidad no los conocen, están siendo hablados por la inteligentzia. Lo mismo con Los Redondos. Lo que camuflaba esta diatriba era un gran prejuicio de clase: ninguna banda puede ser buena si la sigue "la negrada".
No estoy en condiciones de delimitar etimológica ni ontológicamente qué es cultura. Sí estoy seguro de que todo lo que percibimos como un hecho cultural a través de los medios (muestras de arte, festivales de cine o literatura, exposiciones, conciertos de música experimental) se relaciona más con pertenecer a sectores socio-económicos que con el hecho cultural en sí. Con discursos de trasfondo elitista. Con el anhelo de vidriera social de sus actores principales. Si eso es la cultura estamos fritos, porque deja al 99,9 por ciento del pueblo afuera. Digo "pueblo" y no "gente". El primero "quiere saber", el segundo es una construcción ficticia que suele sentirse ajena a todo a excepción de su bolsillo. De ahí lugares comunes horrorosos como "la gente se siente rehén de la disputa entre Clarín y el Gobierno" o "a la gente no le importa lo que pasó en Papel Prensa". La gente desprecia la política, el pueblo la hace. El pueblo también es modelado a gusto de quien tenga el Poder, pero da la sensación de que preexiste más allá de todo. En cambio sin TN o Clarín o América TV, ¿existiría la gente que marcha por la inseguridad, por la suba del tomate, por la caducidad de fibertel? Y así podría seguir durante varias horas, pero no es el objetivo. Apuntaba a señalar los conciertos de Los Redondos como unos de los hechos culturales más notables de la democracia. Un fenómeno artístico de excepción que atravesaba todas las capas sociales. Es decir que apuntaba a algo repetido en miles de ocasiones, entonces (tra)vestí ese algo con metros de retórica vacía para que parezca bonito. En fin, sus recitales eran, ante la debacle dirigencial y la aparente clausura ideológica, una decisión política.
En el regreso del 2007, los recitales de Soda Stereo se asemejaban al bunker del PRO. Gente hermosa, rubia, que apestaba a perfume y hacía grandes esfuerzos para no rozarse. Antes de que los eunucos bufen quiero aclarar que uno de ellos era yo (aunque no soy hermoso ni rubio ni apesto a perfume). Sepan, de paso, que todo lo que aquí se escribe es autocrítica. Volvamos. En las imágenes recientemente subidas a You Tube que testimonian los conciertos de Los Redondos en Racing (diciembre de 1998) se tiene la impresión de que allí está por ocurrir la toma de
Durante mayo, el mismo día que se difundió la información de que había material inédito de la banda en la red, TN proyectó durante toda la tarde la interpretación de “Ji ji ji”. Los conductores ablandaron por un rato la rigidez de sus rictus (con Maestrías en Caos, Crisis e Inseguridad) e hicieron grandes esfuerzos por dar a entender que entendían. Pero se notó que tenían menos rock que los Jonas Brothers. Por la noche, 6 7 8 abrió con la versión en vivo de “Juguetes perdidos”, utilizada desde hace rato para musicalizar las marchas por