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sábado, 3 de julio de 2010

Como en el Maradona Blues

Borges dijo que la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce. Es la pura verdad pero cómo se nota que el viejo genio no sabía nada de fútbol. Ernesto Esteban Etcheñique, el personaje del cuento de Roberto Fontanarrosa fue más sincero: “Se aprende más en la derrota que en la victoria, pero… ¡Prefiero esa ignorancia!”.

A los intentos por intelectualizar o racionalizar (o cualquier verbo que termine con “ar” y se encargue de pasar por el cerebro el latido del corazón) aquellos sucesos que nos conmueven siempre les faltan 5 para el peso. El fútbol es uno de ellos. Es un deporte, no es la muerte de nadie, es la obvia sublimación de nuestras frustaciones cotidianas (¿por qué sino este ambiente de separación amorosa, de velorio a la décima potencia?) pero ni con la mano ni con un toldo (como querría el Bambino) se puede tapar el sol: las palabras no significan nada cuando Alemania hace el tercero y Maradona cubre su rostro en la espalda de Agüero. Entonces un gol de mierda se transforma en una tragedia colectiva y un D.T es la viva imagen del hombre ancestral enfrentado a los laberintos del destino. Y también a los que hacen leña del árbol caído ya sin disimulo, casi orgullosos de su sentido carroñero de la existencia. Inmediatamente consumada la eliminación, con un timing para el oportunismo admirable, Juan Lagares, periodista de Clarín, escribe las diez razones por las cuales la Selección está afuera del Mundial. Entre ellas se cuenta que “Carlos Tevez se enojó cuando nadie se acordó del cumpleaños de Javier Pastore y todos festejaron el de Lionel Messi”. El texto parece escrito con antelación al partido y es la prueba fehaciente de un periodismo vergonzoso que se sube y baja del tren del triunfalismo como si se tratara de un remis.

¿Qué decir sobre el partido? Nada que no se haya advertido después de los encuentros de octavos de final. Alemania estaba varios cuerpos por encima de Argentina y hoy se vio en la práctica que son superiores. Incluso en la comparación jugador por jugador. Siempre es triste la verdad y encima no tiene remedio. Aunque ya lo sabíamos: no, no somos los mejores ni los peores del mundo. Estamos bastante lejos de los dos extremos. Y no, no se comprobó un carajo que se juega como se vive. Los de Loew son un equipo que ataca y defiende en bloque. Organizados pero al mismo tiempo con chispazos de frescura que lo asemejan a un equipo sudamericano. Ozil, Schweinsteiger, Muller, Klose, Khedira, Podolski. Si no son campeones, pega en el palo. Juegan asociadamente abriendo la cancha, haciendo pases en profundidad. Además, consecuencia del físico y la capacidad técnica de sus figuras, desnivelan en el uno contra uno. Esto se vio claramente en el partido contra Inglaterra y encendió la alarma en una Selección Nacional exclusivamente dependiente del arrebato individual de Messi, Tévez o Higuaín. Si a eso le sumamos los desacoples defensivos advertidos a lo largo del torneo y el nivel bajo de algunos jugadores, la derrota no era número puesto, pero se avecinaba en el horizonte. Como si el a priori no fuese complejo, los tipos nos meten un gol de pelota parada a los 3 minutos. Ese mazazo anímico dejó al equipo argentino completamente groggy. Le costó muchísimo hacer pie y soportar la presión de los alemanes que, envalentonados, nos llegaban desde todos los costados. La ausencia de mediocampistas habituados a conservar el balón (algo explícito en el partido anterior que el cuerpo técnico pareció o prefirió obviar) fue significativa. Obligaba a Messi a bajar hasta el círculo central, hacerse de la pelota y, acto seguido, enfrentarse a toda la artillería alemana. Y como ya dijo Gurdjieff y repitió Minimal (y Maradona en la conferencia de prensa): un hombre solo no puede hacer nada. Messi necesitaba un socio y ninguno de los jugadores estuvo a su altura. Maxi Rodríguez hizo un gran partido pero no es el ideal para esta función. Di María completó un primer tiempo muy malo. Tévez empecinado en chocar y hacer la individual. Higuaín en la disyuntiva entre bajar o quedarse arriba esperando el milagro. Cuando ingresó Pastore ya estaba todo cocinado. En los primeros 20 minutos del S.T Argentina se adelantó en el campo e inclinó la cancha, pero sin crear una sola situación de peligro real. Alemania estaba muy bien parada atrás, aguantó la embestida y de contragolpe se dedicó a redondear una actuación soberbia, para nosotros, muy dolorosa.

Ahora volvemos a la vida real. De repente me interesa más una aceituna que el Mundial Sudáfrica 2010. Encima está nublado y hace frío. La hipotética imagen de un Arsenal-River un domingo de agosto me provoca escalofríos. Los dejo con una canción triste para que se sientan mejor.

Maradona Blues (Charly García)

Yo ya no existo sin pasado,

entre la oscuridad y la luz.

Yo sé que existo en otro lado,

yo ya perdí mi autobús,

como en el Maradona Blues.

Un accidente no es pecado,

y no es pecado estar así.

Pero aquí estoy en este lado,

por eso déjame salir,

yo sólo quiero tu vivir.

¿Qué es el pasado en nuestras vidas?

¿Por qué ese peso sigue aquí?

Yo te he cuidado,

pero ahora es cara o cruz,

yo no te di mi fucking blues,

es sólo un Maradona Blues...

Yo ya te entiendo, hice todo para ser,

yo no sé qué hago con mi luz,

y tengo el Maradona Blues.

No sé qué droga te arenga más que yo,

pero esta lluvia no pasó,

estoy llorando aquí por vos...