lunes 31 de mayo de 2010

Apología de Julieta Venegas

Hasta el reconocimiento masivo de Julieta Venegas (en 2003), el panorama del pop femenino inteligente de habla hispana estaba completamente vacío. Con la excepción de Andrea Echeverri, pululaban inventos centroamericanos de nombres sin apellido (menciono al azar las primeras que se me vienen a la mente: Soraya, Noelia, Shakira, Thalia), que transitaban sin pena ni gloria la balada romántica o un pop pasatista mil veces escuchado. Julieta Venegas rompe toda una tradición de misoginia en la música latinoamericana pop. Su éxito no obedece a un rostro “bonito” (en el sentido usual del término; no dudo de que Julieta es hermosísima) o el tamaño de sus pechos o al movimiento de su culo combinado con unas rimas aptas para infradotados, sino al innegable talento de sus composiciones. Porque, a no dudarlo, Julieta (permítanme decirle por su nombre) es, junto a Bunbury, junto a Café Tacuba, junto a Andrés Calamaro, la autora de algunos de los mejores temas pop de la última década. Si no existiera, habría que inventarla: su música no se parece a nada que uno haya escuchado anteriormente. La apariencia inexpresiva de su fabulosa voz y la utilización de un inédito acordeón que matiza sus melodías imbatibles son dos de los factores que le otorgan muchísima identidad a cada cosa que hace a punto tal que es capaz de reversionar clásicos populares (“Sin documentos”, “Corre dijo la tortuga”) hasta volverlos totalmente propios y, aunque no lo crean, superar las versiones originales. Nuevo y Raro, un disco que recopila distintas colaboraciones con otros artistas, es elocuente en este sentido (la mexicana hasta es capaz de hacer que Miranda o Bajofondo hagan temazos). A esta altura del texto uno podría pensar que estoy un poco enamorado de Julieta, pero ¿quién no? ¿Cómo no rendirse ante el encanto escandaloso de esa chaparrita (?) de cejas grandes que baila en forma preciosa al final del video clip de “Eres para mí”? Hay que estar muy desorientado en la vida para no captar en Julieta la belleza intrínseca e inexplicable que sólo algunas pocas mujeres poseen. (Esto último lo entenderá cualquier hombre con una sensibilidad que vaya más allá del límite de Luciana Salazar). Como si esto fuera poco, intuyo que Venegas es una artista que gusta a casi todas: las modernas, las intelectuales, las hipponas, las que están leyendo esto ahora mismo y no se reconocen en ninguna tribu estereotipada (sin saber que son justamente las de la tribu que no se reconoce en ninguna tribu estereotipada). Y sin distinción de procedencia: una cumbiera, una stone, una rockera, una indie guarda en su corazón algún tema o disco de Julieta Venegas que le recuerda algún momento de su vida sentimental. ¿Y por qué sucede esto? Porque las letras de Julieta (al igual que las de Calamaro o Páez o Charly para el público masculino), repletas de inseguridades, de dudas, de enamoramientos fugaces y sensaciones repentinas, expresan el sentir de las chicas verdaderas, las que uno se cruza por la calle o conoce y son nuestras amigas o hermanas o novias o compañeras de trabajo o de facultad. No sé si todo lo que estoy diciendo tendrá algo que ver con la realidad, pero suena bien. El mercado anglosajón está abarrotado de este tipo de mujeres talentosas y confesionales: Regina Spektor, Fionna Apple, Aimee Mann. Los brasileños tienen a Marisa Mone, Adriana Calcanhoto, María Rita. América Latina tiene a Julieta y el espacio que viene a ocupar es el de la encargada de reflejar la psiquis amorosa femenina alejada de los clisés y el lugar común de otrora. El primer tema de Limón y sal (2006) es una reflexión meta-cancionística (al estilo “Mi rock perdido”) y se llama, valga la redundancia, “Canciones de amor”:

Estoy tan cansada de las canciones de amor,
siempre hablan de un final feliz.
bien sabemos que la vida nunca funciona así.

En muchos temas de Venegas es la mujer la que abandona (“Me voy”), le teme al compromiso (“Algo está cambiando”, “Bien o mal”) o directamente toma la iniciativa (“Andar conmigo”). Estas eran actitudes o conductas que generalmente estaban asociadas al varón. Julieta no será Violencia Rivas, pero en sus canciones hay un grado de desencanto bastante inusual y digno de aplaudir. “Tengo que confesarte ahora/ nunca creí en la felicidad/ a veces algo se le parece/ pero es pura casualidad”. Es casi un milagro que esas palabras hayan sido repetidas hasta el cansancio por FM’s que habitualmente pasan a Paulina Rubio o Lady Gaga. Su último disco, Otra Cosa (2010), es un compendio de doce piezas de pop bailable, que a veces roza la electrónica y en otras la canción acústica de vieja escuela. No es muy diferente a nada de lo que haya hecho antes, pero funciona a muchos niveles, como ACDC. “Si tú no estás” anticipa desde su título un bolero, una canción de amor sufrida, pero el estribillo resignifica el preconcepto: “Si tú no estás/ Las plantas crecerán/ Y sí tú estás en otro lado/ El tiempo no se detendrá”. Eso y mandar a la mierda a alguien es casi lo mismo, ¿no? “Amores platónicos”, con ese pianito que marca la melodía, recuerda a “Fidelity”, el viejo hit de Regina Spektor. “Despedida” y “Ya conocerán” vuelven sobre la frustración. Así debe dar gusto ser una chica complicada. Tres “vivas” por Julieta: ¡Viva, Viva, Viva!

Oleada- Julieta Venegas

No quisiera detener
esta oleada que me lleva
a dónde, a dónde no lo sé,
sólo me muevo con ella.

Y nadie ahí me conocerá,
y a nadie ahí reconoceré
pero no tengo miedo.

No quisiera detener
esta oleada que me lleva

Y todo lo que ya viví,
lo sigo cargando
Lo llevo muy dentro de mí
nunca lo he olvidado,
lo siento tan cerca de aquí,
lo llevo muy dentro de mí.

Voy en busca de un lugar,
en este mundo abierto
donde me pueda yo quedar,
para empezar de nuevo.

Y nadie ahí me conocerá,
y a nadie ahí reconoceré
pero no tengo miedo.

Y todo lo que ya viví,
lo sigo cargando
Lo llevo muy dentro de mí
nunca lo he olvidado,
lo siento tan cerca de aquí,
lo llevo muy dentro de mí.

domingo 30 de mayo de 2010

Apuntes tardíos sobre el Bicentenario

-Se percibe una suerte de triunfalismo desde los sectores cercanos al gobierno. Como diría de la oposición el casi siempre genial Jorge Asís (en horrible metáfora alimenticia): se están pasando el escarbadientes antes de probar el asado. De repente, los analistas (bondi multisectorial en el que se agrupan bloggers, periodistas y políticos) hablan, por poco, de un cambio en el esquema mental de los argentinos: “Millones de personas desafiaron a los pronosticadores del caos con un mensaje histórico: el nuevo país se construye con memoria, esfuerzo conjunto y respeto a la diversidad”, declama a los gritos la portada de la revista Veintitrés, expresando el sentir nac and pop. ¿Cómo puede ser? ¿En un fin de semana largo pasamos del mito al logos? Mientras Juanse se trepa por las torres y cantamos “A rodar mi vida”, ¿el gran satori, 200 años después? En realidad buena parte del sector variopinto que asistió a los festejos del Bicentenario está conformado por quienes hace un año votaron a De Narváez, en 2008 apoyaron la reacción agropecuaria junto a De Ángeli y en las últimas elecciones presidenciales eligieron a Cristina. Antes pelearon por el precio del tomate y rindieron pleitesía a Blumberg. Greatest hits de la clase media acomodaticia a la que ahora se enaltece, con esa facilidad enternecedora que tiene el kirchnerismo para amar a cualquiera que diga que Clarín miente, ya sea Florencia Peña, Marcos Di Palma o Carlos Escudé: “Jack, el Destripador, resucitó y dijo que no le cree a Van der Kooy”. Sólo eso basta para que Sandra Russo ponga su mejor cara de circunstancia y afirme: “Las declaraciones de Jack forman parte de un fenómeno social: la aparición de nuevas voces, voces por fuera del Monopolio que obturan el establishment mediático”.

-Quizás el kirchnerismo es un espacio político que genera debates ideológicos de tal magnitud que obliga, para estar a la altura, a analizar la actualidad en forma muy veloz y con títulos rimbombante. De esa forma no se presta atención a que los paradigmas de una comunidad mutan, sí, pero no de una semana a otra. Ni siquiera en una década (el 25 de mayo, según comentan, viene a cerrar un ciclo de desencanto político iniciado en el 2001). Cuando pase el tiempo, el festejo histórico del Bicentenario será vinculado a otros sucesos de júbilo y alegría de la democracia contemporánea (no sólo pertenecientes a la etapa iniciada en 2003) y recién ahí se accederá a un panorama del que se podrán sacar conclusiones.

-Por lo pronto nos convencimos de algo que sabíamos desde hace mucho: Pepe Eliaschev nunca tiene razón. Y escribe muy mal. En “Patriotismo” (documento en el que se anticipaba el acabose de la Patria en manos de la barbarie mutante y peronista) se pudo leer: “Si me despojo, por un breve instante, de los efectos anestesiantes del brebaje patriotero, percibo de modo rotundo, las imágenes de una puesta en escena indecorosa, como si una gruesa capa de maquillaje intentara tenazmente vestir de tersura y belleza un rostro descompuesto y surcado de arrugas” (las cursivas son mías). Este es un párrafo que explicita dos cosas: por un lado, un desprecio de clase elocuente (parodia involuntaria de “La fiesta del monstruo”, de Bustos Domecq); por otro, un modo de escritura basado en una estrategia discursiva utilizada asiduamente por los estudiantes vagos de las secundarias argentinas: sustituir los argumentos por los adjetivos. Porque si hay algo que no se soporta más del los anti K no es su posición política, sino lo mal que escriben. Hombres grandes, presuntos autores de primer nivel, compiten en una carrera alocada por la Copa Carlos Argentino Daneri:

¿Quién inventará más neologismos ridículos?

¿Quién utilizará la retórica más engolada y anacrónica?

¿Quién, finalmente, logrará asesinar a la sintaxis castellana?

En el día de ayer, también en Perfil, Abel Posse firmó una columna de opinión titulada (si son impresionables no sigan leyendo): “Nuestra fijación culpabilista”. En el transcurso del texto, haciendo gala de un extraño idioma, el ex Ministro de Educación macrista se lamenta porque en el desfile no se canonizó la matanza de aborígenes (“No exaltaron la realidad y la pujanza confiada del país que se arrancó del desierto en tres décadas y se transformó en el más culturalizado de Iberoamérica”). “Tenemos genes etruscos: la casa de la muerte nos parece más atrayente y sólida que la de la vida”, afirma Posse, ejemplar autocrítica de parte de alguien que escribió un libro sobre el suicidio de su hijo... Pero lo mejor está por llegar, el responsable de haber puesto nuevamente en circulación gemas inolvidables de la derecha (como “vandalismo piquetero”, “desborde lumpen” o el hasta ayer insuperable “visión trotskoleninista”), vuelve a la carga con un término que hará las delicias de grandes y chicos. Su calificación del grupo de personalidades del Salón de los Patriotas es:

CHAVOLENINISMO

Evidentemente, gorilas eran los de antes: el antikirchnerismo, de tan obvio y aburrido, ni siquiera merece tener un genio como Borges.

-Antes del fin, una observación: en mejores épocas, se acostumbraba decir que Charly García estaba adelantado al resto. Que su genialidad intrínseca dejaba en off side a los demás músicos y habitantes del país. “Está 10 años adelantado”, repetían los exegetas, prescindiendo de argumentación alguna. Las carrozas de Fuerza Bruta atestiguaron tal consideración. Probablemente hubiese tenido que estar allí, en vivo y en directo, para percibir la maravilla de la que todos hablan, pero es mi deber señalar que la representación alegórica de sucesos de la historia argentina ya había sido pergeñada por García en 1999, cuando en un concierto multitudinario del ciclo “Buenos Aires Vivo” (que después se convirtió en el disco Demasiado Ego, contracara perfecta de su reciente Concierto Subacuático) propuso tirar muñecos al Río de la Plata como forma de simbolizar los llamados “vuelos de la muerte”. En ese momento todo el mundo le salió en contra acusándolo de banalizar el drama (recuerdo una nota de Clarín trazando un paralelismo con la película La vida es bella), tanto es así que Charly decidió dejar de lado su avanzada performática. Como sospechosa forma de reconciliación pública, durante el show, Charly invitó a las Madres de Plaza de Mayo mientras tocaba… “Kill my mother”.


martes 25 de mayo de 2010

Apuntes atropellados sobre el final de Lost


La caja boba nunca fue tan inteligente. La escena final, con el paneo de Jack moribundo deambulando por la jungla mientras se intercala el momento en que se unen todos los personajes en la Iglesia es un hito de las artes audiovisuales contemporáneas. Está a la altura. La idea de la circularidad (Jack muere en el mismo lugar en que despierta al principio de la serie) siempre es efectiva porque le otorga un poco de equilibrio (aunque sea estético) a un universo caótico. Se podrá objetar el matiz apostólico romano del contexto, pero nada es perfecto, muchachos. De todos modos creo que el resultado excede cualquier credo. Al igual que las inacabables referencias literarias, la simbología cristiana (con Jack como virtual Jesucristo, la realidad sin accidente como purgatorio atemporal donde se reúnen todos los losties una vez muertos en el Planeta y el afuera de la Iglesia como supuesto paraíso) es utilizada más como un medio que como un fin. Que esté Sayid echa por tierra cualquier tipo de dudas, ¿no?

Matthew Fox. Se merece un resarcimiento. Probablemente haya encarnado a uno de los personajes más vapuleados por los fans, pero su interpretación de Jack, el insufrible y omnipotente Doc, es gloriosa. También es significativo que la mayoría de los espectadores lo aceptamos recién al final, cuando está completamente vencido y es un loser igual que Locke. En el capítulo 15, después de que mueren Jin, Sun y Sayid de un hondazo, camina hasta la orilla y, de frente al mar, llora. No dice nada, solamente pone esa cara de perro mojado que tan bien le conocemos y parece que en su llanto anida todo el sufrimiento del mundo. Me saco el sombrero ante Matthew Fox.

Acierto. Intuyo que los creadores de Lost sabían que la cantidad de tramas argumentales abiertas a lo largo de las 6 temporadas no iban a poder cerrarse. De modo tal que decidieron que el capítulo final tuviera un predominio emocional que contrarrestara el vacío de buena parte de los interrogantes. Y les salió muy bien. A los que están decepcionados por qué nunca se supo qué eran los números malditos, qué significaba la estatua gigante y demás yerbas, les aconsejo cambiar de vida, en ésta la van a pasar muy mal: nunca se sabe nada del todo.

Acierto II. La ambigüedad en las palabras que Christian le dice a Jack cuando éste le pregunta por qué están todos ahí es un acierto narrativo. Una respuesta pomposa sobre el sentido de la vida hubiera vuelto todo aún más ridículo. Decir que están ahí “para recordar” y “dejarlo ir” es de un laconismo genial. Cada uno puede entender lo que quiere porque se trata de frases polisémicas a las que se les puede encontrar un significado diferente según quiénes seamos. Y probablemente hayamos entendido algo que tiene más que ver con nuestras propias vidas que con la serie en sí.

Confiá. En la era de la sospecha, Lost es una serie que trata sobre la fe en las personas y las cosas. Fíjense la cantidad de veces que en el último capítulo uno de los personajes le dice al otro que tiene que creer. Se puede extender esta observación al resto de las temporadas. Cuando Hugo hace arrancar la camioneta de Dharma, cierra los ojos y repite: “La maldición no existe, cada uno es dueño de su propia suerte”. Cuando Desmond convence a Penny de que le dé su número telefónico. Cuando Locke le dice a Jack que debe apretar el botón. Todas escenas que versan sobre lo mismo: la certeza de que, aunque está claro que la vida no tiene sentido, el único motor de supervivencia es creer en algo.

Identificación. Más allá de las múltiples historias y géneros desarrollados, creo que lo que hace de Lost un fenómeno social (cada uno tiene su propia mitología personal sobre cómo llegó a la serie, con quién la vio, de qué modo y después de qué peregrinaje cibernético accedió al capítulo final) es la identificación. Pocas veces se ha visto una serie con tantos personajes emblemáticos y con la capacidad de transmitir tantos sentimientos. ¿Quién no odió que le digan lo que no puede hacer? ¿Quién no le dijo a alguien “decime que te voy a volver a ver” aunque sabía que era imposible? ¿Quién no se sintió culpable por haber hecho lo que sentía? ¿Quién no está o estuvo solo y perdido en este mundo de mierda? Todas esas cosas y más le suceden a los personajes de Lost y por eso nos gusta tanto.

Escena favorita. Cuando Hugo hace arrancar el auto. Cuando Penny y Desmond se comunican y triunfa el amor. Cuando muere Charlie. Cuándo Ben y Locke entran a la casita mágica de Jacob (que al final era el Hombre de Negro). Cuando Jack le dice a Kate que tienen que volver a la Isla. Cuando se reencuentran Sun y Jin (alguna de las 300 veces en que eso sucede). Cuando finaliza la primera temporada con Locke y Jack mirando el agujero de la escotilla mientras los ominosos The Others se llevan a Walt (¿se acuerdan de Walt?). Cuando Hugo le da un chocolate a Ben. Son muchas y cualquier podría estar en el podio, pero mi escena favorita es una del primer capítulo de la tercera temporada, cuando Jack, totalmente trastornado, le pregunta a su esposa quién es el tipo con el que está saliendo y ella le responde: “No importa quién es él, importa quién ya no eres tú”. Su padre le repite lo mismo a lo largo de todo el episodio en un estribillo que lo vuelve loco: “Súperalo, Jack”. Tan real como la vida misma. Así era Lost a pesar de los osos polares, los humos negros y la luz fosforescente en el centro de la Isla. Y sí: “See you in another life, brother".

jueves 20 de mayo de 2010

Los 23 convocados. Uno x uno.


Arqueros:

Sergio Romero

A favor: Su cuidado por el pelo revela la concentración necesaria para no equivocarse en los centros. Es el marido de Eliana Guercio.

En contra: Su cuidado por el pelo revela un interés por los aspectos superficiales de la vida, puede distraerse con facilidad. Es el marido de Eliana Guercio.

Curiosidad: Es el marido de Eliana Guercio.

Mariano Andujar

A favor: Es un buen tipo que no se mete con nadie, de perfil bajo y regularidad asegurada.

En contra: Es un tipo sin personalidad. De actuaciones regulares, jamás o raramente descuella.

Curiosidad: Su apellido es muy raro.

Diego Pozo

A favor: Es amigo de Mohamed, que es amigo de Maradona. Aporta camaradería. El clásico e infaltable tercer arquero del fútbol argentino, siguiendo la tradición iniciada por Cancelarich en el Mundial 90.

En contra: Salvo algún tipo de catástrofe no jugará un solo minuto en el Mundial, es completamente inútil siquiera gastar una palabra en él.

Curiosidad: En el Secundario, sus compañeros le hacían bromas con su apellido.

Defensas:

Nicolás Otamendi

A favor: Es la gran aparición defensiva del fútbol argentino de los últimos años. A pesar de su juventud, ha demostrado tener la personalidad suficiente para vestir la blanquiceleste. Su corte de pelo intimida a los rivales.

En contra: Maradona lo hace jugar en una posición que no es la suya y en la que ya demostró no saber desempeñarse.

Curiosidad: Existe una ciudad con su nombre.

Martín Demichelis

A favor: Es el preferido de las mujeres y el marido de la voluptuosa Evangelina Anderson.

En contra: Pekerman lo dejó afuera del último Mundial. Desde entonces disimula su resentimiento y tal vez Sudáfrica sea el lugar y el momento adecuado para vengarse del país que le quitó la chance de su vida. O no.

Curiosidad: La voluptuosa Evangelina Anderson.

Walter Samuel

A su favor: No estuvo en la mayor parte del ciclo Maradona, por lo tanto no experimentó la sensación de perder 6 a 1 con Bolivia, 3 a 1 con Brasil de local, jugar para el culo y clasificarse de milagro. Tiene mucha cara de 6, nadie puede recriminarle su lugar.

En contra: Tiene menos carisma que una aceituna, no aporta simpatía ni un carajo al grupo.

Curiosidad: Usa barba candado.

Gabriel Heinze

A favor: Este es el tipo de caso en el que la Selección Nacional sirve de contención para que un inadaptado social no dañe a la Comunidad.

En contra: Ya en su posición habitual juega mal. Maradona lo hace jugar en otra en la que juega el doble de mal. Su proyección por la banda izquierda es una leyenda urbana.

Curiosidad: Según una encuesta es el jugador más odiado de la Selección desde la muerte de Nelson Vivas.

Nicolás Burdisso

A favor: Toda Selección debe tener ese defensor anodino, sin virtudes visibles ni llegada a la gente.

En contra: La Selección rebasa de defensores anodinos sin llegada a la gente. Está de más.

Curiosidad: Lo convocaron para otro Mundial.

Clemente Rodríguez

A favor: Es pelado y los pelados tienen onda.

En contra: Sólo una pequeña observación que no va en desmedro del jugador sino del deporte: en mejores épocas del fútbol argentino un jugador de sus características jamás llegaría a un Mundial. Ni por puta.

Curiosidad: Tiene el mismo apellido que El Puma Rodríguez.

Ariel Garcé

A favor: Un jugador fantástico, de una técnica insuperable. Hito de las inferiores de River, en la senda de otros grandes como Gandolfi y Tula. De él depende el objetivo mayor del plantel: campeonar. Contra el Seleccionado de sobrevivientes de Haití demostró toda su capacidad de reacción ante países en crisis, lo que le augura un buen desempeño ante Grecia. Oriental, también conoce los entretelones del fútbol coreano. Una grata sorpresa, un crack que no tiene techo y no deja de volar.

En contra: No tiene contra.

Curiosidad: Tiene de la buena.

Mediocampistas

Jonás Gutiérrez

A favor: Sacrificado y veloz volante de ida y vuelta, imprescindible en el fútbol moderno.

En contra: Carrilero alienado que no para de ir y venir sin ton ni son, imprescindible en el horrible fútbol moderno.

Curiosidad: Se ganó el apodo de Spiderman, cuando se puso la máscara del afamado superhéroe luego de marcar un gol. Ocurrente.

Javier Mascherano

A favor: Maradona le dio toda la confianza que necesita cuando afirmó que su equipo era “Mascherano y 10 más”.

En contra: Maradona lo cargó de responsabilidades innecesariamente cuando afirmó que él, un volante central del montón, era el estandarte del equipo. A partir de allí bajó su nivel hasta convertirse en un jugador desorientado, capaz de hacer un taco en el área local mientras la Selección se jugaba el pasaje al Mundial.

Curiosidad: No hubo un solo partido en el que no deberían haberlo echado.

Juan Sebastián Verón

A favor: Es pelado, igual que Clemente Rodríguez, y por eso tiene onda. Es el experimentado del equipo y el encargado de que Messi se contacte con el mundo de los humanos.

En contra: Puede llegar fatigado por haber filmado 45 propagandas alusivas al Mundial en las últimas dos semanas. Por otro lado, es acusado de vender la patria por haberse tomado demasiado tiempo para tirar un lateral en Corea Japón 02.

Curiosidad: Sorín le arruinó un departamento.

Angel Di María

A favor: Complete según corresponda.

En contra: Complete según corresponda.

Curiosidad: Complete según corresponda.

Maximiliano Rodríguez

A favor: Gracias a su zapatazo salvador contra México en el Mundial 2006 Argentina pasó a cuartos de final. El pueblo le estará eternamente agradecido.

En contra: Luego de su zapatazo salvador contra México en el Mundial 2006 no se lo recuerda por nada en especial. El pueblo, otrora agradecido, agotó su paciencia y espera su fracaso para incinerarlo públicamente.

Curiosidad: Tiene un sitio oficial. En realidad no es suyo, es de un tipo con su mismo nombre que hace Wushu.

Javier Pastore

A favor: Jugador exquisito, de andar pausado y gran pegada. Figura del Huracán subcampeón. Abanderado del tiki tiki.

En contra: Consecuencia de sus características se hace obvio su pecho helado. Abanderado del intrascendente tiki tiki.

Curiosidad: Según estadísticas, Cappa lo menciona cada 15 palabras.

Mario Bolatti

A favor: Hizo el gol que permitió la clasificación del Seleccionado Argentino.

En contra: El gol fue de pedo.

Curiosidad: Es uno de los pocos rubios del plantel.

Delanteros

Lionel Messi

A favor: Actualmente es el mejor jugador del mundo. Desequilibrante, de gambeta impredecible, veloz y con llegada al gol.

En contra: Nunca demostró en la Selección ni un ápice de lo demostrado en Europa.

Curiosidad: No se sabe el Himno ni en pedo.

Gonzalo Higuaín

A favor: Es un número nueve con capacidades técnicas, sabe desmarcarse y aguantar el balón de espaldas al arco.

En contra: Lo convocaron de última, interiormente se debe sentir re mal.

Curiosidad: En un alarde de originalidad, los periodistas deportivos le heredaron el apodo de su padre en diminutivo.

Carlos Tévez

A favor: Es el jugador del pueblo. Le gusta la cumbia y una vez le puso los puntos a Llamas de Madariaga.

En contra: Baila en exceso cuando hace un gol.

Curiosidad: Mantuvo una relación de pareja con Natalia Fassi, con la que seguramente intercambió impresiones sobre economía, política y cultura en general.

Sergio Agüero

A favor: Es el yerno de Maradona. Aporta familiaridad. Hizo el pase del segundo gol de Forlán para que el Atlético Madrid gane una Copa que no me acuerdo cómo se llama.

En contra: Tal vez sea insignificante pero no jugó bien un solo segundo en la Selección mayor.

Curiosidad: Canta.

Diego Milito

A favor: Se parece a Enzo Francescoli.

En contra: Su parecido con el astro uruguayo es sólo físico.

Curiosidad: Es el delantero argentino con menos carisma desde Julio Cruz.

Martín Palermo

A favor: Es enemigo de Riquelme, por lo tanto es amigo de Maradona. Aporta amiguismo. Según estudios científicos, tiene “más culo que cabeza” por lo que, de encontrarse en aprietos, podría salvar al equipo de cualquier manera.

En contra: Llega diez años después de su plenitud futbolística.

Curiosidad: Siempre tiene una ex esposa haciendo quilombo en lo de Rial.

miércoles 19 de mayo de 2010

Que no se muera Cerati la puta madre que los parió

Zona de promesas. Los caminos de las canciones son insondables. “Zona de promesas” apareció originalmente en el disco homónimo (de septiembre de 1993) como único tema inédito al final de una andanada de olvidables remixes (aunque hablar de “olvidables remixes” es casi una tautología). Eran épocas inciertas para Soda Stereo: el volantazo under de Dynamo y los preparativos del primer disco solista de Cerati habían dejado a la banda en stand by. Los años pasaron y el tema se convirtió en una joya oculta, a la que sólo los más fanáticos prestaron atención. Recién en 2007, con la gira de regreso (10 años después del adiós) el grupo sorprendió a propios y extraños desempolvando esta preciosa gema, que habla de una redención y explota en un estribillo inolvidable que se repite cual mantra: “Tarda en llegar y al final hay recompensa”. Fue uno de los mejores momentos de aquellos multitudinarios shows. La consagración llegó en 2009, cuando Cerati interpretó la canción junto a Mercedes Sosa en el disco Cantora, elevándola automáticamente al territorio de los clásicos de la música argentina.


Té para tres. En 1990, Soda Stereo se alejó del pop que lo había catapultado a la gloria durante los años 80’ para grabar un disco con influencias del hard rock setentoso más crudo. El resultado fue un clásico insuperable del rock argentino: Canción Animal. “Té para tres” fue el remanso entre una tormenta de canciones viscerales. Cerati se conectó con su veta más spinetteana y parió una pieza acústica de gran belleza (tanto musical como lírica), de fogón sofisticado. En Comfort y Música para volar (1996), la reversionó adosándole el memorable punteo de guitarra de “Cementerio Club”. Spinetta le rindió homenaje tocándola junto a él en el concierto de las Bandas Eternas.



Fue. Bajo el inocultable influjo del noise noventoso (como My Bloody Valentine o Ride), Soda Stereo se hizo indie y editó su disco más arriesgado: Dynamo (1992). El cambio dio el espaldarazo necesario a varias de las mejores bandas de la década (Los Brujos, Peligrosos Gorriones, Babasónicos, Martes Menta). Postal perfecta de una separación (probablemente sea de las mejores letras de Cerati), “Fue”, con su estilo funky y sus arreglos de vientos, se aleja del ruido pop imperante y (al igual que el excelente disco) se transformó en un favorito de los fans más exigentes.



Ella usó mi cabeza como un revólver. El rock argentino está repleto de frases inolvidables. “Ella usó mi cabeza como un revólver” es quizá una de las mejores y todavía hoy nos preguntamos cómo logró Cerati hacerla coincidir con el tempo de una bella canción pop. Metáfora intrincada y genial sobre el accionar de una mujer despechada, el último gran hit de la banda introducía al oyente en el paisaje brit de Sueño Stereo (1995). En junio de 2008, un lector de la revista Rolling Stone le preguntó al Indio Solari si le gustaba algún tema de Soda Stereo y éste respondió: “Ella usó la cabeza... ¿Cómo es? Esa está buena".


Terapia de amor intensiva. Nunca está de más una canción de amor y Cerati, en este rubro, es un especialista. Doble Vida (1988) fue un disco que quedó a mitad de camino entre canciones soberbias (“La ciudad de la furia”, “Corazón delator”) y un pop latino con aires funk algo errático. “Terapia de amor intensiva” (épica y absolutamente lennoniana) se destaca sobre el resto y parece ser la carta de un amante que se resiste a terminar una relación (“Si algo está enfermo, está con vida”, “No morirá lo que debe sobrevivir”). Una versión actualizada del tema quedó fuera del unplugged para MTV.



Nada personal. O la pérdida de la experiencia de Benjamin en 4 minutos de extraordinario pop ochentoso. El itinerario colectivo del individuo contemporáneo en un mundo gradualmente deshumanizado fue reflejado por Cerati con una efectividad radical, no exenta de maliciosa ironía: “Sinceramente sería tan bueno tocarte/ Pero es inútil, tu cuerpo es de látex”; “Busco en TV algún mensaje entre líneas”, “Busco calor en esa imagen de video”. El pop nunca volvió a ser tan inteligente.



En camino. Signos (1986), tercer disco de la banda, marcó el momento del despegue continental. Entre una avalancha de hits (“Persiana americana”, “Prófugos”, “Nos existes”) “En camino” se distinguía por su letra (que hilvanaba una serie de imágenes algo inciertas: “Un auto en el vacío y la niebla otra vez (…) Vemos pasar montañas de piedra”) y una melodía escurridiza que cabalgaba a bordo de unas guitarras acústicas aceleradas.



Dietético. En el principio Soda Stereo fue una banda divertida, más cercana a Los Twist que al monumento al pop de estadios en que se convirtió después. Su primer disco (de 1984) posee un sonido bailable de raigambre new wave y mucho desparpajo. “Dietético” reflejaba sarcásticamente (al estilo Federico Moura, productor del disco) la superficialidad y la devoción por la imagen de la nueva era: “Te quiero pero estás tan gorda/ Presiento que no sos moderna”. La frase que Cerati canta en la coda (“¡El régimen se acabó!”), en pleno retorno de la democracia, tiene un doble sentido explícito y hace al tema aún más entrañable.



Algún día. El último tema que Soda Stereo grabó en un estudio no es propio: pertenece a Queen y está en un disco tributo a la banda inglesa del año 1997. Cerati se adueña de la canción (un melancólico retrato sobre el paso del tiempo) con una facilidad sorprendente y la vuelve una postal de la separación: “La música aturdía y no escuchabas mi canción/ Inútil fue negar esa distancia entre los dos/ Ahora todo es bruma y no hay luces que seguir/ Si piensas volver algún día”.



Lago en el cielo. Ahí vamos (2006) significó el regreso de Cerati a la masividad luego de un silencio discográfico de 4 años (tal vez el irregular Siempre es hoy obligó a replantearse ciertas pautas). Entre rock and pop radial, baladas de éxito asegurado y sonidos algo monótonos en su repetición, “Lago en el cielo” confirmaba la vigencia del mejor autor de canciones pop del continente: “Vamos despacio/ Para encontrarnos/ El tiempo es arena en mis manos/ Sé por tus marcas/ Cuánto has dejado/ Para olvidar lo que hiciste”.



Lisa. En un link directo al Lennon de fines de los 60’, en 1993 Cerati separó momentáneamente a Soda Stereo, se dejó la barba, asumió un look desfachatado, se enamoró de una chilena y se mandó un discazo: Amor amarillo, contracara perfecta del éxito masivo de otro álbum genial: El amor después del amor. “Lisa” (el nombre que años después le daría a su hija) muestra a Cerati en el rol de un cantautor surrealista y algo volado (en la senda de Luis Almirante Brown), capaz de decir cualquier cosa y sonar muy bien. Tal vez demasiado.



Paseo inmoral. Todavía algo atribulado por la separación de Soda Stereo, Gustavo Cerati grabó Bocanada (1999). Reacio a emular los hits de otrora y con una marcada tendencia hacia la electrónica, su primer disco solista luego del “Gracias totales” fue un intento (otro) por salirse del centro de la escena. En ese terreno (fértil en canciones tímidas, especiales para la hora del té), aparecía, cual sapo de otro pozo, “Paseo inmoral”, un irresistible tecno-rock para cantar alocadamente en una pista de baile.



Convoy. Fuerza natural (2009) puede decirnos muy poco al principio pero es un disco que gana en luminosidad a partir de las escuchas sucesivas. “Convoy” es un adictivo folk cósmico sobre un encuentro inesperado. En poco más de 3 minutos, Cerati demuestra toda su sapiencia pop:



Te encontré en un tren
dejando atrás toda la locura
nos miramos bien
buscando nuestro punto de fuga
tantas ganas de explorarnos
todo salió como lo planeamos
Se soltó el vagón y volamos al espacio exterior


Próxima estación mucho más allá del sol
Convoy espacial, ¿qué tan lejos nos llevará?



Oímos la galaxia explotar
y cada uno de los otros planetas
dormimos en nubes de gas
en playas de relojes de arena
en cada noche una nueva luna


hicimos el amor en algunas
cuerpos a contra luz
guiados por la cruz del sur
dentro de un volcán
nadie supo ni que nos pasó
ahora somos polvo cósmico


Próxima estación mucho más allá del sol
Convoy espacial, ¿qué tan lejos nos llevará?