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miércoles, 25 de abril de 2012

Lo esencial es Invisible a los oídos

Como los 80' fueron la década de Charly García, los 70' están marcados por el sonido de Spinetta. Afirmar taxativamente una suposición de este tipo puede ser arriesgado, pero ¿para qué escribir si no se toman riesgos? La psicodelia de Almendra II (1970), el hard rock de Desatormentándonos (1972), la búsqueda mística de Pescado II (1973) y la relectura original del rock progresivo de Invisible son hitos insoslayables del rock argentino. De alguna manera, representan los gustos y los objetivos de todo un movimiento, el trip de una generación que luego festejó el Mundial 78'. O se exilió. O no vivió para contarla. En los 80', Spinetta editó buenos discos (Madre en años luz, Privé) pero si los redescubrimos ahora notaremos que con el paso del tiempo envejecieron bastante. Como si la pirotecnia musical de los 80' (máquinas de ritmo, poptimismo) fuera un traje que no le calzó a gusto y que recién procesó a finales de la década en un gran e intraducible disco: Don Lucero (1989). No por casualidad, su disco más representativo de esa época es Kamikaze (1982), un conjunto de canciones acústicas que podrían haber sido grabadas en cualquier época. Los 70' fueron forjados por Spinetta: la realidad tuvo que adaptarse a sus ambiciones. Los 80' lo forjaron a él. Algo similar le sucedió a las más grandes estrellas del rock: Paul McCartney y Bob Dylan, entre otros, tuvieron que dar muchas vueltas en el aire hasta reinventarse y hacer que la leyenda deje paso a la actualidad.

De las tres bandas iniciales de Spinetta, Invisible (Pomo en batería, Machi en bajo) es las más característica de su pathos artístico. Aquella que posee la sofisticación cancionera de Almendra, el rock furioso de Pescado y los coqueteos con el jazz de Jade (su proyecto posterior). Invisible como el Aleph spinetteano en el que se pueden observar al mismo tiempo todas las imágenes sónicas que su autor fue elaborando durante su carrera. Y Durazno sangrando (1975) como el hermano del medio dejado de lado por los padres. Es que probablemente se trate del trabajo del grupo al que menos se le prestó atención ante la novedad del primer LP y la cumbre spinetteana de El jardín de los presentes (habitualmente, junto a Almendra, Artaud y Kamikaze, seleccionado como uno de sus mejores discos).

"Durazno sangrando", por su parte, es uno de los temas más conocidos de Spinetta. Uno de los pocos clásicos que tocó en el Unplugged de MTV y que siguió tocando hasta su muerte. Sí, Spinetta realizó un concierto para MTV hace ya 15 años. Y sí, lamentablemente Spinetta murió. Dos hechos que parecen imposibles de asimilar. Porque MTV se transformó en un canal que dejó la música de lado y se dedica a pasar reality shows. Y porque una figura como Spinetta no se pierde con su partida sino con nuestra propia muerte. De todas formas, que ya no esté entre nosotros equivale a que se haya cortado la luz en el mundo. No son pocos los que, desde el 8 de febrero, repentinamente, todos los días, sienten interrumpidos sus pensamientos habituales y recuerdan que Spinetta se fue. En fin, “la vida no es vida sin Luis”. "Durazno sangrando" es, finalmente, algo así como una zamba psicodélica y deforme, ¡el viaje iniciático de una fruta! El clima mágico y misterioso no es sólo consecuencia de los versos alucinados, sino también de la maestría de Pomo. Pomo es un artista conceptual de la batería: nunca da un golpe de más y para cada tema realiza un trabajo especial. "Durazno sangrando" es prueba de ello. Spinetta se pone el traje de un Atahualpa pasado de ácido y las interpretaciones sobre esa letra forman parte de la leyenda de su lírica poética. En un chat que ofreció luego de la presentación de Silver Sorgo (2001) un fan le preguntó si el tema hacía referencia a la pérdida de la virginidad de una mujer. La respuesta de Spinetta fue elocuente: "Loco, cortala con el canal Venus". El otro tema corto del disco es "Dios de la adolescencia". Si "Durazno sangrando" es un clásico popular, éste es un clásico de culto. Una joya de spinettismo pop que en menos de tres minutos incluye versos como "Dios es un mundo en el que amar es la eternidad que uno busca" y una alusión a El ser y la nada (Sartre).

"Pleamar de las águilas" es un tema especial. Lo primero que llama la atención es un hecho curioso en Invisible: no canta Spinetta, sino Machi Rufino, dueño una voz aguda que se adapta perfectamente al estilo spinetteano. El bajista ya había demostrado sus dotes como cantante en "El sur de la ciudad", un hermoso tema de Pappo's Blues III. En el concierto de las Bandas Eternas, 35 años después, sorprendió a propios y extraños con su registro inmaculado a pesar del transcurso del tiempo. El tema es mayormente acústico y tiene una estructura melódica definada que lo conecta con "Durazno sangrando".

"Encadenado al ánima" y "En una lejana playa del animus", por su parte, son dos extensas suites. Le dan al álbum un carácter decididamente experimental e inclasificable. Lo que no se puede explicar es que temas tan propios del rock progresivo (el tiempo de duración, los cambios de melodías, los cortes, las partes instrumentales) se puedan oír hoy como totalmente atemporales. Ese matiz ajeno al tiempo aparece no sólo aquí, sino en buena parte de la obra de Spinetta (por eso el off side de algunos discos ochentosos). Su música, como la hierba cósmica de Walt Whitman, crece donde quiera que haya tierra y agua. En el caso de estos dos temas, aparece la influencia de una lectura de Spinetta: El secreto de la flor de oro, un estudio de Carl G. Jung sobre una traducción de Richard Willhelm sobre textos de filosofía china (¡!). “Encadenado al ánima” es el tema más largo de la carrera de Spinetta. Supera a “Cantata de puentes amarillos” y “Cristálida”. Su letra (que contiene textos de sus padre) está repleta de un recurso retórico llamado humanización o prosopopeya. Consiste en otorgarle cualidades humanas a objetos inanimados. Aquí los las ropas caminan, la noche es arrogante, la luz se duerme, el viento gime. Contra lo que habitualmente se supone, la mayoría de las letras de Spinetta se entienden. No en el contexto de una lírica realista, claro, sino dentro de la lógica de su propia línea poética, que suele conectarse con corrientes literarias como el simbolismo francés, el modernismo o el surrealismo. Todo eso mezclado con coloquialismos porteños y modismos del rock and roll (sus habituales “nena” o “yeah”). Estos dos temas son mucho más que dos y compensan la aparente brevedad del disco (cinco temas). Y no por la cantidad de minutos que duran, sino por la extraordinaria calidad de su música y sus líricas.

Luego de Durazno Sangrando, en 1976, Invisible grabaría El jardín de los presentes, otro disco emblemático. De alguna forma, la presencia de Tomás Gubitsch como guitarrista rompió la comunión trascendental del trío. En una entrevista concedida a la Rock And Pop en el año 2008, Spinetta cuenta que el virtuosismo de sus compañeros casi lo dejaba afuera de su propio grupo. Spinetta disolvería Invisible ese mismo año y daría por terminada la primera etapa de su carrera. Jade, a diferencia de sus bandas anteriores, fue un grupo que cambió varias veces de formación y se relaciona más con su etapa solista. Invisible quedará para siempre como un ejemplo de sofisticación y buen gusto en el rock de mediados de los 70’. Su huella musical puede rastrearse en bandas como Divididos o Pez. Escuchar sus canciones es una costumbre gloriosa que comparten padres e hijos de dos generaciones de argentinos.

(Publicado en Revista Power Music Abril/Mayo 2012)