lunes, 25 de agosto de 2014

Sobre Relatos Salvajes


Colonizados por el espíritu de los tiempos, en los que es casi obligatorio tener una opinión tajante sobre todo lo que ocurre, a veces no nos damos la oportunidad de aceptar que no sabemos muy bien qué pensar de un disco, un Gobierno o una persona. El último tema de Fito Páez es una mierda. Lanata es un ser repugnante que merece ser enviado a la horca. Bianchi ya no puede ser DT. El fútbol es una excusa para amar a Mascherano. La verdad es que en pos de simplificar la "realidad" y no pensar de más, tendemos a reducir la densidad conceptual de cualquier juicio que pueda generar incertidumbre. La cuestión es que fui a ver Relatos Salvajes y al salir no supe si era una obra maestra o una porquería. Y definitivamente no es una cosa ni la otra. En el espacio inabarcable que separan estas dos apreciaciones se encuentra el secreto del éxito absoluto de la nueva de Szifrón.

Algo que no se puede obviar cuando se habla de Relatos Salvajes es que desde la aparición de su trailer tomó la forma de un fenómeno social (probablemente vaya a ser la película argentina más vista de todos los tiempos). Los espectadores de la función a lo que yo asistí (e intuyo que debe suceder algo similar en todas las funciones) se comportaron como si estuvieran en un partido de fútbol o en un recital: comentaban las escenas en voz alta, se reían, puteaban, aplaudían. Era como si la conducta brutal de los personajes de la película les diera licencia para matar.

Relatos Salvajes llegó rápidamente, incluso antes de estrenarse, al ideal de las películas populares: no haberla visto te deja afuera de muchas conversaciones. 

En primer lugar voy a repasar algunos aspectos positivos. Después voy a hacer lo propio con lo que me provocó dudas. Los que no la vieron, rajen.

Hay algo que se llama ritmo y Damián Szifrón lo maneja muy bien. Se notaba en Los simuladores, en Hermanos y Detectives y en Tiempo de Valientes. No recuerdo una película argentina con tanto vértigo. Me refiero a un vértigo propio del mejor cine yanqui pochoclero y de autor, a la Scorsese. Es decir, un vértigo que no es puro fuego artificial, sino que funciona operativamente con respecto a las historias que se cuentan y se transforma en un marco formal que se ajusta al contenido y permite que la película se disfrute más. Szifrón hizo del entretenimiento una ideología estética y lo mejor que se puede decir de Relatos Salvajes es que entretiene. Por momentos es una comedia ligera para toda la familia. Por momentos vira a un grotesco sin límites donde la escatología y la violencia toman un tinte tarantinesco. Como las bandas de rock barrial pos 2000 se nutrieron del público huérfano que dejaron Los Redondos, Szifrón se apropió del público que decía “yo no veo películas argentinas”.     

El "salvajes" del título le sirve al director para defenderse de las posibles críticas. Szifrón abre el paraguas y le dice a todos cómo quiere que sea leída su película. Pero llega cierto punto en que ese paraguas no puede tapar tanta desmesura. Para algunos extremistas del cine de autor, lo "entretenido" es casi lo peor de la especie. Como dijo Borges: el tedio tiene prestigio. El problema es que durante el transcurso de Relatos Salvajes (y también prestando atención a las declaraciones que hizo el director sobre su película) uno intuye seriamente que en su obsesión por representar la venganza, el drama de las clases sociales, la violencia que engendran las instituciones, la represión psicológica del ser urbano, la vigencia de la disyuntiva histórica civilización o barbarie, quiere ser más que puro entretenimiento. Y ahí es donde el grotesco no alcanza suplir sus ambiciones. Porque si la intención era dar un pantallazo soberbio sobre las más bajas pasiones humanas los personajes deberían ser más que estereotipos predecibles: el "negro" que se enfrenta a Sbaraglia es un psicópata salido de nuestra peor pesadilla de clase, la novia despechada (Erica Rivas) parece un personaje hecho a medida de "María Elena", "el personaje de Darín", héroe de la clase media trabajadora, es "el personaje de Darín", el abogado, el fiscal y el político son unos garcas, la ex presidiaria (Rita Cortese) sigue siendo una asesina en potencia, etc. Tampoco ayudan mucho los trazos gruesos con que se resuelven algunas historias (especialmente la de Darín y la última, sin dudas la más floja de todas).

Esto activa muchas preguntas: ¿el grotesco exige resoluciones grotescas? ¿Relatos Salvajes es una película que pertenece al género grotesco? ¿Existe el género grotesco? ¿Es lo mismo decir que una película pertenece al género grotesco que decir que una película es grotesca? Y así llegamos a la pregunta principal: ¿por qué carajo estoy escribiendo sobre el grotesco?  

Desde hace mucho tiempo (y no me refiero a Magnolia, sino a El corazón es un cazador solitario) la idea del relato coral parece ser el mejor método que encuentran muchos artistas (escritores, directores de cine) para representar los tipos sociales de su época. La multiplicidad de perspectivas y de historias, parecen decirnos quienes curten el coral, es la llave que abre las puertas de la percepción humana. En muchos lugares se dijo que Relatos Salvajes era un relato coral. Muy bien, yo (y otros 700 millones) creo que es todo lo contrario: una película fragmentaria, una serie de cortos estimulados por el mismo motivo, es cierto, pero con personajes que jamás se cruzan en ese célebre instante ecuménico de toda película coral. Es casi imposible que una película de este tipo no sea despareja.  

Por último, otro comentario grotesco: la violencia se puede encontrar en cualquier rincón del mundo, pero por momentos (especialmente en el famoso relato de Sbaraglia y el "negro", que tal vez sea el mejor) Relatos Salvajes parece una metáfora muy lineal de la "crispación".


Sayonara.

15 comentarios:

Ale R dijo...

Pero no te pasaste dos horas de puta madre en el cine? Decís que no te diste cuenta si es una obra maestra o una porquería pero... ¿te divertiste?

el bufa dijo...

Antes de su estreno, escuché a un crítico de cine en la radio decir medio en broma que no recibió ningun sobresueldo para puntuar Relatos Salvajes. Me causó gracia. Su valoración fue similar a la tuya (y a la mía): está buena pero no es la gran película ni la mierda que algunos estetas 2.0 dicen que el nuevo hype es.
El comportamiento del público en las salas parece ser uniformemente tribunero porque así fue descripto por todas conocidos que vieron la peli en otras salas. No creo que deba lamentarlo pero sí reconocerlo: soy una especie de plateísta del cine y escuchar tantas carcajadas, casi anómalas en relación al gag que sucede en la pantalla, y que tapan lo que dice un actor a continuación, me hacen dudar un poco de la calidad de lo que estoy viendo, no en un sentido de que se trata de una cagada sino de no saber como evaluarlo. Porque la película no está mal: sería una actitud muy injusta y snob despreciarla por la sobreestimación de otros sectores. No obstante, si tengo que hacer una ecuación que simbolice la aceptación social de RS sería algo así:
María Elena Fuseneco+el "Darinismo"+Los Simuladores X V de Violencia (nuestra de cada día)

MarianoMundo dijo...

tu artículo me aburrió a la mitad. La película no.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Va con spoiler. Para mí el último relato es el único que resuelve con la verdad inherente a toda la película, que es el sexo. La violencia es sexo pervertido, decía alguien, no se si Henry Miller. En el resto de los relatos se normaliza la violencia. La reacción del público es un toque demencial

Anónimo dijo...

“Detectives, “Valientes”, “Salvajes”.

Esas palabras en los títulos de las películas de Szifrón me remiten a un escritor chileno.

Valentino Cappelloni dijo...

Martín, quiero decirte que disfruto mucho leyendo tu blog. Vi la película hace unos días y, como pequeño estudiante de cine en formación, también escribí una pequeña nota sobre ella (que espero salga en unos días). Personalmente concuerdo con el amigo de Nicolás Prividera, que le definió el film como "una película cacerolera". En su postura moral, no llega al grotesco por cierta celebración de las bajezas, no en clave lúdico-espectacular sino política. En definitiva, que Szifrón le chupa bastante las medias a la clase del mismo nombre (a pesar de que después se ponga discursivamente del lado de los pobres en lo de Legrand, puro chamuyo... y eso ¿qué lugar le da a los pobres en su film?). Afortunadamente nuestro cine nos dice cosas de nosotros y nos enfrenta con una visión ficcional de nuestra identidad. Está bueno ver con qué uno se encuentra al ver la película. Yo la vi en un cine de Palermo y fue una experiencia curiosa, muchos vitores y bronca política transmutada en frases trilladas (que la misma película expone y reafirma). Me pareció muy simplista por momentos, y muy vendehumo. Al margen, como realizador audiovisual, la puesta en escena es aburrida y convencional, y al servicio del chiste que se avecina y se espera. No digo que no sea entretenida ni que esté "mal hecha", sino que es torpe y grosera. Por eso me parece que el último capítulo es el que mejor funciona: cuando aparta la política explícita que maneja mal, y aborda una espectro social, la burguesía y la institución matrimonio, que es más benévola con su forma estereotipada y aborrecible de ver a las personas. A saber: en definitiva es más un evento sociológico que cinematográfico.
Te mando un abrazo grande.

Anónimo dijo...

No vi la película ni escuché a Julio De Caro. Pero quería poner mi foto, mis nombres y mis apellidos y mis citas de lo que sí vi y leí.

Corvino dijo...

Ale R: Me divertí pero ojo, a mí me gustan las películas malas, me bajo películas malas porque disfruto verlas.

El Bufa: De acuerdo con tu operación estética-matemática sobre los ingredientes de la película.

Mariano Mundo: Y bueh, qué le vamos a hacer?

Anónimo: A mí el último me pareció cercano a un humor televisivo berreta.

Otro anónimo: Lo pensé pero viendo la película no encontré mayores referencias.

Valentino: Muy de acuerdo con tu crítica en lo referido a la postura política que subyace en cada una de los relatos, pero repito: el último me pareció muy flojo. Olvidé decir que en la historia de Sbaraglia hay una de las escenas más desagradables e innecesarias de la historia del cine.

Saludos a todos.

O.M. dijo...

La vi hace unas horas, es una película cursi. Después de los primeros sketchs (eso son) en los subsiguientes me decía a mí mismo "ojalá que este se resuelva bien, sin ninguna berretada por favor"; pero no, todos cayeron en la misma. "Los simuladores" me parecía un programa malísimo así, mucha fe no le tenía a esta película pero parece que había que verla. Szifrón no me agarra más. Saludos.

Juan Salinas dijo...

¡Coño! Voy a tener que verla...

Un desvarío por jueves dijo...

Genial la lectura !! Los personajes son estereotipos muy marcados. Más panfleto que introspección.

Por ejemplo, cuando en el relato del bar la mina le dice a la mesera, sí, este tipo hizo que se suicidara mi viejo y después se quiso levantar a mi vieja... la primera reacción de la mesera es por lo menos poco creíble. De una tira "vamos a matarlo".

Ahí se pone en primer plano el arbitrio del director-guionista, manipulando a los personajes. Son como sus títeres. Si se plantea una situación límite como esa, creo que es más creíble u honesto darle cierta complejidad. Un "no, en serio este tipo hizo tal cosa?". Algo así. El rebote entre las reacciones, las psicologías o las personas. De otra forma parece todo muy acartonado.

Son detalles que pueden extrapolarse a toda la película.

Está piola preguntarse si todo queda "perdonado" desde el punto de vista de lo grotesco. Y está piola también preguntarse qué es lo grotesco, jaa.

Pero me parece que hay una como intención de verosimilitud, en cierta forma de plantear las situaciones, y lo grotesco se presupone que tiene que ver con la exageración o lo absurdo desde el vamos. La trama en ese sentido no se juega.

Más allá de eso, hay películas grotescas o no que después de verlas me digo: me gustaría volver a ver tal o cual escena. No es algo que particularmente me haya pasado en este caso.

Free Pussy Riot dijo...

Uh, Salinas, el que apoya a los mercenarios que combaten junto a los pro-rusos de Ucrania y los llama "antifascistas".
Claro, antifascistas a favor del fascista Putin. #Infeliz

Matías dijo...

Es una película hecha para la clase media. La monada se reconoce en la pantalla y grita, se ríe a carcajadas.

Y es, precisamente ese mecanismo, la identificación, el que hace funcionar la película. Szifrón juega con "eso que siempre quisiste hacer y nunca te animaste". Por eso los estereotipos. Y por eso a la salida de la sala del cine alguien dijo: "Bombita somos todos".

"Relatos Salvajes" viene a recordarnos-como si no nos lo recordara cada charla circunstancial con un taxista- que dentro de cada burgués habita un fascista fermentado en violencia y resentimiento. En mi opinión, la película funciona, porque fue hecha pensando en el publico al que se dirigía. Si quien etiquetar nuestros más brutales instintos bajo el nombre de "grotesco", me parece bien.

Coincido con que el último relato es el que me pareció más flojo. Tuve la sensación de que, aunque con igual mecánica, se dirigía a "otro público", pero no podría precisar a cuál.

Anónimo dijo...

Corvi y amigos publique una critica, si la quieren ver dejo el link, saludo. Pablo https://medium.com/@mrcarpi/relatos-salvajes-11cd4b4e04a7