viernes, 26 de noviembre de 2010

Axolotl

Ustedes las conocen. Esas personas que viven pendientes de las desventuras de sus ex. O, peor, de las parejas de sus ex. O más aún: de las ex de sus parejas actuales. Ni siquiera están enamorados, aparentemente los odian, pero allí están, navegando en las proximidades de sus facebooks, en los chats de un conocido en común, a la espera de algún dato escabroso que les compruebe que ellos son mejores personas. Mientras, de tanto gastar energía en aquello que desprecian les puede ocurrir lo que al personaje de Cortázar, ése que entra al Acuario/ y se queda embobado mirando el Axolotl/ y cuando sale del Acuario/ ya no es un tipo/ sino un Axolotl inmóvil/ mirando un tipo/ que se va de un Acuario. Cualquiera puede caer en este tipo de juegos de la mente. Hacia el final de The Social Network, encontramos al joven multimillonario enviando una solicitud de amistad a su ex novia, mientras actualiza frenéticamente la pantalla a la espera de una aceptación. Paradojas de la vida. "I don't like you/ But I love you". Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.

Todo esto porque hoy escuché el programa de Víctor Hugo Morales. Eso debe ser lo que llaman "periodismo militante". Una tendencia política explícita de 9 a 13 hs. sólo eludida cuando el conductor llamó a Luis Juez para preguntarle si no se estarían equivocando con Ricardo Jaime... Después, el resto del envío estuvo dedicado íntegramente a repasar extensas declaraciones de Mirtha Legrand. El público se comunicaba indignado y repetía el rap de que ellos no eran la "gente" que la diva caída en desgracia dice representar. Gracias por avisar, nunca se me hubiese ocurrido. Otros decían "Bienvenida la Ley de Medios", como si la aplicación de la misma terminase para siempre con los fachos, como si actualmente no hubiese posibilidad alguna de ponerse a escuchar un disco de Los Beatles en vez de torturarse con la cantinela del almuerzo ancestral. La misma dinámica se extiende al sector kirchnerista. Esto es algo así como un macartismo al revés. Mirthalegrandismo progre. Un macartismo de izquierda. Bueno, el concepto es bastante obvio no sé qué hago dando tantas explicaciones. Individuos que la tienen re clara (como Federico Luppi), saben con exactitud qué hay que decir y qué no y desde el púlpito de esa inteligentzia ideológica (por enigmáticos designios, a salvo de cualquier error) nos explican de qué va la cosa. Durante 30 o 20 o 10 años comieron (real o simbólicamente) con "la Chiqui", le festejaron los chistes malos, los comentarios desmedidos y su egolatría a prueba de balas, pero de repente el satori, la impensada epifanía: Mirtha Legrand es reaccionaria, es fascista y es conservadora. Y hay más: en algunas fotografías sonríe junto al dream team de la última dictadura militar. Y las fotografías, a no ser cuando muestran al principal sospechoso de asesinar a Mariano Ferreyra con el "payaso liberal" o una panelista de 678, siempre dicen la verdad. ¿No vieron El secreto de sus ojos? (Y ya que el archivo nos provoca orgasmos, por qué nadie recuerda qué dijo el cantante de Calle 13 de Cristina en la entrega de los Premios MTV el año pasado en vez de defender a Chávez del temible Alejandro Sánz).

Más que a las convicciones, esta deserción tardía se vincula al oportunismo. Recién ahora, cuando asistir a la mesa es un "quemo", los "artistas" entienden que el asesino era el mayordomo. Y no saciados en su demagogia, se dedican a lo mismo que hizo Mirtha Legrand desde siempre: abrir la boca y decir boludeces. No fue suficiente el kirchnerismo, ¡fue necesario que muera Néstor para que caigan de la palmera! El televidente, por su parte, también se siente cómodo en este plan: es más aliviador investigar qué hizo la “diva” en la dictadura y no qué hizo él mientras se mataban y torturaban personas. Menos mal que las canchas del Mundial 78’ estaban vacías, en caso contrario uno tendería a pensar que la dictadura fue cívico-militar. Mejor así, la culpa de todo la tiene Mirtha.

Elipsis.

¿Será desde que no tengo una fotografía en la billetera, desde que interpreto semiológicamente el sentido de un beso, desde que las neurosis y las patalogías del fucking amor me calcinaron el cerebro, desde que mi corazón no sabe/ no contesta, desde que prefiero leer al Turco Asís antes que a José Pablo Feinmann que: soy un cínico? Yo hago todos los intentos y cada tanto se muere Néstor Kirchner y me conmuevo. Pero ¿no habré crecido en los 90'? ¿O será, como cree el Mark Zuckerberg de ficción, todo culpa de mi ex? Voy a ver qué dibujo animado puso en su perfil de Facebook. Tal vez allí esté la respuesta de esta crisis, pero todo empieza y termina en que intuyo que el objetivo de los que quieren militar en realidad es conseguir una novia, muchachos. Y lo peor de todo es que este detalle me parece perfecto, no lo cuestiono, porque si me dijeran que quieren salvar el mundo, ni siquiera el mundo, el país, ni siquiera el país, su ciudad, ni siquiera su ciudad, su cuadra, ni siquiera su cuadra, su casa... De última, es mucho más productivo preocuparse por hacer cucharita con una joven nac and pop que buscar los subtítulos de una película rumana o el último disco de Arcade Fire en MiniNova. Pero por favor, hasta que los años no nos otorguen la perspectiva necesaria, córtenla con lo de la “juventud maravillosa” porque mi paso a la inmortalidad no es atentar contra cristinistas barbudos (lo que implicaría mi suicidio) sino algo más o menos sangriento ligado a la "cooltura" y a los niños ricos con tristeza y los esnobs con ropas estridentes.

A veces me parece que somos parte de una remake dirigida por el Señor Spielbergo. Debería haber escrito eso nada más. Recordemos siempre que todo discurso es boutade. Sayonara.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Algunas películas del Festival de Cine

The Book of Life. Perteneciente a la retrospectiva sobre Hal Hartley. La posmodernidad, nadie puede afirmar que existe, pero si vieras esta película no dudarías un solo segundo que estamos hundidos hasta el cuello en ella. El segundo nombre de Hartley es "Pionero/Leyenda del cine indie" así que de antemano estamos preparados para recibir algo excéntrico (en el sentido literal del término, no para calificar a alguien que combina mal la ropa). La estrategia que se utiliza en este film para causar un efecto de extrañamiento es adaptar un relato ancestral a la idiosincrasia urbana actual. The Book of Life data de 1998 y está ambientada en el último día del siglo pasado. La anécdota es simple: Jesucristo (acompañado por María Magdalena, interpretada por la gloriosa PJ Harvey) baja a la Tierra para desencadenar el Apocalipsis. En el medio se cruzan con un borracho perdido, el Diablo, quien prefiere que todo siga igual, pues de suceder lo contrario, perdería su trabajo. El fin del mundo yace en los archivos de una notebook. Jesucristo es un yuppie. Después de un comienzo que bordea la ridiculez, la película gana densidad narrativa a medida que se desarrolla, con monólogos bastante logrados. El registro, irónico-filosófico, es más propio del teatro. La estética es deliberadamente primitiva y elude los convencionalismos, aunque tal vez 12 años atrás, todos esos "trucos" propios del video clip ya se encontraban perimidos.


Conclusión: Una película original, que provoca, al mismo tiempo, estupefacción y inquietud. Como el fugaz paso de Borghi por Boca.


Nunca me abandones (Never Let Me Go). Basada en una novela de Kazuo Ishiguro que no leí, así que este dato bien podría haber sido desechado. En realidad sólo sirve para completar la reseña de una película de la que se puede decir muy poco. A lo sumo un "Uhm". O "Exijo una explicación". O directamente un "¡Plop!". Nunca me abandones repasa el itinerario de tres jóvenes que crecen en un internado. El mismo es opresivo, sofocante, tortuoso. Más o menos lo que se espera de un internado. Al promediar la película nos enteramos que el propósito de sus autoridades es formar adultos dadores de órganos. Luego, a través de unas escenas que rozan el crimen de lesa humanidad en su enternecedor didactismo, advertimos que los protagonistas son clones. Pero lo que tenemos en frente no es una película de ciencia ficción o una comedia, más bien se trata de un drama bastante sensiblero, repleto de golpes bajos, llantos, twist and shout. Y para hacer un drama de una situación improbable hay que tener algo, no sé bien qué, pero le falta a Mark Romanek. Quizá lo tenga y en esta película le faltó. Incluso podemos elucubrar que Mark Romanek está lleno de ese algo, que Mark Romanek es en sí mismo ese algo, ese plus de virtuosidad que diferencia a un gran director de otro mediocre. Pero son todas especulaciones, ¡amargas y grises especulaciones, maldita sea! Aplausos para Carey Mulligan y Keira Knightley, no necesariamente por sus actuaciones.


Conclusión: Una película para preguntarse por ese "algo" y recalar en la incertidumbre existencial atávica, aquella que llevó a Ángel Cappa a decir: "¡Foul del 3, hijo de puta!".


Tuesday, After Christmas. Oh, 109 minutos ininterrumpidos de maravilloso cine rumano, ¿qué más se le puede pedir a la vida? Oh, qué inteligentes pareceremos a los ojos de nuestros conocidos cuando se enteren de que fuimos a ver esta película. Oh, qué envidia sentirán los cinéfilos del mundo cuando sepan que vimos en un Festival tamaña obra de arte. Oh, qué gusto da coincidir con la inteligentzia. Oh, qué tremenda cagada si la película nos parece aburrida, lenta y larga, que es casi lo peor que se puede decir de una película. Oh, de todos modos hagamos mucha fuerza para que nos guste. Oh sí, oh sí, tú puedes mentir que Tuesday, After Christmas te pareció un estupendo ejemplar de Radu Muntean que se inmiscuye en los laberintos rutinarios de la vida cotidiana y termina conformando un fresco sobre la sociedad actual. Oh sí, si hasta parece un cuento de Raymond Carver. Oh, qué particular esa historia sobre un hombre casado que engaña a su esposa con una más joven. Oh, nunca se me hubiese ocurrido. Oh, oh, oh.


Conclusión: "Ah, por cierto, estaba siendo sarcástico".


Yo maté a mi madre (J'ai tué ma mère). Es muy fácil ser sarcástico, ¿no?, lo difícil, como diría Leonard Cohen, es disparar antes de que el otro desenfunde. Démosle la bienvenida a "(?)" y también a Xavier Dolan, el joven canadiense, director y protagonista de Yo maté a mi madre. El título es explícito desde el punto de vista simbólico ya que no se trata de un policial sino de un melodrama que profundiza en la relación conflictiva entre una madre separada y un hijo de 17 años que quiere vivir "sin timón y en el delirio" pero no se sabe hacer la cama. La película está muy bien envuelta (fotografía, soundtrack, etc) y puede ubicarse junto a Tarnation en la colección personal. Los diálogos son creíbles, se estancan en esa insoportable levedad de las discusiones vulgares que pueden dar paso al drama de un segundo a otro. Por momentos, sin embargo, la actuación de Dolan parece demasiado afectada y los contrapuntos entre él y su madre se pierden en un juego bastante monótono. Mucho ruido y pocas nueces, aunque el resultado final es favorable.


Conclusión: Pero qué lindos son los franceses, carajo, incluso cuando son canadienses.


Iván Zulueta, Programa 4 de cortos: Tea for Two, La Taquillera, Párpados, Ritesti. Tal vez la única forma de conocer a Iván Zulueta sea sacar mal la entrada. La idea era ver, a esa misma hora, cortos de la competencia oficial, pero una serie de desperfectos nos lleva a la sala equivocada. Podríamos incinerar públicamente a la culpable de este accidente... pero echemos un manto de piedad, puesto que es una vampira y no tengo intenciones de meterme en problemas con este tipo de personajes tan peligrosos. Ahora vayamos a Zulueta, reconocido cineasta español, quien durante su vida filmó dos películas (una de ellas, Arrebato, legendaria) y muchos cortometrajes que le permitieron ganarse el mote de artista experimental, carnet que posibilita a sus dueños a mandar fruta mientras de los 8 espectadores del cine, 3 se van y los restantes se rascan la cabeza en señal de inédita incertidumbre existencial. Surrealismo en la década del 80'... Trips oníricos perfectamente inentendibles. Viendo estos cuatro cortos y leyendo algunas nota sobre su vida, podemos sospechar que el aporte de Zulueta está más relacionado con su existencia en el panorama cultural español, que con su filmografía. Aunque no descarto que Tea for Two o Párpados fueran obras maestras. Un hombre travestido que baila mientras desayuna. Una taquillera hablando por teléfono. Una serie de pintores con problemas "simbióticos". El sonido de un claxon. Repostería y descuartizamientos. En fin. Como diría Borges: esas cosas demasiado inconspicuas para un "corto".


Conclusión: Igual estamos a mano por Social Network.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Paul is Live

Para la China, per se

La actitud de Paul arriba del escenario es ambivalente. Por un lado, parece olvidar quien es (¡el fucking Paul McCartney!) y cede a los más grandiosos hits de la demagogia del show business para ganarse a un público que, ya de antemano, en su caso, más que con cualquier otro artista, tiene rendido a sus pies. Entonces repite frases en español ayudado por un papelito. Se pone la camiseta y juega a ser el Diego de la Gente. Hace flamear una bandera argentina en el escenario. Hay un exceso de simpatía que lo puede llevar a asemejarse demasiado a ese tío que en nuestra infancia nos parecía muy gracioso y al entrar en la pubertad comenzamos a evitar. Por otro lado, no posee ningún tipo de culposidad, no tiene dramas con su pasado. Es un Beatle y se hace cargo de la situación como ésta lo requiere. Se sabe un superhéroe del siglo XX. Si fuera Spinetta, tocaría siempre "Muchacha". Tiene todo fríamente calculado y, aunque parezca, no es ningún boludo. Quiere, simplemente, que cada una de las personas que se acercan al Monumental pase un buen momento. O más: una noche inolvidable. O incluso un tanto más ambicioso: la mejor noche de sus vidas. Y lo logra con creces. Paul, además de un fabuloso multiinstrumentista (le falta tocar la batería, en manos de un comediante), es un showman de puta madre, un prodigio pop, probablemente el que inventó lo que van a ver las niñas el domingo a la tarde en el mismo Estadio. Una especie de máquina perversa del entretenimiento a la que todos rendimos tributo.

Ayer leí que era el tipo que más guita había generado en la historia de la música. Lo tiene merecido. ¿Sabés la cantidad de vidas que salvó Paul McCartney? No te das una idea. Y no me refiero a un trasplante, eso es valioso pero lo puede hacer cualquier ñato que haya estudiado. Hablo, señores, de un salvataje espiritual, de un canal de expresión íntimo en una situación trágica, de la ceremonia pop del que escucha un disco para identificarse con una letra. Paul nos dio mucho. En ese contexto, está bien que sus entradas costaran tan caras, está bien que hayan pagado 6000 mangos para tocarle el culo. Es más, voy a transferir mis ahorros a la cuenta de Paul. "Tomá Paul, te mando 300 pesos por Getting Better, el mes que viene 150 por Martha My Dear". Y etc. Seguro que lo acepta el hijo de puta.

Del recital: "poco se puede decir que ya no se haya dicho". El que escuchó su reciente disco en vivo en New York y pispeó la lista de temas en los medios, sabía con que se iba a encontrar. Defectos de la nueva era. De la sobre información. Tal vez hubiese sido mejor no saber nada. Después del telonero imposible, la mayor sorpresa fue el comienzo con una versión (elija su adjetivo favorito: genial, perfecta, fantástica) de "Magical Mystery Tour" y tal vez la inclusión de “I`ve Just Seen a Face”. El resto del repertorio lo conforman un puñado de canciones de su etapa con los Wings (especialmente del gran disco "Band on the Run": se destacan el homónimo y el hermoso blues "Let me roll it"), alguna que otra pieza solista y una veintena de gemas de los fab four que tienen la potencia de un cross a la mandíbula. No hay nada qué hacer. No se puede explicar. Toda intelectualización posible, todo prejuicio sobre cierta melosidad desmedida (recordar sino "No More Lonely Nights" y su video), se destruye en mil pedazos cuando el tipo de tiradores y pantalón de tiro alto se sienta al piano y entona: "The long and winding road/ That leads to your door". Estamos ante alguien que comprende la sensibilidad humana. O la capta o la reproduce a través de versos simples con melodías irresistibles. Sólo restar callar o llorar o intentar acompañar. Como el tipo que estaba atrás mío, ése que desafinaba como un maldito perro, ése que evidentemente no sabía inglés y no tenía idea de lo que decía la letra pero probablemente la entendió muchos años atrás y mejor que yo.

"Highway", "Sing the Changes", "Mrs Vandebilt" quizás sean temas que desentonan en semejante repertorio pero nada es ferpecto. Tal vez se extrañó un "Hope of Deliverence". Algo de "Chaos and Creation in the Backyard (2005), entre los mejores 5 discos de su carrera solista. Un "Maybe i'm amazed" que, sí, es una "silly love song", pero de las más lindas que escuché en mi vida. Prefiero no entrar en el terreno de los temas de los Beatles que se tocaron y los que no. No estuvo "Penny Lane", pero tocó "Lady Madonna". No "Oh Darling", pero sí "I've Got a Feeling". Es linda, pero está con otro. Es inteligente, pero es feo. You Know Me. Es como en la vida: siempre te van a faltar 10 para el peso.

Los homenajes a Lennon y Harrison. Todo un palo. Al primero le dedica "Here Today", una carta lacrimógena sobre su conflictiva relación. Después arremete (en el caso de Paul el lugar común de este verbo es neutralizado) con "A Day in the Life" y "Give Peace a Chance". "Something", el clásico de Abbey Road, es tocado desde el comienzo con el acompañamiento de un ukelele y después se suma el resto de la banda. El resultado es altamente emotivo. A la gente le encanta corear "You're asking me will my love grow/ I don't know, I don't know/ You stick around now it may show/ I don't know, I don't know". Creí que era yo solo, pero no. Eran todos. Personas de distinto sexo, origen, servicio de internet, creencias religiosas, ideologías, partidos políticos, gritando eso, que no sabemos, no sabemos un choto y necesitamos decirlo a los gritos.

El final une "Yesterday" con "Helter Skelter". En el espacio que hay entre esos dos temas (imaginemos un enorme pentagrama) está todo lo que hizo Paul McCartney en la música contemporánea. Es decir: todo. La coda con "The End" y el aforismo sobre el amor (¿será verdad?) no podía ser más indicada para cerrar la noche. El tipo saludó, entonces, por enésima vez y se perdió por detrás del escenario. Y mientras salíamos, en medio del mar de gente que comentaba los "cuetes" de "Live and Let Die" y lo buen tipo que era el gordo que tocaba la batería, nos cayó la ficha, la poderosa ficha: habíamos visto a Paul McCartney en vivo. ¿Y ahora?


lunes, 8 de noviembre de 2010

No te vayas subcampeón, quiero verte otra vez...

La misericordia extrema por los avatares del mundillo del fútbol es moneda corriente. Tal vez nos identificamos más con quien nos gustaría ser que con quienes somos en realidad: en vez de seres marginales, oscuros, rutinarios, estrellas, ídolos del deporte, héroes masivos. Por eso estamos más preocupados por cuidarle el culo a tipos remotos que al vecino de la esquina de tu casa. Se suele lamentar el protagonismo que tienen los resultados a la hora de evaluar la actuación de un D.T o un jugador, pero no se recuerda que lo mismo sucede con los empleados de panaderías. Algunos se escandalizan porque un partido se juegue a las 15:00 con 33º de temperatura; jamás se les ocurriría tener la misma compasión por los albañiles de una obra en construcción en pleno enero. Suspendamos la vida cuando hace calor, yo me prendo, pero (y a continuación démosle la bienvenida a mi frase favorita de los últimos tiempos, aquella que se impone como respuesta cuando pienso en mi carrera, en la chica que me gusta, en la vuelta de Radiohead a la Argentina): “algo me dice que eso nunca sucederá”.

Convengamos que sí: el fútbol es cruel, sólo sobreviven los más aptos. Ahora bien, cuando encuentren algo que forme parte de la vida cotidiana y no funcione a partir de esta dinámica, avisen. En consecuencia, mientras el capitalismo rija nuestras psiquis y nos sigamos sintiendo cómodos en esa lógica (que yo sepa nadie planea hacer la Revolución), pasemos a otro tema, no quiero hablar de eso.

Y todo esto, naturalmente, como ya advertirán, recala en el IV Festival de Poesía, de Acá, a desarrollarse en la ciudad de Mar del Plata. Muchos de los poetas que nos deleitarán con sus versos este fin de semana son deudores, entre otras corrientes, de lo que se llamó “Poesía de los 90”, aquella camada de autores argentinos que, entre otros, integraron Fabián Casas, Daniel Durand y Martín Gambarotta. Este último, en “Seudo”, dice cada uno fríe su pescado como más le gusta”. Dentro de la logia futbolística, este aforismo puede traducirse de la siguiente manera: “Cada técnico con su librito”. Sin embargo, en los últimos tiempos, es más habitual la superproducción serializada que el cine de autor. Es harto complejo diferenciar la propuesta de un D.T de otro. Muchos son el mismo tipo con máscara distinta (con Falcioni debo reconocer que los encargados de FX hicieron un trabajo de antología). Por eso cuando aparece alguien que logra imprimirle un enfoque personal al juego de un equipo, se roba todos los flashes. Sus triunfos serán exaltados hasta el infinito y sus fracasos no podrán escapar del patetismo. Cuando Dios te da un don, también te da un látigo, afirmó Truman Capote. No es echado, entonces, un técnico, sino una forma de jugar al fútbol, una escuela, una filosofía, una estética y hasta, afirman algunos, una ideología. Un emblema, un paradigma y así podría seguir, oh sí, oh sí, durante años.

Y de lo general, finalmente, aterrizamos en lo particular, Ángel Cappa. El caso de su salida es especialmente doloroso, tiene algo de enamoramiento efímero que ni siquiera es despreciado por acciones puntuales, sino por la suma de los días. No sólo es que River no gana desde hace 7 partidos, sino que se instaló en una meseta de intrascendencia llamativa incluso para el paupérrimo nivel de la banda roja. Y esto incluye tanto a Cappa (su paso por River será inmortalizado en el inconsciente colectivo por sus encendidas rabietas, un ejemplo de impotencia absoluta) como a los jugadores, que no pueden dar más de tres pases seguidos. La mala racha llega a tal punto que Ariel Ortega está jugando, probablemente, los peores partidos de su carrera. El resto del equipo no acompaña (a excepción de Carrizo y Pavone). Los movimientos constantes en el mediocampo y en la delantera (Lamela y Affranchino, dos de los "mejores" jugadores, quedaron afuera del equipo titular) no ayudaron. Nada funciona y no es hipérbole. El campeonato en el que River tenía un fixture más o menos accesible, apto para obtener los puntos necesarios y salir de la promoción, se convirtió en una pesadilla. Pero crucificar a Cappa es absurdo, desde hace tiempo River no tiene piso, no le gana a nadie, merece la B Nacional. Passarella, con su pose de macho alfa, es el Hombre que toma decisiones y se pone la Institución al hombro, pero por ahora no da pie con bola. (Se ofrece recompensa por la Auditoria de la gestión de Aguilar). La era Cappa terminó más rápido de lo que se pensaba y encima no hay un solo dato positivo que haya aportado al Club. Sólo el hit de los resignados: Nunca esperes nada de nadie, pero preparate para todo. Su alejamiento inducido provoca malestar, aunque nadie se sacrificará por su bandera. Ya lo dijo el ex Ministro de Duhalde: el cementerio está repleto de imprescindibles.

Y algún que otro hijo de puta también: Massera Q.E.P.D el H.D.P

Será cuestión de prepararse emocionalmente para jugar los sábados. Nos hemos acostumbrado a cosas peores.


domingo, 7 de noviembre de 2010

IV Festival de Poesía, de Acá

12 y 13 de noviembre en Moll Bar (Sgo. del Estero 2358, Mar del Plata)

CRONOGRAMA DE LECTURAS Y ACTIVIDADES:

VIERNES 12

16.00
Joaquín Correa.
Lucía Couso.
Flavia Garione.

18.00
Florencia Roca.
Nicolás Pedretti.
Verónica Goldenberg.

20.00
Fabián Iriarte.
Mauro de Angelis.
Carmen Iriondo.

22.00
Iván Moiseeff.
Jonás Gómez.
Matías Moscardi.
Gastón Franchini.
Sol Echevarría.

SÁBADO 13

16.00
Vanina Colagiovanni.
Facundo Giménez.
Sebastián Hernáiz.
Alfredo Jaramillo.

18.00
Marina Yuszczuk.
Jorge Chiesa.
Luciana Caamaño.
Esteban Castroman.
Federico Torres.

20.00
Marina Mariasch.
Walter Cassara.
Ezequiel Alemián.

22.00
En vivo: Silent

Además Feria de editoriales independientes: Vox, Dársena3, Gog y Magog, Clase turista. Cuadros de: Dacid. Fotos de: Lola Inlovee. B-sides & rarities: Rubi Bleu.
PD: ¡Vayan, putos!

jueves, 4 de noviembre de 2010

Divino Tesoro

Es cierto que ya todo ha sido dicho (siglos de Occidente no pasan en vano, aunque todavía no se inventó la opción "No me gusta" en Facebook), pero cuando me asalta la necesidad de escribir algo verdaderamente redundante siento incomodidad. El texto que prosigue es de aquellos que dicen algo tan poco original que ni siquiera debería ser escrito y mucho menos leído. Sin embargo, es en esta disyuntiva que lo recuerdo:

"Marcos Aguinis ha publicado libros".

Ésa es la frase que justifica cualquier desatino. Es más: me atrevo a decir que esa frase (que encierra un hecho tan dramático como irreversible) es la justificación de éste y todos los blogs mediocres del mundo. En los afluentes de ese río deberán abrevar los escritores novatos que se sienten paralizados ante la figura de un Borges, un Bolaño, un Nabokov, un Kafka. “Aguinis”. He aquí, querido y remoto muchacho, la palabra mágica para mandar fruta y no sentirse culpable.

En fin.

En los últimos días he notado la instalación masiva de algunos microrrelatos. A partir de su sistemática repetición, pueden llegar a sedimentarse en la entelequia denominada "opinión pública" para pasar a formar parte de la serie de lugares comunes que rigen nuestra existencia. Uno es la exaltación de las convicciones, el otro de la juventud. El microrrelato que ocupará más espacio en mi (espero) breve nota es el segundo, pero no podía dejar de mencionar el primero porque los dos están íntimamente vinculados. El lector atento comprenderá que se trata de discursos que comienzan a circular a partir de la muerte de Néstor Kirchner. A los dos han adherido, aunque parezca irrisorio, oficialismo y oposición. Incluso esta última fue la que, en la necesidad hipócrita de tener que rescatar algo del enemigo fallecido, recurrió al verso de las convicciones, como si éstas, per se, fueran positivas. Sólo hace falta decir que Hitler tenía convicciones para desarticular este sofismo. Convicciones tenemos todos (el que nos las tiene, inconsciente, posee las del nihilismo o el escepticismo o la indiferencia o la apatía), lo fundamental es el contenido de las mismas. Enaltecer las convicciones de Kirchner sin especificarlas, es, en el caso de la oposición, una estrategia para neutralizar su efecto revulsivo en los miembros de ciertas corporaciones (económicas, periodísticas, institucionales). Por el lado del oficialismo, sirve para borrar los puntos oscuros de su curriculum y canonizarlo. Kirchner era un tipo contradictorio, el que lo niegue, en pos de amarlo u odiarlo, se sabe encandilado por las luces de una dinámica argumentativa binaria y maniquea. "Tenía convicciones" equivale, entonces, a la mismísima nada.

Sobre la juventud, ídem. Reivindicar (o rechazar) una franja etaria debe ser de las idioteces más sublimes que he escuchado. Sin llegar al extremo canallesco de referirse a las juventudes hitlerianas, no hace falta decir que la juventud no es, en forma intrínseca, maravillosa. Que la juventud no es mejor que la tercera edad. Que alguien de 26 años no tiene más méritos que otro de 57. No hace falta, es verdad, sin embargo, por esos cauces ha ido la bajada de línea de muchos medios y comunicadores en esta semana. Esto no debería extrañar en personas a las que las nieves del tiempo platearon su sien: idealizan lo que perdieron y nunca recuperarán, como vos, cada tanto, extrañás alguna ex novia. El problema comienza cuando los jóvenes son fans de sí mismos. No sé por qué me inquieta la gente que está tan segura de tener la posta. Actualmente se exalta la militancia, como si ésta fuera la cura a todos los males del mundo. Es necesario señalar que, al parecer, la única que tiene sentido es la que banca el proyecto de Cristina, no existe la misma consideración con respecto a la juventud radical o los trotskistas. A excepción, eso sí, de que una mafia sindical mate a alguno de sus miembros. Recién ahí podemos elucubrar que un pibe del PO sea humano. Elipsis. Sólo desde una perspectiva muy sesgada podemos concebir que el único modo de militar sea afiliarse a un partido. Entonces primero veamos por qué y cómo se milita. Si es la adhesión al contenido de ciertas convicciones. O un tema de Barragán. O la reacción inmediata a la muerte de un líder. O enamorarse con una posible remake edulcorada de la juventud setentista, la de nuestros padres y nuestros tíos. Me pregunto que hubiese pensado Juan Salvo de Néstor.

En la aldea virtual 2.0 son todos nacionales y populares, pero a veces, hasta un servidor, individualista miserable incapaz de formar parte de su propia familia, puede sentirse incluido en esa corriente. El peronismo cool es la muerte del peronismo. Y maticemos, muchachos, que no cuesta nada. En su versión más lograda, militar es acceder a una forma de vida honrosa. Es más digno que tener un blog o cuidar un cactus, ¿no? A pesar de todas sus contradicciones, en términos pragmáticos, se trata de la herramienta colectiva más adecuada para cambiar la "realidad", por más mínimo que sea el aporte. Bienvenida la militancia y lo digo sin sorna: ¿quién te dice que esta vez no cambiamos el mundo? Es para eso, aunque no lo quiera aceptar, que leo y escribo. Pero nunca dejemos de preguntarnos quiénes somos. No aceptemos certidumbres preestablecidas. Activemos el espíritu crítico contra viento y marea. No armemos el rompecabezas para quedar bien con alguien que ni nos conoce. Y, por favor, nunca seamos fanáticos de algo tan azaroso como nuestra partida de nacimiento. Sayonara.