miércoles, 2 de julio de 2008

Sobre "Un mañana", el nuevo disco de Spinetta

Existe una realidad paralela. En ese pasadizo espacio-temporal, desde hace 40 años, Luis Alberto Spinetta, ajeno a la demagogia y las modas fugaces que estructuran el rock actual, se dedica a hacer Música. Cada un par de años, fruto de sus composiciones, edita discos. Éstos suelen llevar por título Almendra, Artaud, El jardín de los presentes, A 18’ del sol, Alma de diamante, Los niños que escriben en el cielo, Tester de Violencia, Pelusón of Milk, Fuego gris, Los ojos, Silver Sorgo. Cada uno es una pieza que conforma una totalidad, un cosmos que va más allá, incluso, de la obra de su autor. (“Esta es la hierba que crece/ dondequiera que haya tierra y agua/ este es el aire común que baña el globo”, diría el bueno de Walt Whitman). Los discos de Spinetta (como dice Juan José Saer sobre Zama, la novela de Antonio Di Benedetto) son instrumentos que debemos asir con paciencia hasta descubrir, entre el ruido y la furia del mundo, nuestra propia canción. “Siéntate a ver el día” (“Para ir”), “Cierra los ojos, siéntate” (“Dale gracias”). Ante la velocidad absurda de la vida moderna (en la cual, por consecuencia, el único destino de una canción es el estribillo pegadizo) Spinetta nos invita a despojarnos de las ataduras del tiempo e inmiscuirnos en su extraño tiempo, su música.

Un mañana, su nuevo disco, sigue el sofisticado itinerario prefijado 10 años atrás en Los ojos. Sonidos jazzeros, participación destacada de teclados, bajos al frente, programaciones y sonidos desconocidos que rompen la cohesión, baladas heterodoxas (como toda balada spinetteana). El movimiento milimétrico con respecto a Pan (el disco anterior, de 2006, que a su vez poseía un movimiento milimétrico con respecto a Para los árboles y así) es la preponderancia total de las guitarras (en todas sus formas y acepciones, lo que aporta un matiz más rockero). Si hay que marcar correspondencias en la discografía, Un mañana podría ubicarse entre Pelusón of Milk (1991) y Don Lucero (1989). ¿Pop anti-hit? ¿Rock de la melodía irregular y la armonía descabellada? ¿Música para dedicarle a una novia marciana y escuchar adentro de un frasco vacío de mayonesa? Algo así.

Algunos apuntes inconexos: con los años, la voz de Spinetta ha adquirido una rugosidad, un registro más grave que le calza a la perfección (por ejemplo, cuando dice “Y dime así/ No fue tu amor lo predecible así”, en “La mendiga”, que abre el disco). Éxitos en un mundo ideal: la adhesiva y spinetteana hasta la médula “Mi elemento”, la hermosísima“No quiere decir” (“Aunque el sol te abrigue/ No quiere decir que no tengas más frío/ Y si la luna se cubre/ No quiere decir que no tengas su luz”) y “Preso ventanilla”. La mayoría de los temas se mueve alrededor de un riff marcado que se repite constantemente (“Vacío sideral”, la instrumental “Un mañana”, los 3 temas recién mencionados, el no-country “Despierta en la brisa”). “Hiedra al sol” devuelve, luego de muchísimos años, a Spinetta solo con su acústica. En fin, que el disco es extraordinario, no es una verdad que necesite demostración. Además, ya lo sabemos, con Spinetta, lo que las grandes palabras dicen, es indecible: ¿cómo explicar el funcionamiento de la sonoridad al servicio de la semántica, la reverberación corporal al escuchar la construcción de una frase, la felicidad de tener otro disco de Spinetta para pasar las tardes frías de invierno? A Un mañana sólo hace falta escucharlo. Entonces sí, revelaremos esa música, ese rumor y ese símbolo en que Spinetta ha convertido el ultraje de sus años (1). Sayonara.

(1) Como sabrán, estas palabras pertenecen al descomunal poema “Arte poética”, de Jorge Luis Borges (“convertir el ultraje de los años/ en una música, un rumor y un símbolo”). A propósito de Un mañana, en El oro de los tigres, uno de los últimos libros del “viejito” (como le dijo Perón, ¡que nació cuatro años antes que él!), hay un poema llamado “Un mañana” y comienza así: “Loada sea la misericordia/ de Quien, ya cumplidos mis setenta años/ y sellados mis ojos/ me salva de la venerada vejez/ y de las galerías de preciosos espejos/ de los días iguales/ y de los protocolos, marcos y cátedras...”. Desconozco si hay alguna conexión, aunque se sabe que Spinetta es lector de Borges a través del libro Martropía, de Juan Carlos Diez, donde cuenta una anécdota muy graciosa:

“Nos iban a juntar en una entrevista. Era tal la presión que yo sentía de tener que ir a verlo (…) que por esos juegos del inconsciente llegué tarde.
La nota se levantó a último momento y no me avisaron. Así, me encontré solo frente a él en su departamento. El viejo sentado con su bastón mirando hacia otro lado me veía. Cambiamos muy pocas palabras porque era muy duro el momento para mí. No sabía ni cómo empezar una conversación.
Le pregunté por Antonin Artaud y dijo desconocerlo. Me petrificó (…) Conocí a varios tipos importantes de cerca, pero nunca sentí lo que sentí frente a tamaña persona. Se me movía todo dentro de mí.
(…) yo le dije que era músico, que tenía dos hijos, y que no sabía demasiado bien por qué estaba con él, pero que para mí representaba una gran satisfacción porque lo admiraba mucho. Me despidió diciéndome: “Permiso, me tengo que ir”. Vino una señora y se lo llevó. Yo entendí que todo había terminado y bajé conmocionado a la calle Maipú. A veces pienso que fue un encuentro con Homero. Pero era Borges”

6 comentarios:

agn dijo...

Qué alegría, personalmente.
De algún modo, últimamente le entro con miedo a los discos del flaco. Creo que semejante carrerita le ha dejado poco sendero no transitado, y me encuentro con ciertas sinuosidades que toma y me cuesta seguir. No terminé afortunadamente de cerrar ninguna idea respecto al primer álbum no rectangular desde el 73, y como vos decís acompañará mas de una tarde de invierno.
Siento que por otro lado se balanceó un poco el sonido. Le metió más guitarras como vos marcás (en varios sentidos, 12 cuerdas, él solo, solos invitados, etc) y, creo, abandonó un poco el sonido horneado y tibio y por momentos saturador de pan y diversificó las texturas entre las violas y teclados.

Vacío sideral no suena muy muy Para los Árboles con un trasfondo en el arreglito a Cantata...?
Y Hiedra se lleva las palmas, me hace acordar a lo que me hace temblar Jilguero, tendría que cerrar el disco y dejarnos a todos desnudos y desamparados y puteando.

...Podría dejarme de joder y tratar de escribir un post yo, no?
Salud, Corvino.

Eduardo Varas C dijo...

Loco, he conseguido el álbum hace unos días y no dejo de alucinar. Percibo que es lo más completo del flaco en mucho tiempo (aunque debo decir que los dos últimos los he perdido de vista, así que no puedo hacer esa relación milimétrica) y me da la impresión que la voz calza a la perfección con lo que está cantando.

Un abrazo

Lucas Ayala dijo...

otra genialidad de Spinetta

Mariana dijo...

=) Genial la nota Corvino. Hace días que estoy encantada con Un mañana.

Es tan gigante!

wallyzz dijo...

Me encanta este tipo de coincidencias con gente que quiero y ni siquiera mire a los ojos, esto hace que mantenga un blog abierto, abrazo Corvinetttt

Un gusto como siempre leerte

Hugo dijo...

Una vez más, nuestro amado flaco lo a hecho. Me deje el corazón en su mundo.