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domingo, 18 de julio de 2010

Salinger cumple, Franny dignifica

¿Estará permitido que un columnista de un diario argentino que no tenga por nombre “Rodrigo Fresán” mencione a J. D (¿Juan Domingo?) Salinger? Me aventuro en la temeraria empresa. Si es la última vez que saben de mí, ya conocen al responsable. Franny Glass forma parte de ese dream team de la literatura de todos los tiempos a los que el saco de personajes les quedó chico. El Cazador Oculto le da vida en Franny y Zooey, un volumen publicado en 1961 ambientado en noviembre de 1955. Siempre fue analizada como una versión femenina de Holden Caulfield, pero mientras este último exuda una rebeldía adolescente, Salinger logra imprimirle a Franny una confusión más ligada al ruido y la furia del mundo adulto, esa madurez intrínseca y algo inexplicable que muchas mujeres tienen desde la pubertad y los hombres no hallamos hasta el final de nuestros días. Ella es tan actual como la moderna que vive en la esquina de tu casa y se cortó el pelo como Amelie. Aunque no tiene facebook ni twitter ni blog, repite hasta el cansancio estar harta del “ego” y de que “todo el mundo quiera llegar a alguna parte (…), ser alguien interesante”. La acompaña su novio, el insípido Lane, pero realmente no se siente cómoda con esa etiqueta. Ante la encrucijada existencial se refugia en la lectura de El camino de un peregrino, un libro religioso con algo de filosofía ligera y new age. El salingeriano de pura cepa (en caso de existir) sabe que tiene alrededor de 20 años, porque según lo que cuenta Buddy en Levantad, carpinteros, la viga del tejado en mayo del 42’ tenía 8. Pero no quiero abrumarlos con cálculos propios de un nerd trastornado, sólo decir que en un podio imaginario no es difícil ubicarla junto a Mafalda y Lisa Simpson, esas otras chicas de ficción que, en la segunda mitad del Siglo XX y desde la cultura popular, subvirtieron una idea pasiva del carácter femenino, recorriendo el camino que va de la cocina a la calle.