1. Hay una
categoría de la que no se habla mucho y que, según creo, no analizó ningún
teórico conocido. Me refiero a lo raro. Lo raro es lo que empezamos a buscar en
la pubertad, cuando por primera vez queremos diferenciarnos de nuestros padres.
Lo raro es todo lo ajeno a la familia, al orden institucional establecido. El
rock, el cine clase B, la pornografía, no existirían si no fuese por nuestra
necesidad de encontrar cosas raras. Lo raro funciona cuando sucede
naturalmente, no cuando está impostado. Por eso Moris desestima al que “le
súper gusta hacerse el raro” (y su fama lo tiene muy preocupado). Raro se nace.
Y serlo es una fatalidad, no una excusa para vestirse cool. A los raros les
hacen bullying en la Secundaria, nadie les manda una solicitud de amistad en Facebook
y los sábados a la noche se quedan solos mirando videos de YouTube. En Cronenberg
la rareza es espontánea. Cronenberg es un maestro de lo raro.
2. Cuando empezó Cosmopolis
creí que estaba ambientada en los 80. Después me pareció en un futuro
incierto. O en el presente. Ahí comprendí que en todas las películas de
Cronenberg pasa algo extraño con el tiempo. No hay pasado ni presente ni
futuro. Es el tiempo Cronenberg.
3. Creo que Cosmopolis
es una distopía económica. Creo que
no descubrí nada. Y creo que Cosmopolis
dice que en la actualidad las cosas suceden tan rápido que ni siquiera podemos
experimentarlas. Y ésa es la causa de nuestros mayores problemas. Ya lo
sabíamos, pero no importa. Cosmopolis
es la vuelta del Cronenberg más ortodoxo luego de la trilogía Mortensen, que
empezó muy bien, siguió mejor y se desinfló en la impersonal A Dangerous Method (que volvió a
demostrar los inconvenientes para trasladar obras de teatro al cine).
4. En un capítulo de Los Simpsons, Bart y sus amigos van a ver Naked Lunch. Cuando salen del cine, Nelson dice: "En el título
de esa película hay dos mentiras". Cronenberg es uno de los directores que
mejor cine hace a partir de novelas. No leí a Don DeLillo, autor de Cosmopolis. Pero cualquiera que
experimenta cierto vértigo al ver las autopistas a través de los grandes
ventanales en Crash ya entendió y
leyó a Ballard sin saber quién es. En Cosmopolis se nota al instante que la
sintaxis y la complejidad textual de los diálogos son propias de la literatura.
Esa artificialidad que en otra película puede quedar muy mal, en Cronenberg
encaja a la perfección. Eric Parker, el
personaje interpretado por Robert Pattinson, vive en un mundo alucinado donde
todo es regido por estadísticas y números. La monotonía de la vida cotidiana y
el deseo por habitar otra realidad es un tema frecuente en Cronenberg. En Videodrome, los personajes son seducidos
por un programa de televisión que se apodera de sus espectadores y los tortura.
eXistenZ (tan mala que termina siendo
simpática) es la actualización Y2K de aquella película tan ochentosa: en vez de
la tele, el peligro ahora se encuentra en los videojuegos. Claro que todo es
traducido al idioma Cronenberg: los joystick son un pedazo de piel con órganos
que ronronean y los cables que los conectan terminan en una especie de pene que
debe ser introducido en un orificio vaginal ubicado en la espalda… Como sucede
con la pornografía amateur o los testimonios de los cacerolazos, para ver a
Cronenberg hay que tener cierto morbo.
5. Otra característica interesante es que Cronenberg,
al igual que Carpenter pero en menor medida, es un director de culto del que
todos vieron alguna de sus películas. No sucede lo mismo con David Lynch o
Jarmush. Cronenberg es sofisticado y popular. Y durante nuestra infancia vimos The Fly sin saber de quién era. ¡Sin
saber, acaso, que las películas tenían un director! ¡Sin saber, acaso, que
estaba “bien” ver películas de Cronenberg! Simplemente eran "de terror"
o “de ciencia ficción”. Probablemente eso sea lo máximo a lo que puede aspirar
un artista popular. Es como que canten un tema de tu banda en la cancha. En
cuanto a The Fly: su película más
famosa es una remake. Por el tono de sus diálogos empieza como una comedia de
terror y luego vira al drama al transformarse en una clarísima y destemplada
alusión al sida. The Fly se estrenó
en plena etapa de pánico y asco hacia la enfermedad. El científico fusionado
con la mosca habla de un tipo extraño de cáncer, se pregunta si habrá
posibilidades de contagio y sufre una degeneración física radical. Charly
García se fanatizó con esa película. El discurso sobre la política de los
insectos que pronuncia en el video de “Filosofía barata y zapatos de goma” (y
en los conciertos de aquella época) es lo que dice el personaje interpretado
por Jeff Goldblum, ¡tan parecido a una mosca!, cuando ya se convirtió en la
versión pop de Gregorio Samsa: “Yo era un insecto que soñaba ser un hombre. Y
lo amaba. Pero ahora el sueño terminó y el insecto está despierto. Andate antes
que te lastime”.
6. Si las películas de Cronenberg fueran canciones
pop, sus sorpresivas escenas de violencia serían los estribillos para estadios.
En Cosmopolis sucede cuando un
activista le clava una serie de puñaladas en el ojo al Presidente del FMI. En History of Violence cuando Tom/Joey hace
gala de su habilidad para matar gente. En The
Fly, la histórica pulseada que
termina con un antebrazo partido. En Scanners
cuando explota la cabeza. En Eastern
Promises cuando le cortan la garganta al tipo que está en la peluquería. En
eXistenZ, el tiroteo en la reunión de
nerds adictos a los videojuegos (¡con un arma de carne y hueso que dispara
dientes!). Estas escenas son shockeantes. Al principio porque nos parecen
totalmente arbitrarias con respecto a la dinámica del film. Luego porque
comprendemos que en la vida cotidiana percibimos la violencia de esa forma (lo
que no quiere decir que no tenga una lógica a través del tiempo). Cualquiera
que se peleó a piñas o sufrió un robo o chocó con el auto o se le subió el
volumen de la tele en la propaganda, lo sabe. La violencia nos asusta porque ocurre
de improviso, sin que entendamos nada. Es una desconcertante fuga de gas en el
horno de la civilización. Nos avisa que no hace falta mucho para que todo
estalle por los aires. Cronenberg entiende esto perfectamente.
7. No son las películas de Cronenberg, es el mundo el
que tiene un clima enrarecido.
8. Las películas de Cronenberg están hechas en base a
principios estéticos muy cuestionables según la cosmovisión occidental. Reina
el mal gusto en sus bichos extraños y en las horrorosas metamorfosis que sufren
sus personajes. Reina un efectismo deliberado en sus escenas de sexo. Reina,
por detrás de los argumentos fantásticos y bizarros, una enorme solemnidad. Ver
Cronenberg es temer por nuestro cerebro aprisionado en una trama vulgar. Shiver, su primer largometraje, trata
sobre un parásito fálico que revoluciona la vida de los habitantes de un
country. La película es un delirio absoluto que retoma (como buena parte del cine
de Cronenberg) la cuestión moral sobre los límites de la ciencia. Pero poco
antes de terminar, una de las protagonistas se manda un discurso sobre el
erotismo absolutamente pomposo, que va en contra del espíritu de la película. O
todo lo contrario.
9. Se podría decir que Cronenberg es un experto en
hacer películas malas. Tanto es así que sus películas más maduras, las que
alcanzan cierta y deslumbrante perfección, mantienen su mambo pero no
parecen de él: Cronenberg siempre se pasa de rosca, subraya demasiado, mete un
bicho de más. Lo que demuestra algo genial: que no siempre lo que nos gusta es
bueno. Esto que parece una verdad obvia casi nunca es un pensamiento
consciente, sólo es claro cuando se lo enuncia. Es que existen personas que
están convencidas de que su criterio es norma para todos. Elaboran opiniones
políticas o estéticas (o las dos cosas juntas, si es que elaborar una opinión
estética no es elaborar una opinión política) de modo tal que dan a entender
que no hay otro punto de vista posible. Como si sus propias resoluciones
subjetivas fueran el resultado inapelable de un teorema matemático universal al
que sólo se puede acceder a través de determinada fórmula. Éstas son las
personas que arruinan la Tierra. Y contra esas personas es que existe el cine
de Cronenberg.
10. Muchas de las críticas fueron lapidarias con la
actuación de Pattinson, el galán de la saga juvenil Crepúsculo. Creo que elaboraron ese
juicio a priori. O no vieron la película. Tampoco se confiaba en Leonardo Di
Caprio y Brad Pitt y hoy nadie los discute como actores. Pattinson está genial.
Sin dudas es el actor equivocado en el papel equivocado. Y eso, que para otro
director puede ser negativo, en una película de Cronenberg es exactamente lo
que tiene que pasar. Es un conflicto que produce un extrañamiento en el
espectador. Pero, de la misma forma que nos cuesta mucho distinguir de dónde
mierda sale el agua que inunda el baño, mientras vemos la película no sabemos
de dónde viene esa sensación extraña. Y esto no se soluciona llamando al
plomero. Carlos Monzón fue el paradigma del macho argentino y terminó
realizando el deseo manifiesto de los hombres del país: tirar a su mujer de un
balcón. En Soñar Soñar, Leonardo
Favio lo reclutó para hacer de un provinciano afeminado que quiere ser artista.
El tierno de Pattinson haciendo de un magnate sin escrúpulos me recuerda a ese
hito del cine argentino. Mata, garcha y filosofa con la misma cara de nada.
Parece que está imitando a Vincent Gallo, pero no es Vincent Gallo. Parece
Cortázar sin barba en 1950. Parece algo ajeno a este mundo. Otras conclusiones
de las críticas negativas de Cosmopolis dicen que sólo las groupies de
Pattinson lograrán ver la película hasta el final. Eso también es positivo: en
primer lugar porque me hace pensar que puedo parecerme aunque sea en algo a una
groupie de Pattinson. Y en segundo lugar porque el mundo será un lugar mejor si
hay más niñas ingenuas subvertidas por la perversión simbólica de Cronenberg.
Tal vez Cosmopolis sea el puente hacia lo raro para toda una generación. A
veces queremos guardar nuestras cosas favoritas en el placard para que nadie
las mire. Entonces cuando se muere Ray Bradbury, nos enojamos porque ahora
todos leen a Bradbury. Cuando se muere Spinetta, nos enojamos porque ahora
todos escuchan a Spinetta. Cuando se muere Leonardo Favio, nos enojamos porque
ahora todos ven el cine de Leonardo Favio. Pero las cosas son de todos.
11. Existen quienes le quieren buscar sentido a todas
las canciones de Spinetta. Tienen un concepto del "sentido" cercano a
la moraleja. Debe ser algo unívoco. Aleccionador. Seguro. Que no provoque la
más mínima incertidumbre. Sospecho que a veces no hay sentido. O que el sentido
no se puede traducir en una explicación a través del intelecto. Canciones de
Spinetta alcanzan su significado en la combinación de la sonoridad de las
palabras, la forma en que están cantadas y la música que acompaña. Algo
parecido sentí viendo Cosmopolis, ese
caleidoscopio absurdo en el que se mezclan las imágenes de una rata gigante, el
sexo y la pregunta a la Salinger que repite el magnate todo el tiempo:
"¿adónde van las limusinas cuando llega la noche?". Éste es un cóctel
que para ser develado tal vez no requiera de la racionalidad, sino de los
sentimientos. Es que, si me permiten la cursilería, todos los corazones laten distintos. Después
de todo no sabemos qué es el amor. Y amamos.