lunes, 24 de enero de 2011

Let me roll it

El espectro de la remake sobrevuela la vida moderna. Todo o casi todo es la versión de una historia ocurrida muchos años atrás. El futuro rebota entre los límites del pasado. Allí están las bandas de covers. Los discos remasterizados. Volver al futuro en 2D. Kill Gil. Los múltiples avatares digitales que hacen de nosotros mismos convirtiéndonos en una serie de preferencias, frases y videos musicales. El resultado suele ser el peor. El cese de comercialización de granos actual intentó emular el paro del 2008. Pero al igual que cuando una pareja decide hacer la remake de un amor y sale todo mal, esta vez no hubo química entre la "gente" y los terratenientes oligarcas.

Hasta hace algunos días, en el hipotético caso de que un maldito loco me interceptara por la calle y apuntándome con un revólver me preguntara cuál es la película de la historia de la cinematografía mundial que no necesita de ningún modo remake, no hubiese dudado en responder a los gritos y al borde del llanto que Let the Right One In. Me pregunto si alguien todavía no habrá visto el romance sueco entre la vampira Eli y el freak Oskar como así también por qué razón un maldito loco saldría a la calle con un revólver a inquirir sobre cuestiones cinéfilas. La respuesta está soplando en el viento y lo vamos a dejar hablar. Escuchen su rumor en la unánime noche de verano.

Las expectativas sobre Let Me In, la remake filmada por Matt Reeves, entonces, no eran tales. Nos internamos en las tinieblas del cine con la secreta esperanza de que la cinta se vaya por la banquina para estrellarse contra los espectadores al estilo Rally Dakar (el acontecimiento más irreversiblemente estúpido de la historia de la Humanidad, comento, por si alguno de esos malditos locos armados que pululan por mi mente me pregunta). La adaptación hollywoodense de un film extranjero suele transitar por el cause de la pasteurización total de sus elementos más constitutivos. De modo tal que una película densa y oscura como Let the Right One In, después de atravesar ese río, se puede transformar en un producto impersonal y listo para ser consumido por come-pochoclos obsesivos. O no.

Sin apartarse demasiado del guión original, Matt Revees añade algunas pinceladas que otorgan a su remake una identidad propia. En primer lugar, juega al Derrida pocket y deconstruye la historia: comienza por la mitad y regresa al principio. Después la ambienta en los EE.UU de mediados de los 80', con el discurso conservador de Reagan como telón de fondo y el característico pop ochentoso haciendo un contrapunto genial con los sonidos siniestros de las partituras de Michael Giacchino (responsable de la banda sonora de Lost, entre otros hitos). Se añade, a su vez, una óptica moralista, no muy presente en la original sueca, que apunta a desentrañar la existencia de cosas tales como el Bien y el Mal. Esto último, que podría ser considerado un plomo ante el habitual relativismo cotidiano, está bastante bien manejado y es entendible: el protagonista del film es un niño educado por una madre ultra-católica y no es descabellado que sienta miedo al ser cómplice de una chupa-sangre. Debe ser complicado ponerse de novio con una minita que, aunque no lo quiera, tarde o temprano, te va a morder el cuello. Está en su naturaleza. Se mantiene la estética, entre noir y gótica, alcanzando planos de verdadera belleza visual. El color sepia de algunas escenas producirá el orgasmo del fotógrafo novato.

No se trata de una versión superior, sino diferente y con eso alcanza para que se produzca el milagro de eludir la típica remake mala e innecesaria. Los actores principales tampoco se quedan atrás, aunque la interpretación de la vampira anterior (Lina Leandersson) le saca varios cuerpos a la nueva (Chlöe Moretz). Kodi Smit-McPhee, por su parte, no sólo es muy parecido a su colega (Kåre Hedebrant), sino tan paparulo y perturbado como aquel. Claro que el terror como género está utilizado nuevamente como una herramienta para narrar una historia que pone en órbita algunos de los más grandes hits del Amor (que existe, pero como la poesía, el peronismo y el rock, no se puede explicar). La interacción conflictiva entre la vampira y el nenito sensible (algo que sucede muy a menudo en el mundo real) genera las preguntas básicas. ¿Cómo adecuarse a una persona completamente diferente? ¿Se puede cambiar por amor? ¿Se debe elegir lo que se desea o lo que nos conviene como seres racionales? Ni idea.

15 comentarios:

proyecto de medio pelo dijo...

qué cagada!

me encanta Let the right one in. hay una novela, la viste? (dejame entrar, parece lebón).

voy a ver esta remake.

ojo con la banda de sonido anterior, por momentos caía en el tremendismo cliché de película de terror y eso la hacía patinar.

para
mí era the wall post-post-post todo, sin tragedia

Otm Shank dijo...

Eli no es una vampira corvi...
En la película (original) hay un plano sólo y rapidísimo que muestra la realidad, pero en la novela es bastante explícita la cosa.

Anónimo dijo...

Eli es un pibe castrado...

Martín Zariello dijo...

Si, en facebook también me marcaron lo de que la vampira no era tal. Muchas gracias.

blanco teta en verano dijo...

alguien puede explicar por que no es vampira?

Martín Zariello dijo...

Porque no tiene pito ni concha (perdón, el calor me impide practicar la sutileza).

Fluxus2.0 dijo...

Me gustó lo que dijiste sobre los tiempos de relatividad moral. Los criticos de cine cuando ven una pelicula que no fija posición dicen;(ya es un cliché casi)La "pelicula observa, pero sin juzgar", lo cuál esta bien, pero ya esta altura no es ninguna virtud. Es más...aburre un poco...

Anónimo dijo...

Tenía pito y se lo cortaron, tenia vuvuzela y se la mordieron, Lorena le pego el tijeretazo, el pájaro canto hasta morir, bue... ¿¡Quedo claro!? Eli, es/era varón, depende de la sensibilidad/interpretación de cada uno. Lo que tienen en común las dos protagonistas es su belleza andrógina, lo que hace a las películas más que interesante, en su lectura del amor, un "juego de las lagrimas Kids" si se me permite, y por ser Kid bastante jugado. Una doble interpretación: Cuando vi la original directamente me pareció una historia de amor, en la cual yo no dudaba que se querían, o mejor dicho, que vampirella lo quería, sin querer queriendo no me obligue a hacer ninguna otra lectura más allá de que estaba todo dado para la interpretación (Algo simplemente maravilloso en esta película) pero no lo hice. Viendo la remake, el gusto amargo de manipulación del pobretón de Owen me tiño la película del mismo sepia que utiliza Reeves. Quizás me he vuelto más cínico entre películas (?)

Saludos

Guille

marcos dijo...

no me queda claro, en la de reeves también aparece algo respecto de la castración de "eli"... pregunto para quien la vio (así no se me distorsionan las imágenes de la sueca)

Matías dijo...

Nota al margen: te banco en lo del Dakar.

jose dijo...

me la vendiste, la voy a bajar.

ah, cauCe en ese caso va con C jeje

Saludos.

Martín Zariello dijo...

La idea de que Eli es un "nene" castrado, según los entendidos, está bien explícita en el libro. En la película sueca hay, sí, una imagen, pero es muy breve y factible a distintas interpretaciones. En la remake no hay imagen, sólo se muestra la cara del pibito dando a entender algo así como "Upa la la" (?).

Anónimo dijo...

Ya que estamos te recomiendo Cashback, si es que no la viste ya.

Guille

Laura dijo...

Yo vi la sueca a partir de un post de Il corvino y no me pareció para nada una historia de amor. Ella (al menos eso entendí) lo manipula siempre. Lo elige por su violencia interna para que cumpla la función que ¿el padre, amante anterior, títere anterior? cumplía: alimentarla.
Podría ser una metáfora del amor, pero de uno bastante enfermo. Como película de terror me parece excelente porque hace bello lo siniestro pero no creo que sea una historia de amor.
Veré la remake a ver qué tal.

Anónimo dijo...

Laura, sí, no parece una historia de amor, con toda la lógica que quieras: Una vampira de no sé cuantas décadas, siglos (En algún lado debe estar la data pero me da paja buscarla) ¿se enamora de un pendejo de 12 años reprimido y con fantasías de apuñalar ents?, y lleva arrastrando a otro ya adulto pero que por algún motivo este sigue con ella (?). Pero inevitablemente es una de las lecturas que uno puede hacer. Digo, el amor. Yo no quise interpretar algo obvio, simplemente porque no quería ver lo que no quería ver, más allá de su obviedad como un cartel de veinte metros de Araceli González en la autopista, lo vi, pero me hice el boludo. (Metonimia fácil) error que he cometido muchas veces fuera del mundo de la ficción: Estar con alguien que sabes que no da, que no funca, que no. Y sin embargo uno se enamora a pesar de toda la evidencia, carteles, y vampiros. Para ejemplificar mejor, y con esto termino, en Before Sunset al personaje de Ethan Hawke, devenido a escritor, le preguntan si él cree que los personajes de su novela se vuelven a encontrar seis meses después como se prometieron. A lo que él responde: Es una buena prueba para saber si uno es un romántico o cínico. Es más fácil imaginarse al pequeño Owen en sus cuarentas, yendo a laburar y que Abby le diga: no te olvides del azúcar, el pan, y si pasas por el hospital tres litros de A positivo.

Saludos

Guille